miércoles, 22 de abril de 2026

"HUMANIDAD E INHUMANIDAD". Manuel Rivas, El País 12 FEB 2017

QUISIERA CREER y de alguna forma creo en los milagros. Y estoy convencido de que algunos, que hoy vemos como leyendas, fueron verdad. Como el que se cuenta de aquel ermitaño irlandés de Glendalough, Kevin, que vivió en el siglo VI, y que tenía la costumbre de permanecer orando toda la Cuaresma con los brazos en cruz, inmóvil, las palmas hacia el cielo en posición de gracias. En las manos anidaron los mirlos y, pasada la Cuaresma, Kevin decidió no moverse hasta que las crías alzaron el vuelo.

Tengo querencia por el milagro animal, así que otro de mis preferidos es el que trata del sermón de san Antonio de Padua a los peces en Rímini. Como los humanos no le prestaban atención, con imaginación ecológica, decidió ampliar su audiencia a toda la creación. Una muchedumbre de peces acudió a escucharlo en la orilla, con la cabeza sobresaliendo del agua. Y seguro que agradecieron una cierta ironía en el santo: “Al sobrevenir el diluvio universal, todos los demás animales murieron. Y el creador os ha dado las aletas para poder ir adonde os agrada”.

Quisiera creer y de alguna forma creo en esa variante del milagro (o de la física cuántica) que se ha dado en llamar causalidad mágica. Un hecho, gesto o frase, a veces con apariencia menor o azarosa, que puede generar grandes consecuencias a distancia. Mucho hiló Borges sobre la casualidad como causalidad. Todavía no sé si en esta categoría incluiría un gol de Messi. Pero un buen ejemplo es el que relata Martin Buber en su cuento El descuido. El emperador austrohúngaro se dispone a firmar un edicto de persecución de los judíos. En un lugar de la Galitzia –región de Europa del Este–, conocedor de lo que se trama en Viena, un rabino vuelca un cuenco de sopa. En ese mismo instante, el emperador vuelca sin querer el tintero sobre la orden firmada. Rompe el papel. Y el edicto queda en suspenso.

Tenía la secreta esperanza de que un milagro frenaría los planes más inmediatos de Trump. Los vetos a los refugiados y a los inmigrantes. La arquitectura canalla del muro fronterizo con México. La violencia catastral de los nuevos oleoductos, cruzando la reserva siux. ­Preferiría que fuese un milagro tradicional. Una llamada divina. En Trump casi todo resulta inverosímil, pero nadie se extrañaría de que Dios llamase a la Casa Blanca dadas las circunstancias. Pero acabo de ver ese milagro cinematográfico que es Silencio, de Martin Scorsese, y casi puedo entender el silencio de Dios. Lo que resultaría imposible de entender sería el silencio humano frente a Trump. Porque la confrontación que el magnate presidente ha puesto en marcha en las conciencias del mundo no es, como él pretende, si estás o no con Estados Unidos de América, sino si estás con la humanidad o con la inhumanidad.

Intenté por mi cuenta el segundo remedio. La causalidad mágica. Vertí platos de sopa y tinteros con la esperanza, esta vez, de provocar con los derrames que la tinta embadurnase las nuevas cortinas doradas de la Casa Blanca. Algo que desequilibrase, antes de firmar las órdenes, a ese superego digno de estudio en el Instituto Tecnológico de Massachusetts o en el Museo de la Boina de Balmaseda. Algún crítico dijo de Lacan que era un psiquiatra que necesitaba un psiquiatra, Trump es un presidente que necesita con urgencia un presidente.

Quisiera creer y creo en el poder del humor. Trump utiliza ese mecanismo perverso de ensalzar a su público, haciéndoles creer que son mejores que otros. Su industria ha pasado de ser el cemento y el hormigón a la producción de odio y a la fabricación del enemigo. La forma en que ha firmado las primeras órdenes recuerda el modo que mejor caracteriza al gobierno autoritario: el decisionismo. La idea de que los actos del jefe, por ser del jefe, tienen rango de ley. Tal vez sí. Tal vez el humor crítico pueda desactivar su discurso. Si unas palabras lo han llevado al poder, otras pueden desnudarlo. Groucho Marx ya anticipó a un personaje así: “Este hombre puede que parezca idiota y se comporte como un idiota, pero no deje que eso le engañe: realmente es un idiota”.

En lo que más creo es en el poder de la vergüenza. Espero el día en que la verdadera “gran América” se avergüence de un presidente así.


martes, 21 de abril de 2026

"Los Secretos de los Machado Zuloaga: Una Oligarquía en el Corazón de la Corrupción y la Pobreza en Venezuela". Por Oscar Flores

La historia de la familia Machado Zuloaga es la de una oligarquía que, generación tras generación, se ha posicionado en la cima de la sociedad venezolana, aprovechándose de su poder e influencia para acumular riquezas, muchas veces en detrimento del bien público. Desde la época colonial hasta nuestros días, esta familia emblemática de la élite venezolana ha prosperado explotando las debilidades del Estado y las necesidades del pueblo. A continuación, examinamos las prácticas de depredación y corrupción en el corazón de una de las familias más poderosas del país.

