Mostrando entradas con la etiqueta Ramadán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramadán. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2026

"SIN RAMADÁN NO HAY SEMANA SANTA". Sergio del Molino, El País

Rezo colectivo musulmán en Jumilla (Murcia)
Si jugamos a la aconfesionalidad, hay que jugar bien: o se ponen facilidades para ambas fiestas o se las saca de la calle

Impotente ante un conflicto religioso y social que le supera, un policía local de Jumilla fió la solución a “que su Dios y el nuestro se pongan de acuerdo”. Se lo contó a la periodista de EL PAÍS Elena Reina, que andaba por el municipio murciano dando noticia de los problemas que la comunidad musulmana tuvo para celebrar el Ramadán en un espacio público. La frase del agente es ingeniosa y conciliadora, al estilo de un capitán Renault en Casablanca, pero también falsaria: el dios de las tres religiones monoteístas es el mismo. Una confusión normal en el politeísmo católico, que trata a la Virgen del Pilar y a la de la Macarena como entidades distintas y rivales. Así no hay dios que se aclare.

Más grave es que un funcionario haga distingos entre dioses “nuestros” y “de ellos”, como si en un municipio cupiera un “nosotros” diferente al que engloba a todos los vecinos. Y mucho peor que se invoque la aconfesionalidad del Estado para reprimir la libertad religiosa de una parte de la población. Los laicistas y ateos no vimos venir que un día se usaría el comodín laico para defender privilegios religiosos, pues muchos de los que quieren prohibir ramadanes tienen ya los hábitos de cofrade planchados y listos para procesionar. Laicismo, sí, pero solo para los moros. Para los demás, incienso y tambores.

Si jugamos a la aconfesionalidad, hay que jugar bien: los mismos argumentos que los agitadores voxeros avientan para hacer la puñeta a los vecinos musulmanes sirven también para que no se corte el tráfico ante el paso de los penitentes. En unos días, cientos de miles de católicos se apropiarán del espacio público para expresar su fe, exactamente igual que los musulmanes al final del Ramadán. Una sociedad que respete la libertad religiosa no puede elegir entre este y la Semana Santa: o pone facilidades para ambas fiestas o las saca de la calle.

Abrir la espita laicista plantearía un debate sobre los usos religiosos del espacio común, pero me temo que a los saboteadores de ramadanes no los anima la confrontación de ideas, por mucho que las palabras democracia y libertad no se les caigan de la boca. Si así fuera, centrarían los ataques en la religión mayoritaria, la que más presencia pública disfruta de lejos y la que más invade las calles y las plazas. Pero si solo te molesta una religión, no eres laicista, tan solo un intolerante, y cabe aplicarte aquel versículo del evangelio según Víctor Manuel, que debería conocer también el policía municipal de Jumilla: “Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios”.

domingo, 21 de abril de 2024

"SUS ERECCIONES, NUESTRAS PALIZAS". Najat El Hachmi (El País 12 ABR 2024)

El control sobre las chicas musulmanas en los barrios en los que el islam es mayoritario es constante y efectivo

Dos casos de agresiones a adolescentes sacuden estos días la opinión pública en Francia. Una se ha saldado con la desgraciada muerte de un chico de 15 años después de que desobedeciera la orden de otro joven de no hablar con su hermana. La otra víctima es Samara, una alumna de un centro de Montpellier, que ha salido del coma al que la llevaron tres menores que le propinaron una brutal paliza. Según su madre y su abuela, el motivo habría sido que la niña se vestía “a la europea”.

No sabemos muy bien lo que esto significa, siendo tan diversos en su indumentaria los habitantes de esta parte del planeta, pero no cuesta imaginar en qué consiste, para los fanáticos, ataviarse como una buena musulmana: no llevar ni maquillaje ni el pelo suelto, ni ropa ajustada y no mostrar ni un solo centímetro de piel. Que estemos en Ramadán no hace más que exacerbar los ánimos. Si el resto del año no hay quien aguante a los intolerantes, ni les cuento cómo son cuando pasan hambre y sed. Que es un mes de recogimiento y reflexión, paz y armonía no es más que un cuento de hadas. Antes, para cumplir con este pilar fundamental del islam bastaba con no meterse nada en el cuerpo durante el día: ni comida, ni agua, ni lo otro, pero los islamistas se han sacado de la manga miles de prohibiciones más, muchas pensadas ad hoc para las mujeres, a quienes se pide que hagan todo lo posible por no llamar la atención de los hombres. ¿Y eso por qué? Pues porque según muchos sabios obsesionados con el sexo, si a uno se le empina el miembro en plena jornada de “recogimiento y paz” y acaba eyaculando, habrá perdido el día de ayuno.

El buen musulmán hace sus esfuerzos para no caer en la tentación hasta que “no se pueda distinguir un hilo blanco de uno negro” pero, claro, si todas las mozas se le ponen delante con brazos desnudos, melenas al viento y camisetas ajustadas, la tarea se le complica. La solución sería que se metiera en su casa, pero ¿cómo va a ser eso de que nosotras podamos ir libremente por la calle y ellos estén encerrados? Les resulta más lógico pedir a las niñas que se tapen y no vayan provocando. No sé si esta es la razón por la que casi matan a Samara, pero el control sobre las chicas musulmanas en los barrios en los que el islam es mayoritario es constante y efectivo, y supone cercarlas y convertirlas en coto vedado en el corazón de la Europa libre. Y no solo en Francia, también muchas musulmanas españolas viven con la misma vigilancia fanática y misógina. Puro odio a nuestra libertad.

"LA OBSCENA ISLAMOFOBIA". Adolfo Estrella, infoLibre.es

El odio al islam como nuevo sentido común reaccionario Aumentan en España los episodios cotidianos y mediáticos de rechazo al islam, focaliz...