sábado, 28 de febrero de 2026

"ORGULLO DEMOCRÁTICO". Luis García Montero, infoLibre.es 15 FEB 2026

Sentarse a escribir, igual que sentarse a escuchar, es una toma de postura ante la prisa, esa dinámica que enturbia la capacidad de pensar y nos empuja al mundo accidentado de las obsesiones. Cuando habitamos una situación difícil, el destino puede llegar a confundirse con la fatalidad y el futuro se hunde en la desconfianza como si cualquier deseo de luz estuviese condenado al fracaso. Tomar conciencia supone desde luego valorar las heridas, medir la gravedad, sentir los peligros, pero también implica una reflexión sobre las causas, un análisis de los acontecimientos y un compromiso con la esperanza. Se puede tratar de un compromiso activo, porque no tirar la toalla, no renunciar a la conciencia, debe ser algo más que sentarse a esperar los acontecimientos. La esperanza invita al activismo. Seamos activistas de la esperanza, un modo de espera en el compromiso de la propia conciencia.

Las dinámicas que atentan en los últimos años contra la democracia son evidentes. Más allá de los desalientos y las tristezas de la actualidad, la memoria puede ayudarnos a comprender el significado de las situaciones, y la comprensión de las causas facilita a veces que el desaliento se convierta en orgullo. Cosas de la edad y la poesía. La relevancia que el machismo ha recuperado ahora en el pensamiento reaccionario puede ser un buen ejemplo.

Confieso que se trata de un asunto que me afecta de manera especial, porque la poesía se relaciona de forma íntima con la educación sentimental de la sociedad. Los poetas herederos de Antonio Machado aprendimos que la historia no sólo pasa por las declaraciones políticas, sino también por el modo de decir amor, te quiero. Así que intentar comprometerse en la sociedad a través de la poesía supone siempre un esfuerzo por transformar los sentimientos más íntimos, esos que dialogan con el deseo, el miedo y los matices profundos de la palabra yo. ¿Qué digo yo cuando digo te quiero?

A principios de los años 80, hace más de 40 años, un grupo de poetas publicamos una declaración en la que asumíamos nuestro compromiso para conseguir una nueva sentimentalidad. La democracia no consistía sólo en poder votar cada 4 años. El franquismo había supuesto algo más que la cancelación del derecho al voto. Además de prohibir la libertad del pensamiento político, la dictadura había fijado una vigorosa instrucción sentimental fundada en un machismo imperativo.

Quien tenga edad para recordar las costumbres dictatoriales sabrá qué significa vivir en una sociedad fundada en el machismo, y no sólo porque la mujer dependiese legalmente del marido a la hora de tomar decisiones, sino porque la condición femenina se identificaba con el espacio de lo privado, la dependencia familiar, la incomodidad pública (en el trabajo, la literatura o las relaciones sociales) y la tarea natural de los cuidados domésticos. Si comparo la condición femenina que marcó la vida de mi madre con la que hoy define la vida de mis hijas, la distancia es abismal. Y yo me siento democráticamente orgulloso de esa diferencia. Creo, además, que la poesía, la cultura democrática, han ayudado mucho a transformar la sociedad.

Creo también que el protagonismo machista en el pensamiento reaccionario es una respuesta a los avances conseguidos por una democracia de la que, en medio de las dificultades, podemos sentirnos orgullosos. Y podemos comprender así las estrategias reaccionarias: un esfuerzo por no hablar de los derechos legítimos en la igualdad, una apuesta por convertir cualquier avance justo en una amenaza. Las mujeres son un peligro contra los hombres. De ahí la confusión que un pensamiento conservador e indignado busca a la hora de denunciar cualquier progreso, convirtiéndolo en un peligroso desarreglo social.

Y puestos a sentir orgullo, me hago una pregunta que nos invita a seguir pensando. El apoyo de las élites económicas, los oligarcas de las tecnológicas y las grandes multinacionales a la extrema derecha antidemocrática, ¿no significa también que la democracia, pese a sus defectos y limitaciones, ha conseguido avances económicos en favor de la igualdad?

