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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Adriana Cavarero, filósofa: “El enemigo de las feministas era el patriarcado. Para una parte, hoy, es la heterosexualidad” (Entrevista en El País)

La pionera del feminismo italiano es amiga de Judith Butler, germen de la teoría ‘queer’. La admira, pero cree que “la galaxia LGTBI ha llevado sus teorías demasiado lejos”

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
El País 24 NOV 2024

La filósofa Adriana Cavarero (Bra, Italia, 1947) es una de las pioneras del feminismo en Italia. La entrevista es en su casa de Verona, no sin antes bajar al bar a tomar un café y un cornetto (un cruasán). Tiene en el estudio una foto con Judith Butler, pensadora de referencia del feminismo actual. Es de los años noventa en Berkeley (EE UU), donde Cavarero ha dado clases, y ambas libraban las mismas batallas, aunque luego han tenido grandes discrepancias. Al lado hay otra foto de Hannah Arendt fumando, su autora de referencia, junto a Platón, casi una obsesión personal, confiesa. Ha publicado más de una decena de ensayos y en estos parte de su conocimiento del mundo clásico para trazar puentes para la reflexión en el mundo actual. Uno de los más exitosos, A pesar de Platón. Figuras femeninas en la filosofía antigua, lo edita ahora en España Galaxia Gutenberg. Además, ha escrito sobre la vulnerabilidad de las víctimas de la violencia, el discurso de la rectitud o la experiencia democrática.

La conversación empieza comentando la victoria de Trump, también gracias al voto femenino, “una puñalada en el corazón para las feministas”. Para ella, parte de la culpa de los demócratas es haber prestado demasiada atención “a temas que no afectan a la vida cotidiana de la gente, como los derechos trans”, y a todo lo woke.

Pregunta. ¿Cuál es su crítica a la cultura woke?

Respuesta. Pongo un ejemplo fácil, una gran idiotez. En muchas universidades, en lugar de tener baños para mujeres y baños para hombres, tienen uno indiferenciado. Pero las chicas tienen experiencias en el baño que se vuelven muy embarazosas si hay chicos. ¿Y qué se gana? Hacer sentir a gusto a las pocas personas trans, en perjuicio de las chicas, más numerosas. Y esto pasa en todos los sectores. Se ha pasado un límite del sentido común para no discriminar a las personas de la llamada identidad fluida. Es una tradición teórica que se inspira en los primeros libros de Judith Butler y que cuestiona que haya dos sexos. Se vuelve incorrecto decir que hay dos sexos, masculino y femenino, porque es imponerlos, lo llaman binarismo. En inglés se llama autoidentidad, es decir, no tengo un sexo biológico, ni siquiera un género cultural, el género es lo que percibo de mí mismo. Así pues, estamos en el terreno del individualismo desenfrenado, con el que no tengo ninguna objeción.

P. ¿Pero tiene objeciones?

R. Mi objeción es que la autopercepción de estas minorías se convierte en el paradigma que debe aplicarse a todos. En mi época, el enemigo común del feminismo y de la izquierda era el sistema patriarcal, que era una cara del sistema capitalista. Ahora, para la extrema izquierda y estas minorías LGTBI el enemigo ya no es el capitalismo o el patriarcado, sino el binarismo y la heterosexualidad. Es una maniobra antirrealista, incluso metafísica, más allá de la naturaleza. Sabemos bien que el hecho de que haya dos sexos es un hecho biológico, no concierne solo a los humanos, sino también a los animales. Por lo que es algo abstracto, se impone una construcción ideológica sobre los hechos. Y si dices que los hechos no coinciden con ella, que hay machos y hembras, una mayoría heterosexual y la heterosexualidad es un medio obvio de la naturaleza para propagar la especie, que son cosas tan obvias que lamento tener que decirlas, si dices que su teoría no se corresponde con los hechos, contestan: peor para los hechos, los hechos son fascistas.

P. Pero usted es amiga de Butler, la introdujo en Italia, y respeta su pensamiento.

R. Conozco a Judith desde 1990 y siempre hemos mantenido relaciones muy estrechas y amistosas, aunque tenemos ideas diferentes sobre ciertos temas. Sus primeros libros son muy interesantes, originales, valientes, pero sus teorías han sido asumidas por la galaxia LGTBI y llevadas al extremo. Yo los aprecio a pesar de sentir una gran diferencia, tengo una educación clásica europea y Judith, una formación posmoderna, posestructuralista. Ella parte de la deconstrucción de la tradición filosófica, de que lo fragmentado es bello, lo múltiple es correcto, y todo lo móvil y ambiguo tiene un valor. Su referencia es Foucault, Deleuze, mientras que para mí es Hannah Arendt, es decir, una pensadora política que no alaba el caos y la fragmentación, sino que parte de los datos, y los datos materiales piden un sentido, y la tarea de la filosofía es restituir sentido al dato, no imponerle una categoría abstracta. Pero luego Judith ha escrito mucho sobre filosofía política y ahí tenemos mucho en común.

