viernes, 12 de junio de 2026

"LA POBREZA SE FABRICA: TAMBIÉN PUEDE ERRADICARSE”. Olivier de Schutter, Thomas Piketty, Joseph E. Stiglitz y 360 firmas más., El País

Refugiados sudaneses hacen cola para el agua
en un campo de refugiados de Chad

“La pobreza y la desigualdad no son accidentes; son resultados previsibles de decisiones de política pública”, escriben los casi 400 autores de esta ‘Hoja de ruta’

Vivimos en una era de escasez fabricada. En un mundo más rico que nunca, más de una décima parte de la población mundial sigue viviendo en la pobreza extrema. Millones de personas no pueden permitirse alimentos suficientes, vivienda o atención sanitaria básica, mientras una ínfima minoría acumula niveles sin precedentes de riqueza y poder. Al mismo tiempo, las sequías, los megaincendios, las inundaciones y las olas de calor nos recuerdan que nuestras economías están empujando al planeta más allá de sus límites.

No se trata de crisis separadas. Son síntomas de un modelo económico que ha llegado al final del camino. La pobreza y la desigualdad no son accidentes; son resultados previsibles de decisiones de política pública: cómo diseñamos los sistemas tributarios, regulamos los mercados laborales, valoramos los cuidados, estructuramos los servicios públicos y decidimos qué necesidades y qué voces importan. Cuando se niega a las personas los medios para vivir con dignidad y participar como iguales en sus sociedades, se vulneran sus derechos humanos. Lo crucial es que si los gobiernos pueden fabricar pobreza, también pueden desmantelarla.

Durante décadas, la receta fue sencilla: hacer crecer la economía y la pobreza desaparecería gradualmente. Pero no se ha cumplido la promesa de que el crecimiento económico “elevaría todos los barcos”. Mientras los ingresos nacionales aumentaban, los salarios se estancaban, el trabajo precario se expandía y se recortaban los servicios públicos. En la cúspide, las fortunas se disparaban; en la base, las familias recurrían a los bancos de alimentos. El crecimiento se ha desvinculado de la prosperidad compartida.

También se ha vuelto ecológicamente insostenible. Los científicos advierten que nos acercamos a una “Tierra invernadero”, en la que el aumento de las emisiones y la pérdida de biodiversidad están desestabilizando las condiciones que sustentan la vida humana. Alrededor del 92% de las emisiones mundiales de carbono pueden atribuirse a los países más ricos, y el 10% más acaudalado de la población es responsable de casi la mitad de las emisiones globales, mientras que las personas en situación de pobreza son las primeras en afrontar la pérdida de cosechas y el aumento de los precios de los alimentos. Un modelo económico que depende de una expansión sin fin en un planeta finito no solo es injusto; es peligroso.

Muchos países de ingresos bajos siguen necesitando crecimiento para construir carreteras, hospitales, escuelas, energías renovables y empleos decentes. Pero la senda dominante hacia el crecimiento —basada en la extracción de recursos, la mano de obra barata y dócil, la dependencia de las exportaciones y un endeudamiento cada vez mayor— ha ampliado la desigualdad y degradado el medio ambiente. La verdadera pregunta hoy no es si el crecimiento continúa, sino qué tipo de economías estamos construyendo, a quién sirven y si permiten que todas las personas vivan con dignidad dentro de los límites planetarios.

Por eso nos reunimos para desarrollar y respaldar la Hoja de ruta para erradicar la pobreza más allá del crecimiento, que fue lanzada recientemente en Ginebra en la Organización Internacional del Trabajo, bajo los auspicios de la Coalición Mundial para la Justicia Social. La Hoja de ruta ofrece una serie de alternativas para ir más allá del enfoque estrecho centrado en “crecer-gravar-transferir” que ha moldeado las políticas durante décadas. No es un plan elaborado por un pequeño grupo de expertos. Es exactamente lo contrario: durante 18 meses, más de 400 personas —organismos de las Naciones Unidas, gobiernos nacionales, personas expertas del ámbito académico, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, actores de la economía social y solidaria y movimientos de base, tanto del Norte como del Sur globales— trabajaron para responder a una pregunta sencilla: ¿cómo podemos poner fin a la pobreza y reducir las desigualdades sin tratar el crecimiento del PIB como nuestra condición principal para el progreso?

No coincidimos en todos los detalles de política. Pero nos une la convicción de que nuestras economías deben rediseñarse para organizar la producción, la distribución y el consumo en torno a la realización de los derechos y al bienestar colectivo dentro de los límites planetarios, en lugar de maximizar la producción a cualquier costo. Los derechos humanos no son aquí una ocurrencia tardía; son el principio organizador de cómo medimos el progreso, fijamos prioridades y resolvemos las disyuntivas.

