jueves, 1 de septiembre de 2022

"EL LEGADO DE LAS ABUELAS CONTRA LA DROGA, UNA VIDA EN PIE". Por Fabiola Barranco en elDiario.es (29 de agosto de 2022)

En los 80 y 90 lucharon con uñas y dientes para salvar a sus hijos de la heroína y el sida. Hoy, ayudan a inmigrantes, protestan contra las casas de apuestas y tienden la mano a los más desprotegidos de la sociedad. Activistas desde antes de que existiera la palabra ‘activista’, abrazan la madurez vital desde la solidaridad. Es, dicen, el único camino

Ni Manuela Ramajo, ni Emiliana García, ni Paquita Sanjuán aparecen en los libros de historia de nuestro país, pero deberían. Estas tres mujeres, que ya han superado los 80 años, son memoria viva de nuestra historia reciente. Tres madres, hoy abuelas, unidas contra la droga, el veneno que inundó barrios y ciudades de toda la geografía española, que dejó la puerta abierta a otra pandemia, la del sida, y que generó una importante alarma social.

“En mi casa entró de lleno esta problemática. Mi hermano pequeño, mi hija y mi hijo acabaron en la droga”, rompe el hielo Manuela, sentada junto a sus compañeras para empezar a recordar esos años oscuros de dolor, pero también de lucha contra esta lacra. “Estábamos muy unidas y organizadas”, destaca, orgullosa, para dejar siempre patente ese espíritu de grupo en el que colectivizan sus problemas y comparten sus éxitos, y que tanto las caracteriza. [...] 
En todos estos años no han bajado los brazos. Precisamente, en 2007 defendieron con fervor a la parroquia madrileña para evitar el cierre que había anunciado el arzobispo Antonio María Rouco Varela. Entre las luchas más recientes a las que se han sumado están las protestas contra las casas de apuestas desplegadas en los barrios más humildes y que tanto les recuerdan a los años en los que la droga se coló en sus hogares. Tampoco es extraño encontrarlas alzando la voz en las puertas de los centros de internamiento de extranjeros o recordando con dignidad a los muertos en el mar Mediterráneo, en su huida a una vida mejor, a las puertas de las instituciones cómplices de las políticas migratorias actuales.


miércoles, 31 de agosto de 2022

"LA CRÓNICA DE NUESTRA VIDA". Por Rosa Mª Artal (Zaragoza, 14 de marzo de 1949) en elDiario.es (18 de agosto de 2022)

Seguir luchando por un mundo mejor, quien se anime y tenga fuerzas. Atender a los seres queridos y a la familia social en un sentido amplio. Oponerse y denunciar con más brío lo intolerable

Tengo un jardín que es un parque público. Cumple perfectamente su cometido: anuncia la primavera con flores en los almendros, reverdece en verano, estalla en el otoño pleno de exuberancia y, a veces, hasta acoge nieve en invierno. Jardín público, mis cuadros favoritos colgados en el museo Thyssen –para mí y para otros–, todo el conocimiento a un clic si sabemos elegirlo. Y a estas alturas hemos aprendido mucho, eso es la experiencia. Solemos imaginar el paso del tiempo de forma diferente a como llega a ser. Y creemos necesitar mucho más de lo que en realidad precisamos.

Nacimos a mitad de un siglo, el XX, repleto de transformaciones, que dio un salto espectacular en la historia. Crecer en España entonces fue duro y más aún siendo mujer. El diseño consistía en casarse, formar una familia y perpetuar el modelo que impuso la dictadura cortando las alas de modernidades previas.

Nos pilló de lleno, sin embargo, una época que abría horizontes en lugar de cerrarlos. Las ingenuas primaveras de las flores proclamaban una libertad real y los franceses se inventaron un mayo para llevar la imaginación al poder. Fue una época expansiva en lo económico hasta que dejó de serlo, como mandan los cánones de la hegemonía reinante.

Llegó a España la democracia que disfrutaban otros. Lo hizo recortada por la mano que todo lo ensucia aquí. Fue arduo también pero valió la pena porque se alumbraron conquistas irrenunciables. Y luego la Europa soñada que se expandía en innumerables caminos, aunque tampoco ella cumplió todas las expectativas.

Vimos caer el Muro de Berlín –en mi caso en primera fila– y engrosarse de inmediato el occidente capitalista. España fue evidenciando que para edificar desde las cloacas hay que limpiar a fondo primero.

