miércoles, 29 de abril de 2026

"¿QUIÉN REARMA A EUROPA?". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Habermas no advertía contra el rearme, sino exactamente contra el rearme que está ocurriendo, el de una Alemania que busca ser la potencia militar dominante sin haber resuelto la cuestión de la soberanía política europea

“El desarme de la Alemania de posguerra fue una sobrecorrección por la que Europa está pagando hoy un precio elevado. La castración de posguerra de Alemania y Japón debe ser deshecha”. La frase no la firma un nostálgico de la extrema derecha europea. Es una de las tesis de The Technological Republic, libro publicado en febrero de 2025 por Alexander Karp, CEO de Palantir, empresa estadounidense que provee buena parte del software con el que se construye hoy el rearme europeo. Tiene contratos con Alemania y el Reino Unido, opera infraestructura en Ucrania y colabora estratégicamente con Israel. Un mes después, Jürgen Habermas publicaba un llamamiento sobre el rearme europeo. No era un texto pacifista (él no lo fue nunca), pero formulaba la pregunta más exigente que un filósofo podía hacerse ante lo que se anunciaba: qué sería de una Europa con el Estado más poblado y más poderoso económicamente siendo, además, una potencia militar muy superior a todos sus vecinos, todo esto sin integrar en una constitución supranacional la sujeción a una política exterior y de defensa europea común ligada a decisiones mayoritarias.

Esta semana, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, presentó la primera doctrina militar autónoma de la República Federal desde 1955: “Nuestra ambición es, y debe ser, ser el ejército convencional más fuerte de Europa”. Se trata, básicamente, de la reescritura del pacto tácito sobre el que se construyó el orden europeo de posguerra. Desde 1945, ese pacto tenía una forma reconocible: Alemania sería la primera economía del continente, pero no la primera fuerza militar. Esa asimetría (centralidad económica y contención estratégica) fue la condición bajo la que el resto de Europa aceptamos, primero, la reunificación, y después la hegemonía económica alemana. ¿Desde dónde se autoriza esa reescritura? Porque un ministro no rescribe un pacto fundacional con una sola frase si no hay ya en circulación una matriz que lo legitima. Y esa matriz no es alemana, sino estadounidense. Y tiene un autor concreto.

Karp se doctoró en 2002 en la Universidad Goethe de Frankfurt con la intención explícita de tener a Habermas como director de tesis. Habermas se la rechazó. Acabaron separándose por desacuerdos sobre el contenido. El núcleo de su discrepancia era una pregunta sencilla: ¿qué hay en el fondo de la convivencia humana? Para Habermas, capacidad de entendimiento. Para Karp, agresión. Los seres humanos seríamos criaturas que se agreden, y lo único que puede organizar de verdad la convivencia es la fuerza o, en su versión moderna, la disuasión. Esto significa que el hombre que dirige una pieza central de la infraestructura tecnológica del aparato securitario occidental se formó intelectualmente en la órbita de la Escuela de Frankfurt, la tradición que Habermas pasó toda su vida defendiendo como matriz de la deliberación racional, y ha construido un imperio que es la antítesis exacta de esa tradición.

Habermas describía sin nombrarlo el proyecto Karp, al hablar del “sueño libertario de abolición de la política” de Silicon Valley, sustituida por la gestión empresarial y dirigida por las nuevas tecnologías. Eso es Palantir: el discípulo rechazado de Habermas convertido en proveedor del tipo de poder técnico contra el que su maestro construyó toda su filosofía. Frankfurt regresa a Frankfurt 80 años después, pero del revés. Habermas no advertía contra el rearme, sino exactamente contra el rearme que está ocurriendo, el de una Alemania que busca ser la potencia militar dominante sin haber resuelto la cuestión de la soberanía política europea. Lo que está en juego, por tanto, no es el armamento, sino el sujeto político que lo empuña. Y aquí la voz de Karp, el doctorando frustrado de Frankfurt, dueño de parte de la infraestructura técnica de esta nueva era, no es marginal, pues modifica la respuesta a la pregunta habermasiana. Habermas no pregunta si hemos de rearmarnos sino quién es ese “nosotros” que decide rearmarse, y con qué legitimidad lo decidimos.

