Mostrando entradas con la etiqueta Desinformación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desinformación. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

"LA PERSONA Y EL ESPEJO". Luis García Montero, infolibre.es

En este tiempo de crispación, prisas, mentiras, invitaciones al odio, ley del más salvaje, sálvese quien pueda y el último que cierre la puerta, el pseudoperiodismo y el envilecimiento de algunos medios de información hacen su agosto en el invierno democrático. Cuando asisto al espectáculo del todo vale en el decir y en el comportarse, me acuerdo con frecuencia de Baudelaire. Su magisterio nos enseñó a los poetas contemporáneos que, al escribir, hay que mirarse a uno mismo. No basta con escribir, hay que saber dónde se escribe y qué lugar ocupa uno al escribir. Baudelaire nos enseñó que hace falta mirarse, vigilarse, comprenderse. Uno de sus poemas más conocidos, El hombre y el mar, empieza con una afirmación tan rotunda como engañosa: “Hombre libre, siempre adorarás el mar”.

La libertad se pone en relación con el mar de manera inmediata gracias a las navegaciones, las aventuras, las distancias, los vientos, los mástiles y las orillas. El pirata de Espronceda tardó poco en romper el yugo del esclavo a despecho de los ingleses. Celebró el tesoro de su barco y su devoción por la libertad. Pero a Baudelaire le gustaba observarse, ser conflictivo, y no se detuvo en el velero bergantín que, viento en popa y a toda vela, cortaba las aguas del uno al otro confín. Baudelaire hizo también del mar un espejo para contemplar su propia imagen, su alma, las turbiedades.

Mirarse al espejo resulta algo poco complaciente. Además de las arrugas y el paso de los años, además de los defectos que nos apuntan o nos despuntan en la superficie, la profundidad del alma hace acto de presencia en la mirada, con sus torbellinos, sus abismos y las sangrías interiores. Cuando uno tiene al alma más o menos tranquila, la mirada del espejo es llevadera. Pero supongo que debe ser difícil convivir con el espejo cuando uno es un corrupto, y no sólo por haber robado, sino por haberse convertido en un vasallo de los rencores o las diversas formas de estercolero que están hiriendo la democracia a través de la crispación, los egoísmos y los bulos.

En la prisa de los tiempos que marcan el pseudoperiodismo y los teleoligarcas, pienso más en los mentirosos que en sus víctimas cuando veo que alguien firma con su nombre y lanza un bulo hacia otra persona. Es el infame quien merece un sentimiento de compasión. Todo va tan rápido que las mentiras tardan un día en diluirse para dar paso a otros bulos nuevos, otros insultos que reclama la crispación. La infamia hoy es un recurso de actualidad. Te pueden llamar ladrón, derrochador, pesebrero, corrupto, cualquier cosa, y los ataques hacen poco daño, porque las acusaciones tardan poco en desaparecer cuando no hay debajo de ellas ninguna verdad. El insulto del lunes desaparece en el griterío del miércoles. Uno puede hasta reírse de las invenciones ajenas.

Pero supongo que otra cosa distinta debe ocurrir en los ojos del pseudoperiodista cuando se mira en el espejo y empieza a observar su alma en las profundidades marinas de la intimidad. La lógica de la mezquindad ha asaltado la información, muchos profesionales se han visto obligados a olvidarse de su dignidad para ponerse al servicio de los millonarios que no quieren pagar impuestos y buscan gobiernos sometidos. La comunicación subvencionada puede hacer hoy presidente a un violador, a un señor impúdico o a una señora capaz de degradar la sanidad pública y las residencias de ancianos para enriquecer a su novio. Todo es así, y ya es una afligida costumbre.

Pero sobre las costumbres y las superficies está la propia imagen: ese soy yo. Mirarse al espejo después de mentir, informar en falso y acusar con infamias a otra persona no debe ser fácil. Si pensamos en la intimidad de quien se coloca delante del mar o de un espejo, las mentiras acaban por hacer más daño al mentiroso que a su víctima. Tal y como va el mundo, las personas decentes pueden incluso reírse ante las noticias y acusaciones descalabradas que inventa la prensa estercolero. Mucho más difícil debe ser ensuciar el propio nombre en la firma de una calumnia. Uno empieza obligado por las circunstancias y acaba interiorizando la basura del estercolero en el que le ha tocado trabajar. Los rencores, los fracasos y los abismos devoran la existencia de las noches y los días. Más que adorar el mar, como el poeta de Baudelaire, este rebaño acaba hundido en el infierno de su propia mezquindad. Las miserias particulares infectan lo público tanto como la miseria pública infecta las vidas privadas. La desinformación es una de las grandes heridas de la democracia.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

"La IA acelera y perfecciona la desinformación en África, mientras pierde capacidad para combatirla". Ana Puentesana - Cristina Castellanos, El País

Una niña utiliza su teléfono durante las oraciones que conmemoran
en fin del Ramadán en Lagos, Nigeria, en abril de 2024
Vídeos falsos traducidos a decenas de lenguas locales para ampliar su alcance, avatares que simulan ser periodistas y herramientas de difusión de bulos por múltiples canales ponen en jaque a varios países africanos

Un bulo sobre el robo de genitales masculinos que se extendió de manera simultánea en cuentas falsas de redes sociales, medios de comunicación digitales y conversaciones cotidianas logró crear un pánico colectivo en países como Nigeria, Chad y República Centroafricana a finales de 2024. El bulo, que lleva años circulando por el continente, se hizo esta vez mucho más creíble porque se distribuía de forma intencionada por distintos canales digitales a gran velocidad. La mentira, sin embargo, no quedó en la anécdota: un medio digital de Malí tergiversó aún más la historia al señalar a Francia como responsable de un plan para “robar la virilidad” a los hombres africanos para “extraer la hormona de la masculinidad” y llevarla a Francia para combatir “el declive de la actividad sexual” y la disminución de la población. Unas semanas después, fact-checkers desmintieron la información y confirmaron que formaba parte de una estrategia de manipulación antioccidental dirigida por países extranjeros.

