jueves, 30 de abril de 2026

"PREFERENCIA NACIONAL". Imanol Zubero, Noticiasobreras.es

La llamada “preferencia nacional”, tal como ha sido planteada en el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura, no es simplemente una medida técnica de política social o económica: es, en realidad, una toma de posición moral y política de gran calado. Supone establecer una jerarquía de dignidad entre seres humanos en función de su pertenencia nacional, y eso la sitúa en una tradición claramente iliberal. La idea de que los derechos, o incluso el acceso a bienes básicos, deben depender del origen o la nacionalidad rompe con uno de los pilares normativos de las democracias contemporáneas: la igualdad moral de todas las personas.

Desde este punto de vista, la propuesta de Vox, y la asunción de sus premisas por parte del PP, encierra una profunda inhumanidad. No se trata solo de que discrimine a quienes llegan desde fuera, aunque esa llegada se haya producido en muchos casos hace años; es que redefine la comunidad política como un espacio de exclusión, donde la otra y el otro son sospechosos por definición. En un contexto global marcado por las migraciones, muchas de ellas forzadas por conflictos, desigualdades estructurales o crisis climáticas, esta concepción no solo resulta éticamente problemática, sino que contribuye a erosionar los fundamentos mismos de la convivencia democrática.

Nación, ciudadanía y exclusión: los límites del marco estatonacional

Ahora bien, una crítica honesta no puede detenerse ahí. Existe un riesgo evidente en limitarse a denunciar la “preferencia nacional” como si fuera una anomalía introducida por la extrema derecha. En realidad, esa lógica, aunque sea en formas más suaves o implícitas, está profundamente arraigada en la organización estatonacional del mundo moderno. Los Estados, incluso los más liberales, operan sobre la base de una distinción entre nacionales y no nacionales, entre quienes pertenecen plenamente a la comunidad política y quienes no. La ciudadanía, con todo su valor emancipador, también es un mecanismo de delimitación.

Aquí resulta iluminadora la reflexión de R. H. S. Crossman sobre la dificultad de definir qué es una nación. Sus ejemplos son incisivos: el nazi que apela al linaje biológico mientras perpetra el genocidio; el inglés que invoca la historia y la cultura mientras convive con tensiones internas en el Reino Unido; el estadounidense que habla de voluntad política común mientras evita mirar de frente sus propias fracturas raciales y sus políticas migratorias restrictivas. La lección es clara: ya sea racial, cultural o cívica, toda definición de nación contiene elementos problemáticos, exclusiones más o menos explícitas, zonas de sombra.

Esto cuestiona también la supuesta solución ofrecida por la distinción clásica entre el nacionalismo culturalista de Johann Gottfried Herder y el nacionalismo cívico de Ernest Renan. La célebre idea de Renan de la nación como un “plebiscito cotidiano” resulta seductora porque parece desplazar el foco desde la identidad esencial hacia la voluntad compartida. Sin embargo, esta visión presupone una homogeneidad que rara vez existe. ¿De verdad todos los miembros de una comunidad nacional comparten por igual una historia de sacrificios? ¿No es más preciso afirmar que esa historia está atravesada por conflictos, desigualdades y memorias divergentes, en las que algunas personas y grupos se han sacrificado o han sido sacrificados en favor de otros? Frente al idealismo de Locke y Rawls, no hay contrato social que no sea al tiempo un contrato sexual (Pateman), racial (Mills) y clasista (Marx) y, por lo mismo, nunca igualitario.

En toda sociedad compleja hay grupos que han sido sistemáticamente marginados, explotados o silenciados, mientras otros han acumulado privilegios. Presentar la nación como una comunidad de destino homogénea implica invisibilizar esas tensiones. En ese sentido, la mirada de Renan, aunque menos abiertamente excluyente que la de Herder, también puede derivar en una forma de totalización que resulta peligrosa.CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 29 de abril de 2026

"¿QUIÉN REARMA A EUROPA?". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Habermas no advertía contra el rearme, sino exactamente contra el rearme que está ocurriendo, el de una Alemania que busca ser la potencia militar dominante sin haber resuelto la cuestión de la soberanía política europea

“El desarme de la Alemania de posguerra fue una sobrecorrección por la que Europa está pagando hoy un precio elevado. La castración de posguerra de Alemania y Japón debe ser deshecha”. La frase no la firma un nostálgico de la extrema derecha europea. Es una de las tesis de The Technological Republic, libro publicado en febrero de 2025 por Alexander Karp, CEO de Palantir, empresa estadounidense que provee buena parte del software con el que se construye hoy el rearme europeo. Tiene contratos con Alemania y el Reino Unido, opera infraestructura en Ucrania y colabora estratégicamente con Israel. Un mes después, Jürgen Habermas publicaba un llamamiento sobre el rearme europeo. No era un texto pacifista (él no lo fue nunca), pero formulaba la pregunta más exigente que un filósofo podía hacerse ante lo que se anunciaba: qué sería de una Europa con el Estado más poblado y más poderoso económicamente siendo, además, una potencia militar muy superior a todos sus vecinos, todo esto sin integrar en una constitución supranacional la sujeción a una política exterior y de defensa europea común ligada a decisiones mayoritarias.

Esta semana, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, presentó la primera doctrina militar autónoma de la República Federal desde 1955: “Nuestra ambición es, y debe ser, ser el ejército convencional más fuerte de Europa”. Se trata, básicamente, de la reescritura del pacto tácito sobre el que se construyó el orden europeo de posguerra. Desde 1945, ese pacto tenía una forma reconocible: Alemania sería la primera economía del continente, pero no la primera fuerza militar. Esa asimetría (centralidad económica y contención estratégica) fue la condición bajo la que el resto de Europa aceptamos, primero, la reunificación, y después la hegemonía económica alemana. ¿Desde dónde se autoriza esa reescritura? Porque un ministro no rescribe un pacto fundacional con una sola frase si no hay ya en circulación una matriz que lo legitima. Y esa matriz no es alemana, sino estadounidense. Y tiene un autor concreto.

Karp se doctoró en 2002 en la Universidad Goethe de Frankfurt con la intención explícita de tener a Habermas como director de tesis. Habermas se la rechazó. Acabaron separándose por desacuerdos sobre el contenido. El núcleo de su discrepancia era una pregunta sencilla: ¿qué hay en el fondo de la convivencia humana? Para Habermas, capacidad de entendimiento. Para Karp, agresión. Los seres humanos seríamos criaturas que se agreden, y lo único que puede organizar de verdad la convivencia es la fuerza o, en su versión moderna, la disuasión. Esto significa que el hombre que dirige una pieza central de la infraestructura tecnológica del aparato securitario occidental se formó intelectualmente en la órbita de la Escuela de Frankfurt, la tradición que Habermas pasó toda su vida defendiendo como matriz de la deliberación racional, y ha construido un imperio que es la antítesis exacta de esa tradición.

Habermas describía sin nombrarlo el proyecto Karp, al hablar del “sueño libertario de abolición de la política” de Silicon Valley, sustituida por la gestión empresarial y dirigida por las nuevas tecnologías. Eso es Palantir: el discípulo rechazado de Habermas convertido en proveedor del tipo de poder técnico contra el que su maestro construyó toda su filosofía. Frankfurt regresa a Frankfurt 80 años después, pero del revés. Habermas no advertía contra el rearme, sino exactamente contra el rearme que está ocurriendo, el de una Alemania que busca ser la potencia militar dominante sin haber resuelto la cuestión de la soberanía política europea. Lo que está en juego, por tanto, no es el armamento, sino el sujeto político que lo empuña. Y aquí la voz de Karp, el doctorando frustrado de Frankfurt, dueño de parte de la infraestructura técnica de esta nueva era, no es marginal, pues modifica la respuesta a la pregunta habermasiana. Habermas no pregunta si hemos de rearmarnos sino quién es ese “nosotros” que decide rearmarse, y con qué legitimidad lo decidimos.

Cuando un ministro alemán abandona el léxico del Estado (tanques, soldados, fronteras, deber) y adopta el de la consultora (efectos, capacidades, eficiencia, ambición), no es una mera cuestión de estilo: el Estado que delibera, que rinde cuentas y que admite ser juzgado por sus ciudadanos cede el paso al gestor que produce resultados medibles. Y eso es lo que está ocurriendo: Europa subcontrata su rearme y, con él, la filosofía política que lo orienta. La doctrina la firma un ministro alemán y el vocabulario una empresa de Palo Alto. La pregunta de Habermas ―quién decide― recibe una respuesta que no debería tolerarse: ellos, los que tienen el software, las palabras y el manifiesto. Los poderosos.

lunes, 27 de abril de 2026

"EL JUEZ DE VIOLENCIA MACHISTA QUE NO CREÍA A LAS MUJERES". Violeta Assiego, elDiario.es

El juez David Maman Benchimol en la ponencia del 18 de febrero
Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid

Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género

“Con frecuencia, los jueces adoptan normas rígidas sobre lo que consideran un comportamiento apropiado de la mujer y castigan a las que no se ajustan a esos estereotipos. El establecimiento de estereotipos afecta también a la credibilidad de las declaraciones, los argumentos y los testimonios de las mujeres, como partes y como testigos. Esos estereotipos pueden hacer que los jueces interpreten erróneamente las leyes o las apliquen en forma defectuosa.” (CEDAW, Recomendación General nº 33, CEDAW/C/GC/33, 23 de julio de 2015)

Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género. Cuando esto sucede, lo que queda es una decisión que, bajo la apariencia de imparcialidad que se le otorga a un juez, vacía de contenido todas las garantías legalmente previstas precisamente para estos casos, y deja a la víctima expuesta a la violencia machista y a otra violencia más, la institucional.

Ante este tipo de creencias por parte de algunos titulares de juzgados, como el juez Maman Benchimol, la pregunta es ¿qué hace un juez así en un juzgado de violencia de género? Porque si no creen a las mujeres y las reducen prejuiciosamente a estereotipos (aprovechadas que manipulan a sus hijas e hijos para quedarse con la casa, apartar al padre y disfrutar de todas “las ventajas que tienen” las víctimas“), su papel pierde todo el sentido; a no ser que estén en esas plazas judiciales no para proteger a las mujeres sino a los hombres, para hacer justicia patriarcal.

