viernes, 27 de marzo de 2026

Odome Angone, ensayista: “Las personas no blancas no tenemos derecho a ser nosotros. Hablamos siempre en nombre de un colectivo”. Una entrevista de Silvia Laboreo Longás publicada en El País

Profesora de literatura hispanoafricana en la universidad en Dakar, ha escrito el libro ‘¿De qué color son los blancos?’, donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento aceptado y visibiliza las voces silenciadas

Odome Angone (Gabón, 46 años) se define como madre, universitaria y africana. Tres etiquetas que “carga con mucho orgullo”. Desde hace más de 11 años, esta filóloga hispánica y doctorada por la Universidad Complutense es profesora de literatura hispanoafricana y afrodescendiente en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, desde donde reflexiona sobre quién produce el conocimiento que es aceptado.

Su último libro, ¿De qué color son los blancos? (Edicions Bellaterra, 2025), presentado recientemente en Casa África en Canarias y en Madrid, pretende visibilizar las voces históricamente eclipsadas y empujadas hacia los márgenes de la normalidad en la ciencia, la academia o el arte.

“Nos da la impresión, a las personas que no somos de esa categoría social, de que muchas veces las personas blancas han sido socializadas como si no tuvieran color. Por eso titulo el libro con esa pregunta sarcástica”, explica Angone en una entrevista con este diario. “Para que ellos también se autocritiquen y piensen qué papel desempeñan en ese sistema global, que al fin y al cabo ha sido diseñado según una perspectiva eurocéntrica y que de algún modo les beneficia”, añade.

miércoles, 25 de marzo de 2026

"SIN RAMADÁN NO HAY SEMANA SANTA". Sergio del Molino, El País

Rezo colectivo musulmán en Jumilla (Murcia)
Si jugamos a la aconfesionalidad, hay que jugar bien: o se ponen facilidades para ambas fiestas o se las saca de la calle

Impotente ante un conflicto religioso y social que le supera, un policía local de Jumilla fió la solución a “que su Dios y el nuestro se pongan de acuerdo”. Se lo contó a la periodista de EL PAÍS Elena Reina, que andaba por el municipio murciano dando noticia de los problemas que la comunidad musulmana tuvo para celebrar el Ramadán en un espacio público. La frase del agente es ingeniosa y conciliadora, al estilo de un capitán Renault en Casablanca, pero también falsaria: el dios de las tres religiones monoteístas es el mismo. Una confusión normal en el politeísmo católico, que trata a la Virgen del Pilar y a la de la Macarena como entidades distintas y rivales. Así no hay dios que se aclare.

Más grave es que un funcionario haga distingos entre dioses “nuestros” y “de ellos”, como si en un municipio cupiera un “nosotros” diferente al que engloba a todos los vecinos. Y mucho peor que se invoque la aconfesionalidad del Estado para reprimir la libertad religiosa de una parte de la población. Los laicistas y ateos no vimos venir que un día se usaría el comodín laico para defender privilegios religiosos, pues muchos de los que quieren prohibir ramadanes tienen ya los hábitos de cofrade planchados y listos para procesionar. Laicismo, sí, pero solo para los moros. Para los demás, incienso y tambores.

Si jugamos a la aconfesionalidad, hay que jugar bien: los mismos argumentos que los agitadores voxeros avientan para hacer la puñeta a los vecinos musulmanes sirven también para que no se corte el tráfico ante el paso de los penitentes. En unos días, cientos de miles de católicos se apropiarán del espacio público para expresar su fe, exactamente igual que los musulmanes al final del Ramadán. Una sociedad que respete la libertad religiosa no puede elegir entre este y la Semana Santa: o pone facilidades para ambas fiestas o las saca de la calle.

