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lunes, 23 de marzo de 2026

"ENTREVISTA A ARUNDHATI ROY, ESCRITORA INDIA". Marc Bassset, El País

ARUNDHATI ROY

La escritora india, autora de ‘El dios de las pequeñas cosas’, encarna la figura de la intelectual radical y global. Rechaza el ataque de Trump en suelo iraní. Argumenta que ella vive bajo un régimen cruel, el de Nerendra Modi, pero eso no significa que quiera que llegue Estados Unidos a bombardear el país. Y avisa de que en autoritarismo, la India va muy por delante de Occidente: allí, dice, el odio y el veneno ya no vienen solo del Estado, sino también de la sociedad

La cita para esta entrevista, al principio, estaba fijada a mediados de febrero en un hotel de Berlín. La escritora Arundha­ti Roy (Shillong, India, 64 años) estaba invitada a la Berlinale, el festival de cine, con ocasión del estreno de la versión restaurada de In Which Annie Gives It Those Ones (en el que Annie la monta, sin traducir al español), un popular telefilme de 1989 cuyo guion ella escribió y en el que actuó. A última hora, y estando en París a punto de subirse al avión hacia Berlín, vio que, en una rueda de prensa el cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado, y otros miembros del cónclave eludían las preguntas sobre Israel y Gaza. “Me sorprendió que personas tan inteligentes tuviesen miedo de decir cualquier cosa sobre Gaza”, recuerda Roy. Y anuló el viaje y la entrevista.

La autora de El dios de las pequeñas cosas, la novela que la lanzó a la fama hace casi tres décadas, publicó hace unos meses en castellano Mi refugio y mi tormenta (Alfaguara, traducción de Catalina Martínez Muñoz), unas memorias centradas en la figura de su madre, una mujer a la vez extraordinaria y compleja. “Alguien me dijo que tuve la misma relación con la India que con ella”, dice. “La India también es mi refugio y mi tormenta”. Acosada por el nacionalismo hindú, y en el punto de mira de la justicia de su país por haber cuestionado que la región de Cachemira hubiese sido históricamente india, Roy —referente para intelectuales occidentales como Judith Butler o Naomi Klein— encarna la figura de la intelectual radical, a la vez global y muy arraigada en la India, su civilización y su universo de referencias.

“Por supuesto, habría podido ir al pase en Berlín, pero entonces habría sido ‘la mujer cabreada en el circo’, y era algo que yo no quería hacer”, explicó unos días después de la polémica en la Berlinale. Roy ya había vuelto a Nueva Delhi y se había concertado otra cita para la entrevista, esta vez por videoconferencia. “Es interesante”, explicó, “porque ha circulado una cita de Wim Wenders, de 1988, y es muy inteligente lo que dice. Dice que las películas que no son políticas son en realidad las más políticas, porque en cada fotograma apoyan el statu quo. No es que esto no se entienda ahora, es que, cuando se trata de Gaza, los cerebros se revuelven. Pueden ser políticos sobre cualquier cosa, pero no sobre Palestina”.

domingo, 4 de enero de 2026

"EN LA ESCUELA DE FRÁNCFORT SÍ HABÍA MUJERES: ERAN FEMINISTAS, MILITANES E INVESTIGADORAS". Constanza Pérez Z. El País

Participantes de la Semana del Trabajo Marxista
en Frankfurt (Alemania) en 1923

‘En las sombras de la tradición’ ilustra una investigación realizada por el centenario del Instituto de Investigación Social que rescata por primera vez las figuras ocultas de su historia

¿Quiénes son las mujeres que aparecen en la foto de la Semana del Trabajo Marxista, que sentó las bases para la Escuela de Fráncfort? La bibliografía suele sugerir que estaban vinculadas a los hombres y su papel era secundario, pero no. Eran siete mujeres con formación intelectual, activas políticamente y que, al igual que Max Horkheimer, Theodor W. Adorno o Herbert Marcuse, formaron parte del Instituto de Investigación Social (IfS), cuna de la Escuela de Fráncfort, un movimiento que nació en los años veinte del siglo pasado con ideas críticas sobre la sociedad, la cultura y la política. Se trataba de la actriz Hede Massing; la pedagoga y filósofa Hedda Korsch; Gertrud Alexander, periodista, política y crítica de arte; Rose Wittfogel, bibliotecaria diplomada; Käthe Weil, pedagoga; Christiane Sorge, economista; y la feminista y filósofa Margarete Lissauer.

