miércoles, 31 de diciembre de 2025

"LOS MERCADERES". Luis García Montero, El País

'La expulsión de los mercaderes del Templo'
(hacia 1600, óleo sobre lienzo)

Los negociantes suelen ser gente rencorosa, como muestra la escena evangélica de su expulsión del Templo

Lo cuentan Marcos, Mateo, Juan y Lucas en sus Evangelios. Cansado de que el Templo se convirtiese en un lugar de negocios, indignado al ver que los cambistas de riquezas y los tratantes de bueyes y palomas invadían el sentido verdadero de la palabra divina, Cristo hizo un látigo de cuerdas, golpeó a los negociantes, derribó las mesas y esparció sus monedas por el suelo. No estaba dispuesto a que se mezclaran el mercado y la corrupción con la fe. No soportó que su casa, una casa de oración, fuese convertida en una cueva de ladrones. La ambición comercial había desvirtuado el sentido original del Templo, manchando el valor más puro de las palabras. Y no le salió gratis su enfado a Cristo, porque provocó la ira de algunos sacerdotes y escribas, orgullosos de sus cargos, más que de su mérito. Buscaron el modo de castigar la temeridad de Jesús.

Los mercaderes suelen ser gente rencorosa. Nunca olvidaron la escena, muy bien retratada por pintores como El Greco, un enfrentamiento entre la fe y el dinero convertido en tumulto de rostros, jaulas, cestos, túnicas rotas y soberbias heridas. A los mercaderes les pareció inadmisible su expulsión del Templo, esa idea bastarda e ingenua de separar la espiritualidad de los negocios. El Greco, sin embargo, relacionó la escena con un homenaje a maestros como Tiziano y Miguel Ángel, porque su fe en el arte se sentía humillada con la avaricia de los cambistas.

Hay gente que se viste a crédito y se desviste al contado. Ya digo, los mercaderes nunca se dan por vencidos. Nos lo recordó Edmundo O’Gorman, un historiador mexicano que supo dudar de tópicos y consignas en su libro La invención de América (1958). Como recuerda Gonzalo Celorio en Ese montón de espejos rotos (2025), O’Gorman fue también autor de aforismos. Yo estoy recordando estos días uno de ellos: “La Navidad es la venganza de los mercaderes contra Jesús por haberlos expulsado del templo”.

martes, 30 de diciembre de 2025

"HAKUNA O EL REGRESO DEL CRISTOFASCISMO'". Rafael Narbona, elDiario.es

Ayuso y Feijóo en la Puerta del Sol durante
el concierto dd Hakuna
El integrismo religioso elude las cuestiones más incómodas, como la pobreza, la injusticia, la guerra, la desigualdad, la explotación del hombre por el hombre. Prefiere hablar de “gozo”, “alegría” y “eternidad”

El concierto de Hakuna en la Puerta del Sol el pasado 22 de diciembre, con Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso bailando en las primeras filas como dos adolescentes embriagados por una fe renovada, es el perfecto ejemplo de lo que Dorothee Sölle llamó “cristofascismo”. Sölle, teóloga luterana, pacifista, feminista y poeta, inventó ese neologismo para describir la alianza entre el fundamentalismo cristiano y el poder político y económico. El “cristofascismo” despolitiza el mensaje cristiano para fomentar la obediencia de las masas, deslegitimar las protestas ciudadanas y marginar a las minorías. Esta maniobra constituye una obscena perversión del ideal igualitario de Jesús de Nazaret, que utilizó la famosa metáfora del camello y el ojo de la aguja para condenar la opresión sufrida por el pueblo trabajador judío bajo el yugo de Roma y su principal colaborador, el Sanedrín.

Aparentemente, Hakuna es un inofensivo grupo de pop cristiano fundado en 2013 por el ex sacerdote del Opus Dei José Pedro Manglano. El origen de este conjunto de música solo puede inspirar desconfianza, pues el Opus Dei, tal como atestiguan infinidad de antiguos numerarios, supernumerarios, agregados o numerarias auxiliares, siempre ha funcionado con el secretismo y la hipocresía una secta. 'El minuto heroico', la fantástica miniserie documental de Mònica Terribas Sala, muestra cómo la “obra” ha explotado, manipulado, maltratado y saqueado a miles de personas, con el pretexto de que solo les ayudaba a transitar por el camino de la santidad. Casi nadie ignora los vínculos de José María Escrivá de Balaguer con la dictadura del general Franco. “San Josemaría” alimentó una concepción tridentina del catolicismo con frases como “Bendito sea el dolor, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor”, unas palabras que solía susurrar a los moribundos, explicándoles que su sufrimiento era un tesoro espiritual, pues los acercaba al martirio de Jesús en la cruz.