Abrir la espita laicista plantearía un debate sobre los usos religiosos del espacio común, pero me temo que a los saboteadores de ramadanes no los anima la confrontación de ideas, por mucho que las palabras democracia y libertad no se les caigan de la boca. Si así fuera, centrarían los ataques en la religión mayoritaria, la que más presencia pública disfruta de lejos y la que más invade las calles y las plazas. Pero si solo te molesta una religión, no eres laicista, tan solo un intolerante, y cabe aplicarte aquel versículo del evangelio según Víctor Manuel, que debería conocer también el policía municipal de Jumilla: “Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios”.

martes, 24 de marzo de 2026

"MUJER Y NEGRA: LAS FEMINISTAS BLANCAS ANTE SUS PRIVILEGIOS". Paula Cáceres, El País

Una mujer peina a otra de edad
Las mujeres caucásicas deben reconocer su posición en la jerarquía colonial y entender que la raza no es un tema más, sino la base de una modernidad que las beneficia

Acabamos de vivir otro 8-M, así que hemos leído y escuchado la palabra interseccionalidad en todos lados. Devenida en muletilla política, desde hace tiempo asistimos a una suerte de redefinición política de este concepto, producto de la manipulación del feminismo hegemónico que lo ha terminado convirtiendo en un arma de lucha para sus privilegios de mujeres blancas, vaciándolo de su contenido original y despojándolo de su significado e historia.

Por estas fechas, es común que el término aparezca en un sinfín de manifiestos, afiches, declaraciones, convocatorias y eslóganes, forme parte de documentos institucionales y se utilice a modo de validación en campañas de comunicación. Dicho de otro modo, este concepto se ha convertido en un “sello de calidad”, o lavado de cara, para el activismo feminista blanco.

Y es también común que se realicen congresos, conferencias, talleres y cursos sobre interseccionalidad, o que se publiciten eventos utilizando este concepto. Sin embargo, también es habitual que en los equipos que diseñan y organizan estas actividades no se incluya la participación de ninguna mujer negra, ni perteneciente a otra comunidad/pueblo racializado, o que su participación quede relegada a un papel meramente estético y superficial: 20 minutos para dar una charla en un marco de discursos mayoritariamente blancos, o un afiche publicitario con su imagen. En otras palabras, un concepto que surgió del feminismo negro para describir la vivencia de la opresión cuando está presente el eje de la raza se ha terminado utilizando en prácticas que reproducen precisamente racismo y colonialismo.

El concepto interseccionalidad no surgió para que las mujeres blancas se sintieran “incluidas” en la diversidad. El término lo acuña a finales de la década de los ochenta la abogada y académica estadounidense Kimberlé Crenshaw, figura clave en el desarrollo de la teoría crítica de la raza, basándose en el análisis de una demanda que interpuso un grupo de mujeres negras contra General Motors tras ser despedidas. El tribunal del caso concluyó que no había existido discriminación por raza, ya que muchos hombres negros seguían trabajando en la empresa, y que tampoco existía discriminación por género, puesto que muchas mujeres (blancas) también permanecían contratadas.

A partir del análisis de este caso, Crenshaw determinó que la experiencia de las mujeres negras no podía ser explicada solo desde el punto de vista de la raza o solo desde el punto de vista del género, ya que es la intersección de ambos ejes la que produce su realidad concreta y, por tanto, una forma única de discriminación. No se trata solo de la suma de opresiones, sino de la manera en que estas se imbrican e interactúan, generando experiencias concretas que describen la discriminación específica que viven las mujeres negras, primero por ser negras y luego por ser mujeres.

Interseccionalidad fue el término que acuñó Crenshaw para poner de manifiesto esta realidad, un prisma desde el que observar cómo la raza intersecciona e interactúa con cuestiones como la clase y el género. Antes de Crenshaw, mujeres de diferentes movimientos subalternos, en diversos contextos históricos y geopolíticos, ya debatían sobre cómo el factor étnico y racial juega un rol determinante en la configuración de las relaciones de poder, y por qué es imposible analizar la opresión de género o de clase sin tomar en cuenta cuestiones como la raza o la etnia, lo que evidencia el intenso debate que ya existía en los movimientos de mujeres no blancas sobre esta materia.

El enfoque teórico de Crenshaw fue ampliamente desarrollado en la tercera ola del feminismo, una etapa muy marcada por la introducción de conceptos como raza, etnia, religión y sexualidad. En este contexto, relevante fue el aporte teórico de la socióloga estadounidense negra Patricia Hill Collins con su concepto “matriz de dominación”, un enfoque que permite analizar cómo los diferentes sistemas de poder (raza, clase, género, etcétera) se interrelacionan y se refuerzan mutuamente, creando una jerarquía de dominación (privilegio) y opresión (resistencia) que organiza y estructura la sociedad.

