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lunes, 2 de marzo de 2026

"JEFFREY EPSTEIN: EL PARADIGMA MASCULINO DE LA ÉLITE FINANCIERA MUNIDAL". Eva Illouz, Grand Continent

 El primer gran caso de la globalización sacude todas nuestras representaciones.
Desde Steve Bannon hasta Noam Chomsky, pasando por Bill Clinton y Donald Trump: una misma élite parece sostenerse en un mismo nodo.
¿Por qué?

El caso Epstein es más que una simple noticia: es un acontecimiento excepcional que perturba e interrumpe la rutina de nuestra vida colectiva. Por definición, los escándalos siempre violan normas profundamente arraigadas. Pero sería engañoso creer que solo son rupturas. En realidad, pueden violar las normas morales y, al mismo tiempo, poner de relieve las continuidades y las líneas de fuerza de una estructura profunda subyacente de la sociedad en la que estallan.

Si el escándalo de los Epstein Files es tan inquietante es porque saca a la luz los engranajes invisibles de mundos sociales cuyo funcionamiento suele estar oculto y que se despliega a escala mundial.

En este sentido, Jeffrey Epstein no era un «desviado».

Representaba la forma paradigmática del éxito en el capitalismo financiero globalizado.

La gran convergencia: los Epstein Files como escándalo de la globalización

La lista de personas ricas y famosas que gravitaban en diversos grados alrededor de Epstein es vertiginosa: Bill Clinton, Noam Chomsky, Donald Trump, Les Wexner, Steve Bannon, Leon Black, Larry Summers, el príncipe Andrés, la duquesa de York, Mick Jagger, Alan Dershowitz, Larry Summers, Kevin Spacey, Peter Thiel…, por citar solo algunos nombres conocidos y más o menos prestigiosos.

Al consultar esta lista, encontramos a algunas de las personas más poderosas del planeta en los ámbitos político, económico y cultural. Aún más fascinante es el alcance geográfico mundial de la red de Epstein, desde Rusia hasta Estados Unidos, desde África hasta Europa, y en particular París.

Ya sabíamos que las élites económicas y políticas se reunían en Davos, que las estrellas de cine se reunían en Cannes y los académicos en conferencias internacionales en las grandes universidades de todo el mundo. Sin embargo, menos conocida es la gran burbuja social que forman las élites políticas, económicas, intelectuales y culturales —nuevas y antiguas— que viven en todos los rincones del mundo, pero que son capaces de reunirse e interactuar de manera fluida y armoniosa en lugares prestigiosos. Si nuestras sociedades civiles están polarizadas, las élites globalizadas del caso Epstein parecen estar por encima de las divisiones políticas: beben champán y toman el sol juntos en diferentes continentes, intercambian información crucial y se ayudan mutuamente para sacar adelante sus proyectos en todo el mundo y, de vez en cuando, abusan sexualmente juntos de adolescentes en una isla alejada de todo.

El lingüista de izquierda Noam Chomsky se codea con el tiburón de las finanzas Jeffrey Epstein o con el spin doctor del movimiento MAGA Steve Bannon, y esa es la verdadera novedad del caso Epstein: muestra que Chomsky y Bannon están sociológicamente más cerca el uno del otro de lo que su ideología sugiere. Uno domina a los demás en el ámbito de los signos, las palabras y las ideas; el otro, por su influencia política. Ambos pertenecen a redes mundiales.

En esta sorprendente convergencia de elementos aparentemente divergentes se encuentra el núcleo del caso Epstein. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 3 de febrero de 2025

"PROFES: EL OBJETIVO PRINCIPAL DEL NUEVO FASCISMO". Antonio Maestre, elDiario.es 02/02/2025

Independientemente de quién gestione la educación en cada comunidad autónoma, la presión ejercida a través de la opinión pública, los alumnos ideologizados, influidos por familias reaccionarias y el contenido de redes sociales, y la presión de los partidos filofascistas hacen pensar que el tiempo que espera al personal docente será duro

No es un ejercicio retórico el que planteo. El profesorado, sobre todo de izquierdas, incluso aquel que sin sentirse de izquierdas cree en el respeto de los derechos humanos y se dedica solamente a enseñar lo que tiene que enseñar, está en peligro porque es uno de los principales objetivos de la contrarrevolución reaccionaria en la que nos vemos inmersos.

El vicepresidente de los EEUU, J.D. Vance, no disimuló al plantear sus objetivos cuando en una conferencia de los conservadores a nivel internacional lo expresó sin paños calientes: “Los profesores son nuestros enemigos”. El discurso versaba sobre cómo a su parecer en la academia predominaban las ideas liberales y progresistas que habría que combatir, y como ahora está haciendo Donald Trump, perseguirlas. Ha comenzado por los funcionarios de justicia que le juzgaron, pero no va a parar.