Es una prioridad absoluta garantizar una protección social universal basada en los derechos y el acceso universal a servicios públicos de calidad; en muchos países, esta sigue siendo la primera y más urgente tarea. Pero una economía basada en los derechos humanos va más allá de la redistribución y la compensación posteriores al mercado. La protección social y los servicios públicos son esenciales, pero no pueden compensar indefinidamente economías que, por diseño, generan salarios de pobreza, empleos inseguros y viviendas inasequibles.

Necesitamos cambiar las reglas desde el origen. Eso significa, por ejemplo, trabajo decente y sistemas de garantía de empleo, salarios dignos y una remuneración justa, sindicatos más fuertes y democracia en el lugar de trabajo, combatir la discriminación y valorar el trabajo de cuidados remunerado y no remunerado del que dependen nuestras sociedades. Significa invertir en la infancia, la vivienda, la salud, la educación y el transporte mediante una provisión pública universal, de modo que la pobreza se prevenga en lugar de transmitirse de generación en generación. Significa control público de los activos estratégicos, orientación del crédito para dirigir la inversión hacia prioridades sociales y ecológicas, y apoyo al desarrollo de la economía social y solidaria.

Aplicar esta visión significa cambiar las reglas de una economía mundial que todavía organiza las capacidades productivas de los países de ingresos bajos y medianos en función del consumo del Norte, en lugar de atender las necesidades locales. Hoy se reprocha a los gobiernos del Sur Global no hacer lo suficiente para combatir la pobreza, al tiempo que se les asfixia con sanciones unilaterales, acuerdos comerciales restrictivos, intercambio desigual y cargas de deuda arraigadas en siglos de despojo colonial. Unos 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en el servicio de la deuda que en salud o educación. A los países fuertemente endeudados las instituciones financieras internacionales los presionan para recortar el gasto social y debilitar la protección laboral en nombre de la “competitividad”. Mientras tanto, las cadenas mundiales de suministro permiten una vasta transferencia neta de trabajo y recursos del Sur al Norte, en una escala que bastaría para poner fin a la pobreza extrema muchas veces.

La solidaridad internacional es, por tanto, una obligación jurídica y moral arraigada en la realidad histórica de que muchos países ricos construyeron su riqueza empobreciendo al Sur mediante patrones de extracción que hoy continúan bajo nuevas formas. Una transición justa más allá del crecimiento debe incluir justicia de la deuda, una mayor cooperación Sur-Sur, financiación climática reparadora y restaurativa y apoyo a los pisos de protección social universal, sobre la base de los principios de no dominación y autodeterminación, de modo que los países puedan trazar sus propios futuros económicos de manera Soberana.

Igualmente crucial es quién puede dar forma a esta transición. Con demasiada frecuencia, las políticas que afectan a las personas en situación de pobreza se diseñan sin ellas, y a veces en su contra. Cuando los sistemas de bienestar se construyen en torno a la sospecha, las sanciones y condiciones humillantes, profundizan el estigma y disuaden a las personas de reclamar las prestaciones que les corresponden. Cuando las reformas agrarias o los programas de vivienda social están contaminados por la corrupción y el favoritismo, o excluyen a quienes viven en asentamientos informales, no logran llegar a quienes necesitan el apoyo con mayor urgencia. Quienes viven en la pobreza saben mejor que nadie cómo pueden fallar los sistemas en la práctica. Su experiencia debe orientar el diseño, la aplicación y el seguimiento de las estrategias de lucha contra la pobreza, desde los consejos locales hasta los parlamentos y los foros internacionales.

No partimos de cero. En todo el mundo, las luchas Indígenas, la organización feminista, los sindicatos y los movimientos por la justicia climática están defendiendo y construyendo futuros alternativos arraigados en el cuidado colectivo y los derechos territoriales. Nuevas coaliciones de Estados están impulsando nuevas visiones de la gobernanza económica mundial, y distintos gobiernos están experimentando con estrategias de lucha contra la pobreza basadas en los derechos, asambleas ciudadanas y creación de riqueza comunitaria. La ONU y muchos aliados están explorando indicadores de “Más allá del PIB” y nuevas instituciones, como un Panel Internacional sobre la Desigualdad, para ayudar a orientar este cambio.

Nuestra hoja de ruta se apoya en esos esfuerzos, los conecta y los impulsa aún más. La ofrecemos ahora como un punto de referencia común para quienes se niegan a aceptar que la pobreza y el colapso ecológico sean el precio que hay que pagar por la manera en que actualmente definimos el “éxito” económico. De cara a la Cumbre de los ODS de 2027 y a otras importantes negociaciones mundiales sobre financiación, fiscalidad y clima, los gobiernos y las instituciones multilaterales tienen una elección: redoblar la apuesta por un modelo fallido centrado primero en el crecimiento, o comprometerse a erradicar la pobreza transformando las reglas económicas que la producen.

