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martes, 26 de mayo de 2026

AMADOR FERNÁNDEZ SAVATER: “EL NEOLIBERALISMO ES UNA COLONIZACIÓN DE LA ATENCIÓN, PENSAR IMPLICA LIBERACIÓN”. David Gallardo, infoLibre.es

El activista, editor y 'filósofo pirata' Amador
Fernández-Savater publica 'La batalla del pensamiento'

El filósofo, escritor y activista aborda cuestiones políticas profundas sin grandilocuencia ni consignas, con un tono suave, curioso y algo vulnerable. Hablamos con él de su nuevo ensayo

Vivimos acelerados y atrapados en una tempestad de automatismos que nos mantienen funcionando 24/7 y que, al mismo tiempo, bloquean nuestra capacidad de pensar y, con ella, de responder al malestar de esta época. Un tren en marcha en dirección al final de la vía a no ser que tiremos del freno de emergencia. Eso es lo que propone, entre otras muchas cuestiones, Amador Fernández-Savater (Madrid, 1974) en La batalla del pensamiento (NED Ediciones, 2026): detenernos antes de la catástrofe.

¿Qué es La batalla del pensamiento?

Pensar hoy tiene algo de dificultad, de conflicto, de riesgo, por eso le asocio la palabra batalla. También significa que pensar juntos, inventar los modos de pensar juntos, es lo único que puede crear una bifurcación en los caminos desastrosos que lleva la humanidad.

¿Por eso también pensar es conspirar?

Conspirar significa respirar juntos. Me gusta esa metáfora de vincular el pensamiento a una respiración, con lo pulmonar, frente a una situación que nos asfixia. Y lo hace porque, en principio, no habría más que funcionar, sin nada que pensar, pues es a lo que invita el mundo de muy diversas maneras: a funcionar en el periodismo haciendo muchos artículos sobre cualquier cosa a gran velocidad, a funcionar en la escuela dando programas y contenidos uno detrás de otro, o a funcionar en la política utilizando argumentarios de bueno-malo para luchar contra el otro. Hoy hay un mandato de funcionar en las empresas que están en la gestión, en el rendimiento, en la productividad, por lo que pensar, de alguna manera, es interrumpir ese mandato y abrir un espacio para respirar con otros. No hay simplemente que funcionar, también respiramos y podemos decir algo, pensar algo, crear algo, tomarnos el tiempo.

El tiempo que creemos que no tenemos, porque tenemos que, efectivamente, funcionar.

Los imperativos que hoy mandan, aunque en cada lugar se aterricen de manera distinta, son de rendimiento, productividad y competitividad, algo que también tiene que ver con la aceleración de la vida. Por eso, para mí el pensamiento es hacernos preguntas por lo que nos pasa juntos en la escuela, en torno a la salud, en los barrios en los que vivimos, en nuestra relación con el mundo, con la tierra, con la naturaleza. El pensamiento es una pregunta por el sentido de las cosas, que introduce una interrupción en esa máquina acelerada. Porque al preguntarse uno qué está haciendo en la vida, los sentidos ya no están dados y el imperativo de que todo es rendir, producir, competir o triunfar queda interrumpido, por lo que ahí se abre el tiempo. Para mí, no se trata tanto de ralentizar como de interrumpir, que es una operación más conflictiva. No se trata solo de bajar el ritmo, sino de lograr hacer una grieta en los mecanismos que están forzando el mundo a una aceleración catastrófica.

Por eso la necesidad que plantea de tirar del freno de emergencia.

Exacto. Esa es una imagen muy famosa de Walter Benjamin, que fue el primero que pensó que la revolución tenía que ser un momento de detención radical y no, como se había pensado en el siglo XIX, la locomotora de la historia, que era la idea un poco productivista de la revolución. La idea es que pensar es tirar del freno de emergencia, porque de repente, en lugar de obedecer los mandatos de más velocidad, más rendimiento, más productividad y más competencia, se trata de preguntarnos juntos cuál es el sentido de esto. ¿Qué significa vivir juntos, cuáles son nuestros valores, cómo organizar la vida en común según esos valores? En cada espacio de la vida, un barrio, una escuela, el periodismo, pensar es hacer esa pregunta por el sentido que tiene vivir, porque vivir no tiene sentido de antemano, sino que se va creando.

