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lunes, 23 de febrero de 2026

"CUIDADO CON LOS PATRIOTAS". Luis García Montero, El País

Quien estudia la cultura desde que España se constituyó como nación en el siglo XIX comprueba el afán sucesivo con el que traicionan a su patria los que se llaman patriotas

Algunos estribillos históricos se repiten. Quien estudia la cultura desde que España se constituyó como nación en el siglo XIX comprueba el afán sucesivo con el que traicionan a su patria los que se llaman patriotas con un orgullo agresivo. Jovellanos vio como los absolutistas vendían España a los franceses para imponer sus privilegios frente a los liberales. El falso imperialismo españolista sobre Cuba y Filipinas facilitó que los procesos naturales de independencia y diálogo desembocasen en un feroz dominio imperialista norteamericano. Machado murió en el exilio cuando el llamado bando nacional preparó un golpe de Estado con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista para cancelar la democracia republicana. Y los escritores y artistas que intentan hoy con su trabajo afianzar en España e Iberoamérica los lazos culturales comunes, frente a una identidad norteamericana muy represiva, ven que la Comunidad de Madrid, el centro de la Madre Patria, concede la Medalla Internacional a los Estados Unidos de Donald Trump.

Prefiero aplaudir a Bad Bunny. No voy a explicar aquí los lazos que se forjan ahora en la fraternidad panhispánica amenazada, ni los esfuerzos para defender el español como lengua de herencia en favor de los más de 50 millones de estadounidenses que tienen una identidad hispánica. Me limitaré a dos cosas. Primero, recordar que los autoproclamados españolistas son siempre los más traidores a su patria. Y segundo, que merece la pena dar la batalla en favor de España. Así que celebro los insultos de los patriotas, loros de cloaca, programados para traicionar la convivencia en español y defender un nuevo caciquismo. Pueden decir que soy un rojo asqueroso y llamarme basura, comunista, pesebrero, comemierdas, viudo de una criminal, ladrón de dinero público y lameculos. Soy peor, pero bajo el tono para no atentar contra el Libro de estilo de estas columnas.

sábado, 16 de marzo de 2024

"EL PASADO EN CONSTRUCCIÓN. PERDONEN LAS MOLESTIAS". Irene Vallejo (El País 10 MAR 2024)

Ciertos discursos políticos anhelan recuperar grandezas perdidas, seleccionando ciertas etapas de la historia nacional para encarnar las esencias, como si otras épocas fueran solo impureza y simulacro

 Somos la única especie que conoce el mundo anterior a nuestro nacimiento, las únicas criaturas capaces de asomarnos al misterio de los milenios antiguos. Un caballo, un gato o una pulga ignoran las peripecias de sus antepasados. Nosotros podemos reconstruir las nuestras —y las suyas—. Heródoto, inventor del género, tituló en plural sus Historias; en griego significaba “investigaciones”. Nos encanta indagar en el ayer, reinterpretarlo desde la mirada del ahora. Viajamos por los meandros de la nostalgia, las falsificaciones, las raíces, los asideros, la curiosidad y las coartadas. Nuestra relación con lo que fue es apasionada: el pasado pesa, y eso es lo que nos pasa.

Las ansias del presente modelan también nuestra memoria íntima. La palabra “recordar” incluye en su interior la raíz latina de “corazón”; en ella suena la sístole y la diástole de las emociones, es un juego de constante de demolición y reconstrucción. Como escribió Gabriel García Márquez en sus memorias: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda”. Casi sin querer, la fantasía empieza a rellenar los huecos excavados por los remordimientos y el olvido: por eso nuestro relato vital puede ser completamente imaginario, pero nunca totalmente verdadero.

Cuando los intereses del presente se apoderan de la mirada, la historia de los países deriva ya no en crónica de acontecimientos sucedidos, sino en antología legendaria de aquello que sus miembros quieren o pueden recordar. Con un hábil manejo del pasado podemos manipular y ser manipulados. En la antigua Roma, el inquietante Augusto fue pionero de esta propaganda. Siempre se presentó como paladín de las costumbres de los ancestros —mores maiorum—, símbolo del orgullo de ser ciudadano romano y heredero de la grandeza patria, frente a las costumbres extranjeras, que hacían peligrar la integridad moral autóctona. Astutamente, tras el parapeto tranquilizador de esas tradiciones, transformó la República en algo diferente y nuevo: un régimen más autoritario, dominado por la figura providencial del emperador. El historiador Suetonio cuenta que Augusto, ya muy enfermo, mandó llamar a sus amigos. Cuando rodearon la cama donde agonizaba, les preguntó: “¿Os parece que he representado bien esta farsa de la vida?”. Y cuando presintió la muerte, exclamó, bromeando con gran seriedad: “Aplaudid. La función ha terminado”. CONTINUAR LEYENDO

"EL SUMO SACERDOTE". Juan José Millás, El País

No se pierdan a Florentino Pérez entrando en la sala de prensa de Valdebebas con el gesto de quien se dispone, más que a responder pregunta...