Mostrando entradas con la etiqueta Fascismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fascismo. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2026

SANTIAGO ALBA RICO: “ISRAEL ES LA SUPERVIVENCIA DE LA PEOR EUROPA EN ORIENTE MEDIO”. Neus Tomás, elDiario.es

El filósofo publica 'Gaza y el destino del mundo', un ensayo en el que reflexiona sobre el punto de no retorno que implica el genocidio y lo que revela de nosotros como sociedad

En un país que no va sobrado de pensadores, Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) se ha convertido en un referente para la izquierda, y ojalá no solo para ella. Su voz tímida, casi susurrante, se abre paso en artículos y libros que ayudan a combatir el griterío de parlamentos y tertulias. Su último ensayo, Gaza y el destino del mundo (Arpa), nos sitúa ante un espejo incómodo, el de la doble moral de Occidente.

“Israel es obra del antisemitismo europeo y en ese sentido, no debería haber existido. La fundación de Israel es injusta en todos los sentidos”, denuncia Alba Rico. Considera que la solución de los dos estados ya no es posible. Defiende que los propios israelíes, junto con los europeos, son los que tienen que des-sionizar Israel. “Entonces podrán plantearse cosas como las que decía Martin Buber: un estado binacional o un solo estado democrático en el que sea posible establecer unas reglas de juego compartidas”, añade.

Mientras, el filósofo se niega a caer en el pesimismo. No porque falten motivos sino porque si los palestinos resisten, pese a todo, a no tener nada, hay que aguantar y seguir denunciando el genocidio del que son víctimas. Alba Rico nos obliga a pensar sobre ese mundo que Gaza ha marcado como punto de no retorno civilizatorio y, también con las imágenes de Ceuta en la retina, lanza esta advertencia: “Estamos en un momento de la historia en el que uno puede creerse bueno mientras participa en un linchamiento”. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

"LA BONDAD DE LOS LINCHADORES". Santiago Alba Rico, Publico.es

Decenas de personas durante una manifestación en Ceuta
Entre 1880 y 1950 más de cuatro mil negros fueron linchados en los Estados sureños de los EEUU. El linchamiento no era un crimen; era un acto de justicia popular en el que participaban mujeres y niños y que se celebraba con orgullo y alborozo. Las víctimas, acusadas con o sin fundamento, eran conducidas a golpes a la plaza pública y allí quemadas o ahorcadas. Después se tomaban fotografías de los cadáveres, junto a los cuales posaban los alegres ciudadanos, y esas imágenes se convertían en tarjetas postales que a continuación se enviaban, acompañadas de algunas frases, a los parientes y amigos lejanos. Pueden encontrarse algunas de estas postales en internet. Veo, por ejemplo, el cadáver calcinado de Will Stanley colgado de un poste, más indefenso que nunca, observado por una multitud satisfecha; al pie de la foto se puede leer el texto que escribió un tal Joe, cómplice del linchamiento, para comunicarle a su padre la noticia: "Esta es la barbacoa que disfrutamos anoche. Mi retrato está a la izquierda, con una cruz encima. Tu hijo Joe". Era el 30 de julio de 1915 y diez mil personas se habían reunido en la plaza principal de Temple (Texas) para contemplar la pira. Veo en otra postal los cadáveres de Virgil Jones, Robert Jones, Thomas Jones, y Joseph Riley, ahorcados el 31 de julio de 1908 en Russellville (Kentucky); del pecho de Riley, con el cuello tronchado y vestido con un mono azul, cuelga un cartel de advertencia: warning. O veo asimismo los cuerpos semidesnudos de Elias Clayton, Elmer Jackson e Isaac McGhie, trabajadores de circo en Duluth, linchados en Minnesota el 15 de junio de 1920. Una multitud de hombres blancos, vestidos como de domingo, atildados y sonrientes, posan a su alrededor como si se tratase de una boda o de una fiesta de graduación.

Los linchadores, no lo olvidemos, eran gente buena: padres responsables, trabajadores honestos, vecinos solidarios. Eran ciudadanos ejemplares que se sentían inseguros, amenazados, en peligro, y que sólo pretendían restaurar los valores de la civilización, mancillada por la presencia invasiva de esos negros salvajes. El negro les hacía daño: visual y culturalmente constituía en sí mismo una agresión moral. Daba igual si eran realmente culpables de la violación o del robo que les atribuían. El negro era el Mal mismo. Matar al negro era purificar los pecados del mundo. Matar al negro no era un crimen; no era ni siquiera un pecado; no era ni siquiera una falta; era una restauración del bien común que todos juntos debían festejar. Era, sí, el triunfo de la comunidad a través de un acto de justicia colectivo.

Es imposible no evocar esta especie de "moralidad del mal" cuando el fascismo regresa a nuestras vidas. Pienso en los israelíes que suben a la colina de Sderot, con una cesta de picnic, para contemplar los bombardeos de Gaza, pero también en los ciudadanos de Ceuta que se reúnen para impedir la entrega de alimentos a los inmigrantes, quemar sus tiendas y golpear sus cuerpos; y que se manifiestan reclamando al gobierno el incumplimiento de la ley y la expulsión de esos "invasores" hambrientos y descalzos. No voy a negar el atolladero de una crisis al mismo tiempo geopolítica, institucional y humanitaria. Que se trate de un verdadero atolladero, facilitado por la inacción del gobierno, explica en parte la reacción de esa gente buena que, alentada por partidos y dirigentes irresponsables, considera legítimo y razonable renunciar a la ética común -la que enseñan a sus hijos en casa- y transformarse en una muta fascista. Hace unos meses escribía yo un artículo en el que, citando a Gramsci, me mostraba preocupado por esta "transformación molecular". A partir de la hipótesis de un naufragio en el mar, Gramsci describía un proceso muy frecuente: el de una persona que, en condiciones excepcionales, se convence a sí misma, de la manera más honesta y sincera, de que es no sólo necesario sino legítimo y moral el canibalismo. Ahora bien, es en las situaciones excepcionales donde la ética universal realmente cuenta; donde la moral, en ausencia de orientación política, decide la diferencia entre el bien y el mal o, si se prefiere, entre los Evangelios y Mein Kampf.

Conviene ser humilde -y estar alerta- para no caer blandamente del lado malo; a cualquiera le puede pasar. Los humanos somos seres sociables, no morales. Nos gusta estar juntos y juntos hacemos el bien y juntos hacemos el mal y quizás por la misma razón: por el placer de la sociabilidad. Por eso la política es tan importante: porque trata de gestionar la sociabilidad humana en favor del bien común. Lo que llamamos "república" es justamente eso: la autogestión reglada de la sociabilidad humana, al margen de la moral, en defensa de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Pero el solo hecho de "estar juntos" no garantiza nada; de ese placer participan por igual las mafias, las sectas, las verbenas, las escuadras fascistas y las asambleas constituyentes. Frente al neoliberalismo, se impone, sí, un regreso a la idea de comunidad; pero frente a la comunidad negativa, cuando la política retrocede, ya sólo cabe confiar en la supervivencia disruptiva de la moral. Como dice el adagio castizo, a veces es mejor estar solos que mal acompañados. La moral es siempre una decisión individual, imprevisible y en general inútil. Cuando los seres sociables se unen para hacer el mal no basta la ética de la responsabilidad ni un razonable programa político que casi nadie escucha; pasamos a depender del ejercicio individual de la ética de principios, en la que ningún otro puede "representarnos" ni reemplazarnos. Hay situaciones que demandan, en efecto, un gesto moral individual. En El joven Lincoln, la película de 1939 de John Ford, el futuro presidente de los EEUU, bisoño abogado de pueblo, interpela por su nombre a un vecino que se ha sumado a una turba linchadora: "a veces hacemos todos juntos cosas que nos avergonzaría hacer a solas", le dice. El joven Lincoln consigue que un sujeto individual, sumergido en una comunidad negativa, se moralice de nuevo, de manera que su vergüenza privada arrastra a todos los demás al desistimiento de su acción criminal.

Tras capear muchos temporales, es muy probable que la crisis de Ceuta dé la puntilla a las esperanzas de renovación de un gobierno de coalición en las próximas elecciones. Políticamente, Ceuta, la periferia ambigua de una España ya muy zarandeada, marca el umbral de la victoria del PP y de Vox, la vanguardia consciente de la más negra antipolítica. Pero desde Ceuta entra también en España, de manera definitiva, el fascismo como normalización de "la moralidad del mal": como comunidad negativa normalizada, como honesta defensa del linchamiento.