¿Pensar nos lleva a abandonar el individualismo imperante y pensar en colectivo?

La idea es pensar juntos. El libro propone cómo recuperar esa posibilidad, algo que no es nada fácil, porque para pensar hay que crear antes las condiciones para poder hacerlo. Por eso, no hay pensamiento si los espacios colectivos están desmantelados y los tiempos están acelerados, si no hay posibilidad de encuentro con el otro. Pensar juntos, en primer lugar, es inventar las condiciones materiales para poder pensar juntos. Además, pensar juntos no es lo opuesto ni va en detrimento del pensamiento de cada cual; es decir, se trata de pensar juntos los diferentes, porque cada uno también piensa. Es, digamos, una especie de música que se hace entre lo personal y lo común, no pensar juntos contra el individuo, ni solamente el individuo que piensa solo contra lo común. Es un baile entre lo propio de cada cual, que se pone en relación con el vínculo con los demás puesto que vivimos juntos.

¿Qué es la filosofía pirata?

Es una práctica de la filosofía que se quiere no especializada, al alcance de cualquiera, que no pasa necesariamente por los grandes textos de la filosofía. Es decir, que muchos filósofos, desde Sócrates a Gramsci, han afirmado que todos somos filósofos en tanto que nos preguntamos por el sentido de la vida, que no te viene dado por la sociedad. Filosofar al modo pirata es, digamos, autorizarse a pensar por uno mismo. No solo se piensa en las facultades de filosofía, no solo piensan los que han leído 17.000 libros, no solo piensan los que tienen un acceso a un lenguaje especializado; cada cual puede pensar con los amigos, con los cercanos, a partir de los materiales de la propia vida. Es una relación con la filosofía, pero desde lo que nos importa vitalmente. Frente a la filosofía académica, es un saber puesto al servicio de la vida, pirateado desde otro lado, que se hace sin contemplaciones, sin jerarquías.

¿Se piensa en la escuela? Está también precarizada, automatizada, acelerada, como la vida misma.

La escuela sería uno de esos lugares donde el pensamiento está en juego: aprender a pensar y también pensar lo que es la escuela. En un mundo donde la inteligencia artificial es cada vez más potente, ¿qué sentido tiene la escuela como expendedora de contenidos? Si intentas competir con las máquinas expendedoras de contenidos, pues vas a perder siempre. ¿Cuál es el sentido de la escuela hoy? Si el pensamiento logra encarnarse, hacerse algo común, si se presencializa, se materializa, si tiene un cuerpo, ahí sí que la escuela aporta algo que el modo dominante de inteligencia artificial no podría alcanzar.

¿Leer es una potencia subversiva?

Leer no es necesariamente leer libros, lo intento tomar más en general, como una manera de estar en el mundo, de hacer un esfuerzo de escuchar y crear sentido. Un libro es una herramienta que nos solicita como sujetos, porque tienes que leerlo tú y tienes que juntar una palabra con la otra e inventar sentido, completarlo a veces con la imaginación o la experiencia. Es una actividad que obliga a un esfuerzo, que no todo es así en el mundo de hoy, en el que tenemos relación con dispositivos en los que está todo hecho, tú eres un objeto y no hay un espacio donde moverse, mientras que en el libro tienes que completar lo que se te propone y verificar con la razón si te convence o no. Leer nos hace sujetos distintos a lo que este mundo hace de nosotros, que es consumidores, tertulianos, espectadores u opinadores. Pensar es una actividad subversiva en tanto que hace de nosotros sujetos, individuales o comunitarios, mientras todas las fuerzas de este mundo hacen de nosotros objetos manipulables: los políticos con sus propagandas, los mercados con sus seducciones, las tecnologías con sus automatismos, los saberes dominantes con su autoridad. Por eso, pensar es ser protagonistas de nuestra propia vida entramados con los demás.

¿Pensar nos libera de la rueda del neoliberalismo?

