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jueves, 13 de febrero de 2025

TENDREMOS MOROS 'INDEPES'. Najat El Hachmi, El País El País 07 FEB 2025

Que el Gobierno deje la cuestión de la inmigración en manos de los nacionalistas etnicistas es un grave error

Junts está adoptando enterito el discurso trumpista sobre inmigración, achacándole a esta todos los males de la sociedad. Y no es por la presión de Aliança Catalana, la xenofobia ya formaba parte de su ideario mucho antes de que apareciera la de Ripoll. Disimularon un rato durante los años del procés porque la independencia era prioritaria. Una de las razones que se esgrimían para querer la separación de España, de hecho, era poder tener un mayor control sobre quienes llegaban a estas prósperas tierras. Nunca han reconocido que Cataluña no sería nada sin la aportación humana de quienes venían de “fuera” porque eso sería admitir que esa riqueza de la que tanto alardean desde el siglo XIX se debe a la fuerza de los trabajadores y que sin ellos no tendrían nada.

Que el Gobierno deje la inmigración en manos de nacionalistas etnicistas es un grave error que pagaremos todos cuando Pedro Sánchez ni se acuerde de este comienzo de 2025. Cuando Zapatero cedió a los ayuntamientos los informes de arraigo e idoneidad de la vivienda imprescindibles para la obtención del permiso de residencia y el reagrupamiento familiar en muchos sitios se hizo un uso responsable de este poder, pero en otros se convirtió en un instrumento para expulsar a los extranjeros. Acuérdense del alcalde de Vic, que no dejaba que se empadronaran los inmigrantes. Pero ceder inmigración a Junts no es solo perjudicial para los nouvinguts, también tendrá graves consecuencias en la incorporación de estos a la sociedad. Lo que está haciendo el Estado es renunciar a los nuevos ciudadanos cediéndolos al gobierno autonómico para que haga con ellos lo que quiera, y en caso de que Junts vuelva al poder lo que se fomentará es una integración en esa catalanidad inventada y pura. Se les confrontará con el Estado cuya nacionalidad aspiran a obtener porque según el nacionalismo no se puede ser catalán y español a la vez. Y el problema no es solo Junts. ERC no es excluyente en lo identitario pero sí en lo ideológico. Para ellos se puede ser catalán sin ni siquiera hablar el idioma, basta con ser independentista. El objetivo de Junqueras era la base numérica del soberanismo para conseguir la secesión aprovechando el aumento de la población extranjera. Por eso su diputada con velo daba charlas en mezquitas y transmitían a los musulmanes catalanes la idea de que España es más racista que Cataluña. Así que en el futuro no se extrañen cuando los que pidan salir de España sean moros indepes. Habrán nacido hoy y no en unos años.

miércoles, 5 de febrero de 2025

""CHARNEGOS NACIONALISTAS CATALANES PARA EL SIGLO XXXI". Pau Luque Sánchez, El País 24 ENE 2025

Eduard Sola, el día 18 durante su discurso en la gala de los Premios Gaudí de cine, en Barcelona
El discurso de Eduard Sola es producto de haber incorporado a la doctrina pujolista de la integración el retorcido concepto de identidad de nuestro tiempo

Un poco como le pasa al Casanova que Dylan inmortalizó en Desolation Row, que acaba muriendo tras haber sido envenenado con palabras, una parte relevante del nacionalismo catalán pierde el oremus cuando bebe el cianuro de una palabra muy concreta. La palabra en cuestión es “charnego”. Es lo que ocurrió con el discurso pronunciado por el guionista Eduard Sola en la ceremonia de los premios Gaudí hace unos días. Si no fuera por el veneno que la palabra les inocula, se darían cuenta de que el discurso de Sola solo fue la actualización, para el siglo XXI, de la idea de integración según el credo nacionalista de Jordi Pujol.

¿Qué dijo Sola? En un alegato contra la xenofobia, sugirió que si él, un orgulloso guionista charnego que venía de lo más bajo, ha podido escribir grandes historias catalanas, también lo podrían hacer otros inmigrantes que lleguen a Cataluña. Quiero hacer énfasis en el sustrato, probablemente inconsciente, de su discurso. Es significativo que no dijera que él escribía grandes historias universales, sino grandes historias catalanas. En este sentido, las suyas no serían historias universales hechas en catalán o hechas por un catalán; serían, según sus propias palabras, grandes historias catalanas.