Decía Bertold Brecht en su Galileo: "triste el país que necesita héroes". Nada más triste y peligroso que ese otro mundo posible, regüeldo de la historia de España, en el que la política, derrotada por el fascismo, tiene que ser sustituida por la moral. En el que hace falta, ay, una especial moralidad para no linchar espontáneamente a un negro.

jueves, 28 de mayo de 2026

«ESTADOS UNIDOS YA NO ES UNA DEMOCRACIA». Ricardo Dudda, Ethic 25 mayo 2026

La filósofa estadounidense Susan Neiman, directora del Einstein Institute y autora de ‘El mal en el pensamiento moderno’ (Debate, 2026), considera que el trumpismo es un nuevo fascismo. Sin embargo, observa que los estadounidenses ya están despertando y ve signos de esperanza en la oposición.

En enero, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció en Davos un discurso donde dijo que el orden liberal basado en normas era en parte falso y había sido destruido.

Luego contribuyó a destruirlo al aprobar la acción contra Irán en marzo.

¿Cree, como él, que el orden liberal era una «ficción útil»?

Me parece una opinión muy cínica. El problema es que el orden basado en normas o en leyes solo funciona si existen líderes que tienen la obligación moral de obedecerlo. Hemos visto cómo se ha destruido eso en Estados Unidos. Tengo otro libro, que saldrá en inglés y alemán a finales de verano y probablemente el año que viene en español, titulado Call It Evil. Trata de comprender el hecho de que el Estado de derecho y la separación de poderes son inútiles, como hemos visto en el caso de Trump, si no se tiene en absoluto ningún sentido moral. No me había sentido tan preocupada y disgustada desde septiembre de 2001. Al ver la guerra en Irán, pensé que era sorprendente que no hayamos aprendido la lección de prudencia que deberíamos haber aprendido después de la guerra de Irak.

Esa crítica al orden liberal recuerda a las críticas a la Ilustración, un tema que ha estudiado a fondo. Los críticos antiilustrados pensaban que era una fachada intelectual para justificar diversas opresiones e injusticias.

Vivimos en una era cínica y antiilustrada. La protagonizan las fuerzas de las que hablé en Izquierda no es woke, pero también otra fuerza que analizo en el nuevo libro, donde profundizo en la ideología económica y las interpretaciones erróneas que se han hecho, por ejemplo, de Adam Smith. Estas interpretaciones sugieren que no hay principios y que todo el mundo busca necesariamente su propio interés. Llevamos oyendo esto desde Trasímaco, que es como un joven posmoderno nihilista, salvo que tiene 2.500 años. Ahora hay más ideologías que refuerzan la «supremacía del interés propio». Lo que ocurre con los contrailustrados es que criticaban, por ejemplo, la hipocresía respecto al colonialismo, cuando los ilustrados decían que colonizaban a los pueblos por su propio bien. Pero había otras muchas suposiciones válidas. Es obvio que nos mueven el interés propio, la pasión y la envidia, pero se mezclan con otros motivos legítimos. Cuando alguien dice que ha hecho algo porque era lo correcto, siempre hay otros que intentan deconstruir esas palabras para descubrir otra cosa, un motivo oculto. La idea de los principios morales o el derecho internacional no es una ficción, pero tampoco está escrita en mármol. Para que sean reales, un número significativo de personas tiene que tomárselos en serio como una decisión libre, diciendo: «Aunque vaya en contra de mis intereses, es mejor que el mundo se rija por el derecho internacional». En Izquierda no es woke, me centré en unas ideas filosóficas que se generalizaron a través de las universidades. Aunque la gente no lea a Michel Foucault o Carl Schmitt, lee periódicos escritos por periodistas que han ido a la universidad y a los que les cuesta desprenderse de esta ideología. Tengo una amiga antropóloga, una apasionada luchadora por la socialdemocracia, que me dijo que «no puede hacer trabajo normativo» debido a su formación. Una vez que la gente siente que parece tonta por hacer afirmaciones normativas (sobre la moral y cómo debería ser el mundo), tenemos un problema. En mi nuevo libro, hablo más sobre economía. La idea de que la economía es el «mundo real» y todo lo demás no lo es es muy poderosa.

Es curioso cómo se malinterpreta a Adam Smith como un profeta del laissez-faire, sin tener en cuenta lo que escribe en libros como Teoría de los sentimientos morales. Se le considera un símbolo neoliberal, lo cual no es cierto en absoluto.

En mi nuevo libro, descubrí que esto fue deliberado. Un grupo de industriales de los años 40, 50 y 60 creó think tanks que prepararon versiones breves de 20 páginas de Adam Smith, al estilo de Reader’s Digest, omitiendo las partes que no encajaban en su agenda, como por ejemplo su crítica a los rentistas o su defensa del Estado. Los neoliberales censuraron su obra.

El pensador John Gray dice que el liberalismo fue un accidente histórico y que solo pudo producirse en una época de supremacía occidental. ¿Qué opina usted de su «liberalismo sin esperanza»?

Yo no soy liberal, soy de izquierdas. Hay una gran diferencia: no se pueden tener derechos políticos efectivos sin derechos sociales. John Gray es un liberal de tipo conservador. Desconfío de las personas que afirman saber lo que va a pasar históricamente. Hemos tenido demasiadas sorpresas, como el colapso de la Unión Soviética en 1991, que nadie vio venir. El liberalismo sin socialdemocracia es un callejón sin salida. No se puede tener igualdad ante la ley si las personas no tienen asistencia sanitaria, vivienda, condiciones de trabajo dignas, educación y acceso a la cultura. Me gustaría que Europa apreciara lo que ha conseguido como socialdemocracia. Si John Gray dice que el liberalismo está muerto y concluye que el único camino a seguir es a través de regímenes tiránicos semifascistas, yo diría: ¿qué tal si probamos realmente el socialismo? Si nos fijamos en Estados Unidos, ya no se puede llamar democracia. Incluso en Alemania, la brecha entre lo que quiere la mayoría de la gente y la política del Gobierno es extraordinaria. En Estados Unidos, vemos cómo los multimillonarios compran los medios de comunicación, lo que supone la muerte de los medios independientes, la base de una democracia.

¿Qué opina del debate sobre el uso del término fascismo para describir el autoritarismo de Trump?

No soporto la palabra autoritarismo.

Hay quienes dicen que el término fascismo es solo una forma de mostrar indignación moral y no ayuda a comprender el trumpismo.

En la primera página de mi nuevo libro se menciona que, en octubre de 2024, Mark Milley, exjefe del Estado Mayor Conjunto con Trump, declaró públicamente que Trump es «fascista hasta la médula». De repente, todo el mundo utiliza el término autoritarismo porque no quiere dar la voz de alarma. Federico Finchelstein señaló que uno de los argumentos en contra de que Trump sea fascista es que no ha iniciado guerras. Y mira ahora. Cumple todos los requisitos: no hay separación de poderes, se ha apoderado de los tribunales y los medios de comunicación, incita a su propio pueblo a la violencia y establece una distinción entre «nuestra gente» y «los otros». Deberíamos estar más indignados moralmente. Hablar de autoritarismo no cambia nada. Pero hablar de fascismo da la voz de alarma.

¿Cree que el término es útil para un público occidental que piensa que solo describe la década de 1930?

Cuando dijimos «nunca más» después del fascismo, ¿nos referíamos solo a que los alemanes no deberían otra vez meter a los judíos en vagones de ganado? No. Nos referíamos a que nunca más debía producirse algo parecido a eso. Estaba claro que si el fascismo llegaba a Estados Unidos, sería ligeramente diferente al nazismo o al fascismo italiano. Es obvio. Pero veo todos los elementos. Otra cuestión: Trump está socavando la legitimidad de las elecciones y sembrando dudas sobre ellas, lo cual es fascista.

¿Puede el trumpismo sobrevivir sin Trump?

MAGA [Make America Great Again] es claramente un movimiento fascista. Muchos estadounidenses se preguntan si podemos detenerlo. Hace poco pasé cuatro meses en Estados Unidos y, desde dentro, la situación parece mejor. Hay mucha oposición democrática. No siempre está bien organizada, pero es impresionante ver a la gente común oponiéndose al ICE. Todos los candidatos que han ganado las elecciones a corto plazo han sido demócratas de izquierda, como Zohran Mamdani. Si Trump no hubiera invadido Venezuela, habríamos tenido más tiempo para celebrar ese cambio. Vi más signos de esperanza hablando con la gente en los supermercados que con los intelectuales. Si hay unas elecciones libres y justas, creo que recuperaremos el Congreso con demócratas más progresistas.

Después de la captura de Maduro y la guerra en Irán, volvió a mencionarse mucho la obra de Carl Schmitt y su idea de las áreas de influencia. Es un autor que usted ha estudiado a fondo. ¿Vivimos en un mundo schmittiano?

Por desgracia, sí. Stephen Miller y J. D. Vance han citado a Schmitt. Es inquietante que haya gente en la Casa Blanca que defienda abiertamente a un teórico jurídico nazi. Lo peor es que muchas personas que se consideran progresistas también lo hacen.

