martes, 7 de noviembre de 2023

"LA ECONOMÍA DE LA ATENCIÓN". Un artículo de Luis Meyer publicado en Ethic el de marzo de 2023

 En la sociedad digital, el valor más cotizado es el tiempo: lo que importa es lograr que cada persona se pare y preste atención al mensaje. Para las empresas, en concreto para la publicidad, esto resulta cada vez más complicado. La ciudadanía vive rodeada de estímulos, atrapada por una sucesión de pantallas que la requiere y la bombardea con toda clase de información. Ahora, más que nunca, es verdad lo que dice el refrán: el tiempo es oro.

Adolf Hitler se convirtió en un brillante orador igual que comienzan la mayoría de las bandas de rock de éxito: actuando en garitos. Empezó ante unas pocas decenas de parroquianos dispersos en las cervecerías de Múnich y en poco tiempo llegó a congregar a miles de devotos enfervorecidos. Hitler había conseguido algo que entonces solo se intuía –y que hoy se ha convertido en uno de los bienes más cotizados–: captar la atención. El resto de la historia y sus consecuencias son de sobra conocidas.

Tim Wu lo pone negro sobre blanco en su ensayo Comerciantes de atención. «Han acaparado cada vez más horas de nuestra vida a cambio de nuevas ventajas y distracciones, por medio de un gran acuerdo que ha transformado nuestra rutina», expone, y aborda una realidad que hace un siglo apenas existía. De los primeros periódicos que dependían de la publicidad o del nuevo «tipo de arte comercial, deslumbrante» que emergió en el París de finales del XIX pasa al potencial de la propaganda bélica para embelesar a las masas y culmina con el bombardeo actual de información en el que el valor está en destacar un mensaje. «Aunque el comercio de la atención consistiese al principio en operaciones primitivas e individuales, el juego de cosechar la atención humana y de revendérsela a los anunciantes se ha convertido en una parte fundamental de nuestra economía», resume el autor.

David Oliva, consultor en marketing y director del Máster en Comunicación y Publicidad Creativa de SHIFTA, se atreve con una retrotracción mucho más temprana: a hace 2.000 años. «Se han dado cambios muy profundos en las últimas décadas, pero cuando vamos a la base de lo que significa captar la atención con una pretensión comercial, es la misma que ya empleaban los fenicios de manera instintiva», señala, «la comunicación va de poner en contacto y en contexto dos realidades, la del emisor y la del receptor». Y matiza: «El cambio es que lo que hay entre uno y otro ha saltado por los aires por la explosión digital, que ha modificado la relación entre ambos». Antes, el emisor ocupaba «una posición de púlpito». «Ahora, con la infinidad de posibilidades que implica la revolución digital, quienes emitimos los mensajes ya no controlamos el flujo», afirma. 

[...] lo que antes se solucionaba con acciones colectivas ahora se hace «dando voces en Twitter». «Ese componente colectivo de la sociedad está siendo diluido porque las grandes tecnológicas se consumen de manera individual y solo así consiguen datos precisos de cada persona».

[...] «Como usuarios, tenemos una visión naíf de que cuando usamos cualquier recurso de la web no pasa nada, y hay una máxima en marketing digital: “Si no hay precio, el precio eres tú”».



lunes, 6 de noviembre de 2023

"¡QUÉ LÁSTIMA!". Un artículo de Juan José Millás (El País, 4 NOV 2023)

CECILIA FABIANO (LAPRESSE)
Supongamos que tiene usted una embarcación de recreo con cerveza fresca y vodka helado en la nevera. Imaginemos que echa el ancla en medio del océano para tomar un aperitivo con las personas con las que comparte la travesía. De vez en cuando, se cruza con un velero lleno de gente guapa y se saludan alegremente unos a otros agitando en el aire sus gorras de marineros de boato. En esto, pasa junto al barco un ataúd y luego otro y otro, de modo que la superficie del mar se convierte en un extraño tanatorio al aire libre.