A pesar del origen de estos debates, con el tiempo hemos visto cómo el feminismo blanco ha convertido el término interseccionalidad casi en un sinónimo de feminismo hegemónico. Tal como afirma la filósofa Esther (Mayoko) Ortega Arjonilla en el prólogo del libro de Rafia Zakaria Contra el feminismo blanco, uno de los ejemplos más evidentes del extractivismo epistémico que hace el feminismo es la utilización del término, llegando al punto de entenderlo como la forma de hacer “un análisis del género y todo lo demás”, como le afirmó en una ocasión una feminista académica blanca.

Lo que estamos presenciando es un borrado progresivo, interesado y político del factor raza/etnia del concepto interseccionalidad. No estamos planteando que se dejen fuera categorías de opresión diversas, sino que no se excluya el aspecto racial, que fue lo que dio origen no solo al término, sino a todo el estudio y análisis del eje raza/etnia en la configuración de las relaciones de poder.

El extractivismo ha sido una constante en la historia del sistema-mundo. En palabras del sociólogo Ramón Grosfoguel, se trata de un saqueo, robo, despojo y apropiación de recursos del sur global para el beneficio de grupos demográficos considerados racialmente superiores. Con el tiempo este extractivismo se ha extendido también al ámbito epistémico y ontológico, y la redefinición interesada del concepto interseccionalidad es una clara prueba de ello.

El concepto interseccionalidad interpela a las feministas blancas a que reconozcan su posición en la jerarquía colonial y entiendan que la raza no es un “tema más”, sino el cimiento sobre el que se construyó la modernidad que hoy las privilegia. No olvidemos que el feminismo blanco se ha cimentado sobre la división racial del trabajo porque para que las feministas blancas salgan de sus casas, estudien, entren al mercado laboral, ocupen puestos de dirección y cargos políticos, han tenido que existir mujeres negras, mujeres racializadas, que les limpien, cocinen, críen a sus hijos y cuiden de sus padres y abuelos. Se trata de mujeres que muchas veces no tienen la posibilidad de formarse ni de cuidar a su propia descendencia, o que incluso teniendo formación deben ejercer trabajos mal pagados, por parte incluso de estas mismas mujeres blancas que hablan de derechos y liberación.

Porque el feminismo blanco se ha visto beneficiado por un sistema que marca racialmente como inferiores a los pueblos del sur global a través de marcadores raciales como el color de la piel, la etnicidad, la religión, el idioma o la cultura, situándolos en una zona de no-ser, una zona deshumanizada de no derechos, con el fin de mantener la supremacía y los privilegios políticos, económicos y sociales de las poblaciones blancas, entre las que se incluyen las feministas blancas. No reconocer esta realidad implica la anulación y negación de la definición misma del concepto interseccionalidad que sitúa el eje de la raza como un factor estructurante y jerarquizante del sistema-mundo que las privilegia sobre las mujeres racializadas.

¿Están dispuestas las feministas blancas a reconocer sus privilegios? ¿Están dispuestas a hacerse a un lado para ceder y compartir espacios de trabajo, participación y visibilidad?

lunes, 23 de marzo de 2026

"ENTREVISTA A ARUNDHATI ROY, ESCRITORA INDIA". Marc Bassset, El País

ARUNDHATI ROY

La escritora india, autora de ‘El dios de las pequeñas cosas’, encarna la figura de la intelectual radical y global. Rechaza el ataque de Trump en suelo iraní. Argumenta que ella vive bajo un régimen cruel, el de Nerendra Modi, pero eso no significa que quiera que llegue Estados Unidos a bombardear el país. Y avisa de que en autoritarismo, la India va muy por delante de Occidente: allí, dice, el odio y el veneno ya no vienen solo del Estado, sino también de la sociedad

