martes, 31 de mayo de 2022

ENTREVISTA A SHRIN MUSA, activista por los derechos de las mujeres y fundadora de Femme for Freedom. Paco Gómez Nadal, elDiario.es, 29 de mayo de 2022

“MENOS POLÍTICAS DE INTEGRACIÓN Y MÁS DE EMANCIPACIÓN"

La activista neerlandesa, fundadora de Femme for Freedom, denuncia cómo la mirada racista del continente ante las personas europeas con raíces en países del sur dificulta la lucha contra la violencia que sufren mujeres y niñas

Shirin Musa nació en Pakistán y desde los seis meses de edad vive en Países Bajos. Es neerlandesa, es europea. “Pero me suelen preguntar que por qué habló tan bien neerlandés”. Por eso cuando esta activista por los derechos de las mujeres de “antecedentes migrantes” explica por qué cuesta tanto sensibilizar sobre las conocidas como “violencias de honor”, en Europa suele llegar más pronto que tarde al racismo. Y al vocabulario que nos construye.

De hecho, insiste en que lo que parece lo mismo desde cierta laxitud semántica no debería ser equivalente. Nada tiene que ver el relativismo cultural con la sensibilidad cultural; el adjetivo inmigrante debería desvanecerse cuando se nace en el mismo lugar en el que se reside; el verbo integrar no debería aplicarse para quienes tienen por delante solo la ingente tarea de emanciparse; ser europeo no debería tener nada que ver con el color de la piel o la religión que se profesa. Sin embargo, hay un término que no debería permitir ambivalencias: los derechos humanos son unos y no cabe interpretación para su ejercicio.

Con esa meticulosidad procede Shirin Musa, la fundadora y lideresa de Femme for Freedom, la organización que fundó en diciembre de 2011 después de lograr en los tribunales neerlandeses lo que su marido le negaba: el divorcio. Ella era víctima de “cautiverio marital”, que no siempre empieza en matrimonio forzado pero sí supone violencia contra las mujeres que lo viven. La “violencia de honor” y violaciones de los derechos humanos de las mujeres como el matrimonio forzado, el cautiverio marital, la poligamia, el asesinato por honor y el abandono forzado de mujeres durante una visita familiar al extranjero aún no están en la primera línea de los debates sobre violencia sexista y, por ello, Shirin Musa insiste en que se trata de una defensa feminista de aquellas mujeres que viven en países con tolerancia hacia estas violencias, pero también de miles de europeas que lo sufren.

“Este problema no es de las musulmanas o de las inmigrantes, es un problema neerlandés, español, europeo, porque aquí afecta a mujeres europeas”. Musa recuerda que parte del problema es que Europa no considera a mujeres como ella realmente como europeas. “Personas de tercera o cuarta generación desde que llegaron sus antecesores a Europa, siguen siendo consideradas extranjeras y las políticas que hay para ellas insisten en la 'integración', en lugar de ayudar a la 'emancipación'”. La activista neerlandesa cree que lo necesario es ejercer derechos, tener autonomía económica, lograr una participación efectiva en la vida económica, política y social.

“Queremos ejercer nuestros derechos humanos de forma plena, decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros afectos, sobre nuestro dinero. Es decir, se trata de emanciparse, no de hacer cursos de idiomas o de inserción laboral. Nosotras nacimos, estudiamos y vivimos aquí. Somos europeas”. Aunque Musa habla con calma su gesto se tuerce cuando relata las exclusiones racistas: el terrible anecdotario de quien aun siendo europea no es vista como tal por muchos de sus conciudadanos. “A veces me dicen: 'Pero tú no pareces musulmana, eres buena'. Y todo eso tiene que ver con una mirada de las personas nativas europeas que siguen obsesionadas con la primera generación de inmigrantes”.

Musa explica que “la primera generación [de inmigrantes] nunca se acabará porque siempre estará llegando, pero nosotras no tenemos que integrarnos a Europa, lo que necesitamos es emanciparnos”. Y esa emancipación “no es solo de los hombres de nuestras comunidades que quieren controlarnos, sino también de las nativas europeas que se permiten decirnos qué es ser feminista para una musulmana”. “Nosotras tenemos que romper muchos muros y techos de cristal. Muros internos en nuestras comunidades y techos de cristal que se nos ponen en Europa”, reflexiona Musa cuando describe la soledad de la lucha de las mujeres racializadas en Europa. “No he visto marchas masivas de mujeres nativas europeas –prefiero ese término al de blancas para no caer en lo mismo que nos hacen a nosotras– en solidaridad con las mujeres de Irán o de Afganistán”.

Shirin Musa ha llegado a España justo cuando se conoció el asesinato de las hermanas Arooj y Anessa Abbas en Pakistán en un “crimen de honor”. “Nuestro feminismo es entre la vida y la muerte y eso a veces no se entiende”. Vida en cautiverio y con la incomprensión de otras mujeres nativas europeas; muerte a manos de hombres que no soportan perder el control total sobre las mujeres. “Muchos de estos casos son muy difíciles de detectar porque se producen normalmente en el entorno familiar, el perpetrador suele ser de la familia. Por eso hay que formar a policías, jueces o sanitarios para que entiendan este tipo de violencias y así puedan detectar los casos”.

