domingo, 24 de mayo de 2026

"NEVENKA FERNÁNDEZ, MAESTRA DE FISCALES". Isabel Valdés, El País

Nevenka Fernández en la sede de la Fiscalía General del Estado
La mujer que ganó el primer juicio en España por acoso contra un político explica a 60 fiscales y jueces qué fue lo más doloroso de su proceso y cómo mejorar su trabajo con las víctimas

La misma mujer que caminaba por Madrid encogida sobre sí misma y envuelta en una sudadera con capucha para intentar algo parecido a la invisibilidad está este martes en la sede de la Fiscalía General del Estado viendo cómo unos 45 fiscales y una quincena de jueces dan grititos en una sala con la luz apagada y los ojos cerrados y un globo entre las piernas porque ella va paseando entre las filas pinchando algunos de esos globos.

Ha pasado un cuarto de siglo entre la mujer encapuchada que se encorvaba para hacerse pequeñita y la que dirige ese ejercicio para esos hombres y mujeres de la judicatura. La ciudad es la misma, pero no es la misma sociedad la que la habita, y sobre todo no es la misma Nevenka Fernández. “Así se siente una víctima en un juzgado, con el globo entre las piernas y el pecho encogido”, les dice mientras se vuelve a encender la luz. Les explica que “el miedo y la ansiedad de no saber lo que va a ocurrir es uno de los mayores terrores de las víctimas de abusos”.

Ella lo fue poco después de cumplir los 20 años. Era concejala de Hacienda en su ciudad, Ponferrada (León), y el alcalde, Ismael Álvarez, comenzó contra ella una caza que la fue minando día a día, poco a poco: acoso sexual, acoso laboral, abuso de poder. “Me anuló”. Hasta que denunció. Fue la primera mujer que ganó un juicio por ese delito en España, pero era 2001, tenía 25 años y ya había decidido su propio exilio a Inglaterra porque no quería vivir en una sociedad de la que, dijo en septiembre en una entrevista en este diario, su silencio fue lo que más daño le hizo.

Lo ha vuelto a repetir este martes: “Era muy difícil encontrar un resquicio de comprensión. La sociedad, los medios y las instituciones, en general, en el mejor caso no se expresaban, y quienes se expresaban no querían escuchar lo que yo tenía que decir”.

Ni siquiera la Fiscalía.

Porque también ha relatado todo el dolor añadido, la violencia institucional que sufrió durante el proceso por José Luis García Ancos, fiscal jefe del TSJ de Castilla y León en aquel momento, al que el fiscal General del Estado entonces, Jesús Cardenal, acabó por relevar de su puesto por esa revictimización a la que sometió a Fernández.

Ella les ha contado el tono “culpabilizador” de Ancos que aún recuerda. Recuerda un interrogatorio de 10 horas en el que sintió que “le agotaban el espacio y el oxígeno”. Recuerda “la postura agresiva de Ancos, coherente con sus palabras, horribles, insultos” en una sala pequeña, terreno hostil. Recuerda “el cuerpo en tensión, mucho ruido alrededor, el peso gordísimo de la vivencia del acoso”.

Ahora, 12 de mayo de 2026, tiene casi 52 años. Ya no solo puede volver a casa, sin encogerse y sin llorar, sino que todo eso que recuerda se ha sentado a contárselo a esos y esas fiscales, y algún juez y alguna jueza. Nevenka Fernández es una de las profesoras del programa Abordaje integral del testimonio de las víctimas vulnerables que ha organizado la Fiscalía General del Estado durante tres días. Durante más de cuatro horas les ha enseñado qué deja el paso por la justicia; cómo viven las víctimas, cómo vivió ella, un proceso judicial; les ha explicado qué le hizo daño, que es algo que no debe provocar el trabajo institucional, el de la Fiscalía.

El segundo ejercicio ha sido leer un testimonio en un folio mientras Fernández hacía sonar o una trompeta o un silbato. Dependiendo de con qué hiciese ruido, tenían que levantarse y dar una vuelta sobre sí mismos, o, sin levantarse, zapatear en el suelo. Al final, ella les ha contado por qué los ha puesto a esa danza: “Una de las consecuencias del trauma es que no te permite concentrarte en una sola cosa, que en el juicio es la pregunta a la que tienes que responder, no es sencillo con todos esos estresores. Si vuestra carrera, vuestra vida dependiera de cómo respondéis ahora mismo aquí haciendo esto, ¿cómo os sentiríais?, ¿creéis que os sería más fácil hacerlo?”.