Uno de los principales instigadores de la guerra en Irán es Israel. Una encuesta reciente en Estados Unidos reveló que, por primera vez en la historia, hay más estadounidenses a favor de Palestina que de Israel.

Las acciones de Israel en Gaza se han vuelto difíciles de digerir. El descrédito de Israel tiene muchos motivos. Por ejemplo, Israel ha instrumentalizado el consenso que siempre existió sobre el Holocausto para justificar otro genocidio. Es moralmente indignante. En Estados Unidos, hay bastantes estudiosos del genocidio que han calificado lo ocurrido en Gaza como genocidio (en Alemania todavía es tabú esa cuestión). Además, a los estadounidenses les desagrada la cercanía de Netanyahu con la extrema derecha. Israel se asocia ahora con el lobby proisraelí AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), que gasta dinero para arruinar a los candidatos al Congreso que no apoyan al 100% la política israelí. Luego están los cristianos evangélicos fanáticos que quieren un apocalipsis en Oriente Medio para que Jesús regrese. Tienen más influencia en la política que los judíos porque son 40 millones. Da miedo que estas opiniones estén presentes en el ejército en este momento. Al final, los estadounidenses se darán cuenta de que Israel es el que más se beneficia de esta guerra. Los estadounidenses más jóvenes son más pro-Palestina, pero este cambio se está produciendo independientemente de la edad.

martes, 30 de diciembre de 2025

"HAKUNA O EL REGRESO DEL CRISTOFASCISMO'". Rafael Narbona, elDiario.es

Ayuso y Feijóo en la Puerta del Sol durante
el concierto dd Hakuna
El integrismo religioso elude las cuestiones más incómodas, como la pobreza, la injusticia, la guerra, la desigualdad, la explotación del hombre por el hombre. Prefiere hablar de “gozo”, “alegría” y “eternidad”

El concierto de Hakuna en la Puerta del Sol el pasado 22 de diciembre, con Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso bailando en las primeras filas como dos adolescentes embriagados por una fe renovada, es el perfecto ejemplo de lo que Dorothee Sölle llamó “cristofascismo”. Sölle, teóloga luterana, pacifista, feminista y poeta, inventó ese neologismo para describir la alianza entre el fundamentalismo cristiano y el poder político y económico. El “cristofascismo” despolitiza el mensaje cristiano para fomentar la obediencia de las masas, deslegitimar las protestas ciudadanas y marginar a las minorías. Esta maniobra constituye una obscena perversión del ideal igualitario de Jesús de Nazaret, que utilizó la famosa metáfora del camello y el ojo de la aguja para condenar la opresión sufrida por el pueblo trabajador judío bajo el yugo de Roma y su principal colaborador, el Sanedrín.

Aparentemente, Hakuna es un inofensivo grupo de pop cristiano fundado en 2013 por el ex sacerdote del Opus Dei José Pedro Manglano. El origen de este conjunto de música solo puede inspirar desconfianza, pues el Opus Dei, tal como atestiguan infinidad de antiguos numerarios, supernumerarios, agregados o numerarias auxiliares, siempre ha funcionado con el secretismo y la hipocresía una secta. 'El minuto heroico', la fantástica miniserie documental de Mònica Terribas Sala, muestra cómo la “obra” ha explotado, manipulado, maltratado y saqueado a miles de personas, con el pretexto de que solo les ayudaba a transitar por el camino de la santidad. Casi nadie ignora los vínculos de José María Escrivá de Balaguer con la dictadura del general Franco. “San Josemaría” alimentó una concepción tridentina del catolicismo con frases como “Bendito sea el dolor, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor”, unas palabras que solía susurrar a los moribundos, explicándoles que su sufrimiento era un tesoro espiritual, pues los acercaba al martirio de Jesús en la cruz.

El carisma de Hakuna es transmitir “la alegría de seguir a Cristo”. Nutrido inicialmente por estudiantes del Icade y de la Escuela de Ingenieros, uno de los mayores éxitos del grupo se titula 'Un segundo', un tema con una letra cursi y vacía: “Reviento de amor y estoy temblando de gozo / Hay tanta locura en este amor que no controlo / Pierde tu vida, recibirás la eternidad / La alegría de ser esclavo, esclavo de mi libertad / Si por un segundo vieras cómo te miro / No querrías ver nada más”.

El integrismo religioso elude las cuestiones más incómodas, como la pobreza, la injusticia, la guerra, la desigualdad, la explotación del hombre por el hombre. Prefiere hablar de “gozo”, “alegría” y “eternidad”. El integrismo católico reduce el cristianismo a una serie de ritos vacíos y suscribe el paquete ideológico del movimiento provida: oposición al aborto, la eutanasia, el preservativo y el matrimonio homosexual. Un feroz anticomunismo y la teoría del gran reemplazo (la inmigración es el caballo de Troya de la islamización de Occidente) completa esta grotesca interpretación del mensaje cristiano.

Hakuna y todo lo que orbita alrededor, incluidos satélites inesperados como la conversa Díaz Ayuso, que hizo el camino de Damasco durante la pandemia, pasan por alto las reflexiones del papa Francisco en su encíclica 'Fratelli tutti'. El papa argentino describe la pobreza como la consecuencia del egoísmo de una minoría acaparadora y, al igual que Óscar Romero e Ignacio Ellacuría, asesinados por la ultraderecha salvadoreña, cuestiona la propiedad privada: “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada”. El integrismo católico, muy arraigado en el obispado español, jamás disimuló su antipatía hacia Francisco y algunos sacerdotes, como los energúmenos de La Sacristía de La Vendée, una “tertulia sacerdotal contrarrevolucionaria”, llegaron a manifestar su deseo de que el papa argentino subiera pronto a los cielos.

La mayor desgracia del cristianismo fue la conversión del sanguinario Constantino I. El emperador romano transformó las comunidades horizontales de los primitivos seguidores de Jesús en una estructura vertical, con una organización jerárquica similar a la del imperio y una idea de Dios copiada del despotismo de los césares. Constantino pensó que el cristianismo le ayudaría a consolidar su poder y aglutinar a sus súbditos bajo un credo que invitaba a la obediencia. Jesús de Nazaret es una de las figuras más deformadas y tergiversadas de la historia. El evangelio de Marcos, el más primitivo, se redactó alrededor del año 70 d.C. Es decir, en las mismas fechas en que las legiones romanas llevaron a cabo la segunda destrucción del templo de Jerusalén. Las comunidades que redactaron el evangelio de Marcos y los otros tres evangelios canónicos intentaron congraciarse con Roma, domesticando la figura de Jesús, al que se presentó como un pacifista y un colaborador con la ocupación y no como lo que fue realmente: un líder político que luchó contra el imperialismo y sus sicarios. Cuando le entregaron un denario y le preguntaron si había que pagar impuestos, Jesús examinó la moneda y contestó “dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. No suele mencionarse que en el denario aparecía la siguiente inscripción: “Tiberio, hijo del divino Augusto”, una frase que constituía una blasfemia para un judío. Jesús respondió irónicamente, sugiriendo que el César, un falso dios, no merecía nada y que había que dar a Dios lo que realmente nos pedía: solidaridad con los pobres, los extranjeros, las viudas y los huérfanos. Ese mensaje es el “hilo rojo” que según el filósofo marxista Ernst Bloch recorre toda la Biblia.

El hijo de una humilde familia de trabajadores no podía pedir que se pagaran los tributos impuestos por el invasor romano para sostener a las elites. Jesús desafió al poder político y religioso de su época, hablando de la inminencia de un Reino donde ya no habría pobres ni hambrientos. De ahí que sufriera una muerte política, pues la cruz, una forma de ejecución particularmente atroz, se reservaba para los sediciosos y los esclavos rebeldes. Los supuestos ladrones que le acompañaron en el Gólgota probablemente eran insurgentes, miembros de la resistencia judía. Muchos historiadores apuntan que movimientos nacionalistas judíos radicales, como los zelotes y los sicarios, se gestaron probablemente alrededor de Jesús. Los evangelios conservan hechos que muestran el carácter beligerante del galileo y sus discípulos, como la expulsión de los mercaderes del templo a latigazos o la resistencia de los apóstoles en el huerto de Getsemaní, que sacaron espadas para defender a su maestro, pese a que las autoridades romanas habían establecido la pena de muerte para los judíos que portaran armas.