La realidad parece confirmar esta afirmación. El Ministerio del Interior del Gobierno de España, por ejemplo, solo ha detectado en los últimos siete años 27 casos de matrimonio forzado; mientras que en Cataluña, donde hay un protocolo específico sobre este crimen recogido en el Código Penal desde 2015, entre 2018 y 2022 ya se han podido investigar 59 de estos matrimonios contra la voluntad de la mujer. La realidad es mucho más abrumadora de lo que los registros pueden contener. ONU Mujeres calcula que son unos 12 millones las mujeres y niñas en el planeta que han sido forzadas a casarse en contra de su voluntad.

“Se trata de violencia, no de cultura. No hablamos de islamofobia, ni de racismo, hablamos de derechos humanos”, repite una y otra vez esta activista en conversación con elDiario.es en Cantabria, donde termina una gira que le ha permitido reunirse con representantes políticos, activistas e, incluso, con una refugiada afgana que aprovechó una charla pública para, después, relatarle su calvario. “Esta mujer, afgana refugiada en Cantabria, me relataba cómo los hombres de la familia siguen decidiendo sobre todos los aspectos de su vida. Es decir, el hombre puede salir de Afganistán, pero Afganistán no sale de él”. Shirin Musa cree que uno de los problemas principales es que en Europa se considera que estos son “problemas de inmigrantes o refugiados”. “No es así, estos son problemas nacionales y europeos, estas personas o ya tienen o tendrán ciudadanía europea y no van a irse a sus países de origen”.

Por eso aboga por un cambio radical, no solo en las legislaciones, sino en la forma de enfocar Europa. “Los europeos tienen obsesión por clasificar a las personas y a dejarnos fuera de la 'cajita' de europeos, pero eso dificulta cualquier acción seria para evitar esta violencia contra las mujeres porque sitúa el problema fuera, como algo de 'musulmanes', de inmigrantes”.

Los ejemplos que lleva consigo Musa son reales. Malta, miembro de la Unión Europea desde 2004, no consideró legal el divorcio hasta 2011, en Filipinas sigue siendo ilegal y el cautiverio marital afecta a mujeres de comunidades judías o gitanas. Otras violencias asociadas, como recuerda la activista neerlandesa, también son un problema europeo, como la obsesión por el control del himen, la mutilación genital [la delegación del Gobierno contra la Violencia de Género estimó en 2020 que unas 15.500 niñas entre 0 y 14 años estaban en riesgo de sufrir mutilación genital femenina en España], el secuestro de niñas en los países de origen de sus familiares…

“No debemos tener miedo a defender nuestros derechos humanos, a luchar por la emancipación… si nosotras lo logramos, seremos más felices y podremos aportar mucho más a nuestras sociedades”, defiende Musa quien, en última instancia, apela al “egoísmo europeo”. “Lo inteligente en sociedades cada vez más envejecidas, sería recibir bien a los inmigrantes, invertir en esos hombres y mujeres, y permitirles que participen plenamente en la sociedad y que puedan aspirar a algo más que a la integración”. No hacerlo, advierte, es abonar el campo para la ultraderecha. “En nuestro mundo parece que todos nos sentimos amenazados y en las ciudades europeas es inmenso el sentimiento de temor ante el aumento de la proporción de personas con origen migrante. La ultraderecha no es seria, solo grita, no tienen un programa electoral, solo es anti-inmigrantes. A mí me da mucha tristeza la gente que vota por ellos porque realmente, los partidos de ultraderecha no tienen ninguna solución para sus problemas, solo engordan su miedo”.

Musa sale contenta de su último encuentro en Santander. Consuelo Gutiérrez, directora general de Igualdad y Mujer en Cantabria le confirma que unas horas antes se ha firmado en Madrid un protocolo para que las embajadas españolas protejan a ciudadanas del país que pidan ayuda para escapar a situaciones de cautiverio marital o cualquier tipo de violencia en terceros países. “Vamos a trabajar para que Países Bajos adopte un protocolo parecido. Así, compartiendo iniciativas y generando redes, con la complicidad de mujeres que están en la política, podemos cambiar las cosas”. Marcha con destino a Valencia y a Madrid y con ganas de volver a este sur de Europa. “Son amables y no he sentido el rechazo por llevar un pañuelo que he vivido en Hungría o en Polonia”, reconoce.

lunes, 30 de mayo de 2022

"IMPUESTOS O LIBERTAD' ¡QUÉ GRAN FALACIA". Por José María Izquierdo, elDiario.es, 28/05/2022

No caerá José K. en el falso enfrentamiento de la guerra de cifras, tan cara a los contables de la desvergüenza liberal. Esa es su especialidad, tergiversar datos, embarullar con cifras sacadas de contexto, llenar de barro el terreno de juego de una discusión pretendidamente limpia

Anda José K. estos días dando vueltas como una peonza en su estrecho tabuco, obsesionado con una única cuestión. Vencimos al Covid, se dice, superamos Filomena, nos salvamos del volcán, llevamos mal, muy mal, la maldita guerra de Putin, e incluso sobrevivimos a Pablo Casado. ¿Pero qué tengo que hacer ahora para que no me pille la viruela del mono, que todas las noches me despierto temblando cuando escucho en las escaleras aquellos sonidos inconfundibles que oías en el zoo, producido por las manadas de simios que se agolpan a mi puerta? ¿No es terrible lo que nos está pasando? ¿También nos odian los monos? ¿Va a ser así, un dolor, un miedo, un agobio lleno de murciélagos, aludes, lavas ardientes y bichos peludos lo que me queda por pasar en mi penosa vejez?, se queja muy quedo nuestro hombre, lastimero en su jergón.

