viernes, 6 de octubre de 2023

"LENGUAS DE FUEGO". Un artículo de Irene Vallejo (El País 30 SEPT 2023)

Solo ama de verdad una lengua quien es capaz de amarlas todas. Anhelar el viejo mito del idioma único nos empequeñece

Cuando una relación se rompe, muere un dialecto. Enamorarse reaviva la alegría infantil de inventar palabras, un Génesis verbal. Forjamos frases que evocan un recuerdo compartido, sobreentendidos, expresiones corrientes con sentidos ocultos. Ideamos apodos, inflexiones nuevas —nuestras—, claves imposibles de entender fuera del círculo mágico. Nos excita ser comprendidos solo por los más íntimos. Y cuando al amar vamos explorando un cuerpo aún desconocido, creamos, dando nombre a sus rincones, una cartografía física cuyos topónimos nadie más pronunciará.

Al hablar nos comunicamos, pero también dibujamos fronteras. Los idiomas construyen el concepto del extranjero, el otro. Así, los griegos llamaron “bárbaro” al forastero que masculla un lenguaje incomprensible, borboteos de voz. “Barb” era la onomatopeya para balbuceos confusos. En revancha, nuestro “gringo” deriva de “griego”, aludiendo a un idioma embrollado. El término “algarabía” no es más que la adaptación de al-arabiyya, es decir, lengua arábiga, porque quienes la ignoraban solo intuían una bulla caótica. De “guirigay”, es decir, conversación incomprensible, deriva el atributo coloquial “guiris”.

La torre de Babel simboliza la multiplicación lingüística como maldición y castigo. Expresa la nostalgia por un pasado legendario en que la humanidad compartía el mismo idioma y era un solo pueblo. En aquel tiempo mítico, las palabras serían reflejo exacto de la realidad. Cuenta Heródoto que el faraón Psamético hizo un experimento para descubrir el habla primigenia, orgullosamente seguro de que sería el egipcio. Entregó a un pastor dos recién nacidos para que los criase en silencio. Sin interferencia humana, en una cabaña solitaria, con la sola compañía de unas cabras lecheras, su lenguaje sería el originario. Lo primero que aquellos niños farfullaron fue “bec” y de inmediato los eruditos de Egipto se exprimieron el seso para identificarlo. Pero lo cierto es que suena sospechosamente parecido al balar de las cabras, sus únicas amigas. Por supuesto, de sus bocas no brotó idioma alguno.

En el imaginario colectivo tendemos a jerarquizar los idiomas y los acentos. Los imperios y las regiones más prósperas imponen la música poderosa de su voz, mientras que un halo de fragilidad e intemperie envuelve a las más desprotegidas. Sin embargo, el valor de una lengua no depende de las cifras de hablantes: la nuestra nos importa por razones emotivas, al margen de sus dimensiones. Sentimos que alberga una mirada sobre el mundo, la melodía de nuestra memoria, una arquitectura de pensamiento, una peculiar manera de nombrar y alumbrar la realidad. Así nos enriquecen las demás también. Solo ama de verdad una lengua quien es capaz de amarlas todas.

Cada dos semanas se extingue un universo. Según las proyecciones, a fin de siglo habrán desaparecido la mitad de los idiomas que hoy subsisten. Un poema náhuatl traducido por Miguel León Portilla describe ese naufragio: “Cuando muere una lengua se cierra a todos los pueblos del mundo una ventana, una puerta, un asomarse de modo distinto al ser y la vida en la tierra. Espejos para siempre quebrados, sombra de voces para siempre acalladas: la humanidad se empobrece”. En una peripecia asombrosa, el geógrafo y naturalista Alexander von Humboldt encontró en una aldea, mientras exploraba en 1799 la cuenca del Orinoco, al último hablante de un pueblo exterminado, los atures. Se trataba de un loro que repetía sin comprender palabras aprendidas, como eco de un diálogo extinguido. Fascinado, Von Humboldt anotó 40 vocablos de ese diccionario desvanecido.

