jueves, 20 de agosto de 2026

"LA DELINCUENCIA NO TIENE NACIONALIDAD, SOLO CIRCUNSTANCIAS". Carmen Morán Breña, El País

Un estudio de la Universidad Carlos III rebaja la brecha de delincuencia entre extranjeros y españoles un 48% y muestra sustanciales diferencias por países

El uso político de la inmigración deja a menudo frases incriminatorias de alto calado que acusan a los extranjeros de violaciones o abusos contra las mujeres, de homicidios, robos y fraudes que han solidificado la idea tabernaria que identifica al extranjero con un delincuente. ¿Con qué datos, con qué pruebas? Jesús Sánchez Barricarte, sociólogo de la Universidad Carlos III, ha invertido unos años en analizar 5,6 millones de sentencias condenatorias dictadas entre 2007 y 2023 y, tras estandarizar los datos, es decir, comparar entre españoles y extranjeros pero de las mismas edades y sexos, encuentra que la brecha delincuencial entre unos y otros se reduce en un 48%. Los extranjeros cometen 1.294 delitos por cada 100.000 habitantes y los españoles 675. Si la tasa delincuencial de los extranjeros era 2,7 veces la de los españoles, al estandarizar los datos resulta solo 1,9. Aun así, esa diferencia entre ambos hay que buscarla en otros factores, dado que hay países de procedencia con cifras muy por debajo de las nacionales. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 19 de agosto de 2026

"¿POR QUÉ DEJAS QUE TE DIGAN QUÉ PENSAR? LOS INFLUENCERS VIVEN DE TI". Lucía Taboada, elDiario.es

Ser 'influencer' de profesión ya no es cosa de unos 
pocos muy famosos, cada vez son más los perfiles
que consiguen hacer de esto un trabajo real
Hemos normalizado que perfiles salidos de la nada, pero con muchos seguidores, conviertan cualquier cosa en una decisión de consumo y, de paso, trasladen esa misma confianza a asuntos políticos, sociales o científicos. Hemos normalizado que su número de seguidores sea una especie de forma de autoridad. Y la culpa es nuestra

Comienzo esta columna con una distinción necesaria porque meter a todo aquel que crea contenido en el mismo saco es tan vago como llamar periodista a cualquiera que vaya por ahí lanzando supuestas preguntas incómodas en un portal. Una cosa son los creadores de contenido que llevan años construyendo una audiencia a base de vídeos, fotografías, reels, divulgación, humor o lo que sea, con mayor o menor talento pero cierta continuidad, oficio y una idea detrás. Y otra, bastante distinta, es la última hornada de nada-influencers, personajes lanzados al estrellato digital después de pasar por un reality o de protagonizar una infidelidad televisada.

Hace unos días se popularizó el vídeo de una de estas neo celebridades digitales (con casi un millón de seguidores) indignada porque, según explicaba, España está llena de jetas y sinvergüenzas que viven de las “paguitas” mientras personas como ella se dejan la piel pagando impuestos. Como ejemplo hablaba de un supuesto vecino, ya entrado en años, que cobraba una pensión de orfandad. En España, sin embargo, la pensión de orfandad tiene límites de edad bastante concretos —con carácter general hasta los 21 años y, en determinados supuestos, hasta los 25—, así que el relato tenía el pequeño inconveniente de la realidad. Pero lo interesante no es esa influencer concreta ni su vecino. Lo interesante es la facilidad con la que determinados discursos han encontrado en las redes sociales una nueva cadena de distribución. Véase: El que cobra una ayuda es sospechoso, el inmigrante invade, los impuestos son un robo, hasta un eclipse puede convertirse en material para la enésima batalla cultural porque, al fin y al cabo, un eclipse es difícil de monetizar si no es por la vía de la indignación.