Fernández les ha hablado de hipervigilancia, de vivir en alerta constante, del caos que sienten que atraviesan continuamente las víctimas. Les ha hecho dibujar con ceras en el reverso del folio que tenía el testimonio del anterior ejercicio: “Ahora cojan el papel y mírenlo, hagan una bola con él, como si fueran a tirarlo a la basura, ahora estírenlo, tanto como puedan, ¿se queda igual? Miren bien el dibujo. Quedan las marcas, siempre”.

Varias veces se ha quedado mirando a esa sesentena de fiscales y jueces durante un instante, brevísimo, como en esas de querer decir algo pero no decirlo. Ha acabado haciéndolo: “Es una locura estar aquí”.

"¿POR QUÉ NO TE MUERES? SOBREVIVIR A LA TORTURA Y LA BRUTALIDAD EN LAS CÁRCELES DE ISRAEL". Nasser Abu Srour (prisionero palestino). Equator: Memorias

Me desperté con la noticia de última hora el 7 de octubre de 2023. En la televisión de nuestra celda se veían imágenes de los ataques de Hamás y los combates en Gaza. Vimos durante una hora antes de que cortaran la señal y la pantalla se pusiera azul. Esas fueron las primeras y las últimas imágenes que vi de la guerra.

De pronto, vimos a los guardias irrumpir en nuestro pabellón armados, algo que nunca habían hecho antes, ya que las armas estaban prohibidas en los edificios penitenciarios. Nos ataron las manos y los pies con violencia y nos llevaron al patio. Al regresar a nuestras celdas, estaban tan vacías que nuestras voces resonaban. Nos habían robado todas nuestras pertenencias: ropa y ropa de cama, utensilios de cocina y productos de limpieza, espejos y maquinillas de afeitar. Nuestros cepillos de dientes habían sido sustituidos por otros más pequeños, de unos cinco centímetros. Habían quitado las cortinas, dejándonos expuestos al frío y, con el tiempo, a la lluvia. A cada uno nos quedamos con dos camisas, una manta y un juego de cubiertos de plástico. Incluso nos confiscaron las sillas de ruedas; a partir de entonces, los presos discapacitados tendríamos que ser llevados a todas partes.

«Estamos en estado de guerra». El anuncio nos lo hicieron las autoridades penitenciarias israelíes el 7 de octubre. En algún momento de esa primera semana, el funcionario de nuestro pabellón fue de celda en celda leyendo las normas de guerra.

Se impusieron nuevas prohibiciones: a los presos se les prohibió hablar en voz alta dentro de sus celdas; hablar con los reclusos de celdas vecinas; rezar en voz alta o en grupo; y acercarse a menos de un metro y medio de la puerta de su celda. Nuestros privilegios domésticos se redujeron drásticamente: el tiempo en el patio se redujo de seis horas a diez minutos al día; el agua caliente se limitó a cuarenta y cinco minutos diarios; las visitas familiares se suspendieron indefinidamente; la clínica y la biblioteca quedaron fuera de nuestro alcance. Quizás lo más significativo fue que el suministro eléctrico se redujo a seis horas diarias, en un horario rotativo. Algunos días estaba disponible de mediodía a seis de la tarde; otros, de seis de la tarde a medianoche; finalmente, se estableció de dos de la tarde a ocho de la noche.

Durante 31 años soporté una rutina monótona e inmutable en diversas cárceles israelíes. Cada día era igual al anterior, sin importar dónde me encontrara. Ahora, todo cambió radicalmente. Ya no era posible predecir lo que sucedería. Cada hora traía consigo mil posibilidades, todas nefastas.