El carisma de Hakuna es transmitir “la alegría de seguir a Cristo”. Nutrido inicialmente por estudiantes del Icade y de la Escuela de Ingenieros, uno de los mayores éxitos del grupo se titula 'Un segundo', un tema con una letra cursi y vacía: “Reviento de amor y estoy temblando de gozo / Hay tanta locura en este amor que no controlo / Pierde tu vida, recibirás la eternidad / La alegría de ser esclavo, esclavo de mi libertad / Si por un segundo vieras cómo te miro / No querrías ver nada más”.

El integrismo religioso elude las cuestiones más incómodas, como la pobreza, la injusticia, la guerra, la desigualdad, la explotación del hombre por el hombre. Prefiere hablar de “gozo”, “alegría” y “eternidad”. El integrismo católico reduce el cristianismo a una serie de ritos vacíos y suscribe el paquete ideológico del movimiento provida: oposición al aborto, la eutanasia, el preservativo y el matrimonio homosexual. Un feroz anticomunismo y la teoría del gran reemplazo (la inmigración es el caballo de Troya de la islamización de Occidente) completa esta grotesca interpretación del mensaje cristiano.

Hakuna y todo lo que orbita alrededor, incluidos satélites inesperados como la conversa Díaz Ayuso, que hizo el camino de Damasco durante la pandemia, pasan por alto las reflexiones del papa Francisco en su encíclica 'Fratelli tutti'. El papa argentino describe la pobreza como la consecuencia del egoísmo de una minoría acaparadora y, al igual que Óscar Romero e Ignacio Ellacuría, asesinados por la ultraderecha salvadoreña, cuestiona la propiedad privada: “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”. El integrismo católico, muy arraigado en el obispado español, jamás disimuló su antipatía hacia Francisco y algunos sacerdotes, como los energúmenos de La Sacristía de La Vendée, una “tertulia sacerdotal contrarrevolucionaria”, llegaron a manifestar su deseo de que el papa argentino subiera pronto a los cielos.

La mayor desgracia del cristianismo fue la conversión del sanguinario Constantino I. El emperador romano transformó las comunidades horizontales de los primitivos seguidores de Jesús en una estructura vertical, con una organización jerárquica similar a la del imperio y una idea de Dios copiada del despotismo de los césares. Constantino pensó que el cristianismo le ayudaría a consolidar su poder y aglutinar a sus súbditos bajo un credo que invitaba a la obediencia. Jesús de Nazaret es una de las figuras más deformadas y tergiversadas de la historia. El evangelio de Marcos, el más primitivo, se redactó alrededor del año 70 d.C. Es decir, en las mismas fechas en que las legiones romanas llevaron a cabo la segunda destrucción del templo de Jerusalén. Las comunidades que redactaron el evangelio de Marcos y los otros tres evangelios canónicos intentaron congraciarse con Roma, domesticando la figura de Jesús, al que se presentó como un pacifista y un colaborador con la ocupación y no como lo que fue realmente: un líder político que luchó contra el imperialismo y sus sicarios. Cuando le entregaron un denario y le preguntaron si había que pagar impuestos, Jesús examinó la moneda y contestó “dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. No suele mencionarse que en el denario aparecía la siguiente inscripción: “Tiberio, hijo del divino Augusto”, una frase que constituía una blasfemia para un judío. Jesús respondió irónicamente, sugiriendo que el César, un falso dios, no merecía nada y que había que dar a Dios lo que realmente nos pedía: solidaridad con los pobres, los extranjeros, las viudas y los huérfanos. Ese mensaje es el “hilo rojo” que según el filósofo marxista Ernst Bloch recorre toda la Biblia.

El hijo de una humilde familia de trabajadores no podía pedir que se pagaran los tributos impuestos por el invasor romano para sostener a las elites. Jesús desafió al poder político y religioso de su época, hablando de la inminencia de un Reino donde ya no habría pobres ni hambrientos. De ahí que sufriera una muerte política, pues la cruz, una forma de ejecución particularmente atroz, se reservaba para los sediciosos y los esclavos rebeldes. Los supuestos ladrones que le acompañaron en el Gólgota probablemente eran insurgentes, miembros de la resistencia judía. Muchos historiadores apuntan que movimientos nacionalistas judíos radicales, como los zelotes y los sicarios, se gestaron probablemente alrededor de Jesús. Los evangelios conservan hechos que muestran el carácter beligerante del galileo y sus discípulos, como la expulsión de los mercaderes del templo a latigazos o la resistencia de los apóstoles en el huerto de Getsemaní, que sacaron espadas para defender a su maestro, pese a que las autoridades romanas habían establecido la pena de muerte para los judíos que portaran armas.