La pobreza se fabrica. Esa es la mala noticia, y también la buena. Lo que ha sido fabricado puede desmantelarse y sustituirse. Con la Hoja de ruta para erradicar la pobreza más allá del crecimiento, ponemos sobre la mesa opciones concretas, cada una respaldada por detallados “perfiles de políticas” que exponen la evidencia, los pasos para su aplicación y ejemplos del mundo real. Hacemos un llamamiento a las y los dirigentes políticos de todos los niveles para que las utilicen, escuchen a quienes más se ven afectados y consideren el fin de la pobreza, la reducción de las desigualdades y la realización efectiva de los derechos humanos como la medida con la que debe juzgarse la política económica.

jueves, 11 de junio de 2026

"NO ESTÁS SOLO, ERES INVISIBLE". Sara Berbel Sánchez, El País

Un hombre delante de una mesa en una oficina vacía 
Las sociedades se sostienen sobre vínculos de reciprocidad y confianza y cuando dejamos de vernos y reconocernos el resultado es una comunidad más fragmentada

El conserje del edificio donde trabajo me sorprendió un día cuando, tras su amable “buenos días” cotidiano, me dijo: “Gracias por saludar; la mayoría de la gente ni siquiera me ve”. Apenas me detuve —llegaba tarde a una reunión—, pero aquella frase quedó suspendida en algún rincón de mi memoria. Volvió hace unos días, al leer a la socióloga Allison J. Pugh. Según ella, la gran crisis de nuestro tiempo no es la epidemia de soledad, sino una profunda crisis de invisibilidad humana.

De pronto, mi mirada se aclaró, como solo ocurre con las buenas lecturas. Aquella capa mágica con la que fantaseé tantas veces de niña, capaz de volverme invisible ante el mundo, existe de verdad para muchas personas que nos rodean. Ya no es un sueño ni una película de Harry Potter. Y sus efectos no tienen nada de fascinantes: son devastadores.

Existe un déficit de reconocimiento mutuo que conviene nombrar. ¿Puede tener consecuencias para todos el hecho de no ver a nuestro conserje, a quien limpia nuestras calles o nos entrega un paquete? Desde la psicología social sabemos que el reconocimiento no es un lujo emocional, sino una necesidad humana básica. Construimos nuestra identidad a través de la mirada de los demás: necesitamos sentir que existimos, que contamos, que nuestra aportación tiene valor. Cuando una persona se siente invisible de forma persistente, aumentan el aislamiento, la desmotivación, la pérdida de autoestima y la desconexión del proyecto colectivo. La soledad suele venir después.

Pero la invisibilidad no solo daña a quien la padece. También erosiona la vida en común. Las sociedades se sostienen sobre vínculos de reciprocidad y confianza; cuando dejamos de vernos y reconocernos, disminuyen la cooperación, la empatía y el sentido de pertenencia. El resultado es una comunidad más fragmentada, donde crecen la indiferencia, el repliegue individualista y la polarización.

Pugh va aún más lejos al señalar que los trabajos mediados por la tecnología y la automatización dificultan que seamos reconocidos como seres humanos. Las estructuras laborales actuales reducen con frecuencia a las personas a datos, métricas o funciones, mientras desaparecen espacios de convivencia y relación. Las pantallas multiplican las conexiones, pero también vacían de contacto humano significativo que nos permite sentirnos vistos.

Pensemos en quienes trabajan en la economía de plataformas, repartiendo pedidos o gestionando aplicaciones. Con demasiada frecuencia son tratados por las empresas y por los propios clientes como simples “máquinas expendedoras” o extensiones de un algoritmo: eficaces, sí, pero invisibles cuando cumplen su tarea.

Por eso, cuando el Ayuntamiento de Barcelona impulsa programas contra la soledad no deseada, quizá convenga ampliar el foco. No se trata solo de fortalecer vínculos sociales, sino también de garantizar la importancia psicosocial de ser vistos. Porque la soledad no se combate únicamente creando actividades colectivas o redes comunitarias. También exige valorar todos los trabajos que sostienen nuestras vidas y promover la empatía, el contacto físico y los cuidados para lograr algo insustituible: el reconocimiento humano. Ese gesto sencillo mediante el cual alguien nos mira y nos confirma que no estamos solos.

Pacte de ciutat contra les soledatS 2026-2030
Cap a una Barcelona que obre els ulls davant les soledatS.
De l’Estratègia municipal contra la soledat al Pacte de ciutat.

miércoles, 10 de junio de 2026

"ENFERMEDAD Y SÍNTOMA". Juan José Millás, El País

El exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán,
a la entrada de los juzgados de la plaza de Castilla de Madrid

En política, la corrupción se recibe como una oportunidad más que como una desgracia: la satisfacción táctica anula la preocupación moral

