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miércoles, 17 de diciembre de 2025

"LA (IMPROBABLE) INTEGRACIÓN POLÍTICA DE LA UNIÓN EUROPEA ES VITAL". Jürgen Habermas, El País

MIKEL JASO
El balance de la situación mundial es amargo: China busca un orden mundial chinocéntrico, Estados Unidos está liquidando su democracia, los regímenes autoritarios avanzan y la sociedad civil no parece oponer mucha resistencia. Ante este desolador panorama, Europa debe pensar en volar sola y más unida. Es cuestión de supervivencia

La invasión rusa de Ucrania ha provocado, entre otras cosas, una percepción tardía entre la población europea de la profunda transformación que se está produciendo en la situación mundial. No obstante, ese cambio llevaba ya tiempo gestándose a consecuencia del declive de Estados Unidos, la superpotencia del siglo XX. Una señal de alarma ya fue el giro repentino en el estado de ánimo de la sociedad civil estadounidense tras el 11 de septiembre de 2001. Este cambio de actitud que desató el miedo en la población se vio agravado por la retórica del Gobierno del entonces presidente George W. Bush y su implacable y belicoso vicepresidente.

Todo el mundo parecía sentir en primera persona el peligro acechante del terrorismo internacional. En el contexto de la propaganda que propugnaba la guerra contra Sadam Husein e Irak, en violación del derecho internacional, el cambio de actitud se afianzó y se radicalizó. Desde el punto de vista institucional, ese giro afectó en primer lugar al sistema de partidos. Ya durante la década de los noventa, bajo el liderazgo de Newt Gingrich [que presidió la Cámara de Representantes de EE UU], no solo se había transformado profundamente la práctica del Partido Republicano, sino también la composición social de sus seguidores. Sin embargo, las tendencias que propugnaron un cambio aún mayor y, al parecer, prácticamente irreversible del sistema político en su conjunto solo se impusieron después de que el presidente Obama decepcionara a quienes habían esperado un giro radical en la política exterior de Estados Unidos.

China busca un orden mundial ‘chinocéntrico’

Actualmente, el debilitamiento de la posición internacional de la antigua superpotencia es ya innegable, como quedó de nuevo patente en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (la APEC) celebrada en Corea del Sur a finales de octubre: los aliados de Estados Unidos, movidos por la inquietud, buscan ahora también acuerdos con otros vecinos más neutrales o con una mayor dependencia de China. Y parece ser que, tras la partida prematura del presidente estadounidense, más interesado en cerrar tratos rápidos que en afianzar la influencia a largo plazo de EE UU, el presidente chino, Xi Jinping, marcó el rumbo de la reunión promocionando su concepción de una sociedad mundial multicultural bajo el liderazgo de China.

Desde que la República Popular China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio los sucesivos gobiernos demostraron su inteligencia al aspirar a convertir su país en una gran potencia económica. Pero solo con la llegada al poder de Xi Jinping en 2012 se convirtió en su objetivo declarado, presentado con cierta “agresividad defensiva”, el sustituir el régimen liberal de comercio mundial por un orden político mundial chinocéntrico. Con el proyecto de la Ruta de la Seda, China llevaba ya tiempo persiguiendo objetivos estratégicos y de seguridad de mayor alcance. Los principales beneficiarios fueron Rusia, Pakistán, Malasia e Indonesia. Pero China se ha convertido además en el mayor donante de fondos para países emergentes y en desarrollo. En general, un indicio del cambio de poder a escala internacional es que, en términos geopolíticos, los conflictos decisivos se concentrarán en el futuro en el sudeste asiático.

Será interesante observar cómo afectará la llegada al poder de Trump a la política interior de Taiwán. Pero, aparte de ese foco de conflicto, aquí no solo se enfrentan, por un lado, China y sus aliados regionales y, por otro, Estados Unidos y los países de la región de inclinación occidental, es decir, sobre todo Japón, Corea del Sur y Australia. En esa misma región, también la India aspira ahora a convertirse en una potencia mundial. Y los cambios en el equilibrio de poder geopolítico no solo se están produciendo en el Pacífico, sino que se detectan también en el auge de potencias de tamaño medio, como Brasil, Sudáfrica o Arabia Saudí, que aspiran con empaque a lograr una mayor independencia. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 9 de agosto de 2024

"FEDERALES Y CONFEDERADOS". Antonio Rivera, El Correo 4 AGO 2024

José Ibarrola
Lo que está haciendo Pedro Sánchez es acoger por oportunismo las demandas nacionalistas y responder en los mismos términos

En un debate entre candidatos socialistas, en 2017, Patxi López espetó al actual presidente: «Pedro, ¿sabes lo que es una nación?». El diálogo no dio para más que para distinguir sumariamente entre nacionalismo y patriotismo, el primero fuera del radio de la cultura socialista y el segundo perfectamente defendible por esta. Después de los años, el socialismo español persiste en su indefinición sobre la organización territorial del país, reitera sus tics antifranquistas que le llevan a dar por bueno lo que viene de los nacionalismos periféricos y, sobre todo, actúa movido solo por el pragmatismo, por no decir oportunismo.