Los evangelistas acusan al pueblo judío de la muerte de Jesús y exoneran al prefecto Poncio Pilato, algo inverosímil, pues –según Filón de Alejandría– su mandato se caracterizó por su “corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo, y una crueldad sin límites”. Sus abusos fueron tan escandalosos que Tiberio le convocó en Roma para investigarlo y juzgarlo. Los evangelistas culminaron su ejercicio de contorsión histórica y teológica ocultando que Jesús tenía hermanos -como Jacobo, también conocido como Santiago el Justo- e introduciendo viejos mitos para divinizar su figura. Al igual que Horus y Mitra, Jesús nace de una virgen y como Osiris, Dionisio e Inanna muere y resucita. Y ya en el siglo IV, la iglesia fija el 25 de diciembre como fecha de su nacimiento, el día en que los romanos celebraban el solsticio de invierno. De este modo, Cristo se convierte en luz del mundo y símbolo del renacimiento de la vida.

Hakuna es uno de los frutos de la brutal represión política y religiosa orquestada por Wojtyla y Ratzinger contra la Teología de la Liberación. Gustavo Gutiérrez, el padre de esta escuela teológica, afirmó que Jesús abogó por una radical opción por los pobres y se opuso frontalmente a los ricos y poderosos. El mensaje cristiano es una utopía porque “es una denuncia del orden existente”, una voz “movilizadora y subversiva”. Por el contrario, Hakuna representa el deseo de conservar el orden establecido, con sus grandes dosis de injusticia y desigualdad. Si no fuera así, Núñez Feijoo y Díaz Ayuso no bailarían sonrientes al son de sus canciones. Es desolador comprobar que el “cristofascismo” ha regresado y que figuras como Pere Casaldàliga, Ernesto Cardenal o Diamantino García Acosta, firmemente comprometidos con la liberación del ser humano de cualquier forma de opresión o explotación, ya solo son un entrañable recuerdo en la memoria de unos pocos nostálgicos.

lunes, 29 de diciembre de 2025

"UNA BIBLIA CUSTOMIZADA". Elvira Lindo, El País

Partidarios de Trump sostenían una Biblia
mientras el republicano intervenía en un mitin
en octubre de 2020 en Circleville (Ohio)
En estos tiempos de nueva espiritualidad, puedes montarte tu propia religión a fin de profundizar en tu ombligo insondable

Observa, hermana, hermano, observa la flotilla de buques de guerra bautizada con el nombre del padre, levanta ahora la vista y mira la fachada del edificio, la que tú recordabas como el Kennedy Center for The Performing Arts ahora está adornada con su ilustre apellido, y mira, mira las grúas que trajinan en el interior de la Casa Blanca, ¿las ves?, pues ahí se construirá un salón de baile en honor del presidente, no hará falta estampar sus iniciales porque estará presidido por un enorme retrato de tan augusto personaje, y eso que tú conocías como golfo de México algún día aparecerá en los mapas como golfo de América, lo cual es una muestra inusitada de humildad, porque lo lógico es que los dedos de los futuros estudiantes de Geografía (si es que eso existe en un futuro) lo llamen golfo de Trump. Un presidente enamorado de su nombre que ha dejado en varias ciudades rascacielos que refulgen al sol y que nos recuerdan al dueño. Pero, dime, hermana, hermano, ¿es acaso eso comparable a publicar una Biblia con tu estampa? The Trump Bible vio la luz en 2024. Es un libro beautiful, usando el adjetivo recurrente del presidente, y su lectura favorita.

Por 60 dólares puedes hacerte con esta edición especial que incluye la Constitución de Estados Unidos y unos cuantos textos destinados a hacer América grande de nuevo. Todo ello, por supuesto, editado y corregido por Trump en persona, al que unos curiosos periodistas televisivos preguntaron si podía decirles algunos de sus pasajes favoritos, y él contestó que la lectura de la Biblia era algo tan íntimo para él que prefería no hablar de ello. Le insistieron, un tanto impertinentes en mi opinión, pidiéndole que al menos se decantara entre el Viejo y el Nuevo Testamento. Reflexionó antes de responder, como unos tres segundos, para luego añadir que ambos libros eran tan increíbles que se veía incapaz de decantarse.