Sus biografías han sido recuperadas en un artículo de la investigadora Judy Slivi incluido en el libro En las sombras de la tradición (Eterna Cadencia). El nuevo volumen, editado con motivo del centenario del legendario IfS, reúne textos de Christina Engelmann, Lena Reichardt, Bea S. Ricke, Sarah Speck y Stephan Voswinkel en los que se hace una revisión histórica inédita.

Sarah Speck, actual subdirectora del IfS, habla en una videollamada de los hallazgos del proceso de investigación recogidos en esta publicación: “Todos sabemos que la historia de la Escuela de Fráncfort y del Instituto de Investigación Social es una historia masculina. Creo que con este libro realmente cambiamos esta perspectiva”. La búsqueda no fue fácil. Sus nombres eran difíciles de encontrar por las vías tradicionales. “Pero hay otro tipo de material como cartas, chismes, entrevistas, historia oral”, apunta.

La politóloga y filósofa argentina Verónica Gago elaboró el prólogo. “Lo primero que quise hacer notar es que había muchas mujeres en la Escuela de Fráncfort, pero siempre aparecían bajo las etiquetas de esposas, asistentes, bibliotecarias, taquígrafas, secretarias”. El primer gesto del libro, dice, es reconocerlas en sus aportes específicos, en sus prácticas teóricas y en una metodología de trabajo colaborativa. Para Gago esto era “la cocina de la investigación”: todo lo que hay que hacer, entender y preparar para el producto final.

Sindicalista, judía y socialista

Käthe Leichter (1895-1942) nació en una familia judía burguesa de Viena. Estudió Ciencias Políticas y entró a la vida política en los consejos obreros y de mujeres a finales de la Primera Guerra Mundial. Su relación con el Instituto data desde sus orígenes. En sus memorias narró su amistad con Carl Grünberg, el primer director de la institución, y asegura que fue ella quien lo propuso a los fundadores para el cargo. Fue invitada a Fráncfort, aunque prefirió quedarse en Viena donde comenzó a organizar en 1925 la sección de mujeres de la Cámara de Trabajadores. Fue ahí donde estableció un nexo entre la producción del conocimiento feminista y el socialista, resultados que quedaron plasmados en publicaciones como El libro del trabajo femenino en Austria (1930) o Así vivimos… 1.320 trabajadoras industriales informan acerca de su vida (1932).

Con un pie en las fábricas y el otro en la generación de conocimiento, “los debates de los movimientos feministas y obreros se reflejaban en las problemáticas abordadas en las investigaciones y, a la inversa, los resultados de los estudios académicos debían ser de utilidad para la política”, consigna Duma. Uno de sus principales trabajos fue Estudios sobre autoridad y familia, un proyecto colectivo del IfS donde Leichter desarrolló cuestionarios y redactó los primeros resultados. En el texto final, publicado por Horkheimer, la autora solo es mencionada en el cuerpo de texto en los capítulos.

En 1937 finalizó su colaboración con el IfS cuando el avance del nazismo ya era demasiado peligroso para una mujer como ella. Cuando muchos ya estaban en el exilio, ella permaneció en Austria y, tras formar parte de la resistencia, fue detenida. Algunas sobrevivientes que compartieron encierro con ella en el campo de concentración de Ravensbrück aseguraron que, incluso en el encierro, continuó con su trabajo político e investigativo. Leichter fue asesinada entre finales de 1941 y comienzos de 1942 en el Sanatorio y Centro de Salud Mental de Bernburg.

Investigadoras ‘multitasking’

Horkheimer, Adorno, Habermas… “Tres o cinco genios que a veces se sentaban con cigarrillos y whisky y hablaban de sus ideas filosóficas”, retrata Speck. “No se trata de quitarle mérito a su trabajo”, aclara Gago, quien no niega que sus obras son impresionantes. Sin embargo, ella critica “la construcción de una historia androcéntrica, que recorta esas figuras masculinas y deja en la sombra y como subalternas a quienes hicieron posible que esos genios escribieran, pensaran, investigaran y publicaran”.