Y luego está la política. Goza José K. de la existencia de una red pública de bibliotecas que son un primor, camellos que son de su droga habitual, los libros. Un servicio gratuito, como tantos otros, llovidos desde el cielo gracias a los impuestos, palabra que aquí aparece ahora como mero aperitivo para animar a leer las líneas siguientes. Aun así, y mientras trata de sobrevivir a las zanjas y socavones con las que destroza Madrid el alcalde Martínez-Almeida, muy primo de sus primos, nuestro hombre no ha perdido la inveterada costumbre de tomarse todo el tiempo que le sobra ante los escaparates de las librerías que van quedando en su barrio. Consciente de que su magra pensión apenas si le permite una alegría literaria de tiempo en tiempo, gusta de fijarse en las portadas de las novedades, y se entretiene, como Carpanta cuando veía las fotos de los pollos asados, haciendo para sí la crítica del ejemplar del que solo conoce portada -estética- y título-semántica-.

Hoy le ha llamado la atención un ejemplar en concreto, bien situado en los primeros estantes, se conoce que alguien ha tenido buen cuidado de promocionarlo. El encabezado ha sido como un latigazo, un puñetazo en el plexo solar, un rayo que le ha dejado medio conmocionado. Tres veces ha tenido que leer el título, porque la dicotomía que allí se planteaba le parecía tan aberrante que le costaba asumirla: “Impuestos o libertad”, se titula la obrita de un connotado ultraliberal, Ignacio Ruiz-Jarabo, quien fuera director de la Agencia Tributaria con Aznar, 386 páginas, 23 centímetros de alto, 15 de ancho, 2,20 de grueso y con un peso de 650 gramos.

¿Alguna otra firma relevante en este tomito? Sí, sí, la prologuista, nada menos que Isabel Díaz Ayuso. Desparrama la reina del vermú sabiduría y erudición en su riquísimo texto, que todo el mundo que la ha oído alguna vez balbucear en público sabe de su gnosis, de sus enciclopédicos saberes y su rigurosa preparación científica, desgrana nuestro hombre, rojo de vergüenza -¿o es ira?-, asombrado ante tales imposturas. Ahí es nada el tanto que se ha apuntado el autor. ¡Toda una Premio Nobel de prologuista!

Las mentiras. Las grandes mentiras de la derecha. ¡Con qué facilidad se imponen esos falsos elefantes que señalaba Lakoff en mitad de las discusiones serias! Porque esta bazofia de la injusticia de los impuestos, no una discusión lógica y pertinente sobre éste o aquél, no tal o cual importe, no si es excesiva o suficiente esa tasa concreta, no, sino la mismísima figura de tener que pagar al Estado, pilar indiscutible en la búsqueda de una sociedad más justa, más equilibrada, es la penúltima barbaridad teórica que la derecha -y la extrema derecha, si diferencia hubiera entre ellas- intenta vendernos como marco de discusión, frunce el ceño José K. harto de que intenten ahogarle, una y otra vez, engullendo ruedas de molino.

¿De verdad es posible discutir en serio, rigor intelectual encima de la mesa, sobre la contraposición entre pagar impuestos y ser libres? ¿Aceptamos entonces que solo pueden gozar de ese regalo los integrantes del pueblo Caxinauá, una de las últimas tribus descubiertas en el Amazonas, desconocedoras, en efecto, del Impuesto de Bienes Inmuebles? ¿O, sensu contrario, que los dos mil millones de habitantes de América y Europa sufren un oprobioso régimen de esclavitud porque pagan, un suponer, su correspondiente IRPF? ¿Qué estupidez es ésa?, grita nuestro hombre.

El mantra de los impuestos es bien conocido y el mismísimo Núñez Feijóo se estrenó con la monserga: bajada de impuestos, bajada de impuestos, bajada de impuestos. La consigna la repitieron sin inmutarse Díaz Ayuso o Moreno Bonilla, meros bustos parlantes de lo que mandan quienes de verdad dictan sus políticas económicas. No caerá José K. en el falso enfrentamiento de la guerra de cifras, tan cara a los contables de la desvergüenza liberal. Esa es su especialidad, tergiversar datos, embarullar con cifras sacadas de contexto, llenar de barro el terreno de juego de una discusión pretendidamente limpia, ¿qué hay más exacto que los números, dicen cuando ya han transmutado todas sus mentiras en guarismos? No, no, cualquiera que quiera encontrar la diferencia de presión fiscal entre los países europeos puede hallarla fácilmente en Google. Sabrá así que Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Austria, Finlandia, Dinamarca, Suecia, etcétera, superan en presión fiscal a la ahogada España, estos socialistas insaciables.