A los viejos de hoy –ancianos, mayores, como quieran– no se les puede pedir más de lo que han dado. Si el desgaste del tiempo respeta capacidades esenciales y están cubiertas las necesidades suficientes, la autonomía para disfrutar de la vida está asegurada. Tienta menospreciar la vejez.

La pandemia aportó la durísima lección de políticos desaprensivos que priorizaban las vidas rentables como si de un mercado de piezas se tratara. Imperdonable error: esta es la generación que rompió todos los clichés, sostuvo este país, viajó a conocer otros acentos, se apuntó a revoluciones hasta sin saberlo, a internet abrazándolo con pasión. La que inventó el rock que nos hizo de alguna forma inmortales. Y la que además ayuda a los hijos, cuida a los nietos, y al tiempo disfruta de placeres antaño negados a esas edades como el sexo y vestir y vivir como les da la gana.

Cierto que no todos. Algunos olvidan los sueños para aferrarse a una estabilidad ficticia cuando es la edad en la que apenas se tiene nada que perder por intentar nuevas aventuras. Ya no importan tópicos como que la arruga de la piel mata la belleza. Y emerge en cambio lo irrenunciable, lo que llena la vida.

Seguir luchando por un mundo mejor, quien se anime y tenga fuerzas. Atender a los seres queridos y a la familia social en un sentido amplio. Oponerse y denunciar con más brío lo intolerable. Y sin privarse de continuar amando, sintiendo mariposas en el estómago y el placer de los sentidos. Seguir viviendo hasta que el tiempo se acabe.

martes, 30 de agosto de 2022

"CON MI PUEDO Y CON TU QUIERO, VAMOS JUNTOS, COMPAÑERO". Por Cándido Méndez, Exsecretario General de la UGT de España y Presidente de la Confederación Europea de Sindicatos, publicado en elDiario.es el 26 de agosto de 2022

¿No hay hueco en la representación para profesionales digitales, camareros, especialistas del automóvil o de la construcción, por citar algunas profesiones? ¿No es esto una restricción de facto del sufragio universal, merced al cual todos tienen derecho a elegir y a ser elegidos?

El próximo año se cumplirán 50 del poemario Letras de Emergencia, de Benedetti, que incluye el poema Vamos Juntos, emblema de la lucha obrera por la libertad y la transformación social. Es evidente en España el protagonismo de la clase trabajadora en la recuperación democrática y su influencia en el contenido de la Constitución del 78. Lo que no es tan evidente es su presencia activa, en su diversidad laboral y profesional, donde se debaten y deciden las leyes para el cambio social, en parlamentos y consejos de ministros. Se podrían decir que en estos años quienes pueden son unos, y quienes quieren, porque lo necesitan y son la gran mayoría, la transformación social, siguen siendo otros.

Michael Sandel, en su libro La Tiranía del Mérito resalta como a comienzos del nuevo milenio, en el Congreso, Senado y consejos de ministros hay una presencia abrumadora de graduados universitarios y una ausencia práctica de presencia, en relación con la actividad laboral o profesional, de los dos tercios de ciudadanos estadounidenses que carecen de estudios universitarios. La práctica ausencia de personas sin titulación universitaria en los parlamentos o consejos de ministros es ciertamente característica de esta era meritocrática, pero no es un fenómeno sin precedentes. De hecho, causa más que ligera inquietud comprobar que se trata de una vuelta a la situación imperante antes de que comenzara a extenderse el derecho al voto a la mayoría de la población. Es decir, el sufragio universal ha sido un éxito en términos de participación de todas las clases sociales en la votación, pero los elegibles no reproducen el universo de la diversidad profesional o laboral de la población.

En España la situación es similar. La información publicada sobre el perfil profesional de nuestros diputados es abrumadoramente universitaria, creo que hay solo una diputada que se autoidentifica como empleada de fábrica, y un diputado vinculado a la formación profesional. En la actualidad, está claro que tiene mucha incidencia, afortunadamente, la variante de género, pero las variantes de titulación académica y clase social, en los partidos de la izquierda, por supuesto tampoco los de derechas, no se contemplan.