La cita para esta entrevista, al principio, estaba fijada a mediados de febrero en un hotel de Berlín. La escritora Arundha­ti Roy (Shillong, India, 64 años) estaba invitada a la Berlinale, el festival de cine, con ocasión del estreno de la versión restaurada de In Which Annie Gives It Those Ones (en el que Annie la monta, sin traducir al español), un popular telefilme de 1989 cuyo guion ella escribió y en el que actuó. A última hora, y estando en París a punto de subirse al avión hacia Berlín, vio que, en una rueda de prensa el cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado, y otros miembros del cónclave eludían las preguntas sobre Israel y Gaza. “Me sorprendió que personas tan inteligentes tuviesen miedo de decir cualquier cosa sobre Gaza”, recuerda Roy. Y anuló el viaje y la entrevista.

La autora de El dios de las pequeñas cosas, la novela que la lanzó a la fama hace casi tres décadas, publicó hace unos meses en castellano Mi refugio y mi tormenta (Alfaguara, traducción de Catalina Martínez Muñoz), unas memorias centradas en la figura de su madre, una mujer a la vez extraordinaria y compleja. “Alguien me dijo que tuve la misma relación con la India que con ella”, dice. “La India también es mi refugio y mi tormenta”. Acosada por el nacionalismo hindú, y en el punto de mira de la justicia de su país por haber cuestionado que la región de Cachemira hubiese sido históricamente india, Roy —referente para intelectuales occidentales como Judith Butler o Naomi Klein— encarna la figura de la intelectual radical, a la vez global y muy arraigada en la India, su civilización y su universo de referencias.

“Por supuesto, habría podido ir al pase en Berlín, pero entonces habría sido ‘la mujer cabreada en el circo’, y era algo que yo no quería hacer”, explicó unos días después de la polémica en la Berlinale. Roy ya había vuelto a Nueva Delhi y se había concertado otra cita para la entrevista, esta vez por videoconferencia. “Es interesante”, explicó, “porque ha circulado una cita de Wim Wenders, de 1988, y es muy inteligente lo que dice. Dice que las películas que no son políticas son en realidad las más políticas, porque en cada fotograma apoyan el statu quo. No es que esto no se entienda ahora, es que, cuando se trata de Gaza, los cerebros se revuelven. Pueden ser políticos sobre cualquier cosa, pero no sobre Palestina”.

sábado, 21 de marzo de 2026

"LAS MUJERES IRANÍES NO NECESITAN SALVADORES". Violeta Assiego, elDiario.es

 Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra

Las mujeres iraníes no pidieron esto. Pedían el fin de la policía moral, el derecho a elegir su vestimenta, igualdad ante la ley y el fin de la impunidad estatal. Lo venían diciendo desde las calles, desde las cárceles, desde la rebelión de los velos que dio origen al lema “Mujer, Vida, Libertad” como grito por la libertad política y los derechos fundamentales frente al autoritarismo. Un movimiento de mujeres que surgió en 2022 como una respuesta directa a décadas de opresión contra ellas y la imposición obligatoria del hiyab. Cuando los ataques aéreos de las fuerzas israelíes y estadounidenses comenzaron en todo Irán el pasado 28 de febrero a las 9:45 (hora local) nadie les había preguntado si querían esas las bombas que están cayendo sobre las escuelas de sus hijas e hijos, sobre sus familias, sobre sus vidas. Las que reducen a escombros sus hogares. Las que están asesinando a su gente y a ellas mismas.

Ellas son el pretexto. Las bombas de Israel y de Estados Unidos no caen en su nombre. Porque la violencia no se detiene con más violencia. Netanyahu invocó precisamente el lema “Mujer, Vida, Libertad” para justificar esos bombardeos y Trump habló de rescatar al pueblo iraní de la opresión. Lo que esta guerra produce no es la liberación de las mujeres iraníes, sino más precariedad, más destrucción y más violencia sobre ellas y sobre el conjunto de la población civil. El lema que nació del asesinato de Jina Mahsa Amini está siendo mancillado por los soldados israelíes que lo escriben en sus armas, no lo están honrando: lo están profanando. Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, lo ha dicho sin ambigüedad, los derechos de las mujeres iraníes no se conquistan con bombas. Se conquistan desde dentro, con las mujeres iraníes como sujeto, no como símbolo. Esa es la diferencia entre el feminismo como práctica política y el feminismo como coartada geopolítica.