Cuando un ministro alemán abandona el léxico del Estado (tanques, soldados, fronteras, deber) y adopta el de la consultora (efectos, capacidades, eficiencia, ambición), no es una mera cuestión de estilo: el Estado que delibera, que rinde cuentas y que admite ser juzgado por sus ciudadanos cede el paso al gestor que produce resultados medibles. Y eso es lo que está ocurriendo: Europa subcontrata su rearme y, con él, la filosofía política que lo orienta. La doctrina la firma un ministro alemán y el vocabulario una empresa de Palo Alto. La pregunta de Habermas ―quién decide― recibe una respuesta que no debería tolerarse: ellos, los que tienen el software, las palabras y el manifiesto. Los poderosos.

lunes, 27 de abril de 2026

"EL JUEZ DE VIOLENCIA MACHISTA QUE NO CREÍA A LAS MUJERES". Violeta Assiego, elDiario.es

El juez David Maman Benchimol en la ponencia del 18 de febrero
Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid

Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género

“Con frecuencia, los jueces adoptan normas rígidas sobre lo que consideran un comportamiento apropiado de la mujer y castigan a las que no se ajustan a esos estereotipos. El establecimiento de estereotipos afecta también a la credibilidad de las declaraciones, los argumentos y los testimonios de las mujeres, como partes y como testigos. Esos estereotipos pueden hacer que los jueces interpreten erróneamente las leyes o las apliquen en forma defectuosa.” (CEDAW, Recomendación General nº 33, CEDAW/C/GC/33, 23 de julio de 2015)

Cuando la credibilidad de las mujeres y las infancias que denuncian violencia machista se pone en duda de forma sistemática por quien tiene que interpretar la ley e impartir justicia, la violencia desaparece del análisis jurídico y el juzgado especializado deja de cumplir con su función, deja de proteger, prevenir el riesgo y de aplicar el derecho con perspectiva de género. Cuando esto sucede, lo que queda es una decisión que, bajo la apariencia de imparcialidad que se le otorga a un juez, vacía de contenido todas las garantías legalmente previstas precisamente para estos casos, y deja a la víctima expuesta a la violencia machista y a otra violencia más, la institucional.

Ante este tipo de creencias por parte de algunos titulares de juzgados, como el juez Maman Benchimol, la pregunta es ¿qué hace un juez así en un juzgado de violencia de género? Porque si no creen a las mujeres y las reducen prejuiciosamente a estereotipos (aprovechadas que manipulan a sus hijas e hijos para quedarse con la casa, apartar al padre y disfrutar de todas “las ventajas que tienen” las víctimas“), su papel pierde todo el sentido; a no ser que estén en esas plazas judiciales no para proteger a las mujeres sino a los hombres, para hacer justicia patriarcal.

Lamentablemente, la misoginia de la que hemos tenido noticia por las palabras del titular del juzgado de violencia sobre la mujer número 8 de Madrid no es un caso aislado. Responde a una lógica jurídica conocida y reiteradamente denunciada por diferentes organismos nacionales e internacionales. Una lógica en la que el sistema judicial incurre en estereotipos de género para cuestionar a las madres y priorizar el contacto paterno con las y los hijos comunes en contextos donde existen hechos verosímiles y compatibles con la violencia de género. En esta línea, el GREVIO viene advirtiendo con claridad que ordenar la custodia o las visitas sin tener suficientemente en cuenta los antecedentes de violencia y sin una evaluación adecuada del riesgo para los menores y sus madres no cumple con las obligaciones del artículo 31 del Convenio de Estambul.

Pero el juez Maman no debe dar credibilidad tampoco a estos informes sobre lo que pasa en España, porque parece que se dejará llevar por la inercia de un sistema judicial que todavía no se ha desempolvado algunas creencias del derecho de familia franquista. Ese en el que no se prohibía la custodia materna porque ya el padre era el titular principal de la patria potestad, y la madre estaba relegada por ley a una posición subsidiaria. Ese que, cuando una mujer se separaba era castigada sin patria potestad porque ya no encajaba en el ideal de “buena madre”. Ese, donde, obviamente, no existía el interés superior del menor, sino un orden familiar atravesado por la moral católica y los roles de género.