Es muy posible que un día nos levantemos y el Hospital Zendal, definido muy trumpísticamente por la presidenta madrileña como uno de los mejores de Europa, haya pasado a llamarse Donald J. Trump, o el Movistar Arena, que cambia cada dos por tres de nombre, sea rebautizado con el nombre del presidente del imperio. Al fin y al cabo, los teatros tienen ahora nombres que perdieron todo rastro artístico para hacer referencia a las empresas que los financian. Muy en la onda. Por cierto, en mi humilde opinión, Ayuso debería sacar su propia Biblia dado el interés que muestra por la palabra de Dios. Una Biblia que ofrecería, entre otros suplementos atractivos, las letras del cancionero del ya mítico conjunto músico-vocal Hakuna, grupo del que confieso no haber tenido noticia (siempre voy tarde en la vanguardia musical) hasta que no hicieron su estelar aparición en el balcón del palacio de Correos para celebrar la Navidad en los términos de un país católico, como tiene que ser. Soy una más de las que se han informado a posteriori de la historia del líder, sus integrantes, y del enorme éxito que recaban entre los niños de tantos colegios concertados. Como diría un contertulio, ahí tenemos otro caladero de votos.

En estos tiempos de nueva espiritualidad, de esta new age de lo sagrado, puedes customizar tu religión, como Trump hizo con su Biblia, tomar de aquí y de allá lo que te convenga y todo a fin de profundizar en tu ombligo insondable, porque lo estupendo de estas creencias a la medida de tus necesidades es que no te exigen hacer el bien ni ser compasivo, no te piden generosidad, ni mirar por el que menos tiene. No te exigen decir la verdad. Puedes picotear tanto en los milagrillos de las santas como en el tarot, en el horóscopo o en la güija. Si tienes dinero, puedes aderezarlo con unos días de mindfulness en la India. Y recuerda que si el verso de Salinas decía “Quiero sacar / de ti tu mejor tú”, puedes transformarlo en “Quiero sacar / de mí mi mejor yo”. Porque el prójimo… ¿qué coño era eso?

domingo, 28 de diciembre de 2025

"EL ÁNGEL DEL HOGAR ERA UNA ESCLAVA". El País

Circula por las redes, siempre en tono de chanza, más de un documento con los que el régimen franquista aleccionaba a las mujeres sobre su comportamiento en el hogar. Esos que instruían sobre artes culinarias, estética, sumisos modales, delicadeza, cuidado de los hijos, paciencia con el marido, intachable moral cristiana, generosidad, sacrificio, bla, bla, bla. Pero conviene tener en cuenta aquella siembra para que no sorprendan algunos frutos de la recolección actual.

El Fuero del Trabajo de 1938 obligaba a despedir a las mujeres de ciertos empleos cuando contraían matrimonio. Tiene que sonarles, es de antes de ayer, se lo habrán oído a sus abuelas. Pues bien, posteriores legislaciones hundieron aún más el empleo femenino al conceder subsidios y prestaciones a las familias en las que la esposa permanecía en casa, poniendo fin a la protección de la maternidad, que en España se contemplaba desde 1931. ¿Subsidios por quedarse en casa? Esto sí que suena… muy reciente… “Las familias alemanas que cuiden a sus hijos en casa sin recurrir a guarderías u otros servicios públicos obtendrán un subsidio estatal a partir de 2013. El año que viene será de 100 euros mensuales por cada hijo de entre 13 y 24 meses”, contaba Juan Gómez, corresponsal de EL PAÍS en Berlín, hace cuatro días. Donde pone familias pongan mujeres y no habrán errado el tiro. Dirán que eso es Alemania y poca influencia habrá tenido el nacionalcatolicismo español en dicha medida. Y ahí sí se equivocarán, porque no hay más globalidad que lo que atañe a discriminaciones de género. Las mujeres, en todos los países, han tenido su ineludible catecismo de buenas costumbres y su libertad embridada en alguna época, que todavía es, también en Alemania, antes de ayer.

Enseñando a señoritas y sirvientas, el libro que Matilde Peinado Rodríguez acaba de publicar en Catarata, mueve a la risa –cómo no va a hacerlo- cuando reproduce algunas de aquellas lapidarias lecciones: “Nada complace tanto a la psicología masculina como la sumisión de la mujer, y nada complace tanto a la psicología femenina como la entrega sumisa a la autoridad masculina”, decía Pilar Primo de Rivera, inagotable fuente de humor. Entonemos un ja en su memoria. Relajada la mandíbula, veamos como no faltan ocasiones hoy en día para apretarla.

Porque ahí está la gran valía del libro mencionado, que señala el camino que han seguido esas enseñanzas hasta llegar a la actualidad. Peinado Rodríguez demuestra cómo algunas actuaciones domésticas o ciertas políticas públicas, antes de calificarse de sensatas o insensatas, ocurrencias o meditadas reflexiones, son, desde luego, el pegajoso fruto de aquella siembra.