Para luchar por la democracia, además de los defectos, conviene sentirse orgulloso de lo conseguido. Y un poeta como yo, nacido en Granada poco después del asesinato de Federico García Lorca, tiene muchos motivos para sentirse orgulloso de nuestra democracia.

viernes, 27 de febrero de 2026

"INGERENCIA EXTRANJERA O MANGONEO TECNOLÓGICO". Clara Jiménez, El País

Cuando los magnates ponen las redes al servicio de sus propios intereses y tratan de moldear la conversación pública, hay que replantear la influencia que tienen en los asuntos internos de los países

Deberíamos buscar un término para definir lo que magnates tecnológicos como Pável Dúrov o Elon Musk están intentando hacer en España (y en otros países). No queremos llamarlo injerencia porque eso se le atribuye a estados, pero, ¿cómo llamamos a la presión política directa que viene de compañías internacionales que, en ocasiones, tienen un valor de mercado superior al PIB de la mayoría de países? ¿Qué hacemos cuando usan su acceso privilegiado a esas aplicaciones, que utilizan un gran porcentaje de ciudadanos, y los obligan a consumir su opinión? Cuando los magnates de la tecnología la ponen al servicio de sus propios intereses y tratan de moldear de manera directa e indirecta la conversación pública, entonces igual hay que plantearse que alguna influencia pueden tener en los asuntos internos de un Estado.

Los CEO de Telegram y X pueden tener opinión, faltaría más, y expresarla públicamente, incluso en forma de emoji de caca hacia el presidente español o hacia cualquier otro dirigente. El problema no es ese. El problema es la utilización de las estructuras de comunicación masiva de sus plataformas para que le lleguen a todos los usuarios de un país, también a los que no están interesados en su opinión ni la han buscado: desde la utilización del chat de soporte de Telegram por parte de Pável Dúrov para expresar su opinión sobre las medidas anunciadas por el Gobierno, al hecho de que cada vez que abres X lo primero que ves es un tuit de Elon Musk. Esto no es la primera vez que ocurre ni pasa solo en España.

En 2021, cada vez que un australiano iba a buscar algo en Google, se topaba con un banner de la propia compañía en que explicaba por qué estaban en contra de la legislación que pretendía aprobar el Gobierno de Australia para obligar a las plataformas a pagar por el contenido periodístico que usaban. En 2023, Google y YouTube, entre otros, consiguieron tumbar el Proyecto de Ley de las Fake News propuesto por el Gobierno de Brasil gracias a una agresiva campaña de lobby que incluía banners publicitarios en sus propios buscadores rechazando el proyecto. Este modus operandi no siempre está en contra del Gobierno de turno. En enero de 2025, los usuarios estadounidenses que accedían a TikTok se encontraban con un mensaje que avisaba de que la red social había sido prohibida por ley en EE UU. Ese mensaje también decía que “afortunadamente el presidente Trump” ya había dicho que reinstauraría TikTok una vez tomase posesión. Dos días después, TikTok volvía a estar disponible en el país gracias a una orden ejecutiva de Trump.

Podemos pensar que es legítimo que las plataformas utilicen sus propios sistemas como altavoz de defensa de sus ideas siempre que lo hagan de manera transparente y sin manipulación algorítmica. Pero estas intromisiones directas en las decisiones legislativas de un país aparecen cuando se pretende regular el ecosistema digital: no tienen un interés público, sino un interés privado. Mensajes como el del fundador de Telegram alentando a los españoles a luchar por sus derechos para que nuestro país no se convierta en un “Estado de vigilancia” no parten del buenismo de las grandes tecnológicas, sino de un interés de negocio y un rechazo a cualquiera que intente legislarles. Si bien esto no quiere decir necesariamente que los planes anunciados por el Gobierno sean adecuados o que los peligros que plantean Dúrov y Musk sobre ellos no tengan base.

Solo conocemos el anuncio de las medidas y es difícil valorar legislación sin texto legal, pero es comprensible que la idea de prohibir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales plantee tantas esperanzas como recelos. Ni una medida que pretende proteger a los menores puede convertirse de facto en el fin del anonimato en internet o en un mecanismo de control por parte del Estado para saber quién y quién no tiene un perfil en redes; ni las plataformas pueden ser por sí solas las garantes de este cumplimiento si esto les lleva a recopilar y procesar datos sensibles de todos sus usuarios, especialmente si son menores. Prohibir el acceso a menores es una de las posibles medidas, pero no la única. Los menores y todos los españoles necesitamos mucha más formación para afrontar las amenazas en internet, para cultivar el sentido crítico y la alfabetización mediática. La escuela y el hogar son espacios adecuados para tener este tipo de conversaciones y las administraciones pueden favorecerlas, empezando por incluir oficialmente estos temas como competencias transversales en el currículo educativo. A día de hoy, esto no ocurre de manera sistémica.