Un origen aristocrático y esclavista

Los Machado Zuloaga descienden de una aristocracia fundada en la esclavitud a principios del siglo XVIII. Esta familia, gran propietaria de esclavos en la época colonial, forma parte de aquellas líneas de sangre que han dominado la sociedad venezolana a través de su fortuna y su desprecio por las clases populares. Este legado esclavista es la base de una ideología de superioridad y dominación que se perpetúa en las prácticas contemporáneas de la familia.

Control de empresas estratégicas: una fortuna asegurada

En el siglo XX, los Machado Zuloaga diversificaron sus actividades, convirtiéndose en accionistas de grandes empresas nacionales, tales como Electricidad de Caracas, Fundición Sivensa, Banco Mercantil, VIASA e Inversiones Tacoa. Al controlar estos sectores estratégicos, la familia se asegura una influencia económica y política determinante, maximizando sus ganancias a expensas de las necesidades públicas.
Complicidad en la fuga de divisas: un golpe a la economía nacional
En el año 2000, Enrique Machado Zuloaga, figura central de esta dinastía, vendió Electricidad de Caracas al consorcio estadounidense AES. Esta transacción, que facilitó la fuga de capitales al extranjero, representó un duro golpe para la economía venezolana. Este acto, motivado únicamente por la búsqueda de ganancias rápidas, demuestra el poco interés de esta familia en el impacto de sus acciones en la economía del país.

Explotación de la pobreza: los barrios, fuente de lucro

Tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, miles de campesinos pobres se vieron obligados a abandonar sus tierras para trasladarse a Caracas, como parte de un “Plan de Emergencia” orquestado por la élite, incluyendo a los Machado Zuloaga. Estos campesinos, obligados a asentarse en barrios marginales, se convirtieron en una oportunidad económica para la empresa familiar, que aprovechó su precariedad para suministrarles servicios eléctricos financiados por el Estado. Este cinismo revela la estrategia familiar de capitalizar la miseria social.

Privatización y quiebra de VIASA: una transacción jugosa

El colapso de la aerolínea nacional VIASA también lleva la marca de los Machado Zuloaga. Bajo la dirección de Luis Ignacio Mendoza Machado, primo de María Corina, VIASA fue vendida a la compañía española IBERIA, generando comisiones ilegales para los dirigentes familiares. Esta decisión solo buscaba llenar las arcas de la familia, sin importar el impacto desastroso en la infraestructura aérea nacional.

Conexiones antidemocráticas y antinacionales

Corina Parisca Pérez de Mendoza, madre de María Corina, está estrechamente vinculada a la élite anti-Chávez. En 2002, fue propuesta para integrar el Consejo Nacional Electoral por Fedecámaras, junto a Pedro Carmona Estanga, líder del golpe de Estado contra Hugo Chávez. Estos vínculos demuestran la inclinación de la familia por favorecer alianzas con fuerzas contrarias a la democracia, reforzando su influencia en detrimento de la voluntad popular.

Corrupción bancaria y escándalos financieros

Los Machado Zuloaga no se detienen en las grandes industrias y el sector energético. María Corina Machado se casó con Ricardo Sosa Branger, cuya familia está implicada en varios escándalos financieros y bancarios. Los hermanos de Sosa Branger, Eduardo e Ignacio, están asociados a los bancos que quebraron en 2010 y vinculados con el banquero fugitivo Eligio Cedeño. Estas relaciones ilustran el alcance de las prácticas financieras dudosas en torno a los Machado Zuloaga.

Provocación a la violencia: el sacrificio de los hijos de otros

Mientras María Corina Machado mantiene a sus propios hijos en el extranjero, llama regularmente a los jóvenes de sus seguidores a movilizarse contra el gobierno, en ocasiones con violencia. No duda en alentar a los hijos de otros a exponerse al peligro, alimentando disturbios civiles al servicio de sus ambiciones políticas.

