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viernes, 3 de julio de 2026

"SINVERGÜENZAS". Unai Sordo, infoLibrel.es

Unai Sordo junto a Rozalén,
en la fotografía citada en el artículo

Me provoca un profundo asco el cuestionamiento de la llamada 'ley de nietos”

Cuando hablé delante del papa, me permití ponerme en la americana un pequeño triángulo que además llevo habitualmente. Muy poca gente se fijó (alguno sí) porque realmente muy poca gente sabe lo que significa ese triángulo, y sobre todo ese color: el azul, que se aprecia bien en la foto que me hice con María. Normalmente se ven ese tipo de triángulos colocados en solapas, pero son de color rojo.

Ambos son símbolos. Representan los infames distintivos con los que se señalaba a los presos en los campos de concentración y exterminio nazis. Con el color rojo se señalaba a los prisioneros por motivos políticos. Comunistas, socialistas, liberales, demócratas…

Lo que mucha gente no sabe es que los prisioneros españoles no eran marcados con el triángulo rojo, sino el azul. Y una ´S´, de Spanier/Español. Porque no se les consideraba prisioneros por motivos políticos. Se les consideraba apátridas. Porque la dictadura retiró la nacionalidad española a los luchadores antifascistas. Al ser considerados apátridas y no estar protegidos por ningún Estado soberano, los nazis los clasificaron con ese triángulo azul. Muchos de estos españoles eran además considerados presos políticos (lo que implicaba portar el triángulo rojo). Sin embargo, el gobierno franquista y las autoridades alemanas acordaron el estatus apátrida para facilitar su deportación y evitar el amparo de la Convención de Ginebra.

El franquismo no fue solo un golpe de Estado y luego una guerra ante la resistencia a la usurpación del poder por parte de los traidores facciosos. Fue un intento de exterminio del pueblo democrático, de expulsión y extracción de la España republicana. Con muerte, fusilamiento, cunetas, represión, exilio y alejamiento.

¿A qué viene todo esto? Al profundo asco que me ha provocado el cuestionamiento de la llamada ley de nietos que permite a hijos/as y nietos/as de españoles, descendientes de quienes perdieron su nacionalidad por haber tenido que exiliarse durante la dictadura, argumentando que se pretende “modificar el censo electoral”. El censo electoral lo modificó no votar durante cuarenta años. El censo electoral lo modificaron los paseíllos al amanecer, las cunetas, el garrote vil, la tortura y el exilio. Si no se hubieran tenido que ir, no habría que reconocer la nacionalidad a su descendencia. Sinvergüenzas.

jueves, 30 de abril de 2026

"PREFERENCIA NACIONAL". Imanol Zubero, Noticiasobreras.es

La llamada “preferencia nacional”, tal como ha sido planteada en el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura, no es simplemente una medida técnica de política social o económica: es, en realidad, una toma de posición moral y política de gran calado. Supone establecer una jerarquía de dignidad entre seres humanos en función de su pertenencia nacional, y eso la sitúa en una tradición claramente iliberal. La idea de que los derechos, o incluso el acceso a bienes básicos, deben depender del origen o la nacionalidad rompe con uno de los pilares normativos de las democracias contemporáneas: la igualdad moral de todas las personas.

Desde este punto de vista, la propuesta de Vox, y la asunción de sus premisas por parte del PP, encierra una profunda inhumanidad. No se trata solo de que discrimine a quienes llegan desde fuera, aunque esa llegada se haya producido en muchos casos hace años; es que redefine la comunidad política como un espacio de exclusión, donde la otra y el otro son sospechosos por definición. En un contexto global marcado por las migraciones, muchas de ellas forzadas por conflictos, desigualdades estructurales o crisis climáticas, esta concepción no solo resulta éticamente problemática, sino que contribuye a erosionar los fundamentos mismos de la convivencia democrática.

Nación, ciudadanía y exclusión: los límites del marco estatonacional

Ahora bien, una crítica honesta no puede detenerse ahí. Existe un riesgo evidente en limitarse a denunciar la “preferencia nacional” como si fuera una anomalía introducida por la extrema derecha. En realidad, esa lógica, aunque sea en formas más suaves o implícitas, está profundamente arraigada en la organización estatonacional del mundo moderno. Los Estados, incluso los más liberales, operan sobre la base de una distinción entre nacionales y no nacionales, entre quienes pertenecen plenamente a la comunidad política y quienes no. La ciudadanía, con todo su valor emancipador, también es un mecanismo de delimitación.

Aquí resulta iluminadora la reflexión de R. H. S. Crossman sobre la dificultad de definir qué es una nación. Sus ejemplos son incisivos: el nazi que apela al linaje biológico mientras perpetra el genocidio; el inglés que invoca la historia y la cultura mientras convive con tensiones internas en el Reino Unido; el estadounidense que habla de voluntad política común mientras evita mirar de frente sus propias fracturas raciales y sus políticas migratorias restrictivas. La lección es clara: ya sea racial, cultural o cívica, toda definición de nación contiene elementos problemáticos, exclusiones más o menos explícitas, zonas de sombra.

Esto cuestiona también la supuesta solución ofrecida por la distinción clásica entre el nacionalismo culturalista de Johann Gottfried Herder y el nacionalismo cívico de Ernest Renan. La célebre idea de Renan de la nación como un “plebiscito cotidiano” resulta seductora porque parece desplazar el foco desde la identidad esencial hacia la voluntad compartida. Sin embargo, esta visión presupone una homogeneidad que rara vez existe. ¿De verdad todos los miembros de una comunidad nacional comparten por igual una historia de sacrificios? ¿No es más preciso afirmar que esa historia está atravesada por conflictos, desigualdades y memorias divergentes, en las que algunas personas y grupos se han sacrificado o han sido sacrificados en favor de otros? Frente al idealismo de Locke y Rawls, no hay contrato social que no sea al tiempo un contrato sexual (Pateman), racial (Mills) y clasista (Marx) y, por lo mismo, nunca igualitario.