Hace algunos años, ya no era responsable de UGT-E, fui invitado a una cena en el Círculo Ecuestre de Barcelona, por parte de una asociación de jóvenes titulados universitarios. Aquella fue una cena con los postres atragantados por la sinceridad. Recibí una andanada de críticas, casi ninguna benevolente y bastantes con razón, del papel de los sindicatos y por lo tanto, de mis más de 20 años de trayectoria al frente de la UGT-E. Mi interés no era tanto contrarrestar críticas, sí aceptarlas, sino saber cuál era su situación laboral. Y me encontré que la mayoría eran de consultorías, banca, fondos, etc. Solo había alguien de una empresa emergente, creo teleco, que se ganaba la vida con cosas tangibles. Todos tenían problemas de sueldos, pero sobre todo de horarios y casi ninguno estaba satisfecho.

Este año recibí una invitación para visitar un centro educativo en un barrio obrero, de la Fundación Padre Llanos. Lo más importante para mí fue el encuentro con chicas y chicos, de en torno a 16 años y de distintas nacionalidades de origen, todos españoles, estudiantes de Formación Profesional, que me hicieron una serie de preguntas, muy meditadas y bastante aceradas. Me acuerdo de las preguntas, pero no de la desolación de mis respuestas. Después, los directivos del centro me invitaron a comer en la escuela de hostelería, y pude ahondar, cavilando, en que no son visibles estas situaciones. Y llegué a la conclusión, semanas después, de que lo que oí a un buen periodista hablando de los problemas de los agricultores y de sus dificultades para que se supiera lo que les pasaba en esta crisis alimentaria y en relación al cambio climático, era aplicable a estos adolescentes porque no son, y probablemente no serán, visibles. Después de esta experiencia me dije, estas chicas y chicos que están aquí en enseñanza secundaria o Formación Profesional tienen que ser decisivos en construir el futuro de España, y tienen derecho democrático a representar sus esperanzas y sus modos de vida, más allá de las redes sociales, como pensé de los del Círculo Ecuestre de Barcelona, aunque estos tienen muchas más posibilidades de acceder a puestos de representación democrática, debido a su titulación.

En España y en la UE, donde la extrema derecha tiene bastante éxito entre los nuevos votantes y la izquierda tiene dificultades en conectar de forma estable con la mayoría social, creo que el aspecto de la composición de las listas hay que considerarlo. ¿Su composición va a seguir siendo de universitarios y la prioridad, estar más pendientes de lo que piensan los dirigentes que confeccionan las listas, que de lo que piensan y sienten los que votan? ¿No hay hueco en la representación para profesionales digitales, camareros, especialistas del automóvil, profesionales de la construcción?, por citar algunas profesiones. ¿No es esto una restricción de facto del sufragio universal, merced al cual todos, a partir de la edad legal, tienen derecho a elegir y a ser elegidos? El presidente del Gobierno insiste en sus mensajes en los últimos tiempos en que sus políticas están dirigidas a las clases medias trabajadoras, totalmente cierto; luego sería razonable que los destinatarios de dichas políticas tengan más participación legislativa y en su ejecución, a partir de este ciclo electoral.

domingo, 28 de agosto de 2022

"SÍ O NO, EN LIBERTAD". Por Rosa Mª Artal, publicado en elDiario.es el 26 de agosto de 2022

Manifestación en Pamplona
por la puesta en libertad de la manada


Educados en la sumisión, todavía tiene mayor mérito plantar cara y ser libre y autónomo. Cada vez más mujeres en el mundo crecen en la dignidad de ser y no acatar normas atávicas. Es un logro importante el de España esta ley de derechos

Hace unos días, la escritora Marina Perezagua publicó en El País una columna a la que he vuelto varias veces: Permitan que el amor rompa el alma de mi hija, lo tituló. Hablaba de cómo hemos sido educados en la sumisión al punto de –algunos- no notarlo. Son los domadores de animales salvajes quienes llaman “romper el alma” el proceso por el que se “domestica” y somete a las bestias.

En el proyecto de ser educados en la sumisión estamos la mayor parte de los humanos. Y, sin embargo, no por casualidad, pienso, los ejemplos que citaba Marina Perezagua eran los de una hembra orangutana en el Zoológico de Viena y de ella misma, ambas con sus bebés –dice- en los brazos apenas separadas por un cristal. La madre simia se acercó como a mostrarle orgullosa a su cría. Le iba a ir peor con toda probabilidad.

Si la tribuna me enganchó fue por el final en rebeldía de la madre humana, de Marina: “Mi hija aún no entiende, pero yo pronuncio para ella paria, insurrecta, desobediente. Yo escupo vino a las órdenes y guerras de mi patrón. (…) Intentaré que el amor sea lo único que te rompa el alma”. Hasta eso asumimos. A ellos también se les rompe sin duda, pero, en general, menos. Se recompone antes, quizás. Suele recomponerse en la mayoría de los casos.