Este es solo uno de los ejemplos de cómo los agentes de la desinformación y la manipulación nacionales e internacionales en África se valen de nuevas tecnologías para generar y distribuir contenidos falsos. Lo hacen, además, en un continente con un terreno fértil para difusión de bulos por la poca financiación para los medios de comunicación y de fact-checking, la desconfianza hacia los periodistas y la debilidad de los sistemas democráticos.

Karen Allen, directora de la firma especializada en investigación periodística Karen Allen International e investigadora del impacto de la IA en la desinformación, alerta de que aunque África trata de ponerse al día en legislación sobre desinformación, control de la IA y educación digital, no está del todo preparada para enfrentar la magnitud del reto. “Estamos viendo el uso de vídeos descontextualizados como una muestra de cheapfakes [contenido audiovisual falso creado con tecnologías sencillas y económicas]. Y, además, África está empezando el camino de las deepfakes [información falsa más sofisticada e indetectable] generada con IA, especialmente en época de elecciones o en contextos de golpes de Estado”, describe Allen a EL PAÍS en una entrevista en Madrid, donde este jueves participó en una jornada sobre desinformación en África, en el marco del V Encuentro de Periodistas África - España organizado por Casa África y el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. “La amenaza”, añade la experta, “tiene más que ver con la difusión a gran escala. Ahora se usan herramientas de IA para tomar un contenido falso, traducirlo a 50 idiomas diferentes y distribuirlo a tal escala y velocidad que se hace casi imposible refutarlo”.

Fuentes de la Unión Europea que monitorean la desinformación y la injerencia exterior en África coinciden con Allen en que la verdadera amenaza de la IA no es su capacidad de crear contenido, sino la rapidez con la que lo replica. Según estas fuentes, una de las tendencias que la IA podrá potenciar en algunos años en el continente es el cross checking, un tipo de contenido que se replica en distintas plataformas y sitios web para hacerlo parecer veraz. “La pregunta es si los periodistas vamos a poder usar la IA para contrarrestar sus efectos. Creo que debemos empezar a prepararnos y aprender a trabajar con ella”, agrega una experta que pidió no publicar su nombre.

Los métodos son múltiples. Van desde crear avatares que simulan ser periodistas reales, pero que dan mensajes manipulados; pagar a influencers locales para insertar mensajes en redes sociales en épocas electorales o utilizar la IA para generar audios, vídeos e imágenes falsas y distribuirlos rápidamente por distintos canales. Adicionalmente, según las fuentes de la UE, los agentes de manipulación cada vez logran adaptarse mejor a los contextos locales de los países africanos. “El uso de la IA [en desinformación] no ha llegado a su máximo potencial. Pero ya hay mensajes de alerta”, dice una de sus expertas.

Un estudio de la Fundación Konrad Adenauer publicado recientemente, del que Karen Allen es coautora, alerta de que desde enero de 2023 han aumentado los registros de contenidos de audio y vídeo falsos en países con agitación política, como Burkina Faso, Malí y Sudán, o en contextos electorales en Nigeria, Sudáfrica y Kenia. El estudio advierte también de que los bulos son mucho más peligrosos en entornos de fragilidad democrática, donde el acceso a fuentes tradicionales de información, que permitan contrastar las noticias, es limitado.

Los bulos generados con nuevas herramientas tecnológicas son, además, un reto en un continente en plena expansión digital. Hace una década, solo el 16% de la población en África Subsahariana era usuaria de internet; ahora, el uso ha escalado a un 37%, según datos del Banco Mundial. Sin embargo, alertan Allen y otros expertos, la alfabetización digital no ha penetrado de forma paralela en el continente. “La información es poder, y quizá la información sobre la IA también sea más poderosa para el futuro”, resalta Allen.

Los recortes a los verificadores de contenido

Sankoré Labs, una iniciativa de formación digital en Malí liderada por la periodista digital y activista Fatouma Harber, ofrecía servicios de verificación de información y de formación a periodistas para reconocer contenidos falsos. Sin embargo, la retirada de Malí de sus principales financiadores ha detenido sus proyectos. “Nos habíamos beneficiado de formación y del refuerzo de capacidades de nuestro equipo en el ámbito de la desinformación. También nos habían proporcionado herramientas para verificar imágenes y vídeo”, recuerda Harber en conversación con este diario, “pero Malí ya no colabora con Francia y toda la financiación francesa se ha ido. Después del retiro de CFI [la Corporación Financiera Internacional, del Banco Mundial] y la AFD [la Agencia Francesa de Desarrollo], vino la salida de USAID [la agencia de EE UU para el desarrollo]”. Sankoré Labs aún opera en Malí, pero con muchos menos recursos que aún facilitan otros países europeos como Dinamarca.

Esto es un problema en el Sahel, donde los agentes de desinformación aprovechan cada vez más las herramientas digitales para distribuir contenidos falsos. Harber, por ejemplo, explica que con la IA ya se generan vídeos falsos con narraciones en Bambara, el idioma oficial de Malí, y en otras lenguas nacionales. “Esto les permite llegar a más gente y ser más convincentes. Porque en el país la información se transmite en las lenguas locales, antes que en el francés”, explica Harber, que menciona también la proliferación de influencers que se valen de Facebook y transmisiones en vivo por redes para manipular audiencias. “El problema también”, añade la periodista, “es que no hay fuentes oficiales que desmientan la información”.