Sería fútil pensar que solo los magnates tecnológicos están intentando influir en la toma de decisiones legislativas sobre el espacio digital en otros países. Esta semana se ha publicado un informe del Congreso de EE UU en el que se acusa a la Unión Europea de llevar 10 años censurando el “contenido americano”. El informe, en realidad, es una crítica frontal a la legislación Europea sobre grandes plataformas, más en concreto, la Ley de Servicios Digitales.

Como parte de ese informe se adjuntan centenares de comunicaciones entre las grandes plataformas, la Comisión Europea, y las organizaciones de la sociedad civil (entre ellas la Fundación Maldita.es) en el marco del Código de Conducta sobre desinformación de la UE. En esas conversaciones se debaten medidas para proteger a la ciudadanía europea de los riesgos sistémicos de dichas plataformas en cuanto a integridad electoral, salud o protección de menores. Medidas con las que las plataformas estaban de acuerdo hasta el día en que Trump tomó posesión.

La soberanía de los Estados democráticos está siendo cuestionada por terceros que quieren hacernos creer que somos Bielorrusia. Nuestra democracia tiene sus defectos, muchos, pero no somos ni Bielorrusia, ni El Salvador, ni Corea del Norte. Tampoco Hungría. En este país habrá elecciones libres en 2027 (si no antes) y el Gobierno entrante tendrá que lidiar con los mismos problemas que el actual en lo que a soberanía digital se refiere. Para los magnates tecnológicos esto no va de qué políticas digitales concretas se adoptan en Europa o en España, sino de cuestionar que los Gobiernos democráticos tengan legitimidad para ponerle reglas a internet con el fin de proteger a la ciudadanía. Y esas personas, por ser dueños de una tecnología que usamos todos, tienen una influencia directa en el grado de libertad con el que formamos nuestras opiniones o con el que decidimos nuestro voto en esas elecciones. A eso es a lo que tenemos que poner nombre y atención cuanto antes.

jueves, 26 de febrero de 2026

"Edith Bruck, superviviente de Auschwitz: “El mal está dentro de nosotros”. Entrevista de Íñigo Domínguez, El País

La novelista húngara, nacionalizada italiana, es uno de los últimos testigos vivos de los campos de concentración nazis. Señala que los países no se enfrentan a su pasado

Edith Bruck, de 94 años, nació en un pequeño pueblo de Hungría en una familia judía muy pobre, en un ambiente hostil. A los 13 años fue deportada a Auschwitz con su familia y solo sobrevivieron ella y una de sus hermanas. Participó en la terrible marcha de la muerte de evacuación de Auschwitz, hasta ser liberada en 1945. Tiene un poema que dice: “Nacer por casualidad/ nacer mujer/ nacer pobre/ nacer judía/ es demasiado/ en una sola vida”. Pero es una vida que Bruck ha vivido intensamente, incluso sigue fumando, y la recuerda conversando con EL PAÍS en su casa del centro de Roma.

Tras dar tumbos por Europa e Israel, acabó en Italia en 1954, donde empezó una nueva vida en la que ha sido escritora, periodista, guionista y directora de cine. En 1959 publicó su primera novela, Quien así te ama (editorial Ardicia), donde narraba sus vivencias en el campo de concentración, telón de fondo de muchos de sus libros, poco traducidos en España. Además de su primera obra, en 2021 se publicó El pan perdido (Universidad de Salamanca). Pero en Italia es una institución, y hasta el papa Francisco fue a visitarla a su casa en 2021. No se cansa de recordar, se toma la memoria como una misión.

miércoles, 25 de febrero de 2026

"TE ESTÁN USANDO PARA JODER A TU ABUELO". Antonio Maestre, elDiario.es

Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas, y para llevarlo a cabo necesita aliados dentro de la sociedad

No existe el conflicto generacional. Es un invento del capital para facilitar el negocio de las pensiones privadas. Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas, y para llevarlo a cabo necesita aliados dentro de la sociedad. Los principales objetivos para ejercer como quintacolumnistas dentro de la clase trabajadora son los jóvenes que ven muy lejano el momento en el que se harán beneficiarios de una pensión, quien tiene difícil el presente es imposible que piense en el futuro lejano.

