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jueves, 20 de agosto de 2026

"LA DELINCUENCIA NO TIENE NACIONALIDAD, SOLO CIRCUNSTANCIAS". Carmen Morán Breña, El País

Un estudio de la Universidad Carlos III rebaja la brecha de delincuencia entre extranjeros y españoles un 48% y muestra sustanciales diferencias por países

El uso político de la inmigración deja a menudo frases incriminatorias de alto calado que acusan a los extranjeros de violaciones o abusos contra las mujeres, de homicidios, robos y fraudes que han solidificado la idea tabernaria que identifica al extranjero con un delincuente. ¿Con qué datos, con qué pruebas? Jesús Sánchez Barricarte, sociólogo de la Universidad Carlos III, ha invertido unos años en analizar 5,6 millones de sentencias condenatorias dictadas entre 2007 y 2023 y, tras estandarizar los datos, es decir, comparar entre españoles y extranjeros pero de las mismas edades y sexos, encuentra que la brecha delincuencial entre unos y otros se reduce en un 48%. Los extranjeros cometen 1.294 delitos por cada 100.000 habitantes y los españoles 675. Si la tasa delincuencial de los extranjeros era 2,7 veces la de los españoles, al estandarizar los datos resulta solo 1,9. Aun así, esa diferencia entre ambos hay que buscarla en otros factores, dado que hay países de procedencia con cifras muy por debajo de las nacionales. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 9 de diciembre de 2023

"MÁS ESTADO SOCIAL Y MENOS ESTADO PENAL". Un artículo del magistrado Joaquim Boscho publicado en elDiario.es el 3 de febrero de 2023

Resulta cuestionable que sectores gubernamentales y una parte de sus bases defiendan la premisa desatinada del punitivismo encarnizado. Eso implica suscribir el marco que buscan imponer los discursos ultraconservadores, que siempre enarbolan la bandera de la venganza institucional

Cuando en un debate se parte de premisas falsas, sus conclusiones nunca pueden resolver el problema, igual que no podremos abrocharnos bien la camisa si nos equivocamos con el primer botón. Eso es lo que ocurre con la desenfocada discusión actual sobre las penas de la llamada ley del solo sí es sí. La crispación colectiva tampoco es un escenario idóneo para deliberar sobre cuestiones complejas, porque la ofuscación suele causar ceguera mental.

La premisa errónea en esta polémica es que habrá menos delincuencia si endurecemos más las penas. Se trata de un axioma abiertamente falso. En las sociedades democráticas sucede todo lo contrario. Los países que aplican penas muy duras y escasa intervención social presentan niveles de delincuencia muy elevados, como ocurre en Estados Unidos. Al contrario, las democracias más avanzadas cuentan con penas proporcionadas, más bajas que las españolas, como sucede en Dinamarca: sus niveles de criminalidad son muy inferiores, porque saben que lo más relevante no son las penas, sino los mecanismos de acción social. Está mucho más segura contra las agresiones sexuales una mujer danesa (con castigos menos duros) que una norteamericana (con un sistema penal durísimo, que incluye la pena de muerte).

Otra de las premisas falaces es que los delitos se deben exclusivamente a la maldad de los autores y por eso merecen una severa venganza institucional. Si eso fuera cierto, habría la misma incidencia porcentual de delitos en todos los países, salvo que pensemos que los estadounidenses son más malvados genéticamente que los daneses. La realidad nos muestra que el delito es un producto social. Las diferencias pueden ser notables entre distintos estados, porque el fenómeno de la delincuencia está muy relacionado con las concepciones sociales y con las condiciones de vida. Solo hay que visitar el patio de cualquier prisión española para constatar de qué estrato social son la inmensa mayoría de las personas condenadas. Por ello, la delincuencia se combate principalmente con medidas distintas a las penales, las cuales actúan como un complemento más. No es casual que la delincuencia sea más baja en países con elevados niveles de igualdad social y, correlativamente, se dispare con una mayor desigualdad.

Además, la reinserción resulta muy necesaria, porque el condenado regresará a la sociedad. Más vale que descartemos leyendas urbanas absurdas, aunque muy extendidas, como la de que los autores de delitos sexuales son seres enfermizos que siempre reinciden y son incurables. Al contrario, los datos reales nos aclaran que la reincidencia en estas infracciones es baja, sobre todo si la comparamos con la del tráfico de drogas o con determinados delitos contra la propiedad. Demasiada gente ha acuñado un estereotipo de agresor sexual: un tipo perturbado que espera a la víctima en un descampado para perpetrar la violación. Esos casos existen, pero las referencias oficiales también evidencian que la gran mayoría de los delitos contra la libertad sexual son cometidos por amigos, vecinos, conocidos, compañeros de trabajo o familiares. Lo que yo veo en mi juzgado coincide plenamente con esos datos. Así pues, para mejorar resultará esencial que modifiquemos las mentalidades y también actuar sobre la marginalidad social que está presente en muchos de estos delitos. CONTINUAR LEYENDO

"HIPÓCRITA HOMENAJE A LA VIRTUD". Aldo Conway, elDiario.es

Carteles de protesta en la primera manifestación por el desahucio de Maricarmen El conservador ha descubierto el placer de saltarse las norm...