Los evangelistas acusan al pueblo judío de la muerte de Jesús y exoneran al prefecto Poncio Pilato, algo inverosímil, pues –según Filón de Alejandría– su mandato se caracterizó por su “corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo, y una crueldad sin límites”. Sus abusos fueron tan escandalosos que Tiberio le convocó en Roma para investigarlo y juzgarlo. Los evangelistas culminaron su ejercicio de contorsión histórica y teológica ocultando que Jesús tenía hermanos -como Jacobo, también conocido como Santiago el Justo- e introduciendo viejos mitos para divinizar su figura. Al igual que Horus y Mitra, Jesús nace de una virgen y como Osiris, Dionisio e Inanna muere y resucita. Y ya en el siglo IV, la iglesia fija el 25 de diciembre como fecha de su nacimiento, el día en que los romanos celebraban el solsticio de invierno. De este modo, Cristo se convierte en luz del mundo y símbolo del renacimiento de la vida.

Hakuna es uno de los frutos de la brutal represión política y religiosa orquestada por Wojtyla y Ratzinger contra la Teología de la Liberación. Gustavo Gutiérrez, el padre de esta escuela teológica, afirmó que Jesús abogó por una radical opción por los pobres y se opuso frontalmente a los ricos y poderosos. El mensaje cristiano es una utopía porque “es una denuncia del orden existente”, una voz “movilizadora y subversiva”. Por el contrario, Hakuna representa el deseo de conservar el orden establecido, con sus grandes dosis de injusticia y desigualdad. Si no fuera así, Núñez Feijoo y Díaz Ayuso no bailarían sonrientes al son de sus canciones. Es desolador comprobar que el “cristofascismo” ha regresado y que figuras como Pere Casaldàliga, Ernesto Cardenal o Diamantino García Acosta, firmemente comprometidos con la liberación del ser humano de cualquier forma de opresión o explotación, ya solo son un entrañable recuerdo en la memoria de unos pocos nostálgicos.

domingo, 20 de abril de 2025

"EL FASCISMO EN ESTADOS UNIDOS". Siri Hustvedt, El País 18 ABR 2025 -

SR. GARCÍA
Mi padre solía decir: “Cuando el fascismo llegue a América, lo llamarán americanismo”.


En mi barrio de Brooklyn, todo sigue aparentemente igual. Las tiendas están abiertas y la gente camina dedicada a sus cosas. Sin embargo, la rutina está teñida de miedo. Al otro lado del puente, en el Upper West Side de Manhattan, se encuentra la Universidad de Columbia, donde estudié y obtuve mi doctorado en Literatura en 1986 y que ahora está en apuros con el nuevo Gobierno. Mi difunto esposo, Paul Auster, era estudiante en Columbia en 1968. Fue uno de los centenares de personas que ocuparon un edificio; recibió patadas y golpes de la policía y pasó una noche en la cárcel. Mi cuñado, el artista Jon Kessler, es profesor en la Escuela de Artes de Columbia. En definitiva, es una universidad que siento muy cercana. Después de que hubiera en ella manifestaciones propalestinas durante la pasada primavera, el Gobierno de Trump, para castigarla, le ha retirado millones de dólares de fondos federales con el pretexto del antisemitismo. La universidad ha capitulado ante las draconianas exigencias.

“Las universidades son el enemigo”, se titulaba un discurso pronunciado en 2021 por J. D. Vance, ahora vicepresidente de Estados Unidos y que, irónicamente, se graduó en la Facultad de Derecho de Yale.

Las palabras importan. Alteran la percepción humana, excitan las emociones e influyen en el rumbo de los acontecimientos políticos.

Desde el ascenso de Trump en 2015, se han publicado incontables artículos en distintos medios de comunicación que plantean una pregunta: ¿MAGA es o no es fascista? Jason Stanley, profesor de Yale y autor de Facha, y Ruth Ben-Ghiat, de la Universidad de Nueva York, que publicó Strongmen en 2020, han señalado muchos paralelismos entre el trumpismo y el fascismo europeo. Robert Paxton, autor de La Francia de Vichy: vieja guardia y nuevo orden, 1940-1944, llegó a la conclusión de que MAGA tenía características fascistas al presenciar los actos violentos del 6 de enero de 2021.

La respuesta de los principales medios de comunicación (y muchos académicos) ha sido que realizar esas comparaciones es “irresponsable”. Que los únicos que asocian a Trump con Hitler son los alarmistas de izquierdas. Los Estados Unidos de 2025 no son la Alemania de 1933.

La insistencia en que no se puede utilizar la palabra “fascismo” para hablar del Partido Republicano corresponde al pensamiento convencional. El discurso vocinglero de la extrema derecha es cada vez más habitual en la política. Para situarse en un terreno intermedio, los llamados medios de comunicación tradicionales, que están vinculados a intereses empresariales, tienen miedo de perder el acceso al poder y desean mantener un tono de moderación y continuidad, han decidido recurrir a las paráfrasis. Los berridos racistas, xenófobos y misóginos y las frases incoherentes de Trump pasan a ser declaraciones fluidas y racionales. La técnica tiene un nombre: sanewashing, dar un aire de sensatez a lo que no es más que una locura. Varios periodistas —entre ellos Paul Krugman, excolumnista del periódico— han acusado a The New York Times de caer en ello.

Los grandes medios de comunicación, colaboracionistas.

El racismo descarado a la hora de buscar chivos expiatorios entre las personas no blancas y los inmigrantes; la demonización de feministas y marxistas; la evocación de una edad de oro triunfal pero ilusoria que se va a recuperar gracias al gran macho líder, cuya virilidad teatral y beligerante encarna una voluntad cuasi religiosa del “pueblo”; el borrado de la historia; el despido de profesores; la prohibición de libros; la restricción de los derechos de la mujer y la insistencia en que los roles sexuales “tradicionales” son “lo natural”; la alarma por el descenso de la tasa de natalidad; el discurso eugenésico de los “genes malos” y la mágica transformación del grupo que domina una sociedad en víctima son elementos presentes en todos los movimientos fascistas (del siglo XX) y neofascistas (del siglo XXI) del mundo entero.

Hay que destacar que el auge del fascismo en Europa y el ascenso del Ku Klux Klan, la histeria contra los inmigrantes y la popularidad de la eugenesia en Estados Unidos se produjeron después de una pandemia mundial de gripe. La segunda encarnación de MAGA surgió inmediatamente después de la covid-19.

La propaganda, que conecta con los sentimientos colectivos de malestar, proporciona a los espectadores unos cómodos objetos a los que culpar y odiar. Convierte una irritación colectiva sin causa identificable en un diagnóstico específico: son los judíos; es lo woke (que abarca a todo lo que no son hombres blancos heterosexuales). Resulta apropiado llamarlo propaganda. La propaganda es el lenguaje que tiene una misión.

“No hay nada que confunda tanto a la gente como la falta de claridad o de rumbo”, escribió en 1931 Joseph Goebbels, futuro ministro de propaganda nazi, en Wille und Weg. “El objetivo no es presentar al hombre común todas las teorías distintas y contradictorias posibles. La esencia de la propaganda no está en la variedad, sino en la contundencia y la persistencia con las que se seleccionan ideas del pensamiento en general y se inculcan en las masas utilizando los métodos más diversos”.

Goebbels, un hombre con un doctorado en Filología, entendía qué es lo que hay que hacer con el mensaje. Cuando se repite una y otra vez, se consigue el objetivo. Hoy, los medios de comunicación de derechas estadounidenses, como hacía la maquinaria de propaganda nazi, repiten y amplifican las frases de Trump. Hace poco oí a un locutor de radio repetir una y otra vez “FRAUDE Y ABUSOS”, el mantra con el que Elon Musk y sus secuaces justifican el asalto a organismos gubernamentales y el despido de decenas de miles de trabajadores. Un ciudadano estadounidense que no escuche o vea más que los medios de comunicación MAGA está tan aislado como lo estaba el alemán ario cuando los nazis tomaron el control total de los medios de comunicación.

Se ha filtrado a la prensa una lista de 199 palabras marcadas como sospechosas por el Gobierno, entre ellas, negro, diverso, gay y mujer. Blanco, homogéneo, heterosexual y hombre no están incluidos. La purga sería cómica y absurda si no fuera por el miedo que inspira. Los científicos y académicos que aspiren a recibir subvenciones oficiales deben evitar estas palabras. También figuran en la lista mujer y género. Vigilar el lenguaje no es exclusivo del fascismo; es un mal endémico de los regímenes autoritarios.

El filósofo ruso M. M. Bajtín escribió La imaginación dialógica en época de Stalin, cuando emplear la palabra que no tocaba podía suponer el Gulag. El libro, un análisis de la novela, no se publicó hasta 1975. Para Bajtín, el género literario se distingue por tener una variedad de perspectivas y estilos lingüísticos que él llamó heteroglosia. El discurso autoritario, por el contrario, es unitario e inflexible y se impone desde arriba. Está “indisolublemente unido a su autoridad —al poder político, a una institución, a una persona— y se sostiene y cae junto con esa autoridad”.