Frente a la antigua maldición, investigaciones recientes afirman que hablar varias lenguas entrena el músculo de nuestra mente: nos protege del deterioro cognitivo y expande el horizonte de nuestro pensamiento. Tal vez la mayor “barbaridad” sea marginar o despreciar algunas de ellas. Anhelar el viejo mito del idioma único nos empequeñece. Somos criaturas de la diáspora que, en la algarabía de Babel, abandonamos las cuevas de las diminutas tribus para compartir ideas, explorar lejanías y convertirnos en una especie mestiza: de trogloditas a políglotas.

jueves, 5 de octubre de 2023

"BILINGÜISMO". Un artículo de Luis García Montero. El País 25 SEPT 2023

Los diputados de Vox abandonan el Hemiciclo y dejan los
auriculares en el escaño de Pedro Sánchez en el pleno del martes
SAMUEL SÁNCHEZ
Estamos acompañados de palabras que nos abrazan, nos reciben y nos despiden, palabras que conviven ahora en libertad y que nos acercan a la verdad histórica de nuestra tierra

El poeta Joan Margarit afirmaba que tenía una lengua materna, el catalán, y una lengua casi materna, el castellano. Educado en la España franquista, vivió la represión contra el catalán y la consigna de estudiar en español. Un policía llegó a pegarle un pescozón para que hablase en cristiano. Pero este idioma es lo único que no pienso devolverle al franquismo, decía Joan, porque después de leer a García Lorca o a Neruda ya es mío. Recuerdo que en México, la noche antes de recibir el Premio Poetas del Mundo Latino, le conté la historia de un poema de Cernuda titulado Niño muerto. Se llamaba José Sobrino, uno de los 3.800 niños vascos que fueron evacuados durante la Guerra Civil, a bordo del transatlántico Habana, desde Bilbao al puerto de Southampton.

Cernuda fue uno de los encargados de cuidarlo. Enfermo grave, le pidió que le leyese un poema. Terminada la lectura, el niño dio las gracias y dijo que se iba a volver a la pared por pudor, porque no quería que nadie viera su cara mientras moría. Luis Cernuda escribió un poema, yo se lo leí a Joan en Aguascalientes, en su lengua casi materna, y me emociona descubrir el mismo sentido del pudor en su libro Animal de bosque, el libro que escribió acompañado de su familia mientras se estaba despidiendo de la vida.

Joan tuvo la suerte de ser bilingüe y de compartir el bien común de sus lenguas maternas no como dos sectas obligadas a enfrentarse, sino como una riqueza a la que no debemos renunciar por culpa de los fanáticos sin pudor que no saben vivir, convivir, morir y renacer con dignidad. Estamos acompañados de palabras que nos abrazan, nos reciben y nos despiden, palabras que conviven ahora en libertad y que nos acercan a la verdad histórica de nuestra tierra. Hay que ser muy soberbio para despreciar una lengua materna.

La muerte invisible de Mohamed en el corazón de los invernaderos de Almería. Un artículo de Antonio Morente publicado en elDiario.es el 26 de septiembre de 2023

Mohamed Amzahou, en una visita al
Mini Hollywood pocas semanas
antes de su muerte
El atropello mortal de un joven marroquí ejemplifica la situación en la que viven miles de personas que no existen para el sistema pero que son uno de los motores principales del potencial agrícola de la provincia

Mohamed Amzahou era parte de lo que llaman el milagro agrícola de Almería. Él estaba a lo suyo, que bastante tenía con el día a día, pero su trabajo –y el de miles como él– es un pilar básico en el mar de plásticos que factura frutas y hortalizas a toda Europa. Este joven marroquí de 22 años planeaba tirar para Bilbao, y llevaba siete meses en España con la mente puesta en los tres años que hacen falta para solicitar el arraigo que abre la puerta a un permiso de residencia. Nunca los cumplirá, porque Mohamed murió arrollado por un coche a mediados de agosto. Una colecta entre sus compañeros en el asentamiento de temporeros de El Hoyo, en el término municipal de Níjar, permitió enviarle el cuerpo a su madre. Hoy su chabola sigue en pie, porque vivía con su primo y un amigo y porque aquí no se desaprovecha nada, en cuanto hay un hueco es ocupado por alguien.