Enriquecimiento personal a expensas del Estado

Finalmente, la familia Machado Zuloaga ha utilizado sus conexiones de poder para enriquecerse personalmente, a través de contratos estatales y redes de influencia bien establecidas. Protegidos por sus apellidos y alianzas, los miembros de esta familia han construido un imperio económico basado en la explotación de recursos públicos y de instituciones nacionales.

lunes, 20 de abril de 2026

"A LA MIERDA". Silvia Cosio, Publico.es

La semana pasada decidí que ya era hora de cortarme el pelo y hacerme un shag. Lo que es una decisión arriesgada si tienes el pelo rizado -y eres bajita como una servidora- porque la posibilidad de acabar como Frodo Bolsón está siempre presente. De hecho yo recomiendo a todo el mundo en mi situación que se hagan con un chaleco y una capa para, en caso de emergencia, abrazar con todas las de la ley su nueva identidad como hobbit. Afortunadamente mi peluquero es un sol y me dejó guapísima, en plan mirarme de reojo en los espejos y sonreír. Todo esto sucedió el mismo día en el que Trump amenazó con borrar del mapa Irán, esto es, apretar el botón de la bomba nuclear y destruirnos a todos por el camino de su inabarcable estulticia y egocentrismo ridículo. Y yo mirándome al espejo -que es algo rarísimo en mí- y tocándome el pelo, ahora con flequillo, ahora para atrás, ahora con volumen, ahora detrás de las orejas y pensando que si el mundo se iba a acabar a mí me pillaba lista para el primer plano, señor De Mille. Y me entró la risa. Y esa noche conseguí dormir a pesar de la amenaza de levantarme y ver el mundo -y mi mundo- hecho unos zorros.

Mi marido siempre me dice que soy capaz de reírme de cualquier cosa. Y lo dice como un elogio. Tiene razón, me río muchísimo. También soy de lágrima fácil, ponme un perro delante haciendo monerías o una princesa Disney bailando y se me cae la lágrima. Hay quien piensa que la risa -y el llanto- son síntomas de inestabilidad y debilidad mental. Pero como ando con el ego subidísimo gracias a mi peluquero no me va a temblar el pulso en defender todo lo contrario: que la risa es un arma poderosa. Y también temible.

La risa es tan peligrosa que durante siglos las élites, que hasta el invento de las democracias liberales se identificaban con el Estado, se han preocupado en mantener su monopolio, al igual que han hecho con la violencia. Porque la risa ha sido el instrumento de los poderosos para humillar a los de abajo, la excusa de los abusones para vejar al débil, el pretexto del cerrado de mente para despreciar todo -y a todos- lo que no entiende, el bozal con el que se quiere silenciar al disidente, al discordante. Pero en manos de los de abajo, en manos del pueblo, la risa destruye los pedestales construidos con arcilla a los que se suben los poderosos, los iguala -como la muerte- al resto, les roba la "gravitas" con la que justifican su poder y arbitrariedad, les humaniza y les recuerda que todos somos, en algún momento de nuestras vidas, risibles, falibles, ridículos. También ellos. Sobre todo ellos.

En tiempos en los que las élites, con los dueños de Silicon Valley a la cabeza, sueñan con recuperar el orden del Antiguo Régimen y deshacer los principios de la Ilustración para volver a encarnar el Estado -incuestionable, inconmovible, caprichoso, autoritario, corrupto-, debemos recuperar el poder disuasorio y subversivo de la risa. Porque esta pone a prueba las costuras de ese invento maravilloso que llamamos democracia. En Atenas, por ejemplo, las comedias, que se representaban delante de toda la polis, eran las que realmente testaban el compromiso democrático de las élites, pues en ellas era donde se las dejaba expuestas al escarnio público, desnudadas y ridiculizadas ante toda la ciudad, incluidos los esclavos. Este era el peaje que había que pagar si se quería ostentar el poder -político, religioso, económico, moral-. Porque solo los tiranos -y los idiotas- prohíben que se rían de ellos.

Por eso, que en España la judicatura mire hacia otro lado cuando se acosa en los portales de las casas a políticos o periodistas, se pide “cuneta” para una sindicalista o cuando se ahorcan muñecos con la imagen del presidente, pero que se muestre implacable si alguien hace un chiste sobre Dios o ETA -dos entes inexistentes, pues la banda terrorista vasca cesó toda actividad armada en el año 2011 y desapareció en el 2018-, es un síntoma de una enfermedad más que preocupante. Toda una revelación, no solo de la falta de sentido del humor de la que hacen gala algunas de sus señorías, sino sobre todo de su intolerancia y arbitrariedad y, principalmente, de lo confundidos que parecen estar sobre cuestiones tan fundamentales como su papel como garantes de la democracia, el laicismo y la libertad de expresión.

Y es que la risa bien usada -de abajo hacia arriba- es emancipadora y contestataria. Porque la risa no elude el conflicto, lo enfrenta, lo desafía. No es superficialidad ni banalidad, sino compromiso con la vida y el mundo que te rodea, desenmascaramiento de la pomposidad, la arrogancia y la estupidez con la que se manejan las élites y los poderosos. Tampoco es conformismo, pues la risa lleva a la alegría y esta solo puede nacer del verdadero inconformismo que pone en cuestión el orden establecido. De esta manera la risa y la alegría de vivir deberían ser los ejes centrales en todo movimiento de izquierdas, progresista y emancipador, de todo proyecto que luche por acabar con las desigualdades y aspire a garantizar la buena vida -alegre, feliz, segura, agradable- para todos y todas sin excepción.

