domingo, 12 de abril de 2026

"TRUMP, ORBÁN Y LA DEMOCRACIA VACIADA". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de cualquier otro. Votar ya no resulta suficiente, pues la democracia no son solo las urnas

La democracia es el único régimen político que puede suicidarse legalmente, pero el suicidio no llegará aboliendo las elecciones, sino con su manipulación estratégica. Ocurre cuando el poder aprende a alterar las condiciones de la elección sin eliminarla: la legitimidad se convierte en pura escenografía. En EE UU, a menos de ocho meses de las elecciones de mitad de mandato, la Administración de Trump se esfuerza por reconfigurar el sistema electoral antes de que lleguen los votos. A este lado del Atlántico, el próximo 12 de abril, millones de húngaros irán a votar en un país donde el 80% de los medios emiten propaganda del partido gobernante, los tribunales están poblados de jueces leales al primer ministro y las circunscripciones electorales han sido redibujadas para que Orbán necesite muchos menos votos que sus rivales para obtener los mismos escaños.

La pregunta es inevitable: ¿qué significa votar en una democracia vaciada, sobre todo cuando el sistema ha sido rediseñado para neutralizar su efecto? Es más: ¿siguen siendo las urnas el instrumento que pensamos que son? EE UU es el caso en construcción. Hungría, el caso consumado. Trump está intentando en meses lo que Orbán tardó años en afinar, pero Hungría nos permite ir un paso más allá, porque allí el problema ya no es solo si las elecciones son justas sino algo más inquietante. Péter Magyar puede ganar y no poder gobernar. Por primera vez en tres lustros, las encuestas dan al líder opositor una ventaja real sobre Orbán, pero Magyar necesita dos tercios del Parlamento para cambiar las leyes que Orbán diseñó para perpetuarse. Además, los jueces son de Orbán y las instituciones, también. El tránsito de una democracia a una autocracia electoral no solo implica trucar el camino hacia el Gobierno; es el Gobierno mismo el que finalmente está trucado. Ganar la aritmética y perder el Estado no es solo una hipótesis. Polonia, de hecho, ofrece un anticipo del problema: Donald Tusk lleva más de un año chocando contra los jueces que colocó Jaroslaw Kaczynski, y contra las leyes que diseñó para no ser desalojado. Si Magyar gana en Hungría, se enfrentará a lo mismo. El reto ya no es solo acceder al poder, sino encontrarlo allí donde antes estaba.

Por supuesto, esto no significa que el voto no sirva. Lo hace, y mucho, y está siendo atacado precisamente porque todavía funciona. La resistencia americana existe porque hay elecciones en noviembre. En Hungría, si Orbán cayese en las urnas, significaría que el modelo no es invencible. Es más, lo que se decida en Budapest no se quedará en Budapest. El 12 de abril, puede cambiar algo real en la geometría de la UE (los fondos a Ucrania, la relación con Rusia, el bloqueo interno) y también dejar una herida letal en el laboratorio que ha exportado el modelo iliberal a toda Europa. Aun así, el dilema persiste: ¿qué es una victoria electoral cuando el Estado ha sido colonizado en profundidad? Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de todos los demás. Votar es necesario, incluso simbólicamente, pero ya no es suficiente. En realidad, nunca lo fue, pues la democracia no son solo las urnas: es la arquitectura institucional que las sostiene, los tribunales que nadie eligió, los medios que nadie controla, los contrapesos que no son de nadie para poder serlo de todos. Cuando esa arquitectura se destruye desde dentro, el voto queda desnudo, solo. Necesario, pero solo. Y saber eso no es resignación: es el principio de una exigencia distinta.

viernes, 10 de abril de 2026

"15 años recorriendo aulas para deslegitimar la violencia de ETA sin politizar el dolor: “Las víctimas educadoras son los testigos morales del pasado”. Luis R. Aizpeolea, El País

El Memorial del Terrorismo y la Fundación Buesa difundirán a todos los centros educativos de España vídeos con los testimonios de 23 víctimas ante estudiantes durante los últimos tres años. Este modelo contrasta con el uso político del terrorismo que busca Isabel Díaz Ayuso

Las víctimas educadoras, que acuden a las aulas a relatar sus vivencias motivadas por el terrorismo, coinciden en rechazar el odio y la venganza hacia sus agresores, pero divergen en su posición sobre el perdón y los encuentros con terroristas. Reclaman que se sepa la verdad de lo que les sucedió y rechazan que se las utilice políticamente. Es la conclusión de los testimonios de 23 de ellas sobre 29 temas abordados en sus intervenciones para jóvenes estudiantes en los últimos tres años. Los testimonios han sido grabados en vídeo por el Centro Memorial del Terrorismo y la Fundación Fernando Buesa, ambas con sede en Vitoria, que los publicarán próximamente. Los testimonios proceden mayoritariamente de víctimas de ETA, pero también de la ultraderecha, los GAL, el yihadismo y el Grapo.