Existe un ecosistema digital que recompensa extraordinariamente bien la seguridad sin conocimiento y la opinión sin la molestia previa de haberse informado. Pero, claro, resulta que los influencers viven de ti, de mí, de nosotros. Ningún algoritmo obliga a nadie a seguir a una persona que, por cierto, suele mostrar exactamente lo mismo que la influencer de al lado, aunque cambie ligeramente el envase. Pueden ser dos bikinis distintos de Shein, dos versiones del mismo bizcocho de avena, plátano y chocolate con la proteína en polvo de turno, o dos cápsulas milagrosas para el pelo con un 15% de descuento utilizando el código MARTA15 o SONIA15. Porque después de años registrando nuestros deseos, el algoritmo ha terminado homogeneizándolos.

El influencer sin formación y sin demasiada intención de adquirirla, es la culminación perfecta de haber dejado que introduzcan un incentivo económico dentro de nuestras relaciones en redes sociales. Quizá por eso empieza a percibirse cierto cansancio de esta burbuja. Porque hemos normalizado que perfiles salidos de la nada, pero con muchos seguidores, conviertan cualquier cosa en una decisión de consumo y, de paso, hemos normalizado que trasladen esa misma confianza a asuntos políticos, sociales o científicos. Hemos normalizado que su número de seguidores sea una especie de forma de autoridad.

Yo celebro con cierta esperanza la creciente ola de hartazgo hacia la cultura influencer. Aunque igual ni siquiera existe tal hartazgo y es de nuevo la trampa de mi algoritmo enseñándome vídeos de gente cansada de los influencers porque ha descubierto que me gusta ver vídeos de gente cansada de los influencers. Ya no te puedes fiar de nada en Internet. Pero si realmente estamos entrando en el ocaso de esta cultura, que lo dudo, convendría no atribuirnos demasiado mérito porque a todos esos influencers los hemos creado nosotros. Podemos exigir responsabilidad a las marcas u honestidad a los creadores, pero lo cierto es que para que alguien influya tiene que haber otro alguien dispuesto a ser influido. Así que la pregunta real es a quién estás pagando con tu atención para que te diga qué comprar, qué pensar o de qué tienes que estar enfadado.

martes, 18 de agosto de 2026

"CUANDO LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA IGLESIA HABLAN EL LENGUAJE DE LA ULTRADERECHA". José Antonio Vázquez Mosquera, Religión digital

Tragedia humanitaria en Ceuta
Llamar "invasión" a una tragedia humanitaria no solo deshumaniza a las víctimas; traiciona el Evangelio y compromete la responsabilidad de quienes permiten que ese discurso se difunda desde medios vinculados a la Iglesia.

«Fui extranjero y me acogisteis.»
(Mt 25,35)

Hay palabras que matan. No porque disparen un arma, sino porque preparan el terreno para que otros la disparen. No levantan fronteras ni agreden directamente a nadie. Pero moldean nuestra manera de mirar hasta conseguir que dejemos de ver personas y empecemos a ver amenazas. Eso está ocurriendo estos días con la llegada de miles de personas pobres a Ceuta.

Numerosos medios de comunicación han presentado esta tragedia humana como una "invasión". El término se repite una y otra vez hasta construir una imagen profundamente falsa: la de un ejército atacando nuestras fronteras.

Los pobres se convierten en soldados.Los refugiados pasan a ser invasores. Las víctimas aparecen como amenaza. Y la pobreza deja de ser el problema para convertirse en sospechosa.

Es difícil imaginar una inversión más radical del Evangelio.

El lenguaje nunca es inocente

Llamar "invasión" a una crisis humanitaria no es simplemente elegir una palabra desafortunada. Es construir un marco mental.

Cuando durante horas una sociedad escucha que está siendo invadida, deja de ver niños, familias o jóvenes desesperados y empieza a ver combatientes.Y cuando aparecen combatientes, cualquier respuesta violenta parece más fácilmente justificable.

No es casual que, paralelamente a este discurso, hayan aparecido manifestaciones con gritos de «¡A por ellos!» y agresiones contra migrantes.Las palabras preceden muchas veces a la violencia. Los imaginarios terminan convirtiéndose en conductas.