El poder del lenguaje democrático, de la auténtica libertad de expresión, reside en la igualdad, la variedad, la contradicción, la interpretación y el diálogo: una polifonía encarnada en distintos oradores en diferentes situaciones, cuyas palabras cambian sin cesar porque reaccionan a las palabras con las que se expresan los demás.

La mitad de los votantes de este país no han elegido el neofascismo. A pesar de que hay cada vez más miedo, también hay cada vez más oposición. Mi marido y yo, junto con otros escritores, fundamos en 2020 Writers Against Trump (Escritores contra Trump), ahora llamada Writers for Democratic Action (WDA, siglas en inglés de Escritores por la Acción Democrática), que cuenta con más de 3.000 miembros y es una de las muchas organizaciones de resistencia que están emprendiendo acciones colectivas. Las palabras importan. Las palabras son acción. Hablar y escribir públicamente, o en la clandestinidad si se agrava la represión, será crucial para contribuir a que la segunda versión de Trump conserve o pierda su autoridad.

Siri Hustvedt es escritora, ensayista y poeta, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. Este texto se publicó originalmente el día 9 en Le Monde.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Entrevista a Pankaj Mishra, ensayista: “Trump y Putin son dos ‘gangsters’ poniéndose de acuerdo entre ellos”.

El ensayista indio, uno de los pensadores que de manera más brillante da voz al sur global, sostiene que la “limpieza étnica” que Israel está ejecutando es el presagio de una nueva cultura de la crueldad y la impunidad. Su nuevo libro disecciona el mundo que viene después de la invasión de Gaza

Pankaj Mishra (Jhansi, India, 56 años) pertenece a esa categoría de intelectuales como Edward Said o Arundhati Roy que utilizan con virtuosismo las herramientas de la cultura occidental para desmontar prejuicios y convencionalismos históricos. Para demostrar que otras partes del mundo, mucho más vastas y pobladas que Europa o Estados Unidos, tienen una perspectiva y una visión de los acontecimientos completamente diferente y propia.

Con un estilo preciso y profundamente creativo, Mishra ha sido capaz, durante una trayectoria de tres décadas, de crear novelas muy premiadas, como Los románticos (2000) o Corre a esconderte (2022), y volcarse además en el estudio de los grandes acontecimientos de la época actual con ensayos que han marcado el debate público, como La edad de la ira (2017), en el que ahonda en los orígenes de la gran oleada de odios que pueblan el mundo, o Fanáticos insulsos (2020), donde analizó por qué se impusieron el liberalismo y el capitalismo anglosajones como única alternativa posible.

Decide charlar con EL PAÍS en una mañana londinense gris y húmeda. El encuentro se produce en los alrededores de Oxford Circus. Mishra tiene hambre, y sugiere ir a comer algo a un restaurante indio muy popular. Apenas tocará su masala dosa, una crepe con relleno de patata y curry muy popular en el sur de la India.

Durante hora y media, hablará con pasión de su nuevo ensayo, El mundo después de Gaza. Una breve historia (de Galaxia Gutenberg, editorial que ha publicado gran parte de su obra), de su relación sentimental y crítica con el sionismo israelí y de su visión de la destrucción de Gaza como el presagio de una nueva cultura de la impunidad. Será el arranque de una conversación que incidirá en otros asuntos, como la crisis de Ucrania, la irrupción de Donald Trump o el ataque de la derecha contra lo que despectivamente llaman lo lo woke para referirse al feminismo, la lucha contra el cambio climático o a la defensa de un discurso razonable frente a la inmigración irregular.

domingo, 1 de diciembre de 2024

"La larga agonía de Europa: entrevista de Manuel Chaves Nogales a Joseph Goebbels". Por Laura Pérez Rastrilla, Universidad Complutense

Neutral y equidistante. Son dos adjetivos que se repiten en las descripciones de Manuel Chaves Nogales. Efectivamente lo era en su ejercicio como periodista, lo que le permitió descifrar el devenir de la Historia con la precisión de una mente privilegiada. Y como característica habitual en ese tipo de excepcionalidad intelectual, su estilo era sencillo, ameno e informativo. Como si se tratara de una práctica fácil, Chaves Nogales tomaba las piezas mundanas del día a día y las encajaba a la perfección para ver el puzle completo. Los personajes de la calle, aparentemente triviales, los comportamientos cotidianos o las conversaciones habituales le proporcionaban la información para proyectar la atmósfera política, que leía en simbiosis con lo que ocurría en las instituciones políticas, judicaturas o medios.

También con neutralidad y equidistancia observaba y se acercaba a cualquier personaje o gobierno, sin desechar nada a priori, porque la información está en todas las aristas de la realidad. Ese diagnóstico sin prejuicios era la clave de sus célebres pronósticos sofisticados y acertados. Su otro secreto era caminar, deambular por la vida cotidiana para escuchar su historia. Solo así es posible tropezarse con un improbable bailaor de flamenco de Burgos, que lo único que quiere él es ganarse el pan bailando, pero la Historia insiste en perseguirlo (Chaves Nogales, 2007). La exquisita narración de Nogales, elegante, natural y precisa, consigue que un antitaurino se pase su parada de metro por leer las aventuras de uno de los fundadores del toreo moderno (Chaves Nogales, 2012a). El oficio de contar… (Cintas Guillén, 2011). ¡Qué acertado el título de la mejor biografía sobre periodista! (1). La técnica artesana de Chaves Nogales debería ser conocida por todo aquel que quiera aprender a contar.

Sin embargo, no sería acertado hablar de neutralidad y equidistancia en su posición política. Manuel Chaves Nogales era un republicano radical. Se significó como partidario de la Segunda República desde su proclamación. El periodista quedó registrado en vídeo durante la proclamación de Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la Segunda República, como periodista-testigo de un hecho histórico y como ciudadano que aplaude con emoción incontenible el triunfo de sus convicciones (Torrente y Suberviola, 2013:13’30’’). También quedaron grabados sus escritos de defensa del ideal republicano.

Para Manuel Chaves la República era el cauce de la virtud política. Como creyente republicano liberal entendía esta forma de gobierno como la más adecuada para el desarrollo autónomo del ciudadano. Pero no abandonado a su libre albedrío, sino que ese ciudadano, formado y civilizado, constituía la unidad mínima de algo superior y al que se debía: el Estado, representante de los intereses comunes y con fines superiores. De ahí su admiración por Francia. Y por Manuel Azaña. De ahí su desengaño cuando el ciudadano francés continuó con su papel de ciudadano, totalmente indiferente al hundimiento del Estado (Chaves Nogales, 2021:5-7). ¿Qué sentido tenía hablar de ciudadanía, habiendo abandonado al Estado de uno mismo, si ésta y cualquier valor republicano, incluida la libertad, solo pueden existir en el Estado? ¿Qué tipo de ciudadano es aquel que entrega a su propio Estado? “Querían acabar con la democracia y han acabado con Francia. Querían destruir el espíritu liberal y han destruido el espíritu francés” (Chaves Nogales, 2021:52). Independientemente del acuerdo con esta posición ideológica, se puede convenir que Chaves Nogales era un justo representante de una tradición política reflexiva, conciliadora y compasiva con el ser humano, y sin un solo gen que pueda entroncar con el hueco neoliberalismo actual, donde se sirve a la patria que ofrece la puja más alta. “Ya suponen ellos [los alemanes]” comenta Nogales en la introducción de la entrevista a Goebbels “que no vamos a traicionar nuestras convicciones nacionales en beneficio de las suyas” (Chaves Nogales, 21 mayo 1933:25). Qué transmutación la de las suposiciones del liberalismo. CONTINUAR LEYENDO

martes, 12 de noviembre de 2024

"LO SIGUIENTE ERA EL FASCISMO". Rosa María Artal, elDiario.es

A Trump le han votado los ciudadanos, a Mazón también. Los ciudadanos elegimos a quiénes creer y los medios por los que informarnos. Lo de ahora es un abismo, una vuelta atrás: la antítesis de la Ilustración. Los partidos tradicionales necesitan una profunda reflexión y mayor incluso los ciudadanos

El fiscal especial Jack Smith se dispone a poner fin, según se ha anunciado, a las causas federales contra Donald Trump dada la inmunidad de la que gozan los presidentes. Son las referidas a subversión electoral y retención ilegal de documentos clasificados. Smith ha tenido una intensa jornada: por la tarde ha pedido también a la jueza a cargo del caso por el asalto al Capitolio una pausa “para analizar la nueva situación”. Durante la campaña, Trump dijo que despediría a Smith “en dos segundos” si era reelegido. Algo que acaba de suceder y no toma posesión hasta enero, pero la maquinaria que se preparó -con el control de la Justicia-, y el regalo de los votantes que le han dado el poder ejecutivo y el legislativo marcan ya la pauta de lo que viene.