Lamentablemente, la misoginia de la que hemos tenido noticia por las palabras del titular del juzgado de violencia sobre la mujer número 8 de Madrid no es un caso aislado. Responde a una lógica jurídica conocida y reiteradamente denunciada por diferentes organismos nacionales e internacionales. Una lógica en la que el sistema judicial incurre en estereotipos de género para cuestionar a las madres y priorizar el contacto paterno con las y los hijos comunes en contextos donde existen hechos verosímiles y compatibles con la violencia de género. En esta línea, el GREVIO viene advirtiendo con claridad que ordenar la custodia o las visitas sin tener suficientemente en cuenta los antecedentes de violencia y sin una evaluación adecuada del riesgo para los menores y sus madres no cumple con las obligaciones del artículo 31 del Convenio de Estambul.

Pero el juez Maman no debe dar credibilidad tampoco a estos informes sobre lo que pasa en España, porque parece que se dejará llevar por la inercia de un sistema judicial que todavía no se ha desempolvado algunas creencias del derecho de familia franquista. Ese en el que no se prohibía la custodia materna porque ya el padre era el titular principal de la patria potestad, y la madre estaba relegada por ley a una posición subsidiaria. Ese que, cuando una mujer se separaba era castigada sin patria potestad porque ya no encajaba en el ideal de “buena madre”. Ese, donde, obviamente, no existía el interés superior del menor, sino un orden familiar atravesado por la moral católica y los roles de género.

El Código Civil actual, en cambio, es claro, y se aleja mucho de aquella mentalidad que todavía tienen tantos jueces y juezas, también abogadas y abogados. El artículo 92.7 excluye la guarda conjunta cuando existen indicios de violencia de género. El artículo 94 establece límites igualmente claros al régimen de visitas. No son orientaciones abiertas a interpretación, son límites legales diseñados para evitar el riesgo. A ello se suma que la LO 1/2004, reformada en 2015 para reconocer expresamente a las niñas y niños como víctimas de violencia de género, y la LOPIVI de 2021, que parte del derecho de las infancias a vivir libres de violencia y refuerza su protección cuando están expuestos a violencia contra las mujeres, conforman un marco normativo que no deja margen de duda.

Si la custodia compartida no es compatible con la violencia de género, no es porque sea enemiga de las mujeres, ni porque respondan a supuestos intereses económicos, como afirma el juez Maman. Es porque la custodia compartida presupone cooperación, confianza mínima, comunicación funcional y reconocimiento recíproco de la autoridad parental, condiciones que la violencia de género destruye al convertir la relación parental en un espacio de riesgo, control y revictimización. Bien debería saberlo quien es titular de un juzgado especializado: aplicar la custodia compartida en estos contextos, ignorando las asimetrías de poder y los antecedentes de violencia, no es neutral, sino que produce un efecto discriminatorio y contrario al interés superior del menor.No explicar esto y desplazar el foco hacia una supuesta mala fe de las mujeres que denuncian violencia de género no es solo jurídicamente impreciso, sino que supone legitimar, desde espacios institucionales como el ICAM, una aplicación defectuosa del derecho que, en la práctica, puede traducirse en exposición continuada al daño para mujeres, niñas y niños. Justo lo contrario de lo que un juzgado especializado debería garantizar. A no ser que el juez esté ahí no para proteger a las mujeres y sus hijos sino al pater familias de la sagrada institución familiar.


domingo, 26 de abril de 2026

"CRUZ TORCIDA". Carson Sally (2026), Madrid, Alianza

En 1934, la joven escritora inglesa Sally Carson tuvo la osadía de escribir en tiempo real, casi en el mismo momento histórico en el que se sitúan los hechos que narra, una novela que es el retrato de una familia corriente del sur de Alemania durante el tenebroso ascenso del nazismo.

Carson murió pocos años después –debido a un cáncer de mama– y la novela cayó en el olvido hasta su reciente rescate en 2025 en el Reino Unido, lo que nos ha permitido a los lectores de hoy conocer una pieza literaria de primer orden que, ya en los albores del nazismo, alertó al mundo de los horrores que se estaban produciendo en Alemania y de los que se avecinaban mientras los gobernantes de las demás potencias miraban a otro lado.

La trama de La cruz torcida no abarca más de seis meses, desde la Nochebuena de 1932 hasta el solsticio de verano de 1933, pero en ese tiempo la vida de los Kluger, de sus amigos y de todo el país dará un vuelco. La protagonista, Lexa Kluger, ve cómo poco a poco sus hermanos, desempleados y sumidos en la apatía, al igual que tantos otros jóvenes, van cayendo en las redes de un partido nazi que les promete trabajo y estabilidad. Conforme la estrategia de persecución y discriminación racial va imponiéndose, el prometido de Lexa, Moritz Weissmann, un joven cirujano católico, pierde su trabajo por llevar un apellido judío y, muy rápidamente, los límites de su vida empiezan a estrecharse hasta resultar asfixiantes. Su bella historia de amor tendrá entonces que desarrollarse a espaldas de todos los demás.

Con esta inolvidable historia sobre la valentía moral y el arrojo de quienes van a contracorriente en tiempos de uniformidad, Carson demuestra su clarividencia para exponer la manera en que toda una nación cayó hipnotizada por las mentiras de un régimen autoritario.

sábado, 25 de abril de 2026

"AVERROES, UNA OPORTUNIDAD PARA LA RAZÓN". Carmen Calvo Poyato, Emilio González Ferrín, El País

El pensador medieval cordobés sigue vigente en la España actual porque plantea algo muy actual: cómo convivir en una sociedad diversa sin renunciar a la razón ni a las creencias

Se cumplen 900 años del nacimiento del cordobés Averroes (1126-1198), el pensador andalusí cuya obra pasó desapercibida en el espacio islámico y fue prohibida en el París de 1277, cuando el obispo Étienne Tempier incluyó el averroïsme entre las 219 proposiciones condenables por atentar contra el statu quo institucional eclesiástico, fundamento de la enseñanza superior europea de sus tiempos. El pensamiento de Averroes, a través de sus traducciones latinas, había inundado las artes liberales francesas y se presentaba como una oleada de racionalismo radical, contra los efectos de la cual se exigiría en Europa una inicial declaratio fidei, en cada obra hecha pública, en la que se constatase que la verdad está siempre del lado de la fe y que la filosofía no puede discutirla. Es decir, la negación explícita de Averroes y sus postulados más destacados: que el cometido de la filosofía es hacer preguntas que nos encaminen hacia lo verificable, y que la fe no tiene el monopolio de la verdad. Nunca abominó Averroes del hecho religioso, sino que simplemente lo ubicó en el terreno de lo emocional, si bien apuntando maneras literarias de gran interés a la hora de comprender los postulados de la fe: si hay algo inexplicable en ella, algo incoherente, absurdo, imposible, es porque debemos entender su entramado simbólico, y de ahí lo literario frente a lo literal. Todo eso acabó siendo conocido como la doble vía de la verdad: la fe para quien así lo sienta y la razón para quien la necesite. Dos patas de una escalera por las que poder subir en busca de las verdades, eligiendo cada cual según su criterio y proponiendo así Averroes una revolución epistemológica: una oportunidad para la razón.

No quedó ahí la obra del cordobés. Como todo sabio medieval que se preciase, en su polimatía aportó interesantes disquisiciones del corte astronómico, también otras derivadas de su práctica de la medicina o incluso reflexiones jurídicas en las que estuvo a la altura de su tradición familiar, los Banu Rushd, ejerciendo como jurista entre Córdoba y Sevilla y debiendo saltar a Marruecos por rivalidades entre los lobbies de la época. Además, apuntó nuestro autor unas interesantes nociones en materia de gestión de vida en común, de lo político en su mejor acepción, que probablemente no casasen entonces, ni probablemente ahora, en tiempos obsesionados por liderazgos en lugar de consensos: dos siglos después de Averroes, el filósofo de la historia Ibn Jaldún —el Aben Jaldún de Ortega y Gasset— iniciaría el largo y tedioso quehacer historiológico de las decadencias, de contemplar la historia como un permanente declinar de viejos apogeos. Pues bien, cuanto Ibn Jaldún presente en el siglo XIV como la panacea del éxito civilizador la asabiya o cohesión social, a modo de un sistema nervioso conectado con un cerebro a la altura —liderazgo indiscutible—, lo había esquivado nuestro Averroes en sus tratados sobre la simple y llana gestión colectiva de la medina, la ciudad en tanto que traslado en árabe de los tratados y asuntos de la polis. La medina de Averroes es, así, menos gestión individual de un carisma alimentado y mucho más atención a la innegable diversidad; lo dialógico y comunicativo, que estará mucho después en la base de la paradoja del recientemente desaparecido Jürgen Habermas: “¿Es posible el triunfo del diálogo?”. La razón averroísta dice que sí, por más que la sinrazón pueda hacer más ruido.

Una figura como la de Averroes no se improvisa. Se ha definido en ocasiones el tiempo de Al-Ándalus como el largo camino que lleva a Averroes, trasladándose en semejante exageración hiperbólica la inevitable cadena de transmisión de conocimiento que debió desplegarse, a lo largo de los siglos, desde Aristóteles hasta Averroes, su más completo comentador. Porque fue el estagirita el primer maestro en las artes racionales del Islam, así como la ciencia de los griegos, en ese genérico patrístico del saber universal, fue conocida en árabe como “la ciencia de los antiguos”, no “de los otros”, clave de bóveda para comprender no solo el esencial eslabón averroísta en el transcurrir de la razón aplicada, sino el sentido último troncal de una civilización islámica, siempre distinguible de una religión musulmana, que en el totum revolutum de nocturnidad con que contemplamos lo transeuropeo siempre parece todo igual, menor, ajeno.