La historia de Mohamed adquiere hoy forma de relato porque alguien no quiso que cayera en el olvido como tantas otras. “Se merece que su nombre se sepa y que se cuente en algún sitio cómo esta provincia se enriquece a costa de chicos como él, de su terrible soledad y de su muerte callada”, apuntaba el mensaje que remitió a elDiario.es Lourdes, que prefiere figurar sin apellidos. Voluntaria de Cruz Roja, cuenta a este periódico que Mohamed asistía a las clases de español que da en los asentamientos, un “buen alumno, un chico encantador, muy alegre, siempre dispuesto y servicial”.

De su muerte se enteró atendiendo a un grupo de migrantes que había llegado en patera a la costa almeriense. Una compañera de Cruz Roja –“me lo quería decir personalmente, porque sabía que me iba a afectar”– le contó lo que salió en los periódicos: un coche le atropelló cuando iba con su bicicleta, ya oscurecido. Las informaciones no entraron en mayores detalles, sólo que la conductora del vehículo llevaba puesto el cinturón de seguridad y que el fallecido iba sin casco ni prendas reflectantes. Y aquello fue como la gota que colmó el vaso y la animó a escribir su mensaje, dolida por una muerte invisible, sin dejar ningún rastro tras de sí. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Douglas Rushkoff: “Los milmillonarios tecnológicos saben que están llevando el mundo al colapso y quieren escapar”. Un artículo de Carlos Castillo publicado en elDiario.es el 17 de septiembre de 2023

El nuevo libro del prestigioso investigador ahonda en una creencia que se extiende entre las grandes fortunas de Silicon Valley: “Para ellos, el futuro de la tecnología consiste en una sola cosa: escapar del resto de nosotros”

Cuando uno habla con tecnólogos capaces de explicar Silicon Valley desde fuera, todos coinciden en que los trabajadores del valle tienen una ideología propia que no es tan común fuera de él. “Conciben las computadoras como el futuro inevitable de la humanidad, casi como una religión”, explicaba a elDiario.es un científico experto en computación que trabaja para DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de EEUU.

Douglas Rushkoff es uno de los principales teóricos del mundo sobre Cultura Digital. Uno de aquellos investigadores que se acercó a Internet en sus primerísimas etapas y vio un abismo de posibilidades que entonces empezaba a conocerse como ciberespacio. Autor del profético lema “Programa o sé programado” en 2010, profesor de la Universidad de Nueva York y uno de los diez intelectuales más influyentes del mundo según el MIT, ha pasado los últimos cinco años estudiando una nueva corriente ideológica que ha surgido dentro de ese pensamiento típico del valle. Una corriente que ha denominado “la Mentalidad”.

“La Mentalidad”, cuenta en esta entrevista con elDiario.es, se da especialmente entre los multimillonarios que han hecho fortuna en la meca de la tecnología y que ahora buscan nuevos propósitos para ese capital: “Para ellos, el futuro de la tecnología consiste en una sola cosa: escapar del resto de nosotros”.

Explicar “la Mentalidad” y cómo esta guía los pasos de esos magnates es la tesis principal de su nuevo libro, La supervivencia de los más ricos. Fantasías escapistas de los milmillonarios tecnológicos (Capitán Swing), que sale a la venta en castellano este lunes. En él, Rushkoff (Nueva York, 1961), avisa que “los milmillonarios tecnológicos saben que sus negocios están llevando al mundo al colapso y quieren usar la tecnología para huir del resto de nosotros”.

“Antes, estas personas inundaban el mundo con planes de negocio descabelladamente optimistas basados en cómo la tecnología podría beneficiar a la sociedad humana. Ahora han reducido el progreso tecnológico a un videojuego que uno de ellos gana cuando encuentra la escotilla de salida”, explica. Para Rushkoff, los cohetes de Elon Musk o Jeff Bezos, el metaverso de Mark Zuckerberg o las mansiones-fortaleza en lugares recónditos como la que se ha construido Peter Thiel en Nueva Zelanda son ejemplos de esos intentos.