P. Dice que no pasa un día que no hable de Platón o lo lea. Sobre política indica que dice algo muy actual al diferenciar un mundo de emociones frente al de los expertos.

R. Para mí es muy actual, sí. Platón critica la demagogia, la describe tal como nosotros describimos el populismo, dice que confunden las mentiras con la verdad. Y el remedio son los filósofos en el poder, los expertos políticos. En los tiempos modernos hemos tenido gobiernos técnicos, pero no duran, porque el técnico en el gobierno es un experto comparado contigo, y por lo tanto eres un poco inferior. Nos parece bien si el cirujano es un experto, no nos dejaríamos operar por uno que no tuviera un título, pero si la política es vista como el lugar donde las ideas son todas iguales y donde uno vale uno, ¿qué tiene el experto que no tenga yo? Si no quiero inmigración no tengo por qué ser un experto, voy al poder y digo que no quiero inmigración, y por eso elijo a alguien que lidere que sea como yo. Deberíamos releer La República, de Platón.

P. Su otra filósofa de referencia es Hannah Arendt. En este momento de tanto ruido, con las redes sociales, ella decía que no hay actividad más silenciosa que pensar. También muy actual.

R. Sí. Pero indica algo incompleto, pensar es un diálogo con uno mismo, pero después dice que necesitamos dialogar con los demás, confrontarnos. Es fundamental discutir. En las redes sociales no hay ningún tiempo para reflexionar, es una actividad muy solitaria, aislada. Con frases cortas, sin frenos inhibidores, algo pasional, y, sobre todo, no es un diálogo real. El diálogo que defiende Arendt es presencial, en un espacio material compartido, donde nos escuchamos, nos vemos. Es la democracia griega del ágora. Con las redes sociales tenemos un espacio compartido remoto, virtual. No hay un diálogo real. Cuando no discutimos mediante el diálogo, cuando lo que queremos es vencer al oponente y no entender lo que dice, estamos preparados para el totalitarismo, para el populismo.

P. Cada vez se cita más a Arendt. ¿Cómo se lo explica?R. Sí, tengo muchas explicaciones. Una es que tenía una posición poco comprendida en su época. Criticó el liberalismo y también el marxismo. Entonces era algo muy incómodo, era la Guerra Fría y estabas de un lado o del otro. Ahora que las cosas son mucho más confusas, la recuperamos. Además, tenía una formidable intuición política, analizó la mentira en la política, o el movimiento de 1968, con el que no comparte los contenidos, pero sí la forma, el placer de la política de encontrarse. Está siendo muy reeditada, esto es bueno, su pensamiento es un remedio a la polarización. En redes sociales tienes que decir sí, no, me gusta, no me gusta. A quienes quieran seguir pensando y practicando la política les viene bien leerla.

domingo, 19 de junio de 2022

"JÓVENES QUE TEMEN EXPONER SU SEXUALIDAD EN CLASE". “Salir del armario puede ser una tortura, quedarse también”. Sandra Vicente en elDiario.es, 16 de junio de 2022

Cata y Martí, alumnos del instituto Vila de Gràcia

Se vieron obligadas a dejar los estudios. A alejarse de unas familias que no los apoyaban. Algunas de ellas, incluso, tuvieron que migrar en busca de una sociedad más tolerante. Esta es la historia de miles de personas trans, gays y lesbianas. Personas que “tuvieron que huir, callar o cambiar por miedo a ser lo que son”. Así lo cuenta Dubiela Agredo, mujer trans y técnica socioeducativa. “Nosotras tuvimos un camino muy difícil, pero allanado por la generación que vino antes. Ahora nos toca a nosotras luchar por las personas jóvenes, para que puedan seguir con esta estela”, asegura Agredo.

El trabajo en las aulas se rebela clave para erradicar las discriminaciones y violencias contra la comunidad LGTBI. Es por ello que Médicos del Mundo (entidad en la que trabaja Agredo), la Assemblea de Cooperació per la Pau y el Ayuntamiento de Barcelona han llevado a cabo el proyecto 'TRANSgredint la norma'. Se trata de una iniciativa que, durante dos años, ha trabajado con tres centros educativos de la ciudad.

El proyecto no se ha querido quedar en la formación y ha dado un paso más allá al instar a los alumnos a que realizaran una investigación en sus escuelas para conocer cuál es el estado de los jóvenes LGTBI en las aulas. Lo han hecho a través de unas encuestas realizadas a profesorado, alumnado y familias. En total, una muestra de 646 personas.

El resultado no es halagüeño: según los datos obtenidos, el 31% del alumnado no considera que las aulas sean un lugar seguro y teme exponer su identidad u orientación sexual. “Hay muchísima gente que sigue teniendo miedo. Quizás no a una paliza, pero sí a intimidaciones, abusos o rechazo”, opina Cata, una alumna de cuarto de la ESO del instituto Vila de Gràcia. Esta joven explica que las aulas no son el ambiente más amable para expresarse y que los compañeros e, incluso los profesores, pueden llegar a ser “hostiles”.