El director de cine egipcio Yusuf Chahine nos presentó en 1997 una biografía hagiográfica del cordobés Averroes. En la película, que lleva por título traducido El Destino (1997), nuestro pensador andalusí se nos muestra envuelto en una profunda y esencialista pureza y orgullo de estirpe, con una inteligencia casi profética pero destacada, sobre un mundo prácticamente desértico. El profeta en el desierto. Sin embargo, el pensamiento averroísta de razón y medina, urbano y humano, requiere un resaltado con mucha menos excepcionalidad y más ejemplaridad, y tal es el cuidadoso tratamiento al que ha sido sometido por parte de dos grandes interpretadores, el español Andrés Martínez Lorca y el marroquí Muhammad Abid al-Jabri. Es importante mostrar estas dos caras de la moneda averroísta a ambos lados del Estrecho porque se corresponden con la efervescencia vital del propio Averroes, desde su florecimiento en Al-Ándalus hasta su refugio y finalmente muerte en Marruecos. Pues bien, si Martínez Lorca realiza una pormenorizada lectura europea de Averroes, destacando que llamar nuestra a la cultura de Al-Ándalus es romper un viejo paradigma de negación cultural, Abid al-Jabri definió al cordobés universal como la oportunidad perdida de la razón árabe. Porque no se le leyó en su tiempo ni siglos después en lengua árabe, es por lo que el marroquí proponía un retorno averroísta a la razón en latitudes cuyas medinas, decía Al-Jabri, están tratando de ubicar los espacios sentimentales religiosos al terreno de lo domiciliario.

Averroes simboliza una etapa (Al-Ándalus) donde convivieron distintas culturas. La idea averroísta de diálogo entre culturas y religiones resulta clave para encauzar positivamente los conflictos y fomentar la integración. Hoy, el pensamiento de Averroes sigue vigente en la España actual porque plantea algo muy actual: cómo convivir en una sociedad diversa sin renunciar a la razón ni a las creencias.

En la era de la desinformación, su defensa de la razón, la lógica, el pensamiento crítico y el conocimiento es más relevante que nunca. Averroes no es solo una figura imprescindible del pasado: es una presencia latente, casi susurrante en el presente convulso que habitamos. Su pensamiento no pertenece únicamente a la historia, sino que respira —aunque a veces débilmente— en cada intento de comprender antes que imponer, en cada gesto que elige el diálogo frente al dogma.

Hoy, cuando tantas voces se alzan con la pretensión de ser únicas, definitivas, inapelables, volver a Averroes es como abrir una ventana en una habitación cargada en la que entra el aire y la luz de primavera. Y con ella, la sospecha de que ninguna verdad que necesite imponerse por la fuerza puede ser completamente verdadera. Porque lo que no persuade al entendimiento, difícilmente arraiga en el corazón.

Averroes nos recuerda que la razón no es fría ni distante, sino profundamente humana: es el puente invisible que permite a las diferencias no convertirse en abismos. Su vigencia reside precisamente en su capacidad de interpelarnos en medio del ruido ensordecedor de la confrontación irracional, de invitarnos a comprender al otro sin malestar, sin sentir que renunciamos.

En su tiempo, habló de convivencia como quien siembra en tierra incierta; habló de tolerancia como quien confía en un futuro que no verá; habló de separar la política de la fe como quien intuye que el poder, sin el contrapeso de la razón, se vuelve ciego. Y en esa intuición hay algo profundamente contemporáneo: la certeza de que la libertad necesita reflexión y pensamiento y el pensamiento requiere libertad.

Por eso su legado no es un conjunto de ideas muertas, sino una llama que debe mantenerse sin estridencia, pero persistente. Y en tiempos de penumbras tan ruidosas, esa luz discreta se vuelve indispensable.

Averroes es una figura imprescindible para el presente y extraordinariamente oportuna y necesaria en el momento que nos ha tocado vivir. Al mundo le hace falta recordar su doctrina porque frente a los pensamientos fundamentalistas y extremistas que buscan imponer una única visión de la vida, apelar a Averroes es revindicar la razón no sólo como un medio de conocimiento, sino también como una herramienta para la convivencia pacífica. Recuperar su obra nos da la oportunidad de escrutar mucho mejor todo tipo de fundamentalismo, no sólo religioso sino también económico y político, para poder reconocerlos y contestarlos con mucha mayor contundencia.

Recordar a Averroes hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de resistencia serena: la defensa de una forma de estar en el mundo donde la razón no divide, sino que une; donde el diálogo no debilita, sino que fortalece; donde pensar sigue siendo, todavía, un anhelo de esperanza.

viernes, 24 de abril de 2026

"UN BURKA EN ALMENDRALEJO". Antonio Maestre, elDiario.es

La presidenta del PP extremeño, María Guardiola (c), y el
líder de Vox, Óscar Fernández Calle (3d), anunciando 
el acuerdo para formar gobierno en Extremadura
En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas.

La mayor gilipollez que se suele decir cuando la extrema derecha tiene cierto éxito es que ocurre porque la izquierda ha abandonado a la clase trabajadora y ha dejado de ocuparse de sus problemas materiales. Si algo ha dejado en evidencia la política de los últimos años es que a la extrema derecha solo le preocupan las cuestiones culturales como instrumento para garantizar los privilegios materiales de los que más tienen. Extremadura es el último ejemplo donde se busca un burka en Almendralejo para que los terratenientes puedan seguir explotando moros.

En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas. Pero esos números sirven para desmontar esa gilipollez de que la izquierda no se ocupa de los problemas materiales y por eso se van hacia la extrema derecha que sí se ocupa de esos problemas, porque si algo ha hecho este gobierno, con mayor o menor fortuna por la coyuntura internacional, es poner en el centro de su política precisamente esas cuestiones materiales de la clase trabajadora. No como muchos quisiéramos, pero es indudable que eso ha sido nuclear en su política por encima de las cuestiones culturales.

El acuerdo de gobierno de PP y Vox, el acuerdo racista, ha propuesto prohibir en espacios públicos que las mujeres porten burka o niqab. Una demanda popular histórica extremeña, por delante de su derecho a un tren digno y unas infraestructuras del primer mundo, por fin ha sido puesta en el centro. Se acabó que las moras no puedan ir tapadas, estén donde están aunque nadie haya visto una. Para entender la necesidad de esta medida hay que conocer una serie de datos que contextualicen hasta qué punto Vox se ocupa de problemas inexistentes que tienen como único objetivo alimentar pulsiones racistas donde no hay problemas para capitalizar ese sentimiento de odio.

En Extremadura hay una población aproximada de 20.000 musulmanes, bastante estable con pequeñas oscilaciones desde el año 2016. La mayoría de esa población se encuentra en Badajoz, Cáceres y Talayuela, con una población general en toda Extremadura de 1.065.000 habitantes. Los musulmanes suponen el 1,8% de la población, muy por debajo de la media nacional que está cerca del 5%. Extremadura es una población con una extensión de 41.635 kilómetros cuadrados, lo que supone que hay un musulmán por cada 0,46 kilómetros cuadrados. Si segmentamos la población musulmana más aún mirando solo a la población femenina, que es la potencial portadora de burka o niqab, tan solo existen 7.000 mujeres en una población de más de un millón de personas, lo que supone el 0,69% de la población.

El gobierno de PP y Vox ha puesto en el foco una ley para perseguir y criminalizar a un colectivo que supone el 0,69% de la población. Así empiezan los pogromos. Pero podemos aún recortar más si hacemos una estimación. La mayoría de la población musulmana en Extremadura es de Marruecos, donde el burka no existe y el niqab es marginal. Así que atendiendo a la población existente, las características culturales y el uso de estas prendas en la población general, le he pedido a Claude que haga una estimación sobre cuál es el uso potencial de estas prendas en Extremadura. La Inteligencia Artificial de Anthropic ha considerado una estimación de uso del niqab de entre 5 y 20 personas y del burka de un total de 0 mujeres musulmanas. Es decir, la preocupación fundamental de Vox y el PP es atender y poner en el centro un problema que no existe.

Para seguir contextualizando es más probable encontrarse con una especie en peligro de extinción crítico como el Águila Imperial, que mantiene 75 parejas reproductoras en toda Extremadura, la Cigüeña Negra, el Avetoro o el Desmán Ibérico. Es más probable encontrarse con especies casi desaparecidas de nuestra fauna extremeña que con una mujer musulmana portando por las calles de cualquier población extremeña un burka o un niqab. Como ya hemos dicho ninguno de estos datos servirá para convencer a un racista que deje de serlo y por eso este tipo de medidas seguirá produciéndose en partidos racistas como VOX que las proponen y en partidos racistas como el PP que las aceptan, pero no por ello tenemos que dejar de explicar que legislar sobre el burka en Extremadura tiene el mismo sentido concreto que preocuparse por la proliferación del leopardo de las nieves por La Siberia extremeña. Pero así funciona el odio y la irracionalidad, porque con una buena campaña de desinformación y propaganda puede que algunos piensen que por qué no va a haber por Herrera del Duque un animal que tiene como apellido “de las nieves” estando en La Siberia. No subestimen el poder de la idiocia.

jueves, 23 de abril de 2026

"LA JUSTICIA". Luis García Montero, El País

El poder judicial se ha demostrado incapaz de vigilar la ética de algunos de sus jueces

La democracia española supuso una toma de conciencia del valor decisivo de una justicia independiente. La decisión sobre los delitos y las penas no puede someterse a los intereses de un Gobierno con la cárcel a su servicio. Pero la democracia, cuando se pone delante del espejo, necesita mirarse a los ojos, comprender el carácter y el tiempo de sus arrugas. La justicia no sólo debe ser independiente de un Gobierno, sino de todos los intereses que viven y reviven en una sociedad. Hay jueces que son muy dependientes de los que necesitan atacar al Gobierno para establecer un orden distinto. Así que no se trata sólo de asegurar una justicia independiente del Gobierno, sino de asegurarse de que una administración judicial no juegue con las leyes, los procedimientos y los tiempos según la vanidad, la falta de ética o las dependencias de un juez. Más que con las dependencias del Gobierno, los problemas de la justicia española tienen que ver con un poder judicial que se ha demostrado incapaz de vigilar la ética de algunos de sus jueces.