El nuevo régimen pudo haber sido impuesto por Itamar Ben-Gvir, el ministro de Seguridad Nacional. Pero las autoridades penitenciarias también actuaron por iniciativa propia. Su transformación fue más impactante, y quizás más trascendental. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 23 de mayo de 2026

"SÍNDROME DE ULISES". Irene Vallejo, Milenio (Ciudad de Mexico)

Luis M. Morales
Todas las familias son emigrantes. Cada hogar añora a alguien que salió hacia lo desconocido: abuelos, tíos, hijos o sobrinos. Ante la catarata de discursos xenófobos que nos anegan, entremos en su piel y su angustia: la lucha por la supervivencia, la lejanía de los seres más queridos, las barreras del idioma y el acento, las leyes hostiles, el rechazo racista, la indefensión, la soledad y el fantasma del fracaso.

Los psiquiatras han denominado “síndrome de Ulises” a los trastornos de salud que padecen los inmigrantes a causa de la ansiedad prolongada. Según los cálculos, en sus manifestaciones extremas, afecta a más de 50 millones de personas en los horizontes de todo el mundo. Debe su nombre a Ulises, el héroe griego que luchó durante una década en la guerra de Troya y después vagabundeó de costa a costa durante otros 10 años. Lejos de Ítaca, afrontó todos los peligros imaginables, invadido siempre por la nostalgia de Penélope y su hijo Telémaco. Perdió el rumbo muchas veces, sufrió agresiones, naufragios, pérdidas, y a menudo pareció que su destino era extraviarse sin remedio. Homero cuenta que la diosa de la inteligencia, Atenea, siempre estuvo de su parte y acudía a infundirle esperanza en sus momentos de desconsuelo. La divinidad más sabia nos diría hoy que atemorizar al inmigrante resquebraja nuestra propia seguridad.

miércoles, 20 de mayo de 2026

"EL MÁS GRAVE DE LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD". José Antonio Piqueras, El País

SR. GARCÍA
Cerca de 13 millones de africanos, hombres y mujeres, niños y niñas, fueron capturados, reducidos a mercancía y llevados a la fuerza a América para trabajar

¿Acaso pueden ser jerarquizados los delitos que han sido comprendidos en los crímenes de lesa humanidad? La sospecha sobre potenciales obligaciones económicas en el caso de suscribir una declaración política y moral —carente de consecuencias jurídicas, según se apresuró a subtitular la noticia la mayor parte de la prensa europea—, ¿justifica negar un cúmulo de evidencias y una llamada a promover derechos humanos dando a conocer la raíz de su vulneración? La resolución 80/250 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada el 25 de marzo pasado con el amplísimo respaldo de 123 países, declaró “la trata de africanos esclavizados y la esclavitud realizada a africanos como el crimen de lesa humanidad más grave”. Los argumentos y las dudas con las que iniciamos este artículo fueron esgrimidos por los tres estados que votaron en contra y por los 52 que se abstuvieron, entre estos, el Reino Unido y los países de la Unión Europea. Mientras en varias regiones del mundo se libra la defensa del multilateralismo, en la sede de Naciones Unidas se evidenciaba cómo el juego lo practican jugadores plurales y el llamado Sur Global ofrecía un cerrado respaldo a la iniciativa auspiciada por Ghana en representación de la Unión Africana y la Comunidad del Caribe (Caricom).

La declaración del 25 de marzo es un recordatorio doloroso y necesario del sufrimiento y la humillación infligidos durante cuatro siglos. En el apartado de fundamentos, resume circunstancias históricas entre las que destaca la excepcionalidad, sistematicidad, organización, brutalidad y duración de la experiencia esclavizadora de personas africanas, promovida, legislada y regulada en sus aspectos fiscales por Estados que arrastran esa responsabilidad. La declaración alude a precedentes recientes de reconocimiento, disculpas y reparaciones; se ampara en las líneas abiertas por el derecho penal internacional sobre la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad y el principio de justicia reparadora; y se ofrece como ejemplo consecuente de acciones anteriores de las Naciones Unidas, como la Declaración contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de discriminación racial, adoptada en 2001 en Durban, en la que se estableció que por su magnitud, su carácter organizado y la negación de la esencia de las víctimas, “la esclavitud y la trata de esclavos, especialmente la trata transatlántica de esclavos, constituía y siempre debía haber constituido un crimen de lesa humanidad”.