En toda sociedad compleja hay grupos que han sido sistemáticamente marginados, explotados o silenciados, mientras otros han acumulado privilegios. Presentar la nación como una comunidad de destino homogénea implica invisibilizar esas tensiones. En ese sentido, la mirada de Renan, aunque menos abiertamente excluyente que la de Herder, también puede derivar en una forma de totalización que resulta peligrosa.CONTINUAR LEYENDO

viernes, 24 de abril de 2026

"UN BURKA EN ALMENDRALEJO". Antonio Maestre, elDiario.es

La presidenta del PP extremeño, María Guardiola (c), y el
líder de Vox, Óscar Fernández Calle (3d), anunciando 
el acuerdo para formar gobierno en Extremadura
En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas.

La mayor gilipollez que se suele decir cuando la extrema derecha tiene cierto éxito es que ocurre porque la izquierda ha abandonado a la clase trabajadora y ha dejado de ocuparse de sus problemas materiales. Si algo ha dejado en evidencia la política de los últimos años es que a la extrema derecha solo le preocupan las cuestiones culturales como instrumento para garantizar los privilegios materiales de los que más tienen. Extremadura es el último ejemplo donde se busca un burka en Almendralejo para que los terratenientes puedan seguir explotando moros.

En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas. Pero esos números sirven para desmontar esa gilipollez de que la izquierda no se ocupa de los problemas materiales y por eso se van hacia la extrema derecha que sí se ocupa de esos problemas, porque si algo ha hecho este gobierno, con mayor o menor fortuna por la coyuntura internacional, es poner en el centro de su política precisamente esas cuestiones materiales de la clase trabajadora. No como muchos quisiéramos, pero es indudable que eso ha sido nuclear en su política por encima de las cuestiones culturales.

El acuerdo de gobierno de PP y Vox, el acuerdo racista, ha propuesto prohibir en espacios públicos que las mujeres porten burka o niqab. Una demanda popular histórica extremeña, por delante de su derecho a un tren digno y unas infraestructuras del primer mundo, por fin ha sido puesta en el centro. Se acabó que las moras no puedan ir tapadas, estén donde están aunque nadie haya visto una. Para entender la necesidad de esta medida hay que conocer una serie de datos que contextualicen hasta qué punto Vox se ocupa de problemas inexistentes que tienen como único objetivo alimentar pulsiones racistas donde no hay problemas para capitalizar ese sentimiento de odio.

En Extremadura hay una población aproximada de 20.000 musulmanes, bastante estable con pequeñas oscilaciones desde el año 2016. La mayoría de esa población se encuentra en Badajoz, Cáceres y Talayuela, con una población general en toda Extremadura de 1.065.000 habitantes. Los musulmanes suponen el 1,8% de la población, muy por debajo de la media nacional que está cerca del 5%. Extremadura es una población con una extensión de 41.635 kilómetros cuadrados, lo que supone que hay un musulmán por cada 0,46 kilómetros cuadrados. Si segmentamos la población musulmana más aún mirando solo a la población femenina, que es la potencial portadora de burka o niqab, tan solo existen 7.000 mujeres en una población de más de un millón de personas, lo que supone el 0,69% de la población.

El gobierno de PP y Vox ha puesto en el foco una ley para perseguir y criminalizar a un colectivo que supone el 0,69% de la población. Así empiezan los pogromos. Pero podemos aún recortar más si hacemos una estimación. La mayoría de la población musulmana en Extremadura es de Marruecos, donde el burka no existe y el niqab es marginal. Así que atendiendo a la población existente, las características culturales y el uso de estas prendas en la población general, le he pedido a Claude que haga una estimación sobre cuál es el uso potencial de estas prendas en Extremadura. La Inteligencia Artificial de Anthropic ha considerado una estimación de uso del niqab de entre 5 y 20 personas y del burka de un total de 0 mujeres musulmanas. Es decir, la preocupación fundamental de Vox y el PP es atender y poner en el centro un problema que no existe.

Para seguir contextualizando es más probable encontrarse con una especie en peligro de extinción crítico como el Águila Imperial, que mantiene 75 parejas reproductoras en toda Extremadura, la Cigüeña Negra, el Avetoro o el Desmán Ibérico. Es más probable encontrarse con especies casi desaparecidas de nuestra fauna extremeña que con una mujer musulmana portando por las calles de cualquier población extremeña un burka o un niqab. Como ya hemos dicho ninguno de estos datos servirá para convencer a un racista que deje de serlo y por eso este tipo de medidas seguirá produciéndose en partidos racistas como VOX que las proponen y en partidos racistas como el PP que las aceptan, pero no por ello tenemos que dejar de explicar que legislar sobre el burka en Extremadura tiene el mismo sentido concreto que preocuparse por la proliferación del leopardo de las nieves por La Siberia extremeña. Pero así funciona el odio y la irracionalidad, porque con una buena campaña de desinformación y propaganda puede que algunos piensen que por qué no va a haber por Herrera del Duque un animal que tiene como apellido “de las nieves” estando en La Siberia. No subestimen el poder de la idiocia.

domingo, 19 de abril de 2026

"POLARIZACIÓN ASIMÉTRICA". Daniel Innerarity y José Andrés Torres Mora, El País

NICOLÁS AZNÁREZ

Si la animadversión al adversario fuera equidistante, el rechazo al líder rival debería ser igual entre los votantes del PP y los del PSOE, pero no lo es

Que los políticos se enfrenten con mayor o menor dureza es algo que ha ocurrido siempre. Cuando hablamos de polarización como un fenómeno político peligroso para la convivencia nos referimos, sobre todo, a un clima social. Hablamos más de cómo actúan los electorados que de cómo actúan los líderes.

La polarización política no es solo un aumento del desacuerdo. Es algo más profundo y más inquietante: la transformación del adversario en un otro moralmente ilegítimo. Cuando la política deja de ser una disputa sobre fines, medios o prioridades y pasa a ser un juicio sobre la esencia del otro —sobre su decencia, su patriotismo, su legitimidad o incluso su humanidad—, la convivencia democrática entra en zona de riesgo.