Y a cambio de qué trabajaban estas mujeres. “Por un jornal semejante al que ganaban los niños y muchachos, la mitad más o menos de lo que ganaba el hombre”, cita Peinado Rodríguez en su libro. Esos ecos llegan a nuestros días, mitigados, puede, pero correosos. A igual desempeño muchas mujeres cobran menos que sus compañeros. En las empresas se hace con guante blanco y subterfugios varios (unos ascienden y otros no y todos hacen lo mismo, por ejemplo), pero entre el campesinado y otras tareas manuales aún se encuentran casos flagrantes. Y cuando se pregunta por esto en los institutos aún algunos estudiantes lo ven bien. Tantos años de moral torcida no iban a caer en saco roto.

La deshonra de que una mujer tuviera que trabajar de casada caía también sobre el marido (en las clases medias, claro, porque en las bajas ni se cuestionaba). Esta ideología, que todavía tiene su estela en la actualidad, “era tremendamente útil a los intereses del Estado, que solo de esta forma pudo mantener bajas tasas de desempleo”.

Ay, el ángel del hogar. Ni para morirse podía abandonar su sagrada tarea de la casa. Miren esta inscripción de 1884 en una lápida del cementerio de Montjuic: “Tan buena esposa como cariñosa e inteligente madre, viviendo exclusivamente la vida del hogar y sin dejar más huellas en el mundo que la de su virtud, le abandonó la existencia cuando esta era más necesaria para la dicha de su esposo y el cuidado de sus hijos”. Cachis, qué inoportuna. ¿Y creen que esto no ha llegado a nuestros días? Esquela del Abc de un día cualquiera de febrero de 2012: “En su maravilloso empeño de esposa, madre, abuela y bisabuela, al constante servicio de una extensa familia, fue encantadora y exigente, un ejemplo de amor y dedicación para todos, con cristiana sensibilidad…”.

Decía aquel manual de Pilar Almansa Martínez de 1942 titulado Lecciones para la formación de las instructoras del hogar, que los tres fines de la niña o mujer son: el fin natural (hija, esposa y madre), fin histórico (criar hijos, educarlos y ejercer un oficio: magisterio, sanidad y artesanía preferentemente) y fin sobrenatural. Este último no se explica, ni yo lo comprendo. Pero viendo esas lápidas y esquelas de Montjuic y el Abc…

sábado, 27 de diciembre de 2025

"GENOCIDIO, EL PODER DE UNA PALABRA. HISTORIA DEL CRIMEN DE LOS CRÍMENES". Guillermo Altares, El País

Acuñado para definir las matanzas del nazismo, se ha convertido en la palabra más discutida del año. Los principales especialistas mundiales reflexionan sobre su significado legal, político y moral en plena guerra de Gaza

En la primavera de 1994, mientras las bandas de asesinos hutus que se llamaban Interahamwe (“los que matan juntos”) perpetraban el genocidio de Ruanda (800.000 tutsis y hutus moderados fueron asesinados en tres meses), la Casa Blanca decidió mirar hacia otro lado. “Estados Unidos no hizo prácticamente nada para tratar de pararlo”, escribió Samantha Power sobre el país africano en su libro "A Problem from Hell". America in the Age of Genocide (Un problema del infierno. América en la era del genocidio). Publicado en 2002, el impacto de este ensayo de la diplomática estadounidense fue enorme porque puso a Estados Unidos —y al mundo— ante el espejo de su parálisis mientras en Camboya, Irak, Ruanda, Bosnia y Kosovo cientos de miles de personas eran asesinadas por su pertenencia a un credo, un grupo nacional o una etnia. El viento de la realpolitik se había llevado por delante el nunca más que parecía haberse asentado en la conciencia internacional tras la Segunda Guerra Mundial y los juicios de Núremberg y Tokio contra los criminales de guerra de Alemania y Japón.

Power relata cómo, aunque los miembros de la Administración estadounidense en la época del demócrata Bill Clinton utilizaban la palabra genocidio en privado, se les prohibió hacerlo en público. Si Estados Unidos llegaba a reconocer públicamente que se estaba produciendo un crimen de estas dimensiones hubiese sido imposible explicar su pasividad. “Tenían miedo de que su uso desencadenase peticiones para intervenir que no estaban dispuestos a cumplir”, escribe Power, que fue embajadora de Barack Obama ante Naciones Unidas.