En 2013, la ONU proclamó el Decenio Internacional de los Afrodescendientes a fin de prestar especial atención a la desigualdad y la discriminación estructurales que padece esta población. La declaración sostuvo que todas las doctrinas de superioridad racial son científicamente falsas, moralmente condenables, socialmente injustas y peligrosas, y deben rechazarse al igual que las teorías con que se pretende determinar la existencia de distintas razas humanas. Esa misma afirmación se reiteró en la declaración del segundo Decenio Internacional de los Afrodescendientes, aprobada el 17 de diciembre de 2024 por la Asamblea General sin necesidad de ser sometida a votación. Esta última iniciativa fue patrocinada por un grupo de países entre los que se hallaban Estados Unidos (la Administración saliente de Joe Biden, todavía en la estela del Black Lives Matter), Brasil, Jamaica y Colombia, y reconocía la persistencia de un racismo sistémico en nuestras sociedades. Los afrodescendientes, en sentido estricto, son los descendientes de la emigración forzada conducida a América en régimen de esclavitud, que constituye la diáspora; existe una segunda situación, los descendientes de la emigración protagonizada desde África a partir de los años cincuenta de originarios de las colonias europeas. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 17 de mayo de 2026

"EL MESTIZAJE DE AYUSO". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

El viaje de la presidenta madrileña no fue solo una ‘performance’ de nostalgia imperialista. Fue un capítulo más de la operación liderada por Trump, que celebró en octubre que Colón llevase a América “los principios de la civilización occidental”

Son tiempos de palabras que no describen la realidad. Más bien sirven para sustituirla. Vean, por ejemplo, “Evangelización y mestizaje”, el emblema enarbolado por Isabel Díaz Ayuso esta semana en Ciudad de México en un chusco acto de homenaje a Hernán Cortés. Es una formulación conocida, pero tampoco la única que el pensamiento español tiene a su disposición. Rafael Sánchez Ferlosio dejó escrito hace años, en Esas Yndias equivocadas y malditas, que cuando el mestizaje surge dentro de una relación de conquista y desigualdad, la mezcla no expresa igualdad, sólo la huella social de la dominación. Pero Ayuso, claro, no quiere dialogar con la historia sino producir una imagen reconocible de sí misma, por eso es inútil responder con archivos, historiografía o datos: el emblema no opera en el régimen de la verdad. “Evangelización y mestizaje” simula ser una descripción histórica, pero funciona como un “¡Viva España!”. Quien lo repite no sostiene una tesis, exhibe una bandera, y al exhibirla evita la conversación que desde hace tiempo impugna la idea celebratoria de la mezcla: la de que el “descubrimiento” no fue un hallazgo, sino la declaración de que aquello que ya existía no contaba hasta ser nombrado por el conquistador. Como escribió Ferlosio, la asimetría del mestizaje revela quién tenía el poder, quién era incorporado al mundo del otro. Y aunque el discurso oficial todavía no lo haya recogido, una parte del pensamiento español ya impugnó hace tiempo esta lectura con un rigor que la fórmula de Ayuso no admite, pues no busca convencer sino exacerbar el sentido de pertenencia.

Lo que Ayuso vendía en México (la España imperial civilizadora, la herencia de Cortés, los gobiernos progresistas latinoamericanos como amenaza autoritaria y Madrid como refugio pijo de la libertad) no es una verdad incómoda que México necesita escuchar. Es mercancía vieja, pero México no es un escenario pasivo; tiene sus propios practicantes de la guerra cultural sobre la conquista, con experiencia y oficio, y la narrativa interesada de Ayuso tuvo que sostenerse en un país que respondió desde su Estado, desde su presidenta, desde sus medios y desde la calle, incluso desde la oposición conservadora y la propia jerarquía católica, que la recibieron sin defenderla cuando arreció el cuestionamiento. El balance ha sido cualquier cosa menos un éxito. Ayuso rozó el ridículo, y el ridículo en política obliga a producir un relato que lo redima. Por eso lanzó, casi al instante, una segunda narrativa falsa ("Nos hemos sentido en peligro") convirtiendo el fracaso de su salida anticipada de México en su segundo movimiento.

