Es curioso que en nuestras sociedades suelan llevar la bandera de la moral y presentarse como defensores de la fe los mismos que ejercen la usura, no practican la solidaridad y son la voz cantante de la avaricia. Más de uno con mando en plaza y que ha acabado en la cárcel por ladrón, lanzaba proclamas de ahorro, moderación y sacrificio mientras saqueaba sus propias empresas y acumulaba una fortuna en paraísos fiscales; otros se oponen hoy a la subida del salario mínimo al mismo tiempo que ganan sueldos astronómicos con el periodismo o son cargos públicos que cobran cien veces lo que los jubilados cuyas pensiones se oponen a que se suban. Y mientras, tocan las campanas. Quien afirmó que no se podía estar a la vez en misa y repicando también nos engañó.
"No necesitamos hombres que piensen, sino bueyes que trabajen" (Juan Bravo Murillo, Ministro de Instrucción Pública). "Quienes no se mueven no notan sus cadenas" (Rosa Luxemburgo). "Ningún hombre tiene derecho a una verdad que perjudique a otro" (Benjamín Constant)
miércoles, 20 de julio de 2022
"EL PROBLEMA ES QUE LOS MERCADERES SON LOS DUEÑOS DEL TEMPLO". Benjamín Prado, en infoLibre.es el 18 de julio de 2022
La realidad es lo contrario de muchas cosas, desde la justicia a la lógica o la razón. Por ejemplo, es posible que una persona afirme categóricamente algo y lo contrario, y jure ser sincero en las dos ocasiones, con lo cual transforma los antónimos en sinónimos; o que sus actos contradigan sus palabras hasta en lo más sagrado y con tanta frecuencia que explique por qué, en el terreno de lo espiritual, la hipocresía tiene sus propias frases hechas: a Dios rogando y con el mazo dando; una cosa es predicar y otra dar trigo... Seguro que las dos valen para definir a gente que conocen y, desde luego, son una fotografía de todas esas personas en quienes están pensando. En la mitología cristiana, Jesús expulsa del templo, a latigazos, a los mercaderes, derriba “a todos los que vendían y compraban allí, y los bancos de los cambistas y las jaulas de los que vendían las palomas”, mientras les grita: “Mi casa será llamada casa de oración y vosotros hicisteis de ella un centro de ladrones". Pero la realidad también es lo contrario de la religión, y el problema de nuestro mundo es que aquí los mercaderes son los dueños del templo.
El Gobierno ha aprobado el cobro de unos impuestos especiales para las grandes compañías energéticas y la banca. Unas y otras recaudan millones, las primeras exprimiendo al consumidor, obligado a desembolsar cantidades estratosféricas por un producto de primera necesidad que debería valer el veinte por ciento de lo que vale, como mucho, y, en mi opinión, ser estatal, pero en lugar de eso ejecuta un saqueo puerta a puerta cuyo resultado es que sus directivos ganan decenas de miles de euros al día. Han leído bien: al día. Alguno de ellos es también un firme defensor de los recortes, la flexibilidad en los despidos y las medidas que conlleven sacrificios sin fin de las y los trabajadores “para que no colapse el sistema”. Se puede tener más cara, pero ya habría que ser una de las cabezas del monte Rushmore, en Dakota del Sur.
El famoso relato, la manera en que lo que sucede se cuenta y, a base de repetirlo, se da por hecho, siempre lo imponen quienes más poder manejan y más dinero tienen, porque disponen de canales por los que transmitir su doctrina, de porteadores que les saquen en procesión y de personas que, unas de buena fe y otras a cambio de algo, los secundan y vitorean. Que algunos de esos partidarios sean a la vez sus víctimas es uno de los grandes misterios de nuestra época, porque una cosa es que haya desaparecido lo que en algún momento se llamó conciencia de clase y otra muy distinta hacerles de limpiabotas a quienes nos pisotean. A mí ya no me convencía lo de poner la otra mejilla, así que ni hablamos de aplaudir a los que nos dan bofetadas, que son cosas opuestas, por mucho que el sonido que hacen sea parecido. Que, además, nueve de cada diez veces los adalides de la desigualdad se cuelguen del cuello la medalla de mujeres y hombres piadosos, ya es de nota. “Porque nunca he querido dioses crucificados, / tristes dioses que insultan / esa tierra ardorosa que te hizo y deshace”, escribió Luis Cernuda, y los grandes poetas nunca te engañan.