El neoliberalismo es una colonización de la atención, y pensar implica, en primer lugar, una liberación de esa atención, es decir, es construirse un paisaje propio en el mundo de cuáles son tus referencias, coordenadas y criterios. Mientras que hoy todos somos objetos de ese mercado de la atención generado por miles de dispositivos tecnológicos, empresariales y mercantiles que quieren colonizar la atención, pensar suspende esos automatismos y nos hace sujetos capaces de poner atención en otras cosas o en algo que todavía no ha sido creado. Podría haber muchos modos de enfocarlo, pero en tanto que es una liberación, una batalla, una suspensión de la colonización de la atención, podríamos decir que pensar es conflictivo con la dinámica del neoliberalismo.

Sin todos estos dispositivos tecnológicos, antes teníamos más espacio para la imaginación.

Hay muchísimas máquinas produciendo por todas partes 'respuestas tapón', en las pantallas, en lo político, en lo tecnológico, en lo cultural, y por eso la sensación de asfixia. La lectura, el pensamiento y la imaginación son liberaciones de la atención, son formas de hacer un lugar 'no lleno' donde poder imaginar, pensar o atender a otras cosas frente a esa multitud de 'respuestas tapón' de qué es ser feliz, qué es el amor, qué es una vida buena... y el mercado dice todo el rato 'compra la mía'. La batalla del pensamiento es suspender, interrumpir, hacer paréntesis en todas esas 'respuestas tapón', y en ese espacio que se despeja, poder pensar, decir, sentir y crear algo por nosotros mismos. Eso tiene un punto de revolucionario a todos los niveles, desde el personal hasta lo político.

¿Qué le gustaría que pensara el lector de este libro?

Es un libro que puede acompañarte porque no se cierra. Me gustaría que este libro suscite una respuesta del lector que no sea simplemente acatar lo escrito, sino inventar algo a partir de eso. Espero que este libro, de alguna manera, haga sentir que en la batalla del pensamiento se juega nuestra existencia colectiva, porque si no se tira del freno de emergencia el tren va hacia el muro. Eso es literalmente así hoy, con todas las amenazas catastróficas que están ya ahí. Porque una vida sin pensamiento es una vida que repite lo que otros han pensado: cómo hay que ser feliz, cómo tiene que ser tu cuerpo, cómo tienen que ser tus relaciones, cómo tienes una vida plena, qué significa estar vivos, qué significa el amor. Pensar tiene que ver no solamente con saber más o menos cosas, sino con la plenitud de la vida que se lleva. Si se piensa, esa vida puede ser creadora de nuevos sentidos; si no se piensa, esa vida será repetidora de los ya impuestos y, en tanto que repetidora, siempre triste, porque estás viviendo la vida que otros pensaron, decidieron y diseñaron, y a ti nunca te va a encajar el traje que otros hicieron. Por eso, ya Platón dice en el mito de la caverna que no pensar nos condena no solamente a ser ignorantes, sino también a una vida mala, tonta, repetitiva, a una vida en la que nuestro cuerpo y nuestra mente están repitiendo cosas que otros pensaron y dijeron.

viernes, 6 de marzo de 2026

"Laurence Joseph, psicoanalista: “Callarse, a veces, significa aprender a escuchar y eso es algo raro en la sociedad actual”. Entrevista realizada por Enrique Alpañés, El País

La autora francesa publica ‘Nuestros silencios’, un ensayo en el que reflexiona sobre secretos, violencias y ‘omertá’
Igual que hay muchos tipos de ruidos, hay también distintos tipos de silencios. Algunos pueden servir para proteger a la víctima o para encubrir al verdugo. Pueden enquistarse y hacerse bola cuando envuelven un vergonzoso secreto. Pueden ser silencios cómplices o una siniestra omertá. En la sociedad hiperconectada y ruidosa en la que vivimos, a veces el silencio se convierte en un bien de lujo. Cristales insonorizados, cascos con cancelación de ruido, retiros para meditar... Aunque el silencio puede ser también una especie de intemperie, un lugar inmenso y desprotegido para quien no tiene a nadie con quien hablar. De todo esto habla Laurence Joseph (Le Mans, 1980) en su libro Nuestros silencios, por qué callamos (Gatopardo, 2026).

