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viernes, 15 de mayo de 2026

"EL VERANILLO DE LA VIDA". Elvira Lindo, El País

Los músicos Joan Manuel Serrat y Ana Belén 

Serrat y Trump muestran dos maneras muy diferentes de ser viejo

Joan Manuel Serrat tiene 82 años. Donald Trump tiene 79. Por fortuna para nosotros, no hay en ellos asomo de parecido alguno, salvo que son viejos, Serrat un poco más. Digo “viejos” utilizando la misma palabra, tan denostada, que usó el artista el otro día en unas jornadas sobre eso que se llama colectivo de la tercera edad que tenían lugar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. Decía Serrat sentirse en ese tiempo de propina en que a menudo el alma suele conversar consigo misma. Ese veranillo de la vida, decía citando al filósofo francés Pascal Bruckner, un regalo del que se siente agradecido. En un discurso cargado de emoción, Serrat afirmaba que ignorar a los mayores, su opinión y su memoria, es algo así como quemar libros. No puedo estar más de acuerdo y observo a menudo ese odioso tonillo condescendiente que se suele emplear para hablar con las personas mayores no solo en el trato cotidiano sino también en conversaciones públicas, como una prueba hiriente de cómo se las intenta aniñar como si fueran ciudadanos que ya no cuentan salvo como personajes pintorescos.

Desde que Donald Trump comenzó su segundo mandato y alteró el equilibrio mundial con continuas decisiones criminales y arbitrarias (salvo para mejorar su fortuna), venimos escuchando con insoportable frecuencia que todo es consecuencia o bien de la locura o bien de la edad. Un viejo chocho, en suma. Justo lo mismo que él dice de su predecesor Biden. Esa descripción contiene dos desprecios alarmantes: el que se refiere a los enfermos mentales, dado que un porcentaje altísimo jamás hace daño a nadie y vive agazapado en su miedos, y el que señala a los ancianos, a los que haciendo tabla rasa se les considera incapaces de razonar con sensatez. En el mundo artístico de vez en cuando al viejo se le bautiza como maestro, para tenerlo ahí, oh, aislado, melancólicamente envanecido en una urnita previa a la tumba. Se olvidan, quienes en la arrogancia de la juventud (a menudo hoy alargadíiisima) encierran a la ancianidad en un colectivo que desean callado y entrañable, que mucho antes de lo que piensan tomarán el relevo. Fiera venganza la del tiempo, que decía el tango. Olvidan, por encima de cualquier consideración, que la edad no cambia demasiado el carácter: nos parecemos tanto a quienes fuimos, que miedo da observar que a pesar de la experiencia conservamos temores, manías y dulzuras de la niñez. Y en ese convertir a los ancianos en un grupo uniforme no advierten que un hombre como Serrat sabe disfrutar de sus ilusiones, como muchos y muchas de su edad, compartir su opinión autorizada y mejorarnos con la voz de la experiencia. En cuanto a Trump, es el mismo cretino que cuando era joven, así que quien asegura que es la edad lo que le ha cambiado es porque ignora su biografía. Esta semana un psicoanalista francés, también anciano, del que he olvidado el nombre, decía que Trump poseía sin duda una personalidad psicopática con unos valores aprendidos en la infancia que priorizaban su ambición por el dinero por encima de cualquier atisbo de piedad humana. Así fue cuando su padre lo mandaba a cobrar los alquileres del marrullero negocio inmobiliario, cuando rechazaban a inquilinos negros, cuando tomó como mentor al indecente Roy Cohn, cuando en su relación con las mujeres solo conocía las tretas del abusador, cuando exhibía su verbo grotesco en un show televisivo. Todo estaba ya a la vista. Y aun así le votaron. La diferencia entre aquel joven y este es la edad, simplemente. Hoy el nivel de testosterona de Trump es sin duda mucho más bajo, pero ser presidente le permite desahogar su chulesca masculinidad de mil maneras. Sin importarle el prójimo, gusta de invadir países, bombardearlos, expulsar inmigrantes, plantar su rostro en el pasaporte de sus súbditos. Ilusiones del pobre señor. Las de Serrat, para suerte nuestra, son llamativamente distintas.

miércoles, 22 de abril de 2026

"HUMANIDAD E INHUMANIDAD". Manuel Rivas, El País 12 FEB 2017

QUISIERA CREER y de alguna forma creo en los milagros. Y estoy convencido de que algunos, que hoy vemos como leyendas, fueron verdad. Como el que se cuenta de aquel ermitaño irlandés de Glendalough, Kevin, que vivió en el siglo VI, y que tenía la costumbre de permanecer orando toda la Cuaresma con los brazos en cruz, inmóvil, las palmas hacia el cielo en posición de gracias. En las manos anidaron los mirlos y, pasada la Cuaresma, Kevin decidió no moverse hasta que las crías alzaron el vuelo.

Tengo querencia por el milagro animal, así que otro de mis preferidos es el que trata del sermón de san Antonio de Padua a los peces en Rímini. Como los humanos no le prestaban atención, con imaginación ecológica, decidió ampliar su audiencia a toda la creación. Una muchedumbre de peces acudió a escucharlo en la orilla, con la cabeza sobresaliendo del agua. Y seguro que agradecieron una cierta ironía en el santo: “Al sobrevenir el diluvio universal, todos los demás animales murieron. Y el creador os ha dado las aletas para poder ir adonde os agrada”.

Quisiera creer y de alguna forma creo en esa variante del milagro (o de la física cuántica) que se ha dado en llamar causalidad mágica. Un hecho, gesto o frase, a veces con apariencia menor o azarosa, que puede generar grandes consecuencias a distancia. Mucho hiló Borges sobre la casualidad como causalidad. Todavía no sé si en esta categoría incluiría un gol de Messi. Pero un buen ejemplo es el que relata Martin Buber en su cuento El descuido. El emperador austrohúngaro se dispone a firmar un edicto de persecución de los judíos. En un lugar de la Galitzia –región de Europa del Este–, conocedor de lo que se trama en Viena, un rabino vuelca un cuenco de sopa. En ese mismo instante, el emperador vuelca sin querer el tintero sobre la orden firmada. Rompe el papel. Y el edicto queda en suspenso.

Tenía la secreta esperanza de que un milagro frenaría los planes más inmediatos de Trump. Los vetos a los refugiados y a los inmigrantes. La arquitectura canalla del muro fronterizo con México. La violencia catastral de los nuevos oleoductos, cruzando la reserva siux. ­Preferiría que fuese un milagro tradicional. Una llamada divina. En Trump casi todo resulta inverosímil, pero nadie se extrañaría de que Dios llamase a la Casa Blanca dadas las circunstancias. Pero acabo de ver ese milagro cinematográfico que es Silencio, de Martin Scorsese, y casi puedo entender el silencio de Dios. Lo que resultaría imposible de entender sería el silencio humano frente a Trump. Porque la confrontación que el magnate presidente ha puesto en marcha en las conciencias del mundo no es, como él pretende, si estás o no con Estados Unidos de América, sino si estás con la humanidad o con la inhumanidad.

Intenté por mi cuenta el segundo remedio. La causalidad mágica. Vertí platos de sopa y tinteros con la esperanza, esta vez, de provocar con los derrames que la tinta embadurnase las nuevas cortinas doradas de la Casa Blanca. Algo que desequilibrase, antes de firmar las órdenes, a ese superego digno de estudio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts o en el Museo de la Boina de Balmaseda. Algún crítico dijo de Lacan que era un psiquiatra que necesitaba un psiquiatra, Trump es un presidente que necesita con urgencia un presidente.

Quisiera creer y creo en el poder del humor. Trump utiliza ese mecanismo perverso de ensalzar a su público, haciéndoles creer que son mejores que otros. Su industria ha pasado de ser el cemento y el hormigón a la producción de odio y a la fabricación del enemigo. La forma en que ha firmado las primeras órdenes recuerda el modo que mejor caracteriza al gobierno autoritario: el decisionismo. La idea de que los actos del jefe, por ser del jefe, tienen rango de ley. Tal vez sí. Tal vez el humor crítico pueda desactivar su discurso. Si unas palabras lo han llevado al poder, otras pueden desnudarlo. Groucho Marx ya anticipó a un personaje así: “Este hombre puede que parezca idiota y se comporte como un idiota, pero no deje que eso le engañe: realmente es un idiota”.