Ellas, en cambio, eran lo que hoy se llamaría multitasking. Gago destaca que estas mujeres “combinaron trabajo empírico, reflexión teórica, agitación política y militancia”. Considera que eran unas desobedientes. “Había una desconexión en los años 60 entre las figuras más conocidas del IfS (los hombres) y los movimientos sociales”. Ahora se sabe, a través del trabajo de algunas de las investigadoras, que ellas sí tenían vínculo con los grupos feministas de esa época.

Speck habla de tres investigadoras que pasaron por el IfS y, tras su salida, formaron parte de la vanguardia de la teoría de género: Mirra Komarovsky, Helge Pross y Regina Becker-Schmidt. Verónica Gago añade: “Se dejaron de lado algunas búsquedas que tienen que ver con la perspectiva feminista y materialista, que hoy se están recuperando y actualizando”.

En España el libro ha generado expectación. “Si no hay periferia, el centro no existiría. Sin todo el trabajo a la sombra, no hubiera habido tradición como tal”, apunta Lorena Acosta, profesora de la sección de Filosofía de la Universidad de La Laguna (Tenerife) quien, junto a su colega Chaxiraxi Escuela desarrolla un seminario sobre autores en la periferia de la Teoría Crítica donde caben estas mujeres desconocidas. A través de una videollamada, las académicas celebran el interés de sus alumnos en estas nuevas figuras: “A la mayoría no las conocían. Es sorprendente como muchas de esas figuras han pasado totalmente desapercibidas y yo creo que habrá ese mismo entusiasmo con la traducción de este libro al español”, dice Escuela.

José Manuel Romero, profesor del departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá, cree que la investigación va a tener un impacto importante en los estudios sobre esta corriente de pensamiento. El académico asegura que en la historiografía oficial y no oficial del Instituto solo sobresalen figuras masculinas. “Es cierto que Horkheimer y Adorno realizaron una crítica, que pretendió ser radical, de la sociedad moderna y de la propia civilización occidental, pero mantuvieron dentro y fuera de la academia hábitos más bien propios de señores burgueses, y parece que en el ámbito del Instituto tendieron a reproducir las estructuras patriarcales de la época”.

La nueva publicación es parte de una amplia ola de revisión feminista más allá de la filosofía. En la Bauhaus surgieron los nombres de Anni Albers, Gunta Stölzl o Marianne Brandt; Hilma af Klint en la pintura abstracta y Leonora Carrington, Remedios Varo o Dorothea Tanning en el surrealismo. También la ciencia, la literatura y otras disciplinas trabajan para sacar a la luz a muchas mujeres que, hasta hoy, estuvieron en la sombra de la historia intelectual del siglo XX.

domingo, 28 de diciembre de 2025

"EL ÁNGEL DEL HOGAR ERA UNA ESCLAVA". El País

Circula por las redes, siempre en tono de chanza, más de un documento con los que el régimen franquista aleccionaba a las mujeres sobre su comportamiento en el hogar. Esos que instruían sobre artes culinarias, estética, sumisos modales, delicadeza, cuidado de los hijos, paciencia con el marido, intachable moral cristiana, generosidad, sacrificio, bla, bla, bla. Pero conviene tener en cuenta aquella siembra para que no sorprendan algunos frutos de la recolección actual.

El Fuero del Trabajo de 1938 obligaba a despedir a las mujeres de ciertos empleos cuando contraían matrimonio. Tiene que sonarles, es de antes de ayer, se lo habrán oído a sus abuelas. Pues bien, posteriores legislaciones hundieron aún más el empleo femenino al conceder subsidios y prestaciones a las familias en las que la esposa permanecía en casa, poniendo fin a la protección de la maternidad, que en España se contemplaba desde 1931. ¿Subsidios por quedarse en casa? Esto sí que suena… muy reciente… “Las familias alemanas que cuiden a sus hijos en casa sin recurrir a guarderías u otros servicios públicos obtendrán un subsidio estatal a partir de 2013. El año que viene será de 100 euros mensuales por cada hijo de entre 13 y 24 meses”, contaba Juan Gómez, corresponsal de EL PAÍS en Berlín, hace cuatro días. Donde pone familias pongan mujeres y no habrán errado el tiro. Dirán que eso es Alemania y poca influencia habrá tenido el nacionalcatolicismo español en dicha medida. Y ahí sí se equivocarán, porque no hay más globalidad que lo que atañe a discriminaciones de género. Las mujeres, en todos los países, han tenido su ineludible catecismo de buenas costumbres y su libertad embridada en alguna época, que todavía es, también en Alemania, antes de ayer.