La verdadera noticia no son los migrantes, es la pobreza.

Mientras las tertulias hablan de invasiones, apenas se escucha la pregunta verdaderamente importante. ¿Por qué miles de personas abandonan Marruecos? ¿Por qué arriesgan la vida? ¿Por qué tantos jóvenes consideran preferible jugarse la muerte antes que permanecer donde nacieron?

La respuesta no está en Ceuta. Está en la pobreza estructural. En la desigualdad económica. En un sistema económico internacional profundamente injusto que sigue reproduciendo relaciones neocoloniales entre el Norte y el Sur.

Está también en una situación de graves vulneraciones de derechos humanos en Marruecos denunciadas desde hace años por organismos internacionales.

Y tampoco puede descartarse que el régimen marroquí, con sus aliados Trump, Netanyahu y toda la ultraderecha internacional, enemigos del gobierno de España, utilice los flujos migratorios como instrumento de presión política, algo que merece una investigación rigurosa.

Pero incluso si hubiera intereses geopolíticos detrás de estos movimientos, quienes cruzan la frontera siguen siendo personas vulnerables. Nunca dejan de ser víctimas porque otros intenten utilizarlas.

El Evangelio nunca habló de invasiones

Jesús jamás llamó amenaza a los pobres. Nunca convirtió al extranjero en enemigo.Nunca identificó la seguridad con el rechazo del necesitado.Al contrario. Se identificó personalmente con él. «Fui extranjero y me acogisteis.» No dijo: «Fui extranjero y me llamasteis invasor.»

El criterio definitivo del juicio de Mateo 25 no será cuánto protegimos nuestras fronteras. Será qué hicimos con quien tenía hambre. Con quien era extranjero. Con quien estaba desnudo. Con quien sufría.

El cristianismo comienza precisamente cuando dejamos de mirar al otro como una amenaza y empezamos a reconocer en él el rostro de Cristo.

La auténtica espiritualidad conduce necesariamente a hacerse cargo del mundo y a una praxis de justicia y compasión hacia quienes más sufren. Una espiritualidad que no desemboca en el compromiso con las víctimas termina convirtiéndose en una espiritualidad vacía.

La mayor vergüenza

Pero quizá lo más doloroso de estos días no haya sido escuchar este discurso en determinados sectores políticos. Lo verdaderamente desconcertante es escucharlo también en medios de comunicación vinculados a la Iglesia.

Que en TRECE TV o en COPE, en determinados programas, se utilice reiteradamente el término "invasión" para referirse a una tragedia humanitaria constituye una profunda vergüenza para la Iglesia institucional propietaria de estos medios.

Precisamente los medios que deberían ayudarnos a mirar la realidad con los ojos del Evangelio terminan muchas veces contemplándola con las categorías del miedo, de la sospecha y de la confrontación.

Uno espera escuchar las Bienaventuranzas.Y escucha discursos donde los pobres aparecen como un peligro. Uno espera encontrar el relato del Buen Samaritano.Y encuentra marcos narrativos extraordinariamente parecidos a los que hoy difunden amplios sectores de la extrema derecha internacional.

Resulta difícil comprender cómo unos medios supuestamente nacidos para evangelizar pueden terminar utilizando un lenguaje que desfigura el núcleo mismo del Evangelio.

La responsabilidad de la Conferencia Episcopal Española

Aquí ya no basta con responsabilizar únicamente a periodistas o tertulianos. También existe una responsabilidad pastoral. Los obispos españoles no pueden limitarse a guardar silencio mientras unos medios vinculados a la Iglesia difunden de manera reiterada un lenguaje que convierte a los pobres en sospechosos y a los migrantes en una amenaza.

El silencio también comunica. La pasividad también educa.

No basta con publicar documentos sobre la Doctrina Social de la Iglesia ni citar al papa León XIV cuando después se permite que desde medios de inspiración cristiana se difundan discursos incompatibles con el corazón del Evangelio.