Los recortes de USAID también están dejando a Liberia sin suficiente músculo periodístico y de verificación de información, de acuerdo con Rita Jlogbe, expresidenta de la Red de Periodistas de Investigación de Liberia (LIJN). Allí, los medios dependían de subvenciones y becas de grandes donantes, entre los que estaba EE UU, para financiarse a falta de publicidad u otros apoyos nacionales. “Ahora que USAID se ha ido, los periodistas capacitados están dejando la profesión por otros sectores. Algunos se están convirtiendo en funcionarios, y otros se dedican a las relaciones públicas”. Local Voices Liberia, que opera una red de verificación de información en el país, fue una de las afectadas. Antes, trabajaba en las 15 provincias del país, y ahora han visto reducido su alcance. Otros programas de capacitación a reporteros de radios comunitarias y de entrega de materiales y equipos para trabajar también se han visto interrumpidos.

martes, 22 de julio de 2025

"LA NEUROCIENCIA DE LA DESINFORMACIÓN". Clara Pretus (Universitat Autònoma de Barcelona), theconversation.com 23 abril 2025

En 2025, la desinformación sigue siendo un gran reto social con graves consecuencias para la salud, el bienestar y los derechos democráticos de las personas. Desde la interferencia electoral en Estados Unidos hasta el negacionismo científico durante la pandemia, o la búsqueda de culpables tras la dana en España, las campañas de desinformación son utilizadas continuamente para sesgar la opinión pública, polarizar al electorado y destruir cualquier noción de realidad compartida.
No todo el mundo se ve afectado por igual, Por ejemplo, según estudios llevados a cabo en Estados Unidos, los votantes de extrema derecha son los más susceptibles a la desinformación: están varias veces más expuestos a ella y son más propensos a compartirla en sus redes sociales que los votantes de centro o de izquierdas.

Ante este panorama, urge entender por qué compartimos desinformación. Solo así podemos encontrar soluciones a un fenómeno que sigue en alza.

Incapaces de analizar la veracidad de la información

En el ámbito psicológico, se han propuesto varias teorías para tratar de entender nuestra susceptibilidad a la desinformación. Por un lado, el modelo cognitivo defiende que las personas nos creemos la desinformación porque no tenemos la capacidad o la motivación suficientes para analizar si una información es cierta. Esta perspectiva implica que concienciar a la población sobre la importancia de contrastar o evaluar la veracidad de la información puede ser suficiente para mitigar sus efectos.

Por otro lado, el modelo socio-cognitivo propone que las personas tendemos a creernos a pies juntillas cualquier información que reafirma nuestras posiciones ideológicas, sobre todo cuando beneficia a los grupos con los que nos sentimos identificados. De ser así, cultivar el espíritu crítico puede no ser suficiente para aplacar los efectos de la desinformación.

Un experimento con mensajes políticos

Para examinar estas dos propuestas teóricas, mi equipo de investigación y yo decidimos estudiar las bases psicológicas y neurobiológicas de nuestra susceptibilidad a la desinformación. Lo hicimos enfocándonos en la población que actualmente parece más susceptible a ella: los votantes de extrema derecha en España y Estados Unidos. Para ello, diseñamos una colección de publicaciones para la red social X (antes Twitter) falsas, donde diferentes líderes políticos lanzaban críticas al gobierno en base a varios temas de actualidad como la inmigración, los derechos de las mujeres y la unidad nacional. Las publicaciones incluían datos falsos sobre todos estos temas.

Por ejemplo, en una de las publicaciones un líder de extrema derecha afirmaba: “Sólo este año, más de 100 000 inmigrantes han asaltado nuestras costas por culpa del gobierno”.

Nuestra intención era ver si el hecho de mencionar valores identitarios para el grupo –como las actitudes relacionadas con la inmigración– hacía que los votantes tuvieran mayor disposición a compartir las publicaciones, además de comprobar qué mecanismos cerebrales subyacían a la decisión de compartir la publicación con otras personas a través de sus redes sociales.

Para ello, realizamos un experimento online con 400 votantes de extrema derecha y 400 votantes de centro-derecha (que usamos como grupo control) en España, y 800 votantes republicanos en Estados Unidos, de los cuales más de 100 se sentían plenamente identificados con Donald Trump.

Este primer estudio comparativo entre España y Estados Unidos nos permitió comprobar que la mención de valores identitarios en las publicaciones de Twitter que habíamos diseñado aumentaba la disposición a compartir la desinformación en todas las muestras, independientemente de si se usaba un lenguaje más o menos incendiario.

Por otro lado, los republicanos que se identificaban plenamente con Trump, así como los votantes de extrema derecha en España, eran más propensos a compartir las publicaciones que el resto de los individuos. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 21 de julio de 2025

"CARLOS HERRERA, EL EVASOR FISCAL". Spanish Revolution

Carlos Herrera, locutor estrella de la COPE, dijo textualmente:

“Se podía hablar de los negocios del novio de Ayuso, pero los negocios de prostitución del suegro de Sánchez eran una cuestión privada.”

Así, sin pestañear, acusó públicamente de proxenetismo a la familia del presidente del Gobierno. Sin pruebas. Sin consecuencias. Sin más fuente que su propio vómito ideológico.