Enseñando a señoritas y sirvientas, el libro que Matilde Peinado Rodríguez acaba de publicar en Catarata, mueve a la risa –cómo no va a hacerlo- cuando reproduce algunas de aquellas lapidarias lecciones: “Nada complace tanto a la psicología masculina como la sumisión de la mujer, y nada complace tanto a la psicología femenina como la entrega sumisa a la autoridad masculina”, decía Pilar Primo de Rivera, inagotable fuente de humor. Entonemos un ja en su memoria. Relajada la mandíbula, veamos como no faltan ocasiones hoy en día para apretarla.

Porque ahí está la gran valía del libro mencionado, que señala el camino que han seguido esas enseñanzas hasta llegar a la actualidad. Peinado Rodríguez demuestra cómo algunas actuaciones domésticas o ciertas políticas públicas, antes de calificarse de sensatas o insensatas, ocurrencias o meditadas reflexiones, son, desde luego, el pegajoso fruto de aquella siembra.

Y a cambio de qué trabajaban estas mujeres. “Por un jornal semejante al que ganaban los niños y muchachos, la mitad más o menos de lo que ganaba el hombre”, cita Peinado Rodríguez en su libro. Esos ecos llegan a nuestros días, mitigados, puede, pero correosos. A igual desempeño muchas mujeres cobran menos que sus compañeros. En las empresas se hace con guante blanco y subterfugios varios (unos ascienden y otros no y todos hacen lo mismo, por ejemplo), pero entre el campesinado y otras tareas manuales aún se encuentran casos flagrantes. Y cuando se pregunta por esto en los institutos aún algunos estudiantes lo ven bien. Tantos años de moral torcida no iban a caer en saco roto.

La deshonra de que una mujer tuviera que trabajar de casada caía también sobre el marido (en las clases medias, claro, porque en las bajas ni se cuestionaba). Esta ideología, que todavía tiene su estela en la actualidad, “era tremendamente útil a los intereses del Estado, que solo de esta forma pudo mantener bajas tasas de desempleo”.

Ay, el ángel del hogar. Ni para morirse podía abandonar su sagrada tarea de la casa. Miren esta inscripción de 1884 en una lápida del cementerio de Montjuic: “Tan buena esposa como cariñosa e inteligente madre, viviendo exclusivamente la vida del hogar y sin dejar más huellas en el mundo que la de su virtud, le abandonó la existencia cuando esta era más necesaria para la dicha de su esposo y el cuidado de sus hijos”. Cachis, qué inoportuna. ¿Y creen que esto no ha llegado a nuestros días? Esquela del Abc de un día cualquiera de febrero de 2012: “En su maravilloso empeño de esposa, madre, abuela y bisabuela, al constante servicio de una extensa familia, fue encantadora y exigente, un ejemplo de amor y dedicación para todos, con cristiana sensibilidad…”.

Decía aquel manual de Pilar Almansa Martínez de 1942 titulado Lecciones para la formación de las instructoras del hogar, que los tres fines de la niña o mujer son: el fin natural (hija, esposa y madre), fin histórico (criar hijos, educarlos y ejercer un oficio: magisterio, sanidad y artesanía preferentemente) y fin sobrenatural. Este último no se explica, ni yo lo comprendo. Pero viendo esas lápidas y esquelas de Montjuic y el Abc…

sábado, 23 de agosto de 2025

"MI ABUELA 'CROSFITERA'". Najat El Hachmi, El País 01 AGO 2025

Observo a esos hombres jóvenes cargando como Sísifo con mancuernas y pesas rusas y no puedo evitar acordarme de la pobre Mimount y sus cántaros de agua dulce

Si hubiera podo acceder a uno de los muchos gimnasios que pueblan nuestras modernas ciudades occidentales, mi abuela no entendería a qué viene tanto sudor, tanto sofoco y todos esos exagerados resoplidos que sueltan los jóvenes de músculo atrofiado al levantar pesos que a ella le parecerían de lo más livianos. Y no porque fuera especialmente forzuda, era una mujer normal en un mundo rural sin ayudas para nada, ni cochecitos para transportar criaturas ni lavadoras. En la aldea las máquinas eran ellas.