En lo que más creo es en el poder de la vergüenza. Espero el día en que la verdadera “gran América” se avergüence de un presidente así.


jueves, 16 de abril de 2026

"DESPLAZAMIENTO ESPIRITUAL". Juan José Millás, El País

He ahí un grupo de personas apelotonadas en forma de enjambre alrededor de esa especie de abeja reina religiosa. He ahí por tanto un enjambre de cabezas cada una de las cuales reúne un enjambre de 80.000 millones de neuronas. He ahí también un enjambre de manos que forman una cadena hasta alcanzar el cuerpo del líder sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de matar con alegría a quien se le ponga por delante. He ahí, en fin, un grupo de pastores evangélicos pidiendo a Dios que Trump lo haga bien, que bombardee bien, que secuestre bien, que propague bien el sufrimiento por doquier. Demasiadas personas, demasiadas cabezas, demasiadas neuronas, demasiadas manos para la búsqueda de un fin tan miserable. Nos preguntamos qué pensarán en el cielo los enjambres de ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines de la jerarquía celestial reunidos en torno a Dios.

El botón de un bombardero es para muchos una extensión lógica de la fe. La oración se especializa. Las manos tocan con suavidad el cuerpo del líder, pero se mantienen alejadas de los cuerpos desgarrados por la metralla. Se mata con educación, se mata de traje azul y con corbata, mientras se supervisan las obras del gran salón de baile del ala este, o del oeste, ahora no caigo, de la Casa Blanca. La distancia convierte la violencia en abstracción y la abstracción en trámite burocrático. Usted y yo, ingenuos espectadores de este rito insectoide, sentimos un desplazamiento espiritual que nos asoma a una de las formas contemporáneas del espanto.

domingo, 8 de marzo de 2026

"NUESTRA BATALLA". Elvira Lindo, El País

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,
da un discurso durante el acto institucional con motivo
del Día Internacional de la Mujer
Los mismos que adoptan una actitud burlesca hacia la causa de las mujeres son los que luego acusan a las feministas de ignorar a la mujer afgana o a la iraní

Quédate conmigo porque contigo todos los días son el Día de San Valentín, decía irónicamente el viejo estándar de Rodgers y Hart, de la misma forma que el Sombrerero Loco animaba a Alicia, la del País de las maravillas, a celebrar cada día el No Cumpleaños. Las efemérides desprenden en su esencia esa contradicción. Lo que verdaderamente nos recuerdan las fechas en rojo es la manera insensata con que dejamos que la vida pase, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar, que cantaban los Pata Negra en aquella canción jorgemanriqueña, sin ser conscientes, pobres de nosotros, de que nuestra existencia es aquello que ocurre entre los días que se dedican a celebrarla. Otro 8 de marzo. Y qué sensaciones contradictorias desprende este nuevo Día de la Mujer. En un momento de regresión como este, en el que hay una muchachada educándose en la pedagogía del resentimiento que promulgan los varones enfurruñados; en un tiempo en el que de las encuestan se desprende que hay un número no despreciable de jóvenes que cree que el feminismo ha ido tan lejos como para borrarles el protagonismo del que gozaron antaño, o demasiado lejos como para que ellos sean excluidos en favor de ellas; ahora, precisamente, cuando frente al sexo libre celebrado en otras décadas se ondea la bandera de la espiritualidad o de la tranquila vida segregada al margen de las emociones que el otro sexo puede provocar; ahora, hoy, cuando de manera preventiva hay quien ya va descartando la palabra feminismo en favor de un término que suena más conciliador, como es igualdad, en este presente confuso en que más que una labor de progreso la debemos hacer de resistencia ante la fuerte corriente que nos arrastra hacia atrás; ahora, paradójicamente, las mujeres volvemos a protagonizar de una manera tramposa la conversación y hay quienes, sin vergüenza, nos usan para armarse de razones, armarse, repito, hasta las cejas, y liarse a bombazos en nuestro nombre. Es Donald Trump, el mismo que pretende borrar cualquier rasgo de diversidad en el lenguaje de la administración y de las investigaciones académicas, Trump, el que separa a niños de sus madres para cumplir su promesa de limpieza étnica, es Trump, el mismo que agarraba el coño a las mujeres, el de los papeles de Epstein, quien invade un país para erigirse en salvador de las mujeres iraníes. Nunca juzgaré a una mujer iraní que aplauda estos bombazos desde su terraza, pero mi situación me permite tener la cabeza fría como para saber qué lugar ocupa en la mente trastornada de Trump la dignidad de estas mujeres, o en la de Benjamin Netanyahu, el asesino de niños, que desea borrar a un pueblo de la faz de la tierra.

Y aunque cualquiera podría entender que despreciar la legalidad internacional puede desbaratar, si es que no lo está haciendo, el frágil equilibrio del mundo (incluso Matteo Renzi puede entenderlo), aunque la historia reciente nos dice dónde quedó la soberanía de las mujeres o la paz en países que fueron invadidos y después se abandonaron a su suerte, son incapaces, los defensores de esta nueva guerra, de reconocer que no son las mujeres las que importan, sino la relativa tranquilidad comercial que ofrece ser vasallo de un tirano; en vez de ir de frente, envuelven cínicamente la acción bélica con el manto de una causa noble y hermosa: la libertad de las mujeres. Los mismos que en su casa niegan protección a una concejal que denuncia acoso o abuso por no perjudicar al partido, los mismos que adoptan una actitud burlesca hacia la causa de las mujeres, son los que luego acusan a las feministas de ignorar a la mujer afgana o a la iraní. Es verdad que hay causas que de pronto se imponen a otras, como la de Gaza, porque constituyen un paradigma, un aviso, un resumen de los crímenes de nuestro tiempo, pero el feminismo debería imponerse hoy, más que nunca, como una voz sin fronteras que luche contra los señores de la guerra. Y sí, he dicho señores.

sábado, 7 de marzo de 2026

"FURIA ÉPICA". Equator, editorial

La adoración de la fuerza se ha convertido en la pasión dominante de Occidente

Durante el invierno de 1940, unos meses después de que la Wehrmacht completara su conquista de Francia, la filósofa de 31 años Simone Weil publicó un ensayo sobre La Ilíada en la revista Cahiers du Sud, con sede en Marsella . «La Ilíada, o el poema de la fuerza» interpreta la epopeya de Homero como un espectáculo inhumano cuyas lecciones son completamente contemporáneas. Para Weil, el poema es un «estudio de los extremos y de los actos injustos de violencia», que presenta un retrato inquebrantable de lo que la fuerza hace a los humanos que la ejercen y la sufren por igual. O bien «convierte a un hombre en una piedra», escribió, o bien, «ejercitado hasta el límite, lo convierte en un cadáver».

La importancia contemporánea del texto de Weil reside no solo en su descripción de los efectos de la fuerza sobre los individuos, sino también sobre las sociedades y civilizaciones que caen bajo su influencia. En la raíz de tantas de nuestras crisis morales y políticas actuales se encuentra lo que Weil, al describir la vida bajo el fascismo europeo, denominó «la adoración del poder en su forma más brutal».

La vulgaridad de la guerra estadounidense e israelí contra Irán es solo la última demostración del poder profético de Weil. Desde el inicio de los bombardeos, los beligerantes han hecho pocos esfuerzos por justificar legal o moralmente el asesinato: dicho sin rodeos, creen que el poder de dominación otorga licencia para matar. Al negarse a articular una justificación coherente para iniciar lo que ahora se ha convertido en un conflicto regional, con consecuencias incalculables, Trump y Netanyahu han enviado un mensaje claro: actuaron porque podían.

Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, se jactó de que los iraníes se enfrentarán a «muerte y destrucción desde el cielo todo el día» y anunció que «los estamos atacando mientras están caídos, que es exactamente como debe ser». Nos muestra lo que Dwight Macdonald (quien primero presentó el ensayo de Weil a los lectores anglófonos cuando lo publicó en Politics en 1945) describió como «la máxima devastación física acompañada del mínimo significado humano». CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 7 de enero de 2026

"EL PUTO AMO". Martín Caparrós, El País

Escuchar a Trump produce una tristeza extraordinaria. ¿Cómo pueden tantas personas pensar que ser bruto es ser decente? ¿Cómo logramos desprestigiar así la inteligencia?

Si alguien le preguntara qué es una subordinada, imagino que el señor Trumpf diría bueno, cualquier mujer, para eso son mujeres —o algo así—. Y hasta podría aclarar que no es machismo: que si le preguntaran qué es un subordinado diría bueno, cualquier hombre, para eso soy el puto amo. Pero el problema de las subordinadas sigue allí: se ve que el señor Trumpf, que todavía no aprendió que las frases tienen sujeto y predicado, no llegará nunca a esa complejidad menor, que cualquier niño usa: incluir en su frase una subordinada, que cualquier niño en USA usa.