La experiencia de las víctimas educadoras, con 15 años de ejercicio en España, está inspirada en la gestión de la memoria del Holocausto en Alemania, Países Bajos e Italia, según Raúl López Romo, del Centro Memorial del Terrorismo, quien recuerda cómo el escritor italiano Primo Levi, superviviente del campo de concentración de Auschwitz (Polonia), desarrolló en sus textos su actividad como víctima educadora en las aulas italianas.

La iniciativa de las víctimas educadoras surgió en Euskadi en 2011, al finalizar el terrorismo, cuando era lehendakari el socialista Patxi López. Actualmente, un centenar de víctimas educadoras ejercen por toda España con especial presencia en las aulas de Euskadi, Navarra, Comunidad Valenciana y Castilla y León, si bien el Ministerio del Interior coordina su expansión a otras comunidades autónomas. “Existe una importante demanda juvenil por conocer el pasado y del profesorado por tener instrumentos adecuados para explicarlo”, señala López Romo, que anuncia que los vídeos se enviarán a todos los centros escolares de España.

La Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, se ha desmarcado de esta iniciativa nacional y ha adoptado un programa de contenido político, Tu historia, mi memoria. Su consejero de Presidencia y Justicia, Miguel Ángel García, lo ha anunciado para universitarios madrileños, con participación de víctimas, con el objetivo político de denunciar a “aquellos que ponían bombas y ahora ponen su voto para condicionar la gobernabilidad de España”. Eduardo Mateo, responsable de proyectos de la Fundación Fernando Buesa, responde: “Los testimonios de las víctimas ante la comunidad educativa deben ser pedagógicos, pacifistas, con fines educativos y contexto histórico, no partidistas. Su finalidad es hacer memoria y que la historia no se repita. Las víctimas actúan como testigos morales. Mezclarlas con ideología política es demoledor”.

Las víctimas educadoras rehúyen unánimemente la definición política en sus intervenciones y algunas subrayan su rechazo al uso partidista del terrorismo. Otras recuerdan su tardío reconocimiento, en 1999, con la Ley de Víctimas del Terrorismo, e incluso consideran que su presencia molesta a los políticos. La reclamación del conocimiento de la verdad es otra clave de sus intervenciones, sobre todo, entre víctimas cuyos casos no se han resuelto. “Lo legal y lo ético chocan con frecuencia”, señalan algunas.

La actitud ante el perdón a los terroristas y la posibilidad de reunirse con ellas suscita divergencias. Coinciden en que perdonar es cuestión personal, pero algunas aseguran tajantemente que nunca perdonarán a los terroristas mientras otras lo condicionan a su actitud e incluso otras adelantan haber perdonado, en algún caso por razones religiosas. En cuanto a los encuentros, algunas aseguran que nunca se reunirán con terroristas y otras que esa experiencia les ha resultado reconfortante.

El denominador común de las intervenciones de las víctimas educadoras es su transmisión a los jóvenes del rechazo al odio y la venganza y la delegación en el Estado de Derecho de la respuesta al terrorismo. Son unánimes en considerar que el principal perjudicado por el odio es la víctima y su ámbito familiar. “Destruye la felicidad”. “El odio no te deja crecer”. Son expresiones de las víctimas. También son relevantes los testimonios de hijos o hijas de víctimas que señalan cómo sus madres les inculcaron rechazar el odio y que contribuyen a explicar, en el caso de ETA, la ausencia de respuestas violentas a sus actos.

Pluralidad de las víctimas educadoras

Los criterios de selección y preparación de las víctimas educadoras son rigurosos, resalta López Romo. Suelen ser hijos, viudas o hermanos de víctimas asesinadas. También hay heridos que sobrevivieron a los atentados terroristas. “Para intervenir en las aulas, las víctimas educadoras deben estar emocionalmente preparadas. Su papel consiste en relatar a los jóvenes su experiencia personal para deslegitimar el terrorismo, preservar la memoria de las víctimas y defender valores democráticos con el objetivo de no repetir la historia. Las víctimas educadoras no son historiadores. Tampoco pueden dar mítines políticos. Deben evitar el partidismo. Son plurales y en sus intervenciones no representan siquiera a las asociaciones de víctimas a las que algunas pertenecen”, precisa el representante del Memorial del Terrorismo.

La pluralidad es otra clave de las víctimas educadoras. En los vídeos del Memorial de Vitoria y la Fundación Buesa, quienes se dirigen a los jóvenes son mayoritariamente hijos de víctimas de ETA; entre otros, José Luis Elespe, Ana Aizpiri, Sara y Marta Buesa, Naiara Zamarreño, Angel Altuna; así como guardias civiles heridos gravemente por la banda terrorista; y supervivientes como José Aguilar y Koldo San Martin, Alberto Muñagorri, herido de gravedad en su niñez, y la periodista Aurora Intxausti.