Perdón por la ingenuidad, pero me he levantado un poco flojo ante el panorama político y ante el horizonte económico y ante el paisaje colectivo en general, y se me ha ocurrido que todos deberíamos entristecernos cada vez que se descubre un caso de corrupción, aunque afecte al partido cuyas ideas detestamos. La indecencia no perjudica solo a quienes la practican, sino al conjunto de la sociedad, al cuerpo místico, podríamos decir, según esa extraña y poderosísima idea del cristianismo. Constituye, en fin, una avería del sistema. Celebrarla porque daña al adversario es como alegrarse de que el motor del autobús en el que viajamos se incendie porque el conductor pertenece a otro sindicato. Pero en política, la corrupción se recibe como una oportunidad más que como una desgracia. La satisfacción táctica anula la preocupación moral porque hemos transformado la militancia en una seña de identidad. Cuando uno se identifica mucho con el Real Madrid, por poner un ejemplo, se alegra de que el mejor jugador del Barça se rompa una pierna que le impida llegar a la final. El malestar ajeno, en fin, consuela a menudo del descontento propio. Se trata de una alegría negativa, casi de una alegría inversa que deja un sabor un poco extraño, como el de la saliva en las resacas medicamentosas. Dos vecinos viven pared con pared. Uno descubre una grieta gravísima en el piso del otro, al que odia, y lo celebra con champán sin advertir que su vivienda comparte cimientos con la de la grieta. La democracia es un fenómeno raro y permanentemente amenazado. Cada caso de corrupción descubierto es una buena noticia porque revela la enfermedad, pero una mala nueva porque confirma su existencia. Cuando solo nos parece una buena noticia, algo se desajusta en nuestra sensibilidad cívica. Tal vez la patología consista en gozar de los beneficios secundarios que proporciona el síntoma, en vez de preocuparnos por la enfermedad de fondo que nos mata.

lunes, 8 de junio de 2026

"RADIOGRAFÍA DE UNA ESPAÑA EN MÁXIMOS HISTÓRICOS DE ODIO". Sabela Rodríguez Álvarez, infoLibre.es

Montaje gráfico de varias manifestantes sobre una
imagen en blanco y negro de una protesta ultra

Los delitos de odio han crecido un 23,63% en un año y la violencia se hace cada vez más visible en las calles

El domingo por la tarde, un joven de Vila de Gràcia (Barcelona) "antifascista e independentista" fue apuñalado por un "fascista español de 52 años", según denuncia el grupo al que pertenecía, Eskapulats –aficionados del Club Esportiu Europa–, a través de un comunicado. El autor de los hechos fue detenido y se investiga si detrás de la agresión hubo motivos ideológicos. "Todo intento de blanquear la motivación ideológica del agresor, de mentir sobre el origen del intento de asesinato y de generar dudas sobre el contexto, nos encontrará de cara e iremos hasta donde sea necesario para preservar la verdad", sostiene el grupo.

Los delitos de odio por motivaciones ideológicas han crecido un 63,95% en el último año, siendo los terceros más frecuentes según el registro confeccionado anualmente por el Ministerio del Interior. El departamento de Fernando Grande-Marlaska ha hecho público este miércoles el Informe de Evolución de los Delitos e Incidentes de Odio, relativo a 2025. La estadística más reciente confirma el peor de los escenarios: los delitos de odio han aumentado un 23,63% en un año, alcanzando el máximo histórico. Y a la cabeza, tres categorías: el racismo, la LGTBIfobia y la violencia por motivos ideológicos.

El análisis elaborado por el Ministerio del Interior diferencia entre hechos conocidos, entendidos como el conjunto de infracciones penales y administrativas que llegan a las autoridades, y los hechos esclarecidos, que pasan a ser considerados como tal cuando la investigación avanza y arroja luz sobre los acontecimientos.

Las víctimas de este tipo de delitos son mayoritariamente hombres (62,34%), pero quienes ejercen la violencia también (78,49%). La mayoría son españoles. La violencia se expresa a través de amenazas, lesiones y humillaciones, pero también toma forma de injurias, trato degradante y coacciones. Casi siempre sucede a la vista de todos: más de un tercio de los delitos denunciados se produjo el año pasado en la vía pública.
Racismo en el corazón del sistema

El racismo y la xenofobia son las categorías más frecuentes en suelo español, en un contexto de rearme ideológico por parte de la extrema derecha y propagación de discursos que sitúan a las personas migrantes como máximo enemigo. Vox ha monopolizado esa estrategia, pero la derecha ha decidido ponerse de perfil y dar carta blanca a narrativas racistas, especialmente en lo que respecta al proceso de regularización de migrantes.

El año pasado, las autoridades tuvieron constancia de 934 delitos de odio de carácter racista, lo que supone el 42,95% del total de hechos conocidos. Son, con diferencia, los más habituales.

Silvana Cabrera, portavoz de Regularización Ya, lamenta que la violencia contra las personas migrantes haya sido tradicionalmente una realidad invisible para los ojos de la mayoría social. "Venimos denunciándolo desde hace muchos años, pero no nos tomaban en serio", asiente en conversación con este diario.