Y lo hizo desde el púlpito radiofónico de la Conferencia Episcopal, con el tono de quien se sabe intocable, protegido y rentable. Lo hizo como hacen los cobardes poderosos: sembrando el bulo sin miedo a que alguien se lo cobre.

Pero si hay algo que sí está documentado sobre Carlos Herrera es esto:
usó un entramado empresarial para eludir el pago de más de 2 millones de euros a Hacienda. El Tribunal Supremo lo dejó claro: creó una sociedad instrumental para tributar menos, facturando a través de ella sus ingresos personales. No fue un error. Fue una estrategia.

Así que el hombre que difama al suegro de Sánchez no es periodista. Es un evasor fiscal con micrófono.
Y el medio que lo amplifica, la COPE, no es prensa libre. Es propaganda clerical al servicio de una derecha sin ética ni límites.

La operación es vieja:
-Se lanza una acusación infame sin base.
-Se presenta como equidistante, comparando con un caso real.
-Se esconde tras la libertad de expresión mientras se dinamita la dignidad del adversario.

Carlos Herrera no quiere informar. Quiere manchar. Quiere erosionar, desgastar, destruir. Y lo hace sabiendo que nadie en su mundo le exigirá rigor ni decencia. Porque forma parte del ecosistema que sobrevive gracias al bulo, la impunidad y el privilegio fiscal.

El problema no es solo Herrera. Es que este país lo ha convertido en referente moral.

lunes, 9 de junio de 2025

"SABERES AMENAZANTES". Antonio Muñoz Molina, El País 7 JUN 2025

Cuanta menos información veraz tenga la gente, mayor será la impunidad de los poderosos

Este hombre de la foto no tiene aspecto de ser una amenaza para nadie. Es de esas personas en las que la calvicie parece una condición natural, más que un infortunio o un signo de declive. Es una calva sólida, de firme osamenta, complementada por unas gafas austeras, sin el menor rastro de coquetería, o de esa modernidad que establecieron en los años ochenta arquitectos y diseñadores, los cuales proclamaban por el color o la forma chocante de sus gafas el grado de su talento, no siempre corroborado luego por la originalidad de sus obras. En un mundo en el que tanta gente exhibe un empeño narcisista de singularidad, cuyo paradójico resultado es la monótona repetición de lo mismo, este hombre da la impresión de un impulso contrario y ya muy anticuado, el de no llamar la atención, con su cara tan común, su calva, sus gafas, su camisa azul discreta, la mochila con la que carga, que según se ve es una mochila con cierto peso, sin duda el de los informes y estudios que transporta en ella, y en los que se sustenta como un sillar de granito la declaración que ha hecho o está a punto de hacer.

Porque este hombre al que no recordarías si te lo cruzaras por la calle, pero en el que confiarías de manera instintiva si dependieras de él en un asunto grave —si fuera tu asesor fiscal, tu abogado, el médico que te recibe en la consulta—, José Ángel Núñez, fue a declarar en otro día al juzgado de Catarroja, en Valencia, no con el propósito de eludir una responsabilidad, ni de sembrar confusión, sino de establecer en lo posible la realidad de los hechos y de las omisiones que provocaron el 29 de octubre del año pasado la mayor mortandad por una catástrofe natural que se ha registrado en nuestro país en más de medio siglo. La política española es una picadora envilecida y envilecedora de escándalos verdaderos y escándalos artificiales y bien escenificados que lo convierte todo en una pulpa tóxica donde la realidad deja de existir, y donde cada nuevo abuso desaloja del presente y condena a la indiferencia y el olvido los abusos anteriores. Las zonas devastadas de Valencia se van recuperando con una lentitud intolerable, y el sufrimiento de los que sobreviven se alejaría de la actualidad tan rápidamente como los nombres y la memoria de los muertos, si no fuera por el activismo heroico de sus familiares y por una tradición valenciana de resistencia cívica que parece tan arraigada como el impulso festivo. Pero el suministro de carnaza política es tan abrumador, y tan continuo que se lo lleva todo por delante, y lo mismo que los corruptos confesos y convictos distraen su culpa acusando a otros de corrupción, los responsables directos del desastre de Valencia adoptan un aire de dignidad agraviada y confían en la confusión y en el simple paso del tiempo para no responder de una incompetencia en la que hay mucho de literalmente criminal.

Es entonces cuando aparece el hombre de la foto, con su cara tranquila y su comedida informalidad para presentarse en el juzgado, camisa y pantalón de diario y no chaqueta ni corbata, mochila en la mano, y no a la espalda, quizás por el peso de tanta evidencia, que equivale con bastante precisión al peso de la culpa de la que otros se quieren escabullir. Este hombre, José Ángel Núñez, se halla en posesión de un arma temible: el conocimiento de las cosas, en un campo con pocas posibilidades de estrellato académico o intelectual, la geografía. Desde los años en que yo la estudié en la universidad, con menos ahínco del que hubiera debido, la geografía sufrió un desprestigio que quizás fue dañino, sobre todo en la educación primaria y media. Para los triunfales psicopedagogos, el pecado de la geografía era que apenas podía enseñarse por experiencia directa. Es verdad que uno difícilmente podrá tener la experiencia inmediata de la Amazonia o del desierto de Gobi, pero la imaginación humana y la capacidad de aprender permiten que se comprenda lo inaccesible y lo muy lejano. La geografía se fue encogiendo a medida que encogían también las ambiciones de la enseñanza, víctimas de una propensión a la estrechez comarcal propalada con la misma devoción por todos los partidos políticos. Y todo eso formaba y tristemente forma parte del gran descrédito del conocimiento que es una desgracia secular de la vida española. Cuanta menos información veraz tenga la gente, y menos herramientas intelectuales para comprender y juzgar, mayor impunidad podrán disfrutar los que llegan al poder sin más mérito que el medro político, y más demoledora será la victoria de los señores feudales del dinero. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 15 de marzo de 2025

