¡Feliz día de la Comunidad de Madrid! Un enclave idóneo para asentarse. Una de las regiones de Europa más prósperas, ajena a la escisión norte-sur entre ricos y pobres, ni en la región ni en la capital. Así, la sierra verde del norte y la campiña seca del sur tienen el mismo PIB, y las célebres divisiones de Salamanca y Lavapiés resultan intercambiables, resultado de no tener que habitar el madrileño la pobreza ni entornos discriminados. Madrid, donde no existe ninguna laxitud política ante el posible abuso de las fuerzas de seguridad que persiguen a manteros e inmigrantes sin papeles como si fueran la causa y no el resultado de un sistema corrupto.
Es, también, una comunidad unida a la capital del reino: la gran ciudad que te acoge con los brazos abiertos. Quizás porque el precio del alquiler es razonable y se puede vivir cerca del trabajo, así como dentro de la M30, en su corazón cultural y espiritual. No encontrarás pisos a precios desorbitados, sin apenas ventilación y en zonas no habitables: garajes, porterías y trasteros. Quien vive en Madrid y se deja el sueldo en el alquiler es porque quiere. Y esto se debe al esfuerzo de sus políticos: nacionales, regionales y locales.
Pero la excelencia de una comunidad no solo la otorga un inmueble digno. En Madrid, si enfermas, las listas de espera son casi inexistentes. La sanidad pública no está amenazada por la privada –tampoco la universidad–. Si, además, sobreviniera una nueva pandemia, las instituciones no te dejarían morir en casa. Las cifras dibujadas en las camisetas por los trabajadores de las residencias serían un valor cercano al cero. Y las mascarillas tendrían el precio intervenido gracias a los pactos de sus políticos.
¡Qué honor poder decirse uno de Madrid! Una tierra permeable a otros regímenes democráticos que ha concedido medallas a Milei y a Donald Trump por ser “el principal faro del mundo libre”. Muy porosa culturalmente. ¡Si hasta tiene su propia falla en Madrid Río! Un espectáculo que agrada sobre todo a la fauna del río.
No tiene playa ni montaña, pero no le hace falta. Siempre se puede fabricar una. A tal efecto, se renombraría si fuera necesario la estación más importante de la capital como Vodafone Sol y se rotularía para Año Nuevo la Puerta del Sol con las letras de una serie de Netflix. Estas usurpaciones identitarias se compensarían con el esfuerzo político para que resistan los negocios de barrio de toda la vida. Porque esta ciudad no es una bella carcasa de tripas parasitadas por multinacionales y fondos buitre. Madrid ha sido la primera región occidental en prohibir los alquileres turísticos y en reducir a dos el número de inmuebles permitidos por persona. Ha sentado jurisprudencia al respecto. No ejecuta orden sin contemplar al pueblo. La identificación con el ciudadano es clave. Por eso, aquí es gratis hasta orinar en las estaciones. La sola idea de que el baño de Atocha fuera de pago es ridícula.
Pero lo mejor de Madrid es que sus dirigentes nunca se vanagloriarían de una gestión impoluta ni señalarían Madrid como un paraíso. Son conscientes de que están lejísimos de asegurar a sus habitantes unos derechos básicos como vivienda digna, educación y sanidad públicas de primer orden. Y eso los hace grandes.
Ahora, a ver quién es el espabilado que se marca un Trueba y desea que no celebremos hoy el Dos de Mayo. ¡Longue vie à la Communauté de Madrid!