¿De dónde viene esta necesidad de remarcar que sus historias son catalanas? Del deseo, supongo, de alejar la sospecha de que, como es charnego, no es catalán. Ningún artista catalán de apellidos catalanes sentiría que tiene que demostrar que es un artista catalán (y, en este sentido, podría pasar directamente a producir grandes historias universales, si quiere). La idea que legitima el discurso de Sola es que, con tal de ser aceptado como catalán en Cataluña, quienes son como Sola tendrán que demostrar algo que no tienen que demostrar los catalanes de apellidos inequívocamente catalanes. Un charnego que se presentara como tal y que defendiera que escribe historias universales no sería, en el imaginario que inconscientemente pregona Sola, un artista catalán.

Suena francamente peculiar que alguien cuyos padres ya nacieron en Cataluña, que habla y escribe perfectamente catalán y cuyo aspecto es mimético al de los catalanes de apellidos catalanes, sienta la necesidad inconsciente de demostrar que es catalán. Soy de los que piensan que es una pérdida de tiempo intentar demostrar lo que uno ya es. Pero cada uno deja pasar el poco tiempo que nos es dado como puede.

En un interesante pasaje de las excepcionales memorias de Jordi Pujol, el expresidente explica una anécdota de un viaje oficial que hizo a Argentina. En Buenos Aires, visita el Casal de Catalunya, lleno de gente nacida en Cataluña y sus descendientes. Pujol les dice que mantener la catalanidad está muy bien, pero que no se equivoquen: ellos son argentinos, no catalanes. Pujol es un fervoroso creyente en la idea de integración. Se la toma en serio incluso cuando, para decirlo de algún modo, no favorece a Cataluña. El discurso de Sola se imbrica perfectamente en la doctrina de Pujol. Pero con un añadido que la actualiza. La declaración de ser orgullosamente charnego solo es un banal reflejo de cómo se concibe la identidad —cualquier identidad— en el siglo XXI. Por un lado, mi identidad consiste en identificar y difundir muy solemnemente las diferencias menores que me distinguen de aquellos a quienes más me parezco. Se trata del narcisismo de las pequeñas diferencias que caracteriza nuestra época. En el caso de Sola, esto se traduce en resaltar que, a diferencia de los catalanes de ocho apellidos catalanes, sus abuelos no nacieron en Cataluña. Es la sobreexplotación pública de este narcisismo el que provocó que el concepto “charnego”, como si se tratara de un Lázaro casposo, se levantara de su tumba hará ahora 10 años. Y es probablemente este mismo narcisismo de las pequeñas diferencias el que, en parte, explica el crecimiento, 13 años atrás, del independentismo.

Por otra parte, la identidad en el siglo XXI está construida sobre agravios. Esto no fue siempre ni en todos los lugares así. Pero desde hace un tiempo, toda identidad es, de un modo u otro, la de una víctima. A veces, se trata de agravios reales; otras veces de agravios ficticios o, por lo menos, exagerados. Yo no sé muy bien, en pleno 2025, qué significa ser un charnego nacido en los años ochenta, como Sola (o como yo mismo). Pero sea lo que sea, estoy moderadamente seguro de que no significa, como dijo Sola, “venir de lo más bajo”. Y es que, en nuestras biografías, la de los charnegos treintañeros o cuarentones, no abundan situaciones de miseria sórdida o de vida lumpenproletariat.

El discurso de Sola es producto de haber incorporado a la doctrina nacionalista de Pujol del siglo XX el retorcido concepto de identidad del siglo XXI. En nuestro tiempo, la integración nacional luce como el discurso de Sola. Otra historia, que dejaremos para otro día o para otra vida, es la verdad incómoda de que, en Cataluña o fuera de Cataluña, la idea de integración en el siglo XXI sigue siendo la misma idea reaccionaria y siniestra que ya era en el siglo XX.

Pau Luque es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su último libro es Ñu (Anagrama).

viernes, 9 de agosto de 2024

"FEDERALES Y CONFEDERADOS". Antonio Rivera, El Correo 4 AGO 2024

José Ibarrola
Lo que está haciendo Pedro Sánchez es acoger por oportunismo las demandas nacionalistas y responder en los mismos términos

En un debate entre candidatos socialistas, en 2017, Patxi López espetó al actual presidente: «Pedro, ¿sabes lo que es una nación?». El diálogo no dio para más que para distinguir sumariamente entre nacionalismo y patriotismo, el primero fuera del radio de la cultura socialista y el segundo perfectamente defendible por esta. Después de los años, el socialismo español persiste en su indefinición sobre la organización territorial del país, reitera sus tics antifranquistas que le llevan a dar por bueno lo que viene de los nacionalismos periféricos y, sobre todo, actúa movido solo por el pragmatismo, por no decir oportunismo.