Lo de los ataúdes es una exageración. Los muertos que viene tragándose desde hace años el Mediterráneo van a cuerpo. Si acaso, cuelgan de sus miembros podridos o de sus osamentas desnudas algunos harapos que, como jirones de piel, han sobrevivido a la acción corrosiva del agua salada y a las mordeduras de los peces. Total, que a usted y a sus amigos se les ha estropeado el aperitivo. Lo más probable es que rechacen comerse esa lubina a la brasa recién pescada que quizá se haya alimentado de los cuerpos de los cientos o miles de migrantes náufragos.

Estamos exagerando, claro. Exagerando relativamente, añadiríamos. En el primer plano de la foto vemos precisamente una embarcación de recreo que se ha cruzado con un cayuco lleno de precadáveres. Se miran los unos a los otros como preguntándose:

—¿Por qué yo no soy uno de los del yate?

O bien:

—¿Cómo me he librado yo de ser uno de los del cayuco?

Es un misterio que los seres humanos, pareciéndonos tanto, seamos a la vez tan desiguales. Pero esto es lo que hay, qué lástima.


domingo, 5 de noviembre de 2023

"LA VERGÜENZA TIENE IDEOLOGÍA". Antonio Maestre, elDiario.es, 4 Nov 2023

España ha tenido momentos que hicieron sentir vergüenza a muchos españoles de una gravedad mucho mayor que el perdón de unos delitos leves en el marco de una negociación

Pablo Motos dijo esta semana en El Hormiguero que sentía vergüenza de ser español por primera vez en su vida por la ley de amnistía. Lo cierto es que sentí mucha empatía con esa afirmación de sentir vergüenza por algo que no has hecho tú, porque es algo que me ha acompañado en muchas ocasiones a lo largo de mi vida escuchando algunos discursos. La afirmación me llevó a reflexionar sobre la subjetividad de la vergüenza como elemento central de la ideología en una época en la que la emoción prevalece sobre la razón a la hora de mover los discursos políticos.

No entendí demasiado las críticas a Pablo Motos porque fue una demostración emocional de su ideología y se agradecen estos reconocimientos sinceros de la matriz de pensamiento que todos tenemos. No es criticable la sensación de vergüenza porque es una emoción que no se puede controlar, lo que hay que valorar es cómo y por qué se pueden sentir vergüenza, asco u orgullo. Es decir, cuál es el sustrato hegemónico y cultural que lleva a alguien a sentir vergüenza de ser español por primera vez en su vida. Por qué ahora y por qué no antes. Cuál es la línea roja traspasada que hace sentir pudor a una persona por su origen que nunca antes se haya sobrepasado.

Los procesos identitarios llevan asociados una serie de valores y componentes que conforman esa misma identidad. La vergüenza es una emoción, un sentimiento, una sensación de oprobio ante el maltrato a la propia identidad. Para avergonzarse de ser español se tiene que asociar a la identidad unos valores con los que se sienta concernido e identificado. Es decir, si se siente vergüenza por sentirse español es porque alguien ha maltratado esos valores que se identifican con la idea de España y que han sido mutados hasta transformarse en la idea de España que el avergonzado tiene de su país. Es comprensible que alguien que se vincule con una idea de España próxima al nacionalismo se sienta violentado con una prebenda a los nacionalistas catalanes de modo que por primera vez le lleve a sentir vergüenza de lo que antes le hacía sentir orgullo.

La vergüenza sobre la aprobación de la ley de amnistía parece venir identificada por el hecho de que todos los españoles dejamos de ser iguales ante la ley, pero al ser la primera vez que a alguien le ocurre entenderíamos que el hecho se ha producido por primera vez en España y por ende, esa novedad pervierte los valores de España. La lógica dictaría un imperativo categórico de ineludible cumplimiento para quien se sienta avergonzado por el hecho de que no haya igualdad entre españoles. No cabe otra cosa que haber sentido esa emoción de vergüenza cuando el emérito fue exonerado de toda culpa por su condición de rey después de haber reconocido tener una fortuna fuera de España con prácticas ilegales, de haber desviado fondos a sus cuentas o de haber sido librado de la fiscalía de los delitos de evasión fiscal. Pero no, por alguna extraña razón eso no provocó vergüenza.