Pero hete aquí que en casa nos encontramos con una izquierda ceniza, triste y en perpetuo cabreo. Una izquierda que siempre está dando pellizcos de monja a sus aliados, que siempre acaba poniéndole peros a todo, escrutando dónde está la mácula que desvirtúa cualquier victoria, cualquier avance. Una izquierda -cada vez más minoritaria pero muy ruidosa- que ha hecho de su aguafiestismo militante su razón de ser. Una izquierda tan tristona y chirriante que ya es incapaz de reconocer los triunfos, mucho menos celebrarlos. Porque lo sucedido el pasado fin de semana en Hungría fue mucho más que la caída de Orbán y de su régimen, que se había convertido en la punta de lanza y en el laboratorio de las políticas de la internacional reaccionaria en Europa. Fue el anuncio del principio de algo. De un cambio impulsado por la sociedad húngara, que fue capaz de unirse para vencer a todo un vicepresidente de EEUU -por muy devaluado que esté este cargo en la actualidad-, a los señores tecnofeudales de Silicon Valley, al ejército de bots rusos y a un sistema electoral amañado y que hacía casi imposible la derrota del tirano húngaro. Una sociedad que se encontraba en una encrucijada y que eligió democracia frente a Reacción, alegría y risa frente al miedo, las presiones y las amenazas de Trump y Putin.

Esta izquierda de suspirito jesuítico está molesta por que la marea política por fin comience a cambiar, porque no son ellos los que lideran este cambio. Una izquierda mustia empeñada en negar lo que tiene delante de sus narices: que Europa parece dar muestras de que está despertando y de que es posible revertir la fiebre reaccionaria que nos empequeñecía, que nos estaba ahogando en miedo, odio y tristeza. Y es que hay -y siempre ha habido- una Europa que merece la pena, una Europa que quiere dejar atrás a las Von der Leyen y la severidad calvinista que nos metió en la trampa de la austeridad y alentó el resurgimiento del fascismo. Una Europa que, con todas sus sombras y máculas, salió masivamente a las calles a denunciar y exigir el fin del genocidio del pueblo palestino y la complicidad de la UE con Israel, Una Europa que grita No a la Guerra, una Europa que comienza a darle la espalda a la reacción, al enfado constante. Una Europa que sonríe, que desafía, que planta cara.

Resulta esperanzador que, en medio de tanta confusión y ruido, la resistencia a la Reacción, a la guerra, a las amenazas de matón de un Trump cada vez más acorralado, aislado y enajenado -incluso del propio movimiento MAGA-, esté personificada por dos italianos en camiseta fumando, bebiendo Campari y escuchando música de los ochenta en una terraza al sol. Una terraza que podría estar en Xixón, Berlín, Barcelona o Sofía. Una terraza europea que, cuando más lo necesitamos, representa la alegría de vivir, el compromiso con todo lo bueno de la vida y el desafío al gesto torcido, al mohín del que nunca está conforme, al dedito de señorita Rottenmeyer, al aguafiestas. Una Europa que por fin comienza a entender su papel en el mundo y que está perdiendo el pudor y el miedo de decirles a los cenizos, a los reaccionarios y a la mala gente que ya va siendo hora de que se vayan a la mierda.

domingo, 19 de abril de 2026

"POLARIZACIÓN ASIMÉTRICA". Daniel Innerarity y José Andrés Torres Mora, El País

NICOLÁS AZNÁREZ

Si la animadversión al adversario fuera equidistante, el rechazo al líder rival debería ser igual entre los votantes del PP y los del PSOE, pero no lo es

Que los políticos se enfrenten con mayor o menor dureza es algo que ha ocurrido siempre. Cuando hablamos de polarización como un fenómeno político peligroso para la convivencia nos referimos, sobre todo, a un clima social. Hablamos más de cómo actúan los electorados que de cómo actúan los líderes.

La polarización política no es solo un aumento del desacuerdo. Es algo más profundo y más inquietante: la transformación del adversario en un otro moralmente ilegítimo. Cuando la política deja de ser una disputa sobre fines, medios o prioridades y pasa a ser un juicio sobre la esencia del otro —sobre su decencia, su patriotismo, su legitimidad o incluso su humanidad—, la convivencia democrática entra en zona de riesgo.

La cuestión acerca de quién es el responsable de la polarización en España suele tener, en general, dos explicaciones. La primera atribuye la polarización exclusivamente al adversario: son “ellos” quienes crispan, quienes dividen. La segunda, algo más elegante pero no menos problemática, reparte la culpa entre todos: todos tensan, todos son responsables por igual. Esta equidistancia suele presentarse como ecuanimidad, pero a menudo es también una forma de pereza intelectual.