Tal vez, la nueva crisis que se avecina para cuando las playas se vacíen y las luces de los hoteles y los bares de la costa se apaguen se afronte de otra manera, sin abandonar a su suerte a los más débiles para defender a los más fuertes, que ya están ganando cantidades ofensivas, aquí y ahora: los bancos a los que se impone la nueva contribución han ganado miles de millones en el primer semestre del año, algunos mil ochocientos y pico hasta marzo y otros dos mil cuatrocientos de ahí a junio, al mismo tiempo que los pequeños ahorradores que tenían un modesto remanente en sus cuentas, perdían y perdían. “La situación”, les explican, “la guerra en Ucrania”, “los imponderables…” Las grandes cajas fuertes se llenan mientras las huchas se vacían. Y qué decir del gas, la luz y los carburantes, que se han convertido en un secuestro.
El mundo va mal porque está en malas manos, sólo por eso. No seamos nosotros quienes les pongamos los anillos de piedras preciosas en los dedos.
sábado, 16 de julio de 2022
"COCINAR COMO TRABAJO. ENTUSIASTAS, COCINEROS Y PRECARIOS". Remedios Zafra.
La consideración de la cocina como práctica creativa no es nueva pero sí su visibilización e influencia. La reconocida ensayista (autora de libros como El Entusiasmo. Precariedad y Trabajo creativo en la era digital) habló sobre el contexto de formación, precariedad, trabajo creativo y capital simbólico de quienes aspiran a cocinar como trabajo.
jueves, 14 de julio de 2022
"CONTRA LA MANIPULACIÓN EMOCIONAL". Por Carlos Javier González Serrano. ETHIC 12 de julio de 2022
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Collage Eugenia Loli |
El populismo es uno de los conceptos políticos y sociológicos más utilizados en lo que llevamos de siglo XXI. Aunque por lo general se emplea para aludir a ciertas manifestaciones demagógicas y a estrategias de manejo de las voluntades –cuyo fin es atraer los votos del electorado (es decir, para adquirir y centralizar el poder)–, lo cierto es que en muchas ocasiones se pasa por alto su carácter eminentemente emocional. Cualquier populismo, así entendido, intenta manipular la afectividad de un grupo; más aún, y es este el punto clave, pretende intervenir en las intenciones de la ciudadanía dándole categoría de masa, obviando deliberadamente nuestra condición de individuos, de seres singulares.
Un tipo de populismo del que no suele hablarse –particularmente nocivo y sigiloso– es el que ejercen las nuevas espiritualidades y creencias, así como las prácticas a ellas vinculadas, que se han adueñado del imaginario público. La astrología y los horóscopos, el coaching ejecutivo, el mindfulness y la «atención plena», el tarot y la lectura de manos o los gurús de autoayuda del «todo lo puedes» o «las depresiones te las causas tú» se han convertido, en la última década, en los nuevos instrumentos oraculares que empleamos para poder habitar las numerosas crisis de nuestro tiempo.
Es lo que la investigadora y escritora estadounidense Lauren Berlant ha denominado «tecnologías de la paciencia» en su clarividente libro, El optimismo cruel. Son dispositivos afectivos que producen un creciente «padecimiento y desgaste de los sujetos» y que ejercen una silenciosa violencia relacionada con el imperativo de vernos obligados a sobrellevar cualquier tipo de circunstancia al amparo de diversos dogmas («es lo que nos ha tocado», «a todo se acostumbra uno», «sé resiliente»), sumado a un perverso deseo de que las cosas mejoren. Un deseo cuya satisfacción siempre queda postergada.
En expresión de Berlan, se trata de maliciosos «refugios temporarios» que nos introducen y ensimisman en «un estado de aplazamiento vivo y vivificante que se impone a la conciencia, y produce la sensación de que en el presente está apareciendo algo que podría llegar a convertirse en un acontecimiento». Por tanto, nos dicen, lo mejor está siempre por llegar, aunque no llegue nunca. Lo importante es sentirnos ilusionados aquí y ahora, por mucho que esa ilusión sea (y casi siempre lo sabemos) vacua o destructiva. De este modo, el presente se percibe en términos afectivos: el presente como posibilidad siempre pospuesta ante lo que jamás llega a suceder.