Joseph trabaja con silencios. Es psicóloga clínica y psicoanalista y, como explica en su libro, solo ante el mutismo de su interlocutor puede una persona empezar a contarse. Se llama escucha silenciosa. Aprender a callar en provecho del otro, con el propósito de que pueda explorar y explotar su discurso. “Callarse, a veces, significa aprender a escuchar, y eso es algo bastante raro en la sociedad actual”, explica la autora en videollamada desde su casa de París. Ella escribió este libro basándose en su experiencia de más de 20 años en consulta. Pero no es una simple recopilación de casos clínicos. Joseph recurre a la mitología, la literatura y la filosofía para trazar una cartografía de nuestros silencios individuales y colectivos.

La autora arranca explicando los silencios más duros e incómodos que ha vivido en su consulta. “He tenido muchos pacientes, especialmente niños, víctimas de incesto o violencia sexual, así que es evidente que hay un aspecto del silencio que rodea a niños, adolescentes y mujeres, que se debe a la imposibilidad de escucharlos”, reflexiona. Pero cree que algo está cambiando. Cita como prueba varios éxitos literarios recientes, especialmente El Consentimiento, donde la editora Vanessa Springora cuenta la relación que mantuvo a los 14 años con un escritor de 50, Gabriel Matzneff, y el silencio y hasta la connivencia social con un pederasta celebrado en el mundo de las letras hasta hace muy poco.

“Creo firmemente en el poder del ejemplo para permitir que las personas se expresen, la narrativa de la vergüenza hace posible que pasen cosas”, señala. “El hecho de que figuras públicas se pronuncien demuestra que estos testimonios se escuchan. Y esto tiene un efecto dominó. A través de estas historias mediáticas, descubrimos nuestro potencial para compartir nuestros secretos, para que nuestra relación con la vergüenza pueda cambiar. En este sentido, la historia del movimiento #MeToo es fascinante”.

Fue el filósofo francés Roland Barthes quien explicó que el silencio es neutral. Luego las personas lo manipulan a su manera para darle un significado, y a veces para convertirlo en algo político, explica la autora. “De esta forma el silencio no es una simple ausencia de sonido, no es una pausa pasiva, sino un acto cargado de significado”. Joseph considera que veníamos de años, décadas de silencio político. Y que denuncias como las de Springora han empezado a quebrarlo.

Procesos de reparación de las víctimas y persecución de los agresores, como el que en España se ha realizado con los abusos en el seno de la Iglesia católica, son otro ejemplo de este antiguo silencio que dejó de serlo. Hay un componente político innegable en todo ello. Hay un mutismo social que cobija muchos secretos individuales. Al pinchar la burbuja del primero, las historias van saliendo a flote una a una.

Pero Nuestros silencios no solo analiza la ausencia de palabras que rodea al trauma. Habla de la necesidad de silencio en un mundo especialmente ruidoso. Las redes sociales tienen un papel importante en todo esto. Ahora podemos tener una opinión sobre todo. Cada vez que sucede algo, nos animan a compartir nuestra opinión, a rebatir y discutir. Y esa actitud se ha extendido al resto de nuestras vidas, de modo que la gente no para de hablar y opinar sobre todo.

Se ha trasladado al mundo laboral, donde tenemos demasiadas reuniones. Se ha trasladado al ocio, donde tenemos millones de canales y plataformas de televisión. Y esto genera demasiado ruido, una sobrecarga de información que nuestros cerebros no están preparados para manejar.

La autora traza un arco generacional, pues los silencios cambian según la etapa vital en la que estemos. Para una madre, el silencio puede ser una bendición, un momento de paz y relax (bien lo sabe ella que tiene dos hijos adolescentes). Pero para una abuela suele estar asociado a una mayor soledad. “Pensé mucho en mi propia abuela, y en las personas mayores en general, mientras escribía el libro”, explica. “Imaginé cómo transcurría su jornada, tenía más de 90 años y vivía sola en casa. Si yo no la llamaba, no hablaba con nadie en todo el día. Y traté de imaginar cómo sería un día entero sin ruido. En el silencio absoluto de la soledad”.