La cuestión acerca de quién es el responsable de la polarización en España suele tener, en general, dos explicaciones. La primera atribuye la polarización exclusivamente al adversario: son “ellos” quienes crispan, quienes dividen. La segunda, algo más elegante pero no menos problemática, reparte la culpa entre todos: todos tensan, todos son responsables por igual. Esta equidistancia suele presentarse como ecuanimidad, pero a menudo es también una forma de pereza intelectual.

El mayor obstáculo para una discusión honesta sobre la responsabilidad de la polarización es la dificultad de acordar un criterio objetivo. ¿Cómo se mide? ¿Cómo se establece la responsabilidad? ¿Dónde empieza el desacuerdo legítimo y dónde la demonización? ¿Cuándo diríamos que un electorado está polarizado? Si no fijamos un criterio compartido, el debate sobre la polarización se convierte en una prolongación del propio conflicto que pretende analizar.

Si aceptamos que la polarización conlleva el odio al adversario o, cuando menos, su rechazo radical, entonces podríamos encontrar un indicador aceptable que nos permitiera poner números a nuestras intuiciones. Las opiniones sobre los líderes políticos no se construyen únicamente a partir de lo que hacen o dicen. Se construyen, en gran medida, a partir de cómo se califica lo que dicen: si se presenta como un error, como una discrepancia legítima o como una prueba de maldad moral.

El CIS pide cada mes a una muestra representativa de la sociedad española que valore, del 1 al 10, a los líderes políticos. ¿Cómo es el nivel de máximo rechazo de quienes votaron al PP en las últimas elecciones generales al presidente del Gobierno? ¿Y cómo es el nivel de máximo rechazo de los votantes socialistas al líder del PP?

Si la polarización fuera simétrica, entonces el rechazo extremo al líder rival debería ser parecido entre los votantes del PP y los del PSOE. Pues bien, lo que observamos en el barómetro de marzo del CIS es que el 67% de los votantes del PP le dan al presidente Sánchez un 1, la calificación más baja posible, mientras que el 32% de los votantes del PSOE le dan un 1 al señor Núñez Feijóo. De modo que, si la polarización de los electorados fuera simétrica, esos porcentajes deberían aproximarse; pero no lo hacen. Alguien podría argüir que la diferencia de valoración se debe a razones objetivas, y que la valoración de los líderes no está influida por la ideología de quienes los juzgan, pero lo cierto es que el porcentaje de 1 al presidente Sánchez, incluso entre los votantes del PP, crece fuertemente, cuanto más a la derecha se sitúan. Y lo mismo ocurre, aunque con mucha menos radicalidad, entre los votantes de izquierdas cuando valoran al señor Núñez Feijóo.

Mientras que una parte significativa de los votantes progresistas percibe al líder conservador como un adversario político con el que discrepa, entre los votantes conservadores predomina una visión del presidente del Gobierno como alguien moralmente inaceptable, incluso peligroso. Este clima no se genera solo a partir de los hechos, sino muy principalmente a través de los marcos interpretativos desde los que esos hechos son leídos. La polarización no es ni simétrica ni espontánea. No es irrelevante que, en ese contexto, el líder de la oposición haya hablado en varias ocasiones de encarcelar al presidente del Gobierno: no porque esas palabras sean jurídicamente viables, sino porque refuerzan la idea de que el adversario no es simplemente alguien equivocado al que mandar a la oposición, sino alguien que merece ser castigado con la cárcel. Esa lógica es profundamente corrosiva para la democracia.

Tal vez la pregunta decisiva es qué tipo de vínculo político estamos reforzando: uno basado en la afirmación de un proyecto común o uno sostenido por la negación del otro. De esa respuesta depende, en buena medida, la calidad de nuestra convivencia democrática. Lo primero es políticamente saludable: implica identificación, proyecto, expectativa. Lo segundo es negativo: se basa en el miedo, el desprecio o la hostilidad moral. Ambas dinámicas generan movilización, pero no producen el mismo tipo de democracia.

Si ambos electorados se cohesionaran por igual mediante el entusiasmo, entonces la valoración de 10 al líder propio debería ser parecida en ambos casos. Sin embargo, si atendemos al recuerdo de voto, mientras que el 24% de los votantes de Sánchez lo califican con un 9 o un 10, en el caso de Feijóo solo lo hacen el 7%. No es lo mismo: hay más entusiasmo extremo en el PSOE hacia su líder que en el PP hacia el suyo.

De todo lo anterior cabría extraer al menos tres conclusiones. La primera es que la polarización no es un hecho natural inevitable sino una estrategia cuidadosamente elaborada y en la que los actores políticos participan de diferente modo e intensidad. Unos son más polarizadores que otros y el criterio que aquí hemos empleado (el porcentaje de valoraciones mínimas, que de hecho suponen una descalificación radical del adversario) puede hacer que el debate acerca de quién polariza sea menos subjetivo (la culpa sería siempre de los otros) y menos equidistante (todos lo hacen por igual). La segunda conclusión es que la polarización es una estrategia tan tentadora cuanto menos se confía en sí mismo. Incidir en lo malo que son los otros pone de manifiesto que se confía poco en la bondad del propio proyecto. La voluntad de polarizar contra el adversario termina revelando más lo poco que se valora uno a sí mismo que la maldad del adversario. La tercera conclusión es más bien un interrogante acerca de cómo evolucionará la política en las sociedades democráticas. Hoy por hoy, la política del rechazo parece electoralmente más beneficiosa que la política en positivo. Esto es así al menos a corto plazo, pero cabe preguntarse si no hay una recompensa electoral para quien formula sus propuestas políticas sin necesidad de descalificar al adversario, si es tan atractiva y viable una política fundada exclusivamente sobre el rechazo al otro. Polarizar es una manera de infravalorar la capacidad de la gente para identificar lo mejor y suponer que su juicio político se reduce a rechazar aquello que hemos descalificado como lo peor.

sábado, 18 de abril de 2026

"UN ACUERDO CONSTITUCIONAL QUE INCITA AL ODIO". Violeta Assiego, elDiario.es

El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron

El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para gobernar en coalición la Junta de Extremadura no es una deriva ideológica más, es una quiebra de nuestro modelo constitucional. No estamos ante un programa político con el que disentir, estamos ante una arquitectura de exclusión y violencia institucional que reproduce, con perversión inquietante, las políticas que Donald Trump ha instalado en Estados Unidos. Un sistema que legisla para discriminar, que decide quién merece la protección del Estado y quién no. Ahora son las personas migrantes, mañana, las racializadas. Después, las personas con discapacidad, las comunidades gitanas, las disidencias sexuales... La exclusión es solo un primer paso de la dominación, la opresión… de la violencia.