Sentir vergüenza es una emoción humana y por qué la sentimos es lo que define nuestra sensibilidad política, emocional y cultural. Se puede sentir vergüenza por haber dejado que en Madrid más de 7.000 ancianos fueran abandonados en las residencias para morir sin atención hospitalaria mientras aquellos con seguro privado tenían la oportunidad de salvarse o morir con menos sufrimiento y agonía. Pero es cierto que eso puede no haberte hecho sentir vergüenza y sí que Carles Puigdemont pueda volver a España sin ser juzgado por malversación. España ha tenido momentos que hicieron sentir vergüenza a muchos españoles de una gravedad mucho mayor que el perdón de unos delitos leves en el marco de una negociación. La participación de España en la guerra de Irak, las mentiras del PP después del 11M, la corrupción sistemática de la derecha durante décadas, la participación del Estado y el PSOE en el terrorismo de los GAL, la muerte de cientos de inmigrantes en las vallas de Melilla y en el mar Mediterráneo, la muerte de miles de pacientes esperando un tratamiento contra la hepatitis, la pervivencia de los símbolos que exaltan la dictadura, la permanencia de miles de cadáveres de españoles en las cunetas, los indultos a los policías condenados por torturas, los miles de desahucios a personas sin recursos. Se puede sentir vergüenza por ser español por primera vez en la vida por una ley de amnistía. Es una emoción subjetiva que hay que comprender, pero sí es cuestionable por qué no se ha sentido vergüenza en todos estos años cuando se han producido infinidad de actos, hechos y actuaciones que han podido llevar a movernos la víscera.

La vergüenza es un sentimiento profundo que a lo largo de la historia ha movido a muchos intelectuales a mostrarla como la más pura emoción política vinculada a una identidad presente y perdida. Decía Bertolt Brecht en su poema sobre la Alemania de 1933: “Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía. Los discursos que salen de tu casa producen risa”. El qué provoca esa vergüenza es lo que muestra la diferencia entre una emoción sincera o cuándo nace del más profundo privilegio. En un mundo como el actual en el que todo esta interrelacionado y se está produciendo un genocidio sobre el pueblo palestino hay motivos para sentir vergüenza sobre el silencio, la complicidad o la indiferencia del papel de nuestra sociedad y nuestro país con el crimen sistemático de menores y la aniquilación de todo un pueblo. Pero lógicamente puedes no sentir vergüenza por eso y sí porque cuando sales de viaje al extranjero alguien te pregunte por Puigdemont. Eso es en sí mismo un marcador de clase y prioridades que enseña cuál es la hegemonía ideológica predominante de una determinada y específica España avergonzada. La vergüenza también tiene ideología y en ocasiones la ajena conduce al bochorno.

¿DE QUÉ DEMOCRACIA ME ESTÁ USTED HABLANDO? Un artículo de Violeta Assiego (elDiario.es, 3 NOV 2023)

María Jesús del Barco, presidenta de la
Asociación Profesional de la
Magistratura (APM). 
EFE

“El principio del fin de la democracia” no es una ley de amnistía. Es ponerse de parte de los verdugos, de los machistas, de los que desahucian, de los explotadores, de los corruptos, de los que encubren los abusos sexuales en la Iglesia, de los que hacen negocio con la sanidad pública

Alertan los jueces conservadores que okupan el Consejo General del Poder Judicial que, de aprobarse, la ley de amnistía supondría la “abolición del Estado de Derecho”. Añade la Asociación Profesional de la Magistratura (también conservadora) que, además de volar por los aires el Estado de Derecho , ese hecho sería “el principio del fin de la democracia”. Augurios estos un tanto apocalípticos y totalmente contradictorios entre sí si se tiene en cuenta que, para que esté vigente dicha ley, su tramitación solo será posible siguiendo y respetando los cauces y mecanismos que establece, precisamente, el Estado de Derecho. Es decir, son los propios instrumentos democráticos los que permiten que los grupos parlamentarios propongan una ley de amnistía para ser debatida antes de ser votada. En caso de aprobarse, esta sería la quinta aministía desde 1978 (cuando se aprobó la Constitución), tras las tres amnistías fiscales de 1984, 1991 y 2012 y la polémica Ley de Amnistía de 1977 que impide juzgar a los criminales del franquismo y cuyos delitos han quedado impunes.