¿Por qué México y por qué ahora? La lectura doméstica se queda corta. El viaje no fue solo una performance de la nostalgia imperial, reciclada como provocación culturalista y dirigida al votante madrileño. Fue un capítulo más de una operación que trasciende la escala nacional. Giorgia Meloni ya publicó una glosa sobre el “vínculo indisoluble” entre Europa y América como “esencia de Occidente”. Y Trump firmó en octubre una proclamación celebrando que Colón llevase a América “los principios de la civilización occidental”. No es nostalgia sino estrategia, y aquí aparece la paradoja. Lo que invocan como Occidente (el conquistador civilizador, la cruz sobre la espada) no es la modernidad democrática que Occidente tardó siglos en construir, precisamente contra esa tradición. Los supremacistas son hoy sus mayores destructores.

El viaje, en fin, no fue casual, ni en destino ni en fecha. Mientras Trump presiona a México por el flanco norte, Sheinbaum articula con Sánchez, Petro y Lula una alianza por el sur. Ayuso aparece en medio de esa pinza, donde se la oye mejor. Su gesto se inscribe en un movimiento internacional que reacciona cuando el sur global ha empezado a presentarle a Occidente una cuenta pendiente, la de hacernos cargo de nuestra historia para seguir siendo un interlocutor legítimo. Lo que Ayuso vino a hacer es lo contrario: negar la cuenta con altivez, precisamente, cuando reconocer al otro es la única manera de seguir hablándonos.

sábado, 16 de mayo de 2026

"LOS QUE SIEMPRE ESTÁN". José Luis Sastre, El País

Operativo de desembarco de los españoles del crucero 'MV Hondius'
en Granadilla de Abona, Tenerif
Un elogio a esos que se enfundan los trajes de aislamiento y cumplen con su deber sin que nadie hable apenas de ellos

Esos a los que nadie conoce, de quienes nadie sabe. Esos que se dan por supuesto: porque siempre están. Esos que tienen el trabajo tan tasado que no tienen casi tiempo de publicar en sus redes, ni de compartir memes, ni de esparcir el miedo. Esos que tienen sus propios miedos y su propio nervio y que, en cambio, imponen la templanza de su oficio. Esos que suben al barco para atender a los contagiados o que repasan con un test al conjunto del pasaje. Esos que se enfundan los trajes de aislamiento y cumplen con su deber sin que nadie hable apenas de ellos.

Esos que saben lo fácil que resultaría llamar la atención. Los que saben que alcanzaría con unas pocas mayúsculas o con un comentario ocurrente en el momento justo. Esos que tienen claro que el mundo no son las redes sociales, pero que tampoco se llaman a engaño: que sea un mundo virtual no lo convierte en un mundo de mentira. Algunas de las dinámicas de la vida ya se parecen mucho a la vida de los algoritmos, y llegan más los gritos y el desconcierto. Llega antes el miedo que una buena explicación. Corren más los bulos que las ratas.

Esos cuyos nombres desconocemos. Esos que no tienen miles de seguidores en sus cuentas. Esos que subieron al barco y organizaron el traslado hasta los aviones. Esos que atienden en el hospital y en las ambulancias. Los que llevan el autobús. Esos de los que los organismos, los gobiernos y los medios internacionales han alabado su eficaz dispositivo, resuelto a encapsular el virus y a combatirlo. Capaces de evacuar en solo 36 horas el barco donde hubo un brote.

Esos que echan las manos que hagan falta las veces que haga falta. Esos que no reclaman ni una pizca de protagonismo. Esos que enfrentaron la confusión con el rigor de su conocimiento y, en muchos casos, con el impulso de su propia vocación. Esos que han demostrado la ejemplaridad de los servicios públicos, tan denostados, y que han traducido con sus actos cómo la grandeza de un país al que miraba el mundo podía explicarse con los pequeños gestos de personas corrientes: las que siempre están.