El nuevo macartismo que está llevando a cabo Donald Trump contra todo aquel que identifique con un fantasma llamado “woke”, que no es más que una manera de etiquetar a quien crea en la diversidad, la igualdad y la justicia social, tiene como objetivo una purga ideológica que le permita homogeneizar las administraciones para llevar a cabo su plan de desdemocratización. En ese plan la educación ocupa un lugar preeminente y para ello el profesorado es su primer dique a tumbar. No tardaremos en ver cómo esas persecuciones pasan de los discursos a los hechos instaurando el miedo y la autocensura para que a nadie se le ocurra enseñar valores de respeto al prójimo y que se le ocurra sancionar a estudiantes que insulten de manera homófoba o inculquen que las personas trans tienen derecho a existir y que su vida importa.

El fascismo nunca ha desaparecido, simplemente adopta máscaras que le permiten adaptarse a su tiempo y conseguir con sus nuevos ropajes introducirse en las mentes de quienes rechazarían sus formas antiguas. Pero las nuevas formas no cambian sus maneras de proceder y siempre elige los mismos objetivos, las mismas herramientas y el mismo modo de operar contra la alteridad y contra aquellos que señala como enemigos. Para lograr todos sus fines es imprescindible acotar la disidencia desde sus orígenes y por eso siempre la educación se encuentra entre sus obsesiones. No hay expresión nueva del fascismo que no señale al profesorado como un elemento a disciplinar.

En España es conocida la obsesión con lo que los fascistas llaman ideología de género, que según su enferma consideración es utilizada para adoctrinar a menores. El pin parental fue la clave de bóveda del principio de actuación de nuestros fascistas patrios para señalar que el profesorado estaba en cuestión y que era preciso establecer una tutela parental sobre el trabajo de los docentes para decirles qué pueden hacer y qué es inaceptable. Lógicamente esas campañas de acoso y derribo contra los docentes tienen concreciones aunque no sean capaces de llevar a cabo hasta el extremo sus políticas. Los alumnos se empapan de lo que ocurre y cualquier elemento que puedan usar para cuestionar la autoridad del profesorado lo usarán en su beneficio generando una sensación de incomodidad permanente en el personal docente que les llevará a la autocensura para no tener problemas en su desempeño laboral.

No va a mejorar la situación. Independientemente de quién gestione administrativamente la educación en cada comunidad autónoma, la presión ejercida a través de la opinión pública, los alumnos ideologizados, influidos por familias reaccionarias y el contenido de redes sociales, y la presión de los partidos filofascistas hacen pensar que el tiempo que espera al personal docente será duro. No podrán defenderse solos y necesitarán que quienes creen que la educación pública es el único camino efectivo para la libertad del individuo se sitúen a su lado y ejerzan sin miedo y con coraje de escudo contra quienes se fajan en solitario para defender desde la base nuestra democracia y los derechos humanos más elementales. Defender hoy al profesor de tus criaturas es asegurar que en el futuro sean independientes y libres, a salvo del odio y la discriminación.

lunes, 30 de enero de 2023

"EL BUCLE INVISBLE". Un libro de Remedios Zafra Alcaraz

¿Hasta qué punto el agotamiento que muchos trabajadores dicen sentir hoy es efecto de una estructura social y laboral cosida por economía, máquinas y datos? El bucle invisible aborda la transformación de las formas actuales de vida mediadas por la cultura algorítmica en el trabajo, la universidad, la sanidad y las aspiraciones vitales, buscando hacer reflexiva la programación tecnológica que hoy nos permite ver mundo, mientras se nos invisibiliza como lente . Zafra se pregunta por los riesgos y presiones que estas dinámicas promueven, en tanto los datos masivos bajo las predominantes lógicas de celeridad ayudan a que lo descriptivo se haga pronóstico.

Si trabajar por una sociedad mejor, implica favorecer la igualdad («elevando y no rebajando»), ¿cómo no temer que las inercias globalizadoras bajo fuerzas monetarias perviertan esta presuposición favoreciendo «compartimentos estancos», bucles invisibles que anticipan que las personas repetirán lo que sus identidades colectivas vaticinan de ellas? ¿Cómo se llega a encajar como parte de la máquina productiva aceptando lo que parece electivo cuando íntimamente se siente obligatorio?

Esta obra frente a los condicionantes y oportunidades tecnológicas y culturales por los que una época estimula las ocasiones de romper esta inercia o las coarta a su mero espejismo. Pero lo hace alentando la posibilidad de trabajar por la cooperación y la empatía desde la tecnología, asumiendo el reto de «querer comprender» y el pedagógico de «ayudar a expresar» las dificultades de una humanidad mediada por pantallas.

"CUANDO LOS JUECES QUIEREN GOBERNAR". José González Arenas, infoLibre.es

Cuando esa función se desborda y empieza a sustituir la decisión política, el problema ya no es técnico, sino democrático En su reciente art...