El Ministerio de Igualdad que dirige Irene Montero ha sacado adelante la conocida como Ley del 'solo sí es sí' (Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual) que cambia radicalmente el concepto de juzgar la violencia sexual. El consentimiento pasa a ser reforzado e imprescindible y desaparece la figura del abuso, que se cambia por agresión. Los últimos años se han recrudecido este tipo de delitos al ritmo que lo hacía el machismo y las ideologías ultras. Las violaciones “en manada” y algunas sentencias escandalosas mostraron la imperiosa necesidad de actuar.

Irene Montero es atacada sistemáticamente. La delincuencia mediática la expuso hasta con las ecografías de su embarazo en una foto robada por un sicario cualquiera de estos medios, y las embestidas casi diarias en redes y publicaciones no han cesado. Parece la Enemiga número 1 del machismo en sus diversas modalidades y de ciertos sectores del feminismo. Nunca se amilana, no es un producto del adiestramiento en la sumisión. CONTINUAR LEYENDO


sábado, 27 de agosto de 2022

"PERMITAN QUE EL AMOR ROMPA EL ALMA DE MI HIJA". Marina Perezagua, 13/Ago/2022, El País

EVA VÁZQUEZ

Los domadores de animales salvajes conocen como “romper el alma” el proceso de sumisión de las bestias por el cual se logra que una foca aplauda o un elefante haga estupideces propias sólo de un humano. Es curioso que, a pesar de las evidencias del daño físico que conlleva esta cruenta metamorfosis (heridas abiertas, espaldas quebradas, mutilaciones), en este caso no utilicen un eufemismo, sino que llamen a las cosas por su nombre: romper el alma, una de las expresiones tópicas pero efectivas que se suelen utilizar cuando nuestro primer amor nos hace daño: me ha roto el alma. Pero qué ingenuos somos. Eso no es posible, porque antes de llegar a la adolescencia ya tenemos el alma rota, con una diferencia: nos han vendido su fractura como educación, ahorro, sentido cívico. Todos hemos sido criados desde niños en la ficción de que nuestra educación está diseñada para cimentar el ejercicio de una mayor libertad, de la que podremos gozar cuando seamos adultos. Lógicamente, esto no puede ocurrir, porque ejercitamos una instrumentalización orientada a la producción y que está absolutamente arraigada en las identidades y entidades que nos conforman, desde la escuela hasta los medios de comunicación que fijan estas estructuras defectuosas en las masas. De igual manera que no existe un pegamento que una los pedazos del elefante roto aunque sea liberado, vivimos en un chantaje prometedor de futuro hacia el niño, una transformación irreversible que pasa por un proceso encubierto de doma y mansedumbre, un sistema que por desgracia no permite que sea el amor el primer sentimiento que llegue a rompernos el alma, de frente, sin artificio, sin opacar la transparencia de ese dolor.

Estoy sentada en un banco del zoológico más antiguo del mundo. Fue fundado en 1752 como casa de fieras imperial del palacio de Schönbrunn en Viena. Hace años solía resistirme a entrar en cualquier zoológico, pero teniendo en cuenta que cualquiera de nosotros ha llegado a conocer la extinción total de diversas especies, oponerse a los zoológicos me parece un gesto escénico. Escribo esto sobre la estela de una emoción intensa que he vivido hace escasos minutos, frente al recinto acristalado de los orangutanes. Al fondo había un orangután que, al darse la vuelta, resultó ser hembra, y que sostenía a su bebé tal como en ese momento yo sostenía a mi hija de seis meses. Se fue acercando lentamente, hasta que lo único que se interponía ya entre nuestro olfato y nuestro olor era el cristal. Nos observaba mientras acariciaba la cabeza diminuta, con mechones dispersos y anaranjados de su cría, que con los ojos negros muy abiertos miraba a su madre de esa forma paradójica que contiene la mirada de los bebés: con más admiración que pensamiento. Cada vez se acercaban más personas que querían asistir a lo que parecía ser un insólito gesto de presentación por parte de la madre orangután. A pesar de la emoción que me provocó esa suerte de comunicación entre ella y yo, dos especies distintas de primates, sé que mi experiencia no ha sido única. Por las redes circulan vídeos con escenas similares. Otras madres han sido testigos de esta interacción por parte de grandes primates que se acercan para mostrar orgullosas a su bebé e interesarse por ese otro bebé que se encuentra al otro lado del encierro, con una mirada que no resulta más inteligente, una ternura que no resulta más humana.