La propaganda de Israel habla de ataques selectivos y eliminación de líderes. Pero calla sobre las miles de personas civiles asesinadas, las ciudades arrasadas, las vidas atravesadas por el terror y la pérdida. Mientras construyen un relato errático de victoria, la realidad es otra más de un millón de personas han sido desplazadas, se ha documentado el uso de fósforo blanco en zonas residenciales, sanitarios asesinados en el sur del Libano… e imposible borrar de la memoria el bombardeo sobre la escuela primaria Shajare Tayyebeh (Minab) mientras estaba llena de alumnas y donde al menos 180 personas murieron, en su mayoría niñas de entre siete y doce años. Nadie está pensando en las mujeres ni en términos de vida ni de derechos. Esta lógica es la de la muerte, la de la destrucción, la del genocida, la de colonialismo devorando todo deshumanizadamente.

Nadje Al-Ali, que ha investigado durante décadas los efectos de los conflictos armados sobre las mujeres en Irak y en toda la región, señala que las intervenciones militares empeoran sistemáticamente la vida de las mujeres, aunque se justifiquen en su nombre. Porque la violencia en una guerra, en un conflicto armado, en la invasión de otro país, nunca es neutra. Como dice Judith Butler en Marcos de Guerra no todas las vidas son consideradas llorables, hay vidas que cuentan y vidas que no, hay muertes que se narran y otras que se diluyen en cifras. Esa jerarquía del duelo es también una forma de violencia. Las niñas de Minab no merecieron un minuto de silencio en ningún parlamento occidental.

Lo que está en juego no es solo este conflicto concreto, sino los valores que queremos que ordenen el mundo. Las mujeres iraníes no necesitan salvadores, les basta con que se reconozca su agencia política, su capacidad de lucha y su derecho a decidir sobre sus propias vidas sin injerencias que las utilicen como coartada. Si algo necesitan de quienes dicen defenderlas es que dejen de bombardearlas y dejen de instrumentalizarlas. Porque el feminismo no va a ser nunca un lenguaje al servicio de la guerra. Por cierto, defender el derecho internacional no es ingenuidad, es memoria política. Es el aprendizaje acumulado de otras guerras, de otros genocidios, de otros crímenes horribles donde ya vimos lo que ocurre cuando la fuerza sustituye al Derecho. Es, precisamente, el límite que las sociedades se han dado para que el poder no arrase sin freno, para que la violencia no se convierta en norma. Defenderlo es defendernos sin excepciones, sin jerarquías, sin bombas. Es defender la Vida.

jueves, 19 de marzo de 2026

"AMANCIOLIEBERS". Antonio Maestre, elDiario.es

Plantearse la inconveniencia de estos dividendos empresariales y estas fortunas escandalosas es un deber cívico. Nadie tendría que poder ganar tanto dinero sin importar qué sea lo que hace ni aporta. Nadie. Haga lo que haga, sin importar cuál sea su aportación de su actividad económica a la sociedad

Yo trabajé en Zara Home poco después de acabar la carrera. Una vez que trabajas para Amancio no te resulta muy difícil comprender de dónde saca sus beneficios millonarios. Yo fui uno de los trabajadores que pusieron en marcha la tienda que se abrió en Parquesur cuando se produjo la ampliación del centro comercial. Mi experiencia laboral hasta el momento había sido mucho más precaria y para mí resultó un salto sustancial en las condiciones laborales que había tenido, porque las anteriores pasaban por ni siquiera estar dado de alta, que me pagaran lo que les cuadraba y que no tuviera ni horario laboral. En muchas ocasiones eso es lo que fundamenta que se vea a estas grandes empresas que contratan a gente muy joven con una gran consideración, se debe a que no hay situaciones previas aceptables con las que comparar.