La lacra de la falta de formación

“Salir del armario en la escuela puede ser una tortura, pero quedarse también. Hay mucha gente que lo está pasando fatal y no sabe cómo explicar lo que siente o sufre”, añade Martí, un compañero de clase de Cata. Ambos aseguran que las vulneraciones por parte de los estudiantes “eran de esperar”. Pero lo que realmente les molesta es no sentirse acompañados por el profesorado. Uno de cada cuatro alumnos encuestados asegura que su grado de comodidad en el aula “depende mucho de qué profesor dé la clase”.

En esta línea, destaca que la mayor parte de alumnos del instituto Vila de Gràcia asegura haber sido testigo de comentarios negativos sobre el colectivo LGTBI por parte del profesorado. Pero, ante la misma pregunta, los docentes niegan haber presenciado tales actitudes. “Esto demuestra que solo dicen estas cosas ante los alumnos, mientras que delante de sus compañeros de trabajo no lo hacen”, reflexionan los alumnos del centro.

Agredo explica que muchos de estos comentarios no se hacen por LGTBIfobia explícita, sino por desconocimiento. La investigación muestra que los mismos docentes reconocen que les falta formación, pero también que hay una cierto desinterés. Esto último se confirma por el hecho de que, en los tres centros, más de la mitad del profesorado no ha accedido a responder la encuesta ni a participar de las formaciones. “Es como que no va con ellos. Lo ven como algo que hacemos nosotros mientras ellos van a almorzar”, denuncia Cata.

Agredo coincide en que falta formación entre el profesorado, pero no tiene una visión tan negativa del panorama. Apunta que la mayoría de docentes tiene ganas de mejorar. Para lograrlo, “deben ser conscientes de la importancia de su papel”, dice la técnica de Médicos del Mundo. Igualmente lo creen los alumnos, que demandan mayor acompañamiento. “Los 'profes' son los que nos tendrían que ayudar y defendernos de quienes nos atacan por ser quienes somos. Y no sentimos que nos apoyen”, asevera Martí.

Falta de espacios seguros

A pesar de que alumnos como Cata y Martí consideran “muy positivo y un gran avance” haber podido realizar esta investigación en sus escuelas, también apuntan que los resultados son bastante preocupantes. Uno de los que más inquieta a los y las jóvenes es que la mayoría de personas han respondido “no lo sé” o “sí” a la pregunta de si debería existir también un día del orgullo heterosexual. “Esto demuestra que hay mucha gente que cree que ya no hay discriminación”, se lamenta Martí. “Pero qué casualidad que, quien piensa esto, siempre es heterosexual o cis”, ironiza Cata.

Las encuestas muestran que el sufrimiento de las personas LGTBI traspasa poco a aquellas que son heterosexuales. Por ejemplo, en el instituto Emperador Carles, el 23,8% de los alumnos se sienten cohibidos por el ambiente en clase, el mismo porcentaje que asegura que hay personas asediadas en el centro. “Es decir, que nadie que no sienta vulnerados sus derechos tiene la capacidad de darse cuenta de la incomodidad de ese 28,3% de compañeros”, aseguran los alumnos de la escuela.

A pesar de eso, la “parte positiva”, según los y las autoras del informe, es que “cada vez más jóvenes se paran a reflexionar y a cuestionar los estereotipos y parámetros que la sociedad les impone”. En los tres institutos más del 50% del alumnado se ha replanteado su sexualidad, hecho que no significa necesariamente que se identifiquen con el colectivo LTGBI (solo el 13% lo hace).

Ante esa realidad creciente de jóvenes que no asumen acríticamente su heterosexualidad, cobra mucha importancia cuidar las fuentes de información que usan: Internet se rebela como la principal vía que tienen para resolver dudas sobre prácticas sexuales, orientación e identidad de género. “Esto nos preocupa, porque no podemos tener certeza absoluta de la veracidad de la información que obtenemos, ni de la capacidad de algunas compañeras para distinguir mentiras”, dicen las alumnas del instituto Emperador Carles, que añaden que “Internet debería ser complementario a la formación”.

Pero a la juventud le cuesta encontrar este acompañamiento. En las aulas no se muestran conformes con su educación sexual. Y en lo que respecta a sus casas, cerca de un 20% del alumnado dice que no son espacios en los que puedan hablar de su sexualidad. Esta cifra contrasta con las respuestas de las familias de los jóvenes, la mayoría de las cuales afirma que “actuarían con normalidad si su hijo expresara su identidad sexual”.

Así, uno de los objetivos de las comisiones de género que se han creado en estos centros es conseguir generar un ambiente seguro, que facilite protocolos para evitar agresiones y que el alumnado explore su seuxalidad e identidad de género sin temor. Por ello, han elaborado una lista de buenas prácticas que contemplan la creación de buzones de quejas, tutorías para tratar las violencias machistas o LGTBIfóbicas y, sobre todo, más formación, tanto al alumnado como al profesorado.

“Necesitamos más visibilidad, pero no una visibilidad de salir en medios en reportajes que digan que qué bien todo. Necesitamos que se cuente que nos siguen discriminando, porque lo que no se explica no existe”, resume Martí.

"EL GRAN REEMPLAZO EUROPEO". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

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