“El principio del fin de la democracia” suena más bien a eslogan del 15M (2011) o a consigna de las Marchas de la Dignidad de 2014, e incluso a pancarta de la concentración pacífica que se convocó para rodear el Congreso en 2016. Hay algo impostado y plagiado en tanta indignación y una diferencia sustancial: el estatus y la intencionalidad de quienes quieren, ahora, prender la llama de un estallido social contra Pedro Sánchez, otra vez, otra legislatura más. Las voces anti-sistema, esta vez, parecen ser, por su ideología ultranacionalista, católica y militarista, las de los guardianes del régimen, del antiguo régimen. La intencionalidad de su profecía no es denunciar la desigualdad ni la falta de justicia social sino arrebatar el poder al aspirante a investirse como presidente de Gobierno tras las últimas elecciones. Es decir, truncar el proceso establecido constitucionalmente y tumbar al candidato designado por el Rey. Todo un órdago al sistema del que forman parte. Esta pseudo indignación no va de velar por la democracia ni sus valores, va de okupar el Gobierno al precio que haga falta, va de conservar el poder.

El principio del fin de la democracia, de las democracias, es ponerse del lado de los verdugos, de los machistas, de los que desahucian, de los explotadores, de los corruptos, de los que encubren los abusos sexuales en la Iglesia, de los que se niegan a desenterrar a los desaparecidos y represaliados, de los que hacen negocio con la sanidad pública, al lado de quienes dejan morir a miles de ancianos en una residencia durante la pandemia, de los que insultan y maltratan a las personas racializadas por el color de su piel, de los que dejan morir a miles y miles de migrantes en las fronteras o los encierran en centros infames… El principio del fin de la democracia es que haya partidos que usen la política para llevar a cabo prácticas tramposas con medios de comunicación, grandes empresas, judicatura, fundaciones privadas, que solo buscan el beneficio propio.

El principio del fin de la democracia es que un fondo buitre desahucie a una madre con dos niños en València y a su padre con un 65% de discapacidad, y que, siendo esta una práctica sistemática, los partidos de derechas se opongan a una regulación de este y otros temas relacionados con el derecho a la vivienda, el precio del alquiler o el mercado inmobiliario. El principio del fin de la democracia es que, mientras la violencia sexual contra niñas y adolescentes ha crecido un 40% en los últimos cuatro años, haya partidos de derechas que obstruyan y desacrediten con argumentos falsos la importancia de que se dé educación sexual en los centros educativos. Los mismos partidos que co-gobiernan en ayuntamientos y comunidades autónomas y que se inventan que hay “adoctrinamiento de género” cuando se defienden los derechos humanos de las personas LGTBI o se proponen medidas feministas para luchar contra las violencias machistas.

Los mismos que auguran el fin de la democracia son los que se niegan a condenar los asesinatos a mujeres por parte de sus parejas y exparejas rompiendo uno de los consensos de Estado más importantes desde hace dos décadas. Los mismos partidos que se suben el sueldo en cuanto llegan al poder institucional son esos a los que les preocupa más el beso de dos mujeres en una película de Disney que la homilía del arzobispo de Oviedo que califica de “leyenda” el beso no consentido de Rubiales a Jenni Hermoso.