Y ya puestos, si teclea gastos en sanidad, va a resultar que prácticamente, casi un calco, son esos mismos países los que más inversión hacen para cuidar la salud de sus ciudadanos. Igual ocurre, ya ven qué sorpresa, si lo hacemos con educación o atención a la dependencia. Así que no sigamos en esa senda estéril, que ellos, los anti impuestos, saben perfectamente de qué hablamos. Simplemente, no les hagamos ni caso. Desde luego al PP, pero menos a Vox, plan demente en su programa.

Porque toda esa propaganda es pura farfolla. Será innecesario razonar con ejemplos históricos o citas de mil y un economistas. Tampoco les repetiremos, se los saben de memoria, los razonamientos de multimillonarios galácticos como Warren Buffet o Bill Gates, reclamando que los Estados les cobren más impuestos para hacer una sociedad más justa. Porque se trata de política y de ideología, no nos enredemos en sus documentos de Excel. Ellos saben perfectamente para qué sirven los impuestos. Cómo no van a saberlo, si los necesitan igual que usted y que yo, les recuerda José K., presto a exponerles algunos ejemplos. Den gracias a esos impuestos que ustedes quieren suprimir, falsos profetas, para que el hospital público de la zona atienda a su padre, a su primo segundo o a su tío del pueblo del cáncer de vejiga. O dé acceso prácticamente gratis a la Universidad a sus hijos, a sus sobrinos o a los hijos de sus vecinos, esos zánganos que nada estudian, allí donde obtendrán esos títulos que les permitirá seguir mandando en esta sociedad clasista. Incluso en aquella residencia de ancianos, subvencionada gracias a los impuestos que otros hemos sabido defender, podrán ustedes alojar a su abuela o a la abuela de sus cuñados, los de la barbacoa, sí. ¿Se lo repito?, pregunta chulesco José K., convencido como nunca de la rectitud de sus ideas.

La dicotomía no es libertad o impuestos. La verdadera elección es si ustedes quieren una sociedad igualitaria -equilibrada, cuando menos- o que sigan arriba los de siempre y abajo, machacados, los que nunca dejan de sufrir. La pregunta es si ustedes, les interpela José K. con la vena en el cuello, están dispuestos a quitarse un trozo de filete para que otros coman pizza. Si ustedes quieren pagar un impuesto por el casoplón para que haya viviendas sociales; si están dispuestos a aportar de sus descomunales emolumentos, un millón, dos millones, tres millones de sueldo al año para que se pueda instaurar un salario mínimo decente. Esto es, decidir si a estos ultraliberales de postín les interesa la salud, la educación o la dignidad del resto de sus conciudadanos. ¿Demagogia? La mínima para que ustedes, sordos como son a la sensibilidad de millones de ciudadanos, dice nuestro hombre, entiendan los razonamientos de quienes buscan una sociedad más justa.

Decíamos, y reiteramos, las mentiras de la derecha y sus hermanos siameses, la ultraderecha. Porque cuando hablan de la “gran sustitución”, esa falacia distópica, en realidad están hablando de racismo, de no queremos mexicanos, moros o africanos. Cuando se oponen con fiereza a cualquier atisbo de libertad sexual, LGTBI, no es no y sí es sí, por ejemplo, o hablan del aborto, lo hacen del mantenimiento de la ideología patriarcal de las muy reaccionarias iglesias, curas, papas y obispos de distintas sotanas, gorros y otros adminículos que nos señalan a los brujos de la tribu. Y cuando se niegan a pagar impuestos para ser libres, lo que de verdad nos están diciendo es allá se las ventilen ustedes, no haber sido pobres.

José K. les replica: canallas, cobardes, sinvergüenzas.

domingo, 29 de mayo de 2022

"LA MERITOCRACIA SON LAS HERENCIAS". Por Antonio Maestre. elDiario.es, 28/05/2022

Es incompatible la existencia de un sistema basado en el mérito con la permanencia de las herencias, que son el principal sistema de perpetuación de capitales y privilegios del sistema capitalista y que son incompatibles con un sistema meritocrático

Solo se puede defender la existencia de la meritocracia desde una posición de privilegio que suele ocultar los favores y prebendas que sostienen la posición de quien la defiende. Hay que asumir que ese relato es magufería. Una idea acientífica del mismo porte que la negación del cambio climático, o las posiciones antivacunas, una renovación elaborada de las ideas de Margaret Thatcher de la negación de la existencia de las clases sociales que vemos de actualidad con su minion de Ayuso. Defender la cultura del esfuerzo y la meritocracia, es decir, el hecho de que sea el mérito lo que determina el éxito y el progreso social y no la posición de partida de privilegio, la herencia o el capital social, es una herramienta de las élites para mantener su situación de prevalencia frente a la masa mayoritaria de la clase trabajadora que aspira a prosperar. Existen pocos lugares de privilegio y no se quieren compartir. La meritocracia es una disciplina de control social muy elaborada que solo defienden quienes ya tienen una posición social de éxito, entendida en términos capitalistas, o por parte de aquellos que aspiran a que esas élites les dejen unas cuantas migajas y que, siendo útiles a los intereses de la burguesía, buscan blindar el acceso a las posiciones de mando y bienvivir.