El mayor obstáculo para una discusión honesta sobre la responsabilidad de la polarización es la dificultad de acordar un criterio objetivo. ¿Cómo se mide? ¿Cómo se establece la responsabilidad? ¿Dónde empieza el desacuerdo legítimo y dónde la demonización? ¿Cuándo diríamos que un electorado está polarizado? Si no fijamos un criterio compartido, el debate sobre la polarización se convierte en una prolongación del propio conflicto que pretende analizar.

Si aceptamos que la polarización conlleva el odio al adversario o, cuando menos, su rechazo radical, entonces podríamos encontrar un indicador aceptable que nos permitiera poner números a nuestras intuiciones. Las opiniones sobre los líderes políticos no se construyen únicamente a partir de lo que hacen o dicen. Se construyen, en gran medida, a partir de cómo se califica lo que dicen: si se presenta como un error, como una discrepancia legítima o como una prueba de maldad moral.

El CIS pide cada mes a una muestra representativa de la sociedad española que valore, del 1 al 10, a los líderes políticos. ¿Cómo es el nivel de máximo rechazo de quienes votaron al PP en las últimas elecciones generales al presidente del Gobierno? ¿Y cómo es el nivel de máximo rechazo de los votantes socialistas al líder del PP?

Si la polarización fuera simétrica, entonces el rechazo extremo al líder rival debería ser parecido entre los votantes del PP y los del PSOE. Pues bien, lo que observamos en el barómetro de marzo del CIS es que el 67% de los votantes del PP le dan al presidente Sánchez un 1, la calificación más baja posible, mientras que el 32% de los votantes del PSOE le dan un 1 al señor Núñez Feijóo. De modo que, si la polarización de los electorados fuera simétrica, esos porcentajes deberían aproximarse; pero no lo hacen. Alguien podría argüir que la diferencia de valoración se debe a razones objetivas, y que la valoración de los líderes no está influida por la ideología de quienes los juzgan, pero lo cierto es que el porcentaje de 1 al presidente Sánchez, incluso entre los votantes del PP, crece fuertemente, cuanto más a la derecha se sitúan. Y lo mismo ocurre, aunque con mucha menos radicalidad, entre los votantes de izquierdas cuando valoran al señor Núñez Feijóo.

Mientras que una parte significativa de los votantes progresistas percibe al líder conservador como un adversario político con el que discrepa, entre los votantes conservadores predomina una visión del presidente del Gobierno como alguien moralmente inaceptable, incluso peligroso. Este clima no se genera solo a partir de los hechos, sino muy principalmente a través de los marcos interpretativos desde los que esos hechos son leídos. La polarización no es ni simétrica ni espontánea. No es irrelevante que, en ese contexto, el líder de la oposición haya hablado en varias ocasiones de encarcelar al presidente del Gobierno: no porque esas palabras sean jurídicamente viables, sino porque refuerzan la idea de que el adversario no es simplemente alguien equivocado al que mandar a la oposición, sino alguien que merece ser castigado con la cárcel. Esa lógica es profundamente corrosiva para la democracia.

Tal vez la pregunta decisiva es qué tipo de vínculo político estamos reforzando: uno basado en la afirmación de un proyecto común o uno sostenido por la negación del otro. De esa respuesta depende, en buena medida, la calidad de nuestra convivencia democrática. Lo primero es políticamente saludable: implica identificación, proyecto, expectativa. Lo segundo es negativo: se basa en el miedo, el desprecio o la hostilidad moral. Ambas dinámicas generan movilización, pero no producen el mismo tipo de democracia.

Si ambos electorados se cohesionaran por igual mediante el entusiasmo, entonces la valoración de 10 al líder propio debería ser parecida en ambos casos. Sin embargo, si atendemos al recuerdo de voto, mientras que el 24% de los votantes de Sánchez lo califican con un 9 o un 10, en el caso de Feijóo solo lo hacen el 7%. No es lo mismo: hay más entusiasmo extremo en el PSOE hacia su líder que en el PP hacia el suyo.

De todo lo anterior cabría extraer al menos tres conclusiones. La primera es que la polarización no es un hecho natural inevitable sino una estrategia cuidadosamente elaborada y en la que los actores políticos participan de diferente modo e intensidad. Unos son más polarizadores que otros y el criterio que aquí hemos empleado (el porcentaje de valoraciones mínimas, que de hecho suponen una descalificación radical del adversario) puede hacer que el debate acerca de quién polariza sea menos subjetivo (la culpa sería siempre de los otros) y menos equidistante (todos lo hacen por igual). La segunda conclusión es que la polarización es una estrategia tan tentadora cuanto menos se confía en sí mismo. Incidir en lo malo que son los otros pone de manifiesto que se confía poco en la bondad del propio proyecto. La voluntad de polarizar contra el adversario termina revelando más lo poco que se valora uno a sí mismo que la maldad del adversario. La tercera conclusión es más bien un interrogante acerca de cómo evolucionará la política en las sociedades democráticas. Hoy por hoy, la política del rechazo parece electoralmente más beneficiosa que la política en positivo. Esto es así al menos a corto plazo, pero cabe preguntarse si no hay una recompensa electoral para quien formula sus propuestas políticas sin necesidad de descalificar al adversario, si es tan atractiva y viable una política fundada exclusivamente sobre el rechazo al otro. Polarizar es una manera de infravalorar la capacidad de la gente para identificar lo mejor y suponer que su juicio político se reduce a rechazar aquello que hemos descalificado como lo peor.