"¿RADICALIZAN A LOS JÓVENES LAS REDES SOCIALES? Santiago Giraldo Luque Profesor de Periodismo. Universidad Autónoma de Barcelona, Cristina Fernández Rovira Coordinadora del grado en Global Studies, Universitat de Vic, The Conversation 4 marzo 2025

Las redes sociales han revolucionado la manera en que nos comunicamos, tanto en el ámbito personal como en el institucional o político. En el caso de los jóvenes, son el entorno en el que se informan y forman sus creencias. Esto tiene un lado negativo, pues al ser sus principales canales de información pueden promover la radicalización de posturas políticas y la propagación de estereotipos de género, ideas homófobas y racistas, como revelan algunos estudios demoscópicos realizados en los últimos años que analizamos a continuación.

La desconfianza en los medios tradicionales y las nuevas formas de socialización vinculadas a internet han construido una dependencia creciente de estas plataformas. Hoy son la influencia principal de adolescentes y jóvenes, y a ellos se dirigen muchos de los discursos emotivos y extremistas que llenan la red con hechos alternativos.

Cambio en las fuentes de información

En 2023, el 50 % de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años decía desconfiar de las noticias de medios de comunicación. Esta creciente desconfianza les ha llevado a buscar información en otras fuentes, especialmente en las redes sociales.

También sabemos que, en España, el 60 % de los adolescentes mayores de 14 años prefieren informarse a través de redes sociales, y el 72 % lo hace mediante amigos o familiares. Nada de medios. Ni siquiera para seguirlos en redes: los periodistas y medios son el grupo de interés menos seguido por los usuarios en las redes sociales, con apenas un 15,6 %, muy por debajo de familiares y amigos (47,8 %), actores o comediantes (29,4 %) e incluso influencers (22,6 %).

Los algoritmos privilegian los contenidos polémicos y fáciles de viralizar

El cambio en las fuentes de información tiene implicaciones significativas. Las redes sociales, a diferencia de los medios tradicionales, no cuentan con mecanismos efectivos para verificar la veracidad de la información que se comparte. Además, como demostró la minuciosa investigación realizada por Jeff Horwitz, periodista de The Wall Street Journal, sus algoritmos privilegian el contenido no por su calidad, sino por su potencial de viralización, con lo cual la polémica, el grito y la emoción (lo que alimenta los hechos alternativos) ganan la partida a la construcción informativa que los medios intentan, de forma regulada, realizar.

Depender de ellas exclusivamente como fuente principal de información ha facilitado la propagación de ideologías extremistas y actitudes discriminatorias entre los jóvenes. Plataformas como X, YouTube, TikTok e Instagram permiten que influenciadores difundan mensajes que pueden cuestionar valores democráticos y promover estereotipos de género, homofobia y racismo. Los jóvenes de 18 a 29 años confían por igual en youtubers que en medios de comunicación tradicionales.

Efectos en el discurso colectivo

La propagación de estereotipos de género provenientes de las redes sociales quedó demostrada con la primera encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre percepciones de igualdad y estereotipos de género. Publicada en enero de 2024, reveló que el 44,1 % de los hombres cree que la promoción de la igualdad ha llegado tan lejos que ahora se les discrimina a ellos. Este sentimiento es más pronunciado entre los jóvenes de 16 a 24 años, alcanzando el 51,8 %.

Otras encuestas recientes apuntan a que la difusión de mensajes de odio, machismo y ultracapitalismo calan entre los adolescentes: solo el 35,1 % de los hombres de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) se consideraba feminista en 2024.

¿Por qué es preocupante?

La influencia de las redes sociales en la formación de creencias y actitudes entre los jóvenes tiene profundas implicaciones para la cohesión social y la salud democrática.

Las redes sociales no solo han transformado el acceso a la información, sino que moldean de manera profunda, como en el caso de los imaginarios machistas, las creencias políticas y sociales de los jóvenes.

Por ejemplo, que una cuarta parte de los menores de 35 años en España considere que un gobierno autoritario puede ser preferible a la democracia no es un dato menor ni una simple anécdota generacional: es la evidencia de que el modelo de conversación pública en el que se forman sus opiniones puede erosionar los principios democráticos desde su base. Las dinámicas descontroladas de difusión de desinformación y la deslegitimación sistemática de las instituciones que abunda en las redes sociales han creado un entorno en el que la democracia ya no es un valor incuestionable, sino una opción más entre otras.

Aun así, las grandes plataformas tecnológicas operan sin regulación efectiva y los medios han perdido la capacidad de interpelar a una generación que ya no confía en ellos.

¿Dónde está la salida?

El futuro democrático solo puede ser sostenible si la ciudadanía (jóvenes incluidos) se informa en lugares seguros y generados por profesionales de la información. Lugares saneados de la desinformación que campea libre en las redes sociales bajo la falsa idea de libertad de expresión. ¿Es posible convencer a los jóvenes de que les interesa incluir en su “dieta informativa” el trabajo de profesionales del periodismo?

Intentar luchar contra la desinformación en el mismo campo de batalla, es decir en las propias redes sociales, no está funcionando, y tampoco es un modelo rentable para los medios de comunicación tradicionales. La otra opción sería abandonar las redes y crear y fortalecer otras vías de acceso.