El tiempo en el que vivimos despeina la justicia en un mundo de otras dependencias. Las manipulaciones comunicativas sustituyen el conocimiento por el ruido y los escándalos forzados. Sólo puede entenderse el comportamiento de algunos jueces o algunas instancias judiciales si observamos las dinámicas comunicativas que sustituyen la información veraz por alborotos en las redes sociales y titulares que desacreditan no ya a un partido, sino a la política en general y a la autoridad cívica capaz de decidir que los ricos deben pagar impuestos y que la sanidad y la educación pública son ejes imprescindibles de la democracia, tanto como la prensa y la justicia independiente. ¿En qué mundo vivimos para que la gente vote a personajes como Trump, Milei o Ayuso? Esa pregunta es el contexto en el que deben situarse las preocupaciones sobre la independencia judicial.

miércoles, 22 de abril de 2026

"HUMANIDAD E INHUMANIDAD". Manuel Rivas, El País 12 FEB 2017

QUISIERA CREER y de alguna forma creo en los milagros. Y estoy convencido de que algunos, que hoy vemos como leyendas, fueron verdad. Como el que se cuenta de aquel ermitaño irlandés de Glendalough, Kevin, que vivió en el siglo VI, y que tenía la costumbre de permanecer orando toda la Cuaresma con los brazos en cruz, inmóvil, las palmas hacia el cielo en posición de gracias. En las manos anidaron los mirlos y, pasada la Cuaresma, Kevin decidió no moverse hasta que las crías alzaron el vuelo.

Tengo querencia por el milagro animal, así que otro de mis preferidos es el que trata del sermón de san Antonio de Padua a los peces en Rímini. Como los humanos no le prestaban atención, con imaginación ecológica, decidió ampliar su audiencia a toda la creación. Una muchedumbre de peces acudió a escucharlo en la orilla, con la cabeza sobresaliendo del agua. Y seguro que agradecieron una cierta ironía en el santo: “Al sobrevenir el diluvio universal, todos los demás animales murieron. Y el creador os ha dado las aletas para poder ir adonde os agrada”.

Quisiera creer y de alguna forma creo en esa variante del milagro (o de la física cuántica) que se ha dado en llamar causalidad mágica. Un hecho, gesto o frase, a veces con apariencia menor o azarosa, que puede generar grandes consecuencias a distancia. Mucho hiló Borges sobre la casualidad como causalidad. Todavía no sé si en esta categoría incluiría un gol de Messi. Pero un buen ejemplo es el que relata Martin Buber en su cuento El descuido. El emperador austrohúngaro se dispone a firmar un edicto de persecución de los judíos. En un lugar de la Galitzia –región de Europa del Este–, conocedor de lo que se trama en Viena, un rabino vuelca un cuenco de sopa. En ese mismo instante, el emperador vuelca sin querer el tintero sobre la orden firmada. Rompe el papel. Y el edicto queda en suspenso.

Tenía la secreta esperanza de que un milagro frenaría los planes más inmediatos de Trump. Los vetos a los refugiados y a los inmigrantes. La arquitectura canalla del muro fronterizo con México. La violencia catastral de los nuevos oleoductos, cruzando la reserva siux. ­Preferiría que fuese un milagro tradicional. Una llamada divina. En Trump casi todo resulta inverosímil, pero nadie se extrañaría de que Dios llamase a la Casa Blanca dadas las circunstancias. Pero acabo de ver ese milagro cinematográfico que es Silencio, de Martin Scorsese, y casi puedo entender el silencio de Dios. Lo que resultaría imposible de entender sería el silencio humano frente a Trump. Porque la confrontación que el magnate presidente ha puesto en marcha en las conciencias del mundo no es, como él pretende, si estás o no con Estados Unidos de América, sino si estás con la humanidad o con la inhumanidad.

Intenté por mi cuenta el segundo remedio. La causalidad mágica. Vertí platos de sopa y tinteros con la esperanza, esta vez, de provocar con los derrames que la tinta embadurnase las nuevas cortinas doradas de la Casa Blanca. Algo que desequilibrase, antes de firmar las órdenes, a ese superego digno de estudio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts o en el Museo de la Boina de Balmaseda. Algún crítico dijo de Lacan que era un psiquiatra que necesitaba un psiquiatra, Trump es un presidente que necesita con urgencia un presidente.

Quisiera creer y creo en el poder del humor. Trump utiliza ese mecanismo perverso de ensalzar a su público, haciéndoles creer que son mejores que otros. Su industria ha pasado de ser el cemento y el hormigón a la producción de odio y a la fabricación del enemigo. La forma en que ha firmado las primeras órdenes recuerda el modo que mejor caracteriza al gobierno autoritario: el decisionismo. La idea de que los actos del jefe, por ser del jefe, tienen rango de ley. Tal vez sí. Tal vez el humor crítico pueda desactivar su discurso. Si unas palabras lo han llevado al poder, otras pueden desnudarlo. Groucho Marx ya anticipó a un personaje así: “Este hombre puede que parezca idiota y se comporte como un idiota, pero no deje que eso le engañe: realmente es un idiota”.

En lo que más creo es en el poder de la vergüenza. Espero el día en que la verdadera “gran América” se avergüence de un presidente así.


martes, 21 de abril de 2026

"Los Secretos de los Machado Zuloaga: Una Oligarquía en el Corazón de la Corrupción y la Pobreza en Venezuela". Por Oscar Flores

La historia de la familia Machado Zuloaga es la de una oligarquía que, generación tras generación, se ha posicionado en la cima de la sociedad venezolana, aprovechándose de su poder e influencia para acumular riquezas, muchas veces en detrimento del bien público. Desde la época colonial hasta nuestros días, esta familia emblemática de la élite venezolana ha prosperado explotando las debilidades del Estado y las necesidades del pueblo. A continuación, examinamos las prácticas de depredación y corrupción en el corazón de una de las familias más poderosas del país.

Un origen aristocrático y esclavista

Los Machado Zuloaga descienden de una aristocracia fundada en la esclavitud a principios del siglo XVIII. Esta familia, gran propietaria de esclavos en la época colonial, forma parte de aquellas líneas de sangre que han dominado la sociedad venezolana a través de su fortuna y su desprecio por las clases populares. Este legado esclavista es la base de una ideología de superioridad y dominación que se perpetúa en las prácticas contemporáneas de la familia.

Control de empresas estratégicas: una fortuna asegurada

En el siglo XX, los Machado Zuloaga diversificaron sus actividades, convirtiéndose en accionistas de grandes empresas nacionales, tales como Electricidad de Caracas, Fundición Sivensa, Banco Mercantil, VIASA e Inversiones Tacoa. Al controlar estos sectores estratégicos, la familia se asegura una influencia económica y política determinante, maximizando sus ganancias a expensas de las necesidades públicas.
Complicidad en la fuga de divisas: un golpe a la economía nacional
En el año 2000, Enrique Machado Zuloaga, figura central de esta dinastía, vendió Electricidad de Caracas al consorcio estadounidense AES. Esta transacción, que facilitó la fuga de capitales al extranjero, representó un duro golpe para la economía venezolana. Este acto, motivado únicamente por la búsqueda de ganancias rápidas, demuestra el poco interés de esta familia en el impacto de sus acciones en la economía del país.

Explotación de la pobreza: los barrios, fuente de lucro

Tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, miles de campesinos pobres se vieron obligados a abandonar sus tierras para trasladarse a Caracas, como parte de un “Plan de Emergencia” orquestado por la élite, incluyendo a los Machado Zuloaga. Estos campesinos, obligados a asentarse en barrios marginales, se convirtieron en una oportunidad económica para la empresa familiar, que aprovechó su precariedad para suministrarles servicios eléctricos financiados por el Estado. Este cinismo revela la estrategia familiar de capitalizar la miseria social.

Privatización y quiebra de VIASA: una transacción jugosa

El colapso de la aerolínea nacional VIASA también lleva la marca de los Machado Zuloaga. Bajo la dirección de Luis Ignacio Mendoza Machado, primo de María Corina, VIASA fue vendida a la compañía española IBERIA, generando comisiones ilegales para los dirigentes familiares. Esta decisión solo buscaba llenar las arcas de la familia, sin importar el impacto desastroso en la infraestructura aérea nacional.

Conexiones antidemocráticas y antinacionales

Corina Parisca Pérez de Mendoza, madre de María Corina, está estrechamente vinculada a la élite anti-Chávez. En 2002, fue propuesta para integrar el Consejo Nacional Electoral por Fedecámaras, junto a Pedro Carmona Estanga, líder del golpe de Estado contra Hugo Chávez. Estos vínculos demuestran la inclinación de la familia por favorecer alianzas con fuerzas contrarias a la democracia, reforzando su influencia en detrimento de la voluntad popular.

Corrupción bancaria y escándalos financieros

Los Machado Zuloaga no se detienen en las grandes industrias y el sector energético. María Corina Machado se casó con Ricardo Sosa Branger, cuya familia está implicada en varios escándalos financieros y bancarios. Los hermanos de Sosa Branger, Eduardo e Ignacio, están asociados a los bancos que quebraron en 2010 y vinculados con el banquero fugitivo Eligio Cedeño. Estas relaciones ilustran el alcance de las prácticas financieras dudosas en torno a los Machado Zuloaga.

Provocación a la violencia: el sacrificio de los hijos de otros

Mientras María Corina Machado mantiene a sus propios hijos en el extranjero, llama regularmente a los jóvenes de sus seguidores a movilizarse contra el gobierno, en ocasiones con violencia. No duda en alentar a los hijos de otros a exponerse al peligro, alimentando disturbios civiles al servicio de sus ambiciones políticas.