No se trata de imponer una determinada posición política sobre la inmigración. Es legítimo debatir sobre las políticas migratorias y sobre cómo gestionar las fronteras. Lo que no resulta compatible con el Evangelio es demonizar a quienes huyen del hambre, de la pobreza o de la desesperación.

Si un medio de comunicación que habla en nombre del cristianismo convierte sistemáticamente a los pobres en una amenaza, quienes tienen la responsabilidad última sobre esos medios deberían preguntarse seriamente si están cumpliendo su misión evangelizadora.

Porque no puede proclamarse el domingo que Cristo está presente en el pobre y permitir durante la semana que desde medios vinculados a la Iglesia se contribuya a presentarlo como un enemigo social.

Cuando la Iglesia adopta el lenguaje del poder

La historia demuestra que el cristianismo pierde su alma cuando deja de hablar el lenguaje de las víctimas para adoptar el lenguaje del poder.

Ocurrió con la esclavitud. Con el colonialismo. Con demasiadas dictaduras. Y puede volver a ocurrir con la inmigración.

El seguimiento de Jesús nunca consistió en tranquilizar a los poderosos. Consistió en anunciar una buena noticia para los pobres.

La consecuencia más preocupante de este clima no es únicamente el aumento del rechazo social. Es que llegará un momento en que quienes acompañen, alimenten, defiendan jurídicamente o simplemente abracen a personas migrantes serán presentados como ingenuos, cómplices o traidores.

Ya sucede en otros países. Sacerdotes, religiosas, voluntarios y organizaciones humanitarias han sido objeto de campañas de desprestigio simplemente por practicar aquello que el Evangelio llama misericordia. Sería una inmensa contradicción que esa sospecha acabara siendo alimentada, directa o indirectamente, desde medios vinculados a la propia Iglesia.

Recuperar el lenguaje de Jesús

Quizá el primer paso para construir una sociedad más humana sea recuperar las palabras. No llamar invasión a la desesperación. No llamar ejército a quienes huyen del hambre. No llamar amenaza a quien busca sobrevivir.

Porque la verdadera invasión no es la de quienes llegan pobres a nuestras fronteras. La verdadera invasión es la del miedo ocupando el lugar de la compasión. La del nacionalismo ocupando el lugar de la fraternidad. La de la propaganda ocupando el lugar de la verdad.

Y, lo que resulta todavía más doloroso, la de un lenguaje ajeno al Evangelio ocupando el espacio de medios de comunicación que deberían llenarse con las palabras de Jesús.

El día en que la Iglesia llame invasor al extranjero dejará de anunciar el Reino de Dios para repetir el discurso de los poderosos.

Y mientras seguimos discutiendo sobre fronteras, el Evangelio continuará haciéndonos la única pregunta verdaderamente decisiva: ¿Qué has hecho con tu hermano?

lunes, 17 de agosto de 2026

"VOTAR TIENE CONSECUENCIAS". Agustín Martínez, El independiente de Granada

Manuel Gavira toma posesión en presencia de Juan Manuel Moreno

Hay decisiones políticas que pueden ser discutibles. Otras son equivocadas. Algunas son directamente incomprensibles. Y después está lo que acaba de hacer el presidente de la Junta de Andalucía: entregar a Vox las competencias relacionadas con la valoración de las víctimas de violencia machista en Andalucía. Esto último no es un error. Ni un despiste. Ni una consecuencia inevitable de la reorganización del Gobierno. Es una decisión política. Y, por tanto, tiene un responsable político: Juanma Moreno.

Conviene empezar por ahí porque en política existe una costumbre demasiado extendida de intentar presentar como accidente aquello que en realidad responde a una estrategia. Moreno Bonilla sabe perfectamente a quién estaba entregando esas competencias. Sabe perfectamente qué piensa Vox de la violencia de género. Sabe con todo detalle el historial de ese partido en esta materia. Y sabe, además, que Andalucía no es precisamente el lugar de España donde uno pueda permitirse experimentar con la protección de las mujeres.