También participan víctimas del yihadismo, como Esther Sáez y Antonio Utrera; Maider García, hija de una víctima de los GAL, y Juan Carlos Cuervo, a cuyo hermano asesinó la ultraderecha, entre otros. Del centenar de víctimas educadoras intervienen 23, que abordan 29 temas que plantean los jóvenes. Los profesores, a su vez, informan a los alumnos del contexto histórico en que se produjeron los ataques terroristas, antes y después de las sesiones, señala López Romo. “Tampoco se puede eludir que detrás de los terrorismos hay aspectos políticos, hay un proyecto de poder. El profesorado debe explicarlo a los jóvenes profesionalmente”, señala Eduardo Mateo, de la Fundación Buesa.

El debate sobre el perdón

La experiencia de estos 15 años concluye que los jóvenes coinciden básicamente en preguntar a las víctimas educadoras si perdonarían a los terroristas, si se reunirían con ellos o si han superado el dolor, señala Eduardo Mateo. En Euskadi una pregunta añadida suele remitirse al comportamiento familiar y de los amigos tras el atentado terrorista, añade López Romo.

En línea con la experiencia educadora de Primo Levi sobre el Holocausto, López Romo destaca cuatro aspectos transmitidos a las aulas vascas: si la sociedad vasca era consciente del alcance del terrorismo o lo eludía, especialmente en sus primeros años; el debate sobre el perdón; el valor del testimonio que se extiende de la denuncia del terrorismo a la violencia de género y a otras violencias vigentes —durante la actividad educadora de Levi era la guerra de Vietnam—; o al hecho de los amenazados por el terrorismo que no huyeron y fueron asesinados.

El responsable del Memorial del Terrorismo concluye que “el 80% de los jóvenes asistentes a sesiones con víctimas educadoras quedan impactados por la experiencia y la difunden”. “Les deja huella”, añade. “El impacto de la comunicación directa con las víctimas es muy superior al de los libros”. En cuanto a las víctimas, destaca cómo “la experiencia demuestra que quienes han dispuesto de un apoyo social se han recuperado más rápidamente que las que no lo tuvieron; lo demuestra la comparación de las víctimas de ETA de los años setenta con las de los años noventa en adelante y las del 11-M”. La experiencia de las víctimas educadoras contribuye a ello.

jueves, 9 de abril de 2026

"LA FALACIA DEL GRAN REEMPLAZO: LOS DATOS QUE DESMIENTEN LA ISLAMIZACIÓN DE ESPAÑA". Fernando Varela, infoLibre.es

Musulmanes en la oración durante el Ramadán.

En 2020, el 3,6% de la población española era musulmana; la proporción de personas sin religión casi la triplicaba
Un informe del Pew Research Center desmonta con cifras el relato del pánico demográfico que ha colonizado el discurso de la extrema derecha

En 2020, España tenía más ateos y agnósticos que musulmanes. Bastante más: el 26,4% de la población no se identificaba con ninguna religión, frente al 3,6% que era musulmán. Si hubiera que describir la transformación religiosa real de España en la última década, el protagonista no sería el islam. Sería la secularización.

Este dato procede del informe Religious Diversity Around the World, publicado en febrero de 2026 por el Pew Research Center, el centro de investigación demográfica más citado del mundo en materia de religión. El estudio analiza la composición religiosa de 201 países y territorios a partir de más de 2.700 censos y encuestas, y construye un índice que permite comparar el grado de pluralismo religioso entre naciones y regiones. Sus conclusiones sobre España no dejan mucho margen a la ambigüedad: este es un país con una minoría musulmana modesta, en retroceso cristiano acelerado y con un nivel de diversidad religiosa inferior al promedio europeo.

Para ordenar y comparar, Pew utiliza el Índice de Diversidad Religiosa (RDI), una herramienta matemática derivada del índice Herfindahl-Hirschman, habitual en economía para medir la concentración de mercados. Una puntuación cercana a 0 indica que casi toda la población pertenece a un único grupo religioso. Una próxima a 10 refleja una distribución muy equilibrada entre siete categorías: cristianos, musulmanes, hindúes, budistas, judíos, otras religiones y personas sin afiliación religiosa.

España obtuvo en 2020 una puntuación de 5,2, lo que la sitúa en el nivel “moderado” de diversidad. Diez años antes, en 2010, su puntuación era de 4,0. El salto es real, pero su causa principal no es el crecimiento del islam sino la desafiliación religiosa masiva entre la población tradicionalmente cristiana.

La comparación dentro de Europa es donde el contraste se hace más nítido. El continente en su conjunto registra un RDI de 5,6, clasificado como diversidad ”alta”. España, con su 5,2, no alcanza ese umbral. Está por debajo de la media.

Los países europeos con mayor diversidad religiosa son también aquellos con minorías más numerosas y mejor distribuidas: Francia alcanza un RDI de 6,9, el Reino Unido llega igualmente a 6,9, Suecia a 6,3, Alemania a 6,4, Suiza a 6,1 y Bélgica a 6,8. Todos clasificados como diversidad “alta”. España, con su 5,2, no comparte esa categoría.