El colmo del bienquedismo con quien procura los billetes de entrada a la fiesta de las oligarquías es presentar el discurso de la meritocracia como un intento pijo por negarle el esfuerzo a la clase trabajadora. Un artificio textual de tutela clasista construido a través de la negación del hecho científico de que ese esfuerzo no es el valor determinante para asegurar el progreso social y de que es solo el mérito el hecho relevante para poder progresar por encima de las acumulaciones previas de capital heredado. La tribuna de El País de Estefanía Molina se convirtió en argamasa para el extremo centro al confundir la existencia de la meritocracia con la negación del esfuerzo de las personas más humildes como método de supervivencia, como si el esfuerzo y el sacrificio fueran algo optativo para los hijos e hijas de la clase trabajadora, que si algo ansían es una sociedad que solo mida el mérito. Es entonces cuando tendrán oportunidades ante quienes consiguen ascender por enchufe, por su apellido, por el dinero de papá o por hacer mucho la pelota a quien tiene la capacidad para darles un buen puesto. No hay nadie que valore más el esfuerzo que quien viene de la clase trabajadora, por eso sabe que nunca será el valor primordial sobre el que se sustente el progreso, porque si fuera por trabajo la pirámide social se invertiría. El clasismo subyacente que denota el modo en el que se valora el éxito al asociarlo con el esfuerzo es una de las claves que enseñan a desencriptar quién es un farsante que quiere vender que su posición es lograda gracias al esfuerzo desde unos orígenes humildes. Para ellos solo se esfuerza quien consigue una buena posición o un buen trabajo, quien firma esas tribunas laudatorias del mérito ignora que nadie se ha esforzado más que aquellos que acaban su vida laboral con una pensión mínima.

El relato de la meritocracia tiene una intención, fraguada de arriba a abajo, contraria a los intereses de las clases populares y que trata de convencer al que no tiene capital social, cultural o económico de que esforzándose tendrá garantizado el progreso porque vive en una sociedad que prima el mérito por encima de otras consideraciones. El mensaje tiene como objetivo perpetuar la estratificación social a través de individualizar la salida al problema de la precariedad y además introducir en la clase trabajadora la culpa como elemento troncal que explica su situación de incertidumbre y pobreza. Si crees que la sociedad te proporciona grandes oportunidades que podrás aprovechar con tu esfuerzo la lógica consecuencia que surgirá cuando no lo logres es responsabilizarte a ti mismo de tu fracaso. Se produce la anomia, que es la incapacidad de la sociedad para dotar a los individuos de las metas prometidas, pero en vez de buscar en la sociedad al culpable lo encuentras en ti mismo. La frustración por esa incapacidad para recoger los frutos que la sociedad otorga a quien se esfuerza acaba de manera irremisible en ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental. La única salida es la medicación. El relato de la meritocracia busca patologizar al individuo para que no busque salidas colectivas que pongan en peligro los privilegios de la burguesía.

Es sencillo encontrar pruebas para comprobar quién de verdad cree que el mérito, el talento y el esfuerzo deben ser los pilares sobre los que construir el modo en el que se dirime el progreso de las personas. Basta con plantear la abolición de las herencias. Es incompatible la existencia de un sistema basado en el mérito con la permanencia de las herencias, que son el principal sistema de perpetuación de capitales y privilegios del sistema capitalista y que son incompatibles con un sistema meritocrático. Para establecer el mérito como motor es imprescindible eliminar la desigualdad o al menos establecer un criterio que rebaje la brecha existente. Siempre habrá elementos intangibles como el capital social y cultural de las familias o el entorno de nacimiento, pero si de verdad quieren medir el esfuerzo pongan a competir a un miembro de la aristocracia o la burguesía con alguien de clase trabajadora partiendo ambos de cero en lo económico. No se atreverán, porque no saben lo que es la vida. Se los comen vivos. Sin herencias, todos pelearán con un punto de partida similar que hará una criba entre quienes no son capaces de prosperar sin el capital o la red de sus familias. La abolición de las herencias sería el verdadero factor equitativo que permitiría comenzar una sociedad en la que el mérito de verdad importe por encima de los capitales acumulados por antepasados. La herencia es la negación del mérito, porque es, en sí mismo, un capital acumulado por el mérito de otros. Si de verdad creen que estamos en una sociedad meritocrática atrévanse a abolir las herencias. Jueguen ustedes sin ventaja, sin las cartas marcadas, por una vez. Y a ver qué pasa.
 

martes, 24 de mayo de 2022

"FRÁGILES". Cartas sobre la ansiedad y la esperanza en la nueva cultura Remedios Zafra". Remedios Zafra

Un retrato de la nueva cultura ansiosa del trabajo inmaterial y un intento de encontrarle una salida.