Cada vez que escuches a alguien hablar de Zeta, X, Millenial, Boomer, Alfa o categorizaciones similares basadas únicamente en el año en el que naciste para hablar de política económica échate la mano al bolsillo porque quiere robarte. A veces dirán que lo hacen porque eres víctima, pero solo es una estrategia para instaurar otro inmenso expolio de clase y fomentar una nueva etapa de acaparamiento de capital por parte de las capas más privilegiadas de la estratificación social. No es difícil saber quiénes son: los mismos que para solucionar el problema de la vivienda tienen como única medida relajar los impuestos para construir más sin poner límites a la especulación.

Todo discurso que niega el conflicto de clases para sustituirlo por el conflicto generacional tiene como objetivo ser funcional a una futura rebaja de las pensiones. Es normal que este debate sea liderado por esas personas que forman parte del colectivo en el que se quiere instaurar el estado de agravio y que sin verse afectados por tener una posición de clase favorable busca el favor del capital para mejorar en esa estratificación de clase. Su actitud es en sí misma una evidencia de que el conflicto es de clase y no generacional.

No es un discurso que tenga ninguna base intelectual seria ni deba tenerse en cuenta desde el punto de vista narrativo, es una retórica que tiene como objetivo mejorar su propia situación personal ayudando a los que quieren que las pensiones públicas desaparezcan para ser sustituidas por el jugoso negocio de las pensiones privadas. De forma paradójica la negación del conflicto de clases es una manera de confirmarlo porque buscan mejorar su situación profesional y aumentar su capital. Por eso serán acogidos con alborozo por todo el sistema extractivista para usarlo en su beneficio dando unas cuántas migajas al colaboracionista.

A los jóvenes de clase trabajadora que se sientan cercanos a este mensaje solo lanzarles una advertencia: te están usando para joder a tu abuelo. Es lo único que les interesa, y si eso no te convence porque solo piensas en tu presente, que sepas que un mensaje así no va a mejorar tu presente, pero sí ten claro que va a hipotecar tu futuro. La clase trabajadora que se siente atraída por el discurso de la lucha generacional perderá su juventud antes de que mejore su situación convirtiéndose antes de que se dé cuenta en el enemigo de ese mismo discurso que antes defendía. Los años pasan más rápido que los cambios estructurales a mejor mientras que los recortes de derechos son casi inmediatos.

Es lamentable asistir a discursos completamente desinformados sobre la estratificación social y que tengan espacio privilegiado en el debate publicado. No pido que desaparezcan los adanistas que se creen que inventan conceptos y relatos, pero al menos que tengan un mínimo de sentido del ridículo y lean lo que se ha escrito antes de provocar bochorno. No es posible hablar de clases sociales o negar las clases sociales sin atender todo lo teorizado por Karl Marx, Max Weber, Talcott Parsons, Ralph Dahrendorf, Pierre Bourdieu, Erik Olin Wright o Michael Savage. Al menos hay que tener un poco de vergüenza y no querer pontificar ante quienes sí los conocen y los han estudiado porque se os ven todas las costuras.

Personalmente siento un desprecio profundo por esa degeneración individualista que encabeza discursos lesivos para el colectivo solo para el beneficio propio. Es propio de trepas y advenedizos y es muy fácil identificarlos porque van buscando aquellos mensajes que favorecen a las elites para poco a poco adaptarlos y encabezarlos para lograr su favor. No es difícil hacer una leve prospección por los espacios mediáticos para identificarlos.

martes, 24 de febrero de 2026

"EL CANALLA COMO IDEAL: POR QUÉ EL NEOLIBERALISMO PREMIA AL QUE DESPRECIA". Daniel Seara, Spanish Revolution 23 MAY 2025

EL CANALLA ES EL NUEVO HÉROE DEL CAPITALISMO TARDÍO

Vivimos en una sociedad donde ser una buena persona no cotiza. Es sospechoso. Es “blandito”. Y el algoritmo, como el mercado, penaliza la ternura y recompensa la puñalada. ¿Para qué cuidar si puedes destacar? ¿Para qué empatizar si puedes pisar? Esa es la lógica que ha convertido el canallismo —esa mezcla de cinismo, egoísmo y crueldad sonriente— en una identidad aspiracional.