Joseph habla mucho de hijos, abuelas y padres. El silencio, explica, es algo inherente a la familia. Hay secretos que existen con el propósito de proteger, que solo se cuentan en lo más íntimo de la tribu. “Y eso es lo interesante”, explica. “El secreto puede ser el núcleo ético de un grupo. La capacidad de guardar secretos sobre la muerte, la enfermedad, los orígenes o la sexualidad”.

La sexualidad también tiene un rol importante en el libro. “Entre los nombres secretos, hay uno que se impone siempre”, explica la autora, “el del amado o la amada”. La homosexualidad, las aventuras fuera del matrimonio, las castas, la diferencia de edad… “Algunos nombres resultan impronunciables durante un tiempo o para siempre. ¿Qué sucede con una aventura amorosa sin testigos? ¿Se vuelve más intensa o, por el contrario, se convierte antes en una quimera? ¿El secreto aviva las palabras susurradas en la intimidad?”.

También aquí tira de literatura para explicar su tesis. La protagonista de Pura pasión, de Annie Ernaux, acepta el silencio, el secretismo que rige su relación con un hombre casado, extranjero, más joven. Un hombre con quien nunca podrá conversar, dado que carecen de palabras en común: ella no habla su lengua ni él la suya; el cuerpo es su único diccionario.“Toda la infelicidad de los hombres se debe a una sola cosa: la incapacidad de permanecer en silencio a solas en una habitación”. La frase la dijo el matemático y filósofo Blaise Pascal y la recupera Joseph en su libro. Es buena. “Sí, pero el problema de Pascal es que olvida la importancia de los demás”, matiza la autora. “Esta idea del silencio en una habitación me recuerda a Virginia Woolf, a Una habitación propia. De hecho, lo interesante es que Pascal, aquí, se inclina por la oración, la fe, la meditación, tiene una visión más masculina. Virginia Woolf parte de otro lugar, ve los momentos de soledad como una bendición, quizá porque las mujeres tenemos acceso a ella más tarde en la vida”.

viernes, 3 de octubre de 2025

"UN VÍDEO DE TU VIDA ENTERA". Irene Vallejo, La Diaria (Uruguay) 19 de septiembre 2025

Ramiro Alonso

Existe un deporte universal que todos practicamos, por perezosos y poco atléticos que seamos: intentar cambiar la forma de ser del prójimo. Empezamos a foguearnos con los padres y alcanzamos nuestras más altas cotas de entrega y dedicación con los hermanos, amigos, pareja e hijos. Lo que no es obstáculo para exigir tercamente que los demás nos quieran tal y como somos. Estas contradicciones tienden a volvernos belicosos y provocar escenas en bucle: modelar el carácter ajeno es una modalidad de alto riesgo.

Aristóteles afirmó que el rasgo más característico del ser humano es la razón. O sea, querer siempre tener razón. Tras años de adiestramiento hogareño, la escritora Shirley Jackson publicó un breve manual de instrucciones titulado “Cómo disfrutar de una discusión familiar”. Todas las familias, escribe, se transforman alguna vez en grupos de pendencieros gritones. Para participar en la batalla conviene aportar una gran indignación. Es importante usar con agilidad un repertorio básico de recursos: la negación e inmediata contraacusación, la caricatura del contrincante, el historial de agravios y las predicciones alarmantes como amenaza. Sólo los padres están autorizados a decir: haz lo que digo, pero no lo que hago. Una vez se han fijado con claridad estas reglas básicas, la discusión familiar fluye con rapidez y sin esfuerzo.