En mi caso llegué a agradecer, lo contaba en mi familia como algo excepcional, que el fin de semana en el que tuvimos que montar toda la tienda para la apertura, haciendo jornadas de 18 horas, me pusieran un taxi para poder volver a mi casa en Fuenlabrada de madrugada. Flipé cuando vi lo que había ganado, ahora sé que era una miseria, a pesar de que muchas de las horas extra que hice me advirtió la encargada que eran un servicio a la empresa que servía para hacer carrera en Inditex aunque la mayoría jamás la haríamos ni queríamos hacerla. Con los años aprendí con qué sudor se consiguen sacar los beneficios empresariales del adinerado coruñés.

Amancio Ortega cobrará este año 3.234 millones de euros por los dividendos que le corresponden de Inditex. Como esas rentas las cobra a través de su empresa Pontegadea tributa por el impuesto de sociedades y al invertir antes del año en patrimonio inmobiliario queda exento de tributar una parte importante, ahorrándose hasta un 20% sobre lo que paga un ciudadano común. Amancio Ortega paga menos impuestos en porcentaje que cualquiera de sus trabajadores que lo hacen por IRPF. Su fortuna es de tal dimensión que cuando se mudó al barrio de Ciudad Vieja en A Coruña lo convirtió en el segundo de más renta de España detrás de La Moraleja en Madrid. No es que el resto de ciudadanos se hubieran vuelto millonarios, es que Amancio Ortega subió la media hasta pervertir la condición del barrio. Es fácil entender que esto no es normal y no tendría que pasar.

Plantearse la inconveniencia de estos dividendos empresariales y estas fortunas escandalosas es un deber cívico. Nadie tendría que poder ganar tanto dinero sin importar qué sea lo que hace ni aporta. Nadie. Haga lo que haga, sin importar cuál sea su aportación de su actividad económica a la sociedad. Las sociedades desiguales siempre serán menos democráticas, por lo que establecer unos filtros a la riqueza es imprescindible para tener una estructura social sana y segura. La manera en la que las democracias liberales más avanzadas proponen este equilibrio es mediante una fiscalidad progresiva. La realidad es que no estamos haciéndolo bien porque estos personajes multimillonarios tienen cientos de herramientas fiscales de elusión, que se les permiten por ser legales, que propician que paguen proporcionalmente mucho menos que un docente, un enfermero o una médica.

Amancio Ortega proporciona caridad en relación a lo que tendría que pagar haciendo regalos que le generan un alto impacto publicitario y de reputación porque tiene una serie de amancioliebers dispuestos a defender a los millonarios por cualquier cosa que hagan soñando con que alguna vez les caiga una migaja del banquete que se celebra por arriba. Son los tontos útiles de la seudocientífica —magufa más bien— teoría económica del derrame que viene a decir que cuando se bajan los impuestos a los multimillonarios ese dinero caerá en cascada hacia los de abajo.

Durante muchos meses acompañé a mi madre a los tratamientos y revisiones oncológicas en el Hospital de Fuenlabrada. Algunas de esas veces, no fueron pocas, le pospusieron una prueba de control porque la máquina para hacer los PET-TAC estaba averiada generando más lista de espera. Eso ocurría mientras veía como al lado de la planta de oncología se construía un edificio anexo para la instalación de una de las máquinas de prontoterapia donadas por la Fundación Amancio Ortega. El edificio se anunció en julio de 2024 con un plazo de ejecución de 12 meses, estamos en marzo de 2026 y solo tienen que acercarse para ver lo que falta para que esa obra termine.

Hay muchas veces que de manera terriblemente concreta vemos cómo los impuestos de los ricos no van a donde deben ir y las máquinas que necesitamos no funcionan para que el capricho caritativo de un multimillonario se haga realidad. A mí me pasó cada día en el servicio de oncología del Hospital de Fuenlabrada al ver construirse el edificio del antojo orteguiano sin que las que máquinas ya instaladas funcionen como deben. No sé cuándo se inaugurará con boato y fanfarrias la máquina donada, hasta entonces los impuestos eludidos por multimillonarios impedirán a muchas personas en su día a día hacerse una prueba diagnóstica o de control porque las máquinas que hacen falta para salvar vidas están averiadas.