“Como la trama de una superproducción de Marvel, la propia estructura de la Mentalidad requiere un desenlace. Todo debe resolverse con un uno o un cero, un vencedor o un perdedor, los que se salvan o los que se condenan. Las catástrofes reales e inminentes, desde la emergencia climática hasta las migraciones masivas, sustentan el mito, ofreciendo a estos aspirantes a superhéroes la oportunidad de representar la apoteosis en su propia vida. Y ello porque la Mentalidad también incluye la certeza cuasi religiosa —y tan peculiar de Silicon Valley— de que sus acólitos podrán desarrollar una tecnología que de algún modo rompa las leyes de la física, la economía y la moral para ofrecerles algo aún mejor que una forma de salvar el mundo: un medio de escapar del apocalipsis que ellos mismos han creado”, describe Rushkoff.

La reunión
Todo empezó con una reunión en 2018. “Me invitan a dar muchas charlas sobre tecnología digital, y normalmente las mejor pagadas son con gente de negocios. Buscan pistas sobre dónde poner el ojo para sus inversiones”, explica el académico en entrevista con elDiario.es.

“Pero, este evento era diferente. Pensé que me habían llamado para dar mi charla normal sobre la tecnología digital, que por lo general soy yo tratando de decirle a la gente de negocios que no sea tan perversa. Que tengan modelos de negocio más responsables porque eso es mejor para sus clientes, o eviten los sistemas de vigilancia y control. Trato de mostrarles que hay otras maneras de hacer dinero con la tecnología digital además de explotar a la gente y extraer valor de sus datos, transmitirles algo de esa emoción del primer Internet. Pero este evento resultó ser para clientes muy ricos de uno de los principales fondos de cobertura, que había organizado una especie de encuentro de fin de semana”, rememora.

“Yo era como uno de los entretenimientos, una actividad opcional que se les había ofrecido para pasar el tiempo. Había un jugador profesional de golf, un masajista... Tenían un menú con un horario y podían elegir lo que querían hacer. Cinco de los invitados decidieron que querían pasar una hora con Douglas Rushkoff para hablar del futuro de la tecnología, como una de esas sesiones de Reddit de 'Pregúntame lo que quieras'. Así que la organización contactó conmigo”, continúa.

Milmillonarios o no, la reunión empezó con las preguntas que cualquiera haría a un académico como Rushkoff. “Empezaron con preguntas clásicas, como qué creo que va a pasar con el bitcoin o qué es mejor, realidad virtual o realidad aumentada. Pero hubo un momento en que uno de ellos sacó una carpeta, me mostró los planos para un búnker por si llega el apocalipsis, que él llamó ‘el evento’, y me preguntó: ¿Dónde es mejor que ponga mi búnker? ¿Alaska o Nueva Zelanda?”.

A partir de entonces el tono de la conversación cambió y sus interlocutores mostraron una cara nueva para el investigador. Denominaban a ese suceso catastrófico “el evento”. “Empezaron a interesarse mucho por este tipo de preguntas, acerca del suministro de agua en el búnker, en qué áreas del planeta hará demasiado calor, dónde habrá radiación. Solo para tomarles un poco el pelo, les cuestioné sobre que quién iba a proteger su búnker de nosotros, los que nos quedásemos fuera y necesitáramos su comida. Respondieron: ‘Oh, no te preocupes. Tenemos guardias. Tenemos acuerdos con un grupo de Navy Seals [un cuerpo de élite de operaciones especiales de la Marina de EEUU] para que nos protejan”.

Rushkoff explica que fue entonces cuando se dio cuenta de que esa conversación iba en serio. “Lo que de verdad querían saber era qué tecnologías podrían ser más útiles en caso de que llegara 'el evento'. Hablaron de implantes cerebrales, producción de energía, etc. Comprendí que lo que les interesaba era cómo aislarse del colapso al que saben que están llevando al mundo”.

