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miércoles, 12 de abril de 2023

"ANA OBREGÓN, PRESIDENTA". Un artículo de Luis García Montero publicado en Infolibre.es el de abril de 2023

Ana Obregón sería una buena candidata para presidir la Comunidad de Madrid. Un rostro hermoso, delicado, tierno, capaz de decir y hacer con apariencia inocente todo lo que le viene en gana. Tiene el arte de conseguir el efecto sentimental necesario para que la gente olvide el mundo que habita y para identificar la bondad o la maldad con los desahogos de un sermón evangelista. En las tradiciones duras del sermón católico, con tantos años de historia española, el populismo original de la fe evangélica convierte la realidad en una revista del corazón y añade gotas latinas a las inquietudes sobre el futuro. Lo que se cultivó en Hispanoamérica para combatir la teología de la liberación, puede utilizarse ahora en Europa para que las grandes fortunas se olviden de la justicia social. Hacer despacho y telenovela con las últimas voluntades de un hijo se parece mucho al impudor del neoliberalismo que transforma el dolor en un cuento de hadas madrinas.

La base ideológica fundamental es la sustitución de la vida de carne y hueso por una fábula rosa en la que los deseos pueden convertirse en derechos. No deseos colectivos, sino individuales. Si yo deseo tener un hijo o un nieto, pero no puedo, me considero con el derecho de comprar un cuerpo, un vientre, una vida, aprovechándome de la necesidad ajena. La conversión de un ser humano en una mercancía de usar y tirar es el resultado lógico de entender la libertad como la ley del más fuerte. Frente al viejo sueño ilustrado en el que la libertad, la igualdad y la fraternidad configuraban el marco de una convivencia justa, se trata de justificar que puedo comprarlo todo sin ningún tipo de mala conciencia.

Es la banalidad del mal, si le pedimos prestado el concepto a otra Ana, es decir, a Hanna Arendt. Una banalidad simpática en este caso, no comparable al exterminio del pueblo judío, sino a la borradura de la conciencia humana a la hora de comprar el dolor ajeno. Una banalidad entretenida. Cuando uno lee filosofía o literatura, se ve invitado a reconocer lo que hay dentro de cada vida, detrás de un recuerdo, en medio de una incertidumbre o en el interior de una noche. La vida nos reclama con un sentido inevitable de pertenencia. La portada de una revista como Hola invita a pasar el rato en la peluquería, a entretenerse desde fuera con la fábula de un mundo que no es de nadie y en el que los deseos son derechos. La ley del más fuerte borra el sudor y las lágrimas con un vestido de noche y una sonrisa. La sustitución paulatina de la cultura por el entretenimiento es otra de las dinámicas que permiten que, en nombre de la maternidad y la familia, una mujer compre el vientre de otra mujer.

Las posibilidades de negocio definen la vida. Creo que en este orden de cosas, y asumido que Ana Obregón sería una buena Presidenta de la Comunidad de Madrid, podemos proponer que el hoy casi abandonado Hospital Enfermera Isabel Zendal, buque insignia de la medicina sin quirófanos, se convierta en una gran vaquería de vientres de alquiler. Se puede reunir allí a la población femenina migrante para explicarle que tienen ocasión de prestar un buen servicio a la sociedad. Alimentadas con rigor, cuidadas por servicios médicos de primera calidad, pueden alquilarse para traer hijos al mundo según la ley de la oferta y la demanda.

Se trata de una reclamación sanitaria con posibilidades de éxito. Son ya muy cansinos los profesionales madrileños que piden condiciones dignas para la sanidad pública, algo llamado a desaparecer. Más futuro tiene la propuesta de una gran vaquería de vientres alquilados.

lunes, 3 de octubre de 2022

"LA MADRE ESTUPENDA". Por Carmen G. de la Cueva en elDiario.es del 27 de setiembre de 2022

Khloé Kardashian con su bebé en el hospital. | Hulu
Otro hijo Kardashian en el mundo, otra famosa más invisibilizando la realidad del posparto. La imagen se repite en mis redes sociales, se reproduce una vez tras otra en diferentes perfiles y, entonces, más allá del perfecto rostro de la mujer embutida en un impoluto chándal blanco, me paro a leer y descubro el escándalo: es un bebé comprado

Lo primero que veo es la fotografía de una mujer que se parece a una de las hermanas Kardashian con un bebé recién nacido en los brazos en una cama de hospital. Todo es tan blanco, tan limpio. El rostro de la mujer es hermoso: maquillaje perfecto, cejas perfiladas, eyeliner, labios rosados, una media sonrisa feliz. El bebé envuelto en su mantita como un burrito, con las carnes rojitas, recién salido del vientre. Todo es tan blanco, tan limpio, tan puro, que parece medido al milímetro, una pequeña ficción. Otro hijo Kardashian en el mundo, pienso, otra famosa más invisibilizando la realidad del posparto. La imagen se repite en mis redes sociales, se reproduce una vez tras otra en diferentes perfiles y, entonces, más allá del perfecto rostro de la mujer embutida en un impoluto chándal blanco, me paro a leer y descubro el escándalo: es un bebé comprado.