Los líderes de Vox celebran públicamente el acuerdo como “un hito histórico” y alardean de que esta es la primera vez en la historia política española en que la que se institucionaliza la discriminación entre españoles e inmigrantes en la planificación de las políticas sociales. El eje del acuerdo es la llamada “prioridad nacional”. No es un simple criterio de gestión administrativa, es la institucionalización de una jerarquía de derechos, de vidas. Es la legalización de la violencia institucional. El acuerdo plantea un sistema en el que el acceso a derechos sociales, económico y culturales como las prestaciones, la vivienda o los servicios públicos quede condicionado en función del origen, del arraigo o de la “vinculación con el territorio”. Distinguir entre quién merece derechos y quién no tiene un nombre preciso en nuestro ordenamiento: discriminación.

El artículo 14 de la Constitución no deja margen a la ambigüedad. La igualdad ante la ley no admite ciudadanías de primera y de segunda. Para hacer lo que propone Vox no basta reformar la Ley de Extranjería, como se compromete el PP; habría que cambiar la Constitución. Es más, con este acuerdo, ambos partidos tensan también la Ley Orgánica de Partidos Políticos, cuyo artículo 9 establece que los partidos políticos ejercerán libremente sus actividades, debiendo respetar la Constitución y la ley, al tiempo que su actividad deberá ajustarse a los principios democráticos. Este acuerdo ni los representantes políticos que lo promueven, no respetan la Constitución, y este acuerdo representa una actividad que no se ajusta a los principios democráticos.

Las medidas concretas revelan la magnitud del problema. Vox sabe (como lo sabe el PP) que hay conflictos de competencias insalvables y claros vicios de inconstitucionalidad en lo que dicen que harán. Pero su intención va más allá de ocupar gobiernos. Quieren ocupar las mentes, corromper la convivencia, lograr que lo que hoy resulta inadmisible empiece a parecer razonable. Porque una vez introducido el principio de “prioridad nacional”, lo que se erosiona no es solo el acceso a determinados derechos, sino el fundamento mismo de la igualdad. Se instala la idea de que hay personas más legítimas que otras para ser protegidas por lo público. Y cuando eso ocurre, la exclusión (la limpieza) deja de percibirse como una vulneración de derechos y empieza a justificarse como una opción política más.

El veto a la asistencia sanitaria a personas en situación irregular es directamente ilegal. El Tribunal Constitucional ya lo resolvió. La atención sanitaria, incluida la de urgencia, es un derecho subjetivo que ninguna norma autonómica puede retirar y el TC ya lo ha blindado. Vincular el acceso a vivienda y ayudas públicas al arraigo o al empadronamiento prolongado contradice frontalmente los artículos 13 y 14 de la Constitución y la Ley 15/2022, que prohíbe expresamente la discriminación por origen nacional o étnico. El requisito de cinco a diez años de empadronamiento continuado para acceder a vivienda protegida es lo que la Directiva 2000/43/CE define como discriminación indirecta, es decir, una medida aparentemente neutra que produce un impacto desproporcionado sobre personas de origen extranjero, sin justificación objetiva ni proporcionada. La prohibición del burka y el niqab en espacios de prestación de servicios públicos vulnera el artículo 16 de la Constitución y discrimina a un colectivo singularizado por religión, etnia y origen. La supresión del programa de enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí choca con el artículo 27 de la Constitución y con compromisos bilaterales con Marruecos.

Pero es en el tratamiento de la infancia migrante donde el acuerdo muestra con mayor claridad su ruptura con el Estado de Derecho. Plantear la devolución de personas menores de edad no acompañadas excede las competencias autonómicas y vulnera principios básicos del ordenamiento español e internacional. El interés superior del menor, la prohibición de devoluciones automáticas y el deber de protección de la infancia en situación de desamparo son obligaciones jurídicas vinculantes, recogidas en la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por prácticamente toda la comunidad internacional (con la excepción de Estados Unidos y Yemen) y plenamente integrada en nuestro sistema jurídico. La infancia no puede ser tratada como un instrumento de control migratorio. La experiencia reciente lo confirma. En julio de 2021, los intentos de devolución de menores desde Ceuta fueron paralizados por los tribunales precisamente por incumplir estas garantías básicas.