Andalucía encabeza desde hace años las estadísticas de asesinatos machistas y soporta una dimensión de esta tragedia que debería obligar a extremar las garantías, no a rebajarlas. Son miles las mujeres que necesitan protección y seguimiento. Más de 16.000 las que se encuentran dentro del sistema VioGén en la comunidad. Detrás de esa cifra no hay una estadística fría: hay mujeres que tienen miedo, que han cambiado sus rutinas, que miran hacia atrás cuando caminan por la calle, que duermen con el teléfono cerca y que necesitan saber que al otro lado de la Administración hay profesionales que creen en lo que les está ocurriendo.

¿Se ha preguntado Juanma Moreno cómo se sienten esas mujeres al saber que ha puesto al frente de una parte esencial de la Administración que debe protegerlas a un partido que niega la existencia de la violencia machista como fenómeno específico?

Porque esa es la cuestión. No estamos hablando de una disputa semántica sobre si llamamos a las cosas violencia machista, violencia intrafamiliar o violencia doméstica. Estamos hablando de la mirada desde la que se analiza el riesgo de una mujer y se decide qué protección necesita. Las Unidades de Valoración Forense Integral son precisamente eso: una pieza fundamental para evaluar el riesgo y las secuelas de la violencia sobre mujeres y menores. No son una oficina burocrática cualquiera.

Y ponerlas bajo la responsabilidad política de Vox resulta especialmente obsceno cuando recordamos que ese mismo partido pidió en 2019 conocer los nombres y apellidos de los profesionales que trabajaban en las unidades contra la violencia de género. Francisco Serrano los acusaba de estar “ideologizados” y cuestionaba su cualificación.

¿Se ha preguntado Moreno Bonilla cómo se sienten ahora aquellos profesionales? ¿Qué pensará quien durante años ha dedicado su trabajo a proteger a mujeres maltratadas y que vio cómo Vox pretendía poner su nombre y apellidos en la diana? ¿Qué confianza puede transmitirles ahora su Gobierno cuando entrega precisamente esa responsabilidad a quienes entonces los señalaban?

La respuesta de Moreno no puede ser que se trata de una cuestión de reparto de competencias. Porque no lo es. Si quería configurar una macroconsejería para satisfacer las exigencias de Vox, podía haber dejado fuera de ese paquete aquellas materias que afectan directamente a la protección de las víctimas. Podía haber mantenido bajo responsabilidad del Partido Popular la violencia de género. Podía haber hecho lo mismo con la protección de los menores migrantes no acompañados. Podía haber establecido líneas rojas.

No lo ha hecho.

Y ahí aparece la palabra que Moreno seguramente querrá evitar: cesión.

Otra más.

Porque esta legislatura andaluza empieza a parecerse peligrosamente a una negociación permanente en la que Vox marca el territorio y el Partido Popular paga el alquiler con competencias, políticas y principios. Todo, eso sí, en nombre de la estabilidad. La estabilidad de quién, cabría preguntar. ¿La de las instituciones? ¿La de Andalucía? ¿O la de la poltrona de San Telmo?

Moreno ha tenido una oportunidad extraordinaria para demostrar que existen cuestiones que están por encima de una mayoría parlamentaria, de una negociación presupuestaria y, desde luego, de un sillón.

Pero no lo hizo.

Y ahora pretende que miremos hacia otro lado porque estamos en agosto. Como si el machismo cerrara por vacaciones. Como si las mujeres amenazadas suspendieran sus vidas hasta septiembre. Como si los agresores entendieran de puentes, chiringuitos y operaciones salida. Como si la responsabilidad política pudiera esconderse detrás del calendario estival.

No, presidente. Agosto no es una coartada.

Tampoco vale decir que los profesionales seguirán siendo los mismos. Claro que los profesionales deben seguir haciendo su trabajo con rigor y profesionalidad. Precisamente por eso merecen una Administración que respalde su labor y una dirección política que no ponga en cuestión el problema que están tratando de combatir.