La activista enseguida pronuncia el nombre de Haitam Mejri, porque la violencia que recae sobre grupos vulnerables va más de nombres que de cifras. El joven falleció a finales de diciembre tras una intervención policial en la que recibió entre ocho y once descargas eléctricas. "Métele más táser", gritaron los agentes. El juzgado terminó por archivar la investigación el pasado mes de abril.

Para Cabrera, ahí está uno de los grandes problemas que soportan las personas migrantes: el racismo en el corazón del sistema. "La Policía violenta sistemáticamente a las personas migrantes y no existe justicia al respecto, ni responsabilidad, ni reparación", sostiene. Una violencia estructural y sistémica que "afecta a toda la ciudadanía, como hemos visto en València".
"Bollera de mierda"

El miércoles pasado, una joven denunció haber sido insultada y atacada por tres hombres desconocidos mientras caminaba por las calles de Pontevedra. "Bollera de mierda, tu abuela debe estar contenta", lanzaron los agresores, momentos antes de arremeter contra ella golpeándola con una botella. La víctima cayó desplomada al suelo y apenas recuerda cómo pudo librarse de los golpes.

Es uno de los muchos casos de violencia extrema que sufre la comunidad LGTBIQ+, uno de los principales colectivos en los que ponen el foco los divulgadores de odio que buscan trasladar la violencia a las calles. El balance de Interior se hace eco de 571 incidentes de odio de esta tipología el año pasado, el segundo grupo más numeroso.

"No solo hay una enorme infradenuncia, sino que el proceso de investigación es muy penoso para la víctima y muchas veces ni siquiera es reconocida como tal". Habla Toño Abad, presidente del Observatorio Valenciano contra la LGTBIfobia. Los datos del ministerio, comenta al otro lado del teléfono, incluso siendo parciales como consecuencia de la escasa tasa de denuncia, evidencian un incremento sostenido en el tiempo de los ataques.

"Se ha instalado un discurso en las instituciones que ha permeado en determinadas capas de la sociedad" y que está siendo difundido gracias a la complicidad de las redes sociales y los pseudomedios, analiza el activista. Pero, además, una vez se materializa la violencia, los engranajes del sistema no son capaces de reparar el daño. "Constantemente se cuestiona a las víctimas y sobre todo se pone en duda el carácter homófobo de determinadas agresiones", lamenta Abad. A esto se suma una estrategia en alza: las denuncias cruzadas. "Vemos que muchos agresores denuncian a sus víctimas para victimizarse en el proceso, algo absolutamente intolerable" y que tiene un efecto disuasorio para quienes verdaderamente sufren en sus carnes la violencia.
Palomino, Agulló y la violencia política

Algo similar ocurre con las víctimas de violencia ideológica, con casos en los que no solo operan las denuncias cruzadas como estrategia de los atacantes, sino que están también atravesados por una narrativa que los sitúa como meras reyertas entre grupos radicales, una equiparación funcional a los agresores que sitúa al mismo nivel la violencia ultra y la autodefensa antifascista.

La violencia política que recae sobre quienes militan en movimientos sociales, sindicatos y organizaciones políticas ha pasado tradicionalmente desapercibida en la agenda política y mediática. Pero las agresiones por motivos ideológicos han estado siempre presentes en las calles. Son, según los datos oficiales, el tercer tipo de delitos de odio más frecuentes en el país. En total, las autoridades han registrado 241 hechos vinculados con esta forma de violencia.

En el proyecto Crímenes de odio se encuentran los nombres de Carlos Palomino y Guillem Agulló como columna vertebral del análisis en torno a los crímenes ideológicos que han marcado a generaciones. Lo sabe bien Miquel Ramos, periodista y coautor de esta herramienta que clasifica, visibiliza y documenta casos específicos de violencia contra distintos colectivos.

Igual que el grueso de los expertos consultados, el investigador coincide en que "la mayoría de delitos que se cometen no se denuncian", por lo que las cifras oficiales nacen sesgadas. "Muchas veces ni siquiera se recoge el agravante de odio y otras tantas queda a criterio de la Policía", con los riesgos que esa arbitrariedad entraña. En España pueden tener la consideración de delitos de odio actos organizados contra grupos fascistas y así ha sucedido en diversas ocasiones, "llegando a considerar víctimas a nazis", lo que demuestra que "la interpretación de esta tipología tiene muchas lagunas".