Esto me lleva a recordar un episodio que viví en mis años de doctorado: conocí a un chico con el que me gustaba hablar, era inteligente, me divertía. Mi interés se transformó en repulsión en el momento en que me contó sobre su nuevo trabajo: le pagaban por criar, jugar, mimar y ganarse la confianza de las crías de chimpancé que llegaban al laboratorio de la universidad, de modo que, cuando hiciera falta realizar un nuevo experimento, él les tendiera la mano y ellos, confiados por el cariño programado y asesino, marcharan sin rechistar hacia la experimentación con su cuerpo. Esta persona utilizó palabras muy similares a estas, que recuerdo con precisión por el impacto que me causó su frialdad: “Confían en mí y vienen sin rechistar”. En otras palabras, esta persona se encargaba de eso que los domadores conocen como “romper el alma”, sólo en que en su caso la sumisión no llevaba al animal a hacer equilibrios sobre una pelota o a tocar una trompeta, sino a entregar sus córneas o partes de sus órganos.

Me repugnaba la figura del protector, del padre, como medio hacia la traición y la tortura. Entonces pienso en el cuento de Leopoldo Lugones en el que el narrador describe los experimentos que realizó con un mono que había comprado en el saldo de un circo arruinado, a quien llamó Yzur. Los experimentos se fundamentaban en una leyenda de la isla de Java que aseguraba que el hecho de que los monos no hablen no se debe a una incapacidad fisiológica o de inteligencia. Aludiendo a que no hay ninguna evidencia científica para que el mono no hable, la conclusión es que los monos no hablan para que no les hagan trabajar. A partir de esta creencia, el nuevo dueño del mono comenzará a torturarle gradualmente para intentar sacarle las palabras.

Si lo pienso, el trabajo de aquel chico de mi universidad y las acciones del dueño de Yzur no son tan extraordinarios en su crueldad como podría parecerme. Como a estas crías de chimpancé, todos hemos sido educados en la sumisión. Y nos han sometido con tal destreza que se trata de una sumisión que, en el caso de que lleguemos a descubrir, no estaremos dispuestos a enfrentar, porque para entonces ya no seremos capaces de renunciar a los mecanismos de sometimiento, que en muchos casos incluyen ciertas comodidades de las que no queremos prescindir. En los últimos años todos hemos podido sentir la fragilidad de la libertad individual, esa sensación de paz inestable, tornadiza, que antes sólo atribuíamos a países de políticas conflictivas, pero no creo que tengamos menos libertades que antes; es sólo que la pedagogía de la sumisión se ha hecho más evidente, aunque sigue sin importar. Esa es la tortura asumida. Antes de que el amor nos rompa el alma, el Estado ya lo hizo, no una, sino mil veces, todas ellas a traición, pero en el nombre del padre, del hijo, del educador.

¿Cómo mitigar para mi hija siquiera parte de esa pedagogía de la sumisión? Tal vez no deba contarle que yo misma he cometido delitos de los que no me arrepiento. ¿Le digo lo que de verdad pienso para que a base de quejarse corra el riesgo de terminar siendo lo que se conoce como una inadaptada social? ¿O la engaño enseñándole respeto y obediencia a la idiotez de ciertas autoridades para que acabe bailando al ritmo del organillo ciudadano? Aún no lo sé. Pero no creo poder inculcarle el don de la ceguera, porque no lo tengo.

Los experimentos con Yzur terminan con su muerte, pero en los últimos minutos de su agonía el chimpancé logra murmurar sus primeras y últimas palabras:

“AMO, AGUA, AMO, MI AMO”.

Estas palabras, no por azar, son de necesidad y sumisión.

Mi hija aún no entiende, pero yo pronuncio para ella paria, insurrecta, desobediente. Yo escupo vino a las órdenes y guerras de mi patrón. Yo le digo:

“Respetaremos el silencio de los monos que no quieren trabajar”.

Intentaré que el amor sea lo único que te rompa el alma.