En este tipo de torneos no hay victoria posible, sólo grados de derrota. En algún momento de la refriega inevitablemente la discusión encalla en un acontecimiento pasado sobre el que existen recuerdos opuestos. Ted Chiang ofrece en su libro Exhalación una solución tecnológica a este recurrente problema del buen drama familiar. Remem es una cámara personal que captura un video continuo de tu vida entera, un accesorio que promete ayudarte a pronunciar las palabras más exultantes de nuestro vocabulario: ¿ves que yo tenía razón? “Remem despliega los acontecimientos en la esquina inferior izquierda de tu campo de visión. Si dices: ‘¿Te acuerdas de cuando bailamos la conga en la boda?’, Remem recupera el video y te lo muestra”. Las grabaciones permiten resolver esas discusiones sobre quién había dicho tal o cual cosa, y así demostrar su error a los demás. Sin embargo, disponer de un registro exhaustivo de lo vivido tiene algunos inconvenientes. Al mirarse a través del ojo impasible de la videocámara, el protagonista debe afrontar descubrimientos inquietantes sobre sí mismo. Casi nada sucedió del todo como recordaba, casi siempre se comportó peor de lo que creía. Así comprende que una de las principales tareas de la memoria es elegir qué olvidar, es decir, suavizar la dureza del pasado –como los filtros o los programas de retoque– para permitirnos seguir caminando.

Hubo una vez un escultor llamado Pigmalión obsesionado por crear una estatua con la forma exacta de sus sueños. Al terminar se había enamorado de ella, y rogó a la diosa del amor –en la Antigua Grecia las competencias divinas estaban ya claramente transferidas– encontrar a una mujer idéntica a ese frío bloque de mármol. Afrodita accedió a su súplica dando vida a la piedra. Desde entonces, esta leyenda simboliza el amor posesivo que necesita esculpir el mundo a imagen y semejanza de sus deseos. En las versiones más modernas del mito, desde la adaptación teatral Pygmalion de Bernard Shaw hasta Vértigo de Hitchcock o La piel que habito de Almodóvar, esas historias suelen tener mal fin.

Desde la perspectiva contraria, el filósofo Epicteto creía que somos nosotros quienes debemos adaptar nuestras expectativas a la realidad, porque la pasión transformadora enturbia nuestras relaciones. Afirmaba que no deberíamos malgastar esfuerzos criticando u oponiéndonos al modo de ser de los demás, así nos ahorraremos el monótono dolor de las decepciones evitables. Las personas que nos rodean son lo que son, no lo que deseamos que sean ni lo que parecían ser. Como sabía incluso Pigmalión, que talló sus anhelos en mármol, modelar a los vivos es imposible. Todos queremos cambiar al prójimo para evitar cambiar nosotros: somos inconformistas que no soportan la insumisión.

jueves, 10 de julio de 2025

"LA TRAMPA DE LAS PELOTAS DE TENIS". Alex Grijelmo, El País 9 JUL 2025

Alberto Núñez Feijóo, durante el pleno de este miércoles

La técnica de las pelotas de tenis consiste en lanzarle al rival en un debate un número ingente de bolas a la vez, para que de ninguna manera pueda devolverlas todas: afirmaciones sin matizar, manipuladas, plagadas de insinuaciones que se basan en trucos de silencio (se cuenta una parte pero se omite otra que la rebaja o la matiza), y casi todas de una sola oración, sin subordinadas ni subjuntivos: contundentes, exageradas, apocalípticas. Es el lenguaje ajeno al rigor y la precisión.

Alberto Núñez Feijóo ofreció ayer en el Congreso un ejemplo que merecerá circular entre los asesores de comunicación política, bien para copiar su afinada ejecución o bien para aprender a combatir este uso tan artero. En una sola frase, el presidente del PP arrojó un aluvión de pelotas de tenis cuya carga explosiva habría necesitado el trabajo de un artificiero y el tiempo de un ajedrecista.

Dijo Feijóo: “Un día se plagia una tesis, otro se convive con prostíbulos con la mayor normalidad, más adelante se esconden urnas detrás de una cortina y así poco a poco se va moviendo el umbral ético hasta que cabe todo: hasta que a uno le arreglan un puesto en la Diputación de Badajoz y a la otra le dan una cátedra sin haber pisado la universidad”.

Caramba, ¿todo eso lo habrá hecho el jefe del Gobierno?, se preguntará el respetable público.

Si Feijóo enviara su discurso a un gran periódico de prestigio mundial (pongamos el Washington Post o The New York Times) para su publicación como artículo, sus acreditados verificadores empezarían a sudar tinta nada más leer esa parrafada.