En la necesidad solidaria de los otros la fragilidad se hace costura comunitaria. La vulnerabilidad reconocida obliga al sujeto a frenar y a sostenerse en los de al lado, pero en la nueva cultura del trabajo inmaterial para muchos la vida transcurre aislados frente a las pantallas, agotados y ansiosos, sobremedicados, descansando solo para volver a trabajar, afrontando la existencia como una carrera marcada por los plazos y los números.

La escritura de este libro, que es también una carta, está motivada por una voz anónima: la de una mujer formada, para muchos una privilegiada con acceso a trabajos temporales sin razones para sentir angustia, y que, tras leer El entusiasmo, el anterior ensayo de la autora, la interpeló diciéndole que había descrito una vida-trabajo tan parecida a la suya que hacía que esta, a la luz del libro, se le revelara conflictiva y menos vivible.

Frágiles aborda las formas de enfrentar las ambivalencias y el malestar de una cultura en la que el trabajo inmaterial y creativo se ha convertido en una práctica de prácticas indefinidas que trascienden aquella idea del trabajo como actividad central que buscaba disciplinarnos y describirnos socialmente. En su lugar, nos desborda con tareas mediadas por la tecnología y tejidas con aceptación y números, de forma que el trabajo no siempre lo parece y la ansiedad, la contingencia y la precariedad se normalizan como nuevos lenguajes afectivos de estas vidas-trabajo.

En la conversación que dio origen a esta carta la voz anónima preguntaba insistente: «¿Dónde queda la esperanza?» Este ensayo se presenta como la posible respuesta que Zafra comenzó a pensar entonces.


lunes, 23 de mayo de 2022

¿ES TOLERABLE? Por Juan José Millás

¿Es tolerable?

La desigualdad, otro indicador perfectamente medible y cuantificable, viene creciendo desde 2007 a un ritmo de pandemia

Lo decente, en un mundo civilizado, sería que los salarios se adecuaran a los precios del mismo modo que lo normal, en el mundo de la carpintería, es que las puertas encajen en sus marcos. Ahora, en cambio, la desproporción entre los sueldos y las tarifas de la luz, por citar un producto de primera necesidad, es terrorífica. Hablamos de la luz como podríamos hablar de la merluza o del repollo. Uno hace cálculos para ver de estirar la paga hasta fin de mes, pero la goma se rompe el día 15, si no antes. Entonces, ¿qué pasa? Que llega la CEOE y dice que eso es bueno para la economía. En otras palabras: que colocar los salarios al nivel de los precios resultaría fatal. Cabe preguntarse a qué rayos llaman economía estos empresarios. ¿Acaso es económico que la población pase hambre? Parece que sí. Y no sólo hambre: frío también, y sed y el resto de las penurias físicas y mentales asociadas a la escasez.

Estos discursos contraculturales se escuchan ya como si formaran parte de un corpus filosófico aceptable. ¿Qué hay de ilícito en predicar la moderación salarial cuando comer tres veces al día es una quimera? Se trata de una idea como otra cualquiera que se exhibe sin rubor en los desayunos de trabajo del hotel Palace o del Ritz. Los incrementos salariales, aseguran, se deben vincular “a variables e indicadores económicos cuantificables y medibles”. Como si no se hubiera hecho siempre así, por una parte, y como si el precio de las berenjenas, por otra, no fuera un indicador económico cuantificable y medible.

La desigualdad, otro indicador perfectamente medible y cuantificable, viene creciendo desde 2007 a un ritmo de pandemia. Significa que unas clases sociales se empobrecieron para que otras se enriquecieran. Ese hecho atroz está documentado. El problema es que empieza a instalarse como políticamente tolerable.

J.J.Millás

sábado, 21 de mayo de 2022

"EL MACHISMO Y SUS BURLAS, HERENCIA ESPAÑOLA". Por Rosa Mª Artal (elDiario.es - 20/05/2022)

No nos conocen, ni quieren. A ellos les ha costado más buscarnos y al machismo irreducible se añaden pijos y pijas lanzados a reivindicar, en amalgama, la menstruación indolora, las nalgas de Chanel y la “libertá” ayusil, entre la mofa y la clásica agresión


Hablemos de personales reales, en lugar de Reales trampas. Es evidente que Juan Carlos de Borbón ha venido a España a modo de un desafío a su hijo, marcando territorio, y a burlarse de la sociedad decente en general. Una vez más se sale con la suya y disfruta con el escándalo del baño de masas y tratamiento mediático que se le dispensa. Quedan varios días de afrenta y prefiero dosificar el eco de la visita hasta su balance para hablar de otro tema esencial: el machismo y su burlas, que sin duda es consustancial al reino juancarlista, un hombre que a la vista de su historial no pudo tratar peor a las mujeres de su vida. Y es que sigue habiendo aquí la misma derecha guardiana de infectas esencias. La que vive al margen de la gente que trabaja, vive y lucha por su dignidad.

Al comienzo de los “dosmiles” se publicó que las diputadas británicas tomaban testosterona para ser más agresivas en sus debates parlamentarios. Grandes cantidades, debía ser porque la hormona masculina no implica esas exageraciones. El modelo de la mujer política era una Thatcher dura como el pedernal, incluso sin alma para las víctimas de aquel cambio de paradigma económico que se cebó con los más débiles y que se impuso como modelo al caerse el Muro de Berlín que, al menos, les servía de freno.