Hay además una dimensión que va más allá de la inconstitucionalidad de cada medida, y es valorar el potencial de este acuerdo como discurso de odio institucional. El artículo 510.1a del Código Penal protege frente a quien fomente o incite la discriminación por origen nacional. El TEDH tiene establecido que para que exista discurso de odio no hace falta incitar explícitamente a la violencia, basta con incitar a la discriminación o ridiculizar a partes de la población. Es exactamente lo que el Tribunal aplicó en el caso Féret contra Bélgica, donde condenó a un político de extrema derecha por un discurso xenófobo dirigido a restringir derechos de personas migrantes. Cuando desde Vox se califica la discriminación entre españoles e inmigrantes de “hito histórico” y “eje estratégico” se producen declaraciones que, bajo ese estándar y el del artículo 510.1a del Código Penal, podrían sustentar una denuncia ante la Fiscalía Delegada en Delitos de Odio.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio. La extrema derecha ya no es una fuerza que presiona desde fuera, es una lógica que se integra en un gobierno autonómico. Por eso es muy importante que tengamos claro que pasar de la igualdad jurídica a la preferencia identitaria no es compatible con la Constitución y que la respuesta jurídica existe (recursos de inconstitucionalidad, conflictos de competencias, impugnaciones contencioso-administrativas). También es necesario que tengamos claro, que el daño más inmediato y profundo de este acuerdo no es lo que dice que prohibirá, recortará o derogará, es el marco mental que instala en la ciudadanía, en el pueblo español.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron, para eso ya hubieran votado a Vox. El PP es el que está desplazando el umbral de lo aceptable, el que está tensionando la Constitución y el propio sistema con tal de permanecer en el poder. Porque el daño más profundo de este acuerdo no es solo lo que pretende prohibir, recortar o expulsar, es el marco narrativo, de creencias y no-convivencia que instala. Es la idea de que se puede discriminar, excluir, prescindir de vidas. Ese es el verdadero peligro, sustituir el interés general que define a un Estado social y democrático de Derecho por una lógica de “prioridad nacional” que convierte los derechos en privilegios. Es renuncia al artículo 10 de la Constitución que dice que “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.”

miércoles, 3 de septiembre de 2025

"COMER COMO PRÍNCIPES". Juan José Millás, El País 13 JUL 2025

A la derecha el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo,
y el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón,
durante el acto celebrado con militantes en Alicante.
Morell (Efe)

Aquí estoy, aquí estamos, querido público, sumisos votantes, estimados compatriotas, amados contribuyentes. Aquí estamos como dos amiguetes que acabaran de salir a escena para divertir a su público. Como dos colegas, como dos cómplices, dos brothers. El de la derecha de la imagen soy yo, Alberto Núñez Feijóo, con acento incorrecto en la primera o porque me paso por los huevos la gramática. Todas las gramáticas. No hay regla ortográfica o sintáctica, ni siquiera de sentido común, que detenga mi ascenso. Lo verán. Sobran explicaciones porque el gesto de mi rostro y mi postura corporal lo dicen todo. La trasgresión ha marcado mi vida. He sobrevivido a la amistad con un narcotraficante en los peores tiempos del narcotráfico en Galicia, cuando los jóvenes caían como moscas. Una amistad documentada, quiero decir, con imágenes, de cuando no había posibilidad alguna de echarle la culpa a la IA. He sobrevivido a Isabel Díaz Ayuso. Me fotografío con ella para destrozarla, porque tengo ese don, ese superpoder, no sé, esa gracia.

De ahí que pose también sin miedo alguno con Mazón, el que está a mi derecha y al que paso tranquilamente la mano por el hombro, abrazándolo. El hombre no se lo puede creer. Observen el gesto de estupor con el que me observa, la risa congelada en los labios (dónde, si no) y la mirada entre esperanzada y atónita. Mazón es Mazón, ya saben, el de El Ventorro, o donde quiera que estuviese cuando a sus administrados se los llevaba cruelmente la riada. Pelillos a la mar. Somos dos amiguetes que acaban de comer como príncipes y ahora se van de copas. Buenos días.

domingo, 15 de diciembre de 2024

"LA DEMOLICIÓN". Josep Ramoneda, El País 6 DIC 2024

Una frustración ha llevado a gentes de renombre de derechas e izquierdas, irreconciliables en el pasado, a encontrarse frente a un enemigo común: el presidente traidor

La lucha por el poder es en blanco y negro: estás tú o me pongo yo. Y el resentimiento invade el ánimo del que no se salió con la suya. La avalancha de agresivas sobreactuaciones contra Pedro Sánchez, tanto desde un PP y su entorno que no acaban de entender por qué la presa es tan esquiva como de viejos compañeros suyos sumidos en la melancolía del poder perdido, es ya un ruido que no cesa: autócrata, totalitario, desprecia cuanto ignora, mafioso que pone las instituciones a su servicio, solo busca perpetuarse en su régimen de corrupción, dictador al servicio de antisistemas e independentistas, personaje que actúa como las grandes organizaciones gansteriles del siglo pasado, son algunas de las guindas con que le premian, dando rienda suelta a su frustración. No estoy seguro que sea la mejor estrategia contra Sánchez. Cierto es que vivimos unos tiempos —bajo el peso de la comunicación digital— en los que el ruido suma y la distinción entre verdad y mentira brilla por su ausencia. Pero tanto odio, tanto disparo a bulto, puede tener efectos contrarios a los que buscan sus adversarios.

Es fácil entender este ruido tratándose de la condición humana. La carrera de Pedro Sánchez se construyó inesperadamente: entre su aparición en escena y la captación del momento de oportunidad pasó muy poco tiempo. Y en este periodo tumbó dos poderes con mucho arraigo. La dirección del PSOE le cerró la puerta inicialmente y él, carretera y manta, se trabajó el partido, regresó y pudo con ellos, un núcleo de poder que tuvo su apogeo en el felipismo y a la hora del relevo estaba desorientado y gastado. Y Sánchez dio el golpe de gracia que le permitió empezar sin depender de ellos. Estas cosas dejan heridas. Difícilmente se perdonan.

Tampoco era de esperar la moción con la que tumbó a Mariano Rajoy aquella tarde en la que el entonces presidente prefirió refugiarse en la sobremesa, que cambió el escenario de la noche a la mañana. De modo que los hacedores de los dos grandes partidos sufrieron en poco tiempo dos revolcones de manos de quien rompió la lógica de los aparatos políticos. Y ahora contra Sánchez vale todo y hay que recurrir a las palabras mayores: totalitarismo, traición, decadencia, destrucción de la patria, para presentarle como el aprendiz de dictador que quiere cargarse el régimen a fin de perpetuarse. Esta doble frustración hace que gentes de renombre de la derecha y de la izquierda, irreconciliables en el pasado, se encuentren ahora con un enemigo común: el presidente traidor.