No es tan difícil. Cuando en 2020 Australia decidió que las redes sociales deberían pagar a los medios por su contenido, los medios australianos sufrieron algo así como el apagón algorítmico de Facebook, y no dejaron de existir. Al contrario, encontraron alternativas y descubrieron que hay vida más allá de las redes sociales.

Sistemas de suscripción a la calidad informativa, similares a los de Netflix o HBO, que los jóvenes sí conocen, podrían ser la alternativa. Pero para ello, hay que convencer a las generaciones que creen que están informados a cambio de nada, de que ni están informados, ni es a cambio de nada.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

"NO HAY UNA BALA DE PLATA CONTRA LA DESINFORMACIÓN". Julio Montes y Clara Jiménez Cruz (cofundadores de la Fundación Maldita.es). El País 24 NOV 2024

El desinformador Alex Jones habla con los medios
después de uno de sus juicios, en 2022

Los responsables de la Fundación Maldita ofrecen respuestas a la avalancha de engaños como activar a la ciudadanía, definición de los medios y valentía desde Europa

La mentira siempre ha formado parte de nuestra vida; los políticos y los grupos de interés te la intentaban colar y el periodista la detectaba y la denunciaba. Las reglas del engaño estaban claras. Mientras hacíamos esto y mientras no se daba importancia al bulo, la desinformación ha ido conquistando espacios y cambiando las reglas de juego. Ahora estamos acorralados y perdiendo la batalla.

La desinformación no tiene límites éticos. Mientras nosotros seguimos las reglas periodísticas, ellos van reinventando la mentira y toda institución que pueda oponerse a ellos es un objetivo a batir.

En la pandemia fueron a por los médicos, las enfermeras, la ciencia. Ahora, con la dana, han atacado a los meteorólogos, a las ONG, a las agencias independientes. En situaciones de crisis, coordinan campañas que buscan que dejes de creer en las instituciones, que tengas miedo y que pienses que te han abandonado. Que a ti no te ayudan y a otros sí. Que te ocultan la verdad. Si piensas que no hay mucha gente creyéndose cosas así, permítenos decirte que estás equivocado.

Los medios no son creíbles, todos los políticos son iguales y una élite quiere quitarte tus derechos y acabar con tu modo de vida. Y allí aparecen ellos, disfrazando de salvación lo que es, en realidad, una sustitución de la democracia.

Claro que debes cuestionar a los medios cuando no rectifican o dan solo una versión interesada, y por supuesto que hay políticos corruptos, pero esos no son el objetivo real de los salvadores: pretenden enfrentar, acabar con la credibilidad de las instituciones y sustituirlas por algo nuevo que dirijan ellos.

Si estás leyendo esto y crees que la desinformación es el problema, ya es un cambio fundamental. Los bulos no se pueden combatir como entes individuales, forman parte de una estrategia más amplia que pretende introducir narrativas en tu mente. Quieren que temas, que huyas de la realidad y que te refugies en la solución de los desinformadores.

Es necesario identificar estas narrativas, dotarnos de herramientas para combatirlas, de argumentos que nos ayuden a no caer. Es imprescindible que asumamos que este problema está aquí para quedarse y que eso requiere esfuerzos en educación de jóvenes y mayores para entenderlo, identificarlo y combatirlo.

Necesitamos aprender de los malos: de cómo comunican, de cómo construyen comunidades, de cómo llegan allí donde los medios y otras instituciones no llegan.

Hay que activar a la ciudadanía para que actúe en su entorno: en sus grupos de WhatsApp, en las conversaciones de bar… Ya no es suficiente con quedarse callado y dejar pasar la mentira; siempre teniendo presente que los que se creen un bulo o lo difunden no son el enemigo, incluso pueden ser tus vecinos, tus amigos, tu familia.

Definir qué es un medio es fundamental. Las webs que mienten no son medios de comunicación, por mucho que lo parezcan. El error es humano, pero el engaño no tiene cabida. Falta una autorregulación que disponga qué debe cumplir una web para ser considerada un medio de comunicación. La profesión, pero sobre todo la ciudadanía, lo necesita.

Es complicado saber quién está detrás, pero investigar mejor la desinformación para identificar las campañas orquestadas en las que los mismos bulos sobre vacunas, clima o inmigrantes saltan de país en país es imperativo. Detectar a quién beneficia nos señala quién está detrás.

Necesitamos valentía europea. En los últimos años, se han puesto los cimientos de una regulación europea que obliga a las plataformas a tomar medidas como principales canales de distribución de la desinformación, pero esa legislación debe actuar al margen de las amenazas de Trump y Musk. Es un momento decisivo. Hay que poner pie en pared.

Educación, verificación, tecnología de detección temprana, viralización de realidad y creación de comunidades. Unir soluciones y luchar juntos. No hay una bala de plata que pare a la desinformación.

Julio Montes y Clara Jiménez Cruz son cofundadores de la Fundación Maldita.es.

sábado, 30 de noviembre de 2024

"MALISMO. La ostentación del mal como propaganda". Mauro Entrialgo, Capitán Swing Libros