En España, José Luis Rodríguez Zapatero, vencedor en las elecciones de marzo de 2004, apostó por la paridad comenzando por su gobierno y por leyes fundamentales, con ministras que eran mujeres normales, sin mostacho de Tejero. En España hay de vez en cuando alguien que lo intenta aunque cueste creerlo en días de intenso pestazo a dones y doñas y pringue superlativos.

La contestación a las medidas del gobierno de Zapatero fue tremenda, como suelen las de las fuerzas reaccionarias de este país. Y sin embargo funcionó, en apenas dos décadas el cambio es notable en el acceso de la mujer a múltiples campos. Falta un enorme trecho pero lo peor es que al calor de los fascismos tan amorosamente lavados, la marcha atrás es notable. El empecinamiento en destejer lo que tejemos asiste a una de sus más fructíferas etapas.

En aquellos días el PP, aún sin producirse la escisión técnica de Vox, seguía presentando recursos de inconstitucionalidad a toda idea progresista, y no podía librarse por supuesto la ley de igualdad, que buscaba mayores equilibrios. Las cuotas enfermaban a los conservadores. Fueron la fórmula en otros países como los nórdicos, pero hay una España que solo mira al suelo.

Los obispos explicaban que “la violencia doméstica era el fruto amargo de la revolución sexual”, es decir, culpa de la mujer que osó abandonar su sitio en el hogar con la pierna quebrada.

Lo cierto es que no nos conocen. Diría que las mujeres hemos intentado explicarnos los porqués de muchas actitudes masculinas dado que diferentes lo somos sin duda e influyen las costumbres muy arraigadas. A ellos les ha costado más buscarnos. Y al machismo irreductible, se añaden pijos y pijas lanzados a reivindicar en no tan rara amalgama la menstruación indolora, las nalgas de Chanel y la libertá ayusil. Entre la mofa y la clásica agresión. Y con semejante pack no hay quien compita.

Andábamos impulsando y ganando -una vez más con gran esfuerzo - la lucha por los derechos de la mujer, pero la oposición no da tregua. España detesta a bravas mujeres luchadoras contracorriente tanto como ama a ídolos podridos. ¡Cómo se les ocurre plantear que la mujer menstrúa en su potencial papel de gestante y que algunas padecen el dolor de la dismenorrea! No se lo pueden permitir, siglos de historia nos contemplan para afirmar que la mujer ha de tragarse sus problemas específicos. Fuertes y abnegadas para que el hombre vaya a cazar y las y los modernos invoquen las libertades que aprecian en Madrid en el que reina Ayuso, “la libertaria”. Nada menos que la libertaria. A más de 7.000 ancianos en los geriátricos a su cargo -algunos insistiremos sin cesar en denunciarlo- no les otorgó ni la “libertad” de recibir atención médica, pero cuando se reina no existen responsabilidades. ¿O no es así?

No se pierdan tampoco al muchacho cuya madre está a punto de jubilarse como médica de la sanidad pública y Montero le ha enseñado, por fin, que algunas mujeres tienen reglas dolorosas. Y eso manteniéndose una alejada de los tradicionales focos mediáticos de machismo, retroceso y manipulación que destilan odio y desprecio mezquinos. Aunque quizás sea oportuno ver un ejemplo, firmado por una mujer, llamando “buenorra” a Ayuso. vestida de “yo soy tu menstruación” y así entender el ideario: o de hierro o inanes y descaradas.

Ay, ministra Irene Montero, férrea en la defensa de derechos, que milita en un partido equivocado para los poderes ancestrales de este país. A quién se le ocurre.

No nos conocen, ni quieren. La RAE, enmohecida academia con gran predominio de hombres de edad avanzada, define en el idioma que hablamos mucho más de lo que parece. A veces incluso reacciona a las protestas y matiza. El pene era hasta hace poco para la Real de la lengua “un miembro viril”, ahora es el “órgano masculino del hombre y otros animales que sirve para miccionar y copular”, y, el clítoris, un “cuerpo pequeño, carnoso y eréctil” que sobresale en la parte más elevada de la vulva –anteriormente “cuerpecillo”- que por cierto mide 9 cms. de los cuales la mayoría son internos, aunque pocos lo sepan.

Los “moderniquis” ultraliberales han lanzado también el culto a lo que la RAE define, con asepsia, como el “conjunto de las dos nalgas”, amuleto de promoción política o artística según se ve. Y ¿saben cómo la Real define nalga? Vean: “Cada una de las dos porciones carnosas y redondeadas situadas entre el final de la columna vertebral y el comienzo de los muslos. Tan pudorosos, mientras las nalgas dobles van a portada política y a primer plano audiovisual. Es la libertad sin molestas ataduras. Para cargarse el sistema público del bienestar o glorificar toda ceremonia de diluir los grandes tiznes. De dar alas a las injusticias del sistema. La libertad y el empoderamiento de las mujeres –necesario en la desigualdad- se logra luchando por los derechos, grandes, pequeños y siempre útiles. No es un tema menor.