sábado, 18 de abril de 2026

"UN ACUERDO CONSTITUCIONAL QUE INCITA AL ODIO". Violeta Assiego, elDiario.es

El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron

El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para gobernar en coalición la Junta de Extremadura no es una deriva ideológica más, es una quiebra de nuestro modelo constitucional. No estamos ante un programa político con el que disentir, estamos ante una arquitectura de exclusión y violencia institucional que reproduce, con perversión inquietante, las políticas que Donald Trump ha instalado en Estados Unidos. Un sistema que legisla para discriminar, que decide quién merece la protección del Estado y quién no. Ahora son las personas migrantes, mañana, las racializadas. Después, las personas con discapacidad, las comunidades gitanas, las disidencias sexuales... La exclusión es solo un primer paso de la dominación, la opresión… de la violencia.

Los líderes de Vox celebran públicamente el acuerdo como “un hito histórico” y alardean de que esta es la primera vez en la historia política española en que la que se institucionaliza la discriminación entre españoles e inmigrantes en la planificación de las políticas sociales. El eje del acuerdo es la llamada “prioridad nacional”. No es un simple criterio de gestión administrativa, es la institucionalización de una jerarquía de derechos, de vidas. Es la legalización de la violencia institucional. El acuerdo plantea un sistema en el que el acceso a derechos sociales, económico y culturales como las prestaciones, la vivienda o los servicios públicos quede condicionado en función del origen, del arraigo o de la “vinculación con el territorio”. Distinguir entre quién merece derechos y quién no tiene un nombre preciso en nuestro ordenamiento: discriminación.

El artículo 14 de la Constitución no deja margen a la ambigüedad. La igualdad ante la ley no admite ciudadanías de primera y de segunda. Para hacer lo que propone Vox no basta reformar la Ley de Extranjería, como se compromete el PP; habría que cambiar la Constitución. Es más, con este acuerdo, ambos partidos tensan también la Ley Orgánica de Partidos Políticos, cuyo artículo 9 establece que los partidos políticos ejercerán libremente sus actividades, debiendo respetar la Constitución y la ley, al tiempo que su actividad deberá ajustarse a los principios democráticos. Este acuerdo ni los representantes políticos que lo promueven, no respetan la Constitución, y este acuerdo representa una actividad que no se ajusta a los principios democráticos.

Las medidas concretas revelan la magnitud del problema. Vox sabe (como lo sabe el PP) que hay conflictos de competencias insalvables y claros vicios de inconstitucionalidad en lo que dicen que harán. Pero su intención va más allá de ocupar gobiernos. Quieren ocupar las mentes, corromper la convivencia, lograr que lo que hoy resulta inadmisible empiece a parecer razonable. Porque una vez introducido el principio de “prioridad nacional”, lo que se erosiona no es solo el acceso a determinados derechos, sino el fundamento mismo de la igualdad. Se instala la idea de que hay personas más legítimas que otras para ser protegidas por lo público. Y cuando eso ocurre, la exclusión (la limpieza) deja de percibirse como una vulneración de derechos y empieza a justificarse como una opción política más.

El veto a la asistencia sanitaria a personas en situación irregular es directamente ilegal. El Tribunal Constitucional ya lo resolvió. La atención sanitaria, incluida la de urgencia, es un derecho subjetivo que ninguna norma autonómica puede retirar y el TC ya lo ha blindado. Vincular el acceso a vivienda y ayudas públicas al arraigo o al empadronamiento prolongado contradice frontalmente los artículos 13 y 14 de la Constitución y la Ley 15/2022, que prohíbe expresamente la discriminación por origen nacional o étnico. El requisito de cinco a diez años de empadronamiento continuado para acceder a vivienda protegida es lo que la Directiva 2000/43/CE define como discriminación indirecta, es decir, una medida aparentemente neutra que produce un impacto desproporcionado sobre personas de origen extranjero, sin justificación objetiva ni proporcionada. La prohibición del burka y el niqab en espacios de prestación de servicios públicos vulnera el artículo 16 de la Constitución y discrimina a un colectivo singularizado por religión, etnia y origen. La supresión del programa de enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí choca con el artículo 27 de la Constitución y con compromisos bilaterales con Marruecos.