La Declaración de Granada, en 2013, señaló la hoja de ruta para que el PSOE transitara hacia el federalismo. Se ha cumplido, como mucho, en la mejora de la cooficialidad de las lenguas y en un genérico reconocimiento de las singularidades territoriales. Esperan aspectos fundamentales de entonces y algunos se ven amenazados por la erosión generada por el 'procés' catalán.

Así, la lealtad federal entre Estado y comunidades, la racionalización y clarificación de la distribución competencial, la consideración de que el Estado es la garantía de igualdad de los ciudadanos en sus servicios básicos y el establecimiento de un sistema de financiación autonómica «conforme a los principios de certeza, estabilidad y equilibrio en el reparto de recursos públicos» (además de coordinación, solidaridad y equidad interterritorial) o duermen el sueño de los justos o se ven ahora cuestionados por la preeminencia de la razón nacionalista, que no federal, con que se aborda el tema.

A la concreción política se llega no por filosofía, sino por necesidad. El país no abunda en federalistas concienzudos y sí en nacionalistas hiperactivos, sean centralistas o periféricos. Así se atiende su lógica y todos nos disponemos en la misma; el presidente el primero y su partido detrás. No es algo excepcional, pero no comulguemos con ruedas de molino. Lo que está haciendo Sánchez y el silencio de sus bases es acoger por mero oportunismo, ya que no han mantenido la iniciativa en ningún momento, las demandas nacionalistas, y responder en los mismos términos. Por cierto, ¿tiene bases el PSOE? (de afiliación a las que preguntar e ideológicas a las que acudir).

El federalismo es lo que decía aquella Declaración de Granada: equidad, solidaridad, acuerdo entre el conjunto de regiones; también que los que más tienen apoyen a los que menos, como hacemos con los ciudadanos con más o menos recursos. Es decir, como debería haber remachado Patxi López entonces, la nación ciudadana, política, no sentimental; la que nos iguala a todos en derechos reconociendo y haciendo valer las diferencias de cada territorio y de cada individuo. Una nación liberal, no comunitarista. Pues bien, eso no aparece en el contexto del acuerdo para hacer presidente catalán con todo merecimiento y oportunidad a Salvador Illa.

La lógica que siguen manifestando las izquierdas españolas, las antiespañolas y las periféricas en este debate (valencianas, aragonesas, gallegas, andaluzas…) es cien por cien nacionalista: bilateral y no igualitaria, egoísta y no solidaria, asimétrica y no equilibrada… Es claro esto entre muchos catalanes, ebrios de un ventajismo casi supremacista, pero lo es también entre muchas de los otros territorios. ¿Qué dicen en esta tesitura? Que quieren el mismo trato ventajoso y singular que aquellos. ¿Alguien ha hablado de acordar entre todos de una vez la reforma de la financiación territorial? ¿Alguien de esas izquierdas ha dicho que el principio de ordinalidad es puro egoísmo interterritorial que, por suerte, no se aplica como punto de partida teórico en la fiscalidad entre ciudadanos: que más aporte quien más gana y al revés? ¿Quién cuestiona que la salida para su región no sea un acuerdo opaco y oportunista 'con Madrid'? ¿Alguien distingue federalismo de confederación, o nacionalismo de patriotismo, o nacionalismo político ciudadano del otro cultural y antiigualitario?

Insisto, semejante desconocimiento y falta de sensibilidad tiene que ver con una dejación peligrosa de criterios políticos en las izquierdas españolas: le compraron la mercancía al nacionalismo rancio del país -solo renunciaron al españolista- y acaban pensando en su lógica. España, querido presidente, no avanza hacia la federalización, sino hacia el caos o hacia el 'sálvese quien pueda' (o 'tonto el último'). Solo lo remediará una disposición proactiva de ciudadanos y territorios que recuerden aquel axioma comunero castellano de que nadie es más que nadie. Sobre esa base se sentarán todos a hablar de lo que es de todos y, si alguien quiere ser del todo distinto, igual es que es mejor invitarle a que empiece a serlo del todo.

"EL SUMO SACERDOTE". Juan José Millás, El País

No se pierdan a Florentino Pérez entrando en la sala de prensa de Valdebebas con el gesto de quien se dispone, más que a responder pregunta...