Enriquecimiento personal a expensas del Estado

Finalmente, la familia Machado Zuloaga ha utilizado sus conexiones de poder para enriquecerse personalmente, a través de contratos estatales y redes de influencia bien establecidas. Protegidos por sus apellidos y alianzas, los miembros de esta familia han construido un imperio económico basado en la explotación de recursos públicos y de instituciones nacionales.

lunes, 20 de abril de 2026

"A LA MIERDA". Silvia Cosio, Publico.es

La semana pasada decidí que ya era hora de cortarme el pelo y hacerme un shag. Lo que es una decisión arriesgada si tienes el pelo rizado -y eres bajita como una servidora- porque la posibilidad de acabar como Frodo Bolsón está siempre presente. De hecho yo recomiendo a todo el mundo en mi situación que se hagan con un chaleco y una capa para, en caso de emergencia, abrazar con todas las de la ley su nueva identidad como hobbit. Afortunadamente mi peluquero es un sol y me dejó guapísima, en plan mirarme de reojo en los espejos y sonreír. Todo esto sucedió el mismo día en el que Trump amenazó con borrar del mapa Irán, esto es, apretar el botón de la bomba nuclear y destruirnos a todos por el camino de su inabarcable estulticia y egocentrismo ridículo. Y yo mirándome al espejo -que es algo rarísimo en mí- y tocándome el pelo, ahora con flequillo, ahora para atrás, ahora con volumen, ahora detrás de las orejas y pensando que si el mundo se iba a acabar a mí me pillaba lista para el primer plano, señor De Mille. Y me entró la risa. Y esa noche conseguí dormir a pesar de la amenaza de levantarme y ver el mundo -y mi mundo- hecho unos zorros.

Mi marido siempre me dice que soy capaz de reírme de cualquier cosa. Y lo dice como un elogio. Tiene razón, me río muchísimo. También soy de lágrima fácil, ponme un perro delante haciendo monerías o una princesa Disney bailando y se me cae la lágrima. Hay quien piensa que la risa -y el llanto- son síntomas de inestabilidad y debilidad mental. Pero como ando con el ego subidísimo gracias a mi peluquero no me va a temblar el pulso en defender todo lo contrario: que la risa es un arma poderosa. Y también temible.

La risa es tan peligrosa que durante siglos las élites, que hasta el invento de las democracias liberales se identificaban con el Estado, se han preocupado en mantener su monopolio, al igual que han hecho con la violencia. Porque la risa ha sido el instrumento de los poderosos para humillar a los de abajo, la excusa de los abusones para vejar al débil, el pretexto del cerrado de mente para despreciar todo -y a todos- lo que no entiende, el bozal con el que se quiere silenciar al disidente, al discordante. Pero en manos de los de abajo, en manos del pueblo, la risa destruye los pedestales construidos con arcilla a los que se suben los poderosos, los iguala -como la muerte- al resto, les roba la "gravitas" con la que justifican su poder y arbitrariedad, les humaniza y les recuerda que todos somos, en algún momento de nuestras vidas, risibles, falibles, ridículos. También ellos. Sobre todo ellos.

En tiempos en los que las élites, con los dueños de Silicon Valley a la cabeza, sueñan con recuperar el orden del Antiguo Régimen y deshacer los principios de la Ilustración para volver a encarnar el Estado -incuestionable, inconmovible, caprichoso, autoritario, corrupto-, debemos recuperar el poder disuasorio y subversivo de la risa. Porque esta pone a prueba las costuras de ese invento maravilloso que llamamos democracia. En Atenas, por ejemplo, las comedias, que se representaban delante de toda la polis, eran las que realmente testaban el compromiso democrático de las élites, pues en ellas era donde se las dejaba expuestas al escarnio público, desnudadas y ridiculizadas ante toda la ciudad, incluidos los esclavos. Este era el peaje que había que pagar si se quería ostentar el poder -político, religioso, económico, moral-. Porque solo los tiranos -y los idiotas- prohíben que se rían de ellos.

Por eso, que en España la judicatura mire hacia otro lado cuando se acosa en los portales de las casas a políticos o periodistas, se pide “cuneta” para una sindicalista o cuando se ahorcan muñecos con la imagen del presidente, pero que se muestre implacable si alguien hace un chiste sobre Dios o ETA -dos entes inexistentes, pues la banda terrorista vasca cesó toda actividad armada en el año 2011 y desapareció en el 2018-, es un síntoma de una enfermedad más que preocupante. Toda una revelación, no solo de la falta de sentido del humor de la que hacen gala algunas de sus señorías, sino sobre todo de su intolerancia y arbitrariedad y, principalmente, de lo confundidos que parecen estar sobre cuestiones tan fundamentales como su papel como garantes de la democracia, el laicismo y la libertad de expresión.

Y es que la risa bien usada -de abajo hacia arriba- es emancipadora y contestataria. Porque la risa no elude el conflicto, lo enfrenta, lo desafía. No es superficialidad ni banalidad, sino compromiso con la vida y el mundo que te rodea, desenmascaramiento de la pomposidad, la arrogancia y la estupidez con la que se manejan las élites y los poderosos. Tampoco es conformismo, pues la risa lleva a la alegría y esta solo puede nacer del verdadero inconformismo que pone en cuestión el orden establecido. De esta manera la risa y la alegría de vivir deberían ser los ejes centrales en todo movimiento de izquierdas, progresista y emancipador, de todo proyecto que luche por acabar con las desigualdades y aspire a garantizar la buena vida -alegre, feliz, segura, agradable- para todos y todas sin excepción.

Pero hete aquí que en casa nos encontramos con una izquierda ceniza, triste y en perpetuo cabreo. Una izquierda que siempre está dando pellizcos de monja a sus aliados, que siempre acaba poniéndole peros a todo, escrutando dónde está la mácula que desvirtúa cualquier victoria, cualquier avance. Una izquierda -cada vez más minoritaria pero muy ruidosa- que ha hecho de su aguafiestismo militante su razón de ser. Una izquierda tan tristona y chirriante que ya es incapaz de reconocer los triunfos, mucho menos celebrarlos. Porque lo sucedido el pasado fin de semana en Hungría fue mucho más que la caída de Orbán y de su régimen, que se había convertido en la punta de lanza y en el laboratorio de las políticas de la internacional reaccionaria en Europa. Fue el anuncio del principio de algo. De un cambio impulsado por la sociedad húngara, que fue capaz de unirse para vencer a todo un vicepresidente de EEUU -por muy devaluado que esté este cargo en la actualidad-, a los señores tecnofeudales de Silicon Valley, al ejército de bots rusos y a un sistema electoral amañado y que hacía casi imposible la derrota del tirano húngaro. Una sociedad que se encontraba en una encrucijada y que eligió democracia frente a Reacción, alegría y risa frente al miedo, las presiones y las amenazas de Trump y Putin.

Esta izquierda de suspirito jesuítico está molesta por que la marea política por fin comience a cambiar, porque no son ellos los que lideran este cambio. Una izquierda mustia empeñada en negar lo que tiene delante de sus narices: que Europa parece dar muestras de que está despertando y de que es posible revertir la fiebre reaccionaria que nos empequeñecía, que nos estaba ahogando en miedo, odio y tristeza. Y es que hay -y siempre ha habido- una Europa que merece la pena, una Europa que quiere dejar atrás a las Von der Leyen y la severidad calvinista que nos metió en la trampa de la austeridad y alentó el resurgimiento del fascismo. Una Europa que, con todas sus sombras y máculas, salió masivamente a las calles a denunciar y exigir el fin del genocidio del pueblo palestino y la complicidad de la UE con Israel, Una Europa que grita No a la Guerra, una Europa que comienza a darle la espalda a la reacción, al enfado constante. Una Europa que sonríe, que desafía, que planta cara.

Resulta esperanzador que, en medio de tanta confusión y ruido, la resistencia a la Reacción, a la guerra, a las amenazas de matón de un Trump cada vez más acorralado, aislado y enajenado -incluso del propio movimiento MAGA-, esté personificada por dos italianos en camiseta fumando, bebiendo Campari y escuchando música de los ochenta en una terraza al sol. Una terraza que podría estar en Xixón, Berlín, Barcelona o Sofía. Una terraza europea que, cuando más lo necesitamos, representa la alegría de vivir, el compromiso con todo lo bueno de la vida y el desafío al gesto torcido, al mohín del que nunca está conforme, al dedito de señorita Rottenmeyer, al aguafiestas. Una Europa que por fin comienza a entender su papel en el mundo y que está perdiendo el pudor y el miedo de decirles a los cenizos, a los reaccionarios y a la mala gente que ya va siendo hora de que se vayan a la mierda.

domingo, 19 de abril de 2026

"POLARIZACIÓN ASIMÉTRICA". Daniel Innerarity y José Andrés Torres Mora, El País

NICOLÁS AZNÁREZ

Si la animadversión al adversario fuera equidistante, el rechazo al líder rival debería ser igual entre los votantes del PP y los del PSOE, pero no lo es

Que los políticos se enfrenten con mayor o menor dureza es algo que ha ocurrido siempre. Cuando hablamos de polarización como un fenómeno político peligroso para la convivencia nos referimos, sobre todo, a un clima social. Hablamos más de cómo actúan los electorados que de cómo actúan los líderes.

La polarización política no es solo un aumento del desacuerdo. Es algo más profundo y más inquietante: la transformación del adversario en un otro moralmente ilegítimo. Cuando la política deja de ser una disputa sobre fines, medios o prioridades y pasa a ser un juicio sobre la esencia del otro —sobre su decencia, su patriotismo, su legitimidad o incluso su humanidad—, la convivencia democrática entra en zona de riesgo.

La cuestión acerca de quién es el responsable de la polarización en España suele tener, en general, dos explicaciones. La primera atribuye la polarización exclusivamente al adversario: son “ellos” quienes crispan, quienes dividen. La segunda, algo más elegante pero no menos problemática, reparte la culpa entre todos: todos tensan, todos son responsables por igual. Esta equidistancia suele presentarse como ecuanimidad, pero a menudo es también una forma de pereza intelectual.

El mayor obstáculo para una discusión honesta sobre la responsabilidad de la polarización es la dificultad de acordar un criterio objetivo. ¿Cómo se mide? ¿Cómo se establece la responsabilidad? ¿Dónde empieza el desacuerdo legítimo y dónde la demonización? ¿Cuándo diríamos que un electorado está polarizado? Si no fijamos un criterio compartido, el debate sobre la polarización se convierte en una prolongación del propio conflicto que pretende analizar.