“La Mentalidad”
El académico, que no esconde su tendencia marxista, escribió un artículo sobre lo que había ocurrido en su avión de vuelta a Nueva York y lo publicó nada más aterrizar. El texto dio la vuelta al mundo. Personas que conocían la existencia de esa corriente escapista contactaron con él y empezaron a darle más detalles de lo que se estaba moviendo. Incluso representantes de agencias que se habían especializado en construir ese tipo de mega-búnkeres para las personas más importantes del mundo le ofrecieron acuerdos para que promocionara sus productos en próximas reuniones como aquella.

No hubo más charlas así para Rushkoff. Cree que tampoco para otros expertos. “Desde que escribí el primer artículo creo que la mayoría de ellos han entendido que esa vía no va a funcionar. No pueden aislarse en comunidades tan pequeñas. Es lo que intenté explicarles: la única forma de escapar a esa catástrofe que temen es evitar que suceda. Pero no están siguiendo ese camino. Ya no piensan en búnkeres, pero no trabajan para evitar que el mundo (incluidos ellos) sufra. Siguen intentando escapar”, explica.

Así surgió la voluntad de analizar “La Mentalidad”, que describe como “un cientificismo acérrimamente ateo y materialista, además de la fe en la tecnología como método de resolución de problemas; la adhesión a los sesgos del código digital; la concepción de las relaciones humanas como fenómenos mercantiles; el miedo a la naturaleza y a las mujeres; la necesidad de ver las propias aportaciones como innovaciones absolutamente únicas y sin precedentes, y el impulso de neutralizar lo desconocido dominándolo y desvitalizándolo”.

A lo largo del libro, Rushkoff conversa con otros académicos y expertos sobre “la Mentalidad” e invita al lector a mirar las promesas de los multimillonarios tecnológicos desde ese prisma. A su vez, pide tener cuidado con una variante bienintencionada de ella, que defiende que problemas como el cambio climático pueden solucionarse invirtiendo grandes sumas en tecnologías que mitiguen los problemas de las que nos han traído hasta aquí.

“Sentía la necesidad de hacernos conscientes de que estamos al final de una historia de seiscientos años, que comenzó en el Renacimiento cuando decidimos que la ciencia podría controlar la naturaleza y que el dinero podría controlar a la gente. Eso ya no está funcionando. El tecnosolucionismo no nos va sacar de aquí porque se basa en los mismos problemas. Ellos piensan en construir una máquina que vaya en la parte trasera de un camión y capture el carbono. O que cada uno tenga su propia impresora 3D para reducir los desperdicios. Pero esas máquinas se basan en las mismas tierras raras que se extraen en África por niños en condiciones penosas. O en plástico y por tanto petróleo”, recalca en la entrevista.

Ciudades desde cero
Tras la publicación del libro de Rushkoff ha salido a la luz un nuevo proyecto que parece un eco de lo que el investigador describe en él. A finales de agosto una empresa llamada Flannery Asociados reveló que ha comprado cientos de parcelas del condado de Solano, entre San Francisco y Sacramento (capital del Estado de California) para levantar una nueva ciudad de la nada.

Los Flanneries, como les conocen los vecinos, habían estado cinco años comprando tierras sin revelar para qué las querían. La gran acumulación de terreno y la alarma social generada les ha obligado a revelar sus planes que, según han explicado, consisten en construir una urbe totalmente sostenible, movida por completo por energías renovables y diseñada para potenciar el transporte público o el aprovechamiento del agua.

jueves, 21 de septiembre de 2023

"NEGAR LAS ALARMAS, DUDAR DE LOS DATOS Y LOS EXPERTOS: POR QUÉ LA DERECHA RECELA DE LA CIENCIA. Un artículo de Javier Salas publicado en El País el 12 de septiembre de 2023

Los más conservadores desconfían de los científicos porque perciben que su identidad está en riesgo, influidos por las élites populistas y tras décadas de desinformación.