De ahí la necesidad de correr incesante y neuróticamente en busca de ese futuro que nunca llega, que no se materializa en ninguna parte o tiempo. Nos urgimos a alcanzar la satisfacción que jamás acontece, y entonces aparecen la frustración, el padecimiento, la soledad, la ansiedad, el aislamiento y el sufrimiento en todas sus formas. Bejamin Noys ha apuntado en su breve y contundente obra Velocidades malignas. Aceleracionismo y capitalismo que «la velocidad es un problema. Nuestras vidas son demasiado rápidas: estamos sujetos a la acelerada demanda de innovar más, trabajar más, producir más y consumir más». O el profesor Hartmut Rosa, cuando se refiere, elocuentemente, a una «forma totalitaria» de aceleración social en Lo indisponible.
Como también ha señalado de forma brillante la pensadora Remedios Zafra en su libro El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, «aplazar lo que consideramos ‘verdadera vida’, movidos por el deseo de plenitud e intensidad futura, puede funcionar como mecanismo conformista que nos permite resistir sin hacer la revolución. Sentir que la vida es algo pospuesto que nos merodea anima a soportar, cerrando los ojos», y se da un «temor cada más palpable de que [el anhelado presente de realización] nunca se nos brindará plenamente». Y apuntala: «Como si ser fuera lo que está al final».
Por todas partes nos invitan a «vivir con plenitud las crisis» y a «potenciar nuestras capacidades en medio del desastre», mientras nos aseguran que salud y bienestar –como si fueran productos con los que se puede comerciar al igual que con un bien material– dependen de fortalecer nuestros «recursos internos». De este modo, se comercia con el estrés personal sin tratar de aplacar las causas sistémicas que lo provocan. Es probable que no necesitemos habilidades y competencias para «soportar las crisis», que es una forma de condenarnos a vivir en ellas, sino herramientas intelectuales que no nos esclavicen emocionalmente, no nos culpabilicen y que aporten autonomía e independencia de pensamiento y de acción.
El papel de la enseñanza es fundamental en este punto. Educar a los jóvenes en el ilusorio «puedes llegar a ser lo que quieras ser» solo alimenta las posibilidades de crear adultos ansiosos y frustrados que chocan contra el muro de aquel futuro que nunca se realiza. Quizás resultaría mucho más enriquecedor –y social y educativamente más significativo– mostrarles las condiciones materiales y sociales de las que parten para que tengan la oportunidad de cambiarlas. Sin un pensamiento anclado al presente efectivo no puede existir la potencia del cambio. Mientras la autoayuda y el resto de «tecnologías de la paciencia» intentan que nos desenvolvamos preceptivamente en un panorama constante de crisis e inestabilidad y ponen todo el peso de la culpa en el individuo –desarrollo personal, superar los propios miedos, desprenderse de las preocupaciones–, la filosofía y otras disciplinas humanísticas cuestionan y centran el foco en las condiciones estructurales que permiten la aparición de esas crisis e inestabilidades y, en paralelo, dotan al individuo particular de los dispositivos intelectuales para tomar conciencia de su situación real. Ello para comprometerse con el cambio no solo individual, que es importante, qué duda cabe, sino sobre todo con el cambio social.
Por añadidura, a las clases trabajadoras y humildes se les ha inculcado tradicionalmente que el dinero no es un aspecto importante de la vida, que desarrollar nuestra vocación (o como suelen llamarlo de forma meliflua, «realizarnos como personas») es lo prioritario, mientras las élites económicas siguen centralizando y aumentando su poder financiero y político. De nuevo, salta a la vista la manipulación emocional que mantiene el statu quo e impide pensar, cuestionar y actuar sobre las estructuras de dominación en el presente. La llamada «ciencia de la felicidad» (apoyada por la autoayuda del «todo lo puedes» y el nuevo dogma de la resiliencia) es una propuesta ideológica que premia el individualismo y la competitividad, el éxito económico y la constante posibilidad de consumir. Esta concepción se ha vuelto normativa y causa más angustia, soledad y hostilidad mutua que bienestar. La tiranía emocional –amparada por la tiranía económica– del «todo lo puedes» o «la culpa es tuya» impide desarrollar un compromiso social activo y convierte al ciudadano en un consumidor de sí mismo bajo el dominio de un totalitarismo felicifoide: vales lo que puedes consumir.