Observo yo a esos hombres jóvenes (y cada vez más mujeres) cargando como Sísifo con barras y enormes pelotas negras, mancuernas y pesas rusas, y no puedo evitar acordarme de la pobre Mimount. Toda su vida estuvo trayendo el “agua dulce” en un cántaro cuya forma esférica me fascinaba de pequeña. Casi tanto como los vientres hinchados de las mujeres embarazadas. ¿Cuánto pesaría el botijo fresco del que bebíamos todos? ¿De qué materia resistente estaba hecha la madre de mi padre para ir y venir por el largo camino a la fuente así cargada, tantas veces a lo largo de toda su vida? Cuando no era el cántaro, era el hatillo de ropa húmeda lavada en el río, el enorme bulto de ramillas para el fuego, estampa que quedaría en el ojo del extranjero como símbolo del sometimiento de las moras a esos hombres que las dejaban ocuparse de las más arduas tareas. Y es que en mi cultura de origen, patriarcal y rural, se transmitieron toda suerte de valores sobre lo que eran o tenían que ser las mujeres, pero por lo menos nos ahorraron ese tan victoriano que vinculaba feminidad con falta de fuerza física, con fragilidad y delicadeza, incluso pequeñez y delgadez. Quién sabe si la promoción del modelo anoréxico de belleza no tenga su origen en esa idea romántica de la damisela pálida a punto siempre de desfallecer. Una imagen que habría sido desmontada con solo echarle un vistazo a las trabajadoras en fábricas, en minas y el campo de esa Europa decimonónica, y que eran de todo menos debiluchas enclenques.

Todo esto pienso para distraerme mientras cumplo con el imperativo salubrista de pasar un aburrido rato en la elíptica. Voy sin ir a ningún lado mientras mis compañeros de sala siguen cargando pesos inútiles por buscar el estímulo perdido del músculo que antaño servía para ganarse uno el sustento. Mi abuela se reiría de nosotros, los que vamos al gimnasio a sudar y pagamos por ello. No entendería que Sísifo, ya liberado del castigo divino, sufre el dolor de la inactividad y el sedentarismo y ahora lleva la roca para no morir.

miércoles, 13 de marzo de 2024

"Lo que seis periodistas africanas quieren que leas este 8M". Un artículo de El País del 08 MAR 2024

Reporteras de Kenia, Somalia, Senegal, Nigeria, República Democrática del Congo y Mozambique toman la redacción de Planeta Futuro el Día de la Mujer y deciden y escriben los temas que consideran relevantes en este día

En Planeta Futuro tratamos de poner el altavoz donde creemos que es más necesario. En este 8M pensamos que debía estar en las mujeres africanas, a menudo alejadas del foco informativo. Por eso hemos pedido a periodistas de distintos puntos del continente que se conviertan en editoras por un día de la sección. Han tenido barra libre para decidir cómo y sobre qué o quién escriben. Han expuesto sus temas en la reunión de primera de este diario y se han hecho cargo de nuestra newsletter semanal. La ilustración que acompaña este especial, en la que aparecen protagonistas de los reportajes, también la firma una ilustradora africana: Safara Wanjagi, keniana autora de collages como estos otros.

Las periodistas africanas han tomado la palabra este 8M y este es el resultado de su mirada a una realidad que conocen bien:

Píldoras falsas e inyecciones de agua en vez de anticonceptivos en Kenia

Claret Adhiambo escribe sobre el problema con los anticonceptivos en Kenia: con los hospitales con problemas de suministro y multitud de tabúes, algunas mujeres del barrio informal de Mathare acaban recurriendo a píldoras ilegales que son peligrosas y poco efectivas. Un testimonio del reportaje es de una veinteañera que se quedó embarazada después de que le inyectasen con un supuesto anticonceptivo. Era agua.