La derecha más radical tiene problemas con la ciencia. Es algo que innumerables estudios habían observado, pero desde la pandemia el problema se ha agravado porque gana importancia y se extiende socialmente. Y esa tensión asoma a menudo en el discurso político, en episodios como el que se vivió en torno a la dana en Madrid y la probabilidad de que sufriera un diluvio histórico. Las críticas contra la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y las alarmas de las autoridades, por parte de políticos y periodistas de derechas, llegaron mucho antes de que se cerrara el plazo de alerta roja. Algunos ciudadanos se lanzaron a la calle con el único ánimo de mostrar en redes sociales cómo desafiaban las peticiones de prudencia de las autoridades. Finalmente, al margen de alardes y controversias, murieron ocho personas.

Esta negación amenaza no solo la convivencia y la toma de decisiones informadas; también pone en peligro la vida misma de los ciudadanos de derechas, como demuestra lo sucedido en Estados Unidos en torno a la vacunación contra la covid. Un estudio publicado este verano por la Universidad de Yale muestra que, desde que las vacunas están disponibles, los votantes republicanos están muriendo a un ritmo muchísimo más alto que los demócratas.

El trabajo, publicado por la Asociación Médica de EE UU, analizó más de medio millón de muertes (en Ohio y Florida) y las cotejó con el censo de votantes registrados. El resultado de su análisis es demoledor: el exceso de mortalidad entre los votantes republicanos “fue un 43% más alto” que el de los demócratas. “La brecha fue mayor en los condados con tasas de vacunación más bajas”, concluye. Los votantes conservadores dudan de las vacunas y mueren, alentados por el populismo anticientífico.

El fenómeno es muy complejo y no para de crecer. En EE UU, la confianza en los científicos se desplomó en apenas un par de años en el flanco derechista de la ciudadanía: entre 2019 y 2021, mientras se mantenía por encima del 90% entre los demócratas, el procentaje de republicanos que se fían de investigadores médicos pasó de un 88% a solo un 66%. La desconfianza conservadora en los científicos en general ha crecido en ese periodo del 14% al 36%.

En España también se observa ya cómo esa parte de la sociedad se desengancha de lo científico. La socióloga Celia Díaz Catalán estudia la percepción que tienen los españoles de la ciencia y “en general, la confianza es alta, pero hay una mayor desconfianza en la ideología extrema de derechas”. El 40% de los ciudadanos más de derechas creen que muchas teorías científicas están completamente equivocadas, frente al 22,8% de la media general de todos los españoles; y un 54% de los derechistas opina que la gente confía en los científicos mucho más de lo que debería, el doble que la media. Estos datos son novedosos, pero hay una marea que venía de antes, según los datos de Díaz: “Ya se veían muchas más reticencias a considerar positivos los resultados de la ciencia. En general, la gente de la derecha desconfía más de este tipo de instituciones”. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 17 de septiembre de 2023

"INÚTIL TURISTA". Un artículo de Najat El Hachmi publicado en El País el 15 de septiembre de 2023

Lo que ha pasado con el terremoto de Marruecos demuestra que viajar a otro país solo sirve para consumir al otro convertido en cliché y colgarse la medalla de la distancia recorrida

¿Para qué sirve el turismo en realidad? Está la búsqueda de un paisaje distinto, una belleza desconocida, para renovar nuestra capacidad de asombrarnos ante el mundo (en rifeño las mujeres llamaban a esto “refrescar la mirada”). Pero paisajes bonitos y distintos los hay muy cercanos. ¿Por qué nos desplazamos a centenares, miles de kilómetros? En principio, nos mueve la curiosidad por lo lejano, por descubrir otras formas de vivir, pero desengañémonos: el turismo no solo no sirve para conocer al “otro”, sino que, en muchos casos, conformados los viajeros con decorados de cartón piedra y reconfortados por la confirmación de sus prejuicios, puede incluso ser contraproducente para el intercambio intercultural real. Primero, porque la relación entre turista y habitante está ya viciada de antemano; es un vínculo pervertido por las enormes necesidades materiales de los últimos y el poder económico de los primeros. Incluso los guías, muchos de ellos fabuladores de rica inventiva, lo alimentan al servicio de un imaginario que les entra muy bien a quienes van a pasar unos días, como mucho un par de semanas en el país que visitan. En Egipto, uno de estos creativos contestó a la pregunta de por qué tantos hombres tienen una mancha en su frente diciendo que es porque rezan mucho. Y el grupo se lo creyó porque era algo verosímil dentro de la visión que tenían del musulmán como ferviente devoto. Les dio igual que los rezos se hagan siempre apoyando levemente frente y nariz sobre mullidas alfombras.