No se trata de colapsar las esperanzas en un futuro mejor o de lastrar las ilusiones de jóvenes y adultos. Nada más lejos de lo que aquí se quiere defender. Más bien consiste en practicar un sano y disidente desengaño que no ciegue nuestra capacidad para observar crítica y comprometidamente la realidad, que nos permita transitar la vida con autonomía, al margen –y sabedores– de las manipulaciones emocionales que obligan al individuo a sentirse culpable y responsable de su propia situación. Y para ello es clave reapropiarnos de nuestro presente, de nuestro tiempo, el único lugar en el que podemos practicar el pensamiento y, sobre todo, la acción. Aquí y ahora. Lo urgente no es el mañana; lo urgente es hoy.
Contra el sometimiento afectivo solo cabe una respuesta: más y mejor educación fundada en el papel insustituible de las humanidades. Una educación que nos permita poner entre paréntesis la hiperactividad que busca una realización siempre por llegar, que nos entrega al consumo desaforado como «tecnología de la paciencia». En definitiva, rescatar y restaurar lo más importante: nuestra libertad de pensamiento. Convertir nuestro hoy en lo inaplazable; relegar la pasividad intelectual y transformarla en impulso social transformador; movilizar conciencias y reconquistar el único tiempo en el que siempre, todo, está por hacer: el presente.
"LOS PRIVILEGIOS DE LA BANCA". Por Juan Torres López
La banca ha dejado de desempeñar con eficacia y seguridad su labor económica: garantizar la financiación adecuada para que avance la actividad productiva. Se ha convertido en su carga más pesada y hay que replantear su modo de funcionamiento.
Sobre ello habla el economista Juan Torres en este nuevo capítulo del videoblog econoNuestra.
Más información: https://www.lamarea.com/2022/04/11/ec...
sábado, 9 de julio de 2022
"EL GASTO PÚBLICO Y EL DESGASTE PÚBLICO". Luis García Montero, infoLibre.es, 2 de julio de 2022
Rodrigo Rato, exvicepresidente de Gobierno y exdirector de entidades financieras, sabe mucho de los laberintos del gasto público. Leo con interés sus declaraciones contra la burocracia, la falta de eficiencia en la administración y los procesos de desgaste que provoca la gestión del gasto público. El asunto es grave porque España asume ahora la responsabilidad de ejecutar los fondos Europeos. Y se pregunta: ¿tiene sentido tanta burocracia?
La verdad es que resulta difícil hacer una política pública de inversiones. Tomar una decisión es con mucha frecuencia un modo de entrar en la sala de espera. El gasto necesario aprobado entra en un largo suicidio de convocatorias públicas, petición de varios presupuestos, aprobaciones institucionales, nuevas convocatorias, concesiones, facturaciones, revisiones, cajones y pagos retrasados. Desde dentro de las administraciones, uno tiene la sensación de que los sistemas establecidos no van a favor de la institución para la que trabajan, sino en contra de ella.
Y uno sufre también la sensación de que la tan cacareada incomunicación entre la política y el pueblo tiene que ver con esta parálisis sistemática. Se pueden llegar a acuerdos justos, lógicos, necesarios, urgentes… Pero cuando el acuerdo llega a la calle ha pasado tanto tiempo que la voluntad política pierde su protagonismo y su eficacia. Un mundo con prisas, fundado en el instante de los deseos y las novedades, se aleja de la política institucional para abandonarse al vértigo comunicativo de los populismos. Los populismos son unas ventanillas que tramitan de manera inmediata las indignaciones de la gente. Resultan mucho más atractivos que la lentitud de las porterías y las pantallas en las que se repite una y otra vez la respuesta del vuelva usted mañana. Bendito Mariano José de Larra.
Lo paradójico es que todas estas declaraciones de Rodrigo Rato supongan un acto de impudor clamoroso. Buena parte de los controles administrativos asfixiantes se deben a la necesidad de cuidar el dinero público de manipuladores, ladrones, desviadores de fondos, amiguismos, tejidos corruptos y financiaciones oscuras de empresas particulares, partidos, hermanos y primos. Y de todo eso también parece haber sido un especialista Rodrigo Rato. Entre las formas para ocultar la corrupción, además de la compra de jueces, fiscales, periodistas y policías, está la posibilidad de dificultar el gasto público. ¿Cómo hacer más eficaz el dinero público sin convertirlo en un festín para los buitres? Esa es la cuestión.