viernes, 15 de mayo de 2026

"EL VERANILLO DE LA VIDA". Elvira Lindo, El País

Los músicos Joan Manuel Serrat y Ana Belén 

Serrat y Trump muestran dos maneras muy diferentes de ser viejo

Joan Manuel Serrat tiene 82 años. Donald Trump tiene 79. Por fortuna para nosotros, no hay en ellos asomo de parecido alguno, salvo que son viejos, Serrat un poco más. Digo “viejos” utilizando la misma palabra, tan denostada, que usó el artista el otro día en unas jornadas sobre eso que se llama colectivo de la tercera edad que tenían lugar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. Decía Serrat sentirse en ese tiempo de propina en que a menudo el alma suele conversar consigo misma. Ese veranillo de la vida, decía citando al filósofo francés Pascal Bruckner, un regalo del que se siente agradecido. En un discurso cargado de emoción, Serrat afirmaba que ignorar a los mayores, su opinión y su memoria, es algo así como quemar libros. No puedo estar más de acuerdo y observo a menudo ese odioso tonillo condescendiente que se suele emplear para hablar con las personas mayores no solo en el trato cotidiano sino también en conversaciones públicas, como una prueba hiriente de cómo se las intenta aniñar como si fueran ciudadanos que ya no cuentan salvo como personajes pintorescos.

Desde que Donald Trump comenzó su segundo mandato y alteró el equilibrio mundial con continuas decisiones criminales y arbitrarias (salvo para mejorar su fortuna), venimos escuchando con insoportable frecuencia que todo es consecuencia o bien de la locura o bien de la edad. Un viejo chocho, en suma. Justo lo mismo que él dice de su predecesor Biden. Esa descripción contiene dos desprecios alarmantes: el que se refiere a los enfermos mentales, dado que un porcentaje altísimo jamás hace daño a nadie y vive agazapado en su miedos, y el que señala a los ancianos, a los que haciendo tabla rasa se les considera incapaces de razonar con sensatez. En el mundo artístico de vez en cuando al viejo se le bautiza como maestro, para tenerlo ahí, oh, aislado, melancólicamente envanecido en una urnita previa a la tumba. Se olvidan, quienes en la arrogancia de la juventud (a menudo hoy alargadíiisima) encierran a la ancianidad en un colectivo que desean callado y entrañable, que mucho antes de lo que piensan tomarán el relevo. Fiera venganza la del tiempo, que decía el tango. Olvidan, por encima de cualquier consideración, que la edad no cambia demasiado el carácter: nos parecemos tanto a quienes fuimos, que miedo da observar que a pesar de la experiencia conservamos temores, manías y dulzuras de la niñez. Y en ese convertir a los ancianos en un grupo uniforme no advierten que un hombre como Serrat sabe disfrutar de sus ilusiones, como muchos y muchas de su edad, compartir su opinión autorizada y mejorarnos con la voz de la experiencia. En cuanto a Trump, es el mismo cretino que cuando era joven, así que quien asegura que es la edad lo que le ha cambiado es porque ignora su biografía. Esta semana un psicoanalista francés, también anciano, del que he olvidado el nombre, decía que Trump poseía sin duda una personalidad psicopática con unos valores aprendidos en la infancia que priorizaban su ambición por el dinero por encima de cualquier atisbo de piedad humana. Así fue cuando su padre lo mandaba a cobrar los alquileres del marrullero negocio inmobiliario, cuando rechazaban a inquilinos negros, cuando tomó como mentor al indecente Roy Cohn, cuando en su relación con las mujeres solo conocía las tretas del abusador, cuando exhibía su verbo grotesco en un show televisivo. Todo estaba ya a la vista. Y aun así le votaron. La diferencia entre aquel joven y este es la edad, simplemente. Hoy el nivel de testosterona de Trump es sin duda mucho más bajo, pero ser presidente le permite desahogar su chulesca masculinidad de mil maneras. Sin importarle el prójimo, gusta de invadir países, bombardearlos, expulsar inmigrantes, plantar su rostro en el pasaporte de sus súbditos. Ilusiones del pobre señor. Las de Serrat, para suerte nuestra, son llamativamente distintas.

"NEVENKA FERNÁNDEZ, MAESTRA DE FISCALES". Isabel Valdés, El País

Nevenka Fernández en la sede de la Fiscalía General del Estado La mujer que ganó el primer juicio en España por acoso contra un político exp...