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lunes, 11 de mayo de 2026

"LA HORA POSTRERA". Juan José Millás, El País

Me pregunto si todos los yoes que soy fallecerán de golpe, como en un apagón global, o según algún orden

El caso es que, si lo pienso, no he disfrutado nunca de un yo estable. Digamos que he fabricado uno para cada situación. Erijo yoes a cien por hora. Mi yo es un fijo discontinuo, un eventual, un becario sin sueldo, un falso autónomo… Cuando pienso en mi vida, veo un archipiélago de yoes que no se comunican entre sí. Un yo fragmentado, si lo prefieren, hecho pedazos como un espejo roto en mil pedazos. Estoy en todos esos trozos del espejo y en ninguno. Por eso necesito tanto amor, porque el amor funciona a modo de aglomerante de esa naturaleza atomizada. Está el yo que come, el yo que duerme, el yo que mea (con dificultades, por una próstata insurrecta), el yo que va al cine, el que sale del cine, el que lee y deslee, el que es padre, el que fue hijo… Ya no soy hijo porque mis padres murieron, así que dispongo también de un yo huérfano, que vive en la cafetería del tanatorio, y al que acompaño en el sentimiento.

Cuando entro en una farmacia, aparece un yo particular que pronuncia con precisión los nombres de los medicamentos y asiente, sumiso, a cuanto le dice el farmacéutico (o la farmacéutica, puto genérico con discapacidad). En cambio, en una librería me sale un yo más insolente, un yo con un complejo de inferioridad que la insolencia trata de ocultar. El yo de la farmacia ignora al de la librería del mismo modo que el de los funerales ignora al de las bodas.

Me pregunto si todos esos yoes fallecerán de golpe, como en un apagón global, o atendiendo a alguna clase de orden. ¿A cuál de ellos le tocará hacerse cargo de mi último suspiro? Dispongo yoes discretos que apenas han tenido ocasión de manifestarse. Quizá en esa hora postrera pidan el protagonismo que se les ha negado en vida. Tal vez todos seamos no un yo roto, sino una multitud mal avenida de yoes que, de vez en cuando, logran firmar un convenio de colaboración. Y a ese acuerdo provisional es a lo llamamos, con cierta soberbia, identidad.

martes, 1 de julio de 2025

"EL BULTO EN LA INGLE". Juan José Millás, El País

¿A quién rayos se le ocurriría la idea del yo? Ser yo todo el rato es como una condena a cadena perpetua

Entré en casa, arrojé las llaves sobre el mueble del recibidor y grité:

—¡Hola!

—¿Eres tú?—, preguntó mi mujer.

—Sí—, corroboré.

Y ahí es donde me di cuenta de lo agotador que era ser yo. ¿Por qué no podía ser Javier Bardem?, por poner un ejemplo. No digo para siempre, digo para un rato. Que hubiera podido contestar a mi mujer:

—Sí, soy yo. Bardem.

Y que a ella le hubiera parecido normal. Quien dice Javier Bardem dice Marta Ortega, o Penélope Cruz.


¿Qué necesidad tenía yo de ser yo? Y de serlo toda la vida, porque llevo toda la vida siendo yo lo mismo que usted lleva toda la vida siendo usted. ¿Quién nos manda ser yo? ¿Qué necesidad tenemos de ser yo todo el rato? Ser yo todo el rato es como una condena a cadena perpetua. Como vivir en una habitación con una ventana única que da siempre al mismo paisaje interior, de donde sale un olor a coles hervidas. ¿A quién rayos se le ocurriría la idea del yo? A lo mejor no se le ocurrió a nadie, sino que un tipo descubrió el yo dentro de sí, como el que se descubre un bulto en la ingle, y no pudo evitar enseñárselo, asustado, al resto de la tribu. El bulto, que era el resultado de una infección muy contagiosa, se transmitió, y al poco todo el mundo tenía un yo que a veces se inflamaba dando lugar a situaciones difíciles. De modo que nuestro ancestro prehistórico entraba en la cueva y gritaba:

—¡Hola!

—¿Eres tú?—, preguntaba su cónyuge.

—Sí—, respondía él dando por supuesto que ella era ella porque, indefectiblemente, ella era ella como él era él. Ahí comenzó a desarrollarse algo muy enfermizo porque entre el yo y el tú deberíamos haber inventado un pronombre intermedio, que a mí me permitiera ser un poco tú y a ti un poco yo, en vez de funcionar como compartimentos estancos: yo aquí y tú ahí, separados por un muro gramatical. Que fluyéramos, en fin, porque no hay cosa que huela peor que un yo estancado.

"CUCARACHAS PARA LOS BUITRES". Antonio Maestre, elDiario.es

Mari Carmen nos ha enseñado que funciona la presión social. Que si conocemos el nombre de los buitres que se esconden tras un fondo, sicav o...