También hay otras cuestiones, desde luego, que planean sobre el debate. Durante el Gobierno de Rajoy, las parálisis en el gasto se agravaron en las administraciones municipales con la llamada Ley Montoro. La verdad es que la herencia recibida llevó a los vigilantes de la opinión pública de un sitio a otro: espionajes, silencios y limitaciones del dinero público. Se decidió entonces que las instituciones no pudiesen gastarse ni su propio dinero, un dinero recaudado para gastar. Y se propuso una forma de ahorro compartido en tiempos difíciles. Pero no se nos olvide que en las intenciones de la ley Montoro estaba también de forma expresa la creencia de que había que limitar las intervenciones públicas para favorecer las actuaciones privadas.
Por eso las declaraciones del exvicepresidente Rato son doblemente preocupantes. Denunciar la burocracia administrativa puede ser un deseo que no tenga que ver con la dignificación de la administración pública, sino con la nostalgia de las facilidades para la corrupción y las privatizaciones.
La cuestión no es sencilla. El problema es que no se puede luchar contra las privatizaciones y la corrupción si no intentamos también agilizar con dignidad las administraciones públicas. Aunque sea difícil, una dinámica acostumbrada a no robar puede intentarlo, puede ordenar espacios de decencia. Y para eso me parece imprescindible reforzar la administración más que debilitarla. La ejecución de los fondos europeos resulta muy complicada porque para asumir un gasto importante es necesaria una plantilla capaz de ejecutarlo en el tiempo dado. Así que invertir en las estructuras, ampliar y rejuvenecer plantillas, modernizar la administración, consolidarla, convertir las ayudas coyunturales en apuestas de futuro, estables, generadoras de puestos de trabajo, me parece un camino decente.
Quizá sea una ingenuidad, no digo que no, porque Rodrigo Rato sabe de esto mucho más que yo. Pero estoy convencido de que se puede conseguir que el gasto no sea un desgaste, defendiendo a la vez los espacios públicos y la administración del Estado.
martes, 5 de julio de 2022
Mimunt Hamido, escritora, se rebela contra el velo islámico: “La izquierda, por presumir de multiculturalismo, acepta un símbolo sexista”. Alejandro Luque, elDiario.es
Todo empezó en las redes sociales, hace unos diez años. Mujeres de origen musulmán, de forma anónima o dando la cara, empezaron poco a poco a cuestionar los aspectos patriarcales de estas sociedades, empezando por su elemento más visible: el velo islámico. El siguiente paso fue crear un blog, que prestó a muchas la posibilidad de expresarse y contar sus experiencias. Hasta que su responsable, la melillense Mimunt Hamido, recibió el ofrecimiento por parte de la editorial Akal de plasmar en un libro todas las ideas que se habían venido desarrollando en ese foro. El resultado tiene el mismo título que el blog, No nos taparán, y acaba de desembarcar en las librerías con el sello Akal.
“Había muy poco escrito al respecto, salvo algún ensayo de la argelina Wassyla Tamzali, a la que en España todavía no se la conoce como se debería. Pero testimonios de mujeres que vieran de España, como Siempre han hablado de nosotras de Najat El Hachmi o como No nos taparán, no ha habido hasta hace muy poco”, explica Hamido.
El primer factor que la autora subraya es el hecho de que esa “prenda tradicional”, como se la considera comúnmente, no es ni una simple prenda, ni es tan tradicional. “¿Cómo hacer que un símbolo sexista y misógino sea aceptado en Europa? Lo disfrazamos de cultura y, por tanto, nos obligamos a respetarlo. Y el símbolo se reafirma. El trueque consiste en cambiar una prenda que sí es tradicional, como la pañoleta, por un símbolo religioso. Antiguamente solo las mujeres de clase alta se cubrían, como un símbolo de estatus. Pero el hiyab [el velo que cubre completamente el cabello de la mujer, dejando solo a la vista el óvalo del rostro] no surge del Magreb, sino que vino de Europa en los años 80 y se impuso en el Magreb”.
Un islam europeo
Desde Europa, sí, pero haciendo un camino muy largo: “El velo viene de la ideología wahabí de Arabia Saudí, de los Hermanos Musulmanes de Egipto, de Irán, de corrientes rigoristas que se encontraban ausentes en el Magreb”, comenta Mimunt Hamido. “Luego empezamos a ver que lo adoptaban las mujeres migrantes que salían a España, a Francia o Bélgica, se marchaban de Marruecos sin hiyab y volvían con él puesto. Y los magrebíes pensaban: 'Si se hace en Europa, debe ser algo bueno'. Por eso el hiyab no es la vuelta a nada, es ir adonde no hemos estado jamás”, subraya.