Apena oírlo. Escucharlo destrozar la lengua inglesa produce una tristeza extraordinaria: ¿cómo pudo llegar hasta ese sitio un señor incapaz de alinear ocho palabras? La respuesta posible produce más tristeza: debe ser que en su país hay 70 u 80 millones de personas que creen que hablar así es mejor, que hablar así es hablar en serio, que así hablan los verdaderos hombres, y se entregaron a sus brazos. ¿Cómo pueden tantas personas pensar que ser bruto es ser decente? ¿Cómo logramos desprestigiar así la inteligencia? Es duro, pero peor aún —mucho peor aún— es la evidencia de que un señor primitivo, semianalfabeto, vengativo, violento, despectivo, maneja el mayor ejército que el mundo ha conocido.

Y que está dispuesto a usarlo cuando se le cante: que está dispuesto a cagarse en las leyes y las normas y los pactos que firmó su país porque sabe que su ejército es más grande y no ve ninguna razón para no usarlo. Entonces, otra vez la pregunta: ¿cómo fue que el mundo le dio a este lisiado mental la capacidad de destruirnos? ¿Es eso lo que somos? ¿Una gran banda de idiotas buscando la forma más idiota de acabar con todo, de dejarles de una buena vez nuestro lugar a las cucarachas?

El señor Trumpf actuó: mandó quichicientos aviones de guerra y helicópteros de guerra y barcos de guerra y muñecos de guerra para secuestrar a un presidente —ilegítimo— extranjero. Lo secuestró, junto con su señora, y ahora los tiene secuestrados. Los jefecitos del planeta lo miran tratando de que no se les note su terror: tienen más miedo que vergüenza. Y él blablabla orgulloso y explica que lo ha metido preso por “narcoterrorista”, porque ha matado con sus drogas a muchos miles de norteamericanos. La explicación es digna de su nivel mental: sus compatriotas drogadictos no lo son porque tengan problemas ni porque vivan en un país que produce esos problemas sino porque unos extranjeros malvados los drogan —y entonces él debe perseguir a los extranjeros para salvar a los americanos—. Preguntas, otra vez preguntas: ¿de verdad el señor más poderoso del mundo puede decir una estupidez semejante? ¿De verdad hemos conseguido que un estúpido semejante sea el señor más poderoso del mundo?

Alguien podría pensar, utilizando viejas narrativas, que el ataque militar de Trumpf fue un error espantoso: al secuestrar al líder degradado le da una vida nueva. Ahora Maduro será, para algunos de sus compatriotas, el mártir, la “víctima del imperialismo americano” y será, para ellos, lícito luchar por su regreso o sus ideas con cualquier arma que se tercie. ¿Quién podrá decirles que no tienen ese derecho si su país fue atacado por un ejército extranjero con las armas más modernas, más letales? En un continente donde la política ya no usaba violencia, el señor Trumpf ha vuelto a ponerla en el tablero. Ojalá me equivoque.

El señor Trumpf se habla encima sin parar —el doctor Freud escaparía con la cabeza como un bombo— pero, de todos sus lapsus, el mejor, el más revelador llegó cuando llamó a su nuevo prisionero, el señor Maduro, “un dictador ilegal”. En mi escuela, cuando era chiquito, me enseñaron que ser un dictador era ilegal: que no puede haber “dictadores legales”. Se ve que el señor Trumpf, con su inconsciente a flor de piel, piensa que sí —y si alguien le dice que no, va y se mira una vez más en el espejo—.

El problema es lo que ese espejo le contesta: que sí, que es el más grande y el más fuerte y que cualquiera que lo joda ya va a ver, que para algo él es el puto amo, el que va a decidir cómo es el mundo. Hoy lo hizo y nadie dijo nada. Si seguimos callados va a ser cierto, cada vez más cierto. No sé si contestarle —en las calles, los medios, las redes, las cancillerías— servirá para algo, pero no contestarle es una forma bruta del suicidio. Es, ahora sí, realmente, una cuestión de vida o muerte.

lunes, 29 de diciembre de 2025

"UNA BIBLIA CUSTOMIZADA". Elvira Lindo, El País

Partidarios de Trump sostenían una Biblia
mientras el republicano intervenía en un mitin
en octubre de 2020 en Circleville (Ohio)
En estos tiempos de nueva espiritualidad, puedes montarte tu propia religión a fin de profundizar en tu ombligo insondable

Observa, hermana, hermano, observa la flotilla de buques de guerra bautizada con el nombre del padre, levanta ahora la vista y mira la fachada del edificio, la que tú recordabas como el Kennedy Center for The Performing Arts ahora está adornada con su ilustre apellido, y mira, mira las grúas que trajinan en el interior de la Casa Blanca, ¿las ves?, pues ahí se construirá un salón de baile en honor del presidente, no hará falta estampar sus iniciales porque estará presidido por un enorme retrato de tan augusto personaje, y eso que tú conocías como golfo de México algún día aparecerá en los mapas como golfo de América, lo cual es una muestra inusitada de humildad, porque lo lógico es que los dedos de los futuros estudiantes de Geografía (si es que eso existe en un futuro) lo llamen golfo de Trump. Un presidente enamorado de su nombre que ha dejado en varias ciudades rascacielos que refulgen al sol y que nos recuerdan al dueño. Pero, dime, hermana, hermano, ¿es acaso eso comparable a publicar una Biblia con tu estampa? The Trump Bible vio la luz en 2024. Es un libro beautiful, usando el adjetivo recurrente del presidente, y su lectura favorita.

Por 60 dólares puedes hacerte con esta edición especial que incluye la Constitución de Estados Unidos y unos cuantos textos destinados a hacer América grande de nuevo. Todo ello, por supuesto, editado y corregido por Trump en persona, al que unos curiosos periodistas televisivos preguntaron si podía decirles algunos de sus pasajes favoritos, y él contestó que la lectura de la Biblia era algo tan íntimo para él que prefería no hablar de ello. Le insistieron, un tanto impertinentes en mi opinión, pidiéndole que al menos se decantara entre el Viejo y el Nuevo Testamento. Reflexionó antes de responder, como unos tres segundos, para luego añadir que ambos libros eran tan increíbles que se veía incapaz de decantarse.

Es muy posible que un día nos levantemos y el Hospital Zendal, definido muy trumpísticamente por la presidenta madrileña como uno de los mejores de Europa, haya pasado a llamarse Donald J. Trump, o el Movistar Arena, que cambia cada dos por tres de nombre, sea rebautizado con el nombre del presidente del imperio. Al fin y al cabo, los teatros tienen ahora nombres que perdieron todo rastro artístico para hacer referencia a las empresas que los financian. Muy en la onda. Por cierto, en mi humilde opinión, Ayuso debería sacar su propia Biblia dado el interés que muestra por la palabra de Dios. Una Biblia que ofrecería, entre otros suplementos atractivos, las letras del cancionero del ya mítico conjunto músico-vocal Hakuna, grupo del que confieso no haber tenido noticia (siempre voy tarde en la vanguardia musical) hasta que no hicieron su estelar aparición en el balcón del palacio de Correos para celebrar la Navidad en los términos de un país católico, como tiene que ser. Soy una más de las que se han informado a posteriori de la historia del líder, sus integrantes, y del enorme éxito que recaban entre los niños de tantos colegios concertados. Como diría un contertulio, ahí tenemos otro caladero de votos.

En estos tiempos de nueva espiritualidad, de esta new age de lo sagrado, puedes customizar tu religión, como Trump hizo con su Biblia, tomar de aquí y de allá lo que te convenga y todo a fin de profundizar en tu ombligo insondable, porque lo estupendo de estas creencias a la medida de tus necesidades es que no te exigen hacer el bien ni ser compasivo, no te piden generosidad, ni mirar por el que menos tiene. No te exigen decir la verdad. Puedes picotear tanto en los milagrillos de las santas como en el tarot, en el horóscopo o en la güija. Si tienes dinero, puedes aderezarlo con unos días de mindfulness en la India. Y recuerda que si el verso de Salinas decía “Quiero sacar / de ti tu mejor tú”, puedes transformarlo en “Quiero sacar / de mí mi mejor yo”. Porque el prójimo… ¿qué coño era eso?

domingo, 20 de abril de 2025

"EL FASCISMO EN ESTADOS UNIDOS". Siri Hustvedt, El País 18 ABR 2025 -

SR. GARCÍA
Mi padre solía decir: “Cuando el fascismo llegue a América, lo llamarán americanismo”.


En mi barrio de Brooklyn, todo sigue aparentemente igual. Las tiendas están abiertas y la gente camina dedicada a sus cosas. Sin embargo, la rutina está teñida de miedo. Al otro lado del puente, en el Upper West Side de Manhattan, se encuentra la Universidad de Columbia, donde estudié y obtuve mi doctorado en Literatura en 1986 y que ahora está en apuros con el nuevo Gobierno. Mi difunto esposo, Paul Auster, era estudiante en Columbia en 1968. Fue uno de los centenares de personas que ocuparon un edificio; recibió patadas y golpes de la policía y pasó una noche en la cárcel. Mi cuñado, el artista Jon Kessler, es profesor en la Escuela de Artes de Columbia. En definitiva, es una universidad que siento muy cercana. Después de que hubiera en ella manifestaciones propalestinas durante la pasada primavera, el Gobierno de Trump, para castigarla, le ha retirado millones de dólares de fondos federales con el pretexto del antisemitismo. La universidad ha capitulado ante las draconianas exigencias.