Y, sin embargo, lo que ha hecho este dictador ha sido, en vez de ir a la confrontación con el nacionalismo catalán, entrar en una senda de negociación que permitiera cierto reencuentro, con el nada despreciable resultado de un aterrizaje en el principio de realidad que ha puesto en evidencia los límites del independentismo y ha permitido que la política catalana entre en una fase de cierto sosiego reparador, que todas las partes necesitaban, con el presidente Salvador Illa gestionando la resaca del procés frustrado. Y, en el conjunto de España, el dirigente autoritario que resulta tan intimidante para sus enemigos, gobierna sin una mayoría absoluta, con pactos no siempre fáciles con los grupos minoritarios del nacionalismo periférico (aquellos con los que la derecha completó a menudo sus mayorías) y de las izquierdas, negociando permanentemente la estabilidad. Tarea que, sin duda, la agresividad del PP facilita. En cualquier caso, una práctica impropia de los autoritarismos que absorben, no pactan.

En este escenario, que no es una ocupación ilegal del poder, como insinúa el despliegue reaccionario de las mil caras, a la derecha le cuesta ganar terreno, aun contando con el apoyo ya no inconfesable, porque está a la vista de todos, de Vox. En buena parte por la estrategia de descalificación permanente en que Alberto Núñez Feijóo ha convertido en su modo de estar en política y que es un reconocimiento de que ve difícil alcanzar el poder por sus méritos y necesita el desgaste del adversario. Ello le está convirtiendo en un líder sin proyecto, sin alternativas que proponer, porque el balance de cada una de sus intervenciones se reduce a frases supuestamente ingeniosas de descalificación del presidente. Sé perfectamente el marco de comunicación en el que en estos tiempos de dominio digital se expresa la política. Una frase y miles de retuits valen más que una propuesta relevante. Pero liderar la oposición significa adquirir empaque como líder alternativo. Y Feijóo no sale de sus recurrentes sentencias agresivas —a menudo, insultantes— que no contribuyen precisamente al debate y a la dignificación de la política, lo que le condena a llegar a la presidencia por desgaste del adversario, no por construcción de un liderazgo propio que no se atisba. ¿Cuánto tiempo tendrá el PP la paciencia de aguantar-le? ¿O esperan a ver a Sánchez más decaído para buscar el relevo?

Ahora mismo, el problema de fondo está en las futuras alianzas. El PP no tiene otra opción que Vox, en un momento que este es el viento que corre en Europa. Y Pedro Sánchez tiene que seguir lidiando con su compleja mayoría, sin confiarse en el hecho de que ahora mismo no hay alternativa. En realidad, son el PNV y Junts los que en algún momento pueden dar el paso, pero la dependencia de Vox no ayuda. Aunque tengo pocas dudas de que el PP se incorporará a la vía del autoritarismo posdemocrático si le da la suma.

sábado, 14 de diciembre de 2024

"VOX MANDA". Enric Juliana, La Vanguardia 7 DIC 2024

Vox pone condiciones y el Partido Popular las obedece. El sueño de la extrema derecha europea empieza a cumplirse también en España: la derecha tradicional española, una de las más duras del continente, empieza a ir a remolque de la derecha radical que ha sellado un pacto de sangre con el espíritu de Donald Trump. En estos momentos, la organización política española más próxima al futuro inquilino de la Casa Blanca es Vox. La fracción mejor conectada con el nuevo poder norteamericano es Vox. José María Aznar tendrá que trabajar a fondo para volver a inclinar la balanza a su favor. Su amistad con Marco Rubio, uno de los hombres fuertes del Partido Republicano en Florida, futuro secretario de Estado, puede serle de gran ayuda.

Fue durante el primer mandato de Trump (2016-2020) cuando Vox empezó a cobrar visibilidad política en España, con unos resultados espectaculares en noviembre del 2019: 52 escaños. Más de cincuenta diputados para la extrema derecha, cuatro de ellos generales retirados, lo nunca visto desde la muerte del general Franco. Vox aprovechó bien la brecha que se estaba abriendo entre política y sociedad, esta vez por el lado derecho. Aquellas elecciones generales de noviembre del 2019 fueron repetición de los comicios celebrados en abril, con posterior bloqueo parlamentario. Pedro Sánchez, Albert Rivera y también Pablo Iglesias se obstinaron en repetirlas. Sánchez decía que no dormiría tranquilo con ministros de Podemos. Rivera, que ya se imaginaba presidente del Gobierno, no quería dar oxígeno a Sánchez. E Iglesias no dio su brazo a torcer: quería que Podemos entrase en el Gobierno y finalmente lo consiguió. Vox fue el gran beneficiario de aquella innecesaria repetición electoral y también de los disturbios que tuvieron lugar en Barcelona entre octubre y noviembre de 2019, cuando se conoció la sentencia del Tribunal Supremo una vez concluido el juicio a los independentistas catalanes. El fuego de los contenedores incendiados en el centro de Barcelona les ayudó a crecer. Posteriormente, Vox bajó a 33 diputados en las elecciones generales de julio del 2023, y en estos momentos los sondeos indican que podrían alcanzar unos 45 escaños. Están remontando.

Vox advierte al PP y este le hace caso. Vox amenaza a Génova con abandonar la negociación de los presupuestos del 2025 en las comunidades autónomas donde los populares necesitan sus votos (Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón, Murcia, Extremadura y Castilla y León) y al cabo de veinticuatro horas, el partido conservador vuelve a bloquear las negociaciones con el Gobierno para hallar una salida al problema de los menores migrantes no acompañados. Esa era la exigencia de Santiago Abascal: no repartir menores por España, no sacarlos de Canarias, expulsarlos. Objetivo: identificar a Vox como el partido más agresivo contra la inmigración irregular. Objetivo conseguido.

(Si la intención del PP era mantener la negociación bloqueada al margen de otras consideraciones, Vox ha sido hábil. Intercalando su exigencia en el momento adecuado han conseguido transmitir la idea de que el PP les teme).