Por debajo de la mayoría
El desglose de población musulmana confirma la misma imagen. Francia tenía en 2020 un 9,1% de musulmanes. El Reino Unido, un 6,4%. Alemania, un 6,5%. Suecia, un 8,1%. Austria, un 8,3%. Bélgica, un 6,8%. España, con su 3,6%, estaba por debajo de todos ellos, y en algunos casos la diferencia no es marginal: Francia tenía más del doble de proporción de población musulmana que España. Suecia, más del doble también. Austria, más del doble.

Para encontrar países europeos con proporciones similares a las de España hay que mirar hacia el sur y el este del continente: Italia tenía un 4,4%, Grecia un 5,1%, Portugal un 0,4%. España ocupa, en el mapa europeo, una posición intermedia-baja en lo que a presencia musulmana se refiere.

Hay un ángulo que los relatos del pánico demográfico eluden sistemáticamente. El principal cambio en la composición religiosa española entre 2010 y 2020 no fue el crecimiento del islam, sino el retroceso del cristianismo y la expansión de la desafiliación religiosa.

En una sola década, la proporción de cristianos en España bajó del 78,6% al 69,5%: nueve puntos porcentuales. En el mismo período, las personas sin religión pasaron del 19% al 26,4%, un crecimiento de más de siete puntos. El islam creció del 2,1% al 3,6%, un aumento de un punto y medio. Los titulares sobre el cambio religioso en España deberían hablar de laicización, no de islamización.

Este patrón se repite en toda Europa occidental con variaciones de grado. El informe de Pew documenta que los cambios más significativos en el RDI de alrededor de dos docenas de países entre 2010 y 2020 se debieron fundamentalmente a la desafiliación cristiana. En Estados Unidos, el mayor país cristiano del mundo por número de fieles, la proporción de cristianos cayó catorce puntos en una década, del 78% al 64%, mientras que los sin religión pasaron del 16% al 30%. El país no se islamizó. Se secularizó.

Ni en las proyecciones más pesimistas
Un informe anterior del mismo Pew Research Center, publicado en 2017 y dedicado específicamente al crecimiento de la población musulmana en Europa, ofrecía proyecciones hasta 2050 bajo tres escenarios distintos en función de los flujos migratorios.

En el escenario de cero migración —suponiendo que toda inmigración cesase de forma inmediata y permanente—, la población musulmana en España crecería del 2,6% de 2016 al 4,6% en 2050, impulsada únicamente por la mayor fecundidad relativa y la menor edad media de esa población. En el escenario de migración media —continuación de flujos regulares sin el componente de refugiados—, el porcentaje llegaría al 6,8%. En el escenario alto, el más extremo y que el propio informe calificaba de poco realista para España dado su perfil migratorio histórico, alcanzaría el 7,2%. Dentro de 24 años.

El contexto de esas cifras importa tanto como las cifras mismas. España es un destino de migración regular procedente principalmente de Marruecos, no un receptor masivo de refugiados como sí lo fueron Alemania o Suecia durante la crisis de 2014-2016. Esa diferencia en el perfil migratorio explica por qué las proyecciones españolas son las más moderadas de Europa occidental. En el escenario alto para Suecia, la proporción de musulmanes podría superar el 30% en 2050. Para España, no llega al 8% ni en el peor de los casos.

Dicho de otro modo: en 2050, incluso en el escenario más elevado de las proyecciones, España tendría una proporción de musulmanes inferior a la que Francia, el Reino Unido o Alemania tenían ya en 2020.

Habrá quien considere desactualizadas las cifras del Pew y sus previsiones. Según el Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC) 2025, elaborado por un equipo académico coordinado por Eugenia Relaño Pastor y publicado por el Observatorio del Pluralismo Religioso en España, las confesiones no católicas, incluyendo la musulmana junto al resto de minorías religiosas, no superan en 2025 el 8% de la población adulta, frente a una mayoría relativa que sigue declarándose católica y a un 42% que se sitúa ya fuera de cualquier adscripción religiosa.

Menos religiosos
No es el único estudio que apunta en esa dirección. En la nota de coyuntura social de Funcas titulada Poco más de la mitad de los españoles se reconoce como católico (junio de 2025), elaborada por el Área Social de Funcas, se señala que las religiones no cristianas —principalmente el islam— han crecido en la población residente en España, pasando del 1% al 3% entre 2002 y 2024 según la Encuesta Social Europea.

Pero este aumento se inscribe en un contexto en el que el espacio dejado por el catolicismo no ha sido ocupado sobre todo por otras confesiones, sino por personas que se declaran indiferentes, agnósticas o ateas. El informe subraya que, pese a la incorporación de población de origen extranjero que podría haber impulsado otras religiones, el cambio más cuantitativamente relevante es el incremento de quienes no se identifican con ninguna religión, del 22% en 2002 al 42% en 2024, lo que supone una transformación sustancial del panorama religioso en España.

