miércoles, 4 de marzo de 2026

"LA RESPONSABILIDAD DE LOS INFLUENCERS". Leila Nachawati, publico.es

La influencer Violeta Mangriñan publicó una fotografía
de un plato de jamón acompañada del siguiente texto:
“Feliz Ramadán”,  en sus redes sociales
En una entrevista reciente, a la influencer Violeta Mangriñán se le planteó una cuestión aparentemente sencilla: el motivo de su influencia. Con su característico estilo desenfadado y directo, ella devolvió la pregunta: "Dímelo tú, ¿por qué influyo?" No es banal plantearse esto en un ecosistema digital donde la relevancia es tan masiva como difícil de definir. Como la cuestión no se aclaró, decidí consultar a Gemini, la IA de Google: "¿Por qué influye Violeta Mangriñán?"

Esto responde Gemini: Violeta Mangriñán cuenta con más de 2.4 millones de seguidores en Instagram. Su influencia se basa en la exposición de su estilo de vida, maternidad y moda, generando un alto compromiso (engagement) que la convierte en un referente aspiracional para una audiencia joven.

Es decir, cualquier mensaje emitido en su plataforma tiene un alcance masivo: desde los productos que recomienda hasta sus rutinas o viajes, pasando por las polémicas que desata. La última ocurrió el 22 de febrero, cuando publicó una fotografía de un plato de jamón acompañada del siguiente texto: "Feliz Ramadán". Una imagen ante la que le llovieron críticas, insultos y hasta amenazas de muerte.

¿Cómo reaccionó Mangriñán a la polémica? Siguiendo un patrón ya habitual en estas situaciones, hubo una fase de pánico en la que la influencer dijo haber pasado "dos días encerrada en el baño, llorando". Después llegaron las disculpas, formuladas como un trámite para salir del paso. Hace tiempo que se advierte que "Pido disculpas a quien se haya podido sentir ofendido" no es una disculpa porque no incluye el reconocimiento de qué se ha hecho mal, a quién y por qué. Si esa reflexión no existe, por tanto, más vale no disculparse. Como colofón al episodio, Mangriñán añadió que, dado el nivel de hostilidad recibido en redes, recurrirá a escolta privada para protegerse a ella y a sus hijas durante todo el mes de Ramadán.

¿Qué ha hecho realmente la influencer? Desde luego nada delictivo. Tampoco nada que justifique que reciba agresiones o amenazas. Simplemente ha hecho una broma de mal gusto, pero la ha hecho en un terreno abonado.

En el contexto actual (español, europeo, occidental), las personas musulmanas conforman el principal colectivo estigmatizado en nuestras sociedades. Son el gran "Otro", quienes sufren el mayor proceso de deshumanización sistemática, un fenómeno que guarda muchos paralelismos con el que sufrió la población judía a principios del siglo XX.

Recordar esa etapa histórica ayuda a entender lo que está en juego, y hasta qué punto la violencia contra el otro requiere del lenguaje para normalizarse.

Como explicaba el filólogo alemán y judío Víctor Klemperer al analizar cómo se inoculó el odio en la Europa de los años treinta, el lenguaje no solo refleja la violencia sino que la prepara. Y es que ciertas expresiones o burlas, cuando se ceban en quienes ya son objeto de escrutinio, actúan como "pequeñas dosis de arsénico": las tragamos sin darnos cuenta y, aunque parezcan inofensivas, sus efectos se acumulan y acaban siendo tóxicos.

Para ver cómo opera esta maquinaria hoy basta mirar a Estados Unidos, donde las más altas esferas del poder global lideran esta dinámica. El propio presidente Donald Trump difundía recientemente un vídeo generado por inteligencia artificial en el que Barack y Michelle Obama aparecían representados como monos. Lo que desde su equipo se intentó justificar como un simple meme no tiene nada de broma inocente: es un ejercicio abierto, sin tapujos, de racismo y deshumanización del otro. Son los líderes políticos más extremistas quienes marcan el paso, pero hacen falta miles, millones de pequeños granitos de arena cotidianos para normalizarla.

Con esto en mente, conviene cuestionar en qué medida las acciones, las palabras y los gestos de quienes disponen de grandes plataformas contribuyen a esa criminalización del otro. En un panorama marcado por el racismo institucional y la normalización de los discursos de odio en la esfera pública, ¿qué tipo de imaginario nutren y refuerzan estas burlas, en particular entre los más jóvenes?

Ante el incendio social y (geo)político mundial que vivimos, es de agradecer que quienes disponen de un enorme altavoz lo usen para calmar ánimos y tender puentes, en vez de avivar el fuego que se ceba en los más vulnerables.

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