La propia Junta de Andalucía reconoce oficialmente que la violencia de género comprende la violencia física, psicológica, sexual y económica y que las políticas públicas deben actuar frente a esas distintas manifestaciones.

Por eso resulta tan brutal la contradicción: mientras la Administración andaluza financia programas de prevención, formación y sensibilización contra la violencia contra las mujeres, el presidente decide entregar una parte esencial de su gestión a quienes políticamente cuestionan ese marco.

Eso tiene un nombre: incoherencia. Pero tiene otro mucho más grave cuando hablamos de vidas humanas: irresponsabilidad.

Votar tiene consecuencias. Conviene recordarlo. También cuando se vota pensando que determinadas líneas rojas son inamovibles. También cuando se cree que una cosa es el discurso electoral y otra gobernar. Porque gobernar consiste precisamente en decidir qué no se está dispuesto a entregar.

Moreno Bonilla acaba de decirnos, con hechos, cuál es el precio que está dispuesto a pagar para conservar la presidencia.

Y ese precio lo pagan las mujeres.

Lo pagan las profesionales que trabajan contra la violencia machista.

Lo pagan las familias de las víctimas.

Y lo paga también Andalucía, porque un Gobierno que convierte la protección de las mujeres en moneda de cambio está enviando un mensaje político demoledor: que hay principios que pueden esperar cuando está en juego el poder.

Juanma Moreno aún está a tiempo de rectificar. Pero la rectificación ya no sería un gesto administrativo. Sería la única forma de demostrar que queda algo de aquella supuesta moderación, aquella famosa “vía andaluza” y aquel liderazgo centrado que durante años quiso vendernos.

Porque la dignidad política consiste, precisamente, en saber cuándo hay que decir que no.

Y si para seguir sentado en San Telmo hay que entregar a un partido negacionista la responsabilidad sobre la protección de las mujeres maltratadas, quizá el problema no sea que Vox haya exigido demasiado.

Quizá el problema sea que Juanma Moreno estaba dispuesto a concederlo.

Y eso, presidente, no es un error.

Es una elección indigna que debería tener consecuencias.

domingo, 16 de agosto de 2026

"EL PRIVILEGIO DE CRUZAR UNA FRONTERA". Imanol Zubero, elDiario.es

Marruecos desarrolla políticas para conseguir que cada vez más personas procedentes de Europa crucemos su frontera; Europa desarrolla políticas para conseguir que determinadas personas que se encuentran en Marruecos no crucen la nuestra

Agosto es, en Europa, el mes del movimiento. Aeropuertos abarrotados, autopistas congestionadas, estaciones de ferrocarril llenas, ferris que cruzan el Mediterráneo, familias que recorren miles de kilómetros para llegar a una playa, una ciudad o una casa de vacaciones. Centenares de miles de personas atravesamos estos días fronteras internacionales con una naturalidad extraordinaria. Enseñamos un pasaporte, una tarjeta de embarque o, muchas veces, ni siquiera eso; dentro del espacio Schengen podemos viajar de un país a otro sin advertir que acabamos de cruzar una frontera.

No se trata de un fenómeno marginal. Según ONU Turismo, en 2024 se registraron en el mundo 1.400 millones de llegadas de turistas internacionales, recuperándose prácticamente los niveles anteriores a la pandemia. Y la tendencia ha seguido creciendo: solo entre enero y marzo de 2025 más de 300 millones de personas viajaron internacionalmente por turismo. Vivimos, efectivamente, en la época de la movilidad. Pero ¿de la movilidad de quién?

Mientras millones de personas cruzamos fronteras para disfrutar de nuestras vacaciones, en Ceuta decenas de miles han intentado atravesar otra frontera. Muchas lo han hecho a nado, bordeando espigones, lanzándose al mar o aprovechando cualquier resquicio que pudiera permitirles alcanzar territorio español. Muchas han muerto en el intento. Una vez más, la frontera entre África y Europa se ha convertido, literalmente, en un lugar de muerte.