Una vez repuestos del susto, deberían comenzar el trabajo por reclamarle al articulista que precisase a quién se refiere con el uso impersonal “un día se plagia una tesis…”, pues no encontrarían ninguna resolución que la avalase. Solo podrían hallar asuntos relacionados con la falsificación de un título de máster, en caso ya sentenciado; pero enseguida el editor pensaría que el político de la derecha no iba a arrojar eso contra alguien de su partido que se benefició de la maniobra.

El verificador agraciado con la tarea sí habría podido confirmar enseguida que un puesto de coordinador de los conservatorios de música (después “jefe de la Oficina de Artes Escénicas”) le fue adjudicado en 2016 en Badajoz a un hermano de Sánchez cuando este no era ni diputado (había dimitido meses antes), asunto que aún se halla en litigio.

La referencia a los prostíbulos, eso sí, lo dejaría perplejo, y obligado a suprimirla mientras no se verifique que el propio presidente ha vivido en uno de ellos como se da a entender; y también lo concerniente a esos sufragios escondidos tras una cortina: “¿De cuántos votos estamos hablando y de qué elecciones?”. Y ya puestos, ¿de qué color era la cortina?

Por su parte, la afirmación “…y a la otra le dan una cátedra sin haber pisado la universidad” le atraería enormemente en un primer momento al editor. ¿Es posible en España que a uno lo hagan catedrático sin haber terminado una carrera? Ah, no. Se trata de que la Complutense organizó “cátedras” que no eran dirigidas por catedráticos, una de ellas adjudicada a la esposa del jefe del Gobierno, Begoña Gómez. “Señor articulista”, escribiría el editor, “puede referirse usted a la manipulación de la palabra ‘cátedra’ por la universidad, y a que la titulación de la señora Gómez no pasaría un filtro exigente, y a que tal vez hizo valer su influencia, pero no nos parece correcto insinuar que la nombraron catedrática. ¿Desea modificar su frase para acercarla más a la verdad?”.

No podemos responder aquí con todos los detalles a ese aluvión de bolas amarillas. Tampoco los editores de un gran diario que recibiese el texto. Ni siquiera Sánchez, que necesitaría para ello el tiempo de otro debate.

El Parlamento no tiene un libro de estilo. Pero si algún día se propusiera la edificante tarea de elaborarlo, ese manual habría de advertir sobre la ventajista trampa de las pelotas de tenis.

jueves, 3 de noviembre de 2022

"EL NEGOCIO DE FOROCOCHES". Por Pascual Serrano en elDiario.es del 21/X/2022

Ya no queremos escuchar a nadie. En el nuevo modelo de comunicación digital todos queremos contar lo nuestro y lo de nuestra tribu, en parte porque hemos venido de un oligopolio comunicacional en el que solo las grandes empresas de comunicación tenían derecho a ser emisores

Lo acaban de reflejar las cuentas depositadas en el Registro Mercantil. Forocoches alcanzó en 2021 un beneficio récord de 1,02 millones de euros. Eso es un 30% más de lo que ganó en el ejercicio anterior y ya acumula un patrimonio neto de 6,2 millones de euros.

Detrás solo hay un fundador, administrador único y propietario de la empresa del portal digital, Link World Network, que es Álex Marín.

El portal es simple y llanamente un foro de Internet en español, que nació orientado a la automoción pero que se vio desbordado y ya se crean hilos de discusión sobre cualquier tema. No hay ningún rigor, ni información contrastada, ni criterio de calidad. Son sencillamente gente opinando y respondiendo a las opiniones de los demás. No tiene moderador, son los propios miembros los que sancionan a los mensajes o usuarios. En la actualidad tiene casi 900.000 usuarios registrados. Según Linkedin contabilizan más de 20 millones de sesiones cada mes y más de 150 millones de páginas vistas.

Es la barra del bar en digital; lo calificaba así su propio fundador: “Gestiono un bar de internet, libre y autoparódico”. Un bar en el que el dueño no paga alquiler, no tiene gastos de limpieza del local y se hace rico sin necesidad de vender cañas, ni tapas, ni carajillos.