Llamamos «malismo» al antiintuitivo mecanismo propagandístico que consiste en la ostentación pública de acciones o deseos tradicionalmente reprobables con la finalidad de conseguir un beneficio social, electoral o comercial. ;Quizás sea en política donde el desarrollo de este fenómeno asentado en la última década en Occidente resulta más llamativo. Una representante pública entiende la destrucción de las infraviviendas de las personas sin hogar como un acto autopromocional. Otra aumenta su aceptación popular tras calificar de «mantenidos subvencionados» a los desfavorecidos afectados por una pandemia. Un alcalde se jacta de que no hará nada en absoluto por aquellos estudiantes y trabajadores que no pueden acceder a una vivienda digna en la ciudad que él gestiona. El insultar a alguna minoría o mostrarse contrario de forma muy agresiva a consensos de mínimos como la justicia social o la Agenda 2030 es hoy en día tendencia en la propaganda política. ;Pero el malismo está también muy presente en cualquier forma de comunicación a pequeña o gran escala. Una compañía aérea se mofa en sus redes sociales de las quejas de sus propios clientes. Los bares de moda ostentan nombres canallitas. En los concursos de televisión son bien recibidas las figuras de poder que humillan a sus concursantes. El nuevo cristianismo neopentecostal que triunfa en nuestros barrios no es ya una supuesta religión de amor sino una de declarado odio al diferente. Soldados sionistas difunden con orgullo pruebas audiovisuales de sus propios crímenes de guerra. ;Lo malote ha dejado de ser solo un sistema ingenioso para vender el producto musical de un grupo de jóvenes punks de barrio o un vídeojuego gamberro. Es ahora una eficiente fórmula publicitaria dominante que, además, no se dirige ya contra los poderosos, sino que es una herramienta común utilizada por estos.

domingo, 17 de noviembre de 2024

"LA BATALLA PERDIDA". José Luis Sastre, El País

Estamos en una sociedad segmentada en grupos de seguidores y abocada a una polarización partidista. El mundo se explica en sus divisiones y las opiniones tienen más peso que los hechos

Algunas batallas se han perdido ya, o se han perdido de momento. Quizá nunca se dieron del todo. Mucha gente ha decidido confiar en los bulos y no sirve que esas falacias se demuestren falsas o que se desmonten con argumentos. No basta con los hechos para quien ha escogido creer y ha llegado a la conclusión, engaño tras engaño, de que a ellos no les van a engañar igual que a los demás. No se trata solo de las informaciones falsas que aparentan ser ciertas y que se difunden a menudo sin querer, de teléfono en teléfono; sino de las otras: las que provocan el miedo o el odio de manera deliberada porque pretenden que todo salte por los aires

Dijimos durante muchos años que las redes sociales no eran la vida real, pero que fuera un mundo virtual no lo volvía un mundo de ficción. Ahora, la información llega antes por las redes que por los medios convencionales, atrapados en la eterna e irresoluble crisis del periodismo. Ahora, la vida tiene dinámicas propias de las redes: logra más visibilidad quien más grite o polemice. Uno puede quedar proscrito por describir aquello que haya visto con sus ojos y, en cambio, puede saltar a la notoriedad por especular con todo lo que no haya visto. El resultado es una sociedad segmentada en grupos de seguidores, que mezcla la verdad con las mentiras y abocada a una polarización partidista. El mundo se explica en sus divisiones y las opiniones tienen más peso que los hechos. Al cabo, las opiniones son objetivas y los hechos, subjetivos.

La tragedia de Valencia ha demostrado de nuevo el alcance de los bulos y, más que eso, lo difíciles que son de combatir. Ofrecen una explicación rápida, aunque sea falsa, y alimentan la sensación de sospecha. Es probable que esa sea la única verdad que contengan, por encima incluso de su vocación de ser creídos: la vocación de que la gente no se crea nada más. Que sospeche. Que recele. Que no haya verdades y que la incertidumbre sólo pueda combatirse con sospechas. Una sociedad desconfiada y recelosa.

Para quienes han decidido creer, la batalla de los hechos está perdida. El periodismo deberá cumplir su función y contar aquello que esté demostrado, porque los hechos hacen más falta que nunca por mucho que los destierren. Pero con eso no alcanza y eso hay que asumirlo cuanto antes: ya cuesta más desmontar un bulo que confirmar un titular.

La pregunta de qué podemos hacer invita a responderse que no hay otra salida más que seguir haciendo lo que se exige al periodismo: su trabajo. Sinceridad y precisión, en palabras de Bernard Williams. Pero la inercia de la época lleva a pensar que eso cambiará poco las cosas. Quizá las cambie el tiempo, que es lo que se dice cuando no se sabe qué decir. Entretanto, tiene sentido preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí y si esta conspiración contra los hechos se explica sólo en lo bien que se organizaron los propagadores de las mentiras. Algo hicimos mal si otros nos arrebataron ante mucha gente aquello que costaba años conseguir: su credibilidad y su confianza.

domingo, 3 de abril de 2022

"EL PODER DE LA MENTIRA". Por Ignacio Escolar, elDiario.es, 30/04/22

La mentira industrial, la que hoy calificamos como ‘propaganda’, nace con las grandes guerras del siglo XX. Hoy esas mentiras nos parecen toscas, pero carecemos de los anticuerpos culturales contra la nueva manipulación digital

Contra el tópico, es falso que seamos “el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Todo lo bueno y lo malo que somos se explica porque el humano es el único animal que transmite sus conocimientos de una generación a la siguiente. Si tropezamos dos veces es porque la piedra no es exactamente igual que la anterior. Porque cambia de aspecto o de lugar.

Hubo un tiempo, antes de la Segunda Guerra Mundial, en que la palabra ‘propaganda’ no estuvo cargada de las connotaciones negativas que tiene hoy. No es que antes no existieran las mentiras. Ni que no se hubieran utilizado para manipular a un pueblo con el engaño más atroz: que merece la pena matar o morir por una clase dominante que siempre se queda en la retaguardia. Pero la mentira industrial, la que hoy calificamos despectivamente como propaganda, nace con las grandes guerras. Igual que las dos grandes guerras, en su cruda y sangrienta brutalidad, son también hijas de la revolución industrial.