“Las universidades son el enemigo”, se titulaba un discurso pronunciado en 2021 por J. D. Vance, ahora vicepresidente de Estados Unidos y que, irónicamente, se graduó en la Facultad de Derecho de Yale.

Las palabras importan. Alteran la percepción humana, excitan las emociones e influyen en el rumbo de los acontecimientos políticos.

Desde el ascenso de Trump en 2015, se han publicado incontables artículos en distintos medios de comunicación que plantean una pregunta: ¿MAGA es o no es fascista? Jason Stanley, profesor de Yale y autor de Facha, y Ruth Ben-Ghiat, de la Universidad de Nueva York, que publicó Strongmen en 2020, han señalado muchos paralelismos entre el trumpismo y el fascismo europeo. Robert Paxton, autor de La Francia de Vichy: vieja guardia y nuevo orden, 1940-1944, llegó a la conclusión de que MAGA tenía características fascistas al presenciar los actos violentos del 6 de enero de 2021.

La respuesta de los principales medios de comunicación (y muchos académicos) ha sido que realizar esas comparaciones es “irresponsable”. Que los únicos que asocian a Trump con Hitler son los alarmistas de izquierdas. Los Estados Unidos de 2025 no son la Alemania de 1933.

La insistencia en que no se puede utilizar la palabra “fascismo” para hablar del Partido Republicano corresponde al pensamiento convencional. El discurso vocinglero de la extrema derecha es cada vez más habitual en la política. Para situarse en un terreno intermedio, los llamados medios de comunicación tradicionales, que están vinculados a intereses empresariales, tienen miedo de perder el acceso al poder y desean mantener un tono de moderación y continuidad, han decidido recurrir a las paráfrasis. Los berridos racistas, xenófobos y misóginos y las frases incoherentes de Trump pasan a ser declaraciones fluidas y racionales. La técnica tiene un nombre: sanewashing, dar un aire de sensatez a lo que no es más que una locura. Varios periodistas —entre ellos Paul Krugman, excolumnista del periódico— han acusado a The New York Times de caer en ello.

Los grandes medios de comunicación, colaboracionistas.

El racismo descarado a la hora de buscar chivos expiatorios entre las personas no blancas y los inmigrantes; la demonización de feministas y marxistas; la evocación de una edad de oro triunfal pero ilusoria que se va a recuperar gracias al gran macho líder, cuya virilidad teatral y beligerante encarna una voluntad cuasi religiosa del “pueblo”; el borrado de la historia; el despido de profesores; la prohibición de libros; la restricción de los derechos de la mujer y la insistencia en que los roles sexuales “tradicionales” son “lo natural”; la alarma por el descenso de la tasa de natalidad; el discurso eugenésico de los “genes malos” y la mágica transformación del grupo que domina una sociedad en víctima son elementos presentes en todos los movimientos fascistas (del siglo XX) y neofascistas (del siglo XXI) del mundo entero.

Hay que destacar que el auge del fascismo en Europa y el ascenso del Ku Klux Klan, la histeria contra los inmigrantes y la popularidad de la eugenesia en Estados Unidos se produjeron después de una pandemia mundial de gripe. La segunda encarnación de MAGA surgió inmediatamente después de la covid-19.

La propaganda, que conecta con los sentimientos colectivos de malestar, proporciona a los espectadores unos cómodos objetos a los que culpar y odiar. Convierte una irritación colectiva sin causa identificable en un diagnóstico específico: son los judíos; es lo woke (que abarca a todo lo que no son hombres blancos heterosexuales). Resulta apropiado llamarlo propaganda. La propaganda es el lenguaje que tiene una misión.

“No hay nada que confunda tanto a la gente como la falta de claridad o de rumbo”, escribió en 1931 Joseph Goebbels, futuro ministro de propaganda nazi, en Wille und Weg. “El objetivo no es presentar al hombre común todas las teorías distintas y contradictorias posibles. La esencia de la propaganda no está en la variedad, sino en la contundencia y la persistencia con las que se seleccionan ideas del pensamiento en general y se inculcan en las masas utilizando los métodos más diversos”.

Goebbels, un hombre con un doctorado en Filología, entendía qué es lo que hay que hacer con el mensaje. Cuando se repite una y otra vez, se consigue el objetivo. Hoy, los medios de comunicación de derechas estadounidenses, como hacía la maquinaria de propaganda nazi, repiten y amplifican las frases de Trump. Hace poco oí a un locutor de radio repetir una y otra vez “FRAUDE Y ABUSOS”, el mantra con el que Elon Musk y sus secuaces justifican el asalto a organismos gubernamentales y el despido de decenas de miles de trabajadores. Un ciudadano estadounidense que no escuche o vea más que los medios de comunicación MAGA está tan aislado como lo estaba el alemán ario cuando los nazis tomaron el control total de los medios de comunicación.

Se ha filtrado a la prensa una lista de 199 palabras marcadas como sospechosas por el Gobierno, entre ellas, negro, diverso, gay y mujer. Blanco, homogéneo, heterosexual y hombre no están incluidos. La purga sería cómica y absurda si no fuera por el miedo que inspira. Los científicos y académicos que aspiren a recibir subvenciones oficiales deben evitar estas palabras. También figuran en la lista mujer y género. Vigilar el lenguaje no es exclusivo del fascismo; es un mal endémico de los regímenes autoritarios.

El filósofo ruso M. M. Bajtín escribió La imaginación dialógica en época de Stalin, cuando emplear la palabra que no tocaba podía suponer el Gulag. El libro, un análisis de la novela, no se publicó hasta 1975. Para Bajtín, el género literario se distingue por tener una variedad de perspectivas y estilos lingüísticos que él llamó heteroglosia. El discurso autoritario, por el contrario, es unitario e inflexible y se impone desde arriba. Está “indisolublemente unido a su autoridad —al poder político, a una institución, a una persona— y se sostiene y cae junto con esa autoridad”.

El poder del lenguaje democrático, de la auténtica libertad de expresión, reside en la igualdad, la variedad, la contradicción, la interpretación y el diálogo: una polifonía encarnada en distintos oradores en diferentes situaciones, cuyas palabras cambian sin cesar porque reaccionan a las palabras con las que se expresan los demás.

La mitad de los votantes de este país no han elegido el neofascismo. A pesar de que hay cada vez más miedo, también hay cada vez más oposición. Mi marido y yo, junto con otros escritores, fundamos en 2020 Writers Against Trump (Escritores contra Trump), ahora llamada Writers for Democratic Action (WDA, siglas en inglés de Escritores por la Acción Democrática), que cuenta con más de 3.000 miembros y es una de las muchas organizaciones de resistencia que están emprendiendo acciones colectivas. Las palabras importan. Las palabras son acción. Hablar y escribir públicamente, o en la clandestinidad si se agrava la represión, será crucial para contribuir a que la segunda versión de Trump conserve o pierda su autoridad.

Siri Hustvedt es escritora, ensayista y poeta, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. Este texto se publicó originalmente el día 9 en Le Monde.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

domingo, 6 de abril de 2025

"¿Y SI LO DE TRUMP NO ES UNA SIMPLE LOCURA PERSONAL?" Juan Torres, Ganas de escribir (Blog) 4 de abril de 2025

La opinión que más escucho cuando oigo hablar de Donald Trump, incluso en boca de académicos o gente bien informada, es que está loco.

Es cierto que su comportamiento, tan diferente al de quienes nos hemos acostumbrado a ver como dirigentes y líderes mundiales, induce a pensar así. Es errático, estrambótico, grosero, inculto, mentiroso compulsivo, desvergonzado y chulo, carece de la más mínima empatía con los débiles y alardea de gobernar al país más poderoso del mundo como si fuese su inmobiliaria. Ha reconocido que desea ser un dictador, se salta las decisiones judiciales en su contra, insulta a sus adversarios sin compasión ni mesura y los amenaza, e incluso desprecia y humilla a sus propios socios. Sus ideas son extremistas, presume de religiosidad y valores morales cuando es conocida su relación con prostitutas y antros de todo tipo. Su trayectoria vital y comercial es la de un personaje sin principios ni límites, obsesionado por ganar a cualquiera que se le ponga por delante. Numerosas biografías y documentales lo han puesto de manifiesto y basta verlo en acción para comprobar su forma de ser, y cómo actúa y trata al resto de la gente.