Pero es en el tratamiento de la infancia migrante donde el acuerdo muestra con mayor claridad su ruptura con el Estado de Derecho. Plantear la devolución de personas menores de edad no acompañadas excede las competencias autonómicas y vulnera principios básicos del ordenamiento español e internacional. El interés superior del menor, la prohibición de devoluciones automáticas y el deber de protección de la infancia en situación de desamparo son obligaciones jurídicas vinculantes, recogidas en la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por prácticamente toda la comunidad internacional (con la excepción de Estados Unidos y Yemen) y plenamente integrada en nuestro sistema jurídico. La infancia no puede ser tratada como un instrumento de control migratorio. La experiencia reciente lo confirma. En julio de 2021, los intentos de devolución de menores desde Ceuta fueron paralizados por los tribunales precisamente por incumplir estas garantías básicas.

Hay además una dimensión que va más allá de la inconstitucionalidad de cada medida, y es valorar el potencial de este acuerdo como discurso de odio institucional. El artículo 510.1a del Código Penal protege frente a quien fomente o incite la discriminación por origen nacional. El TEDH tiene establecido que para que exista discurso de odio no hace falta incitar explícitamente a la violencia, basta con incitar a la discriminación o ridiculizar a partes de la población. Es exactamente lo que el Tribunal aplicó en el caso Féret contra Bélgica, donde condenó a un político de extrema derecha por un discurso xenófobo dirigido a restringir derechos de personas migrantes. Cuando desde Vox se califica la discriminación entre españoles e inmigrantes de “hito histórico” y “eje estratégico” se producen declaraciones que, bajo ese estándar y el del artículo 510.1a del Código Penal, podrían sustentar una denuncia ante la Fiscalía Delegada en Delitos de Odio.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio. La extrema derecha ya no es una fuerza que presiona desde fuera, es una lógica que se integra en un gobierno autonómico. Por eso es muy importante que tengamos claro que pasar de la igualdad jurídica a la preferencia identitaria no es compatible con la Constitución y que la respuesta jurídica existe (recursos de inconstitucionalidad, conflictos de competencias, impugnaciones contencioso-administrativas). También es necesario que tengamos claro, que el daño más inmediato y profundo de este acuerdo no es lo que dice que prohibirá, recortará o derogará, es el marco mental que instala en la ciudadanía, en el pueblo español.

Pero el problema no es únicamente Vox. El problema es que el Partido Popular ha decidido asumir ese marco como propio y, al hacerlo, lo legitima y lo amplifica. La extrema derecha deja de ser una fuerza que presiona desde fuera para convertirse en quien dicta la lógica de un gobierno con un programa que sus electores no votaron, para eso ya hubieran votado a Vox. El PP es el que está desplazando el umbral de lo aceptable, el que está tensionando la Constitución y el propio sistema con tal de permanecer en el poder. Porque el daño más profundo de este acuerdo no es solo lo que pretende prohibir, recortar o expulsar, es el marco narrativo, de creencias y no-convivencia que instala. Es la idea de que se puede discriminar, excluir, prescindir de vidas. Ese es el verdadero peligro, sustituir el interés general que define a un Estado social y democrático de Derecho por una lógica de “prioridad nacional” que convierte los derechos en privilegios. Es renuncia al artículo 10 de la Constitución que dice que “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.”

jueves, 16 de abril de 2026

"DESPLAZAMIENTO ESPIRITUAL". Juan José Millás, El País

He ahí un grupo de personas apelotonadas en forma de enjambre alrededor de esa especie de abeja reina religiosa. He ahí por tanto un enjambre de cabezas cada una de las cuales reúne un enjambre de 80.000 millones de neuronas. He ahí también un enjambre de manos que forman una cadena hasta alcanzar el cuerpo del líder sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de matar con alegría a quien se le ponga por delante. He ahí, en fin, un grupo de pastores evangélicos pidiendo a Dios que Trump lo haga bien, que bombardee bien, que secuestre bien, que propague bien el sufrimiento por doquier. Demasiadas personas, demasiadas cabezas, demasiadas neuronas, demasiadas manos para la búsqueda de un fin tan miserable. Nos preguntamos qué pensarán en el cielo los enjambres de ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines de la jerarquía celestial reunidos en torno a Dios.

El botón de un bombardero es para muchos una extensión lógica de la fe. La oración se especializa. Las manos tocan con suavidad el cuerpo del líder, pero se mantienen alejadas de los cuerpos desgarrados por la metralla. Se mata con educación, se mata de traje azul y con corbata, mientras se supervisan las obras del gran salón de baile del ala este, o del oeste, ahora no caigo, de la Casa Blanca. La distancia convierte la violencia en abstracción y la abstracción en trámite burocrático. Usted y yo, ingenuos espectadores de este rito insectoide, sentimos un desplazamiento espiritual que nos asoma a una de las formas contemporáneas del espanto.

