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domingo, 8 de marzo de 2026

"NUESTRA BATALLA". Elvira Lindo, El País

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,
da un discurso durante el acto institucional con motivo
del Día Internacional de la Mujer
Los mismos que adoptan una actitud burlesca hacia la causa de las mujeres son los que luego acusan a las feministas de ignorar a la mujer afgana o a la iraní

Quédate conmigo porque contigo todos los días son el Día de San Valentín, decía irónicamente el viejo estándar de Rodgers y Hart, de la misma forma que el Sombrerero Loco animaba a Alicia, la del País de las maravillas, a celebrar cada día el No Cumpleaños. Las efemérides desprenden en su esencia esa contradicción. Lo que verdaderamente nos recuerdan las fechas en rojo es la manera insensata con que dejamos que la vida pase, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar, que cantaban los Pata Negra en aquella canción jorgemanriqueña, sin ser conscientes, pobres de nosotros, de que nuestra existencia es aquello que ocurre entre los días que se dedican a celebrarla. Otro 8 de marzo. Y qué sensaciones contradictorias desprende este nuevo Día de la Mujer. En un momento de regresión como este, en el que hay una muchachada educándose en la pedagogía del resentimiento que promulgan los varones enfurruñados; en un tiempo en el que de las encuestan se desprende que hay un número no despreciable de jóvenes que cree que el feminismo ha ido tan lejos como para borrarles el protagonismo del que gozaron antaño, o demasiado lejos como para que ellos sean excluidos en favor de ellas; ahora, precisamente, cuando frente al sexo libre celebrado en otras décadas se ondea la bandera de la espiritualidad o de la tranquila vida segregada al margen de las emociones que el otro sexo puede provocar; ahora, hoy, cuando de manera preventiva hay quien ya va descartando la palabra feminismo en favor de un término que suena más conciliador, como es igualdad, en este presente confuso en que más que una labor de progreso la debemos hacer de resistencia ante la fuerte corriente que nos arrastra hacia atrás; ahora, paradójicamente, las mujeres volvemos a protagonizar de una manera tramposa la conversación y hay quienes, sin vergüenza, nos usan para armarse de razones, armarse, repito, hasta las cejas, y liarse a bombazos en nuestro nombre. Es Donald Trump, el mismo que pretende borrar cualquier rasgo de diversidad en el lenguaje de la administración y de las investigaciones académicas, Trump, el que separa a niños de sus madres para cumplir su promesa de limpieza étnica, es Trump, el mismo que agarraba el coño a las mujeres, el de los papeles de Epstein, quien invade un país para erigirse en salvador de las mujeres iraníes. Nunca juzgaré a una mujer iraní que aplauda estos bombazos desde su terraza, pero mi situación me permite tener la cabeza fría como para saber qué lugar ocupa en la mente trastornada de Trump la dignidad de estas mujeres, o en la de Benjamin Netanyahu, el asesino de niños, que desea borrar a un pueblo de la faz de la tierra.

Y aunque cualquiera podría entender que despreciar la legalidad internacional puede desbaratar, si es que no lo está haciendo, el frágil equilibrio del mundo (incluso Matteo Renzi puede entenderlo), aunque la historia reciente nos dice dónde quedó la soberanía de las mujeres o la paz en países que fueron invadidos y después se abandonaron a su suerte, son incapaces, los defensores de esta nueva guerra, de reconocer que no son las mujeres las que importan, sino la relativa tranquilidad comercial que ofrece ser vasallo de un tirano; en vez de ir de frente, envuelven cínicamente la acción bélica con el manto de una causa noble y hermosa: la libertad de las mujeres. Los mismos que en su casa niegan protección a una concejal que denuncia acoso o abuso por no perjudicar al partido, los mismos que adoptan una actitud burlesca hacia la causa de las mujeres, son los que luego acusan a las feministas de ignorar a la mujer afgana o a la iraní. Es verdad que hay causas que de pronto se imponen a otras, como la de Gaza, porque constituyen un paradigma, un aviso, un resumen de los crímenes de nuestro tiempo, pero el feminismo debería imponerse hoy, más que nunca, como una voz sin fronteras que luche contra los señores de la guerra. Y sí, he dicho señores.