Sin embargo, me temo que es erróneo pensar que lo que está haciendo y lo que hará más adelante es la simple expresión de una locura, de un comportamiento personal aberrante y reaccionario. Puede ser que Trump sea efectivamente un loco, un multimillonario que se puede permitir cualquier capricho y presumir como un pavo real del poder que tiene, siendo, como es, tan ignorante.

Yo tiendo a pensar que lo que está haciendo Donald Trump es mucho más que un comportamiento personal y la mejor prueba de ello es que las acciones que lleva a cabo vienen de lejos, antes de que él incluso aspirase a ser presidente.

He escrito con detalle sobre lo que creo que está ocurriendo y el por qué Trump hace lo que hace en mis dos últimos libros, Más difícil todavía (Deusto 2023) y Para que haya futuro (Deusto 2024), así que resumiré aquí muy brevemente lo que pienso.

Tiendo a pensar, en primer lugar, que Trump no es sino una pieza más de un proceso que viene de más lejos encaminado a desmantelar las democracias y los sistemas de legitimación que, desde los años ochenta del siglo pasado, habían generado la aceptación, por las clases sociales empobrecidas, de los procesos que las han desposeído. La razón o necesidad de hacerlo es sencilla: el nivel de concentración de riqueza y desigualdad alcanzado es tan extraordinario que ya resulta incompatible con la democracia representativa y el debate social transparente. Alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como Martin Wolf lo ha explicado y documentado perfectamente en su libro La crisis del capitalismo democrático (Deusto, 2023).

En segundo lugar, creo que la nueva presidencia de Trump es un momento más de un proceso de desglobalización y proteccionismo que viene de atrás, aunque ahora se produzca, ciertamente, de un modo más exagerado y radical,. Contabilizadas en su sentido más amplio, en el Global Trade Alert se registran casi 59.000 medidas restrictivas del comercio en todo el mundo desde 2009.

Como acabo de recordar en un artículo reciente, Obama ya fue calificado por The Wall Street Journal, como «un presidente proteccionista». Biden no sólo no rectificó las medidas que había adoptado Trump en su primer mandato, sino que incluso las aumentó en algunos casos y, sobre todo, con China. De él se escribió que practicaba «proteccionismo cortés» y «educado» y que su política comercial era «trumpismo con rostro humano», sin «tuits furiosos ni afirmaciones absurdas, pero con aranceles de seguridad nacional». CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 12 de febrero de 2025

"NO LE CREAS A TRUMP". Ezra Klein, The New York Times 5 FEB 2025

Si quieres entender las primeras semanas del segundo gobierno de Donald Trump, deberías escuchar lo que Steve Bannon le dijo a Frontline de PBS en 2019:
Steve Bannon: El partido de la oposición son los medios de comunicación. Y los medios solo pueden, porque son tontos y perezosos, centrarse en una cosa a la vez…

Lo único que tenemos que hacer es inundar la zona. Cada día los atacamos con tres cosas. Morderán una, haremos todo lo que podamos. Bang, bang, bang. Estos tipos nunca… nunca podrán recuperarse. Pero tenemos que empezar con velocidad de salida. Así que tiene que empezar, y tiene que martillar, y tiene que…

Michael Kirk: ¿Cuál era la palabra?

Bannon: Velocidad de salida.
Velocidad de salida. La visión de Bannon sobre este punto es real. El enfoque es la sustancia fundamental de la democracia. En particular, es la sustancia de la oposición. La gente se entera en gran medida de lo que hace el gobierno a través de los medios de comunicación, bien sean los medios tradicionales o las redes sociales. Si se abruma a los medios de comunicación, si se les da demasiados temas para examinar, todos a la vez, si se les mantiene moviéndose de una cosa a otra, no puede surgir una oposición coherente. Incluso pensar de manera coherente es difícil.

Las primeras dos semanas de Donald Trump en la Casa Blanca han seguido la estrategia de Bannon como un guión. El punto es la inundación. El objetivo es el agobio. El mensaje no estaba en una sola orden ejecutiva o anuncio. Estaba en el efecto acumulativo de todo. La sensación de que ahora este es el país de Trump. Este es su gobierno. Sigue su voluntad. Hace lo que él quiere. Si Trump le dice al Estado que deje de gastar dinero, el dinero se detiene. Si dice que la ciudadanía por nacimiento se acabó, se acabó.

O eso quiere que creas. En el primer mandato de Trump, se nos dijo: no lo normalices. En el segundo, la tarea es distinta: no le creas.

Trump conoce el poder de la mercadotecnia. Si haces que la gente crea que algo es verdad, aumentas la probabilidad de que se convierta en verdad. Trump recuperó su gran riqueza interpretando a un temible multimillonario en televisión; se reinventó como un ganador al negarse a admitir que alguna vez había perdido. La presidencia estadounidense es un cargo limitado, pero Trump nunca ha querido ser presidente, al menos no como se define en el Artículo II de la Constitución de Estados Unidos. Siempre ha querido ser rey. Su plan esta vez es interpretar primero a un rey en la televisión. Si creemos que ya es rey, es más probable que lo dejemos gobernar como rey. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 8 de febrero de 2025

"MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA IDENTIFICAR UN GOLPE DE ESTADO". Irene Lozano, elDiario.es

El pensador estaodunidense Timothy Snyder ha descrito lo que está ocurriendo como “un golpe de Estado”. Yo estoy de acuerdo. Súmale las redadas de migrantes, las deportaciones al campo de concentración de Guantánamo y los planes para la limpieza étnica en la franja de Gaza

Paso 1. No busques batallones ni militares recorriendo las calles con el fusil cargado. No esperes escuchar un helicóptero sobrevolando el parlamento ni ver tanques en la puerta de la sede de la televisión y la radio públicas. Identifica los centros de poder y riqueza actuales: ya no son físicos sino virtuales. No olerás a pólvora.

Paso 2. No pienses en detenciones materiales. No deduzcas que verás pañuelos o mordazas cerrando bocas, esposas encadenando muñecas, grilletes atando pies. Imagina cómo acallarías voces incómodas de periodistas u opositores en el mundo virtual. Observa ese algoritmo que sólo tiene que sepultarlas en la insignificancia, para que no interrumpan el agradable paseo triunfal de la victoria, algo parecido a la voz ubicua del Gran Hermano de Orwell, pero deslizándose por la palma de tu mano en un scroll infinito.

Paso 3. No conjetures con posibles altercados violentos a la entrada de las oficinas de la administración federal de Estados Unidos. Allí se encuentran los ordenadores que albergan millones de petabytes de datos, cantidades inimaginables de información fiscal, económica, social, personal, sanitaria, sobre todos y cada uno de los 330 millones de estadounidenses. Pero no veas agentes armados impidiendo el paso a desaforados golpistas. Piensa en un funcionario del Tesoro que ha desayunado con sus hijos esa mañana y que ahora se aparta, caminando de puntillas hacia atrás, cuando ve entrar con paso decidido a un grupo de hombres jóvenes bajo las órdenes de Elon Musk.

Paso 4. Ahora imagina a esos hombres jóvenes asaltando esos ordenadores federales para acceder a todos los datos que contienen. Pero recuerda que no llevan botas negras ni pasamontañas ni fusil. Más bien visualízalos en vaqueros y con una camiseta cuya leyenda dice “Occupy Mars”. Imagina que disponen de un poder omnímodo para acceder a toda la información que todo ciudadano consideraba hasta ahora más o menos protegida. ¿Recuerdas aquello de “los datos son el petróleo del siglo XXI”? Pues de ese petróleo hablamos. Lo están extrayendo a marchas forzadas estos comandos de hombres jóvenes que no llevan por arma ni un pen drive. A su jefe Elon Musk, nadie lo ha votado y no ocupa ningún cargo formal dentro del Gobierno ni en el organigrama de la administración, por lo que resulta imposible saber cuáles son sus atribuciones y qué límites legales tiene; quién controla sus conflictos de interés y cómo rinde cuentas de sus decisiones ante el poder legislativo, es decir la ciudadanía.

Paso 5. Gracias al ‘petróleo’ virtual, piensa en todo lo que aprenderá este hombre sobre 330 millones de almas: sus secretos inconfesables, sus problemas económicos, sus deudas con el Tesoro o con otras entidades, sus cuitas matrimoniales. El más ínfimo detalle puede convertir a cualquiera de los 330 millones en víctimas de un chantaje, pero sobre todo a quienes tengan una voz con la que protestar: profesores, escritoras, artistas, abogadas, miembros del Congreso, en fin, imagina esa larga lista de gente que está en contra de lo que está haciendo Donald Trump. Recuerda, ahora, que el derecho a la libertad de expresión se consagró para proteger a gente sin poder de la gente poderosa. No al revés. Nunca fue al revés: nunca se pensó en que la libertad de hablar que estuviera amenazada fuera la de quienes ostentan el poder.