La teoría del gran reemplazo, popularizada por el escritor francés Renaud Camus a partir de 2011 y adoptada posteriormente por partidos y movimientos de extrema derecha en toda Europa, incluido Vox, sostiene que las poblaciones autóctonas occidentales están siendo reemplazadas deliberadamente por poblaciones inmigrantes de mayoría musulmana. Es una narrativa que ha inspirado atentados terroristas —en Christchurch, en Quebec o en Londres— y que ha ido ganando terreno en el discurso político convencional de varios países europeos, España incluida.

Su eficacia persuasiva no descansa en los datos, sino en su capacidad de generar inquietud ante cambios demográficos reales, pero mucho más modestos de lo que el relato sugiere. La presencia musulmana en España es un hecho documentado y ha crecido en las últimas décadas, igual que ha crecido el número de personas de otras confesiones y de ninguna. Eso es lo que hacen las sociedades abiertas: diversificarse. Pero la distancia entre ese proceso —gradual, documentable, comparable con el de cualquier democracia europea— y la narrativa de la sustitución deliberada es la distancia que separa un hecho de una conspiración.

Los datos del Pew Research Center no hacen política. Miden distribuciones, proporciones, índices. Y lo que miden para España en 2020 es un país con mayoría cristiana en retroceso acelerado, un sector laico en expansión, una minoría musulmana por debajo de la media europea y un nivel de diversidad religiosa moderado. Nada en esas cifras sostiene el relato del gran reemplazo.

miércoles, 8 de abril de 2026

"A TU IMAGEN Y SEMEJANZA". Irene Vallejo, ElPaís

Fernando Vicente
Pese a lo que digan los xenófobos, los enormemente variados mitos de la creación coinciden en su mayoría en un mensaje: nos hicieron iguales

A lomos de su rocín flaco, entre desagravios y entuertos, afirma don Quijote que la libertad es uno de los más preciosos dones, por encima de los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Aplaudimos esas palabras al unísono. Sin embargo, muchas de las voces que sacralizan la autonomía individual se enfurecen contra sus efectos. Añoran las ciudades sin inmigrantes, las tradiciones sólidas, el idioma único, la sangre sin mezcla. Cunde la ansiedad porque en este océano de posibilidades se diluyen nuestras costumbres de siempre, emergen valores nuevos y fluyen identidades líquidas. Los nostálgicos de la uniformidad parecen ignorar que la fuente de todas las diversidades es, precisamente, la libertad.

Nos gusta creer que somos imparciales, que nuestras opiniones brotan limpias de prejuicios, como manantiales cristalinos. En realidad, según la ciencia, el conocimiento humano tiende a resbalar por la pendiente de los sesgos. Uno de los más habituales es el de afinidad: más vale malo semejante que bueno por conocer. Numerosos estudios revelan que, si sentimos similitud con alguien, de forma inconsciente nos parecerá mejor persona. La misma ciudad o color de piel; orígenes, cualidades y trayectorias semejantes crean sigilosamente una predisposición favorable. Un resorte interno nos impulsa hacia esa constelación de rasgos compartidos, hacia el anhelo de un mundo homogéneo que resulte previsible, seguro, tranquilizador. En cambio, lo diferente o mestizo genera inquietud, incluso dentro de uno mismo. Así lo advierte el Lazarillo de Tormes, un clásico español poco sospechoso de veleidades inclusivas. Cuando el padre del niño Lázaro muere en la guerra, la madre viuda, viéndose sin marido ni abrigo, empieza a tener trato carnal con un hombre negro, trabajador en unas caballerizas, “porque traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños con que calentarnos”. Al principio Lázaro tenía miedo, pero empezó a encariñarse con el extraño cuando vio que mejoraba el comer. “Con tanta visita, mi madre vino a darme un hermano negrito muy bonito, al que yo brincaba en mis rodillas”. El pequeño, al ver a su padre tan distinto del resto de la familia, lo señalaba con dedo miedoso y decía: “¡Madre, coco!”. Y así concluye el protagonista: “¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!”.

Los sesgos cognitivos son atajos mentales para pensar rápido. Gracias a ellos encadenamos ideas sin demasiada lógica, con distorsiones, pero aprisa. Son herramientas evolutivas que tienen sentido cuando la supervivencia depende de una respuesta inmediata, no de un análisis profundo —es decir, rara vez en nuestras vidas actuales—. Esa misma velocidad nos arrastra hoy a equivocarnos, presa de tópicos o conclusiones apresuradas. En general no somos conscientes cuando circulamos por la ruta breve. Si queremos contrarrestar las pendientes deslizantes de nuestra percepción es preciso conocerlas —y reconocerlas—. En particular, ese gusto por lo afín es el origen de nuestro deseo, un tanto irracional, de rodearnos de personas a nuestra imagen y semejanza. Esta forma de pensar conduce a exagerar diferencias que no son decisivas. Ante la asombrosa variedad del mundo, el pensamiento rápido —y simple— acentúa lo dispar, mientras el razonamiento sosegado —y complejo— descubre lo compartido.