Vox no es en estos momentos el partido político moribundo que algunos medios de comunicación de Madrid imaginaban hace un año. Ha sufrido algunas bajas relevantes (Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio…), su organización territorial sigue siendo débil, su vida interna presenta notorias opacidades y hace unos meses tuvieron que admitir que obtuvieron un crédito de un banco húngaro para afrontar las elecciones municipales y generales del año pasado. Admitir la existencia de ese crédito significaba reconocer un vínculo profundo con Víktor Órbán, el primer ministro húngaro, amigo de Trump, casi súbdito de Vladímir Putin y valioso aliado centroeuropeo de Xi Jinping. Vox ha puesto un pie en el 'otro lado'. Sus resultados en las elecciones europeas del pasado mes de junio no fueron espectaculares (9,6%), pero lograron superar el registro de las anteriores europeas, celebradas en junio del 2019 (6,2%), meses antes del ‘estallido’ de noviembre. La victoria de Trump en Estados Unidos les está yendo muy bien: Vox se mantiene al alza. Tres millones de votos rocosos y animados por la ola reaccionaria que recorre Occidente. CONTINUAR LEYENDO

martes, 19 de noviembre de 2024

"LIBERTICIDIO". Luis García Montero, El País

 Hay políticos que dicen amar a su país, pero olvidan todo lo que beneficia a su país

La historia nos ha enseñado que el fin no justifica los medios. La lucha por buenas causas se corrompe cuando en nombre de las ilusiones justas utilizamos medios que deterioran la convivencia. El siglo XX asistió a la falsificación de la palabra comunismo cuando Stalin impuso el terror en nombre de la justicia social. Hay dinámicas graves que no sólo alientan unos medios inaceptables, sino que olvidan o descuartizan sus fines. Asegurarse el poder por todos los medios acaba siendo el único fin. Los malos medios caracterizan el comportamiento de los que no tienen otro fin que su propia ambición, es decir, de los que traicionan el fin que dicen defender. Bueno es recordarlo ahora, cuando el neoliberalismo asalta de manera crispada la política de los países que tienen como fin una democracia social. Ya no vale identificar el progreso con la vida justa y la dignidad humana. En nombre de una libertad definida como la ley del más fuerte, el neoliberalismo desata la furia liberticida que rompe el Estado. Se trata de un camino sin escrúpulos hacia el autoritarismo.

Hay políticos que dicen amar a su país, pero olvidan todo lo que beneficia a su país. Los falsos patriotas son el mejor ejemplo de esta dinámica. Por amor a España van a Europa a trabajar contra los intereses de España. Por amor a la libertad financian la pseudoprensa que manipula la información y los jueces que hacen una pseudojusticia poco independiente. Por amor a España convierten el debate político en un espectáculo de insultos y crispaciones. Por amor a España utilizan el sufrimiento popular de una tragedia para extender discursos de odio.

España necesita una derecha democrática que se aparte del populismo liberticida de la extrema derecha. Pero hay quien considera que la democracia europea es ya, en medio de una pandemia neoliberal, la vieja dama que debe ser abandonada a su suerte en una residencia de ancianos.

domingo, 3 de noviembre de 2024

"EXIBICIÓN PÁNICA", Juan José Millás, El País

Dan ganas de apagar el trasto cuando aparece este hombre en el telediario, con ese aspecto de lactante ahíto, para perpetrar alguna de sus fechorías, o facherías, dialécticas. Decía Cocó Chanel, aunque lo podría haber dicho Camus, que a partir de cierta edad cada uno es responsable de su rostro. También Tellado, que, tras sus intervenciones, se precipita en un deleite íntimo productor de una sonrisa satisfecha (quizá satifacha) que no pertenece a esta dimensión de la realidad. Habría sido perfecto para encarnar al recién nacido de La semilla del diablo. No es necesario tener cuernos ni pezuñas para provocar el horror. Polanski prefirió que no apareciera en la película el bebé de Rosemary como Kafka se negó a que en las portadas de La Metamorfosis apareciera un escarabajo. Partían ambos de la idea de que no convenía cambiar el terror metafísico por la truculencia plástica. Quizá no se habían percatado aún del poder paralizante de la normalidad. Saque usted a una persona normal, normal como Tellado, que es el epítome (signifique lo que signifique epítome) de la normalidad, sáquelo usted, decíamos, sujetando el cartel de la imagen con esos dedos recién salidos de la manicura, y déjese de historias. El efecto pánico está conseguido sin necesidad de los rabos ni de los cuernos que temía Polanski, o de los exoesqueletos de los que recelaba Kafka.

Hasta en sus propias filas, dicen, produjo espanto esta fotografía, sobre todo cuando uno comparaba la expresión de los rostros de las víctimas con la del portavoz, o lo que sea, del PP. ¡Qué nostalgia de ETA y qué poco pudor en exhibirla!

martes, 22 de octubre de 2024

"DELITOS Y PENAS". Luis García Montero, El País

El portavoz del Grupo Popular, Miguel Tellado, exhibe una foto
con víctimas socialistas de ETA, en el pleno del Congreso.

Manipular a las víctimas de ETA es tan grave como manipular el sistema penitenciario o convertir las penas en un linchamiento

Hace tiempo escribí una columna para agradecer a los padres de un niño asesinado que se negasen a que la muerte de su hijo fuese utilizada para celebrar el odio. La furia con la que se estaba pidiendo una pena de muerte contra la asesina identificaba a un sector de la sociedad más con la asesina que con la víctima. Me emocionó la decencia de los padres. Un pseudoperiodista afirmó entonces que yo me dedicaba a defender a la asesina. Que existan periodistas indecentes, subvencionados por poderes económicos y políticos para convertir en fango la convivencia, es un problema. Pero estamos sufriendo ya un problema más grave. Si antes la mala política lanzaba bulos interesados sobre la realidad, ahora se produce un viaje de vuelta. El fango que se arroja regresa sin pudor a la política para ensuciar los debates. Ya no es un pseudoperiodista el que infama en un pseudoperiódico. Es el portavoz de un partido importante el que degrada el respeto a las víctimas en un parlamento. Que el pseudoperiodismo creado por la mala política esté convirtiendo a la mala política en pseudopolítica no es un juego de palabras, sino una desgracia grave para la convivencia.