La palabra genocidio fue acuñada por el jurista polaco Rafael Lemkin durante la Segunda Guerra Mundial uniendo el prefijo griego genos, tribu, y el sufijo latino cidio, que significa muerte, para designar lo que Winston Churchill había llamado “un crimen sin nombre” en referencia a las atrocidades del nazismo en la Europa ocupada. Cuando la definió por primera vez en su libro Axis Rule in Occupied Europe (El dominio del Eje sobre la Europa ocupada), escrito en 1943 y publicado en 1944, las tropas soviéticas no habían liberado Auschwitz y las cámaras de gas eran todavía un secreto que muchos se resistían a creer. El jurista tampoco sabía que la mayoría de su familia había sido asesinada en la noche y niebla de los nazis. Lemkin tenía entonces en mente el genocidio armenio por parte del Imperio otomano al principio del siglo XX y la brutalidad sin límites de la ocupación nazi. De hecho, en el ensayo (del que existe una traducción castellana dentro del libro Genocidio: escritos, del Centro de Estudios Polítios y Constitucionales) y en su autobiografía Totalmente extraoficial (Berg Institute) hace tantas referencias al sufrimiento de polacos y eslovenos como al de los judíos.

Para Lemkin, por ejemplo, “la destrucción de los fundamentos económicos de un grupo nacional” lleva al genocidio, como explica en el capítulo que dedica a explicar el término en su libro. Argumenta que los nazis crearon unas condiciones objetivas para que grupos nacionales como los “judíos, polacos o eslovenos” tuviesen que llevar a cabo “un auténtico combate cotidiano por el pan y por la supervivencia”. Para el jurista polaco, genocidio no es “la destrucción inmediata de una nación, sino la puesta en marcha de diferentes acciones coordinadas que buscan la privación de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales”. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 21 de diciembre de 2025

"EL SADISMO COMO PRINCIPIIO POLÍTICO". Antonio Maestre, elDiario.es 21 DIC 2025

La expulsión de 400 migrantes sin recursos de un instituto abandonado en Badalona para que duerman en la calle es una muestra de sadismo político que solo tiene como objetivo mostrar a Xavier García Albiol como un sheriff duro y cruel con los que menos fuerza y poder tienen.
Los migrantes desalojados por Albiol se instalan en un campamento improvisado bajo un puente en una autopista

Xavier García Albiol es una persona infecta en su segunda acepción. Alguien repugnante y abyecto. El alcalde de Badalona es alguien de moral podrida y principios degenerados. Lo es hasta el punto de que ni siquiera ha sido capaz de defender sus valores racistas cuando por un breve lapso estaba mal visto ser ese tipo de escoria. El alcalde del PP al que Feijóo apoyó y aupó a puestos de dirección siempre ha sido un racista. Eso no es discutible porque ha hecho toda su carrera política con el único principio del vapuleo a los más vulnerables y mostrarse inflexible con los débiles. Lo llamativo de su actitud es ver cómo durante unos años de interludio humanista en el que ser así de mierdas estaba penalizado negaba serlo para seguir haciendo carrera.

Han pasado diez años de la peor campaña racista vista en nuestro país —incluso después de la llegada de Vox— cuando Albiol llamaba a limpiar Badalona de gitanos rumanos calificándolos de plaga al más puro estilo de la propaganda de los años 30 contra los judíos. No hacía falta que VOX llegara para que el PP se radicalizara porque siempre han sido así, lo único es que durante algún tiempo se ocultaba y negaba que esa pulsión racista y aporófoba de la derecha “moderada” fuera algo más que una ida de olla de un alcalde minoritario en una comunidad donde es lo único que gobierna.

El PP no tiene ningún problema en adoptar las posiciones racistas de Vox porque siempre las ha tenido. Durante muchos años hemos clamado en el desierto intentando explicar que lo que es la extrema derecha no es diferente a lo que está en el PP y que no ha aflorado antes de manera descarnada, no porque no lo piensen, sino porque el cálculo político convenía que no se mostrara de manera abierta. Los cónclaves privados del PP siempre han estado llenos de nazis acomplejados, de saludos romanos y de fascistas de camisa azul sin poder mostrar públicamente cómo han pensado hasta que Vox llegó y les dio permiso para decir abiertamente lo que hacían en sus cenas de pijos dejando a algunos reductos en el País Vasco y Cataluña que lo hicieran públicamente para captar el voto más ultra.