El Código Civil actual, en cambio, es claro, y se aleja mucho de aquella mentalidad que todavía tienen tantos jueces y juezas, también abogadas y abogados. El artículo 92.7 excluye la guarda conjunta cuando existen indicios de violencia de género. El artículo 94 establece límites igualmente claros al régimen de visitas. No son orientaciones abiertas a interpretación, son límites legales diseñados para evitar el riesgo. A ello se suma que la LO 1/2004, reformada en 2015 para reconocer expresamente a las niñas y niños como víctimas de violencia de género, y la LOPIVI de 2021, que parte del derecho de las infancias a vivir libres de violencia y refuerza su protección cuando están expuestos a violencia contra las mujeres, conforman un marco normativo que no deja margen de duda.

Si la custodia compartida no es compatible con la violencia de género, no es porque sea enemiga de las mujeres, ni porque respondan a supuestos intereses económicos, como afirma el juez Maman. Es porque la custodia compartida presupone cooperación, confianza mínima, comunicación funcional y reconocimiento recíproco de la autoridad parental, condiciones que la violencia de género destruye al convertir la relación parental en un espacio de riesgo, control y revictimización. Bien debería saberlo quien es titular de un juzgado especializado: aplicar la custodia compartida en estos contextos, ignorando las asimetrías de poder y los antecedentes de violencia, no es neutral, sino que produce un efecto discriminatorio y contrario al interés superior del menor.No explicar esto y desplazar el foco hacia una supuesta mala fe de las mujeres que denuncian violencia de género no es solo jurídicamente impreciso, sino que supone legitimar, desde espacios institucionales como el ICAM, una aplicación defectuosa del derecho que, en la práctica, puede traducirse en exposición continuada al daño para mujeres, niñas y niños. Justo lo contrario de lo que un juzgado especializado debería garantizar. A no ser que el juez esté ahí no para proteger a las mujeres y sus hijos sino al pater familias de la sagrada institución familiar.


domingo, 26 de abril de 2026

"CRUZ TORCIDA". Carson Sally (2026), Madrid, Alianza

En 1934, la joven escritora inglesa Sally Carson tuvo la osadía de escribir en tiempo real, casi en el mismo momento histórico en el que se sitúan los hechos que narra, una novela que es el retrato de una familia corriente del sur de Alemania durante el tenebroso ascenso del nazismo.

Carson murió pocos años después –debido a un cáncer de mama– y la novela cayó en el olvido hasta su reciente rescate en 2025 en el Reino Unido, lo que nos ha permitido a los lectores de hoy conocer una pieza literaria de primer orden que, ya en los albores del nazismo, alertó al mundo de los horrores que se estaban produciendo en Alemania y de los que se avecinaban mientras los gobernantes de las demás potencias miraban a otro lado.

La trama de La cruz torcida no abarca más de seis meses, desde la Nochebuena de 1932 hasta el solsticio de verano de 1933, pero en ese tiempo la vida de los Kluger, de sus amigos y de todo el país dará un vuelco. La protagonista, Lexa Kluger, ve cómo poco a poco sus hermanos, desempleados y sumidos en la apatía, al igual que tantos otros jóvenes, van cayendo en las redes de un partido nazi que les promete trabajo y estabilidad. Conforme la estrategia de persecución y discriminación racial va imponiéndose, el prometido de Lexa, Moritz Weissmann, un joven cirujano católico, pierde su trabajo por llevar un apellido judío y, muy rápidamente, los límites de su vida empiezan a estrecharse hasta resultar asfixiantes. Su bella historia de amor tendrá entonces que desarrollarse a espaldas de todos los demás.