La bondad no vende. La ternura no viraliza. El sistema necesita antagonismo, ruido, conflicto. Porque si nos organizáramos desde el cuidado, si entendiésemos que nuestras vidas están entrelazadas, entonces empezaríamos a cuestionarlo todo: desde los sueldos de miseria hasta los algoritmos que deciden lo que vemos, lo que deseamos, lo que odiamos. Por eso el canalla no es una anomalía: es el ciudadano modelo del neoliberalismo. Agresivo, competitivo, narcisista. Perfectamente adaptado al desastre.

Lo grave no es que haya gente así. Lo grave es que les aplauden. Les votan. Les dan platós, micrófonos, editoriales. Les celebran como si fueran valientes, cuando en realidad no son más que cobardes con traje y community manager.

EDUCACIÓN PARA PISAR, INFLUENCERS DE LA CRUELDAD Y LIBERTAD SIN ÉTICA

Desde pequeños nos enseñan que hay que destacar. Ser los mejores. Brillar. Competir. Ganar. Y claro, en un mundo así, cuidar al de al lado no sirve para nada. Al contrario: te retrasa. Te hace débil. Así que aprendemos a mirar hacia otro lado, a justificar lo injustificable, a normalizar el dolor ajeno. Se educa para ascender, no para convivir. Y así, el canalla no solo sobrevive: prospera.

No es casual que los grandes referentes de la derecha contemporánea —Trump, Milei, Ayuso, Bolsonaro— sean modelos perfectos del canalla sin vergüenza. Han demostrado que se puede mentir, insultar, robar y seguir ganando. Porque si algo ha enseñado el poder en los últimos años es que ser mala persona sale gratis. A veces incluso da beneficios.

Y ahora, además, está de moda. No hay más que abrir TikTok. La crueldad se monetiza. La empatía, no. Hay influencers cuya marca personal consiste en burlarse de quien sufre, humillar al diferente, reírse del feminismo, del ecologismo, de los derechos humanos. Convertir en chiste lo que debería ser un escándalo. Y lo peor no es que lo hagan. Lo peor es que funcionan.

Lo llaman libertad de expresión. Pero no es libertad: es impunidad. No es personalidad: es violencia performativa. No es sinceridad: es brutalidad con aplausos. La nueva derecha emocional ha conseguido una cosa muy peligrosa: transformar la falta de ética en autenticidad. Y así, el canalla ya no se esconde. Se exhibe. Se enorgullece. Y se reproduce.

SER BUENA PERSONA ES SUBVERSIVO. Y LO SABEN

En este contexto, ser buena persona se ha vuelto revolucionario. Es ir a contracorriente. Es elegir la solidaridad en un mundo que premia la competencia. Es frenar un comentario machista en una comida familiar. Es no compartir el vídeo que humilla a alguien. Es poner el cuerpo cuando insultan a una compañera. Es decir que no a la deshumanización aunque lo digan los más seguidos, los más votados, los más influyentes.

La bondad es hoy un gesto de disidencia. Porque va contra todo lo que este sistema celebra.

Y por eso hay tanto empeño en ridiculizarla. Porque saben que si dejáramos de competir para empezar a cuidarnos, su mundo se vendría abajo. Porque no habría espacio para el fascismo si la empatía fuese hegemónica. Porque no podrían sostenerse los abusos si todas y todos nos atreviéramos a nombrarlos.

La pregunta es sencilla: ¿quieres ser el que levanta o el que pisa? El que suma o el que desprecia. El que cuida o el que escupe. Porque esa decisión no es solo personal: es política. Y urgente.