La expulsión de 400 migrantes sin recursos de un instituto abandonado en Badalona para que duerman en la calle es una muestra de sadismo político que solo tiene como objetivo mostrar a Xavier García Albiol como un sheriff duro y cruel con los que menos fuerza y poder tienen. Como siempre en estos casos es un cobarde cuando tiene que ponerse frente a los poderosos. Desde el punto de vista político no se puede analizar una medida de este tipo porque no ofrece nada a los ciudadanos de Badalona, incluso para quienes consideren que esos seres humanos son despreciables y no merecen más que crueldad y miseria estaría bien que dijeran en qué cambia la situación para los vecinos cuando han dejado de estar bajo techo en un instituto abandonado para acampar en una plaza del pueblo. No solo siguen ahí, sino que ahora los tienen más visibles en el espacio público. Lo único que han logrado es mostrarse como seres humanos nauseabundos que aplauden el sufrimiento de otra persona por hedonismo.

El único proyecto político que está ofreciendo a España la ultraderecha, y aquí ya entra el PP en toda su dimensión, es el de convertir ser mala persona en un valor social. El sadopopulismo en su máxima extensión; que promete a los ciudadanos que su situación no va a mejorar pero al menos pueden ver a quienes odian sufrir más que ellos. Ser una mierda de persona, en definitiva.

Es necesario ser consciente de cuál es el tipo de política que nos espera. No vamos a estar lejos de ver escenas como las que Donald Trump está mostrando cada día con la inefable ICE llevándose a vecinos, amigos y familiares por el simple hecho de que los señalen por su origen, raza, religión o procedencia. Los tiempos oscuros que nunca creímos ver van a llegar pronto y al menos tenemos que ser conscientes de que la crueldad y la miseria moral van a estar en nuestras vidas de manera cotidiana.

Dentro de poco habrá mucha gente que salga con miedo al trabajo, a buscar a sus pequeños a la escuela o yendo al centro de salud. El estado policial contra los más vulnerables y todos aquellos que empaticen mínimamente con ellos y se solidaricen de manera efectiva va a ser una realidad. La pregunta es qué estaremos dispuestos a hacer para evitarlo o qué haremos cuando llegue.

"¡AY DE LOS VENCIDOS". Irene Vallejo, El País

Terminar las guerras concediendo al más fuerte todo el botín y la impunidad absoluta solo abre la puerta a nuevas violencias y venganzas

La paz a la fuerza es la última incorporación a nuestro repertorio de paradojas cotidianas. La convivencia se cimenta en la violencia; los nuevos paraísos, sobre los escombros de la destrucción. El abuso y el absurdo del poderoso se aplauden, sin tapujos ni disimulos, como logros diplomáticos. Quien está en posición de debilidad solo tiene la libertad de capitular. La clave de la negociación es halagar al líder, árbitro arbitrario que forja pactos para hacer negocios y colocar una medalla más en su pecho tintineante. La humanidad, tras un breve paréntesis de fe en una imperfecta comunidad internacional, regresa a las viejas costumbres del dominio arrollador de las grandes potencias.

Ciertos gobernantes adornan su afán pacificador con humillaciones públicas, amenazas a los más débiles, agasajos entre líderes autoritarios y declaraciones propias de villanos cinematográficos. Como en una timba de tahúres, recriminan al atacado porque tiene malas cartas. Estos nuevos políticos, tan antiguos, deciden un futuro que tendrá que gustarles a los países invadidos: en boca cerrada no entran bombas. Para ellos —tan defensores de la ley y el orden—, la devastación de ciudades, la destrucción de hospitales, los niños asesinados o los periodistas incómodos descuartizados son, simplemente, cosas que pasan.

En su ensayo Lo llamaron paz, Lauren Benton investiga un patrón habitual en los conflictos bélicos: después de los armisticios y las aclamaciones, suelen continuar las agresiones, amparadas en frases sonoras pero nebulosas, como “derecho a la autodefensa”, “ataques preventivos”, “objetivos estratégicos” y “operaciones especiales”. Los antiguos romanos fueron tal vez los primeros en utilizar el eslogan de la Pax Romana para justificar sus abusos imperiales. Desde entonces, “pacificar” un territorio ha significado con frecuencia conquistarlo. El historiador Tácito dejó constancia de las críticas a la expansión de una Roma soberbia, codiciosa y despótica. Lo hizo a través de las palabras de Calgaco, jefe de las tribus caledonias, en la actual Escocia: “A la rapiña, el asesinato y el robo llaman los romanos por mal nombre gobernar; y donde crean un desierto, lo llaman paz”.