Los relatos fundacionales de las diversas culturas reflejan la curiosidad humana, siempre palpitante, por nuestros orígenes. Aunque fabulosamente variados, coinciden en un mensaje compartido: nos hicieron iguales, del mismo material. Dependiendo de la geografía de las narraciones será barro, maíz, nieve... Entre los más poéticos encontramos, en el antiguo Egipto, el mito heliopolitano del nacimiento de la humanidad. Cuenta que el dios Atum, creador de la tierra y todas las cosas, vivía aburrido en una tediosa colina rodeada de agua. Tan poderoso como soy —decía— y no tengo compañía. Cierta vez estornudó, y de sus espasmos nasales surgieron su hijo Shu y su hija Tefnut. Ambos jóvenes eran curiosos, querían ver mundo más allá del cerro natal. Partían y cada vez tardaban más en regresar, hasta que Atum, de nuevo solo, los perdió de vista por completo. Cuando un buen día los vio retornar a salvo, las primeras lágrimas del mundo rodaron por su rostro paterno. Al caer a la tierra se transformaron en pequeños seres, la especie humana, hija de un llanto de alegría.

En esas leyendas late la intuición de que somos muy semejantes. Como afirma el antropólogo Agustín Fuentes en su ensayo La chispa creativa, la ciencia ha probado que pertenecemos a una única raza de individuos muy afines. “Ni la genética, ni el comportamiento, ni la altura, ni la forma del cuerpo, la cara o la cabeza, ni el color de la piel, ni la nariz, ni el tipo de pelo ni ninguna otra medida biológica divide a los humanos modernos en subespecies”. A pesar de habernos extendido por todo el planeta, permanecemos extremadamente cohesionados desde el punto de vista genético. La idea de raza, explica, carece de base evolutiva, “es una categoría creada y mantenida en lo social, histórico y político”. El concepto de las diferencias irreconciliables ha sido, durante siglos, una herramienta útil para azuzar bandos y alentar el odio. Da resultado por los sesgos y la desconfianza alojada en nosotros hacia lo desconocido.

En los últimos tiempos, algunos líderes atizan el fuego del miedo y reviven el debate de la convivencia con los extranjeros. Afirman conocer lo que la ciudadanía quiere, cuando en realidad están intentando modelar sus percepciones. Nos dicen: “Os oímos”. Pero el sociólogo Hein de Haas, tras estudiar durante décadas los flujos de opinión, concluye en Los mitos de la inmigración que la gente piensa, en general, de forma mucho más matizada que sus líderes, contemplando pros y contras. Conscientes del valor emocional de las percepciones, políticos partidarios de la mano dura contra la inmigración espolean el sesgo de afinidad al servicio de sus intereses. Paralelamente, las redes sociales no solo complacen, sino acentúan esos mismos prejuicios para cautivar la atención. Unos y otras rentabilizan el señuelo del odio, fuente de errores y horrores.

Se suele pensar que la xenofobia aumenta en proporción a la presencia de forasteros, pero los estudios prueban que las sociedades con un historial más largo de acogida y mestizajes suelen ser más abiertas. Con frecuencia, las comunidades de frontera se muestran más hospitalarias, porque comparten un largo pasado de convivencia. Familiarizarse con extranjeros favorece la mutua confianza, y no a la inversa, sobre todo si hay mezcla y si las generaciones jóvenes se escolarizan de forma natural junto a niños inmigrantes. En cambio, la segregación por barrios y escuelas abre trincheras. A largo plazo, el racismo mengua cuando la gente se habitúa a convivir en tranquila vecindad, y contempla a los demás como individuos, no como epítomes andantes de la incompatibilidad cultural. Cuanto más se relacionan propios y ajenos, iguales y distintos, más claramente emergen las semejanzas que nos unen. Y ahí, en el encuentro cotidiano, se tejen las alianzas de lo humano compartido. Los egipcios creían que la prole de los dioses nació de un par de estornudos; nosotros, los mortales, algo más líricos, fuimos lágrimas. A fin de cuentas, todos, divinos y carnales, gotas en el mismo charco. Secreciones de la alergia o la alegría de Atum, no somos tan diferentes ni podemos permitirnos ser indiferentes.

martes, 7 de abril de 2026

"La historia desconocida del movimiento judío antisionista más importante del siglo XX: el Bund y el espíritu marxista". Guillermo Martínez, elDiario.es 01/09/2025

Desfile de las juventudes del Bund en Varsovia (1935)
Un libro recién publicado cuenta el papel de un destacado movimiento de judíos europeos que apostaron por la defensa de la clase obrera y la revolución en los países en los que vivían y que rechazaron la creación de Israel

Llegaron a tener unos cinco millones de afiliados, reivindicaron las nacionalidades de los países en los que se encontraban, lucharon contra el Imperio zarista, defendieron el yidis como lengua propia, participaron en la Revolución Rusa, resistieron frente al genocidio nazi y fue uno de los grupos que se enfrentó de forma más frontal a la creación del Estado de Israel.