Con esta inolvidable historia sobre la valentía moral y el arrojo de quienes van a contracorriente en tiempos de uniformidad, Carson demuestra su clarividencia para exponer la manera en que toda una nación cayó hipnotizada por las mentiras de un régimen autoritario.

sábado, 25 de abril de 2026

"AVERROES, UNA OPORTUNIDAD PARA LA RAZÓN". Carmen Calvo Poyato, Emilio González Ferrín, El País

El pensador medieval cordobés sigue vigente en la España actual porque plantea algo muy actual: cómo convivir en una sociedad diversa sin renunciar a la razón ni a las creencias

Se cumplen 900 años del nacimiento del cordobés Averroes (1126-1198), el pensador andalusí cuya obra pasó desapercibida en el espacio islámico y fue prohibida en el París de 1277, cuando el obispo Étienne Tempier incluyó el averroïsme entre las 219 proposiciones condenables por atentar contra el statu quo institucional eclesiástico, fundamento de la enseñanza superior europea de sus tiempos. El pensamiento de Averroes, a través de sus traducciones latinas, había inundado las artes liberales francesas y se presentaba como una oleada de racionalismo radical, contra los efectos de la cual se exigiría en Europa una inicial declaratio fidei, en cada obra hecha pública, en la que se constatase que la verdad está siempre del lado de la fe y que la filosofía no puede discutirla. Es decir, la negación explícita de Averroes y sus postulados más destacados: que el cometido de la filosofía es hacer preguntas que nos encaminen hacia lo verificable, y que la fe no tiene el monopolio de la verdad. Nunca abominó Averroes del hecho religioso, sino que simplemente lo ubicó en el terreno de lo emocional, si bien apuntando maneras literarias de gran interés a la hora de comprender los postulados de la fe: si hay algo inexplicable en ella, algo incoherente, absurdo, imposible, es porque debemos entender su entramado simbólico, y de ahí lo literario frente a lo literal. Todo eso acabó siendo conocido como la doble vía de la verdad: la fe para quien así lo sienta y la razón para quien la necesite. Dos patas de una escalera por las que poder subir en busca de las verdades, eligiendo cada cual según su criterio y proponiendo así Averroes una revolución epistemológica: una oportunidad para la razón.

No quedó ahí la obra del cordobés. Como todo sabio medieval que se preciase, en su polimatía aportó interesantes disquisiciones del corte astronómico, también otras derivadas de su práctica de la medicina o incluso reflexiones jurídicas en las que estuvo a la altura de su tradición familiar, los Banu Rushd, ejerciendo como jurista entre Córdoba y Sevilla y debiendo saltar a Marruecos por rivalidades entre los lobbies de la época. Además, apuntó nuestro autor unas interesantes nociones en materia de gestión de vida en común, de lo político en su mejor acepción, que probablemente no casasen entonces, ni probablemente ahora, en tiempos obsesionados por liderazgos en lugar de consensos: dos siglos después de Averroes, el filósofo de la historia Ibn Jaldún —el Aben Jaldún de Ortega y Gasset— iniciaría el largo y tedioso quehacer historiológico de las decadencias, de contemplar la historia como un permanente declinar de viejos apogeos. Pues bien, cuanto Ibn Jaldún presente en el siglo XIV como la panacea del éxito civilizador la asabiya o cohesión social, a modo de un sistema nervioso conectado con un cerebro a la altura —liderazgo indiscutible—, lo había esquivado nuestro Averroes en sus tratados sobre la simple y llana gestión colectiva de la medina, la ciudad en tanto que traslado en árabe de los tratados y asuntos de la polis. La medina de Averroes es, así, menos gestión individual de un carisma alimentado y mucho más atención a la innegable diversidad; lo dialógico y comunicativo, que estará mucho después en la base de la paradoja del recientemente desaparecido Jürgen Habermas: “¿Es posible el triunfo del diálogo?”. La razón averroísta dice que sí, por más que la sinrazón pueda hacer más ruido.

Una figura como la de Averroes no se improvisa. Se ha definido en ocasiones el tiempo de Al-Ándalus como el largo camino que lleva a Averroes, trasladándose en semejante exageración hiperbólica la inevitable cadena de transmisión de conocimiento que debió desplegarse, a lo largo de los siglos, desde Aristóteles hasta Averroes, su más completo comentador. Porque fue el estagirita el primer maestro en las artes racionales del Islam, así como la ciencia de los griegos, en ese genérico patrístico del saber universal, fue conocida en árabe como “la ciencia de los antiguos”, no “de los otros”, clave de bóveda para comprender no solo el esencial eslabón averroísta en el transcurrir de la razón aplicada, sino el sentido último troncal de una civilización islámica, siempre distinguible de una religión musulmana, que en el totum revolutum de nocturnidad con que contemplamos lo transeuropeo siempre parece todo igual, menor, ajeno.