Paso 6. Mira cómo este hombre está tomando decisiones sobre recortes de gasto que contravienen pagos aprobados en leyes del Congreso de los Estados Unidos. Si se vacía el contenido de las leyes, se desactiva de facto el voto de los ciudadanos y el nombre del régimen de gobierno deja de ser “democracia”. El pensador estadounidense Timothy Snyder ha descrito lo que está ocurriendo como “un golpe de Estado”. Yo estoy de acuerdo. Súmale las redadas de migrantes, las deportaciones al campo de concentración de Guantánamo y los planes para la limpieza étnica en la franja de Gaza. Esas medidas y muchas más, disparadas como fuego graneado para que a los ciudadanos no les dé tiempo ni a comprender qué está ocurriendo.

Vuelve a mirar, ¿lo ves ahora?

jueves, 6 de febrero de 2025

TIMOTHY SNYDER. “Si los americanos no se dan cuenta en tres meses de la amenaza a nuestra democracia, estaremos perdidos”. Pol Pareja, elDiario.es 3 de febrero de 2025

El prestigioso historiador y profesor de la Universidad de Yale reflexiona en Barcelona sobre cómo la ultraderecha se ha apropiado de la defensa del término “libertad”

¿Qué es realmente la libertad? ¿Por qué la ultraderecha ha logrado apropiarse del término? Timothy Snyder, profesor de historia en Yale y uno de los intelectuales americanos más relevantes de la actualidad, ha reflexionado este lunes en el CCCB de Barcelona sobre cómo las autocracias, los algoritmos y el auge de la ultraderecha han logrado pervertir esta palabra hasta vaciarla de significado.

“Si pensamos que la libertad es ‘yo contra el Gobierno’, rápidamente nuestra idea de libertad será ‘yo contra el vecino’ o ‘yo contra los migrantes’”, ha señalado Snyder ante un auditorio abarrotado (más de 500 entradas vendidas). “La idea de que soy libre porque puedo rechazar algo es muy atractiva, pero también muy peligrosa”.

En conversación con el periodista de La Vanguardia Xavier Mas de Xaxàs, Snyder ha insistido en alertar sobre lo que él llama la “libertad negativa”, defendida por el espectro más reaccionario de la política. “Si asumes una noción negativa de la libertad es muy fácil acabar donde está Rusia o América a día de hoy”, ha afirmado.

El historiador ha criticado la actual corriente que señala la libertad como la ausencia de poder estatal cuando, según él, la verdadera libertad consiste en “crear las condiciones sociales y políticas” para que los individuos prosperen y aprendan a defender los valores que realmente les hacen libres.

A modo de ejemplo, ha explicado cómo en Austria obligan a las familias a permanecer 96 horas en el hospital tras un parto. En Estados Unidos, en cambio, no te dejan ingresar hasta el último minuto y te echan lo más rápido posible.

“¿Qué supone más libertad? ¿Que me enseñen a amamantar, a cuidar a un recién nacido y me den todas las herramientas para criarlo o que nos echen del hospital con mi mujer todavía en sillas de ruedas porque les cuesta dinero?”, se ha preguntado. “Esto casa a la perfección con la idea de libertad negativa”.

Snyder ha dedicado parte de su intervención a la amenaza a la democracia estadounidense que suponen Donald Trump y Elon Musk, pero también ha hablado de la Rusia de Putin, de algoritmos y de cómo las democracias europeas pueden posicionarse ante la actual ola reaccionaria.

“Si los americanos pasan tres meses sin darse cuenta de que Trump es una amenaza existencial a nuestro modelo, estaremos perdidos”, ha señalado sobre el actual presidente.

Snyder, que predijo que un segundo mandato del magnate implicaría un intento de desmantelamiento de la democracia estadounidense, no ha descartado que el mandatario se instale en el poder durante más años de los cuatro que le permite la constitución.

“Están haciendo cosas terribles, pero también intentan crear la noción de que son imparables y no lo son”, ha matizado. “Hay muchas maneras de resistir a Trump y Musk, hay cosas que los americanos todavía podemos hacer”.

En el cóctel reaccionario que recorre el globo, Snyder identifica el miedo y el uso de las redes sociales como los grandes combustibles de la ultraderecha. “Si estás asustado es muy difícil que seas libre”, ha asegurado. “Si queremos tener menos miedo debemos pasar menos tiempo ante las pantallas y vernos más con la gente”.

El intelectual estadounidense cree que las redes y los algoritmos viven precisamente del miedo y del placer. Y el miedo nos hace muy predecibles. “Si hay buenos colegios, buenas oportunidades, soy totalmente impredecible, mi vida podrá ser muchas cosas distintas”, ha explicado. “En cambio si hay una situación de caos y riesgo, soy totalmente predecible”.

Snyder ha puesto de ejemplo cómo nos sentimos ante una situación dramática, ya sea una crisis política, una movilización social o una guerra. “Si en estos momentos estás con gente sueles estar menos asustado”, ha señalado. “En cambio, si estás solo en casa mirando las redes lo más probable es que tengas mucho miedo”.

¿Y qué puede hacer Europa ante esta tesitura, atrapada entre la autocracia de Putin y el mandato de Donald Trump? Snyder ha tratado de inculcar cierto optimismo a los ciudadanos del viejo continente.

“Tenéis que superar el hábito europeo de pensar que Rusia y EEUU son tan grandes que estáis atrapados”, ha espetado. “Dadle a Trump cinco semanas y vuestra economía ya será mejor que la nuestra, de hecho es mucho mejor que la de Rusia”, ha afirmado. “Europa es un actor mucho más grande de lo que os creéis”.

Snyder ha marcado un posible alto al fuego en Ucrania como uno de los momentos cruciales en los que la Unión Europea deberá actuar. “La UE tendrá que invertir en el país, enviar soldados para mantener la paz e inundar Ucrania con todo lo que podáis”, ha afirmado. “Si no lo hacéis, habrá otra guerra y las consecuencias podrán ser peores”.

Pesimista con el papel que EEUU desempeñará en el mundo actual, Snyder ha concluido que los europeos deberán actuar sin esperar ningún movimiento por parte de Trump. “Sinceramente, creo que estaréis más a salvo que nosotros en 2025”, ha concluido.





lunes, 27 de enero de 2025

"YO TEMBIÉN ESTOY CON ELLA". Elvira Lindo, El País 26 ENE 2025

Mariann Budde en la Catedral Nacional de Washington,
el pasado 21 de enero

La obispa Budde tenía pensado articular su sermón en torno a honestidad, dignidad y humildad, pero al escuchar las palabras de Trump en su toma de posesión sintió la llamada de una obligación moral

En 2009, por cosas que no vienen a cuento, me vi en Nueva York enfrentando una mudanza yo sola. Llegó la víspera y los del nuevo edificio me empezaron a pedir papeleos del seguro que yo, ignorante, no había cumplimentado. Paralizada, me senté en el suelo de aquel piso vacío y pensé en rezar. No hizo falta, porque apareció un ángel. Se llamaba José Fernández, neoyorquino de origen puertorriqueño, decorador que venía a hacerme algunos arreglos. El hombre, como un personaje de Frank Capra, se ofreció a ayudarme. Le invité a comer; le hubiera puesto un piso. Nos hicimos casi amigos. Me dijo que vivía en Times Square. ¿En Times Square, donde los teatros? Sí, allí vivía él con su marido, pastor episcopaliano de una iglesia ubicada en el mismo corazón del musical. Nos invitaron una noche al templo, escuchamos una misa cantada y subimos luego al apartamento de José y del padre Jay, que se quitó el alzacuello como el ejecutivo se quita la corbata y sin bendecir la mesa disfrutamos de una cena deliciosa hablando de cine español, que les fascinaba. Al salir a la calle, expuestos a la algarabía incesante de Broadway, desconcertados como Michael Keaton en Birdman cuando se ve desnudo en medio del gentío, pensé que siempre hay personas tan bondadosas que consiguen crear un remanso de paz en medio de la batalla. Quise casarme allí, en la cuna del musical, bendecida por ese buen pastor, pero se me tachó de fantasiosa.

En 2012 un joven y brillante pianista de Picanya, Antonio Galera, me escribió diciéndome que iba a estar de paso en Nueva York dos días y que si le conseguía un piano me daba un concierto. Nunca le pregunté si lo había propuesto en serio, pero para mí se convirtió en un reto. Pregunté en los centros españoles y nada, entonces recurrí a una vecina del barrio, María José Pascual, valenciana proclive al mecenazgo, y entre las dos encontramos una iglesia, la West End Collegiate Church, dirigida por una mujer, la pastora Cynthia Powell, a su vez directora de la Stonewall Chorale, el primer coro de gays y lesbianas en EE UU, inspirado en la histórica defensa de los derechos gays a raíz de las manifestaciones del año 69 contra las redadas policiales en el mítico bar del West Village. El joven Galera pudo tocar y no solo para mí, allí asistió un nutrido grupo de vecinos que disfrutó de una velada con ecos de lo mejor de España. Luego cenamos con la arrolladora pastora, su mujer y otras amigas. Galera y Powell establecieron un vínculo afectivo que dura hasta hoy y que le facilitó al músico conexiones con algunos festivales prestigiosos del Estado.