A pesar de que la organización de los socialistas judíos es anterior, el Bund, o Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, toma como punto de partida 1897; una época de pogromos contra su pueblo por parte de la Rusia imperial. Ese mismo año surgieron los llamados Protocolos de los Sabios de Sion —un alegato antisemita falsificado para justificar los pogromos—, un “documento falso e inventado de unas supuestas actas del congreso sionista de Basilea, que no era más que un plagio mal traído de un libro de Maurice Joly”, tal y como apunta el historiador Julián Vadillo en el prólogo del libro ‘Historia general del Bund. Un movimiento revolucionario judío’, escrito por Henri Minczeles y ahora publicado por la editorial La Tormenta.

“Hablamos quizás del grupo socialista más numeroso de finales del siglo XIX e inicios del XX”, dice a elDiario.es Vadillo. En el Bund confluirán los movimientos judíos del Imperio ruso, aunados en una organización de carácter marxista y socialista que a lo largo de sus casi cien años de historia se opondrá al imperialismo rusificador, el nacionalismo judío, el sionismo y el nazismo. “En contra del zarismo, el Bund siempre reivindicó las nacionalidades en las que se movían, como Polonia, Ucrania, Lituania y Rusia, para luchar por el beneficio para la clase trabajadora con base en los principios socialistas”, apuntilla el también doctor en Historia.

El Bund mantuvo debates de forma permanente con otras corrientes políticas. El culmen de estas relaciones llegó en 1898, con la creación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en el que se integraron como grupo autónomo. “Al final se salieron por divergencias, sobre todo con la dirección bolchevique”, explica Vadillo. Pero estos debates no se limitaron únicamente con la rama socialista. En muchos lugares hicieron lo propio con los anarquistas, otro gran movimiento integrado por judíos que buscaba la mejor forma de organizar a la clase trabajadora.

Para Vadillo, el Bund no fue un accidente, sino una respuesta organizada al momento político en el que apareció. “Llegó a tener más de 5 millones de trabajadores afiliados, superando al Partido Socialista Alemán, al Francés y, desde luego, al PSOE español”, clarifica en una entrevista con este periódico el historiador.

La primera gran incursión en la historia por parte de la Unión General de Trabajadores Judíos llegó en la Revolución rusa de 1905 al también levantarse contra el zarismo. “Se mostraron partidarios de los soviets y tuvieron un papel muy importante en los debates con otros agentes del movimiento obrero, como anarquistas y socialdemócratas, de cómo se debían configurar esos nuevos organismos”, añade Vadillo. En ese tiempo fundaron escuelas, bibliotecas, organizaciones deportivas y el famoso Sanatorio Medem, que trataba a los niños judíos pobres con tuberculosis.
Judíos en contra de la creación de Israel

Sin embargo, la gran peculiaridad del Bund fue su carácter antisionista y su alejamiento de aquellos socialistas judíos que sí comulgaron con la creación de un Estado hebreo. El concepto nacional era importante para ellos, pero no como judíos, sino como polacos, lituanos, ucranianos o rusos. “Lo judío era una marca cultural que, si bien les diferenciaba de otros, también les servía para presentar sus particularidades”, afirma el historiador.

Este grupo de socialistas judíos siempre se opuso a la creación de Israel en Palestina al entender que aquellos que huían de Europa por la persecución que sufrían eran unos “cobardes”, señala. Haciendo alarde de su carácter internacionalista, consideraron al sionismo un movimiento contrarrevolucionario que desviaba el verdadero objetivo de la clase trabajadora y se enfrentaban a él porque entendían que distanciaba a los trabajadores judíos de su emancipación, fijando su objetivo en la creación de una nación artificial.

El Bund reivindicaba dos cuestiones principales. Por un lado, la identidad judía y el yidis; por otro, la alternativa socialista

Vadillo recalca que el Bund fue quien más se opuso a los organismos internacionales judíos que facilitaban la emigración a Palestina, siendo importantes los enfrentamientos con personajes como Vladímir Jabontinsky, de origen ucraniano y cuyas ideas estaban muy cercanas al fascismo italiano, tal y como recoge en el prólogo del libro.

En resumen, el Bund reivindicaba dos cuestiones principales. Por un lado, la identidad judía y el yidis; por otro, la alternativa socialista. “Querían que no se perdiera la lengua judía de Centroeuropa, el yidis, algo parecido al alemán pero con grafías hebreas”, describe Vadillo. Con la creación de Israel, muchos dejaron de hablarlo tras el establecimiento de un hebreo estándar y homogéneo como nueva lengua del país. De hecho, todos los periódicos bundistas de la época estaban escritos en la lengua autóctona o en yidis.
La resistencia judía en Polonia

Su crecimiento en Polonia a lo largo de los años 20 y 30 del siglo pasado hizo que fuera el Bund quien sostuviera la resistencia en el gueto de Varsovia en 1943. “Los bundistas fueron la base de la resistencia judía contra el nazismo”, afirma tajante Vadillo. Dos personas jugaron un papel crucial para el devenir de la resistencia antinazi: Marek Edelman y Mordejai Anielewicz formaron la Organización Judía de Combate. El primero de ellos logró salvar su vida en aquel enfrentamiento y después formó parte del levantamiento polaco contra los nazis en 1944.