Que hacer turismo solo sirve para consumir (consumir al otro convertido en cliché) y colgarse la medalla de la distancia recorrida lo demuestra lo que ha pasado con el terremoto de Marruecos. Si les pilla una catástrofe natural en alguna parte, procuren tener cerca a cualquier tipo de persona menos a un turista. Lo primero que hace el viajero superficial es irse corriendo, aunque tenga que pagar los billetes de avión a precio de oro y a su alrededor se amontonen los escombros bajo los que puede haber sepultadas personas vivas. Ahí es donde se demuestra lo desconectado que está emocionalmente de quienes hasta entonces observaba con curiosidad exotizante. No sabe nada de las manos que cocinaron esos deliciosos manjares que degustó con admiración ni de las que tejieron esa auténtica alfombra bereber. Ya ha pagado, ¿qué más quieren? Eso sí, luego regresará admirado de la enorme hospitalidad de unas gentes que te lo dan todo aunque no tengan nada. Nunca se le ocurre copiar de los marroquíes tan generoso y asombroso comportamiento.

sábado, 16 de septiembre de 2023

"IRAK: LOS MUERTOS SECRETOS DEL CNI". Un artículo de Rosa María Artal publicado en elDiario.es el 29 de noviembre de 2018

Los agentes del CNI asesinados en Irak
en 2003 fotografiados por sus compañeros
Son muertos de la guerra que nunca existió para quien metió a España en ella: José María Aznar. Cualquier país les hubiera rendido honores, en EEUU hubieran hecho películas con su odisea, aquí se les tapó desde el primer momento. Estos son muertos secretos, molestos
Pero la historia de esta tragedia, sus fatídicos e impunes errores, sus silencios, se ha ido tejiendo con los años pese a todo

Se cumplen 15 años de la emboscada fatal a dos coches del CNI español en Latifiya, al sur de Irak. Siete agentes murieron, uno logró escapar con vida, otro más había sido asesinado a las puertas de su casa veinte días antes. Son muertos de la guerra que nunca existió para quien metió a España en ella: José María Aznar. Cualquier país les hubiera rendido honores, en EEUU hubieran hecho películas con su odisea, aquí se les tapó desde el primer momento. En este aniversario redondo ya solo quedan algunos ecos.

Llama la atención el resurgimiento de Aznar, dando lecciones hasta de constitucionalismo –cuando ni siquiera votó la Carta Magna- y excluyendo del concepto a PSOE y Podemos. Sus prósperos negocios en paraísos fiscales manejando millones de euros. La verborrea y altanería de su ministro de Defensa entonces, Federico Trillo, cuando por enésima vez se exculpó en el Congreso de toda responsabilidad y toda caja B hasta en el Yak 42 y en la Guerra de Irak cuando le preguntaba Noelia Vera de Podemos. Porque ahí está su desastrosa gestión con las fuerzas que defienden la seguridad del Estado, bien con el que se llena la boca toda derecha, casualmente.

El periodista Fernando Rueda no deja de recordar estos días el aniversario, en las Redes, en su blog, en sus programas. Uno de los pocos. También Gervasio Sánchezcon un hilo en Twitter pleno de datos. Es todo, prácticamente. Pero la historia de esta tragedia, sus fatídicos e impunes errores, sus silencios, se ha ido tejiendo con los años pese a todo.