sábado, 7 de marzo de 2026

"FURIA ÉPICA". Equator, editorial

La adoración de la fuerza se ha convertido en la pasión dominante de Occidente

Durante el invierno de 1940, unos meses después de que la Wehrmacht completara su conquista de Francia, la filósofa de 31 años Simone Weil publicó un ensayo sobre La Ilíada en la revista Cahiers du Sud, con sede en Marsella . «La Ilíada, o el poema de la fuerza» interpreta la epopeya de Homero como un espectáculo inhumano cuyas lecciones son completamente contemporáneas. Para Weil, el poema es un «estudio de los extremos y de los actos injustos de violencia», que presenta un retrato inquebrantable de lo que la fuerza hace a los humanos que la ejercen y la sufren por igual. O bien «convierte a un hombre en una piedra», escribió, o bien, «ejercitado hasta el límite, lo convierte en un cadáver».

La importancia contemporánea del texto de Weil reside no solo en su descripción de los efectos de la fuerza sobre los individuos, sino también sobre las sociedades y civilizaciones que caen bajo su influencia. En la raíz de tantas de nuestras crisis morales y políticas actuales se encuentra lo que Weil, al describir la vida bajo el fascismo europeo, denominó «la adoración del poder en su forma más brutal».

La vulgaridad de la guerra estadounidense e israelí contra Irán es solo la última demostración del poder profético de Weil. Desde el inicio de los bombardeos, los beligerantes han hecho pocos esfuerzos por justificar legal o moralmente el asesinato: dicho sin rodeos, creen que el poder de dominación otorga licencia para matar. Al negarse a articular una justificación coherente para iniciar lo que ahora se ha convertido en un conflicto regional, con consecuencias incalculables, Trump y Netanyahu han enviado un mensaje claro: actuaron porque podían.

Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, se jactó de que los iraníes se enfrentarán a «muerte y destrucción desde el cielo todo el día» y anunció que «los estamos atacando mientras están caídos, que es exactamente como debe ser». Nos muestra lo que Dwight Macdonald (quien primero presentó el ensayo de Weil a los lectores anglófonos cuando lo publicó en Politics en 1945) describió como «la máxima devastación física acompañada del mínimo significado humano». CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 22 de octubre de 2025

"GRACIAS POR EL REGALO". Manuel Vincent, El País

Uno está muerto y no lo sabe si no reacciona ante la maldad y la estupidez que contempla cada día

Decía Maquiavelo: si tienes que hacer daño, que sea rápido, contundente y demoledor. Al enemigo que no puedas matar, no lo hieras, puesto que estarás siempre a merced de su venganza. Extírpalo con toda su familia como se arranca una hierba con sus raíces y semillas. En cambio, si tienes que hacer el bien, adminístralo en pequeñas porciones para que la víctima crea que es larga tu misericordia. Si alguien te está ahogando y al llegar al punto de la asfixia decide aflojar la zarpa sobre tu cuello, pensarás que estás obligado a darle las gracias. Después del abominable atentado de Hamás, el haber asistido en directo durante dos años al espectáculo de los bombardeos de Gaza con la muerte de decenas de miles de mujeres y niños; después de contemplar a diario el panorama de la completa devastación de una ciudad, uno puede llegar a pensar que también ha sido demolido por dentro y que su alma forma parte de los escombros. Entre los escombros puede haber muchos cadáveres aplastados. Podrías llegar a creer que también tú eres uno de ellos. De hecho, ir de zombi por la vida es lo último que se lleva. Uno está muerto y no lo sabe si no reacciona ante la maldad y la estupidez que contempla cada día. Mientras sucedía el genocidio de Gaza, Netanyahu se hacía injertar pelo para peinarse el flequillo disimulando la calva. ¿Es posible mayor escarnio? Pero ha sido suficiente que se declarara el alto el fuego para que la crueldad de Netanyahu mostrara el rostro humano, como si el Yahvé feroz del Antiguo Testamento se tornara de repente en el ser bondadoso del Evangelio. Moisés fue llamado por Yahvé a la cumbre del Sinaí para recibir las tablas de la ley. El pueblo esperó al pie del monte 40 días a que el profeta bajara la roca tallada con los diez mandamientos. El quinto decía: no matarás. Pero durante la espera el pueblo decidió adorar a un becerro de oro y Moisés oyó a su espalda que Dios le gritaba: “Mátalos”. Así puede terminar el alto el fuego. Gracias por el regalo.