Hinda Abdi Mohamoud es la subdirectora de Bilan Media, un medio de comunicación rompedor en Somalia en el que solo trabajan informadoras. Ella, como representante de Bilan, ha elegido contar la historia de otra periodista que es su inspiración: Aisha Subeir, camarógrafa y fotógrafa somalí de 23 años, que empezó grabando con el móvil y que, pese a tener que aguantar comentarios machistas (y hasta pedradas), ahora sueña con formar a otras mujeres en una profesión dominada por hombres. La autora del reportaje es Farhio Mohamed Hussein.

Borso Tall eligió un sistema de préstamos entre mujeres como la historia que destacar este 8M. El tontine puede ser una tabla de salvación para mujeres en un país políticamente convulso y con grave precariedad laboral. Marieme, que trabaja como limpiadora, pone 1000 CFA cada semana, de su sueldo de 50.000 al mes, en uno de estos grupos. Los ahorros ayudan a emprender negocios, a pagar viajes en autobús o, simplemente, a llegar a fin de mes.

Ruona Meyer se interesó por la decena escasa de mujeres propietarias de emisoras de radio en Nigeria. Todo para estas emprendedoras es una batalla. A la fundadora de Radio Now 95.3 FM, por ejemplo, le costó más de un año ser aceptada en el grupo de WhatsApp del resto de líderes de la industria. Y, a pesar de ello, estas mujeres consiguen cosas. Especialmente interesante es el caso de Omalicha 91.1 FM y lo que llaman su campaña CUSH (Presiona hasta que suceda algo, por sus siglas en inglés): han conseguido que políticos locales arreglen carreteras o lleven agua potable a comunidades olvidadas. En un país en el que los periodistas sufren de presión y represión, las pequeñas batallas también importan.

Antes, cuando tenía la regla, me encerraba en casa y detestaba ser mujer”, cuenta una de las adolescentes entrevistadas en esta historia de Douce Namwezi. Pero algo está cambiando entre las chicas de seis escuelas de la República Democrática del Congo, donde una organización local ha creado clubes de mujeres para que las alumnas hablen en confianza de salud sexual, higiene íntima y otros temas que les preocupan. La iniciativa, además, ha comenzado a reducir el absentismo escolar.

Eva Trindade, periodista televisiva mozambiqueña, quiso reflexionar sobre el largo recorrido de las activistas por los derechos de la mujer en su país. Pero quiso mirar también al camino que queda, en lo legal y lo social. Mozambique enfrenta graves problemas de violencia de género y tiene una de las tasas de matrimonio infantil más altas del mundo, a pesar de una ley que lo prohíbe desde 2019. Mucho por recorrer.

lunes, 20 de junio de 2022

Kahina Bahloul, la primera mujer imam de Francia: “Quiero ser buena musulmana y también libre, por eso no llevo velo”. Por Sandra Vicente, elDiario.es, 11 de junio de 2022

Islamóloga y jurista, es fundadora de la mezquita de Fátima, un templo itinerante abierto a mujeres y hombres de cualquier credo y religión que pretende luchar contra las imposiciones del fundamentalismo

Las palabras y afirmaciones de Kahina Bahloul son contundentes, pero serenas. Haber estudiado durante años las escrituras sagradas del islam le profiere seguridad para defender sus postulados, pero sin excluir la duda o el desacuerdo de su interlocutor. Se mueve por la sala como si flotara, alta como es, envuelta en un largo vestido que le llega a los pies. Su rostro es poco expresivo, pero nada frío. Su gesto es acogedor, calmado. El mismo que se podría esperar de una ministra espiritual, porque lo es.

Lo que más podría sorprender a un ojo occidental poco versado en la cultura islámica es que no lleva velo. Pero, a pesar de eso, no sólo es musulmana practicante sino que, además, es la primera mujer que se ha erigido como imam en Francia. Ha creado su propia congregación, bajo el nombre de mezquita de Fátima, un lugar de culto que acepta a mujeres y hombres por igual, sean musulmanes, judíos, cristianos o agnósticos, y los invita a compartir “la espiritualidad en un lugar que suprime las fronteras y discriminaciones patriarcales”.

Bahloul dirige la oración ante su congregación alternándose con un hombre, el filósofo Faker Korchane, en consonancia con el postulado sufí que considera que hombres y mujeres se complementan, siempre desde la igualdad y la justicia. “Las mujeres tenemos que tomar la palabra y romper el monopolio que tienen los hombres sobre la religión y el poder”, asegura Bahloul. “Tenemos que estar ahí, al frente, pero tiene que ser junto a los hombres, para recuperar el equilibro que hemos perdido”.