Este sábado 9 de noviembre se cumplen 35 años de la caída del Muro de Berlín. Cuando las ansias de libertad derribaron todo un sistema político y económico basado -teóricamente- en la igualdad de los seres humanos. Los estadounidenses han elegido esta misma semana un presidente -para ellos y para el mundo- dispuesto a establecer la desigualdad como organización social basada en reformas drásticas que se ajusten a la llamada ya Ilustración Oscura que elimina trabas democráticas a los intereses de las élites. Se han hecho en estos siglos demasiados cambios inconvenientes para ellas. No son las mismas, por supuesto, la nueva aristocracia -empresarial, tramposa, ávida de dinero,- la vemos en el equipo de Trump, con Elon Musk en cabeza y un círculo de afamados ultraderechistas.

En los incontables análisis que leo para explicar el fenómeno, se suprime una obviedad que no por serlo es decisiva: han sido los ciudadanos quienes han votado a Trump. A un hombre embustero, machista, clasista, xenófobo, convicto de algunos de los delitos que se le imputaron e impulsor del asalto al templo de la sacrosanta democracia estadounidense, el Capitolio, hace cuatro años cuando perdió las elecciones frente a Biden. Y que llega ardiendo en venganza y con ganas de establecerse como gobernante autócrata, tumbando pilares esenciales de lo conocido hasta ahora en las democracias liberales.

El periodista Claudi Pérez, en El País, recuerda una clave del triunfo de Trump que también han señalado compañeros de elDiario.es: “El PIB no es suficiente para ganar elecciones” de Sáenz de Ugarte, por ejemplo. El candidato republicano preguntaba a los ciudadanos: “de acuerdo, las macrocifras están mejor, ¿pero usted llega más holgado a fin de mes o no?” La trampa es inmensa. Y en España también funciona. ¿En serio han creído millones de personas que con Trump van a llegar más holgados a fin de mes precisamente ellos? ¿Saben qué han votado? Estoy convencida de que no, al margen de la laxitud moral que implica elegir a un personaje como éste.

Se inicia la vuelta atrás, la Ilustración Oscura, la tecnofeudal, la destrucción de las democracias tal como eran entendidas. Ése es el problema: no han dado las soluciones requeridas y el hartazgo es grande, pero elegir la peor de las salidas no parece de personas muy informadas. ¿Hay otra? Mientras esperamos otros cuatro años y otros cuatro más a cambios positivos para todos que no se producen, la ultraderecha avanza su modelo como anzuelo al descontento.

Algunos autores muy consistentes como Robert O. Paxton creen que “el fenómeno de Trump tiene una base social mucho más sólida, una base que no tenían ni Hitler ni Mussolini”. En mi opinión, no es tanto una base social -y menos aún informada- sino una que cree en promesas dudosas aceptando en el paquete la vulneración de fundamentos éticos esenciales. Educada en la frivolidad y la ausencia de pensamiento crítico. La primera arma usada por Trump en su anterior mandato fue la mentira. Las soltó casi cada vez que hablaba, como hacen en España líderes de la derecha, Feijóo o Isabel Díaz Ayuso en cabeza. Y la gente se las compra sin pensar en las consecuencias.

Un 52% de mujeres blancas han votado a Trump, probablemente por racismo. Y un 54% de los hombres latinos por machismo. Lo que llaman “la economía” ha primado también en muchos de los seguidores del republicano.

Hace falta ser muy torpe para votar a Trump “porque Biden dejó entrar a todo el mundo”… siendo de origen peruano. Se propone hacer deportaciones masivas. Y así pueden encontrar a miles y millones que se sienten excluidos de las amenazas que les sitúan como dianas de los fascismos. Lo mismo que ocurre en muchos lugares, España incluida.

En estos 35 años desde la caída del Muro de Berlín, han ido tumbando la globalización, el neoliberalismo y la posmodernidad. Lo de ahora es un abismo, una vuelta atrás. Extrema derecha, antidemocrática, reaccionaria y tradicionalista. Nacionalista y proteccionista en lo económico. Que combate los roles de género, la diversidad sexual y las migraciones. Es la antítesis de la Ilustración. Preconiza -como única “modernidad” el funcionamiento de los países como empresas. Jerarquizadas, por supuesto. Que el común de los mortales crea que puede estar incluido entre los beneficiarios es realmente peregrino.

Hasta ahora han usado a los ciudadanos. Si como avisó Trump, no van a tener que votar más, ya no los necesitan si no para seguir usándolos en otros fines. Pero los ciudadanos crédulos no son inocentes. Por grande que sea la decepción, hace falta algo más de curiosidad intelectual antes de tragarse todo lo que echan. Porque cada vez arrojan más basura para el consumo desinformativo e ideológico. A través de las redes infinidad de seres sin el menor conocimiento de nada se han sentido con poder para discutir a la altura de cualquier auténtico experto. El cambio climático, por ejemplo, una enorme amenaza que, para quienes lo niegan sin fundamentos, implica si se suprimen los controles … “vivir mejor”. Información no es lo que cuenta el primero que llega, exige comprobaciones, un orden de prioridades, verdad sobre todo. Y, en efecto, destruirla ha sido y es la gran baza de la ultraderecha.

España, Valencia, la DANA, causas y consecuencias, como ejemplo. Conociendo los perfiles y andanzas de Mazón y su gobierno, te preguntas siquiera cómo pudieron ser elegidos para gestionar asuntos básicos de la vida de las personas. Y no sorprende en absoluto el proceso de mentiras y contradicciones con el que intentan tapar su responsabilidad en el agravamiento de las consecuencias de la DANA, una auténtica tragedia. Pero igual ocurrió en el Madrid de Ayuso en la pandemia. Cierto que medios interesados lo manipulan, pero ¿al punto de disuadir de forma tan extrema la realidad? ¿no aprenden siquiera de las fatales consecuencias en otros?

Un momento muy preocupante, terrible, de la humanidad éste que va in crescendo porque nadie le pone coto. Orban y Meloni revalidados por el triunfo de Trump y todos juntos aprisionando a una Unión Europea que dejó entrar los fascismos hasta la cocina y se mueve cada vez más a sus órdenes. Europa y los partidos tradicionales necesitan una profunda reflexión, pero mayor incluso han de hacerla los ciudadanos que no son sujetos pasivos de corrientes, han de entender que las mueven ellos y a menudo con sus propios errores, esos que terminan por arrasarlos. A Trump le han votado los ciudadanos, a Mazón también. Somos los ciudadanos quienes elegimos a quiénes creer y los medios por los que informarnos.

Cuando hace 5 años un grupo de autores evaluamos los cambios operados tras la caída del Muro de Berlín (Derribar los muros, Roca Editorial 2019) anotamos varias ideas:

“Lo que de veras triunfó en 1989 y los años siguientes fue el capitalismo salvaje, el que se niega a aceptar cualquier tipo de regulación a la primacía del dinero en la vida de los seres humanos y en la explotación de los recursos del planeta. Triunfó universalmente”, escribía Javier Valenzuela. “Todo, desde el aire que respiramos, al agua que bebemos, los alimentos que comemos, pasando por la sanidad, las pensiones, la energía, la educación, la vivienda, la deuda, todo se ha convertido en mercancía objeto de especulación en los mercados bursátiles”, destacaba Lourdes Lucía. Se denunciaba el abandono de su papel de una socialdemocracia que dejó la política económica “en manos de la dogmática neoliberal”, Pérez Tapias

“La prensa parece no servir ya para situar a la sociedad en el tiempo en el que vive, para arrojar luz sobre las democracias y sus procesos de elección, para otorgar libertad a través de la buena información” anticipaba Pedro de Alzaga.

Constatamos también cómo habían brotado otros muros en los ojos espantados de los rescatados en alta mar, en las guerras, en las víctimas del frenético racismo, en la pobreza y en la injusticia que sufren millones de personas. Y Àngels Martínez Castells evocaba a Kavafis para lamentarse de quienes no ven el futuro, aunque lo tengan encima. Y viven sin escuchar el ruido que producen los “albañiles” cuando construyen los muros, sin darse cuenta de que los muros aíslan del mundo exterior“.