La modernidad democrática tuvo desde sus orígenes la necesidad de plantearse de manera digna los asuntos relacionados con los delitos y las penas. Manipular a las víctimas de ETA, jugar con su memoria, faltarles el respeto en cualquier discusión, es tan grave como manipular el sistema penitenciario o convertir las penas en un linchamiento. La justicia no es una venganza, es una razón social. Los discursos de odio, agitados para manipular el significado de los delitos y las penas, suponen una dinámica que envenena los mandamientos legales de la democracia. Es desolador ver cómo sufre la foto de una víctima en manos de un pseudopolítico, algo mucho más grave que una infamia en los labios de un pseudoperiodista. España necesita otra derecha.

miércoles, 16 de octubre de 2024

"CUANDO LA RISA ES CRUEL". Elvira Lindo, El País

Es desolador que un número tan chusco como el del PP en el Congreso con fotos de víctimas de ETA pretenda patrimonializar el dolor ajeno

Qué extraordinarias son esas personas que pronuncian un lugar común como si estuviera siendo expresado por vez primera; son, sin complejos, los fabulosos inventores de lo ya inventado. Los niños son muy crueles, dicen. En alguna ocasión hasta osan añadir el odioso “como yo digo”. Pues bien, lo que tú dices es una afirmación sin evidencia científica alguna que, para colmo, contribuye a eludir la responsabilidad de los adultos en el comportamiento de los menores. ¿Son los niños crueles por naturaleza? En absoluto, más bien podría decirse que poseen un natural instinto colaborativo que los adultos vamos cercenando con la influencia no siempre benéfica que ejercemos sobre ellos. A veces los niños van a la escuela adiestrados ya en el ejercicio del desprecio, tomando como normales la burla al débil y el abuso; otras, es en el entorno escolar cuando optan por unirse al chulo de la clase para sobrevivir. Pero lo que más me asombra de esa afirmación, los niños son crueles, es que la hacemos los adultos, justo aquellos que ya estamos tan habituados al ejercicio de la inquina que en ocasiones ni siquiera somos capaces de sentir pesar por el daño infligido.

Estamos moldeados en gran parte por aquellos ejemplos en los que fuimos instruidos. Uno de los aprendizajes más sofisticados que existen es el del buen ejercicio de la risa. Hacer saber a un niño que la risa puede ser tan liberadora como dañina y que la burla denota más cretinez que inteligencia es prepararlo para entender qué siente el otro ante sus actos. Dice Don Quijote al ser objeto de mofa: “Es mucha sandez la risa que de leve causa procede”. Sandez es la palabra exacta para definir a quien, por no comprender, ni entiende de qué se está riendo. Esta semana, el Congreso de los Diputados se convirtió en un patio de colegio sin profesores al mando, sin reglas, dejando el ambiente al libre albedrío de quienes carecen de la instrucción necesaria en el humor como para saber que se están burlando de las personas a quienes dicen defender. Yo solo había visto en las noticias televisivas a Miguel Tellado agitar en el aire un cartelillo con rostros de asesinados por ETA, que han sido llorados en silencio y con respeto por españoles de distinto signo. Verlos en manos de quien los estaba utilizando para excusar errores propios ya me pareció el colmo de la ignominia. Sabemos que estos números están pensados para ser transmitidos, porque los políticos han aprendido a actuar para X, pero lo que seguramente no imaginaba quien ideó este gag, que pretendía subrayar la complicidad del Gobierno con una organización terrorista que ya no existe, es que al ampliar el foco y aparecer la imagen de la bancada contemplaríamos el verdadero significado del show. Ahí estaba la diputada popular Macarena Montesinos riéndole la gracia siniestra a su compañero Miguel Tellado mientras señalaba las fotos, ambos mostrando sonrisas burlescas, autosatisfechos por ese golpe bajo con el que esperaban avergonzar al contrario, sin comprender, porque a la vista está que desconocen los sofisticados mecanismos de la risa, que suele ser más transparente que el llanto, que a quien verdaderamente ofendían era al recuerdo mismo de los asesinados, de sus familiares y de todos aquellos que con dolor hemos acompañado la memoria de las víctimas de ETA cuando existía y cuando dejó de matar.

Es desolador que un número tan chusco pretenda patrimonializar el dolor ajeno. A pesar de que corremos el peligro de hacernos tolerantes a lo grotesco, muchos no esperábamos presenciar el espectáculo de esas risas. El mundo se está dividiendo peligrosamente en dos: quienes educan a los niños en el uso extraordinario de la risa para curar heridas, reforzar la generosidad y ensanchar corazones, y quienes nunca podrán advertirles del sentido maléfico que puede extraerse de una carcajada, porque ni ellos mismos distinguen entre risa y crueldad.

sábado, 13 de julio de 2024

"Feijóo, a por el liderazgo de la ultraderecha". Rosa María Artal en elDiario.es

La campaña es por el liderazgo de la ultraderecha. Y de la trampa también, porque van estrechamente unidas. El PP, muy activo estos días en sus soflamas, ha tenido el valor de criticar hasta las medidas que la troika obligó a tomar a Zapatero cuando las secuelas del crack del 2008. Le conminaron a rebajar algunas de las mejoras sociales que había impuesto, en las pensiones por ejemplo. Cada vez que España sufre una crisis, el PP le da una puñalada trapera. La mundial del sistema financiero, del capitalismo, nos la hicieron pagar a los países del sur: Grecia, Portugal y España. Rajoy, lejos de ayudar a su país, pidió más caña. Al llegar al poder perpetró el rescate bancario a fondo perdido y enormes recortes al Estado del Bienestar. Nunca hay que olvidar que también van unidos la derecha extrema y los recortes sociales.

"ESCLAVOS EN LA SIERRA TARAHUMARA (México). Equator.org

Agentes de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua en una operación de búsqueda en un campo de trabajo forzado abandonado, controlado po...