lunes, 11 de agosto de 2025

"NETANYAHU USA EL HAMBRE COMO ARMA DE GUERRA". Gadi Algazi, El País 20 JUL 2025

El primer ministro israelí está ejecutando un plan premeditado de hambruna para arrinconar a la población palestina en el sur de la Franja. La ubicación allí de los centros de distribución de alimentos —cuatro para dos millones de personas— es el instrumento que usa para forzar los desplazamientos. La limpieza étnica avanza inexorable

En muchas ciudades de Israel se pueden oír las explosiones o sentir la sacudida de los bombardeos israelíes en Gaza. Las casas tiemblan. Al fin y al cabo, este es un mismo país que comparten dos pueblos y es muy pequeño. Los ruidos cuentan la historia de familias enteras asesinadas y de casas demolidas, una tras otra. El enclave de Gaza está siendo destruido. Para ahorrar dinero, el ejército contrata a empresas privadas para que derriben las casas con excavadora. Ahora sabemos cuánto se les paga por cada casa y que muchos de ellos son colonos radicales de Cisjordania, convencidos de que tienen la histórica misión de aprovechar la oportunidad para arrasar Gaza y colonizarla. Pero todos nosotros, israelíes, compartimos la responsabilidad de lo que está sucediendo.

Sé que las matanzas y la decisión de dejar morir de hambre a la población civil y retener el combustible, el agua o la comida para los bebés han dejado de ser noticia. Las atrocidades actuales se ahogan bajo el ruido continuo de las informaciones sobre las atrocidades pasadas. Cada vez es más difícil comprender el significado de lo que sucede y la guerra de Gaza está pasando a un segundo plano. Pero debemos ser conscientes de que lo que está ocurriendo tiene una trascendencia histórica y no es meramente otra ronda más de asesinatos sin sentido. Si dejamos que continúe, determinará el futuro tanto de los palestinos como de los israelíes y sus repercusiones no solo se harán sentir entre los pueblos de Oriente Próximo.

Lo que está en juego es la expulsión en masa de los palestinos de Gaza; en otras palabras, una limpieza étnica. Tenemos tendencia a pensar que la expulsión es un instante dramático en el que se obliga a la gente a abandonar su hogar en camiones, autobuses o a pie. Pero es la culminación de procesos más largos, como podemos ver con las comunidades palestinas de Cisjordania, que se ven obligadas a huir de sus hogares después de años de terror a manos de los colonos y el ejército. El desplazamiento de un pueblo es un proceso, no un hecho aislado, y ese proceso ya ha comenzado. Todavía se puede parar, pero para ello es necesario que tengamos claro lo que está pasando bajo la cortina de humo de la guerra: el expolio y la expulsión masiva de corte colonialista. CONTINUAR LEYENDO


Gadi Algazi (Tel Aviv, 1961) es historiador social, profesor de Historia en la Universidad de Tel Aviv y activista. Está especializado en la Europa occidental entre 1400 y 1600, así como en la historia de Israel y Palestina en las décadas de 1950 y 1960. En 1979 fundó el primer grupo de jóvenes soldados que se negaron a prestar el servicio militar en los territorios ocupados y, tras un año en prisión, fue liberado y eximido del servicio.

"CUANDO LOS JUECES QUIEREN GOBERNAR". José González Arenas, infoLibre.es

Cuando esa función se desborda y empieza a sustituir la decisión política, el problema ya no es técnico, sino democrático En su reciente art...