Una máxima latina advierte: Vae victis! –¡ay de los vencidos!–. Cuando el ganador posee poder suficiente para aplastar, no existe la compasión: los derrotados sufren todas las injusticias. Los romanos alcanzaban acuerdos con quienes aceptaban su dominación sin rechistar, pero cuando encontraban resistencia eran despiadados. En Numancia o Cartago dejaron huellas milenarias de su crueldad. Después de derrotar a los cartagineses en las dos primeras guerras púnicas, Roma provocó con pretextos una tercera para acabar la tarea y destruirlos por completo. Incendiaron la ciudad, masacraron a la mayoría de la población y vendieron como esclavos al resto. Se dijo que sembraron la tierra con sal para que nada volviera a crecer en el solar de su victoria. La paz del páramo, como denunciaba Calgaco.

Ya desde tiempo de los romanos, el ideal de los imperios camina sobre el filo —de una espada—. Por un lado, les gusta presentarse como adalides de las leyes y civilización —bárbaros y eje del mal, ya lo sabemos, son los demás—. Por otra parte, imponen la lógica de la fuerza desnuda y la paz a palos. Frente a la metrópoli invasora, que se exhibe como benefactora, surgen siempre voces indignadas que desenmascaran las contradicciones chirriantes, los abismos entre la justificación moral y la verdadera conducta. En esas rebeldías tempranas brota el germen del derecho internacional. Avergonzado ante la crueldad de las huestes romanas, Séneca escribió: “Los homicidios individuales los castigamos, pero ¿qué decir de las guerras y del glorioso delito de arrasar pueblos enteros? Elogiamos hechos que se pagarían con la pena de muerte porque los comete quien porta insignias de general”.

El desembarco español en América, rápidamente convertido en sueño de conquista, alumbró una de las más tempranas ―si no la primera— defensa pública de los derechos humanos. En 1510 llegaron a Santo Domingo, sede del Virreinato, los primeros frailes dominicos. Alojados en una choza pequeña, vivían en extrema pobreza. Fray Antonio de Montesinos, graduado en oratoria por la Universidad de Salamanca y fogoso predicador, pronunció el 21 de diciembre de 1511 su célebre sermón de Adviento: “¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? (…) ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos?”. Allí se encontraba Bartolomé de las Casas, un encomendero que, como después admitió, trataba injustamente a los taínos. Conmovido por la recriminación, se convirtió en testigo comprometido y defensor de la causa. En su Historia de las Indias, recogió aquellas encendidas palabras de Montesinos.

La guarnición española reaccionó con furia. Sin embargo, el domingo siguiente los frailes no solo no se retractaron, sino que añadieron nuevos cargos contra las autoridades, negándoles la absolución mientras no enmendaran su conducta. El virrey Diego Colón se apresuró a enviar una queja a la Corte. Fray Antonio de Montesinos fue llamado a España a rendir cuentas. Un memorial escrito en 1516, probablemente por el cardenal Cisneros, atestigua su persistencia en denunciar y sus exigencias alarmantes acerca del oro: “Un Fray Antonio, dominico, hizo un sermón en la ciudad de Santo Domingo en que dijo que los indios no los podían poseer ni servirse dellos, e que todo el oro que con ellos habían ganado e sacado, lo habían de restituir”. Los frailes obtuvieron una cierta victoria legal: las Leyes de Burgos de 1512, el primer código de ordenanzas para proteger a los pueblos originarios y limitar las demandas de los colonizadores. Pero el oro, claro, nunca se devolvió —esas, en cambio, son cosas que no pasan— y, en la práctica, los abusos continuaron. En 1540 Antonio de Montesinos fue asesinado en la Provincia de Venezuela por un oficial debido a su firme oposición a la explotación de los indígenas. El sermón de Adviento, como el de la Montaña, demuestran que la ley del más fuerte siempre tuvo insubordinados.

Líderes iracundos nos aseguran que vamos a la guerra para hacer del mundo un lugar más seguro, nos hacen creer que las armas abrirán paso a la democracia, nos aleccionan para imponer la paz sin escatimar violencia. En tono condescendiente, invitan a los agredidos a callar y claudicar: vae victis. Sin embargo, “paz” y “pacto” son palabras que comparten raíz y sentido; sin la coherencia de los hechos, no sobreviven los derechos. Terminar las guerras humillando a los derrotados y concediendo al más fuerte todo el botín en la bandeja dorada de la impunidad absoluta solo empedrará el camino hacia nuevas violencias y venganzas. ¿Seguimos en ese sueño tan letárgico dormidos? Cuando los vencedores imponen las condiciones más letales en vez de las legales, nadie está a salvo. Vivir en esa clase de mundo seguro es muy peligroso.

"LOS MERCADERES". Luis García Montero, El País

'La expulsión de los mercaderes del Templo' (hacia 1600, óleo sobre lienzo) Los negociantes suelen ser gente rencorosa, como muestra...