La obispa Budde tenía pensado articular su sermón en torno a honestidad, dignidad y humildad, pero al escuchar las palabras de Trump en su ceremonia de posesión sintió la llamada de una obligación moral, la de añadir un cuarto elemento: el ruego urgente por la compasión, por la misericordia, una petición dirigida a un mandatario que esquivaba su mirada desde uno de los bancos de la fastuosa Catedral de Washington. No fue fácil para esta mujer irrumpir con la verdad en un templo plagado de súbditos de Trump, pero pensó que debía ser la voz de los que no la tienen. No era la primera vez que plantaba cara al gigante, ya en 2020, cuando vio al hoy presidente blandir airadamente la Biblia después de que la policía disolviera con violencia a los manifestantes que clamaban a favor de la justicia racial, Budde expresó su indignación en un artículo de The New York Times contra un gesto que consideraba opuesto a las enseñanzas bíblicas.

Hoy he visto a la pastora Cynthia Powell animando a agradecer a Budde su valiente sermón. Aparece en su petición una foto de la obispa sonriente y una frase que reza: I´m with her. Yo también estoy con ella. Cuando la Iglesia Católica admita la diversidad en sus predicadores se acercará más a su doctrina, aquella que dice desear que la paz esté con nosotros.

domingo, 26 de enero de 2025

"EL GRITO DE LA SELVA". Juan José Millás, El País

El macho dominante, tras golpear al adversario con un hueso en la cabeza, ha lanzado ese hueso al aire y celebra su triunfo con la expresión de un mono satisfecho. El hueso, como en la película de Kubrick, caerá convertido en un cohete de los que fabrica Elon Musk, el primate de la foto. Todo ello sin transición alguna, como si no hubieran existido Platón ni Sócrates ni san Agustín ni Aristóteles, como si no hubiera existido Cristo. Sabemos que, si un caniche rebobinara unos cuantos siglos, regresaría al lobo del que procede. Si los seres humanos hiciéramos lo mismo, llegaríamos a Elon Musk o a Donald Trump. Me vienen a la memoria entonces aquellos versos de Cernuda:

“Lo que el espíritu del hombre
ganó para el espíritu del hombre
a través de los siglos
es patrimonio nuestro y es herencia
de los hombres futuros.

Al tolerar que nos lo nieguen
y secuestren, el hombre entonces baja,
¿y cuánto?, en esa dura escala
que desde el animal llega hasta el hombre”.

Eso es lo que hemos permitido al hacer multimillonario a este individuo y presidente del llamado mundo libre a Donald Trump: que se nos nieguen siglos de humanismo. Ahí, en esa imagen de macho dominante, no hay sitio para Cervantes ni para Shakespeare ni para la fenomenología ni para el existencialismo. No hay sitio para Camus ni siquiera para el liberal Vargas Llosa. Ahí solo hay sitio para el escupitajo, para el grito selvático con el que nos acostamos hoy y amaneceremos mañana.

sábado, 14 de diciembre de 2024

"VOX MANDA". Enric Juliana, La Vanguardia 7 DIC 2024

Vox pone condiciones y el Partido Popular las obedece. El sueño de la extrema derecha europea empieza a cumplirse también en España: la derecha tradicional española, una de las más duras del continente, empieza a ir a remolque de la derecha radical que ha sellado un pacto de sangre con el espíritu de Donald Trump. En estos momentos, la organización política española más próxima al futuro inquilino de la Casa Blanca es Vox. La fracción mejor conectada con el nuevo poder norteamericano es Vox. José María Aznar tendrá que trabajar a fondo para volver a inclinar la balanza a su favor. Su amistad con Marco Rubio, uno de los hombres fuertes del Partido Republicano en Florida, futuro secretario de Estado, puede serle de gran ayuda.

Fue durante el primer mandato de Trump (2016-2020) cuando Vox empezó a cobrar visibilidad política en España, con unos resultados espectaculares en noviembre del 2019: 52 escaños. Más de cincuenta diputados para la extrema derecha, cuatro de ellos generales retirados, lo nunca visto desde la muerte del general Franco. Vox aprovechó bien la brecha que se estaba abriendo entre política y sociedad, esta vez por el lado derecho. Aquellas elecciones generales de noviembre del 2019 fueron repetición de los comicios celebrados en abril, con posterior bloqueo parlamentario. Pedro Sánchez, Albert Rivera y también Pablo Iglesias se obstinaron en repetirlas. Sánchez decía que no dormiría tranquilo con ministros de Podemos. Rivera, que ya se imaginaba presidente del Gobierno, no quería dar oxígeno a Sánchez. E Iglesias no dio su brazo a torcer: quería que Podemos entrase en el Gobierno y finalmente lo consiguió. Vox fue el gran beneficiario de aquella innecesaria repetición electoral y también de los disturbios que tuvieron lugar en Barcelona entre octubre y noviembre de 2019, cuando se conoció la sentencia del Tribunal Supremo una vez concluido el juicio a los independentistas catalanes. El fuego de los contenedores incendiados en el centro de Barcelona les ayudó a crecer. Posteriormente, Vox bajó a 33 diputados en las elecciones generales de julio del 2023, y en estos momentos los sondeos indican que podrían alcanzar unos 45 escaños. Están remontando.

Vox advierte al PP y este le hace caso. Vox amenaza a Génova con abandonar la negociación de los presupuestos del 2025 en las comunidades autónomas donde los populares necesitan sus votos (Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón, Murcia, Extremadura y Castilla y León) y al cabo de veinticuatro horas, el partido conservador vuelve a bloquear las negociaciones con el Gobierno para hallar una salida al problema de los menores migrantes no acompañados. Esa era la exigencia de Santiago Abascal: no repartir menores por España, no sacarlos de Canarias, expulsarlos. Objetivo: identificar a Vox como el partido más agresivo contra la inmigración irregular. Objetivo conseguido.

(Si la intención del PP era mantener la negociación bloqueada al margen de otras consideraciones, Vox ha sido hábil. Intercalando su exigencia en el momento adecuado han conseguido transmitir la idea de que el PP les teme).

Vox no es en estos momentos el partido político moribundo que algunos medios de comunicación de Madrid imaginaban hace un año. Ha sufrido algunas bajas relevantes (Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio…), su organización territorial sigue siendo débil, su vida interna presenta notorias opacidades y hace unos meses tuvieron que admitir que obtuvieron un crédito de un banco húngaro para afrontar las elecciones municipales y generales del año pasado. Admitir la existencia de ese crédito significaba reconocer un vínculo profundo con Víktor Órbán, el primer ministro húngaro, amigo de Trump, casi súbdito de Vladímir Putin y valioso aliado centroeuropeo de Xi Jinping. Vox ha puesto un pie en el 'otro lado'. Sus resultados en las elecciones europeas del pasado mes de junio no fueron espectaculares (9,6%), pero lograron superar el registro de las anteriores europeas, celebradas en junio del 2019 (6,2%), meses antes del ‘estallido’ de noviembre. La victoria de Trump en Estados Unidos les está yendo muy bien: Vox se mantiene al alza. Tres millones de votos rocosos y animados por la ola reaccionaria que recorre Occidente. CONTINUAR LEYENDO

martes, 12 de noviembre de 2024

"LO SIGUIENTE ERA EL FASCISMO". Rosa María Artal, elDiario.es

A Trump le han votado los ciudadanos, a Mazón también. Los ciudadanos elegimos a quiénes creer y los medios por los que informarnos. Lo de ahora es un abismo, una vuelta atrás: la antítesis de la Ilustración. Los partidos tradicionales necesitan una profunda reflexión y mayor incluso los ciudadanos

El fiscal especial Jack Smith se dispone a poner fin, según se ha anunciado, a las causas federales contra Donald Trump dada la inmunidad de la que gozan los presidentes. Son las referidas a subversión electoral y retención ilegal de documentos clasificados. Smith ha tenido una intensa jornada: por la tarde ha pedido también a la jueza a cargo del caso por el asalto al Capitolio una pausa “para analizar la nueva situación”. Durante la campaña, Trump dijo que despediría a Smith “en dos segundos” si era reelegido. Algo que acaba de suceder y no toma posesión hasta enero, pero la maquinaria que se preparó -con el control de la Justicia-, y el regalo de los votantes que le han dado el poder ejecutivo y el legislativo marcan ya la pauta de lo que viene.