miércoles, 15 de abril de 2026

"LEBENSRAUM ISRAELÍ". Antonio Maestre, elDiario.es

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu,
muestra un mapa de "la maldición" en la ONU
Sé que les molesta que se les ponga al nivel de sus asesinos. Dejen de asesinar inocentes y no lo haré, pero no hay nada más parecido en el siglo XXI a su estrategia, técnicas y proceder que el sionismo de Netanyahu aplaudido y defendido por la mayoría de la población de Israel

El sionismo ha amenazado a España. Benjamín Netanyahu, un criminal de guerra, un genocida, ha amenazado a nuestra patria sabiendo que hay muchos quintacolumnistas del Likud en Vox y el PP viviendo con la nacionalidad española haciendo lo posible por perjudicar a nuestro país en beneficio de Israel y de una ideología ultra como el sionismo que es incompatible con los derechos humanos de sus pueblos vecinos y el derecho internacional. En España en la actualidad hay agentes operando al servicio de Israel en contra de los intereses de nuestro país interviniendo en la política nacional para favorecer a un agente externo. Este tiene un nombre tipificado en el código penal del 581 al 588 y castigado con muchos años de prisión.

Israel busca su lebensraum y la única posición moral aceptable es estar en contra de los criminales que lo llevan a cabo. El sionismo de Theodor Herzl no es más que una reelaboración con otras palabras del concepto del lebensraum o espacio vital que teorizó Friedrich Ratzel en el siglo XIX y el nazismo adoptó para sus teorías expansionistas de la mano de Karl Haushofer. La expansión criminal de Israel en Gaza primero, en Cisjordania de manera continua, y ahora en Líbano hasta el río Litani es una reelaboración de la expresión nacionalista alemana del siglo XX. Paul De Lagarde expresó a principio del siglo XX a través del concepto de volkisch la necesidad de Alemania de expandirse hacia el este que posteriormente fue inculcada en Adolf Hitler por Rudolf Hess que era un estudioso de Haushofer y De Lagarde. Estamos en la visión contemporánea de aquella expresión nacionalsocialista.

Las víctimas han aprendido de sus carniceros para llevar a cabo los mismos planes. Sé que les molesta que se les ponga al nivel de sus asesinos. Dejen de asesinar inocentes y no lo haré, pero no hay nada más parecido en el siglo XXI a su estrategia, técnicas y proceder que el sionismo de Netanyahu aplaudido y defendido por la mayoría de la población de Israel. No es el gobierno, es el pueblo entero con una minoría de opositores el que está defendiendo que el genocidio contra sus vecinos es la manera más efectiva de conseguir sus objetivos de seguridad vital. No es Netanyahu, ni el gobierno, ni el Likud, es Israel, el sionismo y sus cómplices por todo el mundo los que posibilitan esa expresión contemporánea del espacio vital hitleriano.

Pedro Sánchez se está convirtiendo en un faro de los valores humanistas ante los criminales de guerra de nuestro tiempo. Si Benjamín Netanyahu no está ya en la Corte Penal Internacional al nivel de Radovan Karadzic, Ratko Mladic, Ferdinand Nahimana, Bosco Ntaganda o Hans Frank es porque EEUU siempre protege a sus genocidas. Pero tendremos paciencia hasta que acabe en prisión. Aunque déjenme fantasear, aún mejor que ver a Netanyahu acabar en una cárcel de máxima seguridad sería que repitiera de manera voluntaria el espectáculo que nos brindó el genocida Slobodan Praljak cuando tras ser condenado a 20 años de prisión por los crímenes de guerra en Mostar nos obsequió con un suicidio en vivo que acabó convertido en meme. Qué maravilloso final sería ese para Bibi; una muerte convertida en burla para la eternidad.

Todos aquellos que nos atrevemos a definir como criminales y genocidas a los sionistas y sus propagandistas en España estamos siendo perseguidos judicialmente por los millonarios con proximidad en el poder a los traidores a la patria de PP y Vox. Pero no nos dan miedo. Informar siempre tiene un coste. El lobby ultra sionista y completamente desquiciado de ACOM, que tiene entre sus miembros a candidatos de Vox como Marcela Eigia, se ocupa de manera sistemática a perseguir a cualquiera que ponga en riesgo el relato propagandístico de la hasbara de la que participan personajes ilustres de nuestro espacio mediático como Pilar Rahola. Hay que ilegalizar a ACOM. Son un peligro para nuestra seguridad nacional.

Es incompatible defender los intereses de España y participar del relato sionista que está directamente vinculado a los intereses de Netanyahu, el Likud e Israel. La realidad es que tenemos a un agente extranjero realizando injerencias gravísimas en nuestro país mucho más preocupantes y ciertas que las que puede realizar Rusia. La principal amenaza a nuestra soberanía y seguridad se llama Israel, que considera que atacarnos también forma parte de su estrategia de lebensraum israelí. Patria o sionismo.

"HUMANIDAD E INHUMANIDAD". Manuel Rivas, El País 12 FEB 2017

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