La industria lo cambió todo. La forma de matar, simbolizada en esas cargas de caballería contra un nido de ametralladoras y, más tarde, en el horror de esos bombardeos masivos que empezaron en Gernika y arrasaron después Londres, Dresde o Hiroshima. Y también cambió la forma de mentir: con la tecnología de las ondas y la electricidad. Sin ella, sin la propaganda masiva del cine y la radio, no se entienden las guerras del siglo XX. Sin conocer esa historia, la de los cambios tecnológicos, tampoco se entienden las mentiras de hoy.

¿Cómo explicar que un pueblo culto y avanzado, como lo era hace un siglo el alemán, cayera en las mentiras de la propaganda nazi? ¿Cómo fueron engañados con manipulaciones tan burdas como ese famoso cartel de los judíos retratados como ratas? Hoy vemos esas mentiras y nos parecen toscas, un truco donde se ve la trampa y el cartón. Usamos la palabra ‘propaganda’ como sinónimo de una manipulación simple y sencilla de diagnosticar. Pero aquellas sociedades de hace un siglo fueron las primeras en enfrentarse a la propaganda industrial sin contar con los anticuerpos que tenemos hoy. Por eso fue tan eficaz.

Nuestra generación, ante la revolución digital, es como aquella que empezó a fumar sin saber que el tabaco producía cáncer. O como las primeras víctimas de la propaganda industrial, un siglo atrás. Tropezamos con una piedra diferente, distinta a la anterior. Porque no tenemos anticuerpos culturales contra la nueva manipulación digital. No tenemos los conocimientos previos, ni la experiencia. Tampoco sabemos cuáles serán las últimas consecuencias del modo en que se multiplican y prosperan las mentiras de hoy.

Pensábamos que la democratización de la Red sería la mejor vacuna contra la propaganda y la desinformación. No ha sido así, a pesar de las buenas noticias que también nos ha traído Internet. Porque toda tecnología, en manos del ser humano, siempre sirve para lo mejor y lo peor.

Las causas de estos embustes son las mismas, eso no cambió. Toda pirámide social se sustenta sobre los cimientos de la información: de verdades, mentiras y valores compartidos. Y quien controla la información, controla la sociedad. La propaganda siempre fue una herramienta de poder, normalmente al servicio del poder o de quien busca conseguirlo. La mentira de masas es la primera palanca para la dominación, que es lo contrario al ideal democrático.

Es eso, la democracia, lo que hoy está en cuestión.

lunes, 15 de marzo de 2021

La mentira como industria y estrategia en la era digital, un artículo de Juan Torres López publicado en ctxt.es el 2 de marzo de 2021

El enorme protagonismo que han tenido las mentiras en el mandato de Donald Trump (se le han contabilizado 30.573 en los cuatro años de presidencia) y su masiva circulación a través de las redes sociales pueden llevar a un error importante sobre su verdadera naturaleza, causas y propósitos.

Nos referimos a creer que las ahora llamadas fake news o posverdad son un fenómeno de nuestro tiempo, vinculado a un auge coyuntural de las posiciones políticas extremistas que antes o después desaparecerán, y algo derivado exclusivamente del uso de las nuevas plataformas digitales.

La mentira, el engaño, la difusión de información falsa, de bulos o de dudas malintencionadas son tan antiguos como la humanidad. Y no se trata tan solo de un fenómeno que sea exclusivo de la vida política sino que constituye una auténtica industria puesta al servicio de estrategias comerciales e incluso de los mecanismos más viejos que se conocen para lograr el dominio de unos seres sobre otros. La historia de la comunicación social y de los medios es la de la manipulación informativa y de la decadencia de la verdad.

La larga historia de la mentira en la comunicación social

Falsear la verdad, fabricar noticias, extender bulos y mentir en interés propio a través de los medios de comunicación social ha sido una práctica muy corriente en el último siglo y medio.

La “derrota de la razón” que con tanta brillantez y dolor describió Stefan Zweig, el ascenso del nazismo, o lo que sucedió en España a partir de 1936 no podrían entenderse sin tener presente el papel de los medios como deformadores de la verdad.

La difusión de noticias falsas y la manipulación de la información se ha utilizado en campañas electorales, en publicitad y en estrategias comerciales, como las que durante años han tratado de ocultar los efectos mortales del tabaco o los costes reales de la sanidad privada. Más recientemente, hemos vivido auténticos procesos de intoxicación comunicativa para ayudar a propagar falsedades sobre hechos o procesos de gran trascendencia: guerra de Irak, 11-M en España, Brexit o independencia de Cataluña, entre muchos otros. Por no hablar de la mentira al menudeo que se difunde día a día a través de todo tipo de medios.

Es una evidencia histórica, por tanto, que el engaño y la difusión de falsedades como parte de estrategias para tratar de conseguir determinados objetivos, bien sea de naturaleza política o comercial, no son fenómenos recientes ni casuales sino bien antiguos y deliberados.

Sin embargo, también es un hecho que la difusión de la mentira y el deterioro generalizado de la verdad se están produciendo en los últimos años de una forma más extendida y con consecuencias mucho peores que en épocas anteriores. Pero sería un error, como dijimos, creer que eso se debe solamente a que han cambiado las infraestructuras a través de las cuales fluye la información. CONTINUAR LEYENDO

"TUCÍDIDES Y EL TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL". Máriam Martínez-Bascuñán

Una corte sin ejército toma prestadas las manos de los gobiernos que juraron ejecutar sus fallos, y estos prefieren la excusa antes que dete...