Para Ramos, si existe una voluntad real por perseguir a quienes ejercen violencia, debe existir también el compromiso firme de frenar a aquellos que la alientan. "No es raro escuchar que han detenido a un tuitero, pero los mayores difusores de los discursos de odio son políticos o medios de comunicación". Y en ese terreno pantanoso, zanja el entrevistado, impera de nuevo la impunidad y la inacción.

domingo, 7 de junio de 2026

"POR QUÉ ESTE AUTO DEL JUEZ CALAMA NO SE PARECE A LOS SUYOS". Daniel Valverde Ríos, infoLibre.es

La imputación de Zapatero, leída junto a otras dos resoluciones del mismo juez, abre interrogantes que el instructor o un tribunal superior tendrá que responder

No hace falta ser jurista para leer tres autos del mismo juez y notar que uno de ellos está construido de otra manera. Hace falta, eso sí, tomarse el trabajo de leerlos. He leído íntegramente el auto del 18 de mayo de 2026 por el que el magistrado José Luis Calama imputa al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra,[1] y lo he comparado con otros dos autos suyos: el del caso Banco Popular, de 2024, y el de una trama de fraude de hidrocarburos, de 2021.[2][3] Los tres investigan delitos económicos complejos. Los tres son obra del mismo instructor. Pero solo uno de ellos hace tres cosas que los otros dos evitan cuidadosamente. Este artículo trata de esas tres diferencias, y de la única pregunta que importa: por qué.

Conviene decir desde el principio qué no sostengo. No sostengo que Zapatero sea inocente ni culpable: eso corresponde a los tribunales, y la causa tiene recorrido. No sostengo que el documento sea falso: tiene Código Seguro de Verificación válido en la sede de la Administración de Justicia y está firmado electrónicamente por el juez y la letrada. Tampoco afirmaré que lo redactó una máquina, porque no puedo probarlo. Sostengo algo más limitado y, creo, más difícil de rebatir: que este auto se aparta del método que el propio Calama aplica cuando construye una imputación sólida, y que esa diferencia merece una explicación que el expediente público no ofrece.

Primera diferencia: la conclusión va antes que las pruebas

Un auto de instrucción razona hacia adelante: expone los indicios y, a partir de ellos, concluye. El auto de 2021 lo hace de manera de manual. Antes de afirmar nada sobre nadie, enumera su base probatoria: los informes periciales de la Agencia Tributaria con sus fechas exactas y veinte atestados de la Guardia Civil identificados uno por uno con su número.[4] Solo después, sobre ese cimiento, construye las conclusiones.

El auto del Banco Popular, de 2024, es aún más escrupuloso. Es un documento de 83 páginas sobre una de las materias más técnicas que existen: la contabilidad de una entidad financiera bajo supervisión del Banco Central Europeo; y dedica sus primeras páginas íntegramente a explicar la normativa aplicable antes de entrar en un solo hecho. Su primer fundamento se titula, literalmente, «breve exordio», y habla con prudencia de «una certeza provisional».[5] Es la voz de un juez que sabe que las conclusiones se ganan, no se anuncian.

El auto de Zapatero hace lo contrario. Su primer párrafo de fundamentos jurídicos (la primera frase, antes de cualquier indicio) ya contiene la conclusión:

«Las diligencias de investigación practicadas hasta la fecha [...] permiten afirmar la existencia de una estructura organizada y estable, dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias.»[6]

Lo que sigue durante las siguientes cincuenta páginas no son los indicios de los que se deduce esa conclusión: son la ilustración de una conclusión ya tomada. La diferencia parece sutil y no lo es. Un instructor que concluye primero y busca después no está investigando: está sosteniendo una tesis. Y un juez que en 2021 y en 2024 colocó las pruebas antes que el veredicto sabe perfectamente cuál de las dos cosas está haciendo.

Segunda diferencia: el razonamiento que no se puede refutar

Hay en el auto una frase que, a mi juicio, es la más reveladora de todas. Al llegar al punto en que debe explicar en qué consiste exactamente el liderazgo de Zapatero sobre la supuesta trama, el instructor escribe:

«José Luis Rodríguez Zapatero se erige como el núcleo decisor y estratégico de la red. Su liderazgo no se manifiesta de forma formal o pública, sino a través de su capacidad de dirección, coordinación y supervisión, evitando en lo posible la ejecución directa de las gestiones más comprometidas.»[7]

Léase despacio, porque el mecanismo es notable. El auto reconoce que no hay prueba formal ni pública del liderazgo, y a continuación convierte esa misma ausencia de prueba en confirmación de la astucia del investigado: no aparece porque es lo bastante hábil para no aparecer. Es un razonamiento que se blinda contra cualquier refutación posible. Si no hay rastro, es porque el líder sabía borrarlo. Cuanto menos se encuentra, más se confirma la hipótesis.

Eso no es un indicio. Es lo que en lógica se llama una petición de principio: dar por probado lo que había que probar. Y no es el modo en que Calama trabaja en sus otros autos. En el de 2021, cuando describe al segundo de la organización, no deduce su papel de la ausencia de pruebas: lo ancla en sus cargos societarios concretos, en las órdenes que transmitió y en los atestados que las documentan. La ley penal exige precisamente eso, indicios plurales, concluyentes y razonados,[8] no la deducción de que alguien es culpable porque es demasiado listo para parecerlo. No soy el único que lo ha advertido: la misma observación la hizo, desde la lectura periodística, el director editorial de infoLibre, Jesús Maraña.[9]

Tercera diferencia: pruebas de otra causa

La tercera diferencia es la más fácil de medir, porque se cuenta. El caso Plus Ultra investiga si hubo tráfico de influencias en el rescate de una aerolínea. El caso Koldo es un procedimiento distinto, instruido por un tribunal distinto, el Tribunal Supremo. Son dos causas separadas.