Si aceptamos que la polarización conlleva el odio al adversario o, cuando menos, su rechazo radical, entonces podríamos encontrar un indicador aceptable que nos permitiera poner números a nuestras intuiciones. Las opiniones sobre los líderes políticos no se construyen únicamente a partir de lo que hacen o dicen. Se construyen, en gran medida, a partir de cómo se califica lo que dicen: si se presenta como un error, como una discrepancia legítima o como una prueba de maldad moral.

El CIS pide cada mes a una muestra representativa de la sociedad española que valore, del 1 al 10, a los líderes políticos. ¿Cómo es el nivel de máximo rechazo de quienes votaron al PP en las últimas elecciones generales al presidente del Gobierno? ¿Y cómo es el nivel de máximo rechazo de los votantes socialistas al líder del PP?

Si la polarización fuera simétrica, entonces el rechazo extremo al líder rival debería ser parecido entre los votantes del PP y los del PSOE. Pues bien, lo que observamos en el barómetro de marzo del CIS es que el 67% de los votantes del PP le dan al presidente Sánchez un 1, la calificación más baja posible, mientras que el 32% de los votantes del PSOE le dan un 1 al señor Núñez Feijóo. De modo que, si la polarización de los electorados fuera simétrica, esos porcentajes deberían aproximarse; pero no lo hacen. Alguien podría argüir que la diferencia de valoración se debe a razones objetivas, y que la valoración de los líderes no está influida por la ideología de quienes los juzgan, pero lo cierto es que el porcentaje de 1 al presidente Sánchez, incluso entre los votantes del PP, crece fuertemente, cuanto más a la derecha se sitúan. Y lo mismo ocurre, aunque con mucha menos radicalidad, entre los votantes de izquierdas cuando valoran al señor Núñez Feijóo.

Mientras que una parte significativa de los votantes progresistas percibe al líder conservador como un adversario político con el que discrepa, entre los votantes conservadores predomina una visión del presidente del Gobierno como alguien moralmente inaceptable, incluso peligroso. Este clima no se genera solo a partir de los hechos, sino muy principalmente a través de los marcos interpretativos desde los que esos hechos son leídos. La polarización no es ni simétrica ni espontánea. No es irrelevante que, en ese contexto, el líder de la oposición haya hablado en varias ocasiones de encarcelar al presidente del Gobierno: no porque esas palabras sean jurídicamente viables, sino porque refuerzan la idea de que el adversario no es simplemente alguien equivocado al que mandar a la oposición, sino alguien que merece ser castigado con la cárcel. Esa lógica es profundamente corrosiva para la democracia.

Tal vez la pregunta decisiva es qué tipo de vínculo político estamos reforzando: uno basado en la afirmación de un proyecto común o uno sostenido por la negación del otro. De esa respuesta depende, en buena medida, la calidad de nuestra convivencia democrática. Lo primero es políticamente saludable: implica identificación, proyecto, expectativa. Lo segundo es negativo: se basa en el miedo, el desprecio o la hostilidad moral. Ambas dinámicas generan movilización, pero no producen el mismo tipo de democracia.

Si ambos electorados se cohesionaran por igual mediante el entusiasmo, entonces la valoración de 10 al líder propio debería ser parecida en ambos casos. Sin embargo, si atendemos al recuerdo de voto, mientras que el 24% de los votantes de Sánchez lo califican con un 9 o un 10, en el caso de Feijóo solo lo hacen el 7%. No es lo mismo: hay más entusiasmo extremo en el PSOE hacia su líder que en el PP hacia el suyo.

De todo lo anterior cabría extraer al menos tres conclusiones. La primera es que la polarización no es un hecho natural inevitable sino una estrategia cuidadosamente elaborada y en la que los actores políticos participan de diferente modo e intensidad. Unos son más polarizadores que otros y el criterio que aquí hemos empleado (el porcentaje de valoraciones mínimas, que de hecho suponen una descalificación radical del adversario) puede hacer que el debate acerca de quién polariza sea menos subjetivo (la culpa sería siempre de los otros) y menos equidistante (todos lo hacen por igual). La segunda conclusión es que la polarización es una estrategia tan tentadora cuanto menos se confía en sí mismo. Incidir en lo malo que son los otros pone de manifiesto que se confía poco en la bondad del propio proyecto. La voluntad de polarizar contra el adversario termina revelando más lo poco que se valora uno a sí mismo que la maldad del adversario. La tercera conclusión es más bien un interrogante acerca de cómo evolucionará la política en las sociedades democráticas. Hoy por hoy, la política del rechazo parece electoralmente más beneficiosa que la política en positivo. Esto es así al menos a corto plazo, pero cabe preguntarse si no hay una recompensa electoral para quien formula sus propuestas políticas sin necesidad de descalificar al adversario, si es tan atractiva y viable una política fundada exclusivamente sobre el rechazo al otro. Polarizar es una manera de infravalorar la capacidad de la gente para identificar lo mejor y suponer que su juicio político se reduce a rechazar aquello que hemos descalificado como lo peor.

sábado, 18 de abril de 2026

"UN ACUERDO CONSTITUCIONAL QUE INCITA AL ODIO". Violeta Assiego, elDiario.es

El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron

El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para gobernar en coalición la Junta de Extremadura no es una deriva ideológica más, es una quiebra de nuestro modelo constitucional. No estamos ante un programa político con el que disentir, estamos ante una arquitectura de exclusión y violencia institucional que reproduce, con perversión inquietante, las políticas que Donald Trump ha instalado en Estados Unidos. Un sistema que legisla para discriminar, que decide quién merece la protección del Estado y quién no. Ahora son las personas migrantes, mañana, las racializadas. Después, las personas con discapacidad, las comunidades gitanas, las disidencias sexuales... La exclusión es solo un primer paso de la dominación, la opresión… de la violencia.

Los líderes de Vox celebran públicamente el acuerdo como “un hito histórico” y alardean de que esta es la primera vez en la historia política española en que la que se institucionaliza la discriminación entre españoles e inmigrantes en la planificación de las políticas sociales. El eje del acuerdo es la llamada “prioridad nacional”. No es un simple criterio de gestión administrativa, es la institucionalización de una jerarquía de derechos, de vidas. Es la legalización de la violencia institucional. El acuerdo plantea un sistema en el que el acceso a derechos sociales, económico y culturales como las prestaciones, la vivienda o los servicios públicos quede condicionado en función del origen, del arraigo o de la “vinculación con el territorio”. Distinguir entre quién merece derechos y quién no tiene un nombre preciso en nuestro ordenamiento: discriminación.

El artículo 14 de la Constitución no deja margen a la ambigüedad. La igualdad ante la ley no admite ciudadanías de primera y de segunda. Para hacer lo que propone Vox no basta reformar la Ley de Extranjería, como se compromete el PP; habría que cambiar la Constitución. Es más, con este acuerdo, ambos partidos tensan también la Ley Orgánica de Partidos Políticos, cuyo artículo 9 establece que los partidos políticos ejercerán libremente sus actividades, debiendo respetar la Constitución y la ley, al tiempo que su actividad deberá ajustarse a los principios democráticos. Este acuerdo ni los representantes políticos que lo promueven, no respetan la Constitución, y este acuerdo representa una actividad que no se ajusta a los principios democráticos.

Las medidas concretas revelan la magnitud del problema. Vox sabe (como lo sabe el PP) que hay conflictos de competencias insalvables y claros vicios de inconstitucionalidad en lo que dicen que harán. Pero su intención va más allá de ocupar gobiernos. Quieren ocupar las mentes, corromper la convivencia, lograr que lo que hoy resulta inadmisible empiece a parecer razonable. Porque una vez introducido el principio de “prioridad nacional”, lo que se erosiona no es solo el acceso a determinados derechos, sino el fundamento mismo de la igualdad. Se instala la idea de que hay personas más legítimas que otras para ser protegidas por lo público. Y cuando eso ocurre, la exclusión (la limpieza) deja de percibirse como una vulneración de derechos y empieza a justificarse como una opción política más.

El veto a la asistencia sanitaria a personas en situación irregular es directamente ilegal. El Tribunal Constitucional ya lo resolvió. La atención sanitaria, incluida la de urgencia, es un derecho subjetivo que ninguna norma autonómica puede retirar y el TC ya lo ha blindado. Vincular el acceso a vivienda y ayudas públicas al arraigo o al empadronamiento prolongado contradice frontalmente los artículos 13 y 14 de la Constitución y la Ley 15/2022, que prohíbe expresamente la discriminación por origen nacional o étnico. El requisito de cinco a diez años de empadronamiento continuado para acceder a vivienda protegida es lo que la Directiva 2000/43/CE define como discriminación indirecta, es decir, una medida aparentemente neutra que produce un impacto desproporcionado sobre personas de origen extranjero, sin justificación objetiva ni proporcionada. La prohibición del burka y el niqab en espacios de prestación de servicios públicos vulnera el artículo 16 de la Constitución y discrimina a un colectivo singularizado por religión, etnia y origen. La supresión del programa de enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí choca con el artículo 27 de la Constitución y con compromisos bilaterales con Marruecos.

Pero es en el tratamiento de la infancia migrante donde el acuerdo muestra con mayor claridad su ruptura con el Estado de Derecho. Plantear la devolución de personas menores de edad no acompañadas excede las competencias autonómicas y vulnera principios básicos del ordenamiento español e internacional. El interés superior del menor, la prohibición de devoluciones automáticas y el deber de protección de la infancia en situación de desamparo son obligaciones jurídicas vinculantes, recogidas en la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por prácticamente toda la comunidad internacional (con la excepción de Estados Unidos y Yemen) y plenamente integrada en nuestro sistema jurídico. La infancia no puede ser tratada como un instrumento de control migratorio. La experiencia reciente lo confirma. En julio de 2021, los intentos de devolución de menores desde Ceuta fueron paralizados por los tribunales precisamente por incumplir estas garantías básicas.