Ya hay otro casi insalvable. En lo alto Trump y todos los demás fascistas con millones de seres apoyando los ladrillos engarzados con sus cuerpos y sus vidas para sostenerlos. Esos son los principales responsables. Por cierto, también suelen ser ciudadanos quienes los derriban.

miércoles, 26 de junio de 2024

"A TODAS ELLAS". Elvira Lindo. El País 23 JUN 2024

Homenaje a Aurora Picornell, el pasado día 9 en Palma.MIQUEL A. BORRÀS (EFE)
Can Sales, la prisión siniestra donde estuvo Aurora Picornell, trajo a mi memoria el primer reportaje que hice para la radio sobre Matilde Landa con el convencimiento de que había historias que debían ser contadas

Cuando vi al presidente del Parlamento balear, Gabriel Le Senne, romper con indisimulado desprecio la foto de Aurora Picornell, sacada de la prisión de mujeres de Palma de Mallorca, torturada y fusilada la noche de Reyes de 1937, algo de esa historia sacudió mi recuerdo. No era solo por la relevancia en sí de esta represaliada que a los 20 años ya era conocida como La Pasionaria mallorquina, ni el que formara parte del grupo de Les Roges des Molinar, jóvenes costureras que perdieron la vida a manos de falangistas que las torturaron antes de acabar con ellas; tampoco se reducía al hecho de que siempre he creído que la épica de las costureras en España constituye la base de la emancipación femenina y aún no ha sido contada. Fue el nombre de aquella prisión siniestra, Can Sales, lo que trajo a mi memoria el primer reportaje que hice para la radio, a los 19 años, cuando sin experiencia pero con el convencimiento de que había historias que debían ser contadas me asomé a la vida de las madres o abuelas de amigas de mi barrio, Moratalaz, que por aquel entonces, 1981, aún mantenía un vibrante movimiento vecinal.

Es así como conocí a Carmen López Landa, pelo corto canoso, aire juvenil a sus 60 años, fumadora, de conversación fácil, con una larga historia de exilio y clandestinidad. Una más entre los 30.000 niños que en la guerra vieron trastornada su vida por la lucha de sus padres. Ella sabía que yo estaba allí con la pretensión de contar la vida de su madre, Matilde Landa, y con una paciencia maternal convirtió la mesa de la cocina en un retablo de las maravillas: el poema, A Matilde, que le dedicó Miguel Hernández (inédito hasta 2002), un Platero y yo dedicado por Juan Ramón Jiménez a la niña Carmen, un cartel en defensa de la República con Carmencita como modelo y las cartas que Matilde había escrito a su hija desde la cárcel, primero la de Ventas y luego la de Can Sales.

Ahí estaba aquella caligrafía, desplegada ante mí, que leía con asombro cómo la madre presa escribía a su hija desde un lugar imaginario, impostando alegría, relatando anécdotas y sin nombrar en ningún momento la penuria del yugo carcelario. Landa, hija de padres ilustrados cercanos a la Institución Libre de Enseñanza, no fue bautizada, y esa circunstancia enturbió aún más sus días de prisión, porque esta mujer, que no participó en el frente pero sí recibió instrucción militar, fue esencial en la retaguardia, viajando por España y reorganizando desde Valencia el Socorro Rojo.

Casi al final de la guerra, el Partido Comunista decidió que Landa volviera a Madrid para organizar la clandestinidad ante la inminente entrada de los franquistas. Fue detenida al poco de acabar la guerra. La directora de Ventas, una teresiana que había estudiado en la Institución Libre de Enseñanza, le permitió organizar en la prisión un humilde gabinete de asistencia jurídica a las penadas. Tal vez no consiguiera muchas victorias legales, pero supuso un apoyo psicológico para mujeres completamente desamparadas. Fue tal la admiración que la figura de Matilde concitó entre las presas que las autoridades la apartaron llevándosela a una de las cárceles más sórdidas, la de Palma. Su pena de muerte fue excepcionalmente conmutada por años de prisión, pero en Can Sales le hicieron la vida imposible. Las autoridades religiosas la chantajeaban asegurándole que si se convertía al catolicismo los hijos de las presas estarían mejor alimentados. La presión psicológica fue tal que en 1942 Matilde Landa se arrojó desde una galería de la prisión. Fue bautizada al borde la muerte.

El profesor Ginard Ferón ha publicado la biografía de esta admirable mujer, también la historia de Picornell. Yo regreso con ellas a 1981, en el pequeño piso de una hija que me mostraba aquel legado, me veo leyendo aquellas cartas, esperando en aquel entonces que la joven democracia les rindiera homenaje a todas ellas.

lunes, 24 de junio de 2024

"DESEAR LA ULTRADERECHA". Najat El Hachmi El País 21 JUN 2024

Hay sectores en la izquierda y en el feminismo que llaman fascista a cualquier voz que no esté de acuerdo con ellos

Participé en un debate en el que se me acusó de ser de extrema derecha por afirmar que los inmigrantes no piden reconocimientos simbólicos sino derechos sociales. Yo tampoco me lo podía creer y menos viniendo de un sujeto que ni había pisado una fábrica en su vida ni había conocido a ningún miembro del “proletariado” que decía representar. Fue cuando me di cuenta de que hay un sector en la izquierda que asimila al fascismo cualquier voz que no esté de acuerdo con ellos y no por defender sus ideas sino por puro egoísmo arribista. Este es el talón de Aquiles de la izquierda postmoderna, su narcisismo individualista y su nula conciencia colectiva.

También en los debates feministas se han venido produciendo estas actitudes excluyentes y miserables. Judith Butler, en las entrevistas que está dando para promocionar su nuevo libro, no tiene reparos en asimilar el feminismo con el que ella no está de acuerdo con la extrema derecha. ¿En serio? ¿De verdad que alguien puede comprarle la moto? ¿Alguien con dos dedos de frente, perspectiva histórica y conocimiento del movimiento por la igualdad puede creer que el feminismo contrario a la existencia de almas sexuadas pertenece al mismo neofascismo que deroga leyes contra la violencia machista o niega la misoginia? ¿Qué pruebas tiene Butler de que el feminismo es de extrema derecha? Como intelectual y pensadora deberíamos exigirle que aporte datos sobre estas graves acusaciones. Si ha encontrado a feministas afiliadas a la formaciones ultras o que simpaticen con ellas, que lo demuestre.

Sin pruebas ni datos las afirmaciones de la filósofa (que ha pasado en 30 años de pedirnos que deconstruyamos el género a defenderlo como “realidad vivida en el propio cuerpo”) no son más que difamaciones de una enorme bajeza intelectual y ética, puras teorías de la conspiración sin fundamento alguno. Si todo es, según estos sagaces pensadores de la izquierda, extrema derecha, más espacio les quedará a ellos defendiendo la superioridad moral del progresismo que se afanan en patrimonializar. La estrategia no puede ser más estúpida dada la amenaza real que se nos viene encima. Expulsar a la derecha a toda voz disidente es contribuir a la polarización y achicar las filas de la izquierda. Pero a estos personajes les da absolutamente igual mientras sean ellos quienes se erijan en figuras estelares. Por eso se diría que desean, más que nadie, que crezca la extrema derecha.

domingo, 23 de junio de 2024

"DESPUÉS NO HABRÁ MÁS DESPÚES". Xoán Tallón. Cadena SER

Al principio son pocos y tienen vergüenza. Después la van perdiendo. Como hay muchas personas descontentas y frustradas, empiezan a decirles lo que quieren oír. Después son más, y después unos pocos más todavía. Después ya no encuentran motivos para ponerse rojos y mienten y dicen lo que haga falta. Después elevan el tono, después insultan, después se engañan a sí mismos con que tienen razón, después maniobran para que quede claro que su razón no se discute, y si la discutes, porque crees en el diálogo, ellos gritan más, porque creen en el monólogo. Y si gritar no basta, después recurren a la fuerza. Primero te meten un codo para frenarte, después la pierna, la cadera, después te empujan, después te zarandean, después te rompen la chaqueta y te sacan de su vista. Después te dicen que intentaron hacerte entender las cosas por las buenas, pero como no te dejaste se vieron obligados a hacerlo por las malas. Después justifican que unas hostias a tiempo evitan males peores, después la violencia se vuelve una herramienta legítima, su patrimonio, y con la violencia se adueñan del espacio público, y poco a poco del espacio privado, después ya no hay que explicar ni justificar nada porque se apropiaron de todo. Y después, ¿qué? Después no vale de nada llevarse las manos a la cabeza. Después ya no hay más después. El momento de hacer algo es antes. Es decir, ahora.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

EL FASCISMO Y LAS ESTRUCTURAS OPRESORAS en "Las dos amigas", un texto (recitativo) de Toni Morrison con epílogo de Zadie Smith

En un discurso pronunciado en la Universidad de Howard en 1995, Morrison fue concreta. Analizó la cuestión con detenimiento, con su sistema científico. Se trata de un resumen muy útil que dan ganas de recortar y guardar para futuras consultas, puesto que, si tenemos la esperanza de desmantelar las estructuras opresoras, sin lugar a dudas nos servirá estudiar cómo se construyen:

No debemos olvidar que, antes de que haya una solución final, tiene que haber una primera, una segunda e incluso una tercera. El proceso que lleva a una solución final no es un salto. Hace falta un paso, después otro y luego otro. Algo, tal vez, como esto:

1. Construir un enemigo interno que sirva para focalizar la atención y de distracción.
2. Aislar y demonizar a ese enemigo lanzando y defendiendo el empleo de insultos e improperios explícitos o velados. Utilizar ataques personales a modo de acusaciones legítimas contra dicho enemigo.
3. Buscar y crear fuentes y distribuidores de información dispuestos a reafirmar el proceso demonizador porque resulta rentable, otorga poder y funciona.
4. Contener toda expresión artística; controlar, desacreditar o expulsar a quienes cuestionen o desestabilicen los procesos de demonización y deificación.
5. Minar y difamar a todos los representantes o simpatizantes del enemigo creado.
6. Reclutar entre el enemigo a colaboradores que aprueben el proceso de desposeimiento y puedan hacerle un lavado de cara.
7. Conferir un carácter patológico al enemigo en ambientes académicos y medios de masas; por ejemplo, reciclar el racismo científico y los mitos de la superioridad racial con el objetivo de dar carta de naturaleza a esa patología.
8. Criminalizar al enemigo. A continuación, preparar, presupuestar y racionalizar la construcción de espacios de confinamiento para el enemigo, en especial los hombres y a toda costa los niños.
9. Premiar la simpleza y la apatía con espectáculos monumentalizados y con pequeños placeres, breves seducciones: unos cuantos minutos en la televisión, unas pocas líneas en la prensa; cierto seudoéxito; la ilusión de poder e influencia; un poco de diversión , un poco de estilo, un poco de trascendencia.
10 . Mantener el silencio a toda costa.

Podemos hallar elementos de ese manual de estrategia fascista en el encuentro europeo con África, entre Occidente y Oriente, entre los ricos y los pobres, entre los alemanes y los judíos, los hutus y los tutsis, los británicos y los irlandeses, los serbios y los croatas. Es una de nuestras posibilidades humanas constantes. El racismo es un tipo de fascismo, tal vez el más pernicioso y perdurable. Pero no deja de ser una estructura creada por la mano del hombre. La capacidad de engendrar fascismo de una clase u otra es algo que compartimos todos; podría decirse que es nuestra identidad colectiva más deprimente. La capacidad de engendrar fascismo de una clase u otra es algo que compartimos todos; podría decirse que es nuestra identidad colectiva más deprimente. (Y, si en estos momentos estamos comprometidos en intentar que las cosas cambien, podría valer la pena —a modo de zafarrancho ético— repasar la lista de Toni y asegurarnos de que no empleamos ninguno de los puntos del manual del fascismo en nuestro trabajo). El fascismo se afana en crear la categoría del «insignificante», el chivo expiatorio, la víctima. Morrison la rechazaba, puesto que durante siglos se ha aplicado a los negros y con ello ha reforzado otra categoría, la del «significante», a ojos de todos, seamos negros o blancos. Discriminar a quien nos ha discriminado, a la inversa, no es ninguna liberación, por muy catártico que pueda parecer. La liberación es la liberación: reconocer a alguien significante en todo el mundo.

Zadie Smith, p. 56-57

martes, 22 de agosto de 2023

“LAS ÉLITES NO ESTÁN INTERESADAS EN CAMBIAR LA SOCIEDAD". Rob Riemen. Un artículo de INÉS SANTAEULALIA publicado en El País el 18 de junio de 2018

El ensayista Rob Riemen advierte de los peligros contemporáneos y propone algunas recetas para superarlos: la cultura y la nobleza de espíritu

Rob Riemen (Países Bajos, 1962) arroja en el ensayo Para combatir esta era (Taurus, 2018) un mensaje desalentador pero no lo da todo por perdido. El fascismo está de vuelta, anuncia el director del Instituto Nexus, que promueve la discusión en torno a temas globales. En su libro, presentado en la Fundación Carlos de Amberes de Madrid, el autor analiza con crudeza la sociedad occidental y se muestra convencido de que no hemos aprendido de los errores del pasado. Pero Riemen aún cree que hay tiempo de virar este destino maldito y recuperar la verdadera democracia que iluminó el origen de la Unión Europea. El abrazo a la cultura y la búsqueda personal de la nobleza de espíritu son sus recetas para nuestro futuro incierto.

Pregunta. En los albores del fascismo, Ortega y Gasset alertó en 1930 de que Europa había perdido la moral. ¿Ha vuelto a pasar?

Respuesta. Sí, y está en nuestra mano recuperarla. Nietzsche fue uno de los primeros en advertir que la democracia siempre viene con unas condiciones. Una democracia se basa siempre en la idea central de la dignidad de los hombres, que significa cultivar valores morales y universales: vivir en la verdad, tener compasión, entender el significado de la belleza. Pero una democracia de masas no está interesada en esos valores; es una sociedad kitsch, completamente vacía, basada en el cultivo de nuestros instintos más básicos. La cultura kitsch se resiente cuando llega una crisis porque las personas se sienten traicionadas. Y el ejemplo más famoso de esto es Trump. Hay que entender que el fascismo es una religión laica, y que Trump se presenta como un nuevo mesías que promete resolver todos los males sociales y, cuando no puede curarlos, busca culpables. Los fascistas necesitan la crisis, el miedo, el odio y los chivos expiatorios. Esta sociedad tendrá un hijo bastardo que será el fascismo.

P. ¿Trump es un fascista?

R. Tiene una mente completamente fascista. Detrás del fascismo no están las ideas, solo hay personas que quieren poder y poder y poder. Odian la democracia, el debate político. Trump reduce todo a Twitter, a eslóganes, a la propaganda. Un líder fascista es un mentiroso patológico, no está interesado en la democracia, en la educación o en la filosofía. Estados Unidos no es aún un país fascista, pero ese hombre sí lo es. El problema es que la élite estadounidense sigue negando la realidad. Hablan de populismo, no de fascismo. The Washington Post o The New York Times se niegan a utilizar la palabra fascismo para referirse a Trump, porque les da vergüenza, miedo.


domingo, 5 de marzo de 2023

"EL SILENCIO DE LOS INTELECTUALES" Artículo del Académico portugués Boaventura de Sousa Santos. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal).Traducción de Bryan Vargas Reyes.

"La destrucción de la paz y la democracia se debe generalmente a la constitución desigual y paralela de dos círculos de libertades autorizadas, es decir, las libertades de expresión y acción aceptadas por los medios de comunicación y el poder político."

Los intelectuales no tienen el monopolio de la cultura, de los valores o de la verdad, y mucho menos el monopolio de aquello que debería ser entendido por cualquiera de estos «dominios del espíritu», como se decía antiguamente. Tampoco pueden renunciar a denunciar lo que, en su opinión, consideran ser destructivo de la cultura, de los valores y de la verdad, especialmente cuando esta destrucción supuestamente ocurre en nombre de la cultura, los valores y la verdad. Los intelectuales no pueden dejar de saludar al sol antes de que nazca el día, pero tampoco pueden evitar advertir que muchas nubes pueden nublar el cielo antes de que caiga la noche e impedir que se disfrute la claridad del día.

En Europa estamos asistiendo al alarmante (re)surgimiento de dos realidades destructivas de los «dominios del espíritu»: la destrucción de la democracia, con el crecimiento de las fuerzas políticas de extrema derecha; y la destrucción de la paz con la naturalización de la guerra. Cualquiera de estas destrucciones está legitimada por los valores que pretende destruir: la apología del fascismo se hace en nombre de la democracia y la apología de la guerra en nombre de la paz. Todo esto es posible porque la iniciativa política y la presencia mediática están siendo entregadas a las fuerzas belicistas y a las fuerzas conservadoras de derecha o extrema derecha. Las medidas de protección social para que la población sienta en el presupuesto y en la convivencia que la democracia es mejor que la dictadura son cada vez más escasas debido a los costos de la guerra en Ucrania y al hecho de que las sanciones económicas en contra del “enemigo”, que supuestamente debían causar daño al enemigo, están, de hecho, causando daño a los pueblos europeos cuyos gobiernos se aliaron con Estados Unidos.

La destrucción de la paz y la democracia se debe generalmente a la constitución desigual y paralela de dos círculos de libertades autorizadas, es decir, las libertades de expresión y acción aceptadas por los medios de comunicación y el poder político. El círculo de libertades autorizadas para posiciones progresistas que defienden la paz y la democracia disminuye cada vez más, mientras que el círculo de libertades autorizadas para posiciones conservadoras que hacen apología de la guerra y la polarización fascista sigue creciendo. Los comentaristas progresistas están cada vez más ausentes de los grandes medios de comunicación, mientras que los conservadores dejan pasar semanalmente páginas enteras cargadas de una mediocridad espantosa. Veamos los principales síntomas de este vasto proceso en curso. CONTINUAR LEYENDO

"HIPÓCRITA HOMENAJE A LA VIRTUD". Aldo Conway, elDiario.es

Carteles de protesta en la primera manifestación por el desahucio de Maricarmen El conservador ha descubierto el placer de saltarse las norm...