Las diputadas británicas dejaron de tomar testosterona probablemente porque pasaron a ocuparse de temas como los derechos laborales de las mujeres en la menopausia, otro de los grandes tabúes. Promovido éste desde hace varios años por el partido conservador. Tiemblen, que todavía queda mucho por hacer.

El problema básico reside en que a las mujeres se les exige un esfuerzo doble y triple para cualquier proyecto profesional. ¿Quieres desarrollar una carrera? Pues te comes tus dolores naturales. Y, mejor, prescinde, de labores familiares que “te corresponden como mujer”, pareja, hijos, cuidados. La renuncia a partes esenciales de la vida es una disyuntiva que a pocos hombres se les plantea. Es un impuesto de género.

Mientras escribo, laten por el teclado emplastos reales, servilismos de otras épocas que se obstinan en hacerse presente y futuro. Una vergüenza ajena que sonroja hasta arder la cara. Obscenas impunidades. Relajaciones éticas que espantan. Los fallos estructurales endémicos de esta sociedad que son el caldo en el que cuece todo. Hasta la fortaleza mal entendida. Y la glorificación actual de la estupidez, que añade grasa a la cazuela. Con olor a influencer ya para que entre mejor.

No hace falta ser más fuerte, ni más inteligente, ni efectiva, por ser mujer, pero cuando lo hacemos aguantando a pie firme todo temporal tiemblen hasta los vientos huracanados. Demasiada costumbre en atender veinte cosas a la vez. Solo que cansa, sobre todo por injusto.

"PALABRAS QUE IMPORTAN" Un artículo de María Ramírez publlicado en elDiario.es el 19/05/22

Dos mujeres se abrazan en un encuentro para una
oración de homenaje a las personas asesinadas en Búfalo
No hay que olvidar que las palabras, en forma de propaganda y locuras conspirativas, están a menudo también detrás del odio que desencadena o justifica la violencia.


Las palabras importan. En los medios no siempre las escogemos con el tiento que merecen cuando hay una noticia en desarrollo, entre la confusión de los detalles, las prisas por publicar, los artículos de algunas agencias de noticias que replican a portavoces y propagandistas sin filtros, y a veces simplemente los lugares comunes del lenguaje por la repetición de los mismos esquemas en algunas informaciones.

Un buen ejemplo -sobre el que por desgracia la prensa española tiene mucha experiencia previa- son las palabras que se utilizan para informar sobre el terrorismo. Algunos de los clichés contribuyen a afianzar conceptos equivocados que de manera irreflexiva pueden normalizar la violencia. Es el caso de la palabra “manifiesto” para referirse a un texto que escribió un asesino para intentar explicar o justificar sus acciones más atroces.

Lo hemos visto repetido estos días tras el ataque racista en Búfalo, en Estados Unidos, con el asesinato de 10 personas a manos de un hombre de 18 años que escribió un texto racista alimentado por conspiraciones tóxicas sobre el supuesto “reemplazo” de parte de la población y que también vienen de políticos republicanos. Elevar ese texto a la categoría de “manifiesto” le da una connotación de importancia pública que ni merece ni refleja lo que es. En elDiario.es hemos intentado evitar esa palabra y la hemos cambiado en algunos textos, pero seguro que la hemos repetido también en otros sin pensar en su significado.

NPR, la radio pública de Estados Unidos, que tiene un editor de estándares encargado de resolver estos debates diarios que van surgiendo y cambiando constantemente con las noticias y nuestra manera de percibirlas, explicó especialmente bien por qué había decidido no utilizar esa palabra.

“Estamos tratando con un individuo que ha cometido un acto criminal terrorífico en un intento de conseguir atención para él mismo o para la ‘causa’ que está intentando promocionar. Nuestro trabajo es informar sobre los hechos, no ayudar al que ha disparado a conseguir esos objetivos”, escribe el editor de estándares de NPR, Tony Cavin. “No utilizar la palabra ‘manifiesto’ no priva de ninguna manera de información a nuestra audiencia, ayuda a privar al que ha disparado de la plataforma que estaba buscando”.

En español, además, tenemos un problema adicional con la palabra que inicialmente se suele utilizar en inglés para los ataques con pistolas, “shooting” o “mass shooting”. La traducción sería “tiroteo”, pero la palabra tiene una connotación algo distinta en español que hace pensar más en un intercambio de tiros que en las masacres que por desgracia suceden tan a menudo en Estados Unidos.

El uso de las palabras puede parecer menor en la prevención o en la persecución de crímenes tan aterradores. Pero no hay que olvidar que las palabras, en forma de propaganda y locuras conspirativas, están a menudo también detrás del odio que desencadena o justifica la violencia. Lo hemos visto y lo seguimos viendo también en el caso de la invasión rusa de Ucrania. Las palabras importan y, aunque cueste en el fragor de la noticia, es esencial recordar el valor de cada una de las que publicamos.

"LA OBSCENA ISLAMOFOBIA". Adolfo Estrella, infoLibre.es

El odio al islam como nuevo sentido común reaccionario Aumentan en España los episodios cotidianos y mediáticos de rechazo al islam, focaliz...