Esta jurista e islamóloga tiene una visión propia del islam, trabajada a través de años de estudio del Corán y que explica en su libro Mi islam, mi libertad (La Llave, 2022). Esta investigación la lleva en un viaje a través de la historia de la espiritualidad musulmana, pero también a través del patriarcado que la impregnó. “La religión es una forma de poder y, como tal, los hombres han tenido la necesidad de apropiársela. Para ello, han tergiversado la interpretación de los textos, cambiando la masculinidad tranquila por un virilismo violento, que reprime con fuerza cualquier cosa que amenace su hegemonía”.

Con estas palabras, la islamóloga se remite principalmente a Ayatolá Jomeini, líder de la Revolución Islámica que se prendió el mismo año que Bahloul llegó al mundo, un 1979 que cambiaría el curso de la historia del islam. “Jomeini es el ejemplo de virilismo, de cómo los hombres han instrumentalizado el Corán para recluir a las mujeres a través del miedo. Para imponer su poder en nombre de un dios”, explica Bahloul, con un evidente pesar en el rostro, a sabiendas de que, desde su nacimiento tendría que batallar por ser mujer, musulmana y libre.

Creciendo entre bombas

Kahina Bahloul nació en París en 1979, pero a los pocos años se mudó a la Argelia natal de su padre. Allí se reencontró con sus raíces bereberes y abrazó, junto a sus abuelos y tías, un islam “bello y tranquilo”, que nada tendría que ver con el fundamentalismo que se instalaría poco después. Bahloul llegó a conocer la Argelia de las minifaldas y las melenas al aire, pero creció en la Argelia de los hiyabs y el terrorismo.

“Cuando vi que se podían cometer crímenes y asesinatos en nombre de Alá, me alejé de la religión. Como niña, no comprendía que era una instrumentalización política. Y, como mujer, sentía que esa violencia me interpelaba directamente”, recuerda Bahloul. Pero con el paso de los años, decidió no rendirse al fundamentalismo y recuperar el islam que le había enseñado su abuelo, allá en la Cabilia argelina.

Así que se hizo defensora del islam liberal, que “tiene la misión de releer los textos sagrados, teniendo en cuenta los retos del mundo contemporáneo, y huir de la esclerosis de aquellos que nos remiten a interpretaciones de la edad media”, dice. Remitiéndose a las escrituras, Bahloul descubrió un islam no impositivo, que no reduce a las mujeres al hogar y que, por contra, les abre las puertas de las mezquitas.

Así, esta jurista se sumó a una lista de imames mujeres más larga de lo que podría parecer, pero todavía escueta, y fundó la mezquita de Fátima para agrado de muchos, pero también contrariando a otros tantos. De hecho, convertirse en guía espiritual le ha valido ser la diana de amenazas de muerte por parte del integrismo islámico. Para evitar posibles ataques, la mezquita es un lugar de culto itinerante, que se va encontrando en casas particulares, en locales cedidos e, incluso, en una parroquia católica.

Pero, a pesar de que su nombre esté en la mira, al igual que Francia está en el epicentro del terrorismo en Europa, Kahia Bahloul quita hierro al asunto, con una sonrisa ambigua que recuerda a la de la Mona Lisa. “Quienes me amenazan son gente joven que se toman por salvadores del islam patriarcal y tradicional”, asegura. “Pero se ponen detrás de una pantalla porque son cobardes y, por eso, no me preocupan”.

Lo que se esconde tras el velo

La función de un(a) imam no es sólo dirigir la oración, sino también brindar consejo espiritual a sus acólitos. Y a Bahloul le llegan dudas de todo tipo, que se cuestionan aspectos aparentemente sin sentido, pero que son la base del conservadurismo del islam (y de cualquier religión). “Me preguntan mucho sobre el matrimonio mixto. Muchas mujeres quieren entender por qué no tienen derecho, según la lectura tradicional del islam, a casare con un no musulmán”.