“El principio del fin de la democracia” son sus políticas reaccionarias anti-derechos. Hablan de ruptura de la convivencia esos partidos que siembran de miedo y de odio los relatos de supervivencia de las personas migrantes que llegan a nuestro país. ¿De qué democracia y convivencia están hablando los que hacen de activistas anti--sistema cuando ver peligrar su poder? Parece que no saben vivir en democracia más que cuando ellos ganan las elecciones y no quieren convivir con la diferencia cuando esta implica derechos e igualdad. De qué democracia nos están hablando los poderes conservadores de este país mientras Israel masacra a la población civil de Gaza y lo único que se le ocurre a Vox y PP en el ayuntamiento de Madrid es dar una medalla de honor a un Estado que está cometiendo crímenes de guerra contra la población civil. Y sin ir tan lejos, de qué fin de la democracia hablan quienes se declaran en rebeldía de cumplir la decisión de Naciones Unidas de restablecer la luz en la Cañada Real.

A la vista de sus programas políticos no es la democracia ni el respeto de los derechos fundamentales ni la convivencia lo que preocupa al PP, a Vox, al CGPJ, a la APM… sino el poder y el control. Algo que solo agranda la distancia entre quienes ocupan esos puestos y la ciudadanía a la que le preocupa no la amnistía sino llegar a final de mes. Es aquí donde es bueno recordar como el exministro del PP, Luis de Guindos, ahora en BCE, es uno de los impulsores de los tipos de interés por encima de las posibilidades de una gran mayoría. Son quienes defienden y promueven esas políticas, las que solo sirven para enriquecer a los ricos, empobrecer a los pobres, los que amenazan la democracia cuando no la pueden manipular. No es la democracia lo que peligra con una proposición de ley de amnistía. Al menos no debería si desde la derecha no la intentan desestabilizar con pronósticos catastrofistas, fake news y tácticas trumpistas.

sábado, 4 de noviembre de 2023

La anorexia y la bulimia alcanzan ya a las niñas: “Vemos casos con nueve años” (elDiario.es, 2 NOV 2023)

Carla ingresó en el Hospital Niño Jesús de Madrid el 4 de julio. Estaba en una situación extremadamente crítica. Tenía una atrofia cardíaca y la creatinina del riñón al límite. Cuando los sanitarios intentaron sacarle cinco pequeños tubos de sangre, tuvieron que parar a la mitad porque no salía ni una gota más. Con su poco más de metro y medio de altura, pesaba 31 kilos. Con tan solo 11 años, la niña había desarrollado un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). La anorexia nerviosa que la mantuvo cinco semanas hospitalizada distorsiona la realidad que refleja el espejo. Está convencida de que está gorda. “Y me dice que antes muerta que gorda”, explica Elena, su madre.

Casos como el de Carla son cada vez más habituales. La pandemia disparó las patologías como la anorexia y la bulimia y las expertas han detectado una disminución de la edad a la que comienzan a aparecer estos trastornos graves, que afectan sobre todo a las jóvenes, adolescentes y niñas. “El hecho de ser una mujer de entre 12 y 25 años es un factor de riesgo, pero la edad de inicio es cada vez menor. Estamos viendo casos por debajo de los 10 años”, indica la responsable de prevención de la Associació contra l'Anorèxia i la Bulímia de Catalunya (ACAB), Anna Figuer. CONTINUAR LEYENDO

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miércoles, 1 de noviembre de 2023

Jim Van Os, psiquiatra: “Ser diferente de los demás es muy malo para la salud mental” (El País 29 OCT 2023)

El científico holandés pone en cuestión los cimientos de la psiquiatría moderna y alerta de que “el clima social y existencial en el que vive la gente joven hace algo con su mente que provoca que se sientan mal”

Una epidemia de mala salud mental recorre los países occidentales y los servicios sanitarios, extremadamente tensionados, empiezan a mostrar sus costuras. Algo está fallando, asegura el psiquiatra y epidemiólogo Jim Van Os (Utrecht, Países Bajos, 63 años): “Cuanto más tratamos, peor se siente la gente joven”, reflexiona este médico, que es director del Departamento de Psiquiatría y Psicología en el Centro Médico de la Universidad de Utrecht y profesor en la Universidad de Londres. Van Os lleva años poniendo en cuestión los cimientos de la psiquiatría moderna y propone un giro hacia una atención verdaderamente “biopsicosocioexistencial”, dice, donde la experiencia del paciente sea el centro de un abordaje terapéutico muy individualizado.