El director de cine egipcio Yusuf Chahine nos presentó en 1997 una biografía hagiográfica del cordobés Averroes. En la película, que lleva por título traducido El Destino (1997), nuestro pensador andalusí se nos muestra envuelto en una profunda y esencialista pureza y orgullo de estirpe, con una inteligencia casi profética pero destacada, sobre un mundo prácticamente desértico. El profeta en el desierto. Sin embargo, el pensamiento averroísta de razón y medina, urbano y humano, requiere un resaltado con mucha menos excepcionalidad y más ejemplaridad, y tal es el cuidadoso tratamiento al que ha sido sometido por parte de dos grandes interpretadores, el español Andrés Martínez Lorca y el marroquí Muhammad Abid al-Jabri. Es importante mostrar estas dos caras de la moneda averroísta a ambos lados del Estrecho porque se corresponden con la efervescencia vital del propio Averroes, desde su florecimiento en Al-Ándalus hasta su refugio y finalmente muerte en Marruecos. Pues bien, si Martínez Lorca realiza una pormenorizada lectura europea de Averroes, destacando que llamar nuestra a la cultura de Al-Ándalus es romper un viejo paradigma de negación cultural, Abid al-Jabri definió al cordobés universal como la oportunidad perdida de la razón árabe. Porque no se le leyó en su tiempo ni siglos después en lengua árabe, es por lo que el marroquí proponía un retorno averroísta a la razón en latitudes cuyas medinas, decía Al-Jabri, están tratando de ubicar los espacios sentimentales religiosos al terreno de lo domiciliario.

Averroes simboliza una etapa (Al-Ándalus) donde convivieron distintas culturas. La idea averroísta de diálogo entre culturas y religiones resulta clave para encauzar positivamente los conflictos y fomentar la integración. Hoy, el pensamiento de Averroes sigue vigente en la España actual porque plantea algo muy actual: cómo convivir en una sociedad diversa sin renunciar a la razón ni a las creencias.

En la era de la desinformación, su defensa de la razón, la lógica, el pensamiento crítico y el conocimiento es más relevante que nunca. Averroes no es solo una figura imprescindible del pasado: es una presencia latente, casi susurrante en el presente convulso que habitamos. Su pensamiento no pertenece únicamente a la historia, sino que respira —aunque a veces débilmente— en cada intento de comprender antes que imponer, en cada gesto que elige el diálogo frente al dogma.

Hoy, cuando tantas voces se alzan con la pretensión de ser únicas, definitivas, inapelables, volver a Averroes es como abrir una ventana en una habitación cargada en la que entra el aire y la luz de primavera. Y con ella, la sospecha de que ninguna verdad que necesite imponerse por la fuerza puede ser completamente verdadera. Porque lo que no persuade al entendimiento, difícilmente arraiga en el corazón.

Averroes nos recuerda que la razón no es fría ni distante, sino profundamente humana: es el puente invisible que permite a las diferencias no convertirse en abismos. Su vigencia reside precisamente en su capacidad de interpelarnos en medio del ruido ensordecedor de la confrontación irracional, de invitarnos a comprender al otro sin malestar, sin sentir que renunciamos.

En su tiempo, habló de convivencia como quien siembra en tierra incierta; habló de tolerancia como quien confía en un futuro que no verá; habló de separar la política de la fe como quien intuye que el poder, sin el contrapeso de la razón, se vuelve ciego. Y en esa intuición hay algo profundamente contemporáneo: la certeza de que la libertad necesita reflexión y pensamiento y el pensamiento requiere libertad.

Por eso su legado no es un conjunto de ideas muertas, sino una llama que debe mantenerse sin estridencia, pero persistente. Y en tiempos de penumbras tan ruidosas, esa luz discreta se vuelve indispensable.