La tríada de monoteísmos (islam, judaísmo y cristianismo) es algo que “rasga por dentro” a Bahloul, puesto que su familia paterna es musulmana, su madre es católica y su abuela judía. Las tres grandes prácticas están en su forma de entender la espiritualidad y, precisamente por eso, esta imam antepone su libertad a su religión. Esta es una elección que ha tenido que enfrentar repetidas veces durante su vida, como mujer musulmana. La primera de ellas, relativa al velo.

“El virilismo ha impuesto el velo y ha creado una fantasía alrededor del cuerpo de la mujer, que debe ser escondido. Y nos dijo que, para ser buenas musulmanas, debíamos taparnos. Yo quería ser buena musulmana, pero también libre, por eso no llevo velo y decidí que nunca lo llevaría”, dice, profiriendo una de las pocas risas que se le escuchan, mientras se atusa la melena. Pero, tal como recuerda Bahloul, el velo no es algo único del islam, aunque el fundamentalismo así lo quiera hacer creer. “En Europa, las mujeres llevaban velo, y no por cuestiones necesariamente religiosas”, recuerda.

De hecho, originalmente el hiyab era una prenda que portaban las mujeres para significar que eran de casa noble. Tanto es así, que las mujeres esclavas iban con el torso descubierto. “Y, aún así, podían rezar sin que eso las convirtiera en malas musulmanas, según se cuenta en el Corán”, explica Bahloul. “Si ellas podían orar con los pechos al aire, nosotras podemos hacerlo con la cabeza descubierta”, resume.

Esa es una opción del empoderamiento femenino dentro del islam. La otra es portar el hiyab, pero resignificándolo. “Llevar el velo es una elección según el Corán, así que respeto a aquellas mujeres que lo usan libremente. Pero lo que sí me enerva es que haya quien hace del velo su identidad”, expresa la jurista. “La religión es una opción espiritual, que forma parte de ti, pero no te determina”, dice Bahloul.

Ahí radica la crítica que hace esta islamóloga del fundamentalismo, quien ve los textos sagrados como una guía espiritual, no una lista de requisitos y obligaciones. “Es una ayuda para buscar el bien común, la justicia y elevar el ser humano a algo superior. Por ello, creo que el Corán puede ser la mejor herramienta para luchar contra el patriarcado, siempre que las mujeres estemos dispuestas a usarlo como tal”, resume Bahloul.

lunes, 21 de febrero de 2022

"CADENAS GLOBALES DE CUIDADO". Amaia Orozco

La conformación de las cadenas globales de cuidados es uno de los fenómenos más paradigmáticos del actual proceso de feminización de las migraciones en el contexto de la globalización y a transformación de los estados del bienestar. Es más, podríamos decir que las cadenas globales de cuidados son una localización estratégica, en el sentido que define Saskia Sassen; es decir, un aspecto estratégico “de la investigación para examinar la dinámica organizadora de la globalización y para empezar a esclarecer cómo opera la dimensión de género” (Sassen, 2005: 69). Son, por tanto, un valioso posicionamiento desde el que debatir la interrelación entre la migración y el desarrollo.

Las cadenas globales de cuidados son cadenas de dimensiones transnacionales que se conforman con el objetivo de sostener cotidianamente la vida, y en las que los hogares se transfieren trabajos de cuidados de unos a otros en base a ejes de poder, entre los que cabe destacar el género, la etnia, la clase social, y el lugar de procedencia. En su versión más simple, una cadena podría conformarse por, por ejemplo, una familia española que ha decidido contratar a una mujer dominicana para hacerse cargo del abuelo, que necesita asistencia constante. En un principio pensaron que una de las nueras podría asumir esa tarea, dejando el empleo al que se incorporó cuando sus hijos crecieron y se marcharon de casa. Sin embargo, ella no quería volver a ejercer funciones de cuidadora a tiempo completo. Además, vieron que contratar a una migrante entre todos los hijos no salía tan caro. La mujer contratada, a su vez, ha migrado para asegurar unos ingresos suficientes a su familia, y ha dejado a sus hijos en el país de origen, a cargo de su madre. Este ejemplo sumamente sencillo nos permite resaltar algunos componentes esenciales de las cadenas. CONTINUAR LEYENDO


"EL PENSAMIENTO VIVO DE AVERROES". Juan José Tamayo

Santo Tomás de Aquino confunde a Averroes', de Giovanni di Paolo (1445-1450) Andrés Martínez Lorca reivindica con maestría narrativa, ri...