Para la activista, fue clave el papel de los conversos españoles. “Comunidades como aquella hippie que vivía en la Alpujarra feliz empezaron a convertirse, y adoptaron todo el kit. Una musulmana de Marruecos sabe perfectamente que nada de esto es su costumbre”.
Pero, ¿no hay problemas más acuciantes en el islam que el velo? Para Mimunt Hamido, se trata de una cuestión central: “El hiyab es la cabeza de lanza de muchos otros problemas. Ponértelo es admitir las leyes y normas de ese patriarcado. No es un trozo de tela, es el freno que impide a las mujeres ser ciudadanas de pleno derecho”, comenta. “Si eres una chica de 16 o 18 años, el hiyab es tu modo de decir al mundo que eres sumisa a las normas. Si no lo llevas, ¿cómo saber, por ejemplo, si eres virgen? Si dejamos que controlen el cuerpo de esa manera, ¿cómo podemos pretender cambiar en Marruecos o Argelia las leyes que nos oprimen, empezando por los códigos familiares?”
¿Feminismo islámico?
Frente al empuje de estas mujeres, ha surgido en los últimos tiempos un movimiento de “feministas islámicas”, concepto que para las primeras es un puro oxímoron. “No se puede ser feminista y aceptar que no podemos ir a la playa como nuestros hermanos, que heredamos la mitad o que vivimos en una sociedad que contempla la poligamia. O acatar que mis padres quieran casarme con un señor al que no conozco. Ahora, al ver que no cuela ese mensaje, han empezado a hablar de ser 'equitativos', es decir, nuestro papel es el de cuidadoras y el de ellos de protectores. Pero, hasta donde sabemos, el feminismo no permite el control sobre el cuerpo, y esa es la base del velo y del patriarcado islámico”.
Estas “feministas islámicas” son para Mimunt Hamido “conversas en su mayoría, entre las que hay de todo: mujeres a las que les han comido el coco, cómplices de ese patriarcado y también otras a las que les conviene engañarse, porque luchar contra el patriarcado es muy difícil, cada día más. Y es desolador ver cómo en España se consienten cosas a las musulmanas que no consentirían el resto de las mujeres. ¿No vivimos en el mismo siglo? ¿O piensan que nosotras estamos en el 1400 y ellas en el 2021?”
La autora pone el acento en el papel de la izquierda, que en su opinión “se ha olvidado del ideario, en el que figura el laicismo. Creen que es algo superado, o quieren creerlo. Y luego vivimos en un país multicultural, pero olvidan que hay dos millones de personas, que son ciudadanas españolas, que están sujetas a esta situación. La cuestión debería ser sencilla: si estamos educando en igualdad, no podemos permitir símbolos sexistas”.
Y sin embargo, se permiten. Incluso en las listas electorales de esos mismos partidos de izquierda, señala Hamido: “Como la derecha es racista y xenófoba, con el discurso de 'moros fuera', la izquierda replica con el 'aquí cabemos todos'. Pero tú con tus 'costumbres', y nosotros con las nuestras. Así se dejan desprotegidas a miles de mujeres”, asevera. “Es un modo de decir 'mira qué guay somos, aquí tienen cabida todos los símbolos'. Incluidos los misóginos. La Cup, Esquerra, Podemos, tienen en sus filas representantes con velo, porque si no lo llevaran, ¿cómo reconocería la gente que somos multiculturales? Es todo muy retorcido. Me parece muy bien que todos quieran llevar ahora en las listas musulmanes, negros, travestis… pero que respondan al estereotipo, claro, que se vea bien la diversidad”.
Porque cualquier crítica, agrega Hamido, puede ser repelida al grito de ¡islamofobia! “A ti nunca te habrán dicho cristianófobo por criticar la pederastia o la Semana Santa, o que la Iglesia católica condenara a las chicas en bikini. Pero aquí han copiado la fórmula de llamar antisemita a cualquier crítica a Israel”.