Toda esa naturalidad era fingida, al fin, un fingimiento pactado, totalmente ficticio. La imagen es una captura de un vídeo donde, ahora lo sé, Khloé Kardashian habla con su hermana Kim que la está grabando para su reality Las Kardashian. En Estados Unidos, el alquiler de vientres —solo con escribirlo tiemblo, es como estar en una distopía de Margaret Atwood— es legal. Khloé está haciendo algo completamente natural allí: sostener a su bebé en brazos mientras su hermana graba el momento para la posteridad. La imagen se viraliza, cruza un océano de bytes y llega hasta España donde no es una práctica legal, aunque miles de parejas decidan hacerlo en otros países como Ucrania —allí los vientres de alquiler son un auténtico negocio— o Estados Unidos.

Todo tenía que ser blanco, las sábanas y el atuendo y hasta el rostro de la madre estupenda con sus pómulos brillantes y aclarados por los polvos del maquillaje. Podemos ver que detrás de esa captura había un peluquero, un maquillador, un equipo de grabación, pero nada se sabe de la mujer que trajo al bebé que sostiene la Kardashian entre los brazos. No hay cuerpo ni rostro desencajado de dolor. No hay sangre. Y sigo leyendo, no dejo de darle vueltas a la fotografía, pienso en la otra mujer, la madre invisible. Antes de que el bebé nazca, las hermanas tienen una conversación delante de las cámaras: «Cuando llegue el bebé, será una bendición, pero el proceso de espera… esta mierda apesta», le dice Khloé a Kim. Y ella le confiesa, poniéndose en su lugar pues, de sus cuatro hijos, dos han sido comprados: “Creo que es como una sensación de distanciamiento porque cuando tienes un niño subrogado, tú no sientes el dolor, no sientes el movimiento del niño”.

Me imagino este momento en la vida de todas esas madres y padres estupendos que pagan cientos de miles de euros o dólares a una agencia para que les consiga un bebé como quien compra un coche de lujo. El capitalismo favorece que el deseo de algunos esté por encima de los derechos humanos. Si es legal, dirán por ahí, no hay nada de malo en ello. Poco sabemos de la realidad económica de esas mujeres que se hormonan, gestan y paren a un hijo que nunca criarán.

Kim recoge a su hermana porque “la madre gestante” se ha puesto de parto antes de tiempo y la lleva al hospital. Una mañana está sentada en el sofá y a las dos horas, tiene un bebé nuevecito en los brazos. Ni siquiera se ha arrugado el chándal. Llegan a la habitación y Kim se graba en el espejo del baño: “¡Hola! Estamos teniendo un bebé”. “Empuja. Más fuerte”, se oye decir al personal médico. El bebé nace, lo envuelven y lo colocan sobre la madre estupenda. El relato de este parto es más escalofriante que el que imaginó Atwood en El cuento de la criada. Todos los actores interpretan su papel con tanta naturalidad que no hay lugar para la culpa o la duda moral. La criada ni siquiera es una secundaria en esta historia.

En el prólogo de El cuento de la criada, Margaret Atwood escribe que nació en 1939 y que, por tanto, su conciencia se formó durante la Segunda Guerra Mundial. Desde muy pequeña supo que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. “Los cambios pueden ser rápidos como el rayo”, dice. “No se podía confiar en la frase: 'Esto aquí no puede pasar'. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”. La República de Gilead que creó Atwood se alza hoy en nuestro mundo sobre los fundamentos del capitalismo. La protagonista de su historia es anónima, nunca se llega a conocer su nombre, simplemente se la llama Offred (compuesto por el nombre de un hombre 'Fred' y el prefijo que denota posesión 'de'). Cuando le preguntan a Atwood por qué, ella lo tiene claro: “A lo largo de la historia mucha gente ha visto su nombre cambiado o simplemente ha desaparecido de la vista”.

Se acaba el capítulo y la madre que acaba de parir, la madre invisible, está en otra habitación, en otra cama, imagino, con las sábanas manchadas, con el cuerpo dolorido, desgarrada quizá, sola. Una madre anónima.

"DESENTENDERSE DE TODO". Santiago Alba Rico, elDiario.es

España, por otro lado, es una nación fallida cuya historia poco ejemplar vuelve ahora, como un regüeldo, a través del fascismo de Vox. Ahora...