En el auto de Zapatero, sin embargo, el caso Koldo aparece por todas partes. El nombre de Ábalos figura quince veces; el de Koldo, siete; hay referencias al «Delcygate» y una sección dedicada a un comisario cuya tarjeta de visita se encontró en las oficinas de Plus Ultra. Nada de esto se conecta causalmente con Zapatero ni con el rescate. Simplemente está ahí, mezclado con el objeto de la causa.

Para que se vea la magnitud de la anomalía, basta contar lo mismo en los otros dos autos:

En 2021, una trama con más de veinte investigados y siete sociedades: ninguna mención a causas ajenas. En 2024, la contabilidad del Banco Popular con todo el aparato del Banco Central Europeo: ninguna.[10] En 2026, un auto saturado de material de otro procedimiento. El mismo juez que durante años mantuvo herméticamente separados los objetos de sus causas, en esta los mezcla.
El indicio que no resiste una resta

A las tres diferencias de método se añade un problema que no es de estilo sino de aritmética. El indicio económico más concreto del auto, el que conectaría el dinero con la influencia, es un presunto pago al director del fondo público que gestionó el rescate. El rescate de Plus Ultra se aprobó el 9 de marzo de 2021. El director de ese fondo fue nombrado el 17 de agosto de 2021, cinco meses después.[11] No se puede influir sobre quien decide un rescate a través de alguien que aún no ocupaba el cargo cuando el rescate se decidió. La secuencia temporal, comprobable en registros públicos, invalida el indicio. El auto no la aborda.

Conviene recordar, además, que ese rescate ya había pasado por dos filtros que no encontraron irregularidad: el Tribunal de Cuentas y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.[12] No es terreno virgen: es una decisión administrativa examinada y avalada, sobre la que ahora se construye una hipótesis de organización criminal liderada por un expresidente.

La única pregunta que queda: ¿por qué?

Llegamos a lo esencial. Las tres diferencias no son interpretables: están en los documentos y se pueden verificar. Lo que sí admite interpretación es su causa. Caben, razonablemente, tres explicaciones, y conviene examinarlas sin descartar ninguna de antemano.

Explicación primera: la complejidad del caso

Podría pensarse que Plus Ultra es sencillamente más complicado y que eso explica las costuras. No se sostiene. El auto del Banco Popular es, técnicamente, mucho más complejo (contabilidad bancaria, normativa europea, estructuras en Luxemburgo) y es justamente el más cuidadoso de los tres. Si la complejidad produjera anomalías, el Banco Popular debería ser el peor, no el mejor. Es al revés.

Explicación segunda: la prisa

Calama recibió el caso por inhibición en marzo de 2026 y dictó el auto en mayo.[13] Dos meses para un asunto que llevaba años en otro juzgado. La prisa explicaría bien algunas cosas: tomar el informe policial y volcarlo sin depurarlo, lo que arrastraría el material del caso Koldo, anteponer la conclusión, no detectar la contradicción de fechas. Es la explicación más benévola y probablemente recoge una parte de verdad. Pero deja intacta una pregunta incómoda: ¿por qué un juez que en 2021 dedicó tres años a levantar un auto sólido sobre una trama equivalente se conformó esta vez con dos meses y un resultado mucho más débil, tratándose nada menos que de la primera imputación a un expresidente del Gobierno en democracia? La prisa, cuando es elegida, también es una decisión.

Explicación tercera: el momento

La tercera explicación no la afirmo; la dejo formulada, porque los hechos la hacen pertinente y ocultarla sería deshonesto. El auto se dicta en una semana muy concreta: la misma en que un informe de la Guardia Civil vacía de contenido el caso contra Begoña Gómez, la misma en que arranca en Badajoz un juicio donde la propia Fiscalía pide la absolución del hermano del presidente, los mismos días de un resultado electoral incómodo para la oposición. Que el auto más débil metodológicamente de los tres aparezca con ese encaje de calendario es un hecho. Que ese hecho pruebe una intención es algo que no afirmo y que, con la información pública disponible, nadie puede afirmar. Pero la coincidencia existe, y un análisis honesto la nombra en lugar de esconderla.

Lo que sí podemos exigir

La firma electrónica del juez convierte estas tres anomalías en responsabilidad suya, con independencia de cómo se redactara el documento o de qué herramientas se emplearan en su confección. Quien firma, responde. Y lo que ha firmado se aparta de su propio método en las tres dimensiones que distinguen una imputación fundada de una afirmación de culpabilidad anticipada.