Un precio alto
Según la autora de No nos taparán, las consecuencias de rebelarse contra el velo pueden ser terribles. “El patriarcado islámico actúa en círculos: familia, barrio, sociedad. Ser disidente puede suponer que tu familia deje de hablarte, quedarte sola y tener que empezar desde cero”, afirma. Por no hablar de los insultos y amenazas: “En redes somos pocas las que ponemos nuestro nombre y nuestra cara, porque pueden amenazarte de muerte, o llamar a tu familia para que te pongan firme. Es un precio tan alto que muchas acaban pensando que no merece la pena. Con hiyab está todo bien, incluso te dan más libertad. ¿Por qué hacer a la gente dudar si eres decente o no?”
Las mujeres aglutinadas en torno al blog No nos taparán, desde luego, no parecen dispuestas a prestarse a ese juego. “Solemos decir con Amelia Valcárcel que lo que no le permitirías al cura, no se lo permitas al imán. Hemos recibido bastante apoyo del feminismo, pero el 8-M lanzamos un manifiesto que se suponía que le iban a entregar a Irene Montero, y no hemos tenido más noticias. En cambio, nos consta que sí ha recibido a las 'feministas islámicas'”.
lunes, 4 de julio de 2022
"UN INFORME DENUNCIA LA TRATA EN EUSKADI". “Fueron obligadas a prostituirse todos los días desde mediodía hasta medianoche”. Por iker Rioja Andueza, publicado en elDiario.es el 23 de junio de 2022
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| Marcha en Bilbao contra la trata de personas para la prostitución |
El estudio, de la Universidad de Comillas y de Deusto y publicado por Emakunde, apunta a 2.308 mujeres ejerciendo la prostitución -también menores- y a un 19% de hombres que han pagado por servicios sexuales
La captación se había producido a través del vudú, método utilizado generalmente en Nigeria para la captación de mujeres con fines de explotación sexual en Europa. Las mujeres fueron llevadas ante la presencia de un chamán, quien les extrajo pelo del cuero cabelludo y sangre de las yemas de los dedos, introduciéndolo en frascos que serían rotos si las mujeres no cumplían con su promesa de pagar los 30.000 euros que se les dijo constaba la organización del viaje. La ruptura del frasco implica, en dicha cultura, el fallecimiento de la persona. Comenzó, entonces, el viaje por diversos países africanos hasta llegar después a Italia, de ahí a Francia, y de ahí, a la ciudad de Bilbao. Durante el tránsito por África atravesaron zonas geográficas controladas por el grupo terrorista Boko Haram [franquicia de Daesh], con el peligro que ello implica, y sufrieron las penalidades propias de una travesía por el desierto. Navegando por el Mediterráneo en botes neumáticos, fueron auxiliadas por las autoridades italianas y llevadas a un centro de 92 inmigrantes. Allí, una de las víctimas recibió vía Facebook un mensaje de otro miembro de la organización al que no conocía, informándola de que tenía que llegar a España junto con las otras víctimas. En Italia se personó uno de los acusados, obligándolas a realizar el viaje con destino final Bilbao. Una vez en el lugar de destino, y para saldar esa 'deuda' de 30.000 euros, empleando, los captores, amenazas, violencia física, e incluso la agresión sexual, fueron obligadas a prostituirse todos los días de la semana desde el mediodía hasta la media noche, aproximadamente. Todo el dinero era para los captores, sin que ellas recibieran dinero ni siquiera para sus necesidades más básicas, las cuales tenían que cubrir con el dinero obtenido ejerciendo la mendicidad en la calle. Una de las víctimas consiguió llegar a las dependencias de la Ertzaintza y plantear la denuncia. Esto provocó que uno de los dos cabecillas de la organización escapara a Alemania con otra víctima, aunque fueron localizados gracias a la cooperación policial entre ambos países”.
Éste caso real es una de la historias recopiladas en el amplio informe 'La trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual en Euskadi: necesidades y propuestas' coordinado por Carmen Meneses para la Universidad de Deusto y la Universidad de Comillas y publicado ahora por el Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde). Como estimación y tras realizar observaciones en 2018, se calcula que entre 1.968 y 2.308 mujeres ejercen la prostitución en Euskadi, la inmensa mayoría extranjeras. Entre el 9,5% y el 18,5%, según este trabajo, presentarían indicios de poder ser víctimas de trata, aunque es un delito de difícil detección. Se apunta, por ejemplo, al “hermetismo” en las redes asiáticas, tanto para los cuerpos de Policía como para las oenegés por varios factores (porque se disfraza la actividad sexual como “masajes”, porque muchos abusadores son de ese mismo colectivo y por problemas de comunicación de las víctimas). CONTINUAR LEYENDO
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