Hay además una dimensión que va más allá de la inconstitucionalidad de cada medida, y es valorar el potencial de este acuerdo como discurso de odio institucional. El artículo 510.1a del Código Penal protege frente a quien fomente o incite la discriminación por origen nacional. El TEDH tiene establecido que para que exista discurso de odio no hace falta incitar explícitamente a la violencia, basta con incitar a la discriminación o ridiculizar a partes de la población. Es exactamente lo que el Tribunal aplicó en el caso Féret contra Bélgica, donde condenó a un político de extrema derecha por un discurso xenófobo dirigido a restringir derechos de personas migrantes. Cuando desde Vox se califica la discriminación entre españoles e inmigrantes de “hito histórico” y “eje estratégico” se producen declaraciones que, bajo ese estándar y el del artículo 510.1a del Código Penal, podrían sustentar una denuncia ante la Fiscalía Delegada en Delitos de Odio.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio. La extrema derecha ya no es una fuerza que presiona desde fuera, es una lógica que se integra en un gobierno autonómico. Por eso es muy importante que tengamos claro que pasar de la igualdad jurídica a la preferencia identitaria no es compatible con la Constitución y que la respuesta jurídica existe (recursos de inconstitucionalidad, conflictos de competencias, impugnaciones contencioso-administrativas). También es necesario que tengamos claro, que el daño más inmediato y profundo de este acuerdo no es lo que dice que prohibirá, recortará o derogará, es el marco mental que instala en la ciudadanía, en el pueblo español.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron, para eso ya hubieran votado a Vox. El PP es el que está desplazando el umbral de lo aceptable, el que está tensionando la Constitución y el propio sistema con tal de permanecer en el poder. Porque el daño más profundo de este acuerdo no es solo lo que pretende prohibir, recortar o expulsar, es el marco narrativo, de creencias y no-convivencia que instala. Es la idea de que se puede discriminar, excluir, prescindir de vidas. Ese es el verdadero peligro, sustituir el interés general que define a un Estado social y democrático de Derecho por una lógica de “prioridad nacional” que convierte los derechos en privilegios. Es renuncia al artículo 10 de la Constitución que dice que “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.”

jueves, 16 de abril de 2026

"DESPLAZAMIENTO ESPIRITUAL". Juan José Millás, El País

He ahí un grupo de personas apelotonadas en forma de enjambre alrededor de esa especie de abeja reina religiosa. He ahí por tanto un enjambre de cabezas cada una de las cuales reúne un enjambre de 80.000 millones de neuronas. He ahí también un enjambre de manos que forman una cadena hasta alcanzar el cuerpo del líder sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de matar con alegría a quien se le ponga por delante. He ahí, en fin, un grupo de pastores evangélicos pidiendo a Dios que Trump lo haga bien, que bombardee bien, que secuestre bien, que propague bien el sufrimiento por doquier. Demasiadas personas, demasiadas cabezas, demasiadas neuronas, demasiadas manos para la búsqueda de un fin tan miserable. Nos preguntamos qué pensarán en el cielo los enjambres de ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines de la jerarquía celestial reunidos en torno a Dios.

El botón de un bombardero es para muchos una extensión lógica de la fe. La oración se especializa. Las manos tocan con suavidad el cuerpo del líder, pero se mantienen alejadas de los cuerpos desgarrados por la metralla. Se mata con educación, se mata de traje azul y con corbata, mientras se supervisan las obras del gran salón de baile del ala este, o del oeste, ahora no caigo, de la Casa Blanca. La distancia convierte la violencia en abstracción y la abstracción en trámite burocrático. Usted y yo, ingenuos espectadores de este rito insectoide, sentimos un desplazamiento espiritual que nos asoma a una de las formas contemporáneas del espanto.

miércoles, 15 de abril de 2026

"LEBENSRAUM ISRAELÍ". Antonio Maestre, elDiario.es

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu,
muestra un mapa de "la maldición" en la ONU
Sé que les molesta que se les ponga al nivel de sus asesinos. Dejen de asesinar inocentes y no lo haré, pero no hay nada más parecido en el siglo XXI a su estrategia, técnicas y proceder que el sionismo de Netanyahu aplaudido y defendido por la mayoría de la población de Israel

El sionismo ha amenazado a España. Benjamín Netanyahu, un criminal de guerra, un genocida, ha amenazado a nuestra patria sabiendo que hay muchos quintacolumnistas del Likud en Vox y el PP viviendo con la nacionalidad española haciendo lo posible por perjudicar a nuestro país en beneficio de Israel y de una ideología ultra como el sionismo que es incompatible con los derechos humanos de sus pueblos vecinos y el derecho internacional. En España en la actualidad hay agentes operando al servicio de Israel en contra de los intereses de nuestro país interviniendo en la política nacional para favorecer a un agente externo. Este tiene un nombre tipificado en el código penal del 581 al 588 y castigado con muchos años de prisión.

Israel busca su lebensraum y la única posición moral aceptable es estar en contra de los criminales que lo llevan a cabo. El sionismo de Theodor Herzl no es más que una reelaboración con otras palabras del concepto del lebensraum o espacio vital que teorizó Friedrich Ratzel en el siglo XIX y el nazismo adoptó para sus teorías expansionistas de la mano de Karl Haushofer. La expansión criminal de Israel en Gaza primero, en Cisjordania de manera continua, y ahora en Líbano hasta el río Litani es una reelaboración de la expresión nacionalista alemana del siglo XX. Paul De Lagarde expresó a principio del siglo XX a través del concepto de volkisch la necesidad de Alemania de expandirse hacia el este que posteriormente fue inculcada en Adolf Hitler por Rudolf Hess que era un estudioso de Haushofer y De Lagarde. Estamos en la visión contemporánea de aquella expresión nacionalsocialista.

Las víctimas han aprendido de sus carniceros para llevar a cabo los mismos planes. Sé que les molesta que se les ponga al nivel de sus asesinos. Dejen de asesinar inocentes y no lo haré, pero no hay nada más parecido en el siglo XXI a su estrategia, técnicas y proceder que el sionismo de Netanyahu aplaudido y defendido por la mayoría de la población de Israel. No es el gobierno, es el pueblo entero con una minoría de opositores el que está defendiendo que el genocidio contra sus vecinos es la manera más efectiva de conseguir sus objetivos de seguridad vital. No es Netanyahu, ni el gobierno, ni el Likud, es Israel, el sionismo y sus cómplices por todo el mundo los que posibilitan esa expresión contemporánea del espacio vital hitleriano.

Pedro Sánchez se está convirtiendo en un faro de los valores humanistas ante los criminales de guerra de nuestro tiempo. Si Benjamín Netanyahu no está ya en la Corte Penal Internacional al nivel de Radovan Karadzic, Ratko Mladic, Ferdinand Nahimana, Bosco Ntaganda o Hans Frank es porque EEUU siempre protege a sus genocidas. Pero tendremos paciencia hasta que acabe en prisión. Aunque déjenme fantasear, aún mejor que ver a Netanyahu acabar en una cárcel de máxima seguridad sería que repitiera de manera voluntaria el espectáculo que nos brindó el genocida Slobodan Praljak cuando tras ser condenado a 20 años de prisión por los crímenes de guerra en Mostar nos obsequió con un suicidio en vivo que acabó convertido en meme. Qué maravilloso final sería ese para Bibi; una muerte convertida en burla para la eternidad.

Todos aquellos que nos atrevemos a definir como criminales y genocidas a los sionistas y sus propagandistas en España estamos siendo perseguidos judicialmente por los millonarios con proximidad en el poder a los traidores a la patria de PP y Vox. Pero no nos dan miedo. Informar siempre tiene un coste. El lobby ultra sionista y completamente desquiciado de ACOM, que tiene entre sus miembros a candidatos de Vox como Marcela Eigia, se ocupa de manera sistemática a perseguir a cualquiera que ponga en riesgo el relato propagandístico de la hasbara de la que participan personajes ilustres de nuestro espacio mediático como Pilar Rahola. Hay que ilegalizar a ACOM. Son un peligro para nuestra seguridad nacional.

Es incompatible defender los intereses de España y participar del relato sionista que está directamente vinculado a los intereses de Netanyahu, el Likud e Israel. La realidad es que tenemos a un agente extranjero realizando injerencias gravísimas en nuestro país mucho más preocupantes y ciertas que las que puede realizar Rusia. La principal amenaza a nuestra soberanía y seguridad se llama Israel, que considera que atacarnos también forma parte de su estrategia de lebensraum israelí. Patria o sionismo.

domingo, 12 de abril de 2026

"TRUMP, ORBÁN Y LA DEMOCRACIA VACIADA". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de cualquier otro. Votar ya no resulta suficiente, pues la democracia no son solo las urnas

La democracia es el único régimen político que puede suicidarse legalmente, pero el suicidio no llegará aboliendo las elecciones, sino con su manipulación estratégica. Ocurre cuando el poder aprende a alterar las condiciones de la elección sin eliminarla: la legitimidad se convierte en pura escenografía. En EE UU, a menos de ocho meses de las elecciones de mitad de mandato, la Administración de Trump se esfuerza por reconfigurar el sistema electoral antes de que lleguen los votos. A este lado del Atlántico, el próximo 12 de abril, millones de húngaros irán a votar en un país donde el 80% de los medios emiten propaganda del partido gobernante, los tribunales están poblados de jueces leales al primer ministro y las circunscripciones electorales han sido redibujadas para que Orbán necesite muchos menos votos que sus rivales para obtener los mismos escaños.

La pregunta es inevitable: ¿qué significa votar en una democracia vaciada, sobre todo cuando el sistema ha sido rediseñado para neutralizar su efecto? Es más: ¿siguen siendo las urnas el instrumento que pensamos que son? EE UU es el caso en construcción. Hungría, el caso consumado. Trump está intentando en meses lo que Orbán tardó años en afinar, pero Hungría nos permite ir un paso más allá, porque allí el problema ya no es solo si las elecciones son justas sino algo más inquietante. Péter Magyar puede ganar y no poder gobernar. Por primera vez en tres lustros, las encuestas dan al líder opositor una ventaja real sobre Orbán, pero Magyar necesita dos tercios del Parlamento para cambiar las leyes que Orbán diseñó para perpetuarse. Además, los jueces son de Orbán y las instituciones, también. El tránsito de una democracia a una autocracia electoral no solo implica trucar el camino hacia el Gobierno; es el Gobierno mismo el que finalmente está trucado. Ganar la aritmética y perder el Estado no es solo una hipótesis. Polonia, de hecho, ofrece un anticipo del problema: Donald Tusk lleva más de un año chocando contra los jueces que colocó Jaroslaw Kaczynski, y contra las leyes que diseñó para no ser desalojado. Si Magyar gana en Hungría, se enfrentará a lo mismo. El reto ya no es solo acceder al poder, sino encontrarlo allí donde antes estaba.