La Declaración de Granada, en 2013, señaló la hoja de ruta para que el PSOE transitara hacia el federalismo. Se ha cumplido, como mucho, en la mejora de la cooficialidad de las lenguas y en un genérico reconocimiento de las singularidades territoriales. Esperan aspectos fundamentales de entonces y algunos se ven amenazados por la erosión generada por el 'procés' catalán.

Así, la lealtad federal entre Estado y comunidades, la racionalización y clarificación de la distribución competencial, la consideración de que el Estado es la garantía de igualdad de los ciudadanos en sus servicios básicos y el establecimiento de un sistema de financiación autonómica «conforme a los principios de certeza, estabilidad y equilibrio en el reparto de recursos públicos» (además de coordinación, solidaridad y equidad interterritorial) o duermen el sueño de los justos o se ven ahora cuestionados por la preeminencia de la razón nacionalista, que no federal, con que se aborda el tema.

A la concreción política se llega no por filosofía, sino por necesidad. El país no abunda en federalistas concienzudos y sí en nacionalistas hiperactivos, sean centralistas o periféricos. Así se atiende su lógica y todos nos disponemos en la misma; el presidente el primero y su partido detrás. No es algo excepcional, pero no comulguemos con ruedas de molino. Lo que está haciendo Sánchez y el silencio de sus bases es acoger por mero oportunismo, ya que no han mantenido la iniciativa en ningún momento, las demandas nacionalistas, y responder en los mismos términos. Por cierto, ¿tiene bases el PSOE? (de afiliación a las que preguntar e ideológicas a las que acudir).

El federalismo es lo que decía aquella Declaración de Granada: equidad, solidaridad, acuerdo entre el conjunto de regiones; también que los que más tienen apoyen a los que menos, como hacemos con los ciudadanos con más o menos recursos. Es decir, como debería haber remachado Patxi López entonces, la nación ciudadana, política, no sentimental; la que nos iguala a todos en derechos reconociendo y haciendo valer las diferencias de cada territorio y de cada individuo. Una nación liberal, no comunitarista. Pues bien, eso no aparece en el contexto del acuerdo para hacer presidente catalán con todo merecimiento y oportunidad a Salvador Illa.

La lógica que siguen manifestando las izquierdas españolas, las antiespañolas y las periféricas en este debate (valencianas, aragonesas, gallegas, andaluzas…) es cien por cien nacionalista: bilateral y no igualitaria, egoísta y no solidaria, asimétrica y no equilibrada… Es claro esto entre muchos catalanes, ebrios de un ventajismo casi supremacista, pero lo es también entre muchas de los otros territorios. ¿Qué dicen en esta tesitura? Que quieren el mismo trato ventajoso y singular que aquellos. ¿Alguien ha hablado de acordar entre todos de una vez la reforma de la financiación territorial? ¿Alguien de esas izquierdas ha dicho que el principio de ordinalidad es puro egoísmo interterritorial que, por suerte, no se aplica como punto de partida teórico en la fiscalidad entre ciudadanos: que más aporte quien más gana y al revés? ¿Quién cuestiona que la salida para su región no sea un acuerdo opaco y oportunista 'con Madrid'? ¿Alguien distingue federalismo de confederación, o nacionalismo de patriotismo, o nacionalismo político ciudadano del otro cultural y antiigualitario?

Insisto, semejante desconocimiento y falta de sensibilidad tiene que ver con una dejación peligrosa de criterios políticos en las izquierdas españolas: le compraron la mercancía al nacionalismo rancio del país -solo renunciaron al españolista- y acaban pensando en su lógica. España, querido presidente, no avanza hacia la federalización, sino hacia el caos o hacia el 'sálvese quien pueda' (o 'tonto el último'). Solo lo remediará una disposición proactiva de ciudadanos y territorios que recuerden aquel axioma comunero castellano de que nadie es más que nadie. Sobre esa base se sentarán todos a hablar de lo que es de todos y, si alguien quiere ser del todo distinto, igual es que es mejor invitarle a que empiece a serlo del todo.

"HIPÓCRITA HOMENAJE A LA VIRTUD". Aldo Conway, elDiario.es

Carteles de protesta en la primera manifestación por el desahucio de Maricarmen El conservador ha descubierto el placer de saltarse las norm...