Pero lo que yo quisiera destacar no es su línea chabacana y macarra, de la que los dueños pretenden lavarse las manos mediante un párrafo en su apartado de info legal: “Cualquier web que permita la inclusión de contenido generado por usuarios, como prestador de servicio, en virtud a la Ley 34/2002, del 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información y comercio electrónico no es responsable del contenido almacenado a petición del usuario”. Lo que quiero resaltar es que ese fenómeno comunicacional en el que inventar un portal/barra de bar para que unos tipos discutan entre ellos rajando de políticos y famosillos, se las den de expertos de todo y vayan sentando cátedra para arreglar el mundo, proporcione al dueño del tinglado un millón de euros cada año.

En el mundo actual de egos e identitarismos, ofrecer un lugar donde la gente opine de todo, critique a quien quiera, aporte soluciones magistrales a todos los problemas y detalle todo lo que sabe hacer es el negocio perfecto. Están vendiendo un bucle del ego porque, aunque nadie escuche a los demás, todos creen que las decenas de miles de conectados al foro en ese momento le están escuchando o leyendo a él. ¿Cuándo conseguiste que más de cinco personas te estuvieran escuchando mientras hablabas?

El fenómeno tiene ya un recorrido anterior y una casuística diversa. Se vio, por ejemplo, en el boom de los comentarios en los portales de los medios de comunicación. Los medios más modestos descubrieron que solo con permitir los comentarios a los artículos, con sus correspondientes respuestas a comentarios y reyertas, se disparaban los accesos. A buen seguro había más entradas de lectores que buscaban las respuestas a sus comentarios que entradas a leer el artículo original. Se tuvo que poner controles sobre los comentarios, o algo mucho más inteligente: cobrar por hacerlos obligando a suscribirte.

La pulsión moderna de apuntarte a cualquier situación que te permita decir algo con la suposición de que hay alguien al otro lado que le interesa se puede ver en muchos ámbitos. En las webs de los comercios, cuando buscas las opiniones sobre un producto en venta encuentras comentarios tan patéticos como ese que dice que el producto le acaba de llegar, no lo ha probado, pero tiene buena pinta. O ante una pregunta concreta puesta en los comentarios sobre un producto de un potencial cliente, otro responde que no lo sabe. Como si creyera que le estaban preguntando a él personalmente.

De hecho muchas empresas y comercios no se molestan en responder a las dudas o consultas de los clientes, les dejan un foro y que se pregunten y respondan entre ellos. Incluso, conocedores del hambre de protagonismo de los consumidores, las empresas te escriben después de una compra para que escribas tu opinión en la web, y así las nutres de contenido que mantenga a más usuarios en su portal. Empresas que luego no te cogen el teléfono si llamas a atención al cliente.

Todo esto forma parte del nuevo tribalismo de la sociedad digital. Ya no queremos escuchar a nadie, razonar y argumentar en función de la información del otro, respetar tiempos, incorporar palabras amables y cordiales en el discurso. En el nuevo modelo de comunicación digital todos queremos contar lo nuestro y lo de nuestra tribu, en parte porque hemos venido de un oligopolio comunicacional en el que solo las grandes empresas de comunicación tenían derecho a ser emisores. La reacción pendular, sazonada con el ego y la vanidad dominante, es la de gente que solo se escucha a sí misma, convencida de que posee la verdad y la solución para todo. Sobre todo en unos tiempos en los que nos dicen que la verdad o la mentira son relativas, en los que nos venden en tertulias y debates a ignorantes que no saben de nada pero cada día son presentados como expertos de todo.

Forocoches es el paraíso. Nos nombran expertos y tertulianos, elegimos los temas, no tenemos que contraargumentar a nadie porque sabemos que la verdad es nuestra, hay decenas de miles conectados que nos leen, y cuanto más gorda es la estupidez que decimos más reacciones provoca. Y así es como un tipo se embolsa un millón de euros.

"DESENTENDERSE DE TODO". Santiago Alba Rico, elDiario.es

España, por otro lado, es una nación fallida cuya historia poco ejemplar vuelve ahora, como un regüeldo, a través del fascismo de Vox. Ahora...