De visita en Barcelona para participar en un seminario organizado por el Programa de Doctorado en Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, Van Os relata cómo se obsesionó, desde sus años de estudiante de medicina, con la “diferencia entre la teoría de la psiquiatría y la experiencia del paciente”. Sus vivencias personales con familiares muy cercanos que sufrían cuadros psicóticos, tan distante de lo que aprendía en la facultad, marcó su forma de ver la profesión y la atención a los pacientes.

Pregunta. ¿Ha conseguido acercar lo que aprenden ustedes en las facultades con lo que vive en paciente?

Respuesta. Hay dos tipos de conocimiento que trabajamos hoy en día: el conocimiento de la experiencia de los usuarios y el conocimiento de la psiquiatría y la psicología, que están buscando todavía cuál es la hipótesis sobre la mente que hay que usar para investigar el fenómeno de la variación mental. Lo que vemos en salud mental es que lo que cuenta es la experiencia de la gente trabajando en ella; las técnicas y sus medicaciones no tienen tanta importancia como habíamos pensado. Las tasas de trastornos psiquiátricos están aumentando en países europeos, son alarmantes. En Holanda se han doblado en los últimos 15 años y tenemos un ejército de psicólogos y psiquiatras, pero hay una paradoja: cuanto más tratamos, peor se siente la gente joven.

P. ¿Por qué pasa eso?

R. Hay fuerzas colectivas, no individuales, que hacen que aumenten las tasas de malestar mental. Es como en cardiología, por ejemplo, que sabemos que si la nutrición de la población es mala, hay más enfermedades cardiovasculares y cáncer. Estamos aprendiendo que el clima social y existencial en el que vive la gente joven hace algo con su mente que provoca que se sientan mal.

P. Pero, ¿por qué ahora? Si el ambiente siempre ha influido, ¿por qué ahora están aumentando los trastornos de salud mental y no hace 20 años?

R. Lo que dicen las investigaciones —y la gente joven— es que hay un clima de competitividad: el éxito es una elección y si no tienes éxito, es que has elegido mal, eres un tonto. Y hay también un clima de aislamiento porque, aunque haya más contacto en las redes sociales, se produce la paradoja de que esto no da más vínculos, sino más soledad. Y también hay más vigilancia: la gente tiene miedo de no parecer normal porque si los demás te notan diferente, te sientes mal. Para la gente joven, esas fuerzas hacen que se sientan mal.

P. ¿Por qué impacta tanto sentirse diferente?

R. Ser diferente de los demás es muy malo para la salud mental. Porque necesitamos sentirnos vinculados con los demás. Somos animales sociales. Toda nuestra biología está desarrollada por estar vinculado con los demás y durante los primeros 10 años de vida, tienes un proceso de vinculación que te va a guiar las relaciones sociales y contigo mismo durante la vida.


"EN TIEMPOS OSCUROS". Eduardo Galeano


"En tiempos oscuros, tengamos el talento suficiente para aprender a volar en la noche... como murciélagos...En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente sanos, como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar... cada día... En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente valientes como para tener el coraje de estar solos... y lo suficientemente valientes, como para arriesgarnos a estar juntos...En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente maduros, como para saber que podemos ser compatriotas y contemporáneos, de todos los que tienen una voluntad de belleza y una voluntad de justicia, sin importar, dónde nacieron ni dónde se encuentran... porque no creemos en las fronteras de los mapas del tiempo...En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente tercos, como para seguir creyendo, contra toda evidencia... que la condición humana vale la pena...En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente locos, como para ser llamados locos... seamos lo suficientemente inteligentes, como para ser desobedientes, cuando recibimos órdenes contradictorias a nuestra conciencia... o contra el sentido común".

"LA OBSCENA ISLAMOFOBIA". Adolfo Estrella, infoLibre.es

El odio al islam como nuevo sentido común reaccionario Aumentan en España los episodios cotidianos y mediáticos de rechazo al islam, focaliz...