Hay muchas maneras de analizar lo sucedido. Podemos hablar de la política migratoria europea, de la responsabilidad de Marruecos, de la instrumentalización política de las migraciones, del control de fronteras, del derecho de asilo, de las mafias, de las responsabilidades de España o de la Unión Europea. Todas estas cuestiones son importantes. Pero hay otra que quizá resulte más incómoda porque no permite situar el problema exclusivamente en gobiernos, policías o instituciones, sino que nos obliga a mirarnos también a nosotras mismas: mientras unas personas arriesgan la vida para cruzar una frontera, otras cruzamos fronteras para irnos de vacaciones. No es mi intención aventar una culpabilización simplista de quien viaja, pero eso no significa declarar inocente al turismo. Porque viajar no es un acto situado fuera de las relaciones sociales y de las desigualdades que estructuran el mundo, mucho menos cuando viajamos desde sociedades ricas hacia sociedades empobrecidas. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 14 de agosto de 2026

"EL PENSAMIENTO VIVO DE AVERROES". Juan José Tamayo

Santo Tomás de Aquino confunde a Averroes', de Giovanni di Paolo (1445-1450)
Andrés Martínez Lorca reivindica con maestría narrativa, rigor filosófico y profundo conocimiento histórico al pensador cordobés en su 900º aniversario y en tiempos de negación del legado musulmán

Existe en España una ignorancia multisecular —y enciclopédica, valga el oxímoron— sobre nuestros filósofos musulmanes y judíos. Como afirmara el escritor e intelectual cordobés Juan Valera, “se diría que cuando los expulsamos los quisimos expulsar para siempre hasta borrar su memoria de entre nosotros”. Uno de estos filósofos musulmanes, quizá el más insigne, es el cordobés Averroes (1126-1197), cuya valoración intelectual ha oscilado entre la recepción entusiasta y el rechazo sectario. A él le dedica Andrés Martínez Lorca, catedrático emérito de Filosofía Medieval en la UNED, este lúcido ensayo escrito con maestría narrativa, rigor filosófico y profundo conocimiento histórico con motivo del 900º aniversario de su nacimiento.

Lo sitúa en su momento histórico, en al-Ándalus del siglo XII durante el gobierno de los almohades, que lograron la simbiosis entre al-Ándalus y el islam, y analiza los tres campos en los que el pensador cordobés brilló con luz propia y sigue iluminando la oscuridad del presente: el derecho, la medicina y la filosofía. En el derecho destacó como juez mayor en Sevilla y Córdoba demostrando competencia jurídica e integridad moral. Su obra Bidaya ejerció una gran influencia en el mundo islámico.

Averroes defendió los derechos de las mujeres: su igualdad con los hombres, el rechazo de la poligamia, el derecho a ser jueces, el rechazo de la dote que las convertía en esclavas...

Martínez Lorca subraya la defensa de Averroes de los derechos de las mujeres: su igualdad con los hombres, el rechazo de la poligamia, el derecho a ser jueces, el rechazo de la dote que las convertía en esclavas, etcétera. El pensador cordobés denunció la discriminación de las mujeres y su reclusión en el espacio doméstico. Tal actitud igualitaria contrastaba con los prejuicios de la época y chocaría más tarde con la ideología discriminatoria de Tomás de Aquino, que calificaba a la mujer como “varón imperfecto”.

El segundo campo en el que trabajó fue la medicina, que ejerció como médico de Cámara. Su principal y más influyente obra en esta materia es Kulliyyat, cuya teoría médica estaba basada en el “galenismo arabizado”.