Averroes es una figura imprescindible para el presente y extraordinariamente oportuna y necesaria en el momento que nos ha tocado vivir. Al mundo le hace falta recordar su doctrina porque frente a los pensamientos fundamentalistas y extremistas que buscan imponer una única visión de la vida, apelar a Averroes es revindicar la razón no sólo como un medio de conocimiento, sino también como una herramienta para la convivencia pacífica. Recuperar su obra nos da la oportunidad de escrutar mucho mejor todo tipo de fundamentalismo, no sólo religioso sino también económico y político, para poder reconocerlos y contestarlos con mucha mayor contundencia.

Recordar a Averroes hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de resistencia serena: la defensa de una forma de estar en el mundo donde la razón no divide, sino que une; donde el diálogo no debilita, sino que fortalece; donde pensar sigue siendo, todavía, un anhelo de esperanza.

viernes, 24 de abril de 2026

"UN BURKA EN ALMENDRALEJO". Antonio Maestre, elDiario.es

La presidenta del PP extremeño, María Guardiola (c), y el
líder de Vox, Óscar Fernández Calle (3d), anunciando 
el acuerdo para formar gobierno en Extremadura
En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas.

La mayor gilipollez que se suele decir cuando la extrema derecha tiene cierto éxito es que ocurre porque la izquierda ha abandonado a la clase trabajadora y ha dejado de ocuparse de sus problemas materiales. Si algo ha dejado en evidencia la política de los últimos años es que a la extrema derecha solo le preocupan las cuestiones culturales como instrumento para garantizar los privilegios materiales de los que más tienen. Extremadura es el último ejemplo donde se busca un burka en Almendralejo para que los terratenientes puedan seguir explotando moros.

En España hay mucho racista. Hay mucho racista para el que el racismo es el motor fundamental de su vida. Por eso para los racistas no sirven de nada los números que voy a dar, porque son racistas. Pero esos números sirven para desmontar esa gilipollez de que la izquierda no se ocupa de los problemas materiales y por eso se van hacia la extrema derecha que sí se ocupa de esos problemas, porque si algo ha hecho este gobierno, con mayor o menor fortuna por la coyuntura internacional, es poner en el centro de su política precisamente esas cuestiones materiales de la clase trabajadora. No como muchos quisiéramos, pero es indudable que eso ha sido nuclear en su política por encima de las cuestiones culturales.

El acuerdo de gobierno de PP y Vox, el acuerdo racista, ha propuesto prohibir en espacios públicos que las mujeres porten burka o niqab. Una demanda popular histórica extremeña, por delante de su derecho a un tren digno y unas infraestructuras del primer mundo, por fin ha sido puesta en el centro. Se acabó que las moras no puedan ir tapadas, estén donde están aunque nadie haya visto una. Para entender la necesidad de esta medida hay que conocer una serie de datos que contextualicen hasta qué punto Vox se ocupa de problemas inexistentes que tienen como único objetivo alimentar pulsiones racistas donde no hay problemas para capitalizar ese sentimiento de odio.

En Extremadura hay una población aproximada de 20.000 musulmanes, bastante estable con pequeñas oscilaciones desde el año 2016. La mayoría de esa población se encuentra en Badajoz, Cáceres y Talayuela, con una población general en toda Extremadura de 1.065.000 habitantes. Los musulmanes suponen el 1,8% de la población, muy por debajo de la media nacional que está cerca del 5%. Extremadura es una población con una extensión de 41.635 kilómetros cuadrados, lo que supone que hay un musulmán por cada 0,46 kilómetros cuadrados. Si segmentamos la población musulmana más aún mirando solo a la población femenina, que es la potencial portadora de burka o niqab, tan solo existen 7.000 mujeres en una población de más de un millón de personas, lo que supone el 0,69% de la población.