miércoles, 18 de marzo de 2026

"VON DER LEYEN Y LA MUERTE DE EUROPA". Máriam Martínez-Bascuñán, El País

El mal, en política, rara vez se presenta con la máscara del villano. Más a menudo adopta la forma de una conclusión prudente

Europa escucha hoy una frase que pretende ser realista: “La UE ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial”. Lo dijo Ursula von der Leyen, arrogándose unas competencias que no son suyas y un liderazgo que está muy lejos de poder ejercer. Lo dijo como una constatación, como quien lee el parte meteorológico. Las metáforas de inevitabilidad, frecuentes en la retórica política, tienen su función precisa: disolver la propia responsabilidad en el clima de la Historia. El orden mundial está cambiando, de acuerdo, pero lo inquietante es la tranquilidad con la que aceptamos que ciertas líneas éticas y normativas, hasta ayer consideradas fundamentales, pasan a ser obstáculos prácticos. El mal, en política, rara vez se presenta con la máscara del villano. Mucho más a menudo adopta la forma de una conclusión prudente. La diferencia entre Trump y Von der Leyen no es solo el contenido de sus posiciones, sino la estética moral con la que narran su necesidad: Trump exhibe la ruptura como voluntad; Von der Leyen la presenta como realidad.

La realpolitik funciona como un dispositivo retórico que convierte casi cualquier acción en justificable mediante la apelación a la necesidad. El argumento es siempre igual: ante circunstancias excepcionales, los principios ordinarios no se aplican, la responsabilidad exige realismo y a quien no lo acepta se le relega al papel de ingenuo. Von der Leyen no ha dicho “abandonemos el derecho internacional porque es malo”, sino algo mucho más eficaz: “las circunstancias nos obligan a ser realistas”. Es la forma más clásica ―y más peligrosa― del entreguismo anticipado: se enmascara una elección política como una simple rendición ante los hechos. Es una lógica sin ningún freno interno. Una vez que se acepta que la necesidad suspende las normas, ya no hay un punto claro donde detenerse: es una pendiente.

El peligro está en el político que deja de percibir que sus manos están sucias. Von der Leyen no dijo “sé que esto tiene un coste enorme, pero las circunstancias me obligan”. Al menos, habría sido honesto. Dijo algo peor: no hay coste, es pragmatismo. Pero cuando abandonar los principios no es una dramática excepción y se presenta como mero sentido común, el daño ya no necesita justificarse porque se vuelve invisible. En uno de los momentos más reveladores del discurso Von der Leyen pidió que no se debatiera si la guerra de Irán es “elegida o necesaria” porque perdíamos “el punto esencial”. Setenta años de derecho internacional dirían exactamente lo contrario: ese es el único punto. Distinguir entre guerra elegida y guerra necesaria no es un debate filosófico: es la diferencia entre agresión y legítima defensa, entre un crimen y una respuesta. Descartarla no es pragmatismo. Es decir que la legalidad es irrelevante cuando los fines son convenientes.

Lo que se nos presenta como realismo es, en realidad, la pérdida del juicio político: la capacidad de ver los hechos sin rendirse ante ellos, de entender el mundo sin confundirlo con el único mundo posible. Necesitamos líderes que mantengan viva la tensión entre el mundo que existe y el mundo que debe existir. Porque esa tensión no es ingenuidad. Es la política misma. Trump destruye el orden internacional desde fuera, con voluntad y como acto de fuerza. Pero para que el colapso sea completo necesita que los agentes que deberían defender ese orden lo abandonen antes de que llegue el ataque. Von der Leyen le ha proporcionado esta semana exactamente eso. Ni siquiera por complicidad consciente, sino por algo más profundo y difícil de combatir: asumir que la única política posible es la que acepta las condiciones del adversario. Europa no muere en directo por el empuje de sus enemigos. Lo hace por la incompetencia de quienes creen que la salvan.

Odome Angone, ensayista: “Las personas no blancas no tenemos derecho a ser nosotros. Hablamos siempre en nombre de un colectivo”. Una entrevista de Silvia Laboreo Longás publicada en El País

Profesora de literatura hispanoafricana en la universidad en Dakar, ha escrito el libro ‘¿De qué color son los blancos?’, donde reflexiona s...