El camino a las urnas se abre en España con un elefante atravesado en medio: la migración. Si se trata de vivienda, se tratará de migración; si de sanidad y educación, de migrantes; y jalonando todo el trayecto estará la crisis de Ceuta, que a buen seguro impedirá cualquier debate propositivo. Es improbable que la derecha suelte ese hueso que tanto rédito electoral le proporciona en todo el mundo, la clave está en el modo que elija la izquierda para encarar el asunto. Sobre todo ello habla Gonzalo Fanjul (Oviedo, 55 años), director de Investigaciones de la Fundación Por Causa, que busca un nuevo tratamiento para el desplazamiento de las poblaciones. Este economista opina que la mejor fórmula para abordar la migración es el orden, pero no solo mediante controles fronterizos, sino un sistema de gobierno que ordene el empleo y el bienestar de los migrantes, porque de lo que no le cabe duda es de que son fundamentales en las sociedades que les acogen: la demografía manda. El libro que acaba de publicar tiene un titular elocuente, Contra las fronteras, editado en los Cuadernos Anagrama, donde disecciona con brevedad y claridad expositiva el momento y las soluciones al elefante que se ha cruzado en la política, la economía y la sociedad.
Fanjul se fijó en el programa electoral de los socialdemócratas suecos, que han ido a elecciones recientemente, por ver si estaban en la línea restrictiva de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, o tomaban otra senda. Se sorprendió: “Me di cuenta de que habían decidido no hablar de migración, sino mencionar, sencillamente, los temas que preocupan a la gente. Y en realidad, la buena política migratoria se deriva de la buena política del bienestar. Si tú planteas un estado de bienestar ambicioso, en materia de vivienda, de educación o de salud, inevitablemente vas a tener que alimentar la base de la pirámide, porque vivimos en sociedades envejecidas donde hace falta mano de obra y empleo de calidad. Lo que hay que hacer es incorporar a esa población no solo a la solución económica, sino a la solución política también, encontrando discursos que no distingan entre migrantes y nacionales, sino que los incorporen, y ahí es donde yo creo que la izquierda tiene un desafío”.
Parafraseando al economista Branco Milanovic, defiende Fanjul que la desigualdad ya no es un factor de clase, o no solo, sino más bien de localización, es decir, de dónde le ha tocado a uno nacer, da igual lo meritorio de tu esfuerzo, si naces en según qué país, las oportunidades te dan la espalda. Pero las clases existen, y se quejan. El ‘pobres contra pobres’ se deja sentir. “No solo queremos evitar que se deteriore el sistema de reglas que tenemos, no solo queremos una propuesta proactiva en materia de movilidad laboral, sino que además, y ese es el tercer elemento clave, tenemos que conseguir que esto sea recibido y percibido como algo que opera en beneficio de todas las partes involucradas. Aquí de lo que estamos hablando es de la conformación de una nueva clase obrera, si se quiere plantear en esos términos, pero de una clase trabajadora que es diferente a la del pasado. Y el error de la izquierda, yo creo, es haber caído en la trampa de seguir distinguiendo entre nativos y migrantes de una manera casi patológica”.
Esos compartimentos estancos, sostiene, atrapan a los reformistas en una esquina defensiva, en lugar de plantear “cuál es el modelo del Estado de Bienestar que requieren las comunidades de hoy y del futuro, inevitablemente más diversas. Porque lo que es estructural es la transición demográfica”.

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