El gobierno de PP y Vox ha puesto en el foco una ley para perseguir y criminalizar a un colectivo que supone el 0,69% de la población. Así empiezan los pogromos. Pero podemos aún recortar más si hacemos una estimación. La mayoría de la población musulmana en Extremadura es de Marruecos, donde el burka no existe y el niqab es marginal. Así que atendiendo a la población existente, las características culturales y el uso de estas prendas en la población general, le he pedido a Claude que haga una estimación sobre cuál es el uso potencial de estas prendas en Extremadura. La Inteligencia Artificial de Anthropic ha considerado una estimación de uso del niqab de entre 5 y 20 personas y del burka de un total de 0 mujeres musulmanas. Es decir, la preocupación fundamental de Vox y el PP es atender y poner en el centro un problema que no existe.

Para seguir contextualizando es más probable encontrarse con una especie en peligro de extinción crítico como el Águila Imperial, que mantiene 75 parejas reproductoras en toda Extremadura, la Cigüeña Negra, el Avetoro o el Desmán Ibérico. Es más probable encontrarse con especies casi desaparecidas de nuestra fauna extremeña que con una mujer musulmana portando por las calles de cualquier población extremeña un burka o un niqab. Como ya hemos dicho ninguno de estos datos servirá para convencer a un racista que deje de serlo y por eso este tipo de medidas seguirá produciéndose en partidos racistas como VOX que las proponen y en partidos racistas como el PP que las aceptan, pero no por ello tenemos que dejar de explicar que legislar sobre el burka en Extremadura tiene el mismo sentido concreto que preocuparse por la proliferación del leopardo de las nieves por La Siberia extremeña. Pero así funciona el odio y la irracionalidad, porque con una buena campaña de desinformación y propaganda puede que algunos piensen que por qué no va a haber por Herrera del Duque un animal que tiene como apellido “de las nieves” estando en La Siberia. No subestimen el poder de la idiocia.

jueves, 23 de abril de 2026

"LA JUSTICIA". Luis García Montero, El País

El poder judicial se ha demostrado incapaz de vigilar la ética de algunos de sus jueces

La democracia española supuso una toma de conciencia del valor decisivo de una justicia independiente. La decisión sobre los delitos y las penas no puede someterse a los intereses de un Gobierno con la cárcel a su servicio. Pero la democracia, cuando se pone delante del espejo, necesita mirarse a los ojos, comprender el carácter y el tiempo de sus arrugas. La justicia no sólo debe ser independiente de un Gobierno, sino de todos los intereses que viven y reviven en una sociedad. Hay jueces que son muy dependientes de los que necesitan atacar al Gobierno para establecer un orden distinto. Así que no se trata sólo de asegurar una justicia independiente del Gobierno, sino de asegurarse de que una administración judicial no juegue con las leyes, los procedimientos y los tiempos según la vanidad, la falta de ética o las dependencias de un juez. Más que con las dependencias del Gobierno, los problemas de la justicia española tienen que ver con un poder judicial que se ha demostrado incapaz de vigilar la ética de algunos de sus jueces.

El tiempo en el que vivimos despeina la justicia en un mundo de otras dependencias. Las manipulaciones comunicativas sustituyen el conocimiento por el ruido y los escándalos forzados. Sólo puede entenderse el comportamiento de algunos jueces o algunas instancias judiciales si observamos las dinámicas comunicativas que sustituyen la información veraz por alborotos en las redes sociales y titulares que desacreditan no ya a un partido, sino a la política en general y a la autoridad cívica capaz de decidir que los ricos deben pagar impuestos y que la sanidad y la educación pública son ejes imprescindibles de la democracia, tanto como la prensa y la justicia independiente. ¿En qué mundo vivimos para que la gente vote a personajes como Trump, Milei o Ayuso? Esa pregunta es el contexto en el que deben situarse las preocupaciones sobre la independencia judicial.

miércoles, 22 de abril de 2026

"HUMANIDAD E INHUMANIDAD". Manuel Rivas, El País 12 FEB 2017

QUISIERA CREER y de alguna forma creo en los milagros. Y estoy convencido de que algunos, que hoy vemos como leyendas, fueron verdad. Como el que se cuenta de aquel ermitaño irlandés de Glendalough, Kevin, que vivió en el siglo VI, y que tenía la costumbre de permanecer orando toda la Cuaresma con los brazos en cruz, inmóvil, las palmas hacia el cielo en posición de gracias. En las manos anidaron los mirlos y, pasada la Cuaresma, Kevin decidió no moverse hasta que las crías alzaron el vuelo.