Una vez derrotados los nazis, el Bund siguió participando en la política de reconstrucción de Polonia. Tras el establecimiento de la dictadura comunista en el país, fueron disueltos como partido. “Volvieron a reaparecer con la caída del comunismo, pero evidentemente sin la misma fuerza que antes”, dice el historiador.

Miles de bundistas acabaron asesinados por el nazismo. Tras la persecución que los judíos sufrieron durante décadas en Europa, sobre todo en los países del este, y el posterior exterminio auspiciado por el Tercer Reich alemán, muchos de ellos recalaron en otras naciones, incluso al otro lado del Atlántico. “Sabemos de importantes grupos bundistas en Nueva York y en Francia, pero también en México y Argentina, que se mantuvieron en activo durante mucho tiempo”, añade Vadillo.
Frente al genocidio en Gaza

A día de hoy, el Estado de Israel se erige como el representante de todo el pueblo judío. “Quieren dar la sensación de que todo lo judío es homogéneo, que todos son iguales y tienen las mismas ideas e intereses. Eso es lo que pensaban los nazis, por ejemplo, y no es verdad”, defiende el historiador. A pesar de los intentos de silenciarlos por todos los medios, existieron movimientos judíos opuestos al sionismo que ofrecieron alternativas para luchar por el beneficio para la clase obrera desde los países en los que se encontraban.

Vadillo recalca que ser antisionista no equivale a ser antisemita: “Si eres antisemita eres un racista, pero si eres antisionista lo que muestras es tu posición contraria a un modelo de Estado en concreto”, explica. Desde su punto de vista, el gran problema de Israel es que todas las críticas a sus actuaciones las considera antisemitas. “Hay muchos judíos que han denunciado el genocidio que Israel comete contra Palestina, algo que tendríamos que repetir una y otra vez”, apuntilla.

Más de un siglo después de la creación del Bund, apenas se conoce su historia en España. Según Vadillo, esto se debe a la complejidad de la sociedad de Europa del este. La historiografía poco a poco se empieza a acercar a este y otros movimientos que marcaron el devenir político de Europa no hace tantos años, como demuestra la publicación de ‘Historia general del Bund. Un movimiento revolucionario judío’. Vadillo concluye en su prólogo: “Esperemos que esta sea la primera piedra en la construcción de un proceso de conocimiento del movimiento obrero socialista y judío, como fue el Bund. Una de esas pequeñas grandes historias”.

lunes, 6 de abril de 2026

"EL REGRESO DE LYNCH". Juan José Millás, El País

El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir,
celebraba el día 30 la aprobación por la Kneset de la pena
de muerte a palestinos.
Algunas noticias tienen matices. La aprobación de la pena de muerte para los palestinos en Israel no es una de ellas

Hay informaciones a las que basta con darles la vuelta para que aparezcan los hilos, los remiendos, las puntadas apresuradas con las que alguien ha querido ajustar la realidad a un patrón previo. Son noticias que, al tiempo de informar, insinúan, orientan, empujan. Noticias, en fin, trufadas de opinión. Las lees del derecho y parecen limpias. Del revés, en cambio, brotan las valoraciones escondidas, las pequeñas o grandes trampas del lenguaje, los adjetivos que, más que describir, juzgan. Noticias partidistas, prendas confeccionadas a medida para que le sienten bien a una idea o a una formación política.

La realidad misma está hecha de costuras con frecuencia discretas, invisibles. A veces, de costurones que dejan cicatrices horribles en el cuerpo de la historia de los seres humanos. Pero hay noticias que carecen de forro. Que son igual de atroces si las miras del derecho como si las observas del revés. En el catálogo de estas últimas conviene incluir la decisión del Parlamento israelí de aprobar la pena de muerte para acusados de terrorismo en los territorios ocupados. Y por ahorcamiento, método que nos retrotrae a las películas del viejo Oeste americano, con sus linchamientos exprés y sus multitudes sedientas de espectáculo. El ahorcamiento evoca también esas ejecuciones públicas que hemos visto en Irán, con los cadáveres balanceándose durante días de las plumas de grúas modernísimas. El ministro de Seguridad Nacional del Gobierno de Netanyahu intentó descorchar una botella de champán en la Cámara para celebrar la buena nueva. Parece que un ujier, figura casi invisible del engranaje institucional, logró impedírselo. Pero el ministro entusiasta, ebrio de dicha, la abrió luego en los pasillos de la Cámara. Aquí, como decimos, no hay costuras ni lectura alternativa posible. Estamos ante una pieza informativa maciza, compacta, hecha de una sola sustancia moral. La sustancia de la que está hecha la barbarie.

"TRUMP, ORBÁN Y LA DEMOCRACIA VACIADA". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Las urnas siguen siendo el instrumento de quienes carecen de cualquier otro. Votar ya no resulta suficiente, pues la democracia no son solo ...