No necesitamos más canallas con megáfono. Necesitamos a quien, en medio del barro, elige no ensuciarse el alma.

lunes, 23 de febrero de 2026

"CUIDADO CON LOS PATRIOTAS". Luis García Montero, El País

Quien estudia la cultura desde que España se constituyó como nación en el siglo XIX comprueba el afán sucesivo con el que traicionan a su patria los que se llaman patriotas

Algunos estribillos históricos se repiten. Quien estudia la cultura desde que España se constituyó como nación en el siglo XIX comprueba el afán sucesivo con el que traicionan a su patria los que se llaman patriotas con un orgullo agresivo. Jovellanos vio como los absolutistas vendían España a los franceses para imponer sus privilegios frente a los liberales. El falso imperialismo españolista sobre Cuba y Filipinas facilitó que los procesos naturales de independencia y diálogo desembocasen en un feroz dominio imperialista norteamericano. Machado murió en el exilio cuando el llamado bando nacional preparó un golpe de Estado con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista para cancelar la democracia republicana. Y los escritores y artistas que intentan hoy con su trabajo afianzar en España e Iberoamérica los lazos culturales comunes, frente a una identidad norteamericana muy represiva, ven que la Comunidad de Madrid, el centro de la Madre Patria, concede la Medalla Internacional a los Estados Unidos de Donald Trump.

Prefiero aplaudir a Bad Bunny. No voy a explicar aquí los lazos que se forjan ahora en la fraternidad panhispánica amenazada, ni los esfuerzos para defender el español como lengua de herencia en favor de los más de 50 millones de estadounidenses que tienen una identidad hispánica. Me limitaré a dos cosas. Primero, recordar que los autoproclamados españolistas son siempre los más traidores a su patria. Y segundo, que merece la pena dar la batalla en favor de España. Así que celebro los insultos de los patriotas, loros de cloaca, programados para traicionar la convivencia en español y defender un nuevo caciquismo. Pueden decir que soy un rojo asqueroso y llamarme basura, comunista, pesebrero, comemierdas, viudo de una criminal, ladrón de dinero público y lameculos. Soy peor, pero bajo el tono para no atentar contra el Libro de estilo de estas columnas.

domingo, 22 de febrero de 2026

"CONTRA LA FRUSTRACIÓN". Juan José Millás, El Faro de Vigo

No basta con advertir de los peligros de la derecha si, al mismo tiempo, no se ofrece una imagen clara de mejora tangible

En los últimos días, a raíz sobre todo de los movimientos impulsados por Gabriel Rufián -ese llamamiento a construir un frente común de izquierdas porque “lo que viene no se para con siglas”-se ha instalado una idea que muchos, en la ensalada de partidos que conforman las fuerzas progresistas, comparten: hay que unirse para frenar el avance de la derecha. La propuesta seduce desde el punto de vista táctico. El problema aparece cuando se examina atentamente el contenido de la proposición. Porque el mensaje que acaba llegando al ciudadano no es “vamos a mejorar su vida”, sino “vótennos para que no ganen los otros”. Y el miedo, ya se sabe, moviliza un rato, pero no construye proyectos vitales.

La izquierda parece hablar hoy más del adversario que de la vida cotidiana de sus votantes. Mientras tanto, mucha gente que ha venido apoyando programas presentados por fuerzas progresistas, siente que su horizonte se estrecha: la vivienda se vuelve inalcanzable, el ahorro una rareza y la idea misma de hacer planes a largo plazo algo casi extravagante. No es una cuestión ideológica, tampoco una bronca de carácter académico. Es una cuestión doméstica: llegar a fin de mes, imaginar el futuro sin vértigo.

Por eso el discurso defensivo resulta insuficiente. No basta con advertir de los peligros de la derecha si, al mismo tiempo, no se ofrece una imagen clara de mejora tangible. El votante medio no quiere participar en una guerra permanente de trincheras; quiere saber si podrá pagar un alquiler sin hipotecar la mitad de su sueldo o si tendrá alguna oportunidad real de estabilidad. Quizá el problema no sea solo la falta de unidad, sino la falta de concreción. Bastaría tal vez un programa mínimo, un programa que cupiera en medio folio, un programa de cuatro o cinco compromisos claros, verificables, y la promesa -casi notarial- de ejecutarlos en meses, no en décadas.

La política española ha abusado de los grandes relatos y de las grandes alarmas. Tal vez ha llegado el momento de la modestia: prometer menos, precisar más y cumplir rápido. Porque quien renuncia a formar una familia por falta de medios materiales no vota contra algo; vota, simplemente, contra la frustración.

"ORGULLO DEMOCRÁTICO". Luis García Montero, infoLibre.es 15 FEB 2026

Sentarse a escribir, igual que sentarse a escuchar, es una toma de postura ante la prisa, esa dinámica que enturbia la capacidad de pensar y...