Tengo querencia por el milagro animal, así que otro de mis preferidos es el que trata del sermón de san Antonio de Padua a los peces en Rímini. Como los humanos no le prestaban atención, con imaginación ecológica, decidió ampliar su audiencia a toda la creación. Una muchedumbre de peces acudió a escucharlo en la orilla, con la cabeza sobresaliendo del agua. Y seguro que agradecieron una cierta ironía en el santo: “Al sobrevenir el diluvio universal, todos los demás animales murieron. Y el creador os ha dado las aletas para poder ir adonde os agrada”.

Quisiera creer y de alguna forma creo en esa variante del milagro (o de la física cuántica) que se ha dado en llamar causalidad mágica. Un hecho, gesto o frase, a veces con apariencia menor o azarosa, que puede generar grandes consecuencias a distancia. Mucho hiló Borges sobre la casualidad como causalidad. Todavía no sé si en esta categoría incluiría un gol de Messi. Pero un buen ejemplo es el que relata Martin Buber en su cuento El descuido. El emperador austrohúngaro se dispone a firmar un edicto de persecución de los judíos. En un lugar de la Galitzia –región de Europa del Este–, conocedor de lo que se trama en Viena, un rabino vuelca un cuenco de sopa. En ese mismo instante, el emperador vuelca sin querer el tintero sobre la orden firmada. Rompe el papel. Y el edicto queda en suspenso.

Tenía la secreta esperanza de que un milagro frenaría los planes más inmediatos de Trump. Los vetos a los refugiados y a los inmigrantes. La arquitectura canalla del muro fronterizo con México. La violencia catastral de los nuevos oleoductos, cruzando la reserva siux. ­Preferiría que fuese un milagro tradicional. Una llamada divina. En Trump casi todo resulta inverosímil, pero nadie se extrañaría de que Dios llamase a la Casa Blanca dadas las circunstancias. Pero acabo de ver ese milagro cinematográfico que es Silencio, de Martin Scorsese, y casi puedo entender el silencio de Dios. Lo que resultaría imposible de entender sería el silencio humano frente a Trump. Porque la confrontación que el magnate presidente ha puesto en marcha en las conciencias del mundo no es, como él pretende, si estás o no con Estados Unidos de América, sino si estás con la humanidad o con la inhumanidad.

Intenté por mi cuenta el segundo remedio. La causalidad mágica. Vertí platos de sopa y tinteros con la esperanza, esta vez, de provocar con los derrames que la tinta embadurnase las nuevas cortinas doradas de la Casa Blanca. Algo que desequilibrase, antes de firmar las órdenes, a ese superego digno de estudio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts o en el Museo de la Boina de Balmaseda. Algún crítico dijo de Lacan que era un psiquiatra que necesitaba un psiquiatra, Trump es un presidente que necesita con urgencia un presidente.

Quisiera creer y creo en el poder del humor. Trump utiliza ese mecanismo perverso de ensalzar a su público, haciéndoles creer que son mejores que otros. Su industria ha pasado de ser el cemento y el hormigón a la producción de odio y a la fabricación del enemigo. La forma en que ha firmado las primeras órdenes recuerda el modo que mejor caracteriza al gobierno autoritario: el decisionismo. La idea de que los actos del jefe, por ser del jefe, tienen rango de ley. Tal vez sí. Tal vez el humor crítico pueda desactivar su discurso. Si unas palabras lo han llevado al poder, otras pueden desnudarlo. Groucho Marx ya anticipó a un personaje así: “Este hombre puede que parezca idiota y se comporte como un idiota, pero no deje que eso le engañe: realmente es un idiota”.

En lo que más creo es en el poder de la vergüenza. Espero el día en que la verdadera “gran América” se avergüence de un presidente así.


"¿QUIÉN REARMA A EUROPA?". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

Habermas no advertía contra el rearme, sino exactamente contra el rearme que está ocurriendo, el de una Alemania que busca ser la potencia m...