La invasión ilegal de Irak, gestada en las Azores, sin amparo de la ONU, se inicia el 20 de marzo de 2003. El 8 de abril es asesinado por fuego norteamericano el cámara de Telecinco José Couso que se encuentra en el Hotel Palestina junto con otros periodistas como Olga Rodríguez. Su muerte sigue impune. El 29 de Noviembre caen los agentes del CNI, en el mayor desastre contra los servicios de inteligencia españoles.

Han tenido que improvisar dos equipos al decidir Aznar el envío de 1.300 soldados como contribución a la invasión de Irak. El día de autos, cuatro de los agentes acaban de llegar para relevar a otros compañeros. Falta la preparación y el entrenamiento conjunto requeridos. Viajan en todorrenos sin blindaje. Y sin escolta. Así lo ha decidido el gobierno en Madrid.

Se añade otro grave error. Alberto Martínez González es conocido en Irak, él y su trabajo. Estuvo con los periodistas incluso en la muerte de Couso. Junto a su compañero José Antonio Bernal, ha enviado un informe afirmando que no hay armas de destrucción masiva. Ambos quedan muy expuestos con la radical postura del gobierno de Aznar. Más aún, Alberto Martínez consigue el traslado que ha venido pidiendo pero le obligan a regresar a Irak en agosto. Olga Rodríguez tuitea indignada cuando escucha a Aznar, ante una comisión del Congreso, decir que España no participó en la guerra.

El resto es una encerrona mortal. Llamadas sin respuesta pidiendo helicópteros de evacuación a la base. A Madrid, que no son recogidas. Más de una hora de tiroteo. Y las imágenes grabadas por SkyNews dan la vuelta al mundo haciendo una cierta elipsis sobre España. Los cadáveres sufren un tratamiento denigrante, son pisoteados por una turba, hasta por niños. Al traductor Flayeh al Mayali, iraquí de 58 años, profesor de castellano en la Universidad de Bagdad, le espera un calvario de interrogatorios y amenazas. Del que sale libre y sin cargos.

Alberto Martínez González, Pravia (Asturias), 1960, tenía 43 años. El resto edades similares. Carlos Baró Ollero, Madrid, 1967. José Merino Olivera, Madrid, 1954. José Carlos Rodríguez Pérez, Zamora, 1962. José Lucas Egea, Madrid, 1961. Alfonso Vega Calvo, Stuttgart, 1962. Luis Ignacio Zanón Tarazona, Quart de Poblet (Valencia), 1967. José Antonio Bernal que fue asesinado, a domicilio, veinte días antes, tenía 34. Y todos tenían además familia, hijos pequeños entonces, vida. José Manuel Sánchez Riera salió con vida y graves heridas visibles e invisibles.

Tiempo después, los periodistas Monica G. Prieto y Javier Espinosa encuentran al comando que reivindicó el asesinato de los agentes españoles. No confirmado. Mónica y Javier incluyen el relato en su libro “La semilla del odio”. Allí, a continuación, dicen, vieron nacer al Estado Islámico. El ISIS, sí. Aquella invasión tuvo un elevado precio.

Nada se escucha hoy al patrioterismo de hojalata sobre este trágico episodio. Ni a los mandos de entonces, ni a sus herederos ideológicos. Aunque andan estos días electorales con España en la boca y una seguridad a su medida. Su España. Estos son muertos secretos, molestos. Inolvidables para sus familias, para sus compañeros, para quienes los mantienen vivos en el recuerdo y las imágenes.

Tremendo e injusto caos que lleva a un desastre. Murieron con una enorme dignidad de la que carecen quienes les fallaron. Quienes lo siguen haciendo. Su vida fue un enorme gesto de generosidad hacia el bien común. No todos pueden decir lo mismo.

"NO ES CRUELDAD ES ENCARNIZAMIENTO". Noelia Adánez, Publico.es

Acampada en la Puerta del Sol de Madrid por el derecho a la vivienda S e han cumplido tres años del inicio del genocidio perpetrado por Isra...