"BAEZA Y LA POESÍA". Luis García Montero, 20 de agosto de 2022, infolibre.es

Segunda quincena de agosto. Quiero dormir un rato, un minuto, un siglo, / pero que todos sepan que no he muerto. Suelo recordar estos dos versos de Federico García Lorca todos los años en Baeza, cuando el aniversario armado y desalmado de su ejecución me sorprende en el curso de poesía que desde hace años organiza allí la Universidad Internacional de Andalucía. Numerosos alumnos, poetas y profesores nos reunimos para meditar sobre el presente y el pasado de un género que se mezcla con la historia y con todas las palabras de la vida.

Mi primer recuerdo poético de Baeza data de 1983, cuando acompañé a Rafael Alberti y Aurora de Albornoz a un homenaje que se dedicaba a Antonio Machado. Se trató de un acto de afirmación democrática frente al pasado del franquismo, porque 17 años antes la Ley de Orden Público de la dictadura, sus grises y su Brigada Político Social, había impedido otro homenaje: la colección de un busto del poeta realizado por el escultor Pablo Serrano. Amenazas, pistolas, multas y detenidos. 

La España oficial era incompatible en 1966 con la figura cívica de don Antonio. Se sabía mucho mejor representada por la imagen de Fraga Iribarne en bañador, en la playa de Palomares, metido en aguas y en miseria, demostrando que no se corría peligro después de que dos aviones del ejército norteamericano chocaran en pleno vuelo con cuatro bombas nucleares. Parece ser que esas bombas tenían 75 veces más poder de destrucción que la arrojada sobre Hiroshima.

Estaba yo convencido en 1983 de que los dictadores y los demagogos hacen bien en temer el poder de la poesía. No destruye ciudades, pero genera una rebeldía íntima contra las mentiras, las represiones y las injusticias que ensucian el mundo. Como sigo manteniendo esa militancia lírica, me conmueve pasear por las calles de Baeza, pasar por delante del Instituto en el que Antonio Machado daba clases de francés o por la casa en la que escribía, convivía con la pérdida de Leonor y soñaba una España distinta a la patria de charanga y pandereta que cubría con retóricas nacionales la humillante existencia de la desigualdad, la pobreza y la soberbia impudorosa de los ricos.

El fuego de los sueños pasa de unas manos a otras. Gracias a los viajes de estudios que organizaba la Universidad de Granada, el joven estudiante Federico García Lorca pudo conocer a Machado en Baeza. Músico y poeta, andaba ya descubriendo que es mejor ponerse de parte de los que aman que de los que odian, cerca de los que sufren y con los ojos y los oídos abiertos a las palabras de Rosalía de Castro, Juan Ramón Jiménez o los campesinos de los campos andaluces. El fuego de esos sueños es el que sigue alentando en Baeza cada verano, en unas aulas por las que han pasado ya muchas voces. Baeza y la lentitud humana de un tiempo almado desarmado, dispuesto a pensar en el sentido de la vida humana.

Este año se ha presentado en el curso el libro A ras de suelo. De la ciencia a la poesía transitando por el cáncer de mama (El ojo de Poe, 2022), una antología preparada por Margarita García Carriazo y Laia Bernet Vegué, dos médicas que investigan y tratan la enfermedad. Han hecho un trabajo emocionante, dedicado “A nuestros pacientes, mujeres y hombres, cuya vida cruzó y cambió la nuestra”. Cualquiera que haya sentido la vocación educativa podría decir lo mismo de su alumnado.

Llevamos años defendiendo que la conciencia cívica hace imposible separar la ciencia, la técnica y las humanidades. Si el conocimiento quiere ponerse al servicio de la sociedad, de cada una de las personas que la componen, no puede convertirse en un negocio. El saber es algo más que una mercancía. El deterioro de la sanidad y la educación es el mayor peligro del bien común, una lógica que maltrata las razones de un mundo cuidadoso, una dinámica habitada por enemigos íntimos de la poesía, gente sin fe en la dignidad de las palabras, los ordenadores, los cuerpos y los laboratorios. Ni sentimientos sin razón, ni razones sin sentimientos.

En Baeza hablamos de la necesidad de cuidarnos, de escucharnos, de sentir alegrías o padecer en común. Y cuando me despido de sus calles, de su instituto, su catedral y su plaza porticada, me gusta recordar a Antonio Machado y Federico García Lorca. Quiero dormir un rato, un minuto, un siglo, / pero que todos sepan que no he muerto. Se hace camino al andar.

"EL PENSAMIENTO VIVO DE AVERROES". Juan José Tamayo

Santo Tomás de Aquino confunde a Averroes', de Giovanni di Paolo (1445-1450) Andrés Martínez Lorca reivindica con maestría narrativa, ri...