Por supuesto, esto no significa que el voto no sirva. Lo hace, y mucho, y está siendo atacado precisamente porque todavía funciona. La resistencia americana existe porque hay elecciones en noviembre. En Hungría, si Orbán cayese en las urnas, significaría que el modelo no es invencible. Es más, lo que se decida en Budapest no se quedará en Budapest. El 12 de abril, puede cambiar algo real en la geometría de la UE (los fondos a Ucrania, la relación con Rusia, el bloqueo interno) y también dejar una herida letal en el laboratorio que ha exportado el modelo iliberal a toda Europa. Aun así, el dilema persiste: ¿qué es una victoria electoral cuando el Estado ha sido colonizado en profundidad? Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de todos los demás. Votar es necesario, incluso simbólicamente, pero ya no es suficiente. En realidad, nunca lo fue, pues la democracia no son solo las urnas: es la arquitectura institucional que las sostiene, los tribunales que nadie eligió, los medios que nadie controla, los contrapesos que no son de nadie para poder serlo de todos. Cuando esa arquitectura se destruye desde dentro, el voto queda desnudo, solo. Necesario, pero solo. Y saber eso no es resignación: es el principio de una exigencia distinta.

viernes, 10 de abril de 2026

"15 años recorriendo aulas para deslegitimar la violencia de ETA sin politizar el dolor: “Las víctimas educadoras son los testigos morales del pasado”. Luis R. Aizpeolea, El País

El Memorial del Terrorismo y la Fundación Buesa difundirán a todos los centros educativos de España vídeos con los testimonios de 23 víctimas ante estudiantes durante los últimos tres años. Este modelo contrasta con el uso político del terrorismo que busca Isabel Díaz Ayuso

Las víctimas educadoras, que acuden a las aulas a relatar sus vivencias motivadas por el terrorismo, coinciden en rechazar el odio y la venganza hacia sus agresores, pero divergen en su posición sobre el perdón y los encuentros con terroristas. Reclaman que se sepa la verdad de lo que les sucedió y rechazan que se las utilice políticamente. Es la conclusión de los testimonios de 23 de ellas sobre 29 temas abordados en sus intervenciones para jóvenes estudiantes en los últimos tres años. Los testimonios han sido grabados en vídeo por el Centro Memorial del Terrorismo y la Fundación Fernando Buesa, ambas con sede en Vitoria, que los publicarán próximamente. Los testimonios proceden mayoritariamente de víctimas de ETA, pero también de la ultraderecha, los GAL, el yihadismo y el Grapo.

La experiencia de las víctimas educadoras, con 15 años de ejercicio en España, está inspirada en la gestión de la memoria del Holocausto en Alemania, Países Bajos e Italia, según Raúl López Romo, del Centro Memorial del Terrorismo, quien recuerda cómo el escritor italiano Primo Levi, superviviente del campo de concentración de Auschwitz (Polonia), desarrolló en sus textos su actividad como víctima educadora en las aulas italianas.

La iniciativa de las víctimas educadoras surgió en Euskadi en 2011, al finalizar el terrorismo, cuando era lehendakari el socialista Patxi López. Actualmente, un centenar de víctimas educadoras ejercen por toda España con especial presencia en las aulas de Euskadi, Navarra, Comunidad Valenciana y Castilla y León, si bien el Ministerio del Interior coordina su expansión a otras comunidades autónomas. “Existe una importante demanda juvenil por conocer el pasado y del profesorado por tener instrumentos adecuados para explicarlo”, señala López Romo, que anuncia que los vídeos se enviarán a todos los centros escolares de España.

La Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, se ha desmarcado de esta iniciativa nacional y ha adoptado un programa de contenido político, Tu historia, mi memoria. Su consejero de Presidencia y Justicia, Miguel Ángel García, lo ha anunciado para universitarios madrileños, con participación de víctimas, con el objetivo político de denunciar a “aquellos que ponían bombas y ahora ponen su voto para condicionar la gobernabilidad de España”. Eduardo Mateo, responsable de proyectos de la Fundación Fernando Buesa, responde: “Los testimonios de las víctimas ante la comunidad educativa deben ser pedagógicos, pacifistas, con fines educativos y contexto histórico, no partidistas. Su finalidad es hacer memoria y que la historia no se repita. Las víctimas actúan como testigos morales. Mezclarlas con ideología política es demoledor”.

Las víctimas educadoras rehúyen unánimemente la definición política en sus intervenciones y algunas subrayan su rechazo al uso partidista del terrorismo. Otras recuerdan su tardío reconocimiento, en 1999, con la Ley de Víctimas del Terrorismo, e incluso consideran que su presencia molesta a los políticos. La reclamación del conocimiento de la verdad es otra clave de sus intervenciones, sobre todo, entre víctimas cuyos casos no se han resuelto. “Lo legal y lo ético chocan con frecuencia”, señalan algunas.

La actitud ante el perdón a los terroristas y la posibilidad de reunirse con ellas suscita divergencias. Coinciden en que perdonar es cuestión personal, pero algunas aseguran tajantemente que nunca perdonarán a los terroristas mientras otras lo condicionan a su actitud e incluso otras adelantan haber perdonado, en algún caso por razones religiosas. En cuanto a los encuentros, algunas aseguran que nunca se reunirán con terroristas y otras que esa experiencia les ha resultado reconfortante.

El denominador común de las intervenciones de las víctimas educadoras es su transmisión a los jóvenes del rechazo al odio y la venganza y la delegación en el Estado de Derecho de la respuesta al terrorismo. Son unánimes en considerar que el principal perjudicado por el odio es la víctima y su ámbito familiar. “Destruye la felicidad”. “El odio no te deja crecer”. Son expresiones de las víctimas. También son relevantes los testimonios de hijos o hijas de víctimas que señalan cómo sus madres les inculcaron rechazar el odio y que contribuyen a explicar, en el caso de ETA, la ausencia de respuestas violentas a sus actos.

Pluralidad de las víctimas educadoras

Los criterios de selección y preparación de las víctimas educadoras son rigurosos, resalta López Romo. Suelen ser hijos, viudas o hermanos de víctimas asesinadas. También hay heridos que sobrevivieron a los atentados terroristas. “Para intervenir en las aulas, las víctimas educadoras deben estar emocionalmente preparadas. Su papel consiste en relatar a los jóvenes su experiencia personal para deslegitimar el terrorismo, preservar la memoria de las víctimas y defender valores democráticos con el objetivo de no repetir la historia. Las víctimas educadoras no son historiadores. Tampoco pueden dar mítines políticos. Deben evitar el partidismo. Son plurales y en sus intervenciones no representan siquiera a las asociaciones de víctimas a las que algunas pertenecen”, precisa el representante del Memorial del Terrorismo.

La pluralidad es otra clave de las víctimas educadoras. En los vídeos del Memorial de Vitoria y la Fundación Buesa, quienes se dirigen a los jóvenes son mayoritariamente hijos de víctimas de ETA; entre otros, José Luis Elespe, Ana Aizpiri, Sara y Marta Buesa, Naiara Zamarreño, Angel Altuna; así como guardias civiles heridos gravemente por la banda terrorista; y supervivientes como José Aguilar y Koldo San Martin, Alberto Muñagorri, herido de gravedad en su niñez, y la periodista Aurora Intxausti.

También participan víctimas del yihadismo, como Esther Sáez y Antonio Utrera; Maider García, hija de una víctima de los GAL, y Juan Carlos Cuervo, a cuyo hermano asesinó la ultraderecha, entre otros. Del centenar de víctimas educadoras intervienen 23, que abordan 29 temas que plantean los jóvenes. Los profesores, a su vez, informan a los alumnos del contexto histórico en que se produjeron los ataques terroristas, antes y después de las sesiones, señala López Romo. “Tampoco se puede eludir que detrás de los terrorismos hay aspectos políticos, hay un proyecto de poder. El profesorado debe explicarlo a los jóvenes profesionalmente”, señala Eduardo Mateo, de la Fundación Buesa.

El debate sobre el perdón

La experiencia de estos 15 años concluye que los jóvenes coinciden básicamente en preguntar a las víctimas educadoras si perdonarían a los terroristas, si se reunirían con ellos o si han superado el dolor, señala Eduardo Mateo. En Euskadi una pregunta añadida suele remitirse al comportamiento familiar y de los amigos tras el atentado terrorista, añade López Romo.

En línea con la experiencia educadora de Primo Levi sobre el Holocausto, López Romo destaca cuatro aspectos transmitidos a las aulas vascas: si la sociedad vasca era consciente del alcance del terrorismo o lo eludía, especialmente en sus primeros años; el debate sobre el perdón; el valor del testimonio que se extiende de la denuncia del terrorismo a la violencia de género y a otras violencias vigentes —durante la actividad educadora de Levi era la guerra de Vietnam—; o al hecho de los amenazados por el terrorismo que no huyeron y fueron asesinados.

El responsable del Memorial del Terrorismo concluye que “el 80% de los jóvenes asistentes a sesiones con víctimas educadoras quedan impactados por la experiencia y la difunden”. “Les deja huella”, añade. “El impacto de la comunicación directa con las víctimas es muy superior al de los libros”. En cuanto a las víctimas, destaca cómo “la experiencia demuestra que quienes han dispuesto de un apoyo social se han recuperado más rápidamente que las que no lo tuvieron; lo demuestra la comparación de las víctimas de ETA de los años setenta con las de los años noventa en adelante y las del 11-M”. La experiencia de las víctimas educadoras contribuye a ello.

"LOS QUE SIEMPRE ESTÁN". José Luis Sastre, El País

Operativo de desembarco de los españoles del crucero 'MV Hondius' en Granadilla de Abona, Tenerif Un elogio a esos que se enfundan l...