Pero donde Averroes demostró mayor competencia y originalidad es en la filosofía, hasta el punto de marcar un nuevo rumbo en el pensamiento europeo medieval y renacentista. Como principal aportación en este campo, Martínez Lorca destaca su enfoque humanista y racionalista y la centralidad que concede a Aristóteles. Averroes ubica al filósofo griego en el eje de la filosofía medieval porque la considera “la menos sujeta a dudas, la mejor adaptada y la más conforme con la realidad y la más libre de contradicciones”. La huella de Aristóteles se dejó sentir en el pensamiento de Averroes en puntos concretos, como la autonomía de la filosofía, el naturalismo de base, el racionalismo filosófico, la superioridad del tipo de vida intelectual en el plano ético y el carácter propedéutico de la lógica para el conocimiento científico. Lo que no significa sumisión servil, ya que el filósofo cordobés tenía pensamiento propio, fue más allá de Aristóteles y a veces rompió con el aristotelismo.

Martínez Lorca reconoce la importante contribución de Averroes al pensamiento medieval en la distinción entre filosofía y religiones. Las religiones se dirigen al pueblo en general y tienen como finalidad el logro de una vida virtuosa. La filosofía se dirige a una parte selecta de la sociedad y requiere argumentación, al tiempo que la considera necesaria en el islam. Se muestra respetuoso con las creencias religiosas, pero muy crítico con el dogmatismo teológico. Se aprecian aquí importantes elementos de modernidad. Averroes fue el receptor de la ética aristotélica en la Edad Media. Divide las virtudes en morales e intelectuales, subraya el nivel social de la ética y vincula ética y política. Sitúa lo colectivo como primer valor civil, fundamenta sólidamente la cohesión social, pone límites a la propiedad privada y se muestra crítico con el despotismo de los gobernantes.

Desde una hermenéutica creativa, más allá del simple comentario discipular, Martínez Lorca afirma que Averroes activó un primer Renacimiento, iluminó la Europa medieval e influyó en la construcción de la Europa moderna. Con él se completa el brillante ciclo árabe de los filósofos arabizantes. Este libro contribuye a recuperar su pensamiento vivo como fermento de renovación intelectual y social hoy en efeméride tan señalada como es el 900º aniversario de su nacimiento tras siglos de irrelevancia y persecución por mor de un catolicismo dogmático, antimusulmán y antiárabe.

jueves, 13 de agosto de 2026

"LA INMINENCIA DE ALGO". Juan José Millás, El País

He aquí una naturaleza muerta a la que solo le falta, como recordatorio de la corrupción, la mosca posada sobre la fruta más madura del conjunto. Una de esas moscas tan bien pintadas que dan ganas de espantarlas con la mano. Me vienen a la memoria las pinturas de Sánchez Cotán con sus coles suspendidas en la penumbra, perfectas, pero también a punto de pudrirse. Recuerdo algunas naturalezas muertas del Museo del Prado, donde la fruta brilla con el fulgor sospechoso del oro de los trajes taurinos. Esa capa de barniz sobre la muerte.

Hay en este género pictórico, además de racimos de uva y cacharros de cocina, tiempo detenido, aire rancio: la respiración agónica de lo que no dura. Se aprecia el momento inmediatamente anterior al deterioro, que es el verdadero asunto del cuadro, porque toda naturaleza muerta es una naturaleza a punto de fermentar y oler.

La fotografía de Juan Carlos I rodeado de toreros pertenece a esa tradición, aunque haya sido tomada siglos después y con otro tipo de pigmentos. No hay fruta, pero hay carne. No hay mosca visible, pero se la presiente. Los ternos, las sonrisas, las posturas, todo está dispuesto con la precisión de un bodegón clásico, como si alguien hubiera solicitado a los personajes que no respiraran para no estropear la composición. Pero, igual que en las pinturas antiguas, lo que interesa no es la quietud, sino la inminencia de algo. Esa fotografía, como los membrillos de Sánchez Cotán, se descompone mientras la miramos. Y uno busca la mosca, convencido de que, cuando la encuentre, entenderá el sentido último de la escena. Y de la vida.

"LA DELINCUENCIA NO TIENE NACIONALIDAD, SOLO CIRCUNSTANCIAS". Carmen Morán Breña, El País

Un estudio de la Universidad Carlos III rebaja la brecha de delincuencia entre extranjeros y españoles un 48% y muestra sustanciales diferen...