No pido que se crea mi conclusión. Pido algo más modesto y más exigente: que cualquiera coja los tres autos (los dos de CENDOJ son públicos y el tercero ha circulado en la prensa) y los lea en paralelo. La diferencia salta a la vista en la primera página de los fundamentos de cada uno. A partir de ahí, la pregunta de por qué este auto no se parece a los suyos deja de ser una opinión y se convierte en lo que de verdad es: una cuestión que el instructor, o el tribunal que revise su decisión, tendrá que responder. Mientras tanto, la presunción de inocencia no es un tecnicismo que proteja a un expresidente: es lo que nos protege a todos de que la ausencia de pruebas pueda presentarse, algún día, como la prueba más concluyente.

sábado, 6 de junio de 2026

"HISTORIAS DE FANTASMAS". Siri Hustvedt (2026), Barcelona, Seix Barral


A punto de fallecer, Paul Auster le dijo a su esposa que quería convertirse en un fantasma, regresar para ver cómo estaba, qué escribía tras su partida o cómo crecía su nieto Miles. Y eso es lo que ha llegado a ser para Siri Hustvedt, una presencia siempre palpable y reconfortante: al oler su tabaco en casa, al sumergirse en sus libros y al rememorar una historia de amor y una comunión intelectual que duró cuarenta y tres años.

En su obra más personal, Hustvedt reconstruye su unión legendaria con él a través de la textura desgarradora del duelo y el consuelo de un amor eterno. A medio camino entre el diario y la narración literaria, el texto parte de documentos inéditos de enorme valor, desde las notas que intercambiaron durante décadas hasta los últimos escritos de Paul Auster en forma de cartas a su nieto.

Figura clave para entender la literatura norteamericana contemporánea, en este libro extraordinario Siri Hustvedt encarna emociones que nos conciernen a todos: muestra cómo la pérdida de un ser querido erosiona nuestra identidad, pero la intimidad de una vida compartida deja una huella imborrable en nuestra memoria. «Es un año de duelo convertido en oro sabio y veraz. Qué texto tan honesto. Qué regalo de amor» (David Mitchell).

"SEER LIBRE NO ES DIVERTIDO". Santiago Alba Rico, Publico.es

Concentración en favor de la ley de la eutanasia
Cada vez desconfío más de la gente que tiene las cosas demasiado claras y aborda todos los conflictos, propios y ajenos, con tajante firmeza simplificadora. Personalmente, respecto de la eutanasia, como respecto del aborto, lo único que tengo claro es que se trata de dilemas morales que todos nosotros preferiríamos no tener que afrontar jamás.

Uno y otro, sin embargo, se repiten con demasiada frecuencia como para escurrir el bulto. ¿Qué hacer? ¿Qué decidir? En general, la derecha cristiana lo plantea como si la elección fuese entre la Vida y la Muerte, palabras pronunciadas acusatoriamente con mayúsculas, reprochando así al "progresismo" su necrofilia: a la izquierda le gustaría, al parecer, asesinar niños y enfermos. Dejo a un lado ahora la paradoja de que aquí la Vida, despojada de todas las apreturas materiales, sociales, psicológicas, en las que cobra sentido humano, se enuncia en su pura desnudez biológica, pero con mucho más valor que la de un pez o la de un perro en razón de una intervención exterior: es sagrada -quiero decir- porque la ha creado Dios. Se la reduce primero a su composición celular para salvarla después desde fuera, a través del prestigio prestado por un ser cuya existencia pertenece al orden muy personal de las creencias religiosas. Inseparable de esta paradoja es esa otra, señalada una y otra vez con mucho tino, en virtud de la cual, entre el aborto y la eutanasia, entre el embrión y el ictus, la vida deja de tener valor y se puede escribir de nuevo, digamos, con letras minúsculas: para esa misma derecha cristiana, en efecto, no hay nada sagrado en la vida de un niño palestino, de una mujer iraní o de un anciano abandonado en pleno covid en una residencia de Madrid.

Ahora bien, si no se puede escurrir el bulto, entonces hay que intentar plantear bien la cuestión. No se trata, no, de decidir entre la Vida y la Muerte. Se trata de decidir quién decide. No soy un constructivista radical que cree que uno es su propio dios y que no hay ningún “dato”, nada "dado", que preceda a nuestra voluntad soberana. Si tenemos que decidir quién decide es justamente porque hay cosas que nos caen encima, y esas cosas que nos caen encima -la nieve, el cuerpo, la familia, el amor, la mortalidad- hacen imposible desatar la belleza del dolor. Conviene aceptar esta atadura si no queremos renunciar al sentido humano de la vida. Pero conviene no menos rescatar ese sentido de entre las garras de los ricos, los machos, los poderosos, los sacerdotes, los patrones. CONTINUAR LEYENDO

"LA POBREZA SE FABRICA: TAMBIÉN PUEDE ERRADICARSE”. Olivier de Schutter, Thomas Piketty, Joseph E. Stiglitz y 360 firmas más., El País

Refugiados sudaneses hacen cola para el agua en un campo de refugiados de Chad “La pobreza y la desigualdad no son accidentes; son resultado...