Este sábado 9 de noviembre se cumplen 35 años de la caída del Muro de Berlín. Cuando las ansias de libertad derribaron todo un sistema político y económico basado -teóricamente- en la igualdad de los seres humanos. Los estadounidenses han elegido esta misma semana un presidente -para ellos y para el mundo- dispuesto a establecer la desigualdad como organización social basada en reformas drásticas que se ajusten a la llamada ya Ilustración Oscura que elimina trabas democráticas a los intereses de las élites. Se han hecho en estos siglos demasiados cambios inconvenientes para ellas. No son las mismas, por supuesto, la nueva aristocracia -empresarial, tramposa, ávida de dinero,- la vemos en el equipo de Trump, con Elon Musk en cabeza y un círculo de afamados ultraderechistas.

En los incontables análisis que leo para explicar el fenómeno, se suprime una obviedad que no por serlo es decisiva: han sido los ciudadanos quienes han votado a Trump. A un hombre embustero, machista, clasista, xenófobo, convicto de algunos de los delitos que se le imputaron e impulsor del asalto al templo de la sacrosanta democracia estadounidense, el Capitolio, hace cuatro años cuando perdió las elecciones frente a Biden. Y que llega ardiendo en venganza y con ganas de establecerse como gobernante autócrata, tumbando pilares esenciales de lo conocido hasta ahora en las democracias liberales.

El periodista Claudi Pérez, en El País, recuerda una clave del triunfo de Trump que también han señalado compañeros de elDiario.es: “El PIB no es suficiente para ganar elecciones” de Sáenz de Ugarte, por ejemplo. El candidato republicano preguntaba a los ciudadanos: “de acuerdo, las macrocifras están mejor, ¿pero usted llega más holgado a fin de mes o no?” La trampa es inmensa. Y en España también funciona. ¿En serio han creído millones de personas que con Trump van a llegar más holgados a fin de mes precisamente ellos? ¿Saben qué han votado? Estoy convencida de que no, al margen de la laxitud moral que implica elegir a un personaje como éste.

Se inicia la vuelta atrás, la Ilustración Oscura, la tecnofeudal, la destrucción de las democracias tal como eran entendidas. Ése es el problema: no han dado las soluciones requeridas y el hartazgo es grande, pero elegir la peor de las salidas no parece de personas muy informadas. ¿Hay otra? Mientras esperamos otros cuatro años y otros cuatro más a cambios positivos para todos que no se producen, la ultraderecha avanza su modelo como anzuelo al descontento.

Algunos autores muy consistentes como Robert O. Paxton creen que “el fenómeno de Trump tiene una base social mucho más sólida, una base que no tenían ni Hitler ni Mussolini”. En mi opinión, no es tanto una base social -y menos aún informada- sino una que cree en promesas dudosas aceptando en el paquete la vulneración de fundamentos éticos esenciales. Educada en la frivolidad y la ausencia de pensamiento crítico. La primera arma usada por Trump en su anterior mandato fue la mentira. Las soltó casi cada vez que hablaba, como hacen en España líderes de la derecha, Feijóo o Isabel Díaz Ayuso en cabeza. Y la gente se las compra sin pensar en las consecuencias.

Un 52% de mujeres blancas han votado a Trump, probablemente por racismo. Y un 54% de los hombres latinos por machismo. Lo que llaman “la economía” ha primado también en muchos de los seguidores del republicano.

Hace falta ser muy torpe para votar a Trump “porque Biden dejó entrar a todo el mundo”… siendo de origen peruano. Se propone hacer deportaciones masivas. Y así pueden encontrar a miles y millones que se sienten excluidos de las amenazas que les sitúan como dianas de los fascismos. Lo mismo que ocurre en muchos lugares, España incluida.

En estos 35 años desde la caída del Muro de Berlín, han ido tumbando la globalización, el neoliberalismo y la posmodernidad. Lo de ahora es un abismo, una vuelta atrás. Extrema derecha, antidemocrática, reaccionaria y tradicionalista. Nacionalista y proteccionista en lo económico. Que combate los roles de género, la diversidad sexual y las migraciones. Es la antítesis de la Ilustración. Preconiza -como única “modernidad” el funcionamiento de los países como empresas. Jerarquizadas, por supuesto. Que el común de los mortales crea que puede estar incluido entre los beneficiarios es realmente peregrino.

Hasta ahora han usado a los ciudadanos. Si como avisó Trump, no van a tener que votar más, ya no los necesitan si no para seguir usándolos en otros fines. Pero los ciudadanos crédulos no son inocentes. Por grande que sea la decepción, hace falta algo más de curiosidad intelectual antes de tragarse todo lo que echan. Porque cada vez arrojan más basura para el consumo desinformativo e ideológico. A través de las redes infinidad de seres sin el menor conocimiento de nada se han sentido con poder para discutir a la altura de cualquier auténtico experto. El cambio climático, por ejemplo, una enorme amenaza que, para quienes lo niegan sin fundamentos, implica si se suprimen los controles … “vivir mejor”. Información no es lo que cuenta el primero que llega, exige comprobaciones, un orden de prioridades, verdad sobre todo. Y, en efecto, destruirla ha sido y es la gran baza de la ultraderecha.

España, Valencia, la DANA, causas y consecuencias, como ejemplo. Conociendo los perfiles y andanzas de Mazón y su gobierno, te preguntas siquiera cómo pudieron ser elegidos para gestionar asuntos básicos de la vida de las personas. Y no sorprende en absoluto el proceso de mentiras y contradicciones con el que intentan tapar su responsabilidad en el agravamiento de las consecuencias de la DANA, una auténtica tragedia. Pero igual ocurrió en el Madrid de Ayuso en la pandemia. Cierto que medios interesados lo manipulan, pero ¿al punto de disuadir de forma tan extrema la realidad? ¿no aprenden siquiera de las fatales consecuencias en otros?

Un momento muy preocupante, terrible, de la humanidad éste que va in crescendo porque nadie le pone coto. Orban y Meloni revalidados por el triunfo de Trump y todos juntos aprisionando a una Unión Europea que dejó entrar los fascismos hasta la cocina y se mueve cada vez más a sus órdenes. Europa y los partidos tradicionales necesitan una profunda reflexión, pero mayor incluso han de hacerla los ciudadanos que no son sujetos pasivos de corrientes, han de entender que las mueven ellos y a menudo con sus propios errores, esos que terminan por arrasarlos. A Trump le han votado los ciudadanos, a Mazón también. Somos los ciudadanos quienes elegimos a quiénes creer y los medios por los que informarnos.

Cuando hace 5 años un grupo de autores evaluamos los cambios operados tras la caída del Muro de Berlín (Derribar los muros, Roca Editorial 2019) anotamos varias ideas:

“Lo que de veras triunfó en 1989 y los años siguientes fue el capitalismo salvaje, el que se niega a aceptar cualquier tipo de regulación a la primacía del dinero en la vida de los seres humanos y en la explotación de los recursos del planeta. Triunfó universalmente”, escribía Javier Valenzuela. “Todo, desde el aire que respiramos, al agua que bebemos, los alimentos que comemos, pasando por la sanidad, las pensiones, la energía, la educación, la vivienda, la deuda, todo se ha convertido en mercancía objeto de especulación en los mercados bursátiles”, destacaba Lourdes Lucía. Se denunciaba el abandono de su papel de una socialdemocracia que dejó la política económica “en manos de la dogmática neoliberal”, Pérez Tapias

“La prensa parece no servir ya para situar a la sociedad en el tiempo en el que vive, para arrojar luz sobre las democracias y sus procesos de elección, para otorgar libertad a través de la buena información” anticipaba Pedro de Alzaga.

Constatamos también cómo habían brotado otros muros en los ojos espantados de los rescatados en alta mar, en las guerras, en las víctimas del frenético racismo, en la pobreza y en la injusticia que sufren millones de personas. Y Àngels Martínez Castells evocaba a Kavafis para lamentarse de quienes no ven el futuro, aunque lo tengan encima. Y viven sin escuchar el ruido que producen los “albañiles” cuando construyen los muros, sin darse cuenta de que los muros aíslan del mundo exterior“.

Ya hay otro casi insalvable. En lo alto Trump y todos los demás fascistas con millones de seres apoyando los ladrillos engarzados con sus cuerpos y sus vidas para sostenerlos. Esos son los principales responsables. Por cierto, también suelen ser ciudadanos quienes los derriban.

"CUANDO LOS JUECES QUIEREN GOBERNAR". José González Arenas, infoLibre.es

Cuando esa función se desborda y empieza a sustituir la